sábado, 7 de febrero de 2009

BIENVENIDO??

(La foto es parte de la residencia de Emaús en Gamiz donde desarrollan el programa Bitartean)

Esta mañana, según iba capeando el temporal con mi carro de la compra me he dado cuenta de que en la acera de enfrente había alguien que me hacía señas. Inmediatamente he reconocido a X a pesar de estar muy cambiado ya que hacía mucho tiempo que no le veía. Me extrañó que me saludara tan afable porque siempre había sido muy esquivo y yo conocía de sobra su turbia trayectoria a través de la heroína, que no le había ayudado precisamente a hacerse más sociable. Se alegró mucho de que aún me acordara de él.


Me ha contado que ha terminado un tratamiento de desintoxicación y que ha estado acogido en la residencia de Emaús en Gamiz. Están a punto de caerle los 50, según me ha dicho, y tiene que empezar a pensar de nuevo su vida. Está haciendo unos estudios para trabajar en inserción social y le quedan las prácticas hasta julio. Al parecer había comenzado ya a retomar el contacto con el ambiente de Barakaldo, ya que tenía que andar más por aquí pues su padre está ya muy delicado. A todo esto alguien le había invitado a una comida de los antiguos grupos parroquiales a los que había pertenecido, pero me ha confesado, decepcionado, que se ha sentido fuera de sitio.



Recuerdo a X cuando era un chaval. Siempre parecía estar amargado o enfadado con el mundo mundial. Su aspecto no le ayudaba a hacerse un hueco entre los de su edad. Llevaba unas gafas que siempre le quedaban torcidas. Su cara era alargada y poco agraciada, además de no llevarla bien afeitada. Sus atuendos daban de ordinario sensación de sucios. No recuerdo haberle visto sonreír, creo que hoy ha sido la primera vez. Daba contestaciones desabridas y fuera de tono. En fin, tenía todo lo que se necesita para verse obligado a estar siempre en la periferia del grupo de iguales. Poco a poco se fue quedando solo con T hasta que se engancharon los dos. Entonces se hizo más huidizo y le perdimos de vista.

Me ha alegrado un montón encontrarle así. Le he visto con una expresión franca y serena. Me ha parecido que necesitaba que el mundo, o al menos los que fuimos una parte de su mundo, supiesemos que por fin había conseguido algo importante: librarse de la heroína y comenzar la vida, aunque pareciera que ya se le ha hecho algo tarde. Me he alegrado también porque ha estado atendido en Emaús, un proyecto en el que aporté mi granito de arena, aunque fuera hace tiempo. Me ha quedado, de todos modos, un sabor agridulce al escuchar cómo me ha contado lo de que se ha sentido fuera de sitio entre sus antiguos conocidos. No es el primer caso que conozco de gente que ha terminado de recuperarse de alguna adicción y cuando han intentado volver a su mundo anterior se han encontrado con muchos golpecitos en la espalda -me alegro mucho, que bien ha estado, a ver si hay suerte...- pero muy pocos brazos dispuestos a ir con él codo con codo hasta que logre hacerse un sitio donde se le reconozca de nuevo o conseguir un trabajo.


A veces me da la impresión de que damos la bienvenida a éstos que regresan del infierno de las drogas o del alcohol, después de innumerables intentos y de haber recorrido todos los proyectos habidos y por haber, pero no se sienten bienvenidos. Y es que nos resulta muy difícil quitarles la etiqueta y así pueden quedarse socialmente marcados para el resto de sus días. Aquí comienza la última, y no la más fácil, fase de su recuperación: el reconocimiento social. Creo que en algunos casos puede ser la travesía del desierto, sobre todo cuando, como le pasa a X, no cuenta con un apoyo familiar o con algunos amigos inquebrantables.

jueves, 5 de febrero de 2009

A VUELTAS CON LA IMPUNIDAD


El Defensor del pueblo ha publicado un informe sobre los malos tratos en centros de reforma de menores. Contiene denuncias graves sobre algunas prácticas que hacen recordar al Santo Oficio. Pero dentro de su contenido uno, que pasó sus años en un hogar de acogida y conviviendo con chicos que luego acabaron encerrados, se sorprende al oír cuáles son algunos de los supuestos malos tratos. Quedaban catalogados como tales algunos recursos elementales de contención, pero mi extrañeza se convirtió en alarma cuando escuché que responsabilizar a los menores de los trabajos de limpieza y servicios domésticos también se consideraba mal trato.


Por el amor de Dios, las rutinas diarias, el orden doméstico, la responsabilidad de los propios actos... son herramientas muy válidas para trabajar los hábitos de convivencia, las habilidades sociales, el respeto a las normas, la colaboración en el grupo... Todo estos aspectos de la formación entran dentro del cúmulo de carencias que padecen estos menores. Pero para desarrollar estos hábitos, es precisa la actuación directa. No creo que estar en un centro de reforma con un escaso margen de contención y viviendo en plan hotel tocándose las narices sea un proyecto educativo apropiado para estos menores.

Pero con este tipo de informes se puede hacer un uso peligroso como el que hacen algunos medios de comunicación. Estos suelen destacar los aspectos más morbosos o más escandalosos, como es habitual, subrayando exclusivamente que se trata a los menores como póbrecitos chicos, fíjate qué cosas les hacen. Sin embargo los mismos medios, cuando esos menores están en libertad y arman alguna gorda de las suyas, aprovechan para transmitir mensajes alarmistas: son unos monstruos a los que nadie controla, así estamos indefensos los ciudadanos en general, la ley del menor produce alarma social...

