domingo, 4 de agosto de 2024

Un auriga, por favor

 


Leyendo a García Montero me he encontrado con una sugerencia muy interesante, que veo viene al pelo para simbolizar el desquiciado ambiente político nacional y mundial. Hablando de la conciencia cita a Platón que la considera el auriga que condice el carro de la persona, tirado por dos caballos: los sentimientos y la razón. La clave para una conducción correcta está en saber conjugar ambas y lograr un equilibrio que consiga el mejor funcionamiento del carro. Lo que queda muy  lejos de la situación actual dominada por los personalismos, los entusiasmos patrios, el odio, la venganza, los insultos... Cómo es posible que tengamos que aguantar que todo un país se pueda quedar paralizado porque hay señores que se creen que tienen que ser presidentes a toda costa.

    


Aunque se haga la mejor propuesta posible para el beneficio de la población, hay que rechazarla o conseguir desprestigiarla porque la ha hecho el contrario. No cuenta con argumentos ni con propuestas alternativas, solo con argumentos ad hominem, datos falsos y una buena caterva de insultos o de anuncios catastróficos. Con ello solo se pretende asustar al personal y crear una sensación de desprestigio del contrario, que lo que consigue en realidad es el desprestigio de toda la política. Todo vale para hundir al contrario y con ello se desatan todos los caballos de los instintos y de los sentimientos menos nobles y a ver dónde encontramos el auriga que controle eso, por mucho que quiera  tirar de razonamientos, datos objetivos o programas estudiados. El objetivo no es el bienestar de la ciudadanía o la mejora de los recursos públicos sino hundir al  contrario a cualquier precio.

  


 En el nivel internacional tenemos una serie de conflictos graves que gravitan sobre unos personajes que son capaces de pasar por encima de leyes internacionales, del sentido común y de la vida de miles de personas. Están asolando países justificando sus actos en sentimientos patrios, en Dios y en lo malo que es el contrario. Todas las propuestas razonables de las instituciones internacionales o de los países mediadores, son papel mojado, mientras los únicos beneficiados son las industrias armamentísticas. Por otra parte el espectáculo de cinismo es de lo nunca visto: los mismos que piden el alto el fuego o las treguas para que llegue la ayuda internacional, siguen armando a los agresores o bloqueando los acuerdos pacificadores de la ONU.

    


Así es como veo la situación actual, un carro desbocado por los caballos del odio y de los sentimientos más innobles, sin aurigas capaces de controlarlo y, personalmente, me encuentro con el estómago revuelto, me siento impotente y acabo por no escuchar o ver las noticas políticas y sociales porque me desespero.

domingo, 30 de junio de 2024

El nuevo relevo

    


El nuevo lehendakari se llama Imanol Pradales. Es de Santurtzi habla euskera y proviene de familia migrada en el pasado. Igualmente Mikel Ruiz, el vicelehendakari, es de Portugalete. Son de partidos distintos, pero, a mi entender, marcan una nueva era en la concepción de ser o sentirse vasco, porque han llegado a los cargos más representativos del país. Están llegando a ser cada vez más numerosos los nuevos Asier Gómez, Aitziber García, Aitor Bravo, Irune Martínez... la tercera o cuarta generación. Sus progenitores, hijos y nietos de emigrados, les pusieron nombres vascos porque ya se sentían de aquí. La inmensa mayoría habrá estudiado en modelo D y, aunque igual hayan pasado vacaciones en el pueblo gallego, extremeño o burgalés de sus abuelos y vean que sus padres se sienten como de allí, se consideran tan vascos como cualquiera de los que cuentan con más de la mitad de los  apellidos vascos y lo viven así, incluso participando en colectivos o partidos independentistas ¿Y quién les va a decir que no? Otros, que nacimos y vivimos aquí, tenemos algún que otro apellido de ascendencia vasca y los de la parte castellana proceden de las migraciones de la explosión industrial de finales del XIX y no nos cabe en la cabeza que no se nos considere vascos. 

 

 Puede que aún quede gente  puritana o cerril, de mente cerrada, que se sientan superiores o desprecien a los descendientes de aquellos que vinieron de fuera buscando trabajo, pero no les va a quedar otra que aceptar la realidad de la nuevas mayorías sociales de la población de Euskadi. Para mí este mestizaje siempre ha resultado positivo. En principio quiere decir que los que vinieron con una mano por delante y otra por detrás, como se decía antes, se han ido integrando. Por una parte, han hecho suya esta sociedad y, por otra, han aportado a la gente de aquí los elementos positivos de sus orígenes, enriqueciendo la vida social, la convivencia y generando nuevas dinámicas culturales.

    Ahora nos queda tomarnos en serio lo que vaya a suceder con las nuevas olas de migrantes, de procedencias tan lejanas y de culturas mucho más diferentes que las de anteriores migraciones de origen nacional. No sabremos cuánto tiempo va a llevar, ni qué dificultades nos vamos a encontrar para su integración. Lo que no deseo para mi tierra es el ejemplo francés de terceras generaciones apiladas en barrios periféricos, auténticos guetos, abrasados por el paro juvenil, la delincuencia o el fundamentalismo. Es cierto que allí predomina la población musulmana, que no deja de ser un serio obstáculo para la integración, pero, sin duda, la causa principal ha sido la discriminación y la minusvaloración con que la sociedad francesa los ha tratado. En Inglaterra hay mandatarios de origen indio ¿Podría llegar a ser lehendakari un o una de origen rumano, marroquí o venezolano, por poner un caso? ¿Por qué no?

