lunes, 19 de enero de 2026


12 de enero, primera salida del año. Zalla  Balmaseda. Hoy hemos tenido suerte con el tiempo. Hace un viento suroeste de mil demonios, pero nuestra ruta pasa por la cara norte de los montes de Zalla y está encajonada entre vegetación, así que hicimos todo el trayecto sin despeinarnos. En la primera parte de la salida nos encontramos con los pequeños torrentes que ese día bajaban particularmente llenos por las lluvias de la semana. El Cadagua iba bien lleno y los canales, que en su día sirvieron para mover maquinaria, expulsaban agua abundante por los aliviaderos. Todo un concierto de agua nos estuvo acompañando durante esta parte del recorrido.


Parada, fonda (y alicatado) a refugio del pórtico de la iglesia de La Herrera. Después del refigerio se hizo algún comentario referente a las quejas que algunos o algunas habían comentado sobre lo lejos que está El Vivero para la celebración de fin de año. Solamente se sugirió como posible alternativa el área recreativa de Lekubaso, en Usansolo. Reemprendimos la marcha y el grupo se estiró demasiado por aquello de las fotos en el puentecito de siempre. A continuación comprobamos cómo iban las obras del palacio de Urrutia, que parecen las de El Escorial. Al menos pudimos ver que han sujetado la fachada, que suele ser lo imprescindible para seguir con la rehabilitación. También se veían unas rampas metálicas en la parte trasera para ir subiendo los materiales. Tampoco pudimos visitar la capilla de S. Antonio porque la habían convertido en el almacén de las obras.

Arriba, zona de replantación del incendio

Al llegar a la carretera de entrada a Balmaseda no juntamos para pasarla de una vez. Como hicimos la vez anterior, dimos la vuelta por detrás de la iglesia y del ayuntamiento. La calleja se convierte en  pista en medio de arbolado y de otro arroyo más, que también bajaba bien servido, para salir a la carretera de Pandozales, desde donde se sube al Kolitza. Al principio de la misma se disfrutaba de una vista perfecta de la forma de pirámide de este monte con su ermita en la cumbre bocinera de Enkarterri. El acceso a la carretera coincide con una residencia de mayores totalmente nueva. Y no quedaba más que seguir todo adelante hasta llegar al puente medieval con las fotos de rigor, que esta vez fueron abundantes. Luego unos cogimos el autobús directo a Bilbao y los que se quedaban a comer, y algunos más, esperaron al de línea para apearse en Arbuio y visitar a la rumana, que parece que se porta bien en eso del yantar. Salud y hasta el próximo lunes.