Todas estas manifestaciones colaboran en fomentar el sentimiento de impunidad en el que se están criando las nuevas generaciones y que está llevando a que los ciudadanos en general, e incluso muchos padres, no se atrevan ni siquiera a levantar la voz a los menores para no tener líos o llevarse broncas. O sea, que ya no extraña a nadie que los menores nos insulten o nos agredan si osamos llamarles la atención. Por otra parte, esto no deja de ser un factor más de los que están colaborando en la falta de implicación de los adultos en la educación de los menores.

A este respecto, dentro de mis historias, hay una que siempre que sale este tema me viene a la mente. Hubo una denuncia de los propietarios de un garaje sobre los pillajes y desperfectos que un grupo de chicos les estaban ocasionando. El expediente cayó en mi mesa y, como además tenían faltas de absentismo, les llamamos al Ayuntamiento a las familias para exponerles el caso. La única familia que no acudió nunca a nuestras llamadas acabó años después pidiendo ayuda a los servicios sociales porque su hijo iba a acabar con ellos. El padre, trabajador de la construcción, no se había enterado porque en principio se lo habían ocultado. Cuando se percató de las mentiras, montó en cólera y su hijo, al ver la que le venía encima, le amenazó con denunciarle. La mujer siguió protegiendo al hijo. Hoy es el día que están a tratamiento y el muchacho después de haber pasado por un centro de reforma ha ido a dar con sus huesos a Martutene, que ya es mayor de edad.


Mientras permitamos que los menores campen a sus anchas en la impunidad y no perciban que sus actos tienen consecuencias, todo discurso es inútil y se queda en agua de borrajas. Las instituciones competentes en menores, por su parte, tienen datos suficientes, en la mayor parte de los casos, para actuar antes de que éstos se agraven, Al final todo se junta y nos quedamos impotentes con las preguntas de siempre ¿Cómo se puede rehacer ahora la vida de este muchacho, como la de otros tantos, y la de su familia? ¿Cuál ha sido, al final, el mal trato, el encubrimiento o la manta de palos que le hubiese dado el padre? .

viernes, 30 de enero de 2009

D.BOSCO EGUNA

S. Juan Bosco ha sido una figura referente en mi vida. Por una parte, me orientó hacia el mundo de los jóvenes y por otra me contagió la pasión con la que he vivido todas las iniciativas educativas en las que he ido participando a lo largo de mi historia. Me gustaría parecerme a él en su clarividencia, en su tenacidad, en la capacidad de trabajo y en la facilidad para ganarse a la gente. Creo que nunca llegaría a conseguir ser tan zorreras y tan sagaz como él, o tan capaz de encender una vela a Dios y otra al diablo sacando partido de ambas. Era el ojito derecho del papa más reaccionario del XIX -al que le regaló el modelo del joven santo ideal para el restauracionismo sacándose de la manga un personaje de ficción al que canonizó en dos patadas- y al mismo tiempo conseguía subvenciones de la tropa de fracmasones que estaban al frente del gobierno del estado del Piamonte, enemigo acérrimo del papado. Me queda el consuelo de que este segundo aspecto, inalcanzable para mí, lo está desarrollando a la perfección mi entrañable amigo Jesús, que, como buen cántabro, lleva genes de cuco. Es como si a través de nuestra amistad me sintiese complementado.


D. Bosco fue el típico hombre de su tiempo que se hizo de la nada. Otros lo materializaron desde la industria o la banca y él desde el sacerdocio.El momento de la vida de D.Bosco que me resulta más ejemplarizante fue aquel en que la marquesa Varolo le ofreció ser el capellán de su colegio de niñas y él prefirió seguir recogiendo a los niños perdidos de las calles de Turín. Le quisieron llevar al manicomio, claro que no era propio de los curas de su tiempo empeñarse en andar con tan poco recomendables compañías. Hoy al acordarme del día en que estamos me ha venido a la memoria, saliendo de lo más profundo de mis olvidos, una anécdota que me pasó hace muchos años pero que todavía soy capaz de visualizarla como si de una película en blanco y negro se tratara.


No recuerdo el año exacto, sería en el 67 más o menos, pero sí que era tal día como hoy. Estaba en Guadalajara preparándome para el magisterio. Se decidió que algunos estudiantes fueran a hablar de D. Bosco a escuelas y a otros sitios similares. A mí me tocó el orfanato, pues parece ser que, entre los muchos patronazgos que se le atribuyen, está el de los huérfanos. Para un pipiolo como yo de 19 años, que no había salido todavía del cascarón, aquello estaba fuera de mi alcance y me sobrepasó nada más atravesar el portón de entrada de aquel lúgubre recinto. Era un orfanato cutre en toda regla, como los que salen en las películas sólo que con un olor pegajoso y penetrante añadido, que no se transmite a través de la pantalla del cine.


