viernes, 14 de junio de 2024

"Verde que te quiero verde..."

 


    10 de junio, lunes de sanqueremos. A las ocho menos diez, diecinueve esforzados y esforzadas senderistas arrancábamos a por el metro que nos iba a llevar a Kabiezes, para llegar a tiempo al bus que nos iba a dejar en Sopuerta. Antes tuvimos que advertir a algunas despistadas que se iban al andén de Bilbao, por aquello de dejarse llevar por la costumbre. Íbamos a hacer la senda que une el barrio de S. Martín de Sopuerta con el de Larrea de Galdames. Luego completaríamos el recorrido bajando a S. Pedro, la capital del valle, para coger el bus de vuelta. Llegamos justo cuando entraba el metro, así que nos sobró tiempo y tuvimos una buena espera en la parada. 

    El viaje resultó más breve de lo que supuse: carretera vacía y pocas paradas. Nada más iniciar la marcha era necesario hacer un pequeño trayecto en fila india por una carretera sin arcén. Antes del inicio de la subida a Avellaneda, sale a la izquierda una pista cementada para dar acceso a una caseta que contiene un bomba de toma de agua. A partir de ella, era pista con piedrilla y tapizada por ramitas y restos de las lluvias de días anteriores. Nos saludó el cantar de uno de los arroyos que van engrosando el inicio del río Barbadún. Nos recibió una bóveda verde formada por los avellanos de ambos lados del camino, como si anduviésemos bajo palio. Eso sí, los primeros tramos exigían nuestro esfuerzo, pues, aunque no se trataba de grandes pendientes, eran algo fuertes. A partir de una segunda parte la subida se fue haciendo más tendida. Una vez que fuimos divisando las antenas del Ubieta, que se cernían en vertical sobre nosotros, comenzó la bajada que resultó a la inversa de la subida: al comienzo era normal, pero al poco la bajada se empinó notablemente, sobre todo al llegar al tramo final cementado, donde una compañera sufrió un resbalón que la sentó bruscamente en tierra. Tuvimos suerte porque fue mayor el susto que el disgusto. Al parecer no sufrió ninguna lesión y pudo seguir con normalidad la ruta.

    La pista desemboca en un carreterita que lleva a la torre de Loizaga y a los barrios cercanos. Ya se hacía la hora de comer algo y, como ya estábamos a poca distancia de Larrea, me pareció mejor esperar un poco y comer tranquilos en alguna zona de ese barrio. El personal aceptó la propuesta y tomamos la dirección contraria a la de la torre. En efecto, en poco tiempo llegamos a las primeras casas.


    Fuimos admirando las casonas y animando al personal canino que montó su habitual algarabía. Ya casi saliendo, divisamos una pequeña placita con una fuente que ofrecía un buen chorro y dirigía el agua a una abrevadero y un lavadero que completaban esa pequeña y original escultura. La casa que cerraba el cuadro era de una planta enorme con tejado a cuatro aguas y las paredes en piedra. Unos grabados blancos, de dudoso gusto, marcados y pintados en las piedras que enmarcaban las ventanas, no hacían justicia a la buena planta del edificio. Una señora salió de la misma, al poco de notar nuestra ruidosa presencia, llamando la atención y luego haciéndose la amable, que no deja de ser una buena manera de controlar que no le toquemos nada. Con la foto de familia y después de parlamentar sobre la despedida y cierre de la temporada, prevista para el lunes veinticuatro, iniciamos la bajada a S. Pedro de Galdames. Aquí también llegamos con antelación y nos dio tiempo de sobra para dar un paseo por la localidad antes de que llegara el autobús de línea.



    El miércoles tuve la oportunidad de subir con mi colega Oren al Ganerán desde Peñas Negras. Desde su altura (822 ms) se divisa perfectamente todo el valle de Galdames, además de El Abra y otros panoramas preciosos. Me fijé en la zona por la que habíamos hecho el recorrido y, como pudimos comprobar, no se distinguía el camino. Todo era espesura de distintos tonos de verde. Solamente se intuía un pequeño trozo de la pista en la parte de la bajada. Y es que disfrutamos de una jornada envueltos en vegetación, desde la hierbas que crecían en el mismo suelo del camino, al arbolado que trepaba hasta la base del monte Ubieta. Toda ella envuelta en los restos de la lluvia fina de los días anteriores,  así que no sentimos calor hasta que dejamos atrás el bosque. La marcha fue tranquila, pero no lenta y se hicieron algunas reagrupaciones sin problemas. Creo que el madrugón mereció la pena.



domingo, 9 de junio de 2024

Me ha llegado al alma

     Salíamos del último concierto de la temporada de la Orquesta Sinfónica de Bilbao el viernes pasado. Nada más pisar el andén, el cartel luminoso señalaba la entrada de nuestro metro. Nos dirigimos como de costumbre a la puerta del vagón que nos facilita la salida. Venía bastante lleno, así que nos tuvimos que apañar para buscar una barra en la que sujetarnos. Y de pronto me encuentro casi cara a cara con ella. Tendría más de quince años pero no más de veinte. Sentí que con solo mirarla ya la había radiografiado. Era una de las mías, como suele decirme mi hija. Estaba ante un desastre anunciado, no a voces, pero sí lanzando mensajes de auxilio que, desgraciadamente, pasan desapercibidos porque no se saben o no se quieren leer. Una vez más me podía encontrar con uno de esos casos que se pierden en el olvido porque no son conflictivos, ni provocan miedo o inseguridad. En este caso más bien daba pena o podría haber suscitado algún comentario de desprecio, pero, a pesar de todo, creo que era invisible.

