lunes, 8 de febrero de 2010

TEMPUS FUGIT, praeterita tamen revertuntur

De un tiempo a esta parte estoy teniendo flases que me han hecho relfexionar sobre lo rápido que pasan los acontecimientos. Sin embargo, hay días en los que la historia parece que nos persigue, porque no se ha quedado fijada en el pasado, sino que sigue nuestros pasos escondida al rebufo de nuestro calendario. En el momento más inesperado se nos presentan acontecimientos olvidados y parece que nos atrapan o nos paralizan la vida con su recuerdo. Unos nos revuelven las tripas, otros nos dejan perplejos porque resulta que se están repitiendo en el presente, aunque con colores distintos, y no faltan aquellos que nos hacen sonreír bien de felicidad o de satisfacción, bien de sorna porque es sano reírse de uno mismo y de las propias calamidades.



Uno de estos acontecimiento fue en vísperas de Navidad cuando en el Ayuntamiento me felicitaron los 25 años de antigüedad en él y me regalaron el consabido reloj de oro y la insignia de Barakaldo, que he puesto en la solapa de mi chaquetón marinero. El detalle que más me gustó ese día fue el bonsai que me regalaron mis compañeros de departamento junto a la postal gamberramente cariñosa o cariñosamente gamberra en la que cada cual suele firmar una dedicatoria. Hoy me he puesto, por fin, a estudiar el arbolito en cuestión que resulta ser un ficus. Lo primero que he experimentado es que su atención y cuidado viene a ser un potente antídoto contra el vértigo del día a día, un frenazo en seco que colabora en que el tiempo se pare aunque el reloj siga funcionando. Por otra parte, exige buen tiento, mimo y dedicación detallista, como en la vida misma con aquello que apreciamos de veras. Espero que consiga sobrevivir a mis despistes y a mi escasa maña.



A propósito de los 25 años en que comencé a trabajar en el hogar Murrieta, según iba el domingo pasado a visitar a mi madre, me paró el hermano de una de nuestras primeras usuarias del hogar. Puso a parir a su hermana, me contó lo bien que le iba a él - "no como a esa"- y, tras un poco de coba, intentó darme un sablazo con la disculpa de que la máquina le había tragado la tarjeta. Lógicamente tampoco me la tragué yo. Me pareció que era cruel e injusto que alguien hiciese leña del árbol caído y más siendo de su propia sangre. Esto me llevó a recordar chavales de aquellas primeras hornadas. Dos habían muerto, uno de sida y otro apuñalado, otro anda entrando y saliendo de la cárcel, otros dos están en centros para psicóticos... También hay otros que han formado su propia familia y trabajan con estabilidad. En aquellos momentos comezamos a trabajar con casos graves, o más bien imposibles, y fue verdaderamente heroico colaborar en que alguna de aquellas vidas saliese adelante. Hoy estamos trabajando en otro terreno y creo que estamos intentando adelantarnos a que se vuelvan a dar situaciones como aquellas. Como con mi ficus, estamos generando programas y actuaciones que cuiden con detalle esas nuevas plantas que, por mil razones o historias diversas, comienzan a desviarse o a entorpecer su propio crecimiento.



Por si fuera poco, tuve otro par de embites del pasado como mas chuscos que estos. Resulta que me acabo en enterar que bautice a la profesora que ha venido a hacer una sustitucion para lo que queda de curso. Lo dicho, a mi todo aquello se me habia olvidado pero vuelve como si hubiese sido ayer. Para mas chiste a renglon seguido estaba charlando en el patio con varios profesores y uno de ellos me salta que habia estado hablando con uno que me conocia a mi pero yo a el no. Resulto ser un compañero delegado de obra de los tiempos en que movilizamos el sector de la construccion y a mi me tocaba dirigir las asambleas. Ya no ejerzo de presbitero ni de sindicalista -aunque ofertas de direccion no me faltaron- pero creo que todos esos yo que parecen enterrados estan en el sustrato de mi yo actual y estas apariciones no hacen mas que recordarmelo.
(Aqui fue lo del bautizo)

1 comentario:

  1. Como siempre, tan sugerente. Los ficus, ¿no son esos que pinchan?

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