miércoles, 14 de noviembre de 2012

TAMBIÉN HAY BUENAS NOTICIAS

Llegaba justo a la parada del bus para bajar a Lutxana. Alguien me llamó por detrás. Me di la vuelta y me topé con un mocetón guaperas de 1,90 que se me echaba encima sonriente. Era N. Ya solo el cariño con que me comenzó a hablar fue suficiente para alegrarme la mañana. La pena fue que nuestra conversación tuvo que ser  telegráfica porque venía el autobús de línea. Sacó el móvil y me cogió el número. Esto no puede ser, me dijo, hace demasiado tiempo que no nos vemos. Hay que quedar a comer antes de Navidad. Y aquí estoy esperando esa llamada. Estoy más que seguro de que va a llegar porque le conozco de sobra.

N estuvo con nosotros en el hogar municipal donde trabajaba yo. Era un niño menudo, tirillas pero con una energía y una mala leche que no le cabía en el cuerpo. Era increíble la facilidad con que se enfadaba por cualquier cosa. Siempre tenía cara de estar alerta y sus miradas podrían taladrar a quien se le pusiera delante. La convivencia resultaba difícil con él, pero donde llegaba al culmen de los cabreos era jugando al fútbol. No podía aguantar perder, ni siquiera que le quitasen el balón y, no te digo nada, si le pitaban una falta. O se iba enfurruñado o acaban echándole. En eso siempre fue incorregible. Sin embargo creo que esa energía le ha servido para abrirse paso en la vida porque su historia no se lo puso nada fácil.
En este arbolado había una zona de chabolismo
donde vivieron

Estaba acogido en casa de su abuela junto con otra partida de primos suyos. Era una familia castigada por la ola de heroína que sacudió Barakaldo en los años 80. Dejó el hogar cuando su madre terminó un programa de desintoxicación. Tuvo la suerte de contar con un ángel de la guarda con galones de capitán general. Una familiar suya les fue ayudando a colocarse en su empresa y poco a poco, tanto él como su primo Z -que también estuvo en el hogar por razones similares-, se han ido asentando en el funcionamiento de la misma, hasta llevar en estos momentos cargos de responsabilidad. El notición es que en estos momentos de desesperación para tantos jóvenes no les falta trabajo e, incluso, han empleado a compañeros que compartieron hogar con ellos.

Me he acordado del profesor Barudi, cuando me dijo después de una conferencia que, por muy mal que veamos las cosas o nos parezca imposible que un caso salga adelante, los educadores no debemos desfallecer. Cualquier aporte positivo que los menores hayan podido percibir, en el terreno afectivo o por la atención que se les haya prestado en el día a día,  puede ser decisivo a la hora de tener la suficiente resiliencia para salir adelante. Nunca lamentaré lo difícil que fue tratar a este chaval, pero el tiempo y la energía que tuvimos que dedicarle ha servido. Noticias como ésta ayudan a no hundirnos en este túnel del pesimismo imperante y a no tirar la toalla por escasos que sean los resquicios de esperanza que se puedan ver hoy..

martes, 6 de noviembre de 2012

TIEMPOS MODERNOS

Los perros ya no comen huesos, ni pan duro. Los gatos ya no comen raspas de  pescado ni cazan ratones o pájaros. Tienen suculentos piensos o comidas especiales. Ya no se pelean tanto los perros con los gatos, pero van al psiquiatra para no deprimirse y a la peluquería para no despeinarse. La mayoría de los niños ya no meriendan pan con una onza de chocolate o con otras viandas. Meriendan bollerías y cosas blanditas que se comen más fácilmente, aunque tengan mucho colesterol, y la vida útil del biberón se porlonga cada día más. Ya no hace falta perseguir a los peques cuando se empeñan en alejarse, ni van a dar la tabarra pidiendo aupas  porque les llevan en sillita de ruedas hasta los cuatro años.