    Llevaba el pelo pegoteado y recogido atrás en un rebuño que en algún momento pretendió ser un moño. Con los pelos del flequillo se había hecho unos dibujos en la frente que pretendían recordar a alguna cupletera. Eso sí, no habían catado jabón o champú en bastante tiempo. Se había puesto unas pestañas postizas desproporcionadas para el tamaño de sus ojos, aderezadas con unos champlones negros alargados, que pretendían hacer de línea de los ojos. La cara y la parte del cuello que era visibles estaban plagadas de puntitos rojos, y tampoco daban testimonio de haber tocado jabón. Llevaba una cazadora de esas de plástico, imitación a cuero, con más mugre que color. Estrujaba debajo del brazo una especie de bolso de tela con felpa o similar. Un pantalón vaquero ceñido y raído o desgastado, no de los que se llevan rotos adrede como está de moda, que le daban a sus piernas una sensación de palillos. Desembocaba en unas zapatillas blancas de tamaño descomunal por lo aparatoso de sus formas laterales y por unas plataformas desproporcionadas. En un momento dado, casi ya cuando íbamos a irnos, me fijé en sus supuestos pendientes, unos aros grandes, pero que eran unas alambres, literal, de color amarillo.

    No me he podido quitar de la mente, ni de la mala sensación instalada en mi estómago, ni su imagen ni mi inseparable sensación de impotencia cuando me encuentro con algún caso tan claro como éste, sabiendo que no puedes hacer nada. Llevaba los ojos abiertos pero no miraban a ninguna parte, estaban perdidos en un vacío invisible para los demás y no sé si en realidad podría tener algún contenido para ella. Se me disparó la metralleta de preguntas: a dónde va, dónde y con quién vive, ha tenido una escolaridad normalizada, tiene alguna relación con los servicios sociales, está en las garras de algún chulo, se habrá escapado de algún centro de diputación... todas sin respuesta. Eso sí, era una cara reflejo de sufrimiento y de tristeza difícil de disimular y me tuve que tragar las lágrimas. Hoy unos días después aún no me he podido librar de su imagen, así que esta entrada va a ir sin fotos ni imágenes, porque no puedo escanearla de mi interior.

 

 

viernes, 7 de junio de 2024

Otros ladrillos en la pared

    Recordando a Pink Floyd, creo que en estos momentos se está poniendo inconscientemente más ladrillos en la pared que están condicionando y cerrando muchas posibilidades a los menores para su desarrollo armónico y completo. Estos ladrillos de ahora no son reflejo del autoritarismo, como los de la canción, son muy sutiles, se cuelan porque parecen buenos y destrozan más por dentro. Resulta que ahora es el gobierno el que tiene que sacar una ley para controlar, o mejor dicho, obligar a que se proteja a los menores del uso y abuso de los móviles y tabletas con acceso a internet.

    Otro ladrillo en el muro de la incomunicación dentro de la familia, cuando tendría que ser ésta la primera en educar en su uso a su prole. Se empieza a poner un móvil desde infantil a la criatura porque fíjate que fenómeno y que listo es que lo maneja mejor que nosotros. Claro, después se pasa que mientras tenga ese trasto entre manos no hay niño y te deja estar a tus cosas sin que te moleste. Si se lo quitas monta una trifulca de cuidado o quiere el tuyo... ya se ha establecido un primer paso para la adicción. Llega a clase más mayor y el profesor o profesora de turno se lo retira porque lo está usando cuando no está permitido. Y de esto puede haber miles de historias de profesores que lo han tenido que aguantar. Poco menos que van a denunciar al centro por apropiación indebida, cuando no van a a visar a su padre para que les monte otra barrila hasta que se lo devuelvan. Luego ya nos metemos en unas relaciones que más que presenciales son virtuales, el acoso por las redes sociales y ya nos están amenazando de lo destructivo que puede ser el acceso a la inteligencia artificial para este tipo de juegos perversos.