     


Espero que aquí no cometamos los mismos errores, a pesar de que estas primeras generaciones de migrantes tiendan a arroparse entre sí para defenderse de la sociedad con la que se encuentran al llegar. Habría que recordar la función que desarrollaron al respecto los centros regionales antaño. Seguro que en este caso llevará mucho más tiempo, sobre todo entre los que han venido en familia. Creo, por otra parte, que todo lo que se invierta en la acogida y formación de los menores no acompañados revertirá muy positivamente a la hora de conseguir una buena integración. Eso espero, aunque no sé si llegaré a verlo. De entrada, y a modo anecdótico, solo hay que ver que los ídolos de la afición del Athletic son dos hermanos negros.

miércoles, 26 de junio de 2024

Despedida y cierre 2023.2024

     


Lunes 24 de junio. A las 8:40 un grupo de 24 senderistas cogíamos el tren a Bermeo en el Casco Viejo. Destino Gernika: para completar la ruta, marcada por un GR, a Mundaka. Hasta la noche de la víspera estuvo lloviendo y algunas estaban con el miedo de que nos íbamos a encontrar con la misma situación climatológica para nuestra última salida. Intentamos tranquilizar al personal con el informe de Aemet y, en efecto, la agencia acertó de pleno en su previsión. Gozamos de una mañana espléndida con sol de verano y brisa fresca del mar, todo un lujo. Nos bajamos en la parada Instituto y después de preguntar dimos una buena vuelta para comenzar la senda. Solo sabíamos que había que cruzar las vías, pero no teníamos ni idea de por dónde hacerlo porque todo el entorno de las vías estaba vallado.  


La primera parte del camino acompaña al canal de la ría por la margen izquierda. Está rodeada de vegetación y el suelo de la pista estaba en buenas condiciones. Estuvo bien eso de comenzar el trayecto por una zona de sombra. Una vez pasado el terreno perteneciente a Forua se acaba la pista en una pequeña esplanada con bancos, que ofrece unas primeras vistas magníficas en la confluencia de varios canales y abre el panorama hacia la desembocadura. Eran las once en punto por lo que se decretó parada y fonda, que el desayuno ya se había olvidado, aunque solamente se había completado una cuarta parte del recorrido. A continuación cambió totalmente el camino. Seguimos por un sendero medio embarrado y estrecho rodeado por cañaverales y canalitos. Nos dio la impresión que ésta sería una zona peligrosa de atravesar con mareas muy vivas, porque veíamos el agua cercana y eso que la marea estaba bajando.  A lo lejos se divisaba una chimenea de ladrillo, recuerdo de la antigua tejera, y hacia ella nos teníamos que dirigir. Hubo un pequeño tramo que tuvimos que compartir con el típico senderito lateral de las vías del tren. Por suerte no pasó ninguno. 

    


Poco antes de llegar a la chimenea nos encontramos con una esplanada amplia que hacía de balcón sobre la marisma con unas vistas que invitaban a quedarse. Allí tuvimos que cruzar las vías y a través de una cuesta corta, pero más que pendiente, entramos en territorio de Murueta. A partir de aquí, tras el paso por unos chalecitos, las indicaciones nos llevaron a la carretera, aprovechando un bidegorri que solo llega hasta S. Cristóbal, donde nos recibieron las omnipresentes obras de mejora de carreteras que nos obligaron a dar varias vueltas. Menos mal que contábamos con la inestimable colaboración de Fernando que ya había hecho el recorrido. Al poco de dejar atrás la población, nos encontramos con la torre que alberga el patronato de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, además de hacer de centro de interpretación y de avistamiento de aves, entre otras funciones. Hicimos foto de grupo al pie de la torre de la campana y seguimos la marcha.


En esta última parte del recorrido nos fuimos encontrado con más dificultades, tanto en el seguimiento de las señales como, sobre todo, por las subidas y por algunas bajadas sombrías y con hojas que nos obligaron a andar con cuidado. Por fin desembocamos en la playa de Sukarrieta -o Pedernales, como se prefiera-, en la que se pudo disponer del baño público adjunto al puesto de socorrismo. El ambiente estaba impregnado del griterío propio de la chavalería y es que estábamos delante del gran centro de colonias de la Diputación. La senda seguía rodeándolo y nos permitió contemplar el magnífico estado de las instalaciones y los grupos de críos organizados para diversas actividades. Desde la entrada de la colonia volvimos de nuevo en un pequeño tramo a la carretera con el bidegorri correspondiente. Aquí nos recibió el cartel anunciador de que entrábamos en el municipio de Mundaka, pero no avisaba de que nos esperaba la última prueba antes de llegar a nuestra meta: la cuesta de Portuondo, que culmina en la entrada al camping del mismo nombre. Para entonces el sol daba de lleno y el tortuoso tramo anterior había mermado las fuerzas del personal y la cuesta arriba se hizo... muy cuesta arriba. 


Entramos en la plaza de Mundaka, llena de juegos, banderines y barracas festivas. Enseguida nos percatamos de que habíamos llegado solo la mitad. Tampoco se veía a nadie a lo largo del paseo que daba entrada a la plaza. Comenzaron las llamadas y resulta que habíamos vuelto a tener un pequeño susto de otro desfallecimiento. Suerte que en ese grupo estaba Txelo que recurrió a las artes curativas para estos inconvenientes, ya experimentadas la semana anterior. Nos reagrupamos, atravesamos el puerto por la nueva pasarela de madera que lo rodea hasta llegar a la bocana. Luego un corto sendero nos condujo a las campas adyacentes a la ermita de Sta. Catalina. En ellas encontramos  a María que había cogido un par de mesas para organizar la comida. Algunos voluntarios fueron a acompañar a Javi, nuestro taxista de excepción que había hecho el traslado de las viandas más pesadas para alivio del personal, así como para traer a la lesionada que no se quiso perder el fin de fiesta.