Me llevaron a través de unos pasillos mal iluminados hasta un salón lleno de chavalillos. En mi recuerdo calculo que serían alrededor de 50 de edades incalculables porque todos eran un manojo de huesos y los que parecían más mayores no me llegaban al pecho. Todos iban vestidos con su bata guardapolvo gris, por ponerle algún color a aquello, y luciendo sus cabezas rapadas, que no hay que dar cuartel a los piojos. Nada más entrar sentí que se clavaban en mí un montón de ojos inexpresivos de mirada lunática, subrayada con sonrisas entre sorprendidas y bobaliconas. Se reían, o algo así, por todo. No creo que pude articular dos frases seguidas. Los más cercanos me tocaban como si fuera un ser venido de otro mundo y, cuando llegó la hora de marcharme, intentaban agarrarse a mí.


Realmente, no recuerdo lo que dije ni si tuve el valor de decir algo, porque, ciertamente, no merecía la pena decir nada de lo que me habían hecho preparar. Solamente recuerdo que salí más sonado que Bonavena. Regresé al colegio como un sonámbulo y aquella sensación, así como el estómago revuelto, me duró varios días. Había recibido un baño real en la miseria más cruel y más oculta sin saber a dónde iba y sin estar preparado. Fue tan fuerte que mantengo aquellas imágenes en la retina de la memoria y aquellas sensaciones en mis entrañas a pesar del paso del tiempo.

Visto desde hoy, tengo que reconocer que aquellos ojos inexpresivos de clones anónimos fueron un foco más de los que me han ido balizando la trayectoria de mi vida. No pude hacer nada por aquellos niños, pero creo que, a lo largo de mi dedicación a los jóvenes en dificultad, he colaborado en dar a aquellos rostros desconocidos algunas imágenes reales con nombre y apellidos que se han podido librar del pozo de la exclusión. Claro que aquellos horrores ya no se dan hoy, pero puede que la miseria de la exclusión sea tan cruel y desconocida como la de entonces sólo que en formas más sutiles y más dañinas. El haber sacado del baúl de mi historia este momento lejano creo que me ha dado fuerzas para mantener fresca la pasión por mi trabajo.
(La foto es de un orfanato bieloruso al que ayuda la asociación ACANB de Toledo. En otros sitios aún quedan lugares sórdidos para estos chicos. Algunas de estas miradas son aún mas duras que las que yo recuerdo)

miércoles, 28 de enero de 2009

DEL MOTOR, LAS RUEDAS...Y ALGO MÁS

Hoy en el departamento, no sé bien a raíz de qué, se ha generado una acalorada discusión de esas que empiezan de bromas y nunca se saben en qué van a acabar. Me llegaba el runrún de que si el matrimonio se rompía por hastío o porque se tenía en poca estima a la pareja... y, claro, en seguida salió el tema: "porque no lo hace bien". Lógicamente al llegar a este punto el tono de voces subió considerablemente y se interrumpían unos a otros casi sin escucharse. Cuando se fueron calmando las aguas -nunca mejor dicho después de la que ha caído- el bueno de Javi actuó de juez de paz. "El follar es como las ruedas del coche. No son lo más importante en el funcionamiento del coche pero son necesarias". O sea que no se puede separar nada: las ruedas no pueden funcionar sin motor, el motor y las ruedas necesitan un chasis... Concluía el compañero que en el buen funcionamiento de un matrimonio entra todo sin que se pueda prescindir de ningún aspecto, desde el respeto, la colaboración... hasta el disfrute. Si falla cualquiera de ellos, el resto se resiente o se puede romper.


Sabia sentencia, a fe mía, la del compañero de trabajo. He podido comprobar, después de 17 años y pico de matrimonio, que entre María y yo no se está produciendo ese enfriamiento o cansancio del que tanto se dice que aparece después de 10 años de convivir juntos. Es verdad que la convivencia es un negociado harto difícil de gestionar. Pero estoy convencido por nuestra experiencia que, partiendo de la base de la sentencia anterior, no sólo se puede llegar a convivir razonablemente sino que es posible gozar de la convivencia, más aún, hacer de ella un elemento clave y muy apetecible en la vida de cada uno.


Hay dos aspectos de la relación de pareja que pueden dar vértigo al principio pero que luego son la base para disfurtar del matrimonio y para poder retomar la comunicación después de las discusiones o roces inevitables. En la vida de pareja, igual que haciendo el amor, como mejor se funciona es desnudo. Esto es, sin secretos, sin reservas, sin miedo a que descubran mis debilidades, sin complejos por mis fealdades... Es bonito poderse mirar limpiamente el uno a la otra como en un espejo donde todo queda al descubierto entre los dos. Así se puede llegar a vivir en un plano más allá de pedir fidelidades o exigir confianza por aquello de la palabra o la firma dada.


El otro aspecto al que me refería es la capacidad de compartir. Compartir todo: los trabajos de la casa, la educación de los hijos, las preocupaciones laborales, los proyectos de futuro, el dinero, la toma de decisiones... En la medida que compartes te vas haciendo parte del otro y viceversa. Llega un momento en que el yo piensa y siente en plural sin dejar de ser individual e intransferible. Se crea un nosotros que multiplica la capacidad de creación y las posibilidades de autorrealización de cada uno. En este camino uno se puede sorprender al encontrarse con lo mejor de sí mismo o llegando a metas que probablemente nunca habría imaginado alcanzar en el desarrollo de las potencialidades personales, en la alegría de vivir, en el disfrute del sexo....

