Feliz Navidad y un 2025 con "salud, dinero y amor..." como cantaba la copla.
Feliz Navidad y un 2025 con "salud, dinero y amor..." como cantaba la copla.
Esta iniciativa se comenzó a hacer hace cinco años refugiados en Sta. Águeda, a donde solo acudimos cinco personas. En la siguiente edición ya fuimos diez los que optamos por subir a Punta Lucero al pie de las baterías de costa. Nos hizo un viento endemoniado y allí nos encontramos invadidos por medio Santurtzi y parte de los alrededores, así que decidimos no volver. Probamos en el área recreativa El Vivero, que está a caballo entre Galdakao y el Txorrieri y nos dio buen resultado.
A poco de empezar pudimos disfrutar de los torrentes que bajaban caudalosos por las recientes lluvias, así como del espectáculo del río visto desde el puente. Aquí se aprovechó para hacer una primera sesión de fotos. Siguiendo la marcha nos encontramos a los que no se habían quedado enredados con las fotos, refugiados en el pórtico de la pequeñas ermita que está junto a las ruinas de la antigua ferrería. Adujeron la necesidad de sacar las capas, pero algunos ya estaban dispuestos a darle a la mandíbula. Costó reanudar la marcha, pero no tardamos mucho en llegar a nuestro rincón reservado para el bocata: el pórtico de la iglesia de La Herrera. Luego fotos y en marcha. Tocaba en esa parte del trayecto contemplar los lugares tradicionales: el puentecito de las fotos, la ermita de S. Antonio y lo que queda del palacio de los Urrutia. La ermita seguía en obras, pero lo que más nos impresionó, al menos a los que habíamos conocido el palacio entero -aunque ruinoso-, fue encontrarnos con que solo quedaba una fachada sujetada con contretes en las ventanas y huecos. Espero que cuando volvamos en dos años nos encontremos con algo más interesante, aunque eso sí que a a costar un pastón.
Llegamos tranquilamente a Balmaseda e inauguramos una vuelta más para llegar al centro del pueblo. Tomamos la calle que sale por detrás de la iglesia y del ayuntamiento hasta el final de las casas y seguimos una pista cementada dirección Pandozales que nos llevó hasta la carretera, que lleva a ese pueblecito, pero que nosotros tomamos para regresar al pueblo. Fuimos directos al emblemático puente para la hacer la foto de obligado cumplimiento aprovechando la inclinación del mismo. Hubo un pequeño problema porque, al entrar por la primeras calles, un grupo quedó descolgado al perder de vista a los de delante, que como es de rigor, los primeros tendrían que haber esperado a reagruparse. Habrá que seguir aprendiendo las dinámicas de ir en grupo.
Con un poco de suerte los que regresaban pillaron el lbus de vuelta enseguida. Nueve se quedaron a comer en un lugar un tanto acogedor, como se ve en su foto. Por lo demás, resultó ser una mañana de lo más agradecido: sin dificultades para caminar sin cuestas ni barrizales, sobre alfombras de hojas de los más diversos colores otoñales y rodeados de arbolado de ribera y de vegetación exuberante. Todo ello aliñado con buen humor y mejor compañía, así que jornada perfecta para disfrutar del nuevo récor de personal.
En un cuarto de hora bajamos al centro urbano de Lezama y por detrás de la iglesia -con uno de los pórticos más grandes que conozco- salimos a la carretera que sube al área recreativa de El Vivero, que su inicio pasa por debajo de la autovía. Al llegar a la Guardetxea la dejamos para iniciar la bajada hacia el punto de salida, pasando esta vez por encima de la autovía. Nos estuvimos recreando en el espectacular bosque y en su suelo tapizado de hojas. A partir de llegar a la viviendas el firme tenía zonas de verdín por lo que tuvimos que moderar la marcha y andar con cuidado. Al final conseguimos coger el tren, pero se iba sin los últimos, así que nos pusimos en las puertas hasta que éstos pudieron entrar. Y es que para acceder a ese andén hay que subir y bajar unas escaleras que dificultan seriamente el sprint final. El maquinista pitó dos veces pero permitió la jugada, lo que es de agradecer.
