jueves, 20 de abril de 2023

¿Qué nos está pasando?


 Hoy he visto la película sobre la filósofa Hannah Ardent, que plantea negro sobre blanco el problema la banalidad del mal. He llegado a la conclusión de que en realidad el mayor peligro del mal no consiste en sus terribles consecuencias o en los egoísmos más arraigados o en el odio más acendrado o en la crueldad de mentes perversas. Simplemente se trata de que pase desapercibido para seres humanos que o han perdido la capacidad de discernir entre el bien y el mal por diversos motivos, o han aceptado ciegamente órdenes por las que se sienten obligados, o se han acomodado al funcionamiento de la sociedad que les rodea sin medir sus consecuencias. 


Esta filósofa llegó a esta definición a partir de las declaraciones de los nazis cuando se les acusaba de las matanzas sistemáticas ejercidas por el sistema que sostuvieron: todos cumplían órdenes, pasara lo que pasara con su cumplimiento. También se podía inculpar a gran parte de la población alemana por haber consentido o colaborado con el régimen nazi o por haber mantenido una guerra de dominio infundado, como si fuera una defensa y por la superioridad de su patria o de su raza. Eso sería muy difícil de juzgar por la manera de ser típica de los alemanes que son proclives a acatar órdenes al pie de la letra, contando con la información tergiversada con la que les envolvió la propaganda nazi.

Hoy en día podemos encontrarnos con este problema de la banalización del mal metido en nuestra sociedad. Nos estamos horrorizando porque cada día aparecen gran cantidad de delitos nuevos o algunos que creíamos olvidados y, en la medida en que vemos que no se remedian, no encontramos ninguna explicación de lo que está ocurriendo. Podemos enumerar la cantidad irrefrenable de asesinatos o maltratos a mujeres. En estos últimos años está apareciendo un creciente número de violaciones grupales y, lo que empezó siendo cosa de adultos descerebrados bebidos y drogados, ahora se ha convertido en un deplorable deporte de menores. En los medios de comunicación se está lanzando la consigna sistemática que ello está provocado por el fácil e incontrolado acceso a la pornografía en los menores y sí creo que ese sea un factor importante. 


Sin embargo yo me pregunto si podemos quedarnos conformes con eso o si hay otros factores más que se nos pasan desapercibidos, y que no me digan que es un asunto exclusivo de los "menas". Hoy en día estamos envueltos, mal que nos pese, en una infracultura del todo vale, hago lo que me da la gana, lo que me gusta porque sí y que nadie me lleve la contraria -y si se trata de una mujer menos-. Otro deporte descontrolado consiste en cebarse con los más débiles en directo, en centros escolares o por los grupos de internet, hasta acabar destrozándoles social y psicológicamente, cuando no se les provoca el suicidio. Añadir a esto la influencia de algunas redes sociales en las que aparecen algunos nuevos predicadores del absurdo que se están forrando a costa de la ingenuidad o de la ignorancia de no pocos jóvenes influenciables, que siguen sus consignas o sus astracanadas a pies puntillas sin medir las consecuencias. Resulta que ellos llegan a marcar más pautas de comportamiento que la propia familia o el sistema educativo. Por completar este recorrido, no podemos dejar pasar el contenido de las letras de canciones al uso de un notable grupo de jóvenes, que degradan la condición femenina y proclaman la utilización de la mujer como un derecho.


También podemos repasar otros aspectos públicos de la sociedad, donde mentir, calumniar, insultar no solo es gratis, sino que te sirve para ganar unas elecciones o para forrarte de pasta. Unos medios de comunicación que se dedican a dar cobertura a personajes y personajillos que venden sus miserias o los más disparatados comportamientos -algunos rayanos en la ilegalidad- para que el personal se divierta y espere que saquen a la palestra más morbosidades para tener más temas de conversación. Y en medio de todos estos los corruptos y chorizos de guante blanco que acaban yéndose de rositas ¿Y por qué ellos sí y yo no?