¡Al diablo todos esos cenizos que no saben más que dibujar el matrimonio como una de cadenas o de cárcel perpetua! Ya es hora que se vean escenas de matrimonio que no sean esas ordinarieces y zafiedades que se venden en la tele. La convivencia en pareja es una apuesta arriesgada pero apasionante si se aborda con la suficiente madurez y valentía y si se supera el vértigo que puede producir al principio. A mí me está pasando algo de esto y creo que a María también. Desde aquí animo a todos y a todas que han apostado por la convivencia en pareja, por aquello del viejo adagio de la lógica escolástica que tanto me gusta traer a colación "ab esse, ad posse valet hilatio" o aquella exhortación de S. Agustín "si ille et illa, cur non ego?"

("lo que es puede ser" "si él y ella ¿por qué no yo?")
( la foto es de la playa de La Arena, nuestro lugar favorito para pasear y charlar de todo mientras nos dejamos invadir por la grandeza del mar)

domingo, 25 de enero de 2009

UN DESASTRE ANUNCIADO

El día de noche vieja, cuando volvía de hacer las últimas compras para la cena, oí que me llamaba una voz que me resultaba muy familiar. Era JE que venía corriendo hacia mí con un montón de paquetitos en las manos, que contenían, según me dijo, los típicos petardos propios de la fecha. Seguía llevando el pelo teñido a mechas y recortado a lo mohicano. Le seguía un grupito de cuatro chicas que, como pude comprobar, se estaban divirtiendo a su costa. Nunca tuvo muchas habilidades sociales. Siempre se había conformado con dar la nota para que alguien le hiciera caso.


Como necesitaba impresionarme me espetó de entrada sus últimas y fastuosas compras de Navidad: una zapatillas con suelas reflectantes y mil chibirichis de 200 € y 300 € en petardos. Más que lo absurdo del gasto, que ya le vale, me preocupó de dónde le venían tan cuantiosos fondos. Es fácil imaginarlo de todos modos. Sin que yo le preguntara nada, sabía de sobra qué me interesaba de su vida y milagros. Le habían dado fin de semana libre en el centro de reforma en el que está recluido, sin embargo tenía un problema grave: no podía fumar ni un porro porque le hacían muchos controles y, si daba positivo, le iban a tener más tiempo encerrado. Según me dijo, le quedaba condena hasta febrero.


Conocí a J en el hogar cuando ingresó con 5 ó 6 años. No le tocó la lotería en eso de los padres. Vivía con su madre y con su hermano mayor, que también estaba en el hogar. Era uno de esos hijos no deseados que nunca han recibido cariño y se pasan su existencia llamando la atención o haciendo la vida imposible a todo el que cae a su alrededor. Veía a su padre de pascuas a ramos porque vivía fuera y, además, pasaba largas temporadas en esos hoteles gratuitos a los que te mandan los jueces. Su madre ha hecho todo lo posible para que se lo quiten y por eso J se convirtió en la pesadilla de su vida.


Cuando cerraron nuestro hogar pasó a otro de Diputación y, no sabemos porqué, al llegar a la ESO le devolvieron con su madre. A partir de aquí el desquicie de J fue aumentando a pasos agigantados. De por sí era un chico bastante limitado de luces y con desequilibrios serios, que en no pocas ocasiones le hacían perder, incluso, el sentido de riesgo. Más de una vez estuvo a punto de ser atropellado. En la medida en que se le quitaron las medidas protectoras se fue disparando y frecuentando compañías de chicos mayores que le iniciaron en la delincuencia y en el trapicheo.


Me lo encontré de nuevo en el instituto, cuando los directivos del mismo reclamaron la ayuda municipal por su comportamiento: corría por los pasillos para que los profesores le persiguiesen, abría las puertas de las clases e insultaba a los de dentro, rompía todo lo que se le antojaba... y no aguantaba sentado ni los momentos en que tenía a la PT para él solo. Lo derivaron a un centro especial y dejó de acudir. Colaboré para que tuviera un programa complementario en el que no duró un telediario. Finalmente se juntaron en fiscalía nuestro expediente por absentismo y las mil denuncias que le habían caído. De ahí comenzó la pendiente cuesta abajo: medidas judiciales sin cumplir, libertad vigilada saltada a la torera y ahora internamiento. Lo más grave, sin embargo, está por llegar.


Me siento como si le estuviera viendo. Cuántas horas metimos a su lado para que hiciera los deberes, creo que se habrá quedado en la tabla del 6. Las broncas a la hora de las comidas eran horribles. No sólo era mal comedor, sino que se encargaba de hacer la convivencia imposible en la mesa. Recuerdo una vez que escondió los garbanzos en una carpeta de deberes escolares para que no se los hiciésemos comer. Son muchos los recuerdos que se me agolpan: los celos tremendos que tenía de sus compañeros menores, los cuentos que le tenía que contar para que se durmiera, las meadas que le tuve que limpiar, las horas que pasé en el parque con él y su patinete, las reuniones interminables intentando buscarle salidas, cómo le gritaba a su madre desde la ventana cuando le dejaba en el hogar y se iba...