    A todo esto, salen en tromba los pediatras, los psicólogos infantiles, los educadores para avisar del desaguisado educativo que se nos avecina con este asunto, aunque sus llamadas de atención se quedan diluidas en el tráfago ensordecedor de los decibelios del consumo y en la dispersión personal en la estulticia social. Por una parte, problemas en las relaciones y se puede fomentar el aislamiento. Por otra se agrava los déficit de atención. La familia acaba por no ser la transmisora de educación ni de valores, sino que solo vale lo que dicen los colegas en las redes o los gurús de tic-toc, youtube o similares. Incluso si se empieza de muy pequeños a usar los móviles, además de problemas visuales por el exceso de uso de pantallas, se puede dar un grave déficit de desarrollo en la capacidad del uso de los dedos para agarrar, lo que fue fundamental para el desarrollo de los antecesores del sapiens. Ya hace tiempo hice una entrada invitando a que se hable con los hijos, cuando se empezaba a ver las madres o padres con el móvil y las criaturas aburridas o llamando la atención. Hoy estas actitudes entran, por desgracia, en el paisaje de cada día y lo contrario son honrosas excepciones.

    Y es que, por lo que se ve, somos los adultos los primeros que utilizamos el móvil indiscriminadamente y los menores aprenden más de lo que ven que de lo se les dice. Todo lo que favorezca la incomunicación entre padres e hijos son costumbres o actitudes de alto riesgo, que pueden desembocar en conductas disruptivas, en problemas psicológicos e, incluso, en casos de violencia parental al llegar a la adolescencia: más ladrillos en el muro.

    En otro orden de cosas, esta sociedad se niega a ver lo que hay detrás o debajo de esos aparatitos tan listos, que nos facilitan todo y nos dicen lo que tenemos que hacer en cada momento. Hay esclavitud infantil en las minas del Congo que extraen el mineral imprescindible para su uso, además de una cantidad ingente de muertes entre los mineros.

Las compañías explotadoras están expoliando el país y convirtiéndolo en un estado fallido nido de mafias, guerrillas y corrupción. Algo parecido les pasa a los que trabajan en la producción de los micro chips que los hacen funcionar. Y para rematar se está  saturando el espacio de satélites y de basura espacial para que juguemos a cacharritos con ellos.


jueves, 6 de junio de 2024

El regreso

     Día 29. "Levántate senderista que ya van a dar las 8" ¡Qué va! para las 8:15 ya estábamos más de la mitad desayunando y eso que nos habían dicho que la hora del desayuno era de 8:30 a 9. Las dos mujeres que atendían al comedor no habían terminado de preparar todo y no pararon de reponer durante todo el tiempo que duró el desayuno. Pudimos prepararnos y desayunar con tranquilidad para llegar puntuales a las 10, hora prevista para la salida del autobús. Esta vez nos esperaba en una calle lateral del hotel y pudimos colocar con tranquilidad nuestros bultos en el maletero. Según se fue comentando, la atención en el hotel fue buena. Su situación céntrica favoreció los paseos por Oviedo y las habitaciones, sin grandes alaracas, eran acogedoras y con un buen baño. O sea, buena relación calidad precio.


       El grupo de coordinación había previsto organizar un viaje de vuelta que no fuese volver derechos a casa y que nos diese la oportunidad de aprovechar la jornada para pasear y tomarnos la comida con tranquilidad. Se había establecido una primera parada larga en Ribadesella. Por primera vez el señor conductor dijo una frase amable en plan humorístico, cuando algunos pretendían levantarse antes de que terminara de aparcar en la estación de autobuses: "con el coche en movimiento, el culo en el asiento". En principio se había pensado parar una hora pero luego se vio que no daba tiempo para aprovechar la parada, por lo que se optó en dos horas. Previamente se había calculado que podíamos llegar sin agobios al restaurante a la hora acordada.

    Parte de la gente se fue al mercadillo y la mayoría optó por pasear al rededor de los muelles hasta llegar al rompeolas exterior. Pudimos observar allí cómo se había aprovechado un trozo de muro abandonado para formar con las rocas un pequeña piscina natural, a la que habían preparado unas escaleras. Resultaba un lugar interesante pero, supongo, que solo con la mar en calma. De nuevo disfrutamos de una mañana espléndida, luminosa, sin viento, el mar como un plato. En el ambiente se respiraba quietud y un  aire puro teñido de salitre. Algo imposible de disfrutar en época vacacional, según se explicaba en unos pequeños murales, adosados al muro que cierra el paseo, dedicados al turismo con imágenes del famoso dibujante Mingote.


    Los más atrevidos subieron a la ermita de la Virgen de la Guía. Según rezaba en un cartel informativo, el edificio actual es la mitad del original que había quedado destruido siglos ha. No se podía entrar, pero por las puertas acristaladas se podía ver que estaba en perfecto estado y muy adornada. Las vistas, como buen puesto de vigía que fue, son impresionantes, tanto sobre la costa como mirando al murallón de montes que cierran el espacio hacia el interior. También tienen bien conservados en su torreón tres cañones, que, se supone, serían para defender y controlar la bocana del puerto. O sea que mucha virgen patrona que nos guía, pero para defenderse mejor cañones. 


