lunes, 28 de octubre de 2024

Gustavo Gutiérrez

 
Recientemente ha muerto Gustavo Gutiérrez. Uno de los padres de la teología de la liberación. Para mí también uno de los referentes que me enseñó a mirar y a orientar mi vida y mi fe desde el sufrimiento injusto de los pobres. Fue un teólogo de raza con una sólida formación y con una sensibilidad extraordinaria para palpar y asumir la vida de los pobres y de los desvalidos, que poblaban -y aún pueblan- su América latina. Lógicamente, la praxis que se derivó de la teología de la liberación en el continente americano tenía poco que ver con la que se tenía que desarrollar en Europa, pero lo importante fue que nos ayudó a darnos cuenta que cualquier teología cristiana debe partir y dar respuesta a las necesidades y a los clamores de los pobres y de los que soportan sufrimientos injustos.



    Tengo que dar gracias a Dios por haber puesto en uno de los momentos más cruciales de mi vida a Gustavo, y a otros compañeros suyos de la teología de la liberación, para tomar las decisiones más importantes a la hora de orientar mi fe y de hacer un proyecto de vida basado en la dedicación a las clases trabajadoras y dependientes. Gustavo, como otros tantos teólogos latinos y europeos, tuvieron que soportar el largo invierno restauracionista de los dos papas anteriores, así como el ataque continuo de estamentos jerárquicos de Roma y de no pocas conferencias episcopales. Entre todos éstos han ido consiguiendo que la teología de liberación se haya quedado considerada como un grave peligro a enterrar y que, hoy en día, no tiene nada que aportar. Precisamente cuando las diferencias sociales se están haciendo abismales: cada vez es mayor la cantidad de pobres, la cantidad de personas de clases medias que se hunden en la pobreza y cada vez es más grave su nivel de pobreza. 


Creo que en este momento social, que nos ha tocado vivir, es preciso que ,tanto los creyentes como la gente de buena voluntad, podamos contar con faros como Gustavo que nos libren de perdernos en espiritualidades pseudo místicas -religiosas o laicas que solo buscan huir de la cruda realidad- y nos marquen esa nueva mística de los ojos abiertos que sea sensible y busque respuestas a los clamores de los y las que sufren injustamente las consecuencias de la pobreza, de la marginación, de la insignificancia o del abandono. 


Gustavo Gutiérrez, ruega por nosotros. 

martes, 22 de octubre de 2024

Lunes de senderismo 32

 21 de octubre. Subida al Serantes. 29 participantes: récor absoluto de participación en las salidas programadas y eso que consistía en una etapa de montaña. El grueso del pelotón se formó en Bide Onera. No hubo participación de la zona Cruces y en Bagatza se añadió alguna más. Tuvimos que esperar algo más de la cuenta a la lanzadera que sube de la estación de Santurtzi al barrio de Mamariga por la avería de una de sus cabinas, pero cupimos todos en una sin ningún problema. 

La subida se llevó a paso tranquilo por la pista que hace de carretera hasta el fuerte, obviando atajos para no cargar las piernas del personal, así que el pelotón se fue estirando de manera considerable. Parece ser que hubo alguna compañera que tuvo que hacer más de un esfuerzo para alcanzar cumbre, pero el apoyo del grupo ayudó a terminar con éxito el ascenso -y es que somos así de majas-. En los terrenos adyacentes pudimos contemplar unas yeguas famélicas mordisqueando  hierbajos en un terreno abandonado rodeadas de matorrales enmarañados. Un año más comprobamos que el maltrato animal sigue en pie en esa zona. También pudimos comprobar que la diputación se ha metido en obras con nuevas pistas, pero no se informa ni a dónde ni para qué son. Además de los carteles anunciadores, tuvimos la oportunidad de comprobar en medio del descenso que sí que suben camiones y el que se cruzó con nosotros iba bien cargado. A ver si podemos contemplar los resultados de las obras en nuestra siguiente subida -uf, a saber en qué año tocará-.


Poco a poco nos fuimos reuniendo en la cumbre, tomando posiciones en los bancos de la plataforma adjunta al pirulí que daban al sol y al socaire, porque el viento no era excesivamente fuerte, pero sí desagradable. La subida al sol y refugiados del viento algo nos hizo sudar, así que arriba volvieron a aparecer las sudaderas por aquello de que a nuestra edad ya no estamos para bromas. Tras terminar con nuestras viandas, nos juntamos para que María nos informara de las novedades en la normativa de los grupos surgidas a raíz de los inconvenientes acaecidos en la excursión a Oma que, desde luego, no empañaron la buena marcha de la misma. Después de las aclaraciones de algunos que fueron testigos directos de dichos sucesos, se dio la salida para el regreso.