Todos nuestros esfuerzos han ido cayendo en saco roto porque, en la administración, alguien decidió que éste no era un caso de grave riesgo y mira dónde lo tenemos. Cada vez que me acuerdo de él me crujen las entrañas de impotencia, porque todos preveíamos qué le iba a pasar y, en efecto, puede que nos hayamos quedado cortos en nuestras predicciones. Aún así, le sigo queriendo un montón y cuando se me acerca en la calle, como el otro día, como quien necesita que alguien sepa de su vida y le diga algo, siento una pena tremenda. A estas alturas a uno no le da para más.
(La foto es de un centro de reforma para menores de 18 años. J tiene ahora 17)

jueves, 22 de enero de 2009

A PROPÓSITO DE DARWIN

Antesdeayer me encontré con uno de los profesores de formación básica del CIP. Estaba buscando en el archivo adjunto a mi despacho un video sobre la evolución de las especies. Dentro de las clases de recuperación de ciencias naturales salió el nombre de Darwin y se percató de que los de esa clase no habían oído nunca hablar de tal señor. Le pareció extraño que chicos de 16 ó 17 años no tuvieran noticia alguna de la evolución de las especies. Entonces comenzó a hablar de los primeros homínidos y de su parecido con los monos. Ante su estupor recibió un abucheo de un sector de la clase que se dio por ofendido. El más pasota le recriminó: "¡Qué me estás contando, tío! ¡Tú te creerás eso!" Y se rieron del profesor como quien dice el mono serás tú.

Esta anécdota puede considerarse un chiste de malos estudiantes, pero yendo al fondo de la cuestión surgen unas preguntas que, al final, pueden resultar sangrantes ¿Qué se ha hecho con estos chicos en 13 ó 14 años de escolarización obligatoria? ¿Solamente tienen la culpa de esto los profesores, el sistema educativo o la mala organización de los institutos?¿De dónde les viene esa insolencia de limitar el saber a su reducido mundo o a sus apetencias inmediatas? ¿Por qué no tienen ningún interés por aprender ni se dejan enseñar?¿Qué espectativas pueden tener para la vida, más allá del plan para el finde?

Por otra parte, estas actitudes nos pueden dejar entrever una falta alarmante de criterios y de referencias positivas en este sector de la población juvenil. No me imagino qué caso puede hacer a los anuncios del uso del condón este tipo de personal después del copioso botellón de fin de semana o con un canuto de más en el cuerpo, por ejemplo. Ya les podemos dar charlas sobre la violencia de género, la resolución de conflictos... Se queda en música celestial porque sabemos cuál es su manera de reaccionar ante la mínima contrariedad o frustración. ¿Qué harán cuando tengan hijos a su cargo, qué les van a transmitir? ¿Como será su relación con la sociedad? ¿Van a estar preparados para el mundo laboral? ¿Cuántos de ellos van a acabar siendo usuarios eternos de los servicios de protección públicos? ¿No pueden llegar a ser un caldo de cultivo para desarrollar nuevos fascismos más brutales que los anteriores, como empezamos a ver en el futbol, por ejemplo?

He observado con frecuencia a grupos de este tipo de chavales: sus gustos musicales, su forma de andar, su pasividad, su limitación de vocabulario y de conceptos, su fijación por los sitios a frecuentar y por las formas de diversión, el desprecio por el afecto o por la cultura, las leyes de la jungla del asfalto que les rige, los liderazgos negativos, el gusto por el uso de la fuerza, su obsesión por los consumos desmesurados... Después de ver todo esto se me antoja que hay un sector de adolescentes que llevan una trayectoria inversa a la evolución del homo sapiens sapiens, y que se rigen por conductas cada vez más primarias, esto es, parece que evolucionan hacia un universo de primates.




sábado, 10 de enero de 2009

YO DISFRUTO DE LA VIDA, GRACIAS A DIOS

Ha sido todo un bluf el famoso anuncio de autobús puesto por un colectivo de ciudadanos que se proclaman ateos y reclaman su derecho a ser tenidos en cuenta. Me ha chocado enormemente la reacción de esa comunidad evangélica con slogans de cierto tufo fundamentalista, muy típico de algunos sectores de esas iglesias. Me ha parecido muy certera la primera afirmación del anuncio: probablemente. Puede que Dios sea algo real -para mí por ejemplo- pero no evidente, como otras tantas cosas y sensaciones de la vida y del mundo, que no son percibidas de la misma manera por todos. Hasta aquí estamos de acuerdo, nos mantenemos en el mismo plano aunque en extremos distintos.

Me ha desconcertado la segunda frase, porque no me ha parecido propia de un ateo que se precie. Me he encontrado a lo largo de mi vida, tanto en el trabajo social como en las iniciativas de voluntariado en las que he ido participando, con compañeros de viaje ateos. Algunos de ellos han sido, y siguen siendo, para mí toda una referencia no solo por su forma de vida y por su amistad sino también por la compenetración y el entendimiento que mantengo con ellos y ellas a la hora de compartir unos criterios éticos o de mantener iniciativas solidarias.

El elemento base por el que yo puedo percibir a Dios es la vida. Por su puesto, no sola ni exclusivamente mi vida, la vida de todos y de todo lo que me rodea y que hace posible que yo también viva. Por eso el preocuparme por esa vida, porque sea respetada y digna, porque no le falte a ningún ser vivo, se convierte en la mayor fuente de satisfacción de mi vida.

A este respecto comparto el testimonio de una señalada atea, Gioconda Belli, escritora y activista sandinista: No creo que nadie pueda convencerme de que el placer que empieza y termina en uno mismo pueda remotamente siquiera compararse con la exaltación y el goce de intentar cambiar el mundo”.“Existe un heroísmo de la paz y del equilibrio, un heroísmo accesible y cotidiano que si bien no nos reta a la muerte, nos reta a exprimirle todas las posibilidades a la vida.”

