miércoles, 28 de enero de 2009

DEL MOTOR, LAS RUEDAS...Y ALGO MÁS

Hoy en el departamento, no sé bien a raíz de qué, se ha generado una acalorada discusión de esas que empiezan de bromas y nunca se saben en qué van a acabar. Me llegaba el runrún de que si el matrimonio se rompía por hastío o porque se tenía en poca estima a la pareja... y, claro, en seguida salió el tema: "porque no lo hace bien". Lógicamente al llegar a este punto el tono de voces subió considerablemente y se interrumpían unos a otros casi sin escucharse. Cuando se fueron calmando las aguas -nunca mejor dicho después de la que ha caído- el bueno de Javi actuó de juez de paz. "El follar es como las ruedas del coche. No son lo más importante en el funcionamiento del coche pero son necesarias". O sea que no se puede separar nada: las ruedas no pueden funcionar sin motor, el motor y las ruedas necesitan un chasis... Concluía el compañero que en el buen funcionamiento de un matrimonio entra todo sin que se pueda prescindir de ningún aspecto, desde el respeto, la colaboración... hasta el disfrute. Si falla cualquiera de ellos, el resto se resiente o se puede romper.


Sabia sentencia, a fe mía, la del compañero de trabajo. He podido comprobar, después de 17 años y pico de matrimonio, que entre María y yo no se está produciendo ese enfriamiento o cansancio del que tanto se dice que aparece después de 10 años de convivir juntos. Es verdad que la convivencia es un negociado harto difícil de gestionar. Pero estoy convencido por nuestra experiencia que, partiendo de la base de la sentencia anterior, no sólo se puede llegar a convivir razonablemente sino que es posible gozar de la convivencia, más aún, hacer de ella un elemento clave y muy apetecible en la vida de cada uno.


Hay dos aspectos de la relación de pareja que pueden dar vértigo al principio pero que luego son la base para disfurtar del matrimonio y para poder retomar la comunicación después de las discusiones o roces inevitables. En la vida de pareja, igual que haciendo el amor, como mejor se funciona es desnudo. Esto es, sin secretos, sin reservas, sin miedo a que descubran mis debilidades, sin complejos por mis fealdades... Es bonito poderse mirar limpiamente el uno a la otra como en un espejo donde todo queda al descubierto entre los dos. Así se puede llegar a vivir en un plano más allá de pedir fidelidades o exigir confianza por aquello de la palabra o la firma dada.


El otro aspecto al que me refería es la capacidad de compartir. Compartir todo: los trabajos de la casa, la educación de los hijos, las preocupaciones laborales, los proyectos de futuro, el dinero, la toma de decisiones... En la medida que compartes te vas haciendo parte del otro y viceversa. Llega un momento en que el yo piensa y siente en plural sin dejar de ser individual e intransferible. Se crea un nosotros que multiplica la capacidad de creación y las posibilidades de autorrealización de cada uno. En este camino uno se puede sorprender al encontrarse con lo mejor de sí mismo o llegando a metas que probablemente nunca habría imaginado alcanzar en el desarrollo de las potencialidades personales, en la alegría de vivir, en el disfrute del sexo....

¡Al diablo todos esos cenizos que no saben más que dibujar el matrimonio como una de cadenas o de cárcel perpetua! Ya es hora que se vean escenas de matrimonio que no sean esas ordinarieces y zafiedades que se venden en la tele. La convivencia en pareja es una apuesta arriesgada pero apasionante si se aborda con la suficiente madurez y valentía y si se supera el vértigo que puede producir al principio. A mí me está pasando algo de esto y creo que a María también. Desde aquí animo a todos y a todas que han apostado por la convivencia en pareja, por aquello del viejo adagio de la lógica escolástica que tanto me gusta traer a colación "ab esse, ad posse valet hilatio" o aquella exhortación de S. Agustín "si ille et illa, cur non ego?"

("lo que es puede ser" "si él y ella ¿por qué no yo?")
( la foto es de la playa de La Arena, nuestro lugar favorito para pasear y charlar de todo mientras nos dejamos invadir por la grandeza del mar)

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