Un grupo inició la bajada y como se entretuvo mirando algunas particularidades del paisaje fue bajando con la sensación de que iban los últimos, porque no veían a nadie. El chasco fue al llegar a la lanzadera y no encontrar a nadie. Hasta que por fin conseguimos contactar por teléfono y nos percatamos que éramos los primeros. Así que quedamos en esperarnos en la estación, pero con algún mosqueo por que pasaron dos metros y allí no aparecía nadie.


Hasta que por fin llegaron justo a coger el tercero, tras dejar arriba a los siete de la comida para ir a otro de los sitios de referencia, la escuela de hostelería. Entonces nos enteramos de que la mayoría se había ido a mirar la otra parte de la torreta para ver el panorama y sacar la tradicional foto en las escaleras. O sea, que por despiste no perdimos el toque final del recorrido.

Despistes y demás problemillas aparte, tuvimos una suerte increíble -visto cómo está siendo el martes- con el tiempo. Los panoramas del Serantes en días así son increíbles y nos dan explicación directa de por qué fue un punto privilegiado de vigilancia. Se podía vislumbrar la punto del cabo Ajo hasta el Gorbea y el Lekanda, desde el faro del cabo Villano hasta el Oiz y la maqueta perfecta del Gran Bilbao, de la zona minera, Castro y parte de los montes de las Encartaciones. En fin, con eso y con el buen ambiente que reinó, lo de la película "Mejor imposible".

viernes, 18 de octubre de 2024

Miguel Ángel Rodríguez

 Y la perversión se hizo carne y se llamó Miguel Ángel Rodríguez y vino a los suyos y los suyos sí le recibieron y le siguieron en sus mentiras, calumnias, bulos y demás proezas abyectas que fue generando y las fueron extendiendo, ampliando y vociferando a los cuatro vientos hasta intoxicar todo el ambiente sembrando odio, inquinas y reyertas entre  propios y extraños. 


El maniobraba desde la sombra pero con un dominio absoluto de los suyos que ejecutaban fielmente sus dictámenes. No sabemos todo lo que pudo urdir, pero sí tenemos noticia de alguna de sus grandes proezas, como la campaña en la que nos hizo creer a todos que los atentados del tren de Atocha fueron obra o planificación de ETA y posteriormente cuánto tiempo estuvo malmetiendo y sosteniendo su mentira en contra de las investigaciones policiales y los dictámenes judiciales. 


Otra hazaña muy sonada fue cómo consiguió librar a su títere guapa y deslenguada de un asunto de corrupción que implicaba a su familia y de la misma se cargó al secretario general de su partido, que, por una vez, había dicho una verdad al denunciar públicamente la situación. No tuvo más que presentar a la susodicha con cara de oveja degollada lagrimeando porque su partido la estaba espiando. Pedazo maniobra. 

    Y ya la última, de la que tengo noticia, clama al cielo. Libra a la pareja de su chica de dar cuentas de unos delitos manifiestos e, incluso, aceptados por el propio acusado y somete a juicio, nada menos que  en el supremo, al fiscal general que tenía que meterle en cintura. Y todo con un simple twit en plan de bulo. Todo un maestro de la maldad. Y solo considerando estas pequeñas perlas de su historial, uno se pregunta qué no habrá urdido por ahí abajo, en sus entretelas, a lo largo de su historia pasada que no haya salido aún a la luz. 

    
No creo que los españoles nos hayamos merecido soportar un monstruo de esta calaña, sin conciencia ni escrúpulos, capaz de intoxicar toda la opinión pública, de pervertir y desacreditar la política y de engañar a la gente más incauta o menos informada, con tal de imponer sus planes y hacer manifiesto su poderío. El problema que tenemos es que no existen exorcismos para este tipo de demonios.

Encantados con el bosque encantado


16 de octubre, miércoles. Excusión anual conjunta de los tres grupos de senderistas. Esta vez habíamos elegido el bosque encantado de Oma, con el que quedamos encantados, como reza el título de esta entrada. A pesar de que en la primavera pasada celebramos nuestro décimo aniversario, el equipo de coordinación solicitó que ello no suplía la celebración de la excursión anual que el ayuntamiento nos subvenciona y, por fin, la respuesta de éste fue positiva. A las 8:30 de la mañana ya estábamos preparados  en la parada de Landeta subiendo a los autobuses, tras recibir la papeleta en la que se nos asignaba  asiento. Se produjo cierto desconcierto porque, al parecer, hubo personas que ocuparon un asiento que no era el suyo, lo que descolocó al conjunto. A ello se añadió que nos habían informado que había un autobús grande y otro pequeño y resultó que los dos eran grandes. Otrosí, como dicen en los textos judiciales, nos habían dado papeletas con más números de los que cabían en el bus supuestamente grande, así que todo se solucionó mandando al bus "no pequeño" a los y las que andaban descolocados. 