Los profesores dan los resúmenes hechos y adelantan lo que van a preguntar en los exámenes para que los chicos y las chicas saquen buenas notas y no necesiten esforzarse. También les permiten que en los trabajos hagan corta pega con lo que encuentren en internet para que no tengan que andar perdiendo el tiempo en redactar, que hay que hacer otras cosas más interesantes. Cuando llegan a mayores muchos eligen las carreras que, se supone, son fáciles de aprobar para tener que estudiar menos y la mayoría solamente se preocupa de que no les falte dinero. Eso sí, estarán al tanto de los erasmus más enrollados o de los master en países exóticos.

Es una pena que sigan existiendo seres así, que aún no se han enterado que pertenecen a otro mundo pasado. O sea, que son unas anticuallas. En estos tiempos modernos muchos perros tendrán que volver a pelearse por un hueso y otros tantos gatos tendrán que echarse a la calle para pillar ratones, porque sus dueños se las van a ver canutas para llegar a las compras de fin de mes o se van a quedar sin vivienda. Su problema no serán las depresiones sino el hambre y necesitarán ir a los comedores de Cáritas en vez de al psicólogo. Y a papá condescendiente le va a llegar un momento, cuando no quede más, en que va a tener que aprender a decir no por más que sus acomodados cachorros bramen y profieran los insultos más hirientes que hayan aprendido en sus juergas.

Los títulos cada vez valdrán menos porque la competencia y la necesidad hará cruel y despiadado hasta el mejor amigo a la hora de conseguir un trabajo, sin contar que habrá más que codazos para hacerse con uno. Encima serán trabajos de usar y tirar porque no se sabe lo que durarán y, con mucha suerte, se acercarán a los 500 € al mes, si es  que llegan a durar ese tiempo. Ante ese panorama solamente podrán aguantar y salir adelante los que estén acostumbrados a roer duros huesos y a resistir contrariedades.El tener un piso en propiedad será un cuento que, en su día, nos contará el abuelo cebolleta y lo de tener un coche será materia reservada a los de siempre. En caso de apuros ya no se podrá recurrir a papá estado ni a mamá autonomía, que para entonces estarán lo suficientemente destartalados como para acordarse de estas minucias. Con un poco de suerte quizás Cáritas o la Cruz Roja, o alguna entidad por el estilo, tenga algún recursito para sacar de un apuro.

Y es que, los tiempos modernos de las nuevas dictaduras globales han comenzado ya y, como sus antecesores, avanzan sin piedad a velocidad de vértigo, sin que a las nuevas generaciones les dé tiempo a percatarse de que su mundo ya no existe, aunque las apariencias parezcan no haber cambiado. Mientras los mantengamos en el limbo de la era consumista no van a tomar conciencia de las nuevas condiciones en las que les va  a tocar vivir y,si algún día se plantean pelear por transformarlas, va a ser demasiado tarde o no van a contar con las fuerzas suficientes.

domingo, 21 de octubre de 2012

DÍAS DE MONTE 6

El día 10 de octubre inauguramos mi compañero de fatigas Juanjo y yo nuestras mañaneras de montaña en este curso. Para abrir boca nos lanzamos al Peñalta que es una cumbre de Karrantza de 1.114 ms, o así, y que no conocíamos ninguno de los dos. Fue interesante conocer la zona, porque por ella se puede hacer subidas varias a las cumbres del cordal de Ordunte desde la vertiente vizcaína. Hicimos la aproximación en coche desde Lanestosa. No empezamos bien porque, pasado este pueblo,  nos perdimos y tuvimos que volvernos hasta dar con la carretera o pista medio asfaltada que nos dejó en Campo Calero. Nos topamos con un rebaño de ovejas y tres de ellas estaban tumbadas en la mitad de la carretera sin ninguna intención de moverse. Tuve que pasar con unas ruedas por la campa porque ni con claxon se asustaban. Nos miraban con cara de llamarnos impertinentes.  