De todos modos, me gustaría terminar este pequeño post con una reflexión a compartir con todos aquellos que se definen como ateos. Creo que sería bueno que participasen con los creyentes de un ejercicio de sinceridad que se nos suele exigir y que es muy saludable. Es muy común decir u oír que alguien es de comunión diaria o que se come los santos pero luego en su vida... Es decir que no sirve el ser creyente de palabra o muy cumplidor con los ritos. Solamente se convence con los hechos, esto es, con la coherencia en todos los aspectos de la vida.

Ser a-teo supone no admitir bajo ningún concepto la existencia de ningún dios o de algo, y menos aún, de alguien que pretenda hacer sus veces. Es fácil escudarse en un supuesto ateísmo y hacer dios al mismo tiempo a una causa, al dinero, al poder, al desarrollismo, a una empresa... a uno mismo. Quien no mira más allá de sus propios intereses o de su placer personal no puede llamarse ateo. Quien se aferra fanáticamente a una idea o a algo a lo que somete su vida y a todo lo que le rodea, no puede llamarse ateo. El mismo se ha sentado en ese trono que rechaza o ha puesto otra imagen que ejerce de criterio absoluto del mundo. No deja de ser, por tanto, un idólatra. Ser creyente implica,entre otras cosas, no admitir ningún absoluto fuera de Dios. Por lo que no puede aceptar que haya hombres que, en nombre de quien sea o de sí mismos, juzguen o jueguen con la vida de otros seres a su antojo.

Se puede dudar de la existencia de Dios, pero es meridiana la abundancia de ídolos en este mundo, desde los más zafios u horteras, que desvirtúan a la persona, hasta los más crueles o sanguinarios, que arrasan con todo en aras del poder o del desarrollismo. Los ateos y los creyentes estamos en el mismo plano: no podemos admitir que los ídolos, y los idólatras, rijan el mundo y, a la vez, tenemos que estar vigilantes para no dejarnos embaucar por ellos porque los ídolos son sinónimos de muerte.

Me parece, por tanto, que el famoso slogan resulta ser un tanto frívolo y que desmerece de los auténticos ateos, al menos de los que yo conozco y con quienes comparto una amistad inquebrantable.
(la composición fotográfica es de lineadirecta: "Dios creó al hombre o el hombre creó a Dios")

miércoles, 7 de enero de 2009

ESO, PROFESOR DE E.S.O.

En una de mis incursiones en el blog de Mikel Agirregabiria, me he encotrado con un tema que él trata con su ponderación y buen talante habitual: profesor especializado versus profesor pedagogo. No me quiero meter en las encrespadas discusiones que describe Mikel entre los valedores de un status y del otro, ni en diferenciar quién es más coporativista o más interesado. De entrada me ha venido a la memoria la magnífica exposición que impartió en la reciente presentación del decreto de derechos y deberes de los alumnos la catedrático de Madrid -ahora no recuerdo el nombre-

Partía de una premisa que para mí fue determinante en mis estudios y en mi época de docente ¿Quién fue tu mejor profesor y quién fue el que más odiaste? Uno de mis propósitos fue evitar a toda costa el repetir lo que había tenido que padecer de mis profesores y siempre tuve presente a dos que no sólo me enseñaron su asignatura sino que me la hicieron gustar. En las estadísticas que nos expuso la profesora destacaban preferentemente los factores emocionales sobre los estríctamente académicos. Destacaba como condición imprescindible para hacerse creíble a los alumnos que el profesor tiene que creerse lo que hace y disfrutar con su materia y con su trabajo.
Entiendo que un profesor de universidad o de formación profesional debe dar unas garantías bien contrastadas sobre el dominio y la investigación de las materias que imparte, aunque su vis pedagógica no sea su fuerte. Recuerdo uno de los profesores más estudiosos que he tenido. Le llamábamos Miguelín por su tamaño y decíamos que era un pozo de sabiduría pero que, por desgracia, se le había roto la cuerda de subir el cubo y no había manera de sacar agua de allí. A pesar de ello los textos que producía eran muy válidos, aunque áridos como buen investigador.

Sin embargo, este modelo de profesor no es transportable, bajo ningún concepto, a la enseñanza no universitaria y menos con la que está cayendo en el ambiente de los adolescentes. Si tenemos en cuenta, por ejemplo, a la mayor parte de los alumnos de los CIP, nos encontramos que los fracasos escolares con que nos llegan se deben más a la desafección del sistema escolar que a las deficiencias intelectuales. En no pocos casos se juntan ambos ¿Que ha pasado para que alumnos de 16 años no tengan las herramientas básicas que proporciona la enseñanza? Alguna parte de responsabilidad corresponderá también a los planes de estudio, al ambiente de los centros y a los profesores con que se hayan encontrado, no todo será culpa de esas familias desastrosas o de lo sinvergüenzas y vagos que son.