Enseguida fuimos capaces de organizar la comida en dos grupos y pudimos dejar los postres en una tercera mesa más cercana al edificio. Se compartió comida y bebida, exquisito todo y de lo más variado hasta la saciedad. Como era de esperar, sobró como para dar y vender, que se decía. A propósito de beber, aparecieron unos pequeños artilugios cuyos contenidos pueden producir efectos no deseados. Menos mal que solo uno, que no bebe, tenía que conducir. Finalmente se intentó hacer otra foto de grupo pero no hubo acuerdo y se sacaron algunas alrededor de la ermita y mirando al mar, con la colaboración de una mujer que paseaba con sus niños. A partir de aquí, sabiendo ya los horarios de trenes y buses, cada mochuelo a su olivo, después de haber disfrutado de una magnífica jornada de paisajes, de brisa marina, de buen ambiente y de un día veraniego con nota. Así que colorín colorado este curso se ha acabado. Buen verano para todos y todas y retomaremos las marchas el nueve de septiembre. Agur t´erdi. 




miércoles, 19 de junio de 2024

Lunes de senderismo 28

   


 Lunes 17 de junio. Quedamos en Beurkoberri a las 9 horas para coger el bus que nos lleva hasta La Arena, que llegó con un cuarto de hora de retraso. Fuimos veinticuatro, un buen número, para hacer el recorrido medio costero, medio campestre de Pobeña a Muskiz. Estaba previsto que, como la senda de Itxaslur estaba cortada por obras, haríamos la ruta por el interior hasta Kobarón siguiendo las señales amarillas del camino de Santiago. Ya desde la parada se comentó que algunos habían escuchado en la radio que ese mismo día iba a quedar abierta. En efecto, al llegar a las conocidas y temidas escaleras vimos que habían desaparecido todos los carteles que avisaban del corte por obras. Así que nos lanzamos a esa primer prueba, que es una de las más famosas dentro de los recorridos oficiales. Como en las retrasmisiones del ciclismo, era de esperar que se estirase el pelotón en la subida. Los primeros esperaron tranquilamente a que todos estuviéramos  arriba para reemprender la marcha, porque no todos tenemos la misma disposición de piernas o de fuelle. 

    


Disfrutamos de las magníficas vistas sobre la playa y el resto de la costa que se va divisando. A lo largo del camino nos fuimos cruzando con un buen número de peregrinos, mejor dicho, de peregrinas que fueron mayoría aplastante. Sin mayor problema, ya que un imponente cornudo nos dejó pasar, llegamos a Ontón, donde estaba estipulada parada y fonda. Una amable peregrina nos sacó la foto oficial de grupo y a otras dos les estuvimos indicando el trayecto más corto para llegar a Castro, si es que se enteraron de algo.

    


Ya de vuelta, el sol apretaba bastante. Al dejar atrás Kobarón, los que íbamos por delante nos fijamos que se había formado un grupo a mitad de cuesta que hacían señales. Un golpe de calor había dejado fuera de combate a nuestra compañera Marian. La acomodamos como buenamente pudimos en el arcén sobre nuestras sudaderas. La rodeamos para que tuviera sombra y las compañeras sanitarias hicieron su labor: se la tumbó, le dieron agua con azúcar, le mantuvieron las pernas en alto... Lucía avisó a la ambulancia que se tomó su tiempo, como suele suceder en estas ocasiones. Es de señalar que varios coches pararon para ofrecerse a llevarla. Viene bien comprobar que queda buena gente en el mundo. Por fin, llegó la ambulancia y para entonces nuestra compañera se había recompuesto un poco y había recuperado algo de expresión en la cara, pero de andar... A todo esto avisamos por teléfono a los que ya estaban al final de la cuesta para que bajaran. Se había hecho ya tarde para completar el recorrido previsto, así que volvimos para atrás. Esta vez no repetimos el recorrido de los acantilados sino que atajamos por el camino que teníamos previsto haber cogido de inicio. Al final del mismo nos percatamos que comenzaba con una subidita un tanto exigente, así que o escaleras o rampa.

  


 En Pobeña se quedaron a comer nueve personas y el resto seguimos hasta la parada del bus. Nuestro asesor de líneas de Bizkaibus nos advirtió que ya habíamos perdido el de las tres, pero que ese mismo día se había puesto en funcionamiento el directo de Cruces a La Arena, que, aunque iba a salir un cuarto de hora más tarde, iba a llegar antes del de y treintaicinco. Así fue, en un plisplás estábamos en Landeta. A lo largo de la tarde nos mantuvimos en contacto con Miguel y con Marian a través del wuahsapp hasta que nos comunicó que ya le habían dado de alta en Cruces. En fin, una experiencia más que nos ha puesto a prueba como grupo y que, en mi opinión, hemos superado con nota, a pesar del típico desconcierto que se forma en estas ocasiones. De todos modos, mejor que ya no haya más. Y ya nos ha quedado claro cuál es la medicina milagrosa: agua, agua, agua.




viernes, 14 de junio de 2024

"Verde que te quiero verde..."