    Partimos de nuevo sin ningún problema. Cuando llegamos al polideportivo Ruth Beitia el chofer nos dejó en la entrada. Preguntamos por el restaurante a un vigilante que, tras indicarnos dónde estaba, nos hizo pasar de uno en uno por una puerta de esas de controlar el acceso a las instalaciones. Llegamos bien de tiempo y ya teníamos las mesas preparadas. Nos habíamos quedado sorprendidos por el nivel de las instalaciones y por las terrazas que rodean el restaurante.

    La comida fue sencilla pero buena y mejor atendida por tres jóvenes inmigrantes que se desvivieron por atendernos. Al final, por iniciativa de algunas, se pasó el platito y se les dejó una buena propina. Tampoco hubo problemas con el tema del dinero, aunque al chico, que además de servir estaba en la barra manejando el cajero, le costó entender cómo le presentamos las cuentas, por aquello de que no todos tomaron café. Al final no tuvo problemas porque tienen una maquinita de esas que tragan y cuentan billetes y monedas.


    

    Se acordó la hora de salida para las 18. Mientras tanto el personal estuvo descansando en las terrazas o paseando por las instalaciones. Quedó como un debe el haber podido terminar con paseo por El Sardinero o similar, pero el sitio estaba lejos del centro urbano y con el conductor no estaba el horno para bollos. Y colorín colorado... antes de las ocho en Barakaldo.

lunes, 3 de junio de 2024

La Senda del Oso (2ª parte)

     28 de mayo. 7:30 ya estábamos los 63 en el autobús de 70 plazas, con 15 metros de largo, según el chofer. Éste comenzó advirtiéndonos del peligro de los bastones en caso de accidente o maniobra brusca y que, por tanto estaba prohibido llevarlos a bordo. Al mismo tiempo fue echándonos una soflama un tanto insolente sobre el uso del inodoro y otras normas del autobús -la primera en la frente-.


Antes de ponernos en marcha se nos advirtió que deberíamos parar en Unquera por aquello del descanso para alivio del personal, así no se usaría el inodoro del bus, y para que pudieran tomar un refrigerio los y las que no habían podido desayunar por el madrugón. Un área de descanso muy solicitada, que casualmente estaba llena de lugares para venta de sus famosas corbatas de hojaldre. A la media hora se llamó a filas y nos extrañó que solo estaba abierta la puerta delantera. Algunos le advertimos al chofer que la de atrás estaba cerrada, a lo que contestó con su habitual contundencia que por la parte de atrás había barro y que no estaba dispuesto a tener que limpiar. Así que todos en fila por la puerta delantera y nosotros nos quedamos con cara de pardillos sin dar crédito a lo que estábamos viendo -la segunda en el pecho-.

    El trayecto  hasta Oviedo-Uvieu se hizo corto. Poco a poco a partir de la salida de la autovía nos fuimos metiendo en carreteras progresivamente más estrechas, hasta vernos inmersos entre paredes y farallones. También fuimos comprobando en los pueblos por los que pasábamos que teníamos algo en común: estaban llenos de cadáveres industriales, en este caso referentes a la industria minera, lo que daban a los mismos un aspecto un tanto siniestro.

    Por fin llegamos a Entrago, población de inicio de la marcha. Contábamos con dos hándicap: primero y principal que los organizadores no habíamos contado con la famosa parada obligatoria a la hora de preparar los horarios, y es que el que no sabe es como el que no ve; la segunda es que nuestro guía autóctono asturiano, estaba convaleciente y no pudimos contar con él. Algunas de las más veteranas ya habían hecho ese trayecto, pero en sentido inverso, así que el programa previsto estaría sujeto a modificaciones sobre la marcha. Nada más poner pie a tierra se procedió a tomar el primer avituallamiento, que había que comenzar con energía.

    Pudimos disfrutar de una mañana primaveral y espléndida. Ni con huevos a las clarisas hubiésemos conseguido un tiempo más favorable, lo que colaboró sobre manera a gozar de la jornada. Según avanzábamos nos íbamos  sorprendiendo de las paredes verticales, de las rocas retorcidas, de las espectaculares gargantas y casi siempre envueltos en una vegetación espléndida, acompañados durante todo el recorrido con el "cantus firmus" del río y los coros pajareros. La ruta atraviesa una serie de túneles que estaban en buenas condiciones y bien iluminados y con otros tramos excavados en la la ladera.

    Como es habitual, y más en un grupo tan numeroso, se fueron alargando las distancias entre la cabeza y la cola. En este caso además había otro factor determinante: las infinitas posibilidades de sacar fotos impresionantes, lo que ayudaba a despistarse y a perder de vista a los de delante, lo que provocó algún problema en varios momentos. A todo esto a eso de las dos y media el vacío interior comenzaba a reclamar lo suyo y aún nos quedaba casi la mitad del recorrido. No sabíamos dónde parar porque el camino está encajonado, como vía de tren que era, hasta que alguien se fijó en una campita que se abría a lo alto de la margen derecha. Así que se decretó parada y fonda, y el personal fue tomando posiciones para comer. Un pequeño grupo prefirió seguir lo previsto en el programa de comer al final del recorrido.