Mal que les pese a algunos ilustrados licenciados al profesor de ESO, cada día más, le va a tocar hacer de casi todo, además de dominar bien su materia que, como el valor en la mili, se presupone. Creo que el concepto mecanicista de enseñanza -yo doy, ustedes reciben y luego me lo demuestran- tiene cada día menos validez. Un profesor de ESO con talante pedagógico -no tanto con muchos cursos de pedagogía- tendrá que ser, ante todo, un entendido en adolescentes y estar bien pertrechado de dinámicas, de recursos metodológicos, de conocimiento del entorno, de capacidad de estimular... y nunca estarán de sobra los apoyos externos cuando se encuentre con algunas familias que hagan aguas.

Por otra parte, estoy de acuerdo en la tendencia de dar más importancia a las competencias. Mi suegro es profesor emérito de la Escuela de Ingenieros de Bilbao, famosa donde las haya. Su principal queja era que le mandaban alumnos que no sabían estudiar, solamente copiaban para luego aprender de memoria. Usaba el truco de poner fallos garrafales en la pizarra a ver si alguien se daba cuenta y cuando veía que todos lo copiaban sin más provocaba a los alumnos a ver si alguno reaccionaba. Creo que es más importante dotar de herramientas a los alumnos que atiborrarles a contenidos que en pasando los exámenes se olvidan en un tanto por ciento muy elevado.

Estas son cosas que nos han pasado a casi todos los que hemos tenido la suerte de llegar a los estudios superiores. Lo que nos ha valido para conseguir un final exitoso han sido la voluntad, la capacidad de organización, el tener claro lo que queríamos, el saber estudiar... Todas esas cosas que no vienen en los libros pero que hemos aprehendido de alguien que nos la ha transmitido.
( La primera imagen es del blog chueca.com y la segundo de la página profesorinteractivo.blogia.com)

lunes, 5 de enero de 2009

¿A DONDE VAMOS?

¡Cuatro, con el un, dos, tres. Cuatro con...! Es posible que todos recordemos esta escena de la película El libro de la Selva. Quiero que nos preguntemos qué pasaría si el director de la manada no fuera el macho mayor, sino el elefantito que debe ir agarrado a la cola de su madre para no perderse. No tendría sentido porque sería ir contra la naturaleza y los animales se rigen por el instinto de que ésta les ha dotado para sobrevivir. Tal como va la sociedad -al menos en nuestro entorno- tendrem0s que reconocer que los humanos tenemos un problema más por no estar atados al instinto y tener libertad.
Resulta que estamos invirtiendo las leyes de la naturaleza permitiendo que sean los niños y, sobre todo, los adolescentes quienes dirijan la vida de las familas, de los centros escolares y, no sabemos en cuánto tiempo, la vida social en general. Pero las leyes sociales de la naturaleza son tan reales y tan rígidas como las físicas. De la misma manera que me estamparía contra el suelo si me tirase por la ventana pretendiendo ser un pájaro, nos vamos a estrellar si no corregimos entre todos esta trayectoria, que ya empieza a ser un clamor subterráneo -quejas, comentarios de bar o de peluquería, denuncias...-, pero que hay que traducirlo en compromiso colectivo.
Traigo esto a colación en relación a una noticia reciente que ha dado mucho que hablar. Un juez ha condenado a una madre a unos meses de cárcel y estar alejada de su hijo por haberle golpeado. El fiscal va a recurrir la sentencia porque le parecen pocos meses. Al parecer un profesor vio las marcas del chico y cursó la denuncia, con lo que cumplió con su deber. Hasta aquí todo bien. Luego vino lo de aparecer en la tele el niño llorando, los vecinos manifestándose en favor de la madre, comentarios... Una vez más lo que se destaca en estos temas es el morbo y un problema tan grave queda reducido a espectáculo y a ganacias, como otras tantas cosas a las que nos tienen acostumbrados la prensa y los programas basura, tan exitosos hoy en día.
Claro que uno se entera luego de cómo fue la historia y no puede salir de su asombro. Parece ser que el infeliz angelito de 10 años no quería hacer los deberes -hay que ver a qué torturas se le someten a estos infantes-. Ante la insistencia de la madre, con bronca incluida, el niño le tira una zapatilla y se encierra en el baño. La madre intenta sacarlo a la fuerza para que no se escaquee. Entre el forcejeo y los golpes le hace sangrar porque se da contra el lavabo. La cosa no es como la pintaban, por lo que se me ocurren una serie de preguntas un tanto espinosas.
¿De qué se está defendiendo al niño de una madre exigente, de estudiar para formarse, de cumplir con su deber, de tener que esforzarse...? ¿Quién le va a defender al niño de sí mismo? ¿ Cuando el niño pase a ser adolescentes quién le va a hacer estudiar o cumplir o respetar o aguantar en clase ante semejante desautorización?¿No ha quedado más indefenso ahora que no va a tener quién le marque los límites y le eduque a respetar las normas, además de cuidarle? ¿Qué se ha adelantado condenando públicamente a la madre por ejercer su función educadora, aunque en un momento dado se haya equivocado? ¿No habría que condenar también a los padres y madres que permiten a sus criaturas hacer lo que se les canta por no atreverse a llevarles la contraria, por ahorrarse broncas, por querer "ganárselos", por despreocupación...y, encima, les dan todo lo que piden por esa boquita? ¿Por qué nos rasgamos luego las vestiduras ante la falta de autoridad de los profesores, de los padres, de los agentes públicos o ante las faltas de respeto a los adultos? ¿También habría que condenar al niño por desobedecer y agredir a la madre?¿Cuántos recursos de pedagogía especial más van a tener que poner en marcha las instancias públicas para contolar a los menores que pasan por encima a sus familias?
En mi tarea de responsable del programa de absentismo de Barakaldo nos estamos encontrando con cantidad de estas familias. Algunas encubren estos problemas, otras nos dan la razón como a los locos para seguir pasando del tema y, las menos, piden ayuda, aunque sea tarde. Sentencias como ésta reflejan un sentir social que me parece preocupante porque, por una parte, confunde respeto o protección del menor con impunidad y, por otra, se refugia en el miedo a las denuncias o a la opinión pública sobre el castigo para lavarse las manos cuando se nos exige el compromiso de poner las cosas en su sitio.
Es algo habitual el quejarnos mucho y pasarnos la patata caliente: los padres a los profesores o a las autoridades -eclesiásticas y civiles-, éstos a los padres, los ciudadanos que ven las tropelías y se las callan para no "meterse en líos"... Al final, en este plan más de una generación se nos está yendo de las manos a los adultos, que somos los responsables de guiar a la manada. De aquí la pregunta del título: a dónde nos están llevando, a dónde conducen las actitudes pasivas ante la educación de los menores, el llenarles de cosas para contertarles sin exigir nada a cambio...