 


    10 de junio, lunes de sanqueremos. A las ocho menos diez, diecinueve esforzados y esforzadas senderistas arrancábamos a por el metro que nos iba a llevar a Kabiezes, para llegar a tiempo al bus que nos iba a dejar en Sopuerta. Antes tuvimos que advertir a algunas despistadas que se iban al andén de Bilbao, por aquello de dejarse llevar por la costumbre. Íbamos a hacer la senda que une el barrio de S. Martín de Sopuerta con el de Larrea de Galdames. Luego completaríamos el recorrido bajando a S. Pedro, la capital del valle, para coger el bus de vuelta. Llegamos justo cuando entraba el metro, así que nos sobró tiempo y tuvimos una buena espera en la parada. 

    El viaje resultó más breve de lo que supuse: carretera vacía y pocas paradas. Nada más iniciar la marcha era necesario hacer un pequeño trayecto en fila india por una carretera sin arcén. Antes del inicio de la subida a Avellaneda, sale a la izquierda una pista cementada para dar acceso a una caseta que contiene un bomba de toma de agua. A partir de ella, era pista con piedrilla y tapizada por ramitas y restos de las lluvias de días anteriores. Nos saludó el cantar de uno de los arroyos que van engrosando el inicio del río Barbadún. Nos recibió una bóveda verde formada por los avellanos de ambos lados del camino, como si anduviésemos bajo palio. Eso sí, los primeros tramos exigían nuestro esfuerzo, pues, aunque no se trataba de grandes pendientes, eran algo fuertes. A partir de una segunda parte la subida se fue haciendo más tendida. Una vez que fuimos divisando las antenas del Ubieta, que se cernían en vertical sobre nosotros, comenzó la bajada que resultó a la inversa de la subida: al comienzo era normal, pero al poco la bajada se empinó notablemente, sobre todo al llegar al tramo final cementado, donde una compañera sufrió un resbalón que la sentó bruscamente en tierra. Tuvimos suerte porque fue mayor el susto que el disgusto. Al parecer no sufrió ninguna lesión y pudo seguir con normalidad la ruta.

    La pista desemboca en un carreterita que lleva a la torre de Loizaga y a los barrios cercanos. Ya se hacía la hora de comer algo y, como ya estábamos a poca distancia de Larrea, me pareció mejor esperar un poco y comer tranquilos en alguna zona de ese barrio. El personal aceptó la propuesta y tomamos la dirección contraria a la de la torre. En efecto, en poco tiempo llegamos a las primeras casas.


    Fuimos admirando las casonas y animando al personal canino que montó su habitual algarabía. Ya casi saliendo, divisamos una pequeña placita con una fuente que ofrecía un buen chorro y dirigía el agua a una abrevadero y un lavadero que completaban esa pequeña y original escultura. La casa que cerraba el cuadro era de una planta enorme con tejado a cuatro aguas y las paredes en piedra. Unos grabados blancos, de dudoso gusto, marcados y pintados en las piedras que enmarcaban las ventanas, no hacían justicia a la buena planta del edificio. Una señora salió de la misma, al poco de notar nuestra ruidosa presencia, llamando la atención y luego haciéndose la amable, que no deja de ser una buena manera de controlar que no le toquemos nada. Con la foto de familia y después de parlamentar sobre la despedida y cierre de la temporada, prevista para el lunes veinticuatro, iniciamos la bajada a S. Pedro de Galdames. Aquí también llegamos con antelación y nos dio tiempo de sobra para dar un paseo por la localidad antes de que llegara el autobús de línea.



    El miércoles tuve la oportunidad de subir con mi colega Oren al Ganerán desde Peñas Negras. Desde su altura (822 ms) se divisa perfectamente todo el valle de Galdames, además de El Abra y otros panoramas preciosos. Me fijé en la zona por la que habíamos hecho el recorrido y, como pudimos comprobar, no se distinguía el camino. Todo era espesura de distintos tonos de verde. Solamente se intuía un pequeño trozo de la pista en la parte de la bajada. Y es que disfrutamos de una jornada envueltos en vegetación, desde la hierbas que crecían en el mismo suelo del camino, al arbolado que trepaba hasta la base del monte Ubieta. Toda ella envuelta en los restos de la lluvia fina de los días anteriores,  así que no sentimos calor hasta que dejamos atrás el bosque. La marcha fue tranquila, pero no lenta y se hicieron algunas reagrupaciones sin problemas. Creo que el madrugón mereció la pena.



domingo, 9 de junio de 2024

Me ha llegado al alma

     Salíamos del último concierto de la temporada de la Orquesta Sinfónica de Bilbao el viernes pasado. Nada más pisar el andén, el cartel luminoso señalaba la entrada de nuestro metro. Nos dirigimos como de costumbre a la puerta del vagón que nos facilita la salida. Venía bastante lleno, así que nos tuvimos que apañar para buscar una barra en la que sujetarnos. Y de pronto me encuentro casi cara a cara con ella. Tendría más de quince años pero no más de veinte. Sentí que con solo mirarla ya la había radiografiado. Era una de las mías, como suele decirme mi hija. Estaba ante un desastre anunciado, no a voces, pero sí lanzando mensajes de auxilio que, desgraciadamente, pasan desapercibidos porque no se saben o no se quieren leer. Una vez más me podía encontrar con uno de esos casos que se pierden en el olvido porque no son conflictivos, ni provocan miedo o inseguridad. En este caso más bien daba pena o podría haber suscitado algún comentario de desprecio, pero, a pesar de todo, creo que era invisible.

