viernes, 8 de mayo de 2026

¡Qué España nos espera!

 

Estos días nos están lloviendo noticias de juzgados y de grandes escándalos. De aperitivo nos desayunamos la semana pasada con unas declaraciones del corruptor de corruptores montando una película en la que aparecía el presidente Sánchez como el que manejaba toda la movida y él, pobrecito, como una víctima de engaño que pasaba por ahí y le habían liado. La desfachatez de este individuo es de un nivel muy difícil de superar. Resulta que la mismísima UCO no tenía ni idea de eso ni constaba en ninguno de sus informes. A todo esto le ha faltado tiempo a Feijoo para salir a voz en grito señalando a Sánchez y dando por buena la declaración de Aldama sin que constara ninguna prueba. Al poco, sale el vocero mayor del partido recriminando a la fiscala y exigiendo una rebaja mayor de la pena del interfecto por haber "colaborado con la justicia"¿...?. Feijoo insiste en el tema apelando que el que tiene la garantía es el fiscal anticorrupción y que la fiscal jefa está echando humo para proteger a Sánchez. Menudo espectáculo.

A todo esto, el sinvergüenza ha paseado por los tugurios informativos de la caverna para ir soltando toda la mala baba que le daba la gana, menos pruebas. A todo esto está implicado en otra causa gorda de corrupción en relación con los derivados del petróleo y anda suelto por ahí entre camperías y festejos ¿Qué nos apostamos a que no pisa la cárcel y que aparecerá la quinta columna del PP en el batallón de la justicia para rescatarlo y cumplir con su compromiso de salvarle? ¿Son personajes así los que van a liderar la nueva España de "Feijabascal"?

Por si eso fuera poco, estamos asitiendo a otras jornadas de entronización de la primera dama de la derechosísima. Se ha pagado diez días de turismo y gloria en Méjico con una pingüe cantidad de euros a costa del erario público, o sea, a la salud de los madrileños. En su viaje se ha dedicado a ensalzar la figura de Hernán Cortés, con el cabreo descomunal de las organizaciones indígenas y de la presidenta del país. Se ha pasado por el arco de triunfo los problemas diplomáticos que ha habido con ese país y al mismísimo Felipe VI que pidió disculpas oficiales en su día por los desmanes habidos en aquella época provocados por españoles.


Se junta con el tal Nacho Cano, que  es una avis rara entre los músicos porque no se conoce a compositores tan ultras, y querían celebrar una misa con todo boato para conmemorar la efeméride. Menos mal que la autoridad eclesial cortó por lo sano. Por si fuera poco, ensalzó el mestizaje como algo decisivo en la historia del país. No se ha parado a calcular dónde empezó el mestizaje. A Méjico llegaron una pandilla de convictos y desesperados en busca de otra vida y después de una travesía de aquellas, una vez que sentaron sus reales, se tirarían a todo lo que se movía a las buenas o a las malas, que las violaciones en aquella situación serían hasta bien vistas. 


Ante espectáculos así de lamentables no me queda más que echarme a temblar y exclamar lo del título. Según todos los augurios las derechas y los ultras tienen la mesa servida para las próximas elecciones y puede que Ayuso vuelva a repetir la mayoría absoluta en su cortijo, a no ser -Dios no lo quiera- que la presenten para presidenta del país. Entonces sí que tendré que aceptar que una mayoría notable de españoles son absolutamente bobos, ingenuos o que comulgan con ruedas de molino, que se decía antiguamente. Solo nos queda un rayito de optimismo: que por ahora los vascos podremos resistir, con un poco de suerte, a este debacle, como la aldea de los galos irreductibles.

martes, 5 de mayo de 2026

MIR made in Spain

 


Hoy han estado dando en la radio los resultados de las especialidades elegidas por los mir con mejores notas: dermatología y en segundo lugar cirugía estética. Le seguían una larga lista y averigüe el avisado lector cuál era la última... pues sí: atención primaria. O sea, que los más listos han huido de la quema y han dejado para los últimos la especialidad que más usamos los pacientes. Han dejado para lo más importante, que es la que nos recibe de entrada, va conociendo nuestras necesidades y tiene la posibilidad de derivarnos a las especialidades que podamos necesitar en un momento dado, a los y las que no han sacado notas menos brillantes. 


Creo que esto tiene varias lecturas. Si partimos de la versión épica que se es médico por vocación, algo va mal, a no ser que sea bocación con b de boca, de negocio puro y duro. Lo de velar por el bien de los pacientes deja de ser una finalidad y se convierte en un seguro de conseguir ingresos mayores.  También es llamativa la primera opción, que, sobre el papel, parece menos complicada e implica menos responsabilidades. Esto es, parece ser más fácil y necesita menos esfuerzo para hacerse con ella. Dos actitudes muy comunes en el ruedo ibérico: ganar más y con poco esfuerzo. Éstas también son notorias en lo caro que está  acceder a las especialidades de magisterio, que tendrían que tener también un pizca de vocación. Sin embargo, están muy solicitadas últimamente porque se pueden conseguir puestos fijos y más vacaciones.


Otra versión de la jugada, que quiere ser más optimista, pero dentro de un orden, es considerar que los que han sacado mejores notas no tienen por qué ser los que tengan más capacidad de empatía en la atención a los pacientes o una visión amplia de los recursos que se necesita para responder a las necesidades del paciente. Para mayor  consuelo, habrá que tener en cuenta que, aunque pueda parecer que esos y esas mir que han quedado a la cola no tienen una capacidad suficiente para desarrollar la medicina por su menor nota, han llegado a acceder a ese puesto con un más que notable esfuerzo y adquiriendo una buena cantidad de los conocimientos que se necesita para conseguirlo. Vamos que no están puestos ahí por no se sabe quién sin tener idea de nada.

Otros datos más para tener miedo al futuro. Menos mal que no tengo en perspectiva tener nietos, lo que me libra de una preocupación más por su educación y que Dios conserve por muchos años a las y los médicos de estas generaciones, al menos durante los años que me puedan quedar de vida.