martes, 3 de marzo de 2026

Lunes de senderismo 55

 


Lunes 25 de febrero con una mañana espléndida un nutrido grupo nos dirigimos al valle de Atxondo para recorrer la vía verde de un antiguo ferrocarril minero al pie del Amboto. Merece la pena el paseo por esos parajes a pesar de que el transporte se hace un tanto largo, por lo que el personal no suele poner pegas y lo hace muy a gusto. Todo fue normal y nadie se quedó descolgado en la intermodal. El paseo fue tranquilo y solo hubo que pararse para reagruparse en el cruce de la carretera. Sigue siendo deprimente el espectáculo de esos pilares que parecen perderse en la altura y que destrozan el paisaje y el ambiente cargado de serenidad campestre. Pudimos contemplar cómo va avanzando el empalme entre pilar y pilar, completando la base de las futuras vías. Después del ambiente del miedo al ferrocarril provocado por los últimos desastres, hubo varios que comentaron que no se querían imaginar un accidente con salida de las vías del convoy. Con semejante caída no iba a quedar títere con cabeza y el tren para el chapajo.


Legamos al final de la vía y allí es de agradecer los servicios que siempre están en buenas condiciones y que fueron aprovechados por el personal profusamente. Tras la foto de rigor, un tanto difícil por la línea de sol y sombra, se recuperó la marcha a dos velocidades: con toda la calma del mundo los que se quedaban a comer y a paso los que tenían intención de coger el bus de vuelta a las trece y veinte. Al intentar atajar por la zona de la ermita de Marzana nos encontramos con el paso cortado y el aldeano de turno nos echó la bronca alegando que no se tendría que haber pasado nunca por ahí, como lo habíamos hecho los años anteriores - no sabía el buen señor cómo nos las arreglamos los de Barakaldo-. En fin, que tuvimos que seguir por la carretera hasta el cruce antes citado. A todo esto, los del grupo de atrás me habían llamado para orientarse en el cruce de la bajada mientras estábamos en el atasco, por lo que también les avisé de este cambio. A pesar del contratiempo llegamos bien a la parada que resultó ser una auténtica sartén.


Pero hete aquí que, para sorpresa nuestra, dos fugitivos se bajaron en Durango sin decir ni churra ni murra, A saber cuáles serían sus aviesas intenciones, ni cómo se las iban a arreglar para completar el viaje. Sin embargo este hecho no fue lo mas grave de lo sucedido. Tal como ha llegado a mis oídos a posteriori, puedo afirmar que en la comida se dio una flagrante e intolerable discriminación de género. Resultó que en la mesa de las mujeres pudieron disfrutar de los últimos platos previstos en el menú del día, pero luego los hombres tuvieron que contentarse con restos de días anteriores de aquellas trazas. Más aún, el más sensato pidió un par de huevos fritos y fue el que mejor comió.

Los comensales varones increparon a la sirvienta por semejante diferencia de trato y la muy fresca soltó que si se lo hacía a las mujeres podían acabar pegándola. Tela, a ver quién se queda ahora con el título de género débil. Lo acaecido puede servir para tomar nota de que en el futuro no haya separación de género en las mesas, como si estuviéramos en un colegio del Opus, que luego pasa lo que pasa...

PD. Perdón por el retraso pero, como ya comenté con algunos, no he contado con tiempo ni espacio para escribir. Por fin tengo acceso al ordenador.