No acabó aquí todo. Nos esperaba la sorpresa final: la avería del metro. Nada más bajar de la L3 vimos más gente de la habitual en los andenes. En el letrero luminoso nos advertían que nos fijáramos en el frontal del tren. Visto el follón, estábamos dudando si salir para coger un bus, cuando apareció un metro a Kabiezes. Los de la comida se quedaron en el Casco Viejo. Los demás nos aposentamos gozosos por nuestra buena suerte. Hubo una parada sospechosa pero todo siguió hasta S. Ignacio y la voz de siempre nos advirtió que el tren tenía como destino Kabiezes. Tras una nueva parada a poco de arranca vemos luz: nos habían cambiado de línea sin previo aviso, solo cuando llegamos a la parada de Lutxana nos advirtieron que el destino era Ibarbengoa. Vamos, no he visto nada tan impresentable en mi vida. En Lutxana se quedó el tren medio vacío. Sabíamos que no interesaba hacer el cambio de andén allí porque te cobran de nuevo por salir y entrar. En los andenes contrarios no se veía a nadie por lo que era de esperar que no circulaban metros dirección Bilbao, el bote de Erandio ya había desaparecido, así que nos tenéis a las tres y pico en Las Arenas esperando al bus de Muskiz en una parada que Santi conocía de sobra. Qué manera de amargar una salida tan bonita y que transcurrió en un magnífico ambiente. Lo malo es que te quedas con cara de mala leche, pero no tienes ni idea de cómo se denuncia esto y te lo tienes que comer.
Es ésta una de esas salidas largas, en las que echamos tanto tiempo en el viaje como en el camino, pero que, a pesar de que resulten algo pesadas, es de agradecer que nos lleven a lugares señalados o a entornos especiales. En éste pudimos contemplar una impresionante colegiata en un estado impoluto con un ambiente sereno y acogedor, sabiendo que los monjes cistercientes, venidos del monasterio navarro de La Oliva en los años 70, se encontraron con un edificio a punto de quedar en ruina total. Yo tuve la oportunidad de conocerla en su estado ruinoso y no dejo de emocionarme cada vez que entro en ella. Ahora bien, considerando que la vida monacal tiene en marcha la cuenta atrás para su caducidad, cabe preguntarse quién y como va a mantener ese precioso patrimonio, como tantos otros que ya han corrido peor suerte. Espero que nosotros aún podamos seguir disfrutando de él cuando dentro de unos años volvamos a visitar este magnífico entorno. Lo que no podemos asegurar es si nos vamos a encontrar con un Via Crucis restaurado, porque me temo que eso no les corresponde a los monjes.
Para comenzar la ruta nos atrevimos a subir a los restos mineros que se ven desde la carretera al llegar a Ontón. Eran un puerto seco por donde desfilaban las vagonetas y se las iban cargando con el mineral que se elanzaba por el plano inclinado. Desde su base se veía perfectamente la pendiente que llegaba a la cima de la colina a donde llegaba el tren procedente dela mina. Hacía un par de años que no subía a ese sitio y me llevé un par de sorpresas desagradables. La primera fue que había desaparecido un pequeño sendero con unos cortes a modo de escalones para acceder a la pista del tren. En su lugar la empinada campa estaba resbaladiza y solo conseguimos trepar por el borde que apenas tenía hierba. La bajada se tomó con calma, porque ya era otro cantar y en cima se puso a llover, pero con colaboración todo se supera y no hubo que lamentar trompazos. La segunda consistió en que el pequeño túnel cavado en la roca estaba taponado por ramas y arbustos secos, pero éste lo saltamos sin problemas.
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| Así tendríamos que ver el Amboto |
El regreso, lógicamente, fue todo cuesta abajo y hubo que tener especial cuidado por la condición resbaladiza de la acera, pero no hubo que lamentar ningún percance. Al final de la cuesta giramos a la derecha y dejamos la carretera al llegar a la ermita de S. Martín por donde accedimos de nuevo a la vía verde. La mitad se quedó a comer y la otra mitad llegamos justo a tiempo para coger el directo de Durango por la autopista, así que a las 14;30 estábamos en Barakaldo.
Eso sí, hoy hemos podido disfrutar también de una mañana magnífica y de un recorrido sumergido en un mar de vegetación y de densos arbolados. Las copiosas lluvias de víspera nos han permitido disfrutar de la vista y del sonido de arroyos de todo tipo, pero, por la cara b, nos han obligado a andar saltando charcos y sorteando algún que otro barrizal. Y es que no se puede pedir todo, pero siempre contamos con compis que nos ayudan a no hundirnos en el barro. Una gozada de día... y que sean muchos más.