Hoy han estado dando en la radio los resultados de las especialidades elegidas por los mir con mejores notas: dermatología y en segundo lugar cirugía estética. Le seguían una larga lista y averigüe el avisado lector cuál era la última... pues sí: atención primaria. O sea, que los más listos han huido de la quema y han dejado para los últimos la especialidad que más usamos los pacientes. Han dejado para lo más importante, que es la que nos recibe de entrada, va conociendo nuestras necesidades y tiene la posibilidad de derivarnos a las especialidades que podamos necesitar en un momento dado, a los y las que no han sacado notas menos brillantes.
Creo que esto tiene varias lecturas. Si partimos de la versión épica que se es médico por vocación, algo va mal, a no ser que sea bocación con b de boca, de negocio puro y duro. Lo de velar por el bien de los pacientes deja de ser una finalidad y se convierte en un seguro de conseguir ingresos mayores. También es llamativa la primera opción, que, sobre el papel, parece menos complicada e implica menos responsabilidades. Esto es, parece ser más fácil y necesita menos esfuerzo para hacerse con ella. Dos actitudes muy comunes en el ruedo ibérico: ganar más y con poco esfuerzo. Éstas también son notorias en lo caro que está acceder a las especialidades de magisterio, que tendrían que tener también un pizca de vocación. Sin embargo, están muy solicitadas últimamente porque se pueden conseguir puestos fijos y más vacaciones.
Otra versión de la jugada, que quiere ser más optimista, pero dentro de un orden, es considerar que los que han sacado mejores notas no tienen por qué ser los que tengan más capacidad de empatía en la atención a los pacientes o una visión amplia de los recursos que se necesita para responder a las necesidades del paciente. Para mayor consuelo, habrá que tener en cuenta que, aunque pueda parecer que esos y esas mir que han quedado a la cola no tienen una capacidad suficiente para desarrollar la medicina por su menor nota, han llegado a acceder a ese puesto con un más que notable esfuerzo y adquiriendo una buena cantidad de los conocimientos que se necesita para conseguirlo. Vamos que no están puestos ahí por no se sabe quién sin tener idea de nada.
Otros datos más para tener miedo al futuro. Menos mal que no tengo en perspectiva tener nietos, lo que me libra de una preocupación más por su educación y que Dios conserve por muchos años a las y los médicos de estas generaciones, al menos durante los años que me puedan quedar de vida.



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