viernes, 15 de mayo de 2026

Lunes de senderismo 60

 


Lunes 11 de mayo. Berango-Plentzia. A pesar de que el tiempo andaba kili-kolo la mañana nos respetó y no tuvimos que sacar los paraguas, que la mayor parte de nosotros posiblemente llevábamos en previsión. Curiosamente las primeras gotas me cayeron en el trayecto desde el metro a mi casa. Al llegar a S. Ignacio contamos 25 asistentes. En esta salida se alternan los tramos urbanos con los campestres. Comenzamos detrás de Eroski en Berango y, entre talleres y almacenes, llegamos a la rampa que nos da acceso a Larrabasterra. Antiguamente se iba por las huertas pero luego vallaron el acceso para hacer huertos urbanos. También pudimos observar que habían trazado un bidegorri entre ésos. Habría que revisar todas las novedades de la zona para nuevas ediciones. Una vez cruzado el puente sobre el metro, tomamos la subida de la carretera hacia Unbe. En el cruce con la calle que sale de Sopela tomamos el camino un tanto empinado que nos dirigía en dirección a la peña y ermita de Sta. Marina. El firme de asfalto solamente llega hasta la última de las casitas de campo de esa zona y luego nos encontramos con un sendero bastante reducido por la vegetación de los lados.


Esta vez no nos dirigimos a los bancos del pie de la peña para la parada y fonda, porque un par de despistados se nos habían perdido y habíamos quedado por teléfono en reagruparnos delante del hospital. Dicho y hecho, hicimos el alto en la zona cubierta de los aparcamientos como en anteriores ocasiones. Al retomar la marcha se dio aviso de que teníamos que atravesar otra zona urbana y que no se despistase el personal. Había que cruzar un semáforo y tuvimos que esperar a que los últimos remolones pasaran en el siguiente paso. Tomamos la calle paralela a las vías del metro y nos adentramos de nuevo en zona de caseríos, donde solemos sacar la foto de grupo tradicionalmente antes bajar al zona de bosque.


En el nuevo sendero tuvimos que hacer un pequeño rally de saltar charcos y barros, pero el resto del camino estaba en perfectas condiciones a pesar de las lluvias de víspera. Me resultó totalmente novedosa y sorprendentemente agradable la cantidad de arbolado y vegetación que había cubierto es tramo -muchas acacias según dijo Salva-. Recuerdo que las anteriores veces tenía aspecto de descampado y el piso estaba descarnado por el trazado que habían dejado las máquinas de los trabajos forestales. En fin, tras los clásicos repechones que se hicieron notar a esas horas del trayecto, llegamos a los primeros signos de civilización. Detrás de las  primeras casas seguimos de frente, lo que fue un error de cálculo por mi parte: la bajada, aunque también empinada, era bastante más corta que la que pasa por el instituto, más larga y mucho más empinada, pero luego nos metió en la carretera en un tramo más largo de lo esperado. Pido disculpas al personal por ese tramo de carretera un tanto desagradable y con un riesgo que pudo evitarse.


El espectáculo de la ría del Butrón era precioso, aunque en esas condiciones no estábamos para andar con distracciones. Aunque hubo un momento en que nos reagrupamos para esperar a que todos cruzáramos la carretera a la brava, en ese corto trayecto hasta la estación el grupo se volvió a estirar, sin tener en cuenta que el metro estaba allí a la vista. Así que la cabeza del grupo pudo tomar ese tren y el resto tuvo que esperar al siguiente. De todos modos espero que los y las que se quedaban a comer no tuvieron que llegar tarde a su restaurante de referencia de Erandio. 




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