domingo, 28 de diciembre de 2008

CAVETE EPISCOPIS


Hoy lo más rancio del episcopado español ha convocado un acto, entre manifestación pública y convocatoria eclesial, en defensa de la familia, o mejor dicho, para intentar imponer su concepto de familia. Este es uno de esos momentos en que uno se puede sentir avergonzado de estar en la misma iglesia que esos señores. Resulta ya patético contemplar el espectáculo de unos jerarcas que nos hablan desde el mundo de los principios y que nos insultan a la intelegencia dictando sentencias que no tienen ningún fundamento en el mundo real.

Hablan de que no se está ayudando a las familias cuando no ha habido en España tantas posibilidades para compatibilizar el trabajo y la atención a los hijos, aunque todo se pueda mejorar. Se olvidan de las prestaciones económicas a las familias numerosas y de la aportación ante el los nuevos nacimientos. Mezclan la ley de matrimonios homosexuales o el aborto con la desaparición de la familia tradicional.

Si creen que las familias que ellos llaman católicas están en peligro, tendrían que empezar por analizar en qué está fallando la iglesia a la hora de educar a las nuevas generaciones. Más que fijarse en que si los homosexuales podrían casarse o no, convendría que se analizase los porqués del hecho de que los jóvenes prefieran mantener relaciones aisladas o una convivencia sin lazos estables ni compromisos. Antes de empezar a echar balones fuera poniendo la responsabilidad en el ambiente social, la cultura dominante, el gobierno, las leyes injustas... sería conveniente empezar por ajustar la pastoral a la situación actual o por poner el acento de las denuncias en otros temas mucho más sangrantes del mundo de hoy.

No tiene sentido,desde un punto de vista evangélico, mantener en estado permanente de anatema a los y las homosexuales. Bastante tienen con ir quitándose de encima los prejuicios sociales y la angustia de sentirse señalados. Mientras no se demuestre lo contrario, son tan hijos de Dios como yo y como todo ser humano, digo. Siempre será mejor que puedan disponer de unas relaciones estables y reconocidas socialmente, que andar viviendo en el desasosiego de la mentira. No quiero entrar, por otra parte, en el tema del aborto. Solamente me gustaría que los monseñores estos y las mentes bienpensantes que les apoyan tuvieran que estar cuidando y conviviendo con niños y adolescentes que fueron hijos no deseados en uno de tantos hogares de protección de menores. Sería probable que cambiaría su concepto de vida.

Todo esto me lleva a preguntarme por la verdadera razón de estas movidas episcopales, tanto la de la campaña electoral como la de ésta. No encuentro otra que la que ya expresé en el artículo de la Inmaculada. Es un intento más de restauracionismo. Echan de menos el nacional-catolicismo, o sea, que pertenecen a esos estractos de la sociedad española que aún no han digerido la transición democrática. En este tema, como en casi todos, están en el furgón de cola. Aún se creen que son los que tienen que dictar cómo debe funcionar la sociedad y no se dan cuenta de que el personal, incluido el creyente, no está por la labor de comulgar con ruedas de molino. Es preciso convencerle con con razones de peso y con ejemplo de vida.

Aún recuerdo al Rouco profesor de derecho de la Pontificia de Salamanca en el año 1974. Ya se barruntaba el final de la dictadura y las universidades eran un hervidero de inquietudes. En una conferencia pública defendió claramente la conveniencia de mantener el concordato franquista entre la iglesia y el estado. Así mismo en ese contexto recuerdo las charlas que daba Kiko a los estudiantes. Asistí a una en la que dijo descaradamente que lo de la justicia social y esas luchas eran cosa de los partidos políticos y de los comunistas. Los creyentes estábamos para vivir en la alegría de los hijos de Dios y para transmitir su amor.

Ni entonces les hice caso, ni ahora. Y, gracias a Dios, mi fe y mi matrimonio no van a peligrar por las incongruencias que están proclamando. Lo único que podría peligrar ante estos despropósitos sería mi sentido de pertenencia a la iglesia. En este sentido me adhiero al manifiesto de laicidad de las Redes Cristianas, al que pertenece la foto de Rouco que he puesto.