En la subida nos encontramos con un cruce que no venía en las instrucciones y, para seguir la racha, tomamos la pista equivocada. Para subsanar el error subimos el Sanitipinia monte a través con una pendiente de las de pensárselo dos veces, pero a la tercera nos decidimos. A partir de ahí fue sencillo hacer cumbre en Peñalta. Disfrutamos del paisaje, del tiempo y de la temperatura. A la bajada nos encontramos con una nube de seteros que dieron buena cuenta de los hongos que habían salido tras las primeras lluvias de octubre. Bonito paseo.

A ver si soy capaz de poner un enlace a flickr 
http://www.flickr.com/photos/88594718@N05/sets/72157631821017144/

Ya ha llegado la hora de la verdad

Gane quien gane, no podrá nunca erigirse en regidor de este pueblo. Somos lo suficientemente plurales  y estamos harto divididos como para que no se tenga que imponer ninguna opción ideológica a fuerza de votos en este momento. Sería lo único que nos faltara. Tenemos encima problemas de profundo calado social como para pararnos a pelear por la premacía de independentistas o no independentistas. Sería un ruina cierta para el país que nos liemos en esas zarandajas cuando tenemos encima una recesión brutal que amenaza el tejido productivo, la atención social, la educación y la sanidad. Seamos independentistas o no sigue siendo indispensable hacer frente a la dictadura de la mayoría absoluta del gobierno central haciendo valer hasta la última letra nuestra capacidad de autonomía, en vez de andar diciendo que el estatuto ya no sirve para nada.

Hace tiempo se llegó a un pacto de Ajuria Enea para hacer frente a la dictadura de ETA. Hoy tenemos encima esas dos dictaduras que he citado antes, que dejan pálida a la de las pistolas y las bombas . La de los mercados y de los bancos poderosos que nos van a sangrar hasta la última gota y la de la mayoría absoluta aprovechada por la ideología neoliberal para desmontar lo poco que nos queda del estado de bienestar. Sin contar con el resurgir del centralismo al calor de las cenizas franquistas o de los apoyos de la jerarquía eclesial que se han erigido en grupos de presión por si fuera poco contar con la mayoría del parlamento y del senado. O se consigue un segundo pacto de Ajuria Enea o nos vamos al agujero. 

Ante este panorama ¿quién va a ser el guapo o la guapa que nos va a hacer creer que va a ser capaz de sacar el país adelante con sus solas fuerzas? No es hora de que los políticos sigan soltando peroratas y descalificaciones. Ya ha llegado la hora de la verdad y somos los ciudadanos los que pedimos si no soluciones, que sería un tanto presuntuoso, sí al menos medidas que puedan frenar esta vertiginosa caída y pongan alguna base para que la recuperación que tanto se necesita no llegue el siglo que viene.


martes, 9 de octubre de 2012

A propósito de las elecciones vascas

Llega con esto de las elecciones uno de esos momentos en el que los políticos se lanzan a por todas. Son capaces de perder toda perspectiva coherente,  se marcan unas consignas y nos lanzan unos proyectos, cuando no prometen el oro y el moro, que nos hacen dudar de todo por lo increíbles y cargantes que resultan a estas alturas. Pueden perder la memoria de lo que han dicho o han hecho ellos en persona, o los partidos a los que representan, en épocas anteriores, sobrevolando por encima de sus propias contradicciones con un cuajo que resulta insultante para cualquier inteligencia media de la ciudadanía. Hasta pretenden erigirse en los únicos salvadores o benefactores con el único argumento de que los demás son malos de remate o un atajo de inútiles que solo nos llevarán al desastre.