    A partir de aquí, con la andorga llena, se fue ralentizando la marcha. Al llegar al centro urbano de Proaza cruzamos el río para acceder a la plaza del pueblo. Allí nos encontramos con el grupo que se había adelantado, pero aquel sitio no era el final del trayecto. Preguntamos a unos trabajadores municipales y nos indicaron que teníamos que volver por donde habíamos venido y en dos kilómetros más o menos llegaríamos al área recreativa. A todo esto, el personal se había acomodado a tomar algo y el retomar la marcha se hizo más cuesta arriba. 

    El entorno de la senda se fue abriendo y en este último tramo teníamos otro tipo de paisaje con prados y huertas. Si se miraba hacia atrás se podía contemplar una postal con todas las cumbres que coronaban las gargantas que habíamos atravesado. Ya casi llegando al final nos encontramos con las oseras, unos espacios vallados donde están un par de osos. Una de ellas, pequeña, junto al camino daba botes y corría de una esquina a otra. Había una plataforma alta enfrente para poderla ver mejor y allí coincidimos con niños de una escuela que estaban haciendo una visita. Más abajo y a lo lejos, pudimos distinguir otro oso más grande. A poco ya se accedía al área recreativa y, en efecto, allí estaba el autobús.


    El último grupo tardó lo suyo porque una compañera había tenido una contractura y hubo que acompañarla para que pudiera terminar el trayecto. Antes de arrancar el conductor nos advirtió que la subida programada al alto de Naranco no se podía realizar porque nuestro autobús era demasiado largo para el trazado de la carretera. Así que derechos al hotel, cosa que no pocos agradecieron por las ganas de ducharse que tenían. Cuál no fue nuestra sorpresa cuando el chofer nos para en medio de una calle, enfrente del hotel, sin tener espacio para detenerse y nos manda que saquemos las maletas y demás bultos a todo correr porque le podrían echar una multa -la tercera en el hombro izquierdo-. 

    La atención en el hotel fue correcta. En la recepción tenían preparados sobres con las llaves correspondientes de las habitaciones, lo que facilitó la entrada, si no nos hubiésemos eternizado. Nos dio tiempo antes de la cena, y después de la ducha, para dar un primer paseo por la parte céntrica de la ciudad que estaba cerca del hotel. Al salir nos encontramos que había habido un rifirrafe con el chofer -la cuarta en el hombro derecho-. Algunos optaron por apuntarse a la sidriña, otros pasearon sin más y un pequeño grupo incluso tuvo tiempo para visitar el museo. Eso sí, la principal atracción fue la estatua dedicada a la Regenta.

    La cena fue sencilla y bien servida. Con eso de que tarda en anochecer, la mayoría optó por darse otra vuelta. Al final teníamos los móviles atorados de fotos de todo el día. El personal tendrá que ir cogiendo la costumbre de seleccionar las puedan ser de interés personal y particular y compartir solamente las que tengan algún interés general. Puede llegar un momento, como con los dulces, que de tanta cantidad se coge un empacho y no se disfruta de ellas. 

domingo, 2 de junio de 2024

10º ANIVERSARIO (parte 1ª)

 

Ficha 1 del archivo de salidas

10º Aniversario del inicio del grupo de senderismo de los centros de mayores del ayuntamiento de Barakaldo. Así empezó todo. Unos cuantos andarines y medio montañeros  se coordinaron impulsados por los servicios sociales del ayuntamiento. Desde el comienzo, los carteles que anunciaban las salidas se hacían públicos en las carteleras de los centros municipales de mayores. Esto fue llamando la atención y, sobre todo, se contó con el boca a boca de los participantes invitando a sus amistades. De esta forma se fue engrosando el número de participantes, que llegó en cuatro o cinco años a más de setenta, un número imposible de manejar en un solo grupo, por el problema que planteaba en los transportes públicos y porque suponía un gran dificultad a la hora de organizarlo. Durante un buen tiempo se tuvo que negar la entrada a nuevos participantes. 

En la pandemia quedó suspendido el programa, pero se fueron formando pequeños grupos, que paseaban por las zonas que entraban dentro de las restricciones impuestas, para mantener la relación y el espíritu senderista, a la vez que no se renunciaba al ejercicio al aire libre, que era de agradecer en aquellas circunstancias. 

El grupo único
Justo después de la pandemia, se consolidó la formación de dos grupos, uno se mantuvo los lunes y otro los martes, con un número no muy grande para ver cómo se iba funcionando.
A la vez se formó la comisión de coordinación en la que participan los guías y coordinadores de los grupos para mantener un ritmo común de salidas y para organizar eventos y salidas comunes. Poco a poco se fue abriendo la posibilidad de ir incorporando nuevos senderistas para lo que se crearon listas de espera. En cuestión de un año, más o menos, se comenzó a plantear la necesidad de formar un tercer grupo y ahí estamos en 2024 con éste en marcha y un total de 135 participantes apuntados. En mi opinión, este crecimiento tan rápido ha estado propiciado también porque las nuevas generaciones de jubilados estamos mejor preparados y más mentalizados para hacer ejercicio físico en convivencia con otros. Hemos podido disfrutar de un mayor nivel de formación, de unas condiciones laborales y de una asistencia sanitaria notablemente mejores que las anteriores generaciones y esta nueva situación implica que el paradigma antiguo del jubilado tenga que pasar a la historia, aunque eso suele llevar su tiempo, por desgracia - o si no, que se lo digan al chofer-. 