    Llevaba el pelo pegoteado y recogido atrás en un rebuño que en algún momento pretendió ser un moño. Con los pelos del flequillo se había hecho unos dibujos en la frente que pretendían recordar a alguna cupletera. Eso sí, no habían catado jabón o champú en bastante tiempo. Se había puesto unas pestañas postizas desproporcionadas para el tamaño de sus ojos, aderezadas con unos champlones negros alargados, que pretendían hacer de línea de los ojos. La cara y la parte del cuello que era visibles estaban plagadas de puntitos rojos, y tampoco daban testimonio de haber tocado jabón. Llevaba una cazadora de esas de plástico, imitación a cuero, con más mugre que color. Estrujaba debajo del brazo una especie de bolso de tela con felpa o similar. Un pantalón vaquero ceñido y raído o desgastado, no de los que se llevan rotos adrede como está de moda, que le daban a sus piernas una sensación de palillos. Desembocaba en unas zapatillas blancas de tamaño descomunal por lo aparatoso de sus formas laterales y por unas plataformas desproporcionadas. En un momento dado, casi ya cuando íbamos a irnos, me fijé en sus supuestos pendientes, unos aros grandes, pero que eran unas alambres, literal, de color amarillo.

    No me he podido quitar de la mente, ni de la mala sensación instalada en mi estómago, ni su imagen ni mi inseparable sensación de impotencia cuando me encuentro con algún caso tan claro como éste, sabiendo que no puedes hacer nada. Llevaba los ojos abiertos pero no miraban a ninguna parte, estaban perdidos en un vacío invisible para los demás y no sé si en realidad podría tener algún contenido para ella. Se me disparó la metralleta de preguntas: a dónde va, dónde y con quién vive, ha tenido una escolaridad normalizada, tiene alguna relación con los servicios sociales, está en las garras de algún chulo, se habrá escapado de algún centro de diputación... todas sin respuesta. Eso sí, era una cara reflejo de sufrimiento y de tristeza difícil de disimular y me tuve que tragar las lágrimas. Hoy unos días después aún no me he podido librar de su imagen, así que esta entrada va a ir sin fotos ni imágenes, porque no puedo escanearla de mi interior.

 

 

viernes, 7 de junio de 2024

Otros ladrillos en la pared

    Recordando a Pink Floyd, creo que en estos momentos se está poniendo inconscientemente más ladrillos en la pared que están condicionando y cerrando muchas posibilidades a los menores para su desarrollo armónico y completo. Estos ladrillos de ahora no son reflejo del autoritarismo, como los de la canción, son muy sutiles, se cuelan porque parecen buenos y destrozan más por dentro. Resulta que ahora es el gobierno el que tiene que sacar una ley para controlar, o mejor dicho, obligar a que se proteja a los menores del uso y abuso de los móviles y tabletas con acceso a internet.

    Otro ladrillo en el muro de la incomunicación dentro de la familia, cuando tendría que ser ésta la primera en educar en su uso a su prole. Se empieza a poner un móvil desde infantil a la criatura porque fíjate que fenómeno y que listo es que lo maneja mejor que nosotros. Claro, después se pasa que mientras tenga ese trasto entre manos no hay niño y te deja estar a tus cosas sin que te moleste. Si se lo quitas monta una trifulca de cuidado o quiere el tuyo... ya se ha establecido un primer paso para la adicción. Llega a clase más mayor y el profesor o profesora de turno se lo retira porque lo está usando cuando no está permitido. Y de esto puede haber miles de historias de profesores que lo han tenido que aguantar. Poco menos que van a denunciar al centro por apropiación indebida, cuando no van a a visar a su padre para que les monte otra barrila hasta que se lo devuelvan. Luego ya nos metemos en unas relaciones que más que presenciales son virtuales, el acoso por las redes sociales y ya nos están amenazando de lo destructivo que puede ser el acceso a la inteligencia artificial para este tipo de juegos perversos.


    A todo esto, salen en tromba los pediatras, los psicólogos infantiles, los educadores para avisar del desaguisado educativo que se nos avecina con este asunto, aunque sus llamadas de atención se quedan diluidas en el tráfago ensordecedor de los decibelios del consumo y en la dispersión personal en la estulticia social. Por una parte, problemas en las relaciones y se puede fomentar el aislamiento. Por otra se agrava los déficit de atención. La familia acaba por no ser la transmisora de educación ni de valores, sino que solo vale lo que dicen los colegas en las redes o los gurús de tic-toc, youtube o similares. Incluso si se empieza de muy pequeños a usar los móviles, además de problemas visuales por el exceso de uso de pantallas, se puede dar un grave déficit de desarrollo en la capacidad del uso de los dedos para agarrar, lo que fue fundamental para el desarrollo de los antecesores del sapiens. Ya hace tiempo hice una entrada invitando a que se hable con los hijos, cuando se empezaba a ver las madres o padres con el móvil y las criaturas aburridas o llamando la atención. Hoy estas actitudes entran, por desgracia, en el paisaje de cada día y lo contrario son honrosas excepciones.

    Y es que, por lo que se ve, somos los adultos los primeros que utilizamos el móvil indiscriminadamente y los menores aprenden más de lo que ven que de lo se les dice. Todo lo que favorezca la incomunicación entre padres e hijos son costumbres o actitudes de alto riesgo, que pueden desembocar en conductas disruptivas, en problemas psicológicos e, incluso, en casos de violencia parental al llegar a la adolescencia: más ladrillos en el muro.