Hoy me quiero fijar en la campaña que está haciendo el partido popular porque, a mi modesto entender, lleva unas buenas dosis de perversión tanto en su transfondo como en su discurso. Es ya cargante que su lema principal esté basado en el miedo y vaya acompañado de un serie de consignas  basadas en tópicos o en medias verdades que ni se pueden demostrar ni se pueden negar. Es partir de entrada con el juego sucio en la papeleta, lo que ya, más que insultante, resulta ser repugnante. Nos quieren colar como antídoto a las perversas consecuencias del nacionalismo vasco el nacionalismo español, disfrazado de opción constitucional. Y todo ello, según palabras de Basagoiti, para equilibrar la balanza de fuerzas y evitar la fractura en el país, porque el PNV caería si no en las fauces de los independentistas. Le parecerá poca fractura la que están, y han estado, provocando con sus posturas maximalistas.

Para colmo del cinismo le he escuchado decir en una entrevista televisada al candidato del PP vasco, que puede ofrecer sus votos al partido nacionalista después de las elecciones. Claro, que con algunas condiciones como, por ejemplo, que no se hable de independencia, ni de referendum ni nada que huela a autodeterminación. Eso sí, solamente iba a ofrecer sus votos para potenciar la industria, la economía productiva y para eliminar el paro sobre todo de los jóvenes cualificados. Desde qué púlpito nos habla este señor, si su partido ha sido el principal promotor de la economía especulativa, de llenar España de ladrillo y hormigón, de la burbuja inmobiliaria y de cajas de ahorros repletas de corruptos. Aún hoy en día les ha faltado tiempo para eliminar la ley de protección de costas. Una jugada perfecta que busca preservar las reservas de los suyos y pretende terminar de construir los cuatro palmos de costa que quedan vírgenes.

No he hecho este descargo de indignación porque me considere totalmente contrario, que lo soy, a los planeamientos y a la política del PP. Lo hago porque ya es hora de que los políticos o sus asesores, sean del color que sean, no nos tomen por imbéciles. Ya les quedan pocas motos que vender y sería conveniente que se preocupen de lo que interesa a los ciudadanos y cambien esos discursos de los que ya estamos astragados y que solamente colaboran en alejarles de la ciudadanía, cosa que ya les empieza a preocupar.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Carta a una víctima del terrorismo

A través de la presente quiero presentarle, ante todo, mis respetos por su condición de víctima del terrorismo. Soy una persona que en su día participó en las movilizaciones para exigir la liberación de los secuestrados y para protestar por los asesinatos de ETA. Quiero pedirle disculpas de ante mano por si mi carta pudiere parecerle una intromisión o llegare a molestarle. Nada más lejos de mi intención. Simplemente quiero manifestarle mis preocupaciones y mis sentimientos en esta coyuntura de transición entre el pasado de ETA y un futuro sin su pesadilla. El tremendo lío que se ha montado a raíz del caso Uribetxebarria me ha hecho pensar que hay otros caminos más allá de la justicia que sería conveniente recorrer  no solo para poner fin al terror y la muerte, sino también para preparar el terreno de la normalización social y de la convivencia ciudadana.

Sencillamente le pido, por favor, que sopese detenidamente mi propuesta aunque, de entrada, le parezca chocante. Me parecería sumamente importante que perdone a los verdugos o carceleros, que hayan sido culpables de su situación, y que les haga llegar su perdón, sin que ello, claro está, les exima de cumplir con la condena recibida. Creo firmemente que es el mayor castigo que usted le pueda infligir. Esto lo manifestó hace años, cuando los sandinistas llegaron al poder en Nicaragua, el comandante que fue su primer ministro del interior. Lo primero que hizo al asumir el cargo fue perdonar al somocista que había asesinado a su mujer. Explicó que era el mejor castigo que había encontrado para él.