Coordinación


Desde la últimas reuniones de coordinación  del año 2023 ya comenzamos a calentar la oreja de la trabajadora social que está cubriendo la baja de Patricia. Mérito de ésta ha sido el ser "el hada madrina" de este proyecto, desde su puesta en marcha  hasta llegar a aquí. En la reunión de febrero se llegó al acuerdo de celebrar el aniversario con una salida de dos días. En principio se solicitó contar con dos autobuses por si el personal se animaba, como pasó en el Urederra, y el ayuntamiento aceptó la propuesta. A partir de aquí, se fueron dando reuniones para determinar fechas -se optó por mayo en vez de octubre como otros años-, sitio, buscar una agencia... hasta que hicimos la convocatoria: la Senda del Oso" en la cuenca minera asturiana. Llegamos a apuntarnos 69 senderistas, por lo que no iban a ser necesarios dos autobuses, ya que con uno de 70 plazas era suficiente. Al final tuvimos que hacer encaje de bolillos para ajustar las habitaciones compartidas, ya que de los previstos solo acabamos yendo 63. Eso sí las y los que no pudieron asistir han recuperado su dinero. Se acordó un programa para esos dos días y nos pusimos en marcha camino de Asturias.

He querido empezar por este pequeño memorandum, en primer lugar, como agradecimiento a todos y a todas los que pusieron en marcha este estupendo programa del que estamos ahora disfrutando. Ha habido bastantes que se han ido quedando en el camino por diversas razones y es que, por lo general, el paso del tiempo no perdona, de lo que dan fe las fotos. Claro que entre medias de lo escrito se podrían entrelazar mil historias, momentos gloriosos y, como no pueden faltar en cualquier familia que se precie, discrepancias y alguna que otra bronca. En segundo lugar, esta entrada está dedicada a las personas incorporadas más recientemente para que tengan un pequeño testimonio de cómo se creó y cómo ha ido evolucionando este programa que ahora compartimos. A saber cómo funcionará en los siguientes diez años, esperemos que a mejor, y cuántos podremos verlo, aunque sea sentados en los bancos del parque. Mientras tanto, ya estamos pensando cómo cerrar la celebración después del verano, que, como se ve en la ficha de arriba, se comenzó un 15 septiembre .

Foto de portada del primer archivo en papel de las fichas

jueves, 9 de mayo de 2024

Lunes de senderismo 27

   


 Lunes 6 de mayo toca madrugar. A las 8:20 ya estábamos 20 animosos y animosas en Kabiezes, esperando el bus de línea a Balmaseda, aunque nosotros nos íbamos a apear en El Bentorro, límite entre Galdames y Sopuerta. El inicio de la marcha es un tanto especial porque hay que avanzar un pequeño tramo por la carretera en zona de curvas en fila india y sin despistarse. Accedimos al puente elevado sobre la carretera, que muestra con grandes letras la entrada al llamado "valle del sosiego", donde tomamos la vía verde de los montes de hierro que nos iba a conducir hasta Gallarta. A poco de comenzar contemplamos en El Arenao la industria que proporciona los pavimentos de las aceras de nuestro entorno, comenzando por la famosa baldosa de Bilbao. 

    


En este primer tramo, que discurre hasta la subida al polígono industrial de La Aceña, tuvimos suerte porque en la vaguada por la que discurre el agua de un barranco estaba prácticamente seca. Tanto aquí, como en el resto del camino perteneciente a Galdames vimos los letreros, que se hicieron famosos por ir presentando a cada kilómetro versos de autores famosos, totalmente abandonados y algunos medio deshechos. A la entrada a Abanto nos encontramos que los habían rehabilitado en metal para asegurar su permanencia, diferencia de prioridades, se supone.

    


La marcha por la vía discurrió sin mayores dificultades. Pudimos disfrutar de una mañana primaveral preciosa. Visto cómo había terminado la noche anterior, la mayoría llevábamos el paraguas plegable en la mochila. Sin embargo, pudimos disfrutar del sol de primeras horas y, a la vez, del frescor de las lluvias anteriores. Entre ambos daban un brillo especial a la vegetación, destacando especialmente los verdes primaverales.

