Hace tiempo escribí otras entradas sobre este mismo asunto, pero no me resisto a volver a hacer visible este problema, que por desgracia se puede quedar tapado en las cuatro paredes del hogar, ya sea por vergüenza, por ineptitud en el manejo de la familia o por miedo a los propios hijos. Hace unos días estaba mirando algo por la ventana de la habitación mientras me vestía para salir, cuando me llamó la atención una voz ronca que daba órdenes e insultaba. Me fijé y contemplé la siguiente escena. Un canijo de unos tres años daba gritos a sus padres porque él quería ir por un lado y ellos le tenían que explicar que ahora tocaba ir por otro. Lejos de hacerles caso les increpaba y manoteaba para abrirse paso y salirse con la suya, mientras sus dos progenitores miraban al monstruito sin saber qué hacer. Tardaron unos cinco minutos hasta que el padre consiguió que le diera la mano. Visto que no se salía con la suya cargó su frustración contra la madre que estaba algo apartada, en una actitud como de pedirle perdón. Se lio a darle golpes en la pierna, porque no llegaba más arriba claro, profiriendo todo tipo de lindezas y amenazándola blandiendo el puño. Tela con la escenita.
De nuevo se abren una serie interminable de preguntas: qué futuro le espera a esa madre cuando el peque crezca y le pueda pegar mas allá de las piernas y sus desprecios suban de decibelios y de lindezas, qué va a hacer el padre cuando se tenga que enfrentar a un hijo que lleva camino de convertirse en un energúmeno que le desafía descaradamente, qué va a hacer este niño, que está creciendo sin límites o sin norte, con sus estudios, con sus relaciones sociales, con el desarrollo de su personalidad, qué va a pasar en la sociedad en la que se mueve cuando empiece a relacionarse con otros de su pelo a montar los desastres que ya nos ha tocado soportar...
¿Alguien todavía se extraña de que cada vez más jóvenes engrosen las filas de los grupos violentos o partidos de ultraderecha? Me indigna solo pensarlo y me deprime ante la impotencia de no poder hacer nada ni siquiera por reclamar alguna intervención especial desde las autoridades competentes que en este tema por ahora se ponen de perfil. Solo conozco alguna iniciativa puntual de parte de la alguna organización social ¿Hasta cuándo tendremos que aguantar para que se vean obligados a intervenir con determinación?


