En esta pasada semana se han juntado dos acontecimientos de carácter contrapuesto, resaltado cada uno según las posiciones políticas de cada medio de comunicación. En Barcelona estaban reunidos los chicos de la Internacional Socialista y, aprovechando la coyuntura, Pedro Sánchez convocó a otros presidentes progresistas de América latina para un encuentro que definieron "en defensa de la democracia" -Lula, Petro y Sheinbaum-. En él alertaron de la creciente subida de las políticas ultraderechistas alentadas por Trump y de las consecuencias peligrosas que podrían provocar, empezando por los principios democráticos y acabando por eliminar los programas sociales propios de las democracias.
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En otro punto del país, Madrid cómo no, se recibía a María Corina Machado eminente figura de la oposición venezolana, reciente premio Nóbel de la paz. Una mujer que deambula por el mundo luciendo el palmito de sus méritos. Aquí fue recibida por Ayuso, Esperanza Aguirre, Cayetana Álvarez deToledo, Almeida y otra caterva de figuras del ala más derechosa del PP en una ceremonia en la Puerta del sol en la que la presidenta le impuso la medalla de oro de la comunidad y fue aclamada por los miles de venezolanos que se dieron cita en la plaza. También fue recibida con todos los honores en la sede nacional del PP, con un Feijoo entregado con agasajos y todo tipo atenciones.

Por supuesto lo que más se ha destacado en ambos encuentros ha sido justificar ,e incluso valorar, la negativa a ser recibida por el presidente del gobierno, reunido con otros presidentes que no son de su cuerda, así como los consabidos discursos y diatribas contra el gobierno. Parece que la señora Machado está esperando a que su respetado jefe yanki termine la operación Maduro para que ella pueda ser entronizada como presidenta del país. Sin embargo Trump parece estar a gusto con Dancy y no mueve ficha, supongo que también será por estar sumamente ocupado en estas fechas por otro porrón de temas de suma gravedad.

Está claro que nos hemos encontrado con un espejo más que nos sitúa frente a frente a las dos Españas de toda la vida, y lo que nos espera por ver. Por un parte, la inquietud ante los peligros de las políticas ultra y la defensa de las medidas progresistas para la sociedad, y, por otra, el discurso negativo y las medidas ultraconservadoras que favorecen no la libertad, como dicen ellos, sino el descontrol para favorecer el lucro en todo: sanidad, enseñanza, vivienda, inmigración...
Si los augurios se cumplen, los votantes del país votarán esta segunda opción por mayoría, haciendo caso omiso a los datos de progreso económico, ayudas sociales, programas de promoción... y dando por bueno el discurso vacío de contenidos y lleno de bulos, de insultos y mentiras descaradas repetidas mil veces hasta que parezcan verdades. Vivir para ver.