viernes, 29 de agosto de 2025

77

 Hemos pasado el mes de agosto en Quintanilla, así que no he podido editar mi comentario de cumpleaños hasta hoy.

En efecto, el pasado 14 de agosto me cayeron 77 años. No pude editar el escrito habitual de todos los años en esta memorable –para mí- fecha porque estábamos en Quintanilla, territorio libre de internet y escaso en cobertura. Fue un día bonito que comenzamos haciendo uno de nuestros habituales paseos. Esta vez el día amenazaba unas temperaturas impensables en la zona, y media España ya ardía sin piedad, por lo que llevábamos días haciendo los paseos a primera hora para estar a eso de las once a refugio dentro de casa y poder aguantar la jornada. Optamos por recordar los tejos de Hijedo y entramos por la Chernolica dejándonos envolver por los robles, la hayas y los acebos, que cada vez se multiplican más. A poco de comenzar el trayecto comenzamos a ver los primeros tejos jóvenes, hasta llegar a los más viejos con sus raíces abrazando la roca desde la que se elevan sus troncos dispersos, porque en su día el homo sapiens le arrancó el tronco central para aprovechar su dureza, aquilatada lentamente durante décadas, y convertirlos en sólidas vigas. María me hizo una foto de recuerdo. Al poco de seguir el trayecto nos paramos en el mirador que tiene unas vistas impagables que permiten contemplar la mayor parte de la masa forestal de Hijedo. Nada más acercarnos a la Cabaña, ya comenzaron a ladrarnos desde lejos los mastines que suelen estar acompañando al ganado en sus alrededores. María les tiene auténtico  pánico, así que, de la misma, vuelta para atrás. La parte baja de la Tejeda nos quedó sin ver, por lo que la visitaremos en otra ocasión en lo que queda de vacaciones.

Tenía previsto asar una ijada de bonito en la hornacina del muro dedicada a esa función, pero no nos pareció recomendable ponernos a hacer fuego en unas circunstancias metereológicas  tan extremas. Así pues, nos planteamos una comida de picoteo con alguna exquisitez que otra. Este año nos ha tocado celebrar el cumpleaños en la más estricta intimidad, pero  también hemos sabido secarle gusto a esta circunstancia. Da la casualidad de que esta fecha va a marcar un antes y un después en nuestra organización familiar y que afectará irremediablemente a nuestro modus vivendi. Hemos puesto en venta la casa de Quintanilla y tenemos pensado poder sustituirla por otra vivienda más sencilla, más cercana y cambiando el monte por el mar. Claro, que esto no es un simple trueque de sitios. Lleva consigo un cambio de percepción de la naturaleza y del paisaje, de las actividades lúdicas, de la relación social… O sea, que además de lo exterior puede que traiga consigo un revoltijo de tripas, de sentimientos, de logística y un nuevo desafío para reinventar nuestro plan de vida.


Desde muy temprano comenzaron a llegarme las felicitaciones de los más asiduos. También recibí otros mensajes de whats app que nunca suelen fallar y a través del correo me llegaron un montón de felicitaciones de condiscípulos de los años catapún, lo que fue una muy grata sorpresa. Siempre cierra capítulo Irene que ha adquirido la costumbre de no felicitarme hasta la hora exacta en la que estaba registrado mi nacimiento, las veinte horas. Algunas familiares esperaban una niña, porque en aquella época eso de saberlo durante el embarazo ni se soñaba. Se trataba de las conjeturas y de las observaciones de las mayores que les hacían prever las características del feto, sin contar con que un año antes se había muerto una hermana al poco tiempo de nacer y preveían una sustituta. Por lo que veo no acertaron para nada y eso que hasta tenían preparado el nombre, que lógicamente iba a ser Begoña dada la fecha de la tradicional peregrinación de los bizkainos a la basílica. Solo le pido a Dios, como dice la canción, que todo esto sea para bien y que al año que viene, a ser posible, pueda escribirlo en este blog.