    Hicimos parada y fonda en el cruce de la pista que baja hasta El Pobal desde el pico Ventana, que está entre los recorridos con balizas de color de Peñas Negras. Entre bocado y bocado escuchamos a Nati que nos advertía de que Nieves había calculado mal la hora y había decidido hacer el camino a la inversa, hasta encontrarse con nosotros. Al final hicimos la foto de grupo, que se retardó algo por aquello de esperar al personal que estaba atendiendo a sus urgencias. A poco de reanudar la marcha recibimos el aviso de que Nieves nos esperaba en un mirador, pero nuestra preocupación fue en aumento porque habíamos dejado atrás tres miradores y no aparecía. Y es que los de Abanto han dejado hecho un primor el trayecto con zonas de descanso. Por fin, a la cuarta fue la vencida, para mejorar el refrán. Eso sí, en la espera había preparado un ramillete de margaritas de un gusto exquisito.

   


Al acceder a la carretera que baja de La Arboleda, hubo un pequeño lío de que si por abajo o por arriba, pero la mayoría subimos a la parada más cercana a la mina y pudimos coger el bus que sale de la playa a las 13:05. En Ortuella se bajaron las cinco que iban a comer en el polígono Granada y los demás formales, formales a casita. 

Mi segunda novela

     Mi segunda novela se titula "Una casita en Betolaza". En ella vierto diversas inquietudes sociales y políticas, así como recuerdos o experiencias vividas en las diversas épocas de mi vida, dese mi infancia hasta mi jubilación, tanto en el campo profesional como en mi participación desde el voluntariado en  asociaciones de diversa índole. Todo ello gravita sobre Ainhoa, la protagonista. Ella representa a las víctimas olvidadas de ETA, que son, a mi modo de entender, los hijos e hijas que han tenido que sufrir las consecuencias de la militancia y de las opciones de sus progenitores. Se han visto obligados a crecer sin la experiencia de un padre o una madre o de ambos, criados por abuelas o tías, que, sin duda, dieron todo de sí en su inmensa mayoría.

    


  Ainhoa es una joven universitaria que necesita saber por qué está donde está y quién es en realidad. Lo va descubriendo a través de las historias que escucha de sus mayores y de los problemas de la relación entre sus familias. La memoria histórica creo que va más allá de las leyes y de las organizaciones. Tiene un carácter personal y familiar dependiendo de cómo ha vivido cada cual esa historia. No pretendo exponer lecciones de historia, sino destacar la importancia de la transmisión oral en el seno de la familia y del entorno social, sobre cómo les ha afectado la historia a los antecesores.

    A través de las diversas situaciones que le toca vivir a Ainhoa, se va viendo realidades como el mestizaje, la inserción de migrantes, la normalización de la homosexualidad, los pelotazos urbanísticos, el acoso social por las ideas políticas... y en ellas van surgiendo personajes que van influyendo en su vida afectiva, en sus relaciones sociales, en el daño que le provocan. Algunos de ellos son personas reales con las que me he relacionado, pero con distinto nombre o protagonizando historias inventadas por mí. 

    En el título de la novela va el enlace al drive en la que está en forma de PDF. Me he desanimado a autoeditarme y la incluyo así por si alguien la quiere leer. Al marcar el enlace le pedirá mi permiso para poder acceder, lo que se puede dar por descontado.



 

domingo, 5 de mayo de 2024

Más feijoismo... (por si fuera poco)

     


Ha llegado un informe de la ONU que acusa a los nuevos decretos que han anulado la ley de la memoria en las comunidades autónomas regidas por el PP. Dicho informe llega a decir que esos decretos están en contra de los derechos humanos. Así que el pretendido cambio de la ley de la memoria histórica por otra titulada de convivencia solo ha pretendido lavar la cara al pasado sangriento del franquismo, en aras de un buenismo que solo pretende satisfacer a los herederos del mismo y que el PP se lo ha comido con patatas porque necesita a VOX para gobernar en esas comunidades. Sin embargo, Feijoo ha desacreditado sin más dicho informe y ha defendido a los gobiernos de su partido. Lógicamente no solo se ha conformado Feijoo con pasarse por el arco de triunfo al informe de la ONU, sino que lo ha usado como un arma arrojadiza más contra el gobierno, igual que todo lo pilla a mano, como, por ejemplo, el lío que ha tenido con el presidente ultraderechista de Argentina al que le ha sacado la cara, porque el gobierno de Sánchez tiene la culpa de todo. 

    


Lo que estamos descubriendo es que nos vendieron que el PP traía de Galicia para dirigir su partido a un hombre de gobierno experimentado, de gran personalidad y con intenciones de hacer política, pero no es así ni por asomo. En realidad es un cacique redomado de los muchos que han asolado Galicia, y que aún los hay al amparo del PP, que no permite que nadie le lleve la contraria o le haga la menor sombra. Más aún nos dicta lo que tenemos que saber y nos asegura que solo él lo puede arreglar todo con unos discursos delirantes, fuera de la realidad y plagados de mentiras, solo aptos para gente inculta o crédula, que son un insulto a la inteligencia del personal.