Ese perdón puede ayudar a cauterizar heridas. Para su verdugo puede resultar un castigo sanante porque, aunque no dé muestras de ello en su exterior y diga que eso no le importa, no le va a quedar otra que sentir que todas las brutales  actuaciones que ha cometido o en las que ha colaborado, han sido absurdas e inútiles y su vida un fracaso. Se tendrá que mirar a sí mismo para soportar que solamente habrán servido para sembrar dolor, destrucción y muerte, entre ellas la suya propia y las de los suyos. Al mismo tiempo, sería un castigo para aquellos que les habían jaleado porque les forzaría a reconocer que por ahí no hay salida para nadie y que también participaban de esa causa sin sentido.


Desde la otra parte, me he atrevido hacerle esta sugerencia porque, me da la impresión, hay colectivos de víctimas que detrás de las exigencias de justicia están pidiendo venganza. De esa forma se sigue dando alas a los que no quieren reconocer sus errores y sus horrores, y eso se está viendo actualmente con la utilización que está haciendo de la dichosa excarcelación. La venganza resulta ser al final un boomerang imposible de controlar. El verdugo puede vivir esa venganza como una agresión que le reafirma en sus convicciones y le sigue aportando razones para dar validez a lo que hizo. Y es que la venganza en vez de cauterizar cronifica y deja abierta las heridas, tanto las suyas como las de ellos. Este tipo de heridas se mantiene abiertas y supuran odio. El odio se puede extender por generaciones y así no se puede llegar a una convivencia ciudadana normalizada, que es lo que más necesitamos en momentos difíciles como éstos y lo que se merecen que les dejemos de herencia las nuevas generaciones.


Por todo ello es por lo que me he atrevido a hacerle esta sugerencia. En este país se han tenido que hacer otras reconciliaciones y, aunque hayan sido más o menos dolorosas, han resultado positivas para el bien de la mayoría. Creo que ahora es el momento de ir preparando el camino de ésta que nos ocupa. A pesar de que sepamos todos que la consecución va para largo, es imprescindible empeñarnos todos en que no sea imposible.


Gracias por su atención.


miércoles, 29 de agosto de 2012

CABO BILLANO, paisajes y recuerdos

En uno de estos días de verano nos decidimos, María y yo, a pasar el día perdidos por alguno de los parajes de nuestra Bizkaia. Elegimos dar un buen paseo por la zona de Gorliz y completarlo con el correspondiente chapuzón en la playa, aunque acabamos en el muelle de Astondo. Elegimos subir al faro de cabo Billano y regresar bordeando los acantilados. Un paseo precioso del que doy fe en el gif que adjunto. Después de llegar al faro bajamos a ver las ruinas y los restos de las baterías de costa que usaron en la guerra para defender la entrada del puerto de Bilbao de los ataques del Canarias y de las fuerzas navales franquistas. A la vez protegían a los bou. Aquellos bacaladeros disfrazados de barcos de guerra con unos cañoncitos y tripulados por unos marinos intrépidos capaces de jugarse la vida y dispuestos a hacerle al enemigo las jugarretas más inimaginables, siempre al borde de lo imposible.Dieron una lección de pundonor, de valentía, de saber marinero, pero, sobre todo. demostraron que creían en una causa y estaban dispuestos a todo por ella.

Contemplando aquel pedazo de cañón, mejor dicho, sus restos oxidados y maquillados por los grafitis, recorriendo las galerías del bunker  que conectaban las baterías entre sí y viendo las oficinas de mando, me ha dado por pensar en aquellos gudaris que se jugaron todo por su causa. Suelen resultar peligrosas esas causas que implican perder la vida en su empeño. Puede que aquella fuese muy clara, o todo o nada, si pasan estamos perdidos. Sin embargo hoy en día nos estamos acostumbrando a otras causas de tipo fundamentalista, misticoides o similares en las que también se juega la vida, propia o ajena, de forma real o simbólica. Y es que toda causa que merezca la pena puede que nos cueste esfuerzo, renuncias e, incluso,sufrimiento pero tiene que ser para dar más vida no para truncarla o para quitarla. 