    En otro orden de cosas, esta sociedad se niega a ver lo que hay detrás o debajo de esos aparatitos tan listos, que nos facilitan todo y nos dicen lo que tenemos que hacer en cada momento. Hay esclavitud infantil en las minas del Congo que extraen el mineral imprescindible para su uso, además de una cantidad ingente de muertes entre los mineros.

Las compañías explotadoras están expoliando el país y convirtiéndolo en un estado fallido nido de mafias, guerrillas y corrupción. Algo parecido les pasa a los que trabajan en la producción de los micro chips que los hacen funcionar. Y para rematar se está  saturando el espacio de satélites y de basura espacial para que juguemos a cacharritos con ellos.


jueves, 6 de junio de 2024

El regreso

     Día 29. "Levántate senderista que ya van a dar las 8" ¡Qué va! para las 8:15 ya estábamos más de la mitad desayunando y eso que nos habían dicho que la hora del desayuno era de 8:30 a 9. Las dos mujeres que atendían al comedor no habían terminado de preparar todo y no pararon de reponer durante todo el tiempo que duró el desayuno. Pudimos prepararnos y desayunar con tranquilidad para llegar puntuales a las 10, hora prevista para la salida del autobús. Esta vez nos esperaba en una calle lateral del hotel y pudimos colocar con tranquilidad nuestros bultos en el maletero. Según se fue comentando, la atención en el hotel fue buena. Su situación céntrica favoreció los paseos por Oviedo y las habitaciones, sin grandes alaracas, eran acogedoras y con un buen baño. O sea, buena relación calidad precio.


       El grupo de coordinación había previsto organizar un viaje de vuelta que no fuese volver derechos a casa y que nos diese la oportunidad de aprovechar la jornada para pasear y tomarnos la comida con tranquilidad. Se había establecido una primera parada larga en Ribadesella. Por primera vez el señor conductor dijo una frase amable en plan humorístico, cuando algunos pretendían levantarse antes de que terminara de aparcar en la estación de autobuses: "con el coche en movimiento, el culo en el asiento". En principio se había pensado parar una hora pero luego se vio que no daba tiempo para aprovechar la parada, por lo que se optó en dos horas. Previamente se había calculado que podíamos llegar sin agobios al restaurante a la hora acordada.

    Parte de la gente se fue al mercadillo y la mayoría optó por pasear al rededor de los muelles hasta llegar al rompeolas exterior. Pudimos observar allí cómo se había aprovechado un trozo de muro abandonado para formar con las rocas un pequeña piscina natural, a la que habían preparado unas escaleras. Resultaba un lugar interesante pero, supongo, que solo con la mar en calma. De nuevo disfrutamos de una mañana espléndida, luminosa, sin viento, el mar como un plato. En el ambiente se respiraba quietud y un  aire puro teñido de salitre. Algo imposible de disfrutar en época vacacional, según se explicaba en unos pequeños murales, adosados al muro que cierra el paseo, dedicados al turismo con imágenes del famoso dibujante Mingote.


    Los más atrevidos subieron a la ermita de la Virgen de la Guía. Según rezaba en un cartel informativo, el edificio actual es la mitad del original que había quedado destruido siglos ha. No se podía entrar, pero por las puertas acristaladas se podía ver que estaba en perfecto estado y muy adornada. Las vistas, como buen puesto de vigía que fue, son impresionantes, tanto sobre la costa como mirando al murallón de montes que cierran el espacio hacia el interior. También tienen bien conservados en su torreón tres cañones, que, se supone, serían para defender y controlar la bocana del puerto. O sea que mucha virgen patrona que nos guía, pero para defenderse mejor cañones. 


    Partimos de nuevo sin ningún problema. Cuando llegamos al polideportivo Ruth Beitia el chofer nos dejó en la entrada. Preguntamos por el restaurante a un vigilante que, tras indicarnos dónde estaba, nos hizo pasar de uno en uno por una puerta de esas de controlar el acceso a las instalaciones. Llegamos bien de tiempo y ya teníamos las mesas preparadas. Nos habíamos quedado sorprendidos por el nivel de las instalaciones y por las terrazas que rodean el restaurante.

    La comida fue sencilla pero buena y mejor atendida por tres jóvenes inmigrantes que se desvivieron por atendernos. Al final, por iniciativa de algunas, se pasó el platito y se les dejó una buena propina. Tampoco hubo problemas con el tema del dinero, aunque al chico, que además de servir estaba en la barra manejando el cajero, le costó entender cómo le presentamos las cuentas, por aquello de que no todos tomaron café. Al final no tuvo problemas porque tienen una maquinita de esas que tragan y cuentan billetes y monedas.


    

    Se acordó la hora de salida para las 18. Mientras tanto el personal estuvo descansando en las terrazas o paseando por las instalaciones. Quedó como un debe el haber podido terminar con paseo por El Sardinero o similar, pero el sitio estaba lejos del centro urbano y con el conductor no estaba el horno para bollos. Y colorín colorado... antes de las ocho en Barakaldo.

lunes, 3 de junio de 2024

La Senda del Oso (2ª parte)

     28 de mayo. 7:30 ya estábamos los 63 en el autobús de 70 plazas, con 15 metros de largo, según el chofer. Éste comenzó advirtiéndonos del peligro de los bastones en caso de accidente o maniobra brusca y que, por tanto estaba prohibido llevarlos a bordo. Al mismo tiempo fue echándonos una soflama un tanto insolente sobre el uso del inodoro y otras normas del autobús -la primera en la frente-.