    Creo que el problema de la memoria histórica parece algo que está ahí pero no importa, solo que hay gente que necesita meter ruido. Afecta más, a mi modo de entender, de lo se supone a primera vista tanto a personas como a instituciones. Los de mi edad hemos tenido que deconstruir todo el adoctrinamiento franquista y del nacional catolicismo, que le sirvió de vehículo, cosa que sería imposible sin una memoria histórica que nos dé luz y ponga en su sitio lo que fue pasando y a sus responsables. Las nuevas generaciones no han tenido una información suficiente sobre ese período en sus estudios de historia en la educación obligatoria y, por otra parte, se rompió, en un sector  mayoritario de la población, el hilo conductor de la tradición oral en el seno de la familia. Había un mandato implícito en el ambiente de que no se tenía que hablar de ciertos temas, no había que meterse líos ni en política.


De ahí que no se conozca, por desidia de los padres o por desinterés de los menores, cómo vivieron nuestros antepasados cercanos, sin ir más lejos, esos períodos: consecuencias de la represión política, condiciones laborales, libertad de expresión, migración interna y externa para sobrevivir, autoritarismo gubernamental y eclesiástico... Ese ejercicio de la memoria se puede extender también a otros campos de la vida, como las consecuencias del terrorismo o de la heroína y otras drogas, que barrieron muchas vidas y a otras víctimas las dejaron hechas polvo.

O sea, lo de siempre: lo que no se conoce se puede repetir. Es lo que más puede interesar a los partidos y grupos ultraderechistas: pillar a las nuevas generaciones con la guardia baja por su desconocimiento o su falta de interés, para en adelante poder repetir en corregido y aumentado los errores y los horrores que se dieron en nuestra historia reciente.

viernes, 3 de mayo de 2024

Por sendas desconocidas de Barakaldo

 

  


 Lunes 29 de abril. Salimos unos cuantos de Bide Onera a las 9 horas y nos juntamos en Retuerto a las 9:30 con el personal procedente de Cruces, Burtzeña y la vega de Ansio o alrededores. Iniciamos la ruta hacia El Regato. Esta vez nos íbamos a dirigirnos hacia el campo de tiro. Poco antes de llegar al mismo, a la derecha aparece una señal que marca la subida al barrio de Sta. Lucía y al Argalario. Tomamos esa subida con ánimo sin saber lo que nos esperaba. Joselu nos había advertido que era “fina”. En efecto, resultó ser un tramo como de montaña, sumergidos en una vegetación exuberante llena de esplendor primaveral, con un terreno irregular lleno de pequeñas dificultades: algunas piedras resbaladizas, troncos caídos…

    Aún así se fue subiendo en grupo hasta que salimos a cielo abierto. Nos encontramos con unos prados de una pendiente más que considerable, desde donde se veía el colegio de El Regato y sus alrededores. Yo me dejé guiar por el recuerdo de cuando hace años hice ese recorrido con mi colega Orencio, pero debieron ser muchos porque estaba todo distinto. Seguí en directo y sí recordaba que había que subir la empinada campa, pero Fernando conocía un camino que subía en diagonal. La mayor parte del personal por no volver hacia atrás tiró cuesta arriba entre quejas y bromas. Solo los rezagados siguieron la senda diagonal. Aún quedaba un remate corto de cuesta para llegar a las casas y, poco a poco, nos fuimos acomodando alrededor del lavadero del barrio que solo consta hoy en día de dos caseríos.

  


     En el hamaiketako también participó el perro de la vecina con el que se había encariñado Maripaz, y entre dame esta patita o la otra a poco le deja sin nada a ella. Tras la foto de rigor, la bajada fue tranquila. Una primera parte en medio de un bosquecillo de eucaliptos que daba paso a unos prados, desde los que se abría unas vistas espectaculares hasta El Abra. Luego desembocamos en el camino más habitual de subida al Argalario hasta llegar a Sobrecampa. Giramos a la izquierda y bajamos por Sesumaga. Pudimos contemplar lo bien cuidada que está la casa torre, una de las doce que figuran en el escudo de Barakaldo –en forma de cañones- y que aún se conservan. Una vez en Kareaga nos despedimos de los que iban a comer en Retuerto y los demás fuimos tomando la dirección a nuestros domicilios.

    


Una mañana preciosa con un recorrido totalmente desconocido para casi todos y que nos sacó de la rutina de pistas y asfalto. No solo por lo que pudimos contemplar, sino también por el acompañamiento constante de cantos de pájaros en plena ebullición. En un momento dado, mientras esperaba a que llegase el grueso del pelotón, me aparté un momento delante de un murete de los que cierran los prados y, mientras estaba en “la faena”, me quedé mirando el bosque y, al fondo, la vista que daba a la vega del Castaños. Me había fijado en un delicioso diálogo pajaril, cuando me llegó un sonido grave y potente, como de una descarga de hierro, que destacaba sobre el zumbido constante de los vehículos de la autovía.

Y pensé: éste es mi Barakaldo, estoy rodeado de naturaleza y, a la vez, me llega el sonido de lo que nos queda de industria. Dos señas de identidad: disfrute y trabajo. Deseo de todo corazón que ambas no nos falten ni a nosotros, ni a los que vienen detrás.