martes, 7 de agosto de 2012

EL PUENTE COLGANTE DE BIZKAIA

A falta de salidas montañeras quiero traer hoy otro magnífico paseo que recomiendo a paisanos y foraneos. A finales de julio María y yo nos decidimos por fin a subir a la pasarela superior del Puente Colgante y pasar andando desde Portugalete hasta Las Arenas. Fue una experiencia muy interesante por el magnífico espectáculo que se disfruta y por lo seguro que es el paseo. Para mí supuso también una vuelta a mi infancia y recordar cómo funcionaba entonces. Hoy traigo a mi blog una selección de las fotos que sacó María en forma de gif. Ya llevo varias veces explayándome con consideraciones sesudas y en esta toca paisaje.


¿Qué estamos haciendo?

¿Su hija sale así de casa?
El sábado pasado, según bajaba hacia el polideportivo para mi sesión de natación, me fui cruzando con varios grupos de quinceañeras ataviadas para fin de semana, con ademanes ad hoc y en dirección a los lugares habituales de botellón. Algunas se tambaleaban sobre unos tacones kilométricos lo que colaboraba a hacer más grotesca su imagen. Otras iban hablando a gritos entre risas histéricas o pegando voces a móvil diminuto. Iban, eso sí, pintadas hasta las orejas y la gran mayoría se tapaban algo con unas minifaldas tan minis que se podía ver perfectamente el tanga, y lo que éste no puede tapar, al mínimo movimiento.

Para mí no se trata de moralizar o de echar discursos apocalípticos sobre a dónde vamos a parar, esta juventud podrida... y cosas así. Sin embargo, dentro de mi perplejidad, me asaltan un montón de preguntas. Por ejemplo, ¿Qué necesidad tienen estas adolescentes de disfrazarse de putas baratas y de ponerse de alcohol, o de lo que sea, hasta la vomitona para decir que se lo han pasado bomba? ¿No les hemos transmitido nada más interesante y sano para que creen su forma de divertirse? ¿Si no se lo ha transmitido la familia, dónde lo han aprendido? ¿No pueden las familias contrarrestar esos otros transmisores invisibles de su medio ambiente? ¿Quién les ha comprado semejante vestimenta o les ha dado dinero sin mirar en qué lo gastaban? ¿Les han visto salir de casa con esas pintas o han mirado para otra parte por aquello de la paz en casa, mejor no tener una bronca? ¿Igual les han dicho que van rompedoras y cosas así? ¿Podemos considerar estos fenómenos como indicadores del nivel cultural y de buenas notas de una parte considerable de nuestros jóvenes? Y suma y sigue poniendo preguntas.
¿Sabe si su hija cuelga cosas así en internet?

Es muy fácil argumentar que cabezas locas las ha habido y las habrá siempre y en todas partes, pero creo que estas cabezas locas a las que me refiero van bastante más allá de lo anecdótico, tanto por su cantidad como por lo que se ve en los mundillos juveniles. Las considero como alarmas rojas que nos están saltando a la cara y nos están avisando de que algo no hemos hecho bien, porque las nuevas generaciones, como todas las anteriores, son en parte muy importante producto de las que les han antecedido. Si la familia ya no educa porque se ve superada, si la docencia ya no sirve para educar porque cada día se minusvalora más al profesorado, si las iglesias tampoco lo pueden hacer porque cada vez son menos los feligreses, si a los que dirigen la política solo les importa  la educación como un tema más de su programa electoral... ¿Quién educa entonces? ¿Se educan los menores entre sí o viven en un mundo irreal manipulados por todo un sistema endiablado? ¿Es válido permitir que ahora los jóvenes vivan en la inconsciencia más absoluta porque luego ya tendrán tiempo de ... ? ¿Quién les está preparando para ser conscientes de todo lo que les viene encima y para que tengan una preparación que les capacite para afrontarlo? Sinceramente, veo que esto pinta cada vez peor y muy de prisa. De ahí mi pregunta inicial que viene a ser como echarse las  manos a la cabeza diciendo "Dios mío ¿Qué estamos haciendo?"

viernes, 3 de agosto de 2012

..y luego, qué?