Antes de ponernos en marcha se nos advirtió que deberíamos parar en Unquera por aquello del descanso para alivio del personal, así no se usaría el inodoro del bus, y para que pudieran tomar un refrigerio los y las que no habían podido desayunar por el madrugón. Un área de descanso muy solicitada, que casualmente estaba llena de lugares para venta de sus famosas corbatas de hojaldre. A la media hora se llamó a filas y nos extrañó que solo estaba abierta la puerta delantera. Algunos le advertimos al chofer que la de atrás estaba cerrada, a lo que contestó con su habitual contundencia que por la parte de atrás había barro y que no estaba dispuesto a tener que limpiar. Así que todos en fila por la puerta delantera y nosotros nos quedamos con cara de pardillos sin dar crédito a lo que estábamos viendo -la segunda en el pecho-.

    El trayecto  hasta Oviedo-Uvieu se hizo corto. Poco a poco a partir de la salida de la autovía nos fuimos metiendo en carreteras progresivamente más estrechas, hasta vernos inmersos entre paredes y farallones. También fuimos comprobando en los pueblos por los que pasábamos que teníamos algo en común: estaban llenos de cadáveres industriales, en este caso referentes a la industria minera, lo que daban a los mismos un aspecto un tanto siniestro.

    Por fin llegamos a Entrago, población de inicio de la marcha. Contábamos con dos hándicap: primero y principal que los organizadores no habíamos contado con la famosa parada obligatoria a la hora de preparar los horarios, y es que el que no sabe es como el que no ve; la segunda es que nuestro guía autóctono asturiano, estaba convaleciente y no pudimos contar con él. Algunas de las más veteranas ya habían hecho ese trayecto, pero en sentido inverso, así que el programa previsto estaría sujeto a modificaciones sobre la marcha. Nada más poner pie a tierra se procedió a tomar el primer avituallamiento, que había que comenzar con energía.

    Pudimos disfrutar de una mañana primaveral y espléndida. Ni con huevos a las clarisas hubiésemos conseguido un tiempo más favorable, lo que colaboró sobre manera a gozar de la jornada. Según avanzábamos nos íbamos  sorprendiendo de las paredes verticales, de las rocas retorcidas, de las espectaculares gargantas y casi siempre envueltos en una vegetación espléndida, acompañados durante todo el recorrido con el "cantus firmus" del río y los coros pajareros. La ruta atraviesa una serie de túneles que estaban en buenas condiciones y bien iluminados y con otros tramos excavados en la la ladera.

    Como es habitual, y más en un grupo tan numeroso, se fueron alargando las distancias entre la cabeza y la cola. En este caso además había otro factor determinante: las infinitas posibilidades de sacar fotos impresionantes, lo que ayudaba a despistarse y a perder de vista a los de delante, lo que provocó algún problema en varios momentos. A todo esto a eso de las dos y media el vacío interior comenzaba a reclamar lo suyo y aún nos quedaba casi la mitad del recorrido. No sabíamos dónde parar porque el camino está encajonado, como vía de tren que era, hasta que alguien se fijó en una campita que se abría a lo alto de la margen derecha. Así que se decretó parada y fonda, y el personal fue tomando posiciones para comer. Un pequeño grupo prefirió seguir lo previsto en el programa de comer al final del recorrido.


    A partir de aquí, con la andorga llena, se fue ralentizando la marcha. Al llegar al centro urbano de Proaza cruzamos el río para acceder a la plaza del pueblo. Allí nos encontramos con el grupo que se había adelantado, pero aquel sitio no era el final del trayecto. Preguntamos a unos trabajadores municipales y nos indicaron que teníamos que volver por donde habíamos venido y en dos kilómetros más o menos llegaríamos al área recreativa. A todo esto, el personal se había acomodado a tomar algo y el retomar la marcha se hizo más cuesta arriba. 

    El entorno de la senda se fue abriendo y en este último tramo teníamos otro tipo de paisaje con prados y huertas. Si se miraba hacia atrás se podía contemplar una postal con todas las cumbres que coronaban las gargantas que habíamos atravesado. Ya casi llegando al final nos encontramos con las oseras, unos espacios vallados donde están un par de osos. Una de ellas, pequeña, junto al camino daba botes y corría de una esquina a otra. Había una plataforma alta enfrente para poderla ver mejor y allí coincidimos con niños de una escuela que estaban haciendo una visita. Más abajo y a lo lejos, pudimos distinguir otro oso más grande. A poco ya se accedía al área recreativa y, en efecto, allí estaba el autobús.


    El último grupo tardó lo suyo porque una compañera había tenido una contractura y hubo que acompañarla para que pudiera terminar el trayecto. Antes de arrancar el conductor nos advirtió que la subida programada al alto de Naranco no se podía realizar porque nuestro autobús era demasiado largo para el trazado de la carretera. Así que derechos al hotel, cosa que no pocos agradecieron por las ganas de ducharse que tenían. Cuál no fue nuestra sorpresa cuando el chofer nos para en medio de una calle, enfrente del hotel, sin tener espacio para detenerse y nos manda que saquemos las maletas y demás bultos a todo correr porque le podrían echar una multa -la tercera en el hombro izquierdo-. 