He aquí la banalidad del mal: en estos contextos no es nada fácil discernir entre el bien y el mal y, mucho menos, encontrar razones para rechazarlo o para medir sus consecuencias. O sea, que los que nos guiamos por alguna ética o simplemente intentamos hacer bien las cosas, vamos a acabar siendo unos tontolabas o unos ingenuos inadaptados. Lo dicho: a ver cómo se sale de esto, cuando una mayoría no es consciente de lo que está pasando o no quiere verlo.

jueves, 13 de abril de 2023

Pascua 2023

 


Este año nos ha tocado reducir el tiempo de las habituales vacaciones de Semana Santa, por aquello de que estamos de obras en casa y hay que estar atento a ellas. Solo han sido los días de "fiesta de guardar". El jueves llegamos con una temperatura bastante fresca, pero los días siguientes cambió radicalmente el tiempo y hasta tuve que descamisarme para trabajar en el jardín. Esta subida de calor fue provocando que en dos días fueron abriéndose las flores de los árboles, comenzando por el pequeño peral. Las plantas cambiaron enseguida de aspecto abriéndose al sol. Sorprendentemente noté que fueron apareciendo las golondrinas que anidan en el pórtico de la iglesia y, con bastante adelanto, se presentaron los primeros vencejos que suelen aprovechar año tras año los nidos del alero norte de nuestra casa.

Se han hecho notar los insectos de todo tipo que se han sumergido en las flores del romero y en las recién abiertas de los árboles. Me ha tocado la limpieza de hierbas, ortigas y zarzas que comenzaban a asomarse en las zonas de los brezos y de los setos plantados hace poco, que parece van a sobrevivir al invierno. Todo esto nos ha permitido ser testigos directos de la eclosión de vida de esta primavera que en aquellas alturas se suele retrasar.

Hemos dedicado las tardes a hacer largos paseos aprovechando el tiempo seco y la hora adelantada del horario de verano, que nos permitía llegar con luz justo a la hora de comenzar con la cena. Hemos visitado de nuevo las zonas de pasto y los roquedos que conforman un jurásico de figuras fantásticas de animales de todo tipo fosilizadas. Esta vez me ha sorprendido descubrir al dromedario.


En lo que toca al pasto pudimos comprobar el efecto de la sequía. Apenas hay hierba y no pinta bien en el futuro, por lo que eso que para nosotros es un tiempo excelente para los ganaderos es un auténtico desastre. A propósito, también pudimos ver cómo se va sacando de las naves a las vacas. Toda una ceremonia de gritos, gente con palos arreando y tapando salidas. Las recién paridas con sus crías han quedado en prados cerrados cercanos al pueblo y el resto al monte. Estas últimas salían como locas dando brincos, haciendo carreras y peleándose, por lo que las fueron concentrando en la zonas de los robles y, cuando se fueron serenando se las encaminó a su destino. Según el abuelo de la familia, no se imaginaban que esa alegría por verse al aire libre se iba a convertir en una pesadilla, porque iban a perder la poca carne que les quedaba por la escasez actual de hierba y si seguía sin llover la poca que podían encontrar acabaría enterrada.

Le hemos visto crecer
desde dentro de la roca

Después de dar un considerable vuelta para comprobar que el pantano sigue sin recuperar un nivel normal de agua, a pesar del deshielo, hicimos una visita a las interminables obras del puente de entrada en Arija que corta la carretera que da acceso a Reinosa. Saltamos ilegalmente las vallas para cortar el paso y cruzamos las obras. La base central del cuerpo del puente ya está terminada, pero nos llamó la atención las formas de voladizo que le han dado a cada parte. De tal guisa, lo construido tapa la parte antigua del puente y le da un aspecto de portaviones ruinoso. Nos habíamos hecho a la idea de que las elecciones harían de acelerador para terminar a tiempo la obra, pero parece que aquí tienen muy asegurados los resultados y no necesitan de grandes logros para ganarlas.

La última salida consistió en ir a visitar a los tatarabuelos, o sea, nos encaminamos al monte Hijedo y comenzamos contemplando los petroglifos que están al pie del parking. Íbamos a seguir el camino a la inversa del que hicimos en el verano con los guías de Sta. Gadea, cuando María se fijo en una piedra de buen tamaño con una figura curiosa y totalmente lisa. Dicho y hecho, hicimos de Perurena haciéndola rodar cuesta arriