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La última noticia sobre la IA ha caído como una bomba, nunca mejor dicho. Los grandes popes del invento no se atreven a seguir desarrollándola porque auguran que en diez años puede acabar con la humanidad. Al señor Trump no le hace gracia y dice que eso es una tontería, como la del calentamiento del planeta. En realidad la auténtica razón es la competencia china, por eso no se puede frenar su desarrollo en USA, no vaya a ser que les adelanten. Puede que este acontecimiento sea un paso más de la historia del desarrollo industrial. Todo empezó con la puesta en marcha de la máquina de vapor, que suponían para la época un ahorro notable de mano de obra. A lo largo del siglo XX se han ido mejorando las cadenas de producción, la robótica y una retahíla notable de mejoras en servicios, comunicaciones... Con la llegada de internet apareció de nuevo el fantasma de los despidos y las nuevas profesiones. Y ahora llega la IA, pero esta vez da un salto cualitativo, se trata ya de que acaba con la humanidad.
Creo que falta por definir en qué va a consistir la susodicha destrucción. Algunos ya empiezan a hablar de los robots humanoides, de cómo la IA se va a retroalimentar de manera que ya no dependerá de los humanos para su funcionamiento. No faltarán los que narren situaciones apocalípticas, del estilo de las películas de Terminator, que desde hace daños se basaban en este tema. Para mí la cosa es más sencilla o más sutil y ya está empezando a minar la humanidad, sin llamar la atención y sin que se noten sus efectos a corto plazo. De repente aparece un chollo que supone que nos resuelve la vida, sea lo que sea que necesitemos saber. Para ello exige un descomunal gasto de energía, pero eso sigue sin importar. Ya estamos acostumbrados al derroche de energía de los móviles: suponen una extracción descontrolada de minerales especiales, una nanotecnología cara y unos satélites que desde el espacio nos van comunicando. Total todo ese negocio para que muchos solo los usen para plataformas, para difundir bulos, para acosar o, simplemente, para estar diciéndose tonterías todo el día.
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Si quieres solucionar un conflicto, consulta la IA. Si te quieres organizar un viaje por ti mismo lo miras en la IA. Si tienes que hacer unos trabajos escolares ya te los hace la IA. Si quieres escribir un libro pídeselo a la IA le das el tema y un par de datos y ya está. Si quieres suplantar la personalidad o la voz de otra persona te lo hace la IA... Y suma y sigue. Para qué hay que aprender algo de memoria si lo tengo delante en un minuto con la IA. O sea, que no merece la pena estudiar, ni tener que hacer ningún esfuerzo, ni tener personal especializado porque en la IA... Una maravilla, todo a mano, todo tan fácil como dar a un clic.
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Pero lo que no se está previniendo es esa vieja enfermedad de muy difícil curación: la dependencia. Los móviles ya han creado una dependencia fortísima, preferentemente en los y las menores, que ha disparado muchas alarmas, pero aquí como en la fábula de los ratones nadie se atreve a poner el cascabel al gato. En poco tiempo, en gran cantidad de familias no van a tener posibilidades de educar ni comunicarse con sus hijos, porque éstos están en otra esfera con otros interlocutores más potentes que les impulsan a otra manera de vivir con la ley del mínimo esfuerzo, a imponer sus gustos y se acaba en un ambiente de tensiones y con no pocos conflictos. El problema viene cuando alguien o alguienes quieran y, por supuesto, puedan usar todo ese poder acumulado en esa sola herramienta con intenciones perversas. No solo se trata de usar el poder de la IA, sino que además cuentan con la dependencia que ha ido creando, por lo que no van a encontrar resistencia alguna. Dónde pueden quedar las previsiones de Marcuse con su hombre unidimensional. Para mí el problema que se plantea es que ya se está minando a marchas forzadas lo que queda de humanidad y de dignidad del ser humano en este disloque de sociedad que se está preparando.
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