Pasado el mal trago del arranque -que no debería repetirse-, íbamos cruzando los dedos por la lluvia que nos iba acompañando en todo el trayecto, que, aunque no era abundante, no paraba. Así que, llegados a Santimamiñe, siguió lloviendo mientras estábamos esperando a que nos validaran las entradas y a que se pudiera ir al baño . Iniciamos la marcha, paraguas en ristre, y al poco tiempo la lluvia se fue diluyendo en un ligero chispeo. Algunos optimistas se animaban señalando un claro que se divisaba a lo lejos y acabaron teniendo razón. Pudimos disfrutar de una jornada con un tiempo tan estupendo que no preveíamos  ni soñando. A poco de ese momento comenzaron a sobrar chubasqueros y chambergos y, algunos, acabamos sudando. El tiempo del paseo fue ideal para caminar y al final disfrutamos de una tarde soleada hasta la hora de regresar, en la que la cosa cambió de cariz. Así que, visto cómo ha amanecido el jueves siguiente, no pudimos tener mayor suerte para disfrutar de un paréntesis metereológico tan bien aprovechado.



A la entrada del bosque hubo bastantes que optaron por tomar fuerzas con el hamaiketako. Otros grupos siguieron adelante sin más. A partir de aquí nos fuimos disolviendo en pequeños grupos ayudándonos a descubrir los puntos mágicos preparados para contemplar los efectos especiales. Y fotos, muchísimas fotos de grupos, personales, de pareja... tantas como tan grande estaba siendo el disfrute que se translucía en la inmensa mayoría del personal. Poco a poco nos fuimos retirando para acabar en una soleada terraza que resultó ser un agradable final de la mañana. Pero no fue así para todos, porque hubo seis personas que se cayeron en el ultimísimo tramo de la bajada. La peor parada fue Maricarmen León que acabó desmayada y con una muñeca averiada. Le costó recuperarse, eso sí, asistida con todo cuidado por las compis sanitarias del grupo, y, aunque aguantó del tirón toda la tarde, nada más llegar a Barakaldo se fue a urgencias y salió escayolada. Desde los grupos se le fueron dando muestras de ánimo y cariño.


Llegamos a Gernika con sol y con tiempo de antelación. No costó mucho dar con nuestro destino, pero en el restaurante no le dieron importancia y sin tener que esperar tomamos asiento en un comedor un poco justo para el número de los que íbamos. La relación calidad precio resultó favorable, a parte de gustos particulares, y el servicio fue ágil y atento. La recogida de los dineros se realizó sin problemas y el personal aprovechó a tomar café y chupitos antes de seguir con el plan de la tarde. Luego subimos a la zona céntrica en la que se encontraba el palacete que alberga el museo de Euskal Herria. Unos jóvenes nos atendieron atentamente y tras pagar la entrada, nos sugirieron que para acceder al interior nos dividiéramos en dos grupos. El encargado fue dando el saludo de entrada y unas pequeñas explicaciones a ambos sobre lo que se íba a ver. Para el buen funcionamiento indicó que el primer grupo comenzara `por el último piso y el segundo por la planta baja. 


Apetecía aprovechar la tarde, así que nos fuimos distribuyendo por los parques y las zonas famosas de Gernika -y por las terrazas claro. Personalmente quedé impresionado ante los monumentos de Txillida y Moore. Solo los había visto en fotos pero ambos me sobrecogieron. Uno por la grandeza y expresividad típicas del donostiarra y el otro por la sensación que experimenté dentro del refugio que creó bajo sus cascos de guerra. Poco a poco nos fuimos juntando en los alrededores de la estación de autobuses y para las 18:30 ya estábamos preparados para arrancar. Regresamos sin ningún incidente y también en los saludos de despedida, mientras recogíamos las mochilas y bastones, se traslucía la alegría y el buen rollo que flotaban en el ambiente por haber disfrutado de una magnífica jornada. Estoy de acuerdo con lo que le escuché decir a alguien; "como ésta muchas más". A propósito, id reservando el 18 de diciembre para la despedida navideña.

martes, 8 de octubre de 2024

Una de tiros


 Lunes 30 de setiembre. Propuse un samqueremos que hacía parte del trayecto del Camino de Santiago entre Bilbao y Barakaldo, solo que en dirección contraria. Y con otra salvedad: en vez de subir a Santa Águeda propuse hacerlo por Zubileta, con parada y fonda en las escuelas de Larrazabal. Quedamos en salir, como siempre a las 9 horas y donde siempre, para juntarnos en Burtzeña con la gente de Cruces y alrededores. Allí nos estaban esperando también las dos nuevas compañeras llegadas desde Retuerto.  Pero hete aquí que víspera hubo tiros con un muerto y heridos en una reyerta entre familias de ya se sabe qué tipo. Como habían dicho que la trifulca había sucedido en Las Delicias, supuse que podríamos caminar hasta el puente del Diablo. Algunos más prudentes se encaminaban hacia Zorroza, sin embargo nos animamos a continuar por el trayecto previsto que estaba en su inicio todo patas arriba por obras. Nada más acercarnos a las primeras casas ya vimos una cinta que cortaba la calzada y a un hertzaina que, con cara de pocos amigos, nos hacía señas de que teníamos que dar media vuelta. Y tal hicimos, dando la razón a los compañeros prudentes.


Cruzamos el parque que está a la entrada de Zorroza y subimos a la carretera que lleva a Alonsotegi. No es de mucho tráfico y cuenta con acera en todo el trayecto hasta las últimas casas, por lo que no resultó incómodo ese tramo del camino. Hicimos la parada de avituallamiento en un parquecito con bancos y bien aislado de la carretera por seguridad para los niños. A poco de retomar la marcha, dejamos la carretera y girando a la izquierda atravesamos el túnel que está bajo la autovía y emprendimos la subida a Kobetas. A la salida del túnel ya nos fuimos encontrando con los primeros santiagueros que dieron paso a otros más a lo largo de la subida. Al final de la primera parte de la cuesta, que era la más empinada, hay una señal, que casi pasa desapercibida, indicando la desviación a Kobetas. Si hubiésemos seguido todo recto, habríamos ido a parar a la incineradora. 

A partir de dicha señal se entra en un sendero campestre con vallas para control del ganado y con una vegetación muy agradable. Se notaba que hacía poco habían  hecho limpieza de maleza en los bordes del sendero y aquello me parecía una autovía en comparación del senderucho que me encontré hace un tiempo cuando estudié la ruta. Nos sorprendimos al encontrarnos con un coche que bajaba conducido por una señora mayor, que, al saludarla, comenzó a echar sapos y culebras por la boca porque al haber hecho un atajo de bajada habían dejado el tramo original, que da a su casa, sin limpiar y había tenido que pelear lo suyo para hicieran caso a sus demandas. En efecto, ya casi llegando a la cumbre comprobé que habían abierto una rampa a modo de atajo a poco de llegar al alto, pero preferí seguir por el sendero oficial que me parecía más cómodo y mas agradable para pasear. Sin embargo, cuando el grupo en el que iba llegamos arriba vimos que los que venían retrasados ya estaban allí esperando. Habían decidido tomar el atajo. 


En cuanto nos reagrupamos todos, que en las subidas el pelotón se estira lo indecible, comenzamos la bajada por Kobetabidea siguiendo las señales del camino. A poco de empezar nos topamos con unos extranjeros que se habían metido por ese camino siguiendo las señales, pero iban en furgoneta y querían llegar al albergue municipal. Con el lenguaje universal de las señas les dimos a entender lo que tenían que hacer, lo que no sabemos es qué entendieron ni a dónde fueron a parar. A todo esto algunas compañeras se separaron del grupo para seguir por otro camino, así que las perdimos de vista. Ya casi al final de la cuesta, nos sorprendimos al descubrir un señor parque con senderos y zonas de esparcimiento. Preguntamos a unas vecinas y, en efecto, la final del mismo estaba la bajada directa al hospital de Basurto. Optamos por terminar el descenso por allí, así que fuimos disfrutando del arbolado y de la tranquilidad del ambiente y nos evitábamos atravesar el centro urbano de ese barrio. Una vez en la acera contigua al hospital se dio por finalizado el trayecto y se fueron tomando las diversas opciones de vuelta, tal como se había indicado en el plan de salida. Unas volvieron andando, hubo quien se quedó en la parada del bus, los de la comida por su cuenta y el resto en el metro. Cada mochuelo a su olivo y Dios en el de todos, que se decía antiguamente.



martes, 1 de octubre de 2024

El viento sur arranca las hojas en otoño

 


Este título se me ha ocurrido después de los vientos que hemos soportado hace poco tiempo. A decir verdad es para mí una frase muy socorrida. La usé como título de mi primera novela, pretendía ser una metáfora de lo que le ocurre a su protagonista, Él es un médico que trabaja en una ONG en el Congo y cuando vuelve después de tres años a pasar un mes de vacaciones se encuentra con toda su vida desmantelada: le falla su trabajo, las mentiras de su familia, la muerte de su novia, accidentes .. y toda una serie de sorpresas desagradables de las que consigue sobrevivir. Y ahora quiero aplicar esa metáfora a la situación de hoy en día que está consiguiendo revolverme el estómago, la moral y hasta alterarme el carácter. Antes me echaba la siesta a golpe de telediario, pero en estos momentos no me acuerdo cuándo vi el último.


Es insoportable oír todas las mañanas, como lo más natural del momento, la retahíla de muertos a cargo del gobierno de Israel y ya no sólo en Gaza, sino que ahora son también los del Líbano y a no tardar los de Yemen sin descartar que se líe con los sirios y, Dios no lo quiera, con los persas. Y ese presidente sanguinario, que ya ha anunciado que no va a parar de matar, destruir y desplazar gentes, tiene la desfachatez de presentarse en la ONU como quien se planta a decir a ver quién me chista. Y USA  rendida a sus pies rechazando las decisiones de la ONU, sacándoles la cara como pueden y llevándoles armas a cascoporro, aunque por lo bajini digan que hombre, un cese temporal de agresiones no estaría mal. 


Después de algunos lander alemanes, ahora es Austria la que se declara mayoritariamente nazi. Su "canciller del pueblo", como se hace llamar su presidente, ha hecho unas declaraciones para levantar sarpullido y, por si fuera poco, se une a Orbán y a otros líderes de su pelo para declarar su amistad con Putin, otro sanguinario que está sacrificando vidas propias y asolando un país con una guerra sin sentido. Y, como he ido comentando en entradas anteriores, esto de la ultraderecha va a ser una plaga que no se va a contentar con imponer sus marcas autoritarias, sino que va a conseguir instaurar todo tipo de negacionismos, de xenofobias o del patriarcalismo más casposo. Lo que más miedo me da es pensar que unas capas de población cada vez más amplias apuesten por el autoritarismo y el palo y tente tieso, porque, mientras haya alguien que tenga un poder absoluto, nos ahorramos el problema de decidir o participar.


Lo de la oposición de este país sí que es ese viento sur que arrea con todo, caiga quien caiga, con tal de derribar al gobierno. Cualquier tema que suja es arma arrojadiza sin contemplaciones: mienten, distorsionan y se inventan relatos que no tienen nada que ver con los datos concretos de la realidad, pero aplican al pie de la letra aquel viejo dicho de " calumnia, calumnia que algo queda". A estas alturas dan por sentadas mentiras flagrantes como hechos constatables. Y la literatura que se gastan sus voceros son de efecto vomitivo. Pasan por encima del problema de la vivienda, de la inmigración, de la mejora de la gobernanza de las comunidades autónomas y hasta se han montado una guerra a cuenta de los venezolanos, que, en realidad, se la traen al pairo pero todo es bueno para crear una situación política irrespirable. Y así van a seguir hasta las nuevas elecciones, consiguiendo que la mayoría de la ciudadanía desconfíe totalmente de los políticos, que no deja de ser otra baza importante  para los ultras.

    Resulta que ya se han publicado encuestas fehacientes que señalan que hay , en estos momentos, más perros que niños. El caso es que esa abundancia se podría pensar que se debe a que muchas personas mayores necesitan animales de compañía, pero no es así porque cada vez más aumenta el número de gente joven que opta por sus mascotas en lugar de tener hijos. Lógicamente la sociedad no se les está poniendo fácil precisamente: la posibilidad de independizarse, de tener acceso a vivienda, de contar con unos trabajos mínimamente estables con sueldos adecuados al nivel de vida y, por ende, asumir la crianza de hijos en esas condiciones. La ley despiadada del mercado está quemando una serie de generaciones en las que, por otra parte, se ha invertido mucho en su formación.


Hoy nos hemos desayunado con unas encuestas y unos comentarios que me han alarmado. Resulta que hay un más que considerable número de menores de trece años que ya tienen síndrome de abstinencia del móvil, por si hubiera pocas adicciones, y estaban consultando cómo podía arreglarse el tema. O sea, se da un móvil a los críos que aún van en la sillita, se le utiliza sistemáticamente para que los niños no molesten o, como me dijo una vecina entusiasmada, que su nieta de año y medio ya ha aprendido a hacer unas fotos bonitas con el móvil... y suma y sigue y ahora nos preguntamos cómo se arregla esa dejación de funciones educativas en un número alarmante de familias. A todo esto, no creo que mucha gente sea consciente de lo que hay detrás de esos aparatitos, desde la basura espacial y el exceso de satélites, hasta la cantidad de muertos o de niños esclavos en las minas de coltán de África.

    Ese viento desbocado amenaza con llevarse por delante el planeta, la democracia, el estado de bienestar, la vida de mucha gente, los relevos generacionales... y aquí estamos con la esperanza de que los Putin, Netanyahu, Le Pen, Orbán o algún que otro ayatola no nos monten una tercera guerra globalizada. Y, cómo no, que no nos toque contemplar como los milmillonarios acaban  dominando la gobernanza mundial y hundiendo en la pobreza hasta las clases medias... Y por hoy ya vale, que son muchas cosas las que están en peligro de que se las lleve ese viento por muy arraigadas que creamos que están.

jueves, 26 de septiembre de 2024

Lunes de senderismo 31

 


Lunes 23 se septiembre. Última salida programada  del curso 2023-2024. El habitual recorrido por Castro y alrededores. A las 9:15 ya estábamos dispuestos para coger el bus de Castro con el temor de que se retrasara porque había habido a primera hora de la mañana, cómo no, atasco en la autovía. No se hizo esperar y para antes de la diez ya estábamos pateando los paseos de Castro paralelos al Brazomar, hasta la playa, donde nos sorprendió un magnífico trabajo en arena.

Luego seguimos por el paseo hasta el puerto y, después de dejar atrás la lonja del pescado, subimos las empinadas escaleras que llevan a la iglesia y al fuerte. En la iglesia nos entretuvimos más de lo previsto porque hubo que esperar a algunos que entraron y, como ya entrábamos entre calles, convenía ir todos juntos. Sin mayor consecuencia, quitando el mosqueo del que suscribe por lo que pide disculpas por su arranque de genio.


El mar estaba como un plato, aunque con ondas de mar de fondo, así que no pudimos disfrutar de esos recovecos tan especiales que ofrecen un espectáculo impresionante por las formas y el sonido que producen las olas al estallar. Y es que no se puede pedir todo, porque la mañana fue de las mejores que hayamos podido disfrutar, con sol y brisa fresca, que se hizo sentir de un modo especial por la zona de los acantilados. Al llegar a la playa artificial de Ostende hubo que hacer parada de obligado cumplimiento para aliviar al personal, aprovechando los servicios de la playa y los del polideportivo. Y aun paso de allí nos paramos a darle a la mandíbula en la zona del cargadero, como es habitual en esta salida.



Antes de reanudar la marcha, María nos informó de la reunión de coordinadores habida el miércoles anterior: la salida conjunta que se suele hacer por estas fechas, con subvención de ayuntamiento para el transporte; el tema de los seguros, como se había pedido, estará a cargo del ayuntamiento solo en excursiones, para el día a día cada uno el suyo; la revisión de listas para ir dando de baja a los que ya no vienen y dar paso a la lista de espera. Según esto, habrá dos nuevas incorporaciones al grupo el lunes que viene. Al llegar a las escaleras que suben a la zona de los acantilados se hizo la foto de rigor con un formato un tanto simpático, aunque, por qué lo vamos a negar, siempre estamos estupendos y estupendas

Llegados al final del camino del acantilado, nos encontramos con la división de siempre, los que bajan por la desviación un tanto vertiginosa para seguir camino de Allendelagua por detrás del quitamiedos y los que prefieren dar la vuelta aunque sea más largo. Nos juntamos sin problemas, casi al mismo tiempo, en el túnel de entrada y ya de  allí en adelante sin problemas por el camino de Santiago al revés hasta la plaza de toros, a donde llegamos con tiempo de sobra, porque hubo quien se dedicó a alentar al personal por aquello de que el bus sale a cada hora y no era cuestión de perderlo. Los de la comida no tuvieron su sitio insignia para comer, pero las expertas en Castro supieron arreglar el asunto sin problemas y, según las fotos, fue de maravilla.

jueves, 19 de septiembre de 2024

Senderiaventura

 


Lunes 16 de septiembre, sanqueremos para comprobar la salida propuesta por el grupo 3: Bolintxu. Un recorrido de lo más variado y no muy exigente: tramos de parques, tramos de carretera, pero con acera, y zona selvática que nos obligó a extremar los cuidados en la marcha. Salimos a las 9 horas en el metro hasta Bolueta. Accedimos a Monfuerte, que estaba radiante con toda la vegetación brillante por la humedad de la madrugada y por el día luminoso de sol que tuvimos la suerte de disfrutar. Atravesamos la zona del parque que baja hacia Ollargan y bordeando la carretera que conduce al centro de Arrigorriaga, llegamos a la desviación al barrio de Buia. En un momento dado el guía quedó desconcertado por los numerosos coches que había aparcados a atravesar el segundo túnel, dato que no constaba registrado en su memoria de la visita anterior. Tras idas y venidas y preguntar a un corredor, el susodicho se aclaró por fin al encontrar la dos piedras de buen tamaño que señalizan el acceso a la subida a la cascada de Bolintxu.


Llegados a este punto se informó al personal de que había dos caminos: uno por el borde del arroyo entre palos, raíces y barro, con las dificultades consiguientes, y otro por la parte superior que es una senda normal de monte. Solamente una persona optó por la segunda opción. Ya desde el inicio del sendero da la impresión de que te has trasladado a otro mundo ajeno al asfalto de cada día, envueltos en una vegetación espléndida y con una notable sensación de humedad. El arroyo bajaba canatarín con bastante agua, lo que hacía suponer que la cascada estaría bonita. Todo un espectáculo, pero que exigía un notable esfuerzo para no perder el equilibrio y hacer mil y una jerigonzas para pasar por senderillos estrechos y resbaladizos. Nos llamó la atención la cantidad de árboles caídos que obligaban a humillar el espinazo cada poco. Por fin la llegada a la cascada parecía todo un triunfo, llevaba bastante agua ofreciendo un bonito espectáculo de imagen y sonido, e hizo de telón para una infinidad de poses fotográficas, incluidas, claro está, las de grupo. 


El bocata, fruta y demás adminículos propios de los tentenpiés tuvieron que servirse de pie y con cuidado de dónde se dejaban las cosas. Y es que no se puede pedir todo de golpe en la vida. Subimos al sendero de arriba para el regreso, que se había formado aprovechado la infraestructura de la toma de agua del antiguo embalse. Nada que ver con la aventura anterior, pero sin desdecir el espectáculo de vegetación que también ofrece. Bajamos directamente al barrio bilbaíno de La Peña y atravesando el gran parque del que disfruta, acodado al río, pasamos a la otra margen por el primer puente de la senda de Los Caños. De allí al metro en un periquete. Los y las de la comida cogieron el de Plentzia para no perderse la fidelización con el restaurante de Erandio y los demás a casita.

Este lunes tuvimos suerte de verdad con el tiempo, que dio pie a que disfrutáramos aún más de la salida. Para mí lo mejor del paseo fue el espectáculo de ver y experimentar que las dificultades sacan lo mejor de nosotros mismos. Atentos a ayudar a quien tenía más dificultades, avisar, sujetar, sin prisas por llegar, pero atentos a que nadie sufriera algún percance -excepto un par de culadas, qué le vamos a hacer-. Daba gusto sentirse en el seno de un grupo tan dispuesto y es que estuvimos de sobresaliente. Eso sí, me temo que si algún año volvemos, no todos o todas optarán de nuevo por el sendero bajo.

miércoles, 11 de septiembre de 2024

Lunes de senderismo 30

 


Lunes 9 de setiembre. Inicio de curso senderista: Plentzia-Armintza por el faro de Gorliz. A las 9 horas nos pusimos en marcha tras regalarnos una calurosa bienvenida, con rueda de besos incluida, después de la ausencia inevitable del verano. Se fueron añadiendo dos personas más en los andenes del metro, así que fuimos dieciocho los que iniciamos el curso, sin ningún incidente y bajo la amenaza de que podría llover . Se sabía que iba a suceder, pero no se estaba de acuerdo en la hora porque no coincidían los pronósticos, según los móviles de cada cual. Todo fue coser y cantar hasta llegar al faro, donde pudimos hacer el hamaiketako con toda tranquilidad, En el momento en que recogimos las cosas, sin previo aviso, nos vimos envueltos en una nube negra y azotados por el viento. Visto el panorama y, teniendo en cuenta el recorrido con piso de barro que nos esperaba a la bajada, optamos por volver por donde habíamos venido. Eso sí, la ruta completa habrá que hacerla en algún lunes de sanqueremos y a ser posible en tiempo de sequía, pero no quedará sin hacer.


A mitad de bajada ya no necesitábamos el paraguas y en el resto del trayecto de vuelta solo cayó algún chípiri chípiri. Vaya chasco, si lo llego a saber... Al llegar al hospital hubo un momento de desconcierto, pero al final hubo un consenso mayoritario  para ampliar el paseo por el muelle de Astondo, donde, como da testimonio la foto, tomamos el aire de lo lindo. Esa zona, igual que todo el paseo nuevo está muy mejorada. Allí vimos cómo ya estaban recogiendo todos los hinchables que sirven de divertimento en la playa, un aviso más de que el verano se acaba. Para completar el regreso recorrimos el paseo del muelle que va junto a la ría. Hay que ver, cómo ha cambiado el panorama. No hace mucho se veían botes más o menos grandes y ahora, tanto en los pantalanes como en la ría, está petado de yatecitos o embarcaciones de recreo de cierta envergadura.

La cabeza del pelotón llegamos justo unos minutos antes de que saliera el tren que ya estaba preparado en el andén, pero el grueso llevaba un retraso considerable, así que los libres aprovecharon, pero los que teníamos pareja  o querían quedarse a comer nos resignamos a la espera de veinte minutos. Pero no fueron tediosos, dado que recibimos una acreditada master class sobre cómo ligar en Mercadona impartida por profesoras de la más alta competencia -y es que ¡cómo somos!-.


Me quedó una sensación extraña después del paseo. Por una parte, no me reconocía a mí mismo cuando propuse dar media vuelta -igual es que me estoy haciendo mayor-, pero por otra, quedé muy contento por el ambiente alegre, vacilón y de camaradería del que disfrutamos todos. O sea, que vamos mejorando. Al llegar a Erandio la sección comida nos abandonó. Habrá que solicitar a su restaurante preferido que comience a hacerles precio por clientes asiduos. Así que, al final,  llegamos a Barakaldo solo cuatro monos, como se suele decir.

jueves, 5 de septiembre de 2024

76: un viaje al interior

 

El 14 de agosto, como en todos los años, celebro mi cumpleaños. Esta vez han sido los 76. Como es costumbre en los últimos años, intentamos celebrarlo con alguna excursión especial. Este año hemos quedado con Irene y con Pablo para hacer una visita a las entrañas de las cuevas de Ojo Guareña. No nos conformamos con la visita inicial y reservamos la primera de las posibilidades de bajar a las salas y simas del subsuelo. Quedamos pronto con ellos junto al Centro de  interpretación para dar un paseo por algunos de los lugares interesantes de la zona. La primera parada, a poco de arrancar, la hicimos frente  a las diaclasas unas hendiduras  y huecos de las rocas. Esta vez no pudimos contemplarlas en todo su esplendor porque había crecido la vegetación de los alrededores y solo se podía entrever algunas zonas entre las ramas. De paso nos picó la curiosidad al ver una especie de puentecito agarrado a la ladera de enfrente y descubrimos que se trataba de un sendero balizado que da la vuelta a una peña. Preguntamos en el pueblo y tomamos nota para próximas excursiones.