    La atención en el hotel fue correcta. En la recepción tenían preparados sobres con las llaves correspondientes de las habitaciones, lo que facilitó la entrada, si no nos hubiésemos eternizado. Nos dio tiempo antes de la cena, y después de la ducha, para dar un primer paseo por la parte céntrica de la ciudad que estaba cerca del hotel. Al salir nos encontramos que había habido un rifirrafe con el chofer -la cuarta en el hombro derecho-. Algunos optaron por apuntarse a la sidriña, otros pasearon sin más y un pequeño grupo incluso tuvo tiempo para visitar el museo. Eso sí, la principal atracción fue la estatua dedicada a la Regenta.

    La cena fue sencilla y bien servida. Con eso de que tarda en anochecer, la mayoría optó por darse otra vuelta. Al final teníamos los móviles atorados de fotos de todo el día. El personal tendrá que ir cogiendo la costumbre de seleccionar las puedan ser de interés personal y particular y compartir solamente las que tengan algún interés general. Puede llegar un momento, como con los dulces, que de tanta cantidad se coge un empacho y no se disfruta de ellas. 

domingo, 2 de junio de 2024

10º ANIVERSARIO (parte 1ª)

 

Ficha 1 del archivo de salidas

10º Aniversario del inicio del grupo de senderismo de los centros de mayores del ayuntamiento de Barakaldo. Así empezó todo. Unos cuantos andarines y medio montañeros  se coordinaron impulsados por los servicios sociales del ayuntamiento. Desde el comienzo, los carteles que anunciaban las salidas se hacían públicos en las carteleras de los centros municipales de mayores. Esto fue llamando la atención y, sobre todo, se contó con el boca a boca de los participantes invitando a sus amistades. De esta forma se fue engrosando el número de participantes, que llegó en cuatro o cinco años a más de setenta, un número imposible de manejar en un solo grupo, por el problema que planteaba en los transportes públicos y porque suponía un gran dificultad a la hora de organizarlo. Durante un buen tiempo se tuvo que negar la entrada a nuevos participantes. 

En la pandemia quedó suspendido el programa, pero se fueron formando pequeños grupos, que paseaban por las zonas que entraban dentro de las restricciones impuestas, para mantener la relación y el espíritu senderista, a la vez que no se renunciaba al ejercicio al aire libre, que era de agradecer en aquellas circunstancias. 

El grupo único
Justo después de la pandemia, se consolidó la formación de dos grupos, uno se mantuvo los lunes y otro los martes, con un número no muy grande para ver cómo se iba funcionando.
A la vez se formó la comisión de coordinación en la que participan los guías y coordinadores de los grupos para mantener un ritmo común de salidas y para organizar eventos y salidas comunes. Poco a poco se fue abriendo la posibilidad de ir incorporando nuevos senderistas para lo que se crearon listas de espera. En cuestión de un año, más o menos, se comenzó a plantear la necesidad de formar un tercer grupo y ahí estamos en 2024 con éste en marcha y un total de 135 participantes apuntados. En mi opinión, este crecimiento tan rápido ha estado propiciado también porque las nuevas generaciones de jubilados estamos mejor preparados y más mentalizados para hacer ejercicio físico en convivencia con otros. Hemos podido disfrutar de un mayor nivel de formación, de unas condiciones laborales y de una asistencia sanitaria notablemente mejores que las anteriores generaciones y esta nueva situación implica que el paradigma antiguo del jubilado tenga que pasar a la historia, aunque eso suele llevar su tiempo, por desgracia - o si no, que se lo digan al chofer-. 

Coordinación


Desde la últimas reuniones de coordinación  del año 2023 ya comenzamos a calentar la oreja de la trabajadora social que está cubriendo la baja de Patricia. Mérito de ésta ha sido el ser "el hada madrina" de este proyecto, desde su puesta en marcha  hasta llegar a aquí. En la reunión de febrero se llegó al acuerdo de celebrar el aniversario con una salida de dos días. En principio se solicitó contar con dos autobuses por si el personal se animaba, como pasó en el Urederra, y el ayuntamiento aceptó la propuesta. A partir de aquí, se fueron dando reuniones para determinar fechas -se optó por mayo en vez de octubre como otros años-, sitio, buscar una agencia... hasta que hicimos la convocatoria: la Senda del Oso" en la cuenca minera asturiana. Llegamos a apuntarnos 69 senderistas, por lo que no iban a ser necesarios dos autobuses, ya que con uno de 70 plazas era suficiente. Al final tuvimos que hacer encaje de bolillos para ajustar las habitaciones compartidas, ya que de los previstos solo acabamos yendo 63. Eso sí las y los que no pudieron asistir han recuperado su dinero. Se acordó un programa para esos dos días y nos pusimos en marcha camino de Asturias.

He querido empezar por este pequeño memorandum, en primer lugar, como agradecimiento a todos y a todas los que pusieron en marcha este estupendo programa del que estamos ahora disfrutando. Ha habido bastantes que se han ido quedando en el camino por diversas razones y es que, por lo general, el paso del tiempo no perdona, de lo que dan fe las fotos. Claro que entre medias de lo escrito se podrían entrelazar mil historias, momentos gloriosos y, como no pueden faltar en cualquier familia que se precie, discrepancias y alguna que otra bronca. En segundo lugar, esta entrada está dedicada a las personas incorporadas más recientemente para que tengan un pequeño testimonio de cómo se creó y cómo ha ido evolucionando este programa que ahora compartimos. A saber cómo funcionará en los siguientes diez años, esperemos que a mejor, y cuántos podremos verlo, aunque sea sentados en los bancos del parque. Mientras tanto, ya estamos pensando cómo cerrar la celebración después del verano, que, como se ve en la ficha de arriba, se comenzó un 15 septiembre .

Foto de portada del primer archivo en papel de las fichas