He oído por la radio una estadística curiosa que me ha llamado la atención. Parece ser que entre los jóvenes de hoy cada vez son más los que declaran que no quieren tener hijos. Me ha parecido graciosa porque me muevo en unos ambientes en los que tienen hijos precisamente aquellos que nos los han buscado, o sea los padres y madres adolescentes, y, por lo que yo conozco, son unos cuantos. Me temo que esos peques van a depender más de las abuelas que de las madres, si tienen suerte. En realidad me ha llamado la atención por lo grave que me parece y porque considero una simpleza que la noticia se  relacione exclusivamente con la crisis actual. Ante las dificultades económicas que se prevén, lo difícil que está el trabajo y no hablemos de la vivienda, el personal joven se ve obligado a sobrevivir ya sea al amparo de sus progenitores, ya sea en plan de la exigua autonomía que permite el mileurismo imperante. No niego que ésta sea una razón de peso, pero por muy fuerte que sea la crisis no creo que suponga el cataclismo final. Hubo otras generaciones que pasaron una posguerra de familias destrozadas, de miseria y de hambre y aquí estamos nosotros.

Me parece que en el fondo de esta cuestión hay otros factores añadidos que se ocultan tras la magnitud evidente del problema económico. Por una parte, intuyo que está el imaginario que ha podido quedar en esta generaciones de lo que supone criar a un hijo y, no digamos a una hija. Son generaciones provenientes del que no les falte de nada, de nadar entre regalos y juguetes, de pedir por esa boquita y que no dé más guerra. Lógicamente no han podido dar aún el paso de la sociedad del gasto a la situación actual que no deja otra alternativa que apretarse el cinturón y medir el céntimo. Tiene que ser impensable para estos jóvenes pretender criar a los hijos actuales con el mismo  nivel de gasto que tuvieron ellos. Y, si se decidieran a hacerlo, conllevaría otra dificultad añadida, que si tienen hijos no les quedaría otra que renunciar a su ritmo y a su nivel de vida, cosa difícil de encontrar en estos mementos ya que lo de las renuncias en entran en las categorías habituales de sus ambientes.

Por si esto fuera poco, creo que no descubro el Mediterráneo si señalo otro factor muy extendido en los adultos jóvenes o jóvenes sin más. Existe un miedo acerbo al esfuerzo y al compromiso o, como suele decirse, nadie se quiere atar o pringar. Claro que en el plan en que se establecen las relaciones hoy en día es fácil romper o deshacerse de la otra parte de la pareja, sobre todo si se ha optado por lazos de conveniencia o de simple a ver qué pasa. Sin embargo un hijo es para siempre y eso se piensa más de dos veces, si es que se trata de alguien acostumbrado a pensar. 


Lo que no se tiene en cuenta son las consecuencias que se pueden ir acumulando a raíz de decisiones propiciadas por este contexto o cultura. Con el paso inexorable del tiempo empiezan a hacer su mella la soledad o el hastío que  provocan manías, rarezas... a los que se intenta camuflar con discursos ideológicos y con costumbres mas o menos extravagantes. A un nivel social ya se empieza a notar que se va mermando el relevo generacional, lo que implica falta de vida, envejecimiento de la sociedad y, siendo egoístas, hasta escasez de quien cotice en el futuro para poder cobrar la jubilación. Es una pena que por miedo al esfuerzo o a la responsabilidad se renuncie a tener hijos porque solamente se tienen en cuenta  los que esa cultura de hoy considera aspectos negativos. Así se renuncia también a toda la vitalidad y a las alegrías que nos aporta sentir una nueva vida que crece y al sentido que pueden dar a nuestra vida, aunque, a veces, tengamos ganas de tirarlos por la ventana.