Luego salimos de Cornejo y enfilamos hacia la cueva de Ojo Guareña. Dejamos el coche en el aparcamiento de la parte superior de las cuevas, y bajamos para contemplar el sumidero por el que se hunde el río para transitar por los espacios interiores hasta salir a través de surgentes -la Torcona y el Torcón- por la cara sur. Completamos el paseo bajando hasta el barrio de Cueva por un bonito sendero a la orilla del río. A la vuelta preparamos la comida y buscamos una mesa bajo una frondosa encina. Se trataba de una enorme losa que no resultó muy cómoda, pero no  por ello impidió que diéramos buena cuenta de casi todas las viandas que María había preparado con esmero.

De la misma volvimos al coche para preparar la entrada a la cueva. Se nos había advertido de que en su interior podríamos estar a 7 o 9 grados, por lo que nos abrigamos bien. Tuvimos mucha suerte con el guía. Era un hombre preparado: espeleólogo y a la vez geólogo. Transmitía seguridad y daba muestras de una sensibilidad y un respeto exquisitos hacia todo lo que nos iba mostrando.


Ha sido una experiencia única, porque esta vez no se trataba de contemplar figuras y salas vistosas preparadas para las visitas con pasadizos y luces, sino de conocer en vivo y en directo las entrañas de la tierra y eso que solo estuvimos transitando a unos sesenta metros de profundidad. Pudimos ver y pisar las galerías que las corrientes de agua han ido creando. El guía nos hizo comprobar los restos orgánicos y las piedrillas arrastrados por el agua. Fue impresionante cómo nos fue señalando la existencia de seres vivos minúsculos y ciegos que podríamos pisar sin darnos cuenta y una zona de difícil acceso que sirvió de sepultura, lo que daba a entender que nuestros antepasados neardentales anduvieron por allí.

El momento culminante fue cuando nos mandó apagar las linternas de los cascos. Estuvimos unos minutos en silencio sintiéndonos perdidos en otro mundo. Estremecedor y con una profunda sensación de impotencia. Finalizamos en la sima Dolencia  por donde por fin vimos luz, que entraba desde cincuenta metros por encima de nuestras cabezas. Lleva ese nombre desde antiguo porque por su boca se arrojaban animales que estaban heridos o moribundos, pero también a humanos del bando contrario. El viaje finalizó por un paseo turístico en Puentedey. Antes no pudimos resistirnos a visitar la cascada de La Mea, que , como habíamos previsto, estaba sin agua. Pablo se hinchó a hacer fotos en los lugares que han hecho más que famoso a ese pueblo. Y al anochecer, cada mochuelo a su olivo.


Ha sido uno de los cumpleaños que más he disfrutado. He estado rodeado de las personas que más me quieren y a las que más quiero y he tenido una experiencia única en mi vida perdido en las entrañas de la tierra. Creo que para mí éste ha sido un viaje simbólico, por eso he puesto en el título que ha sido un viaje al interior, pero principalmente he querido decir a mi interior. Irene me ha recordado con su coña que ahora empiezo a estar más cerca de los 80 que de los 70. Y eso me hace pensar que estoy ante una nueva etapa de mi vida, que no sé cuánto va a durar -ni me propongo averiguarlo- en la que espero que sea capaz de ir profundizando en el descubrimiento de mi interior. Ir transitando por las galerías que han formado en él las luchas, las ilusiones, los fracasos,  las iniciativas que he llevado a cabo o que he sufrido a lo largo de mi vida. Pero hacerlo pausadamente en el silencio y en la oscuridad de los recuerdos, para descubrir esos restos que han dejado a su paso: las caras en las que fui descubriendo a Dios, los dedos quemados por haber tocado el infierno de algunas vidas rotas, el gozo de ver surgir vida en medio del desastre... Y ser como esos animalitos minúsculos que se alimentan de los restos orgánicos, para sentirme, como en esa cueva, envuelto en el seno de Dios hasta que llegue el momento -sin prisa, eso sí- de fundirme del todo con Él y con el universo. Quizás en algún momento eche de menos contar con un guía, como el que nos tocó  en suerte, para pisar con serenidad en ese nuevo terreno que se me abre y que enfoque con su linterna para que pueda ir descubriendo lo más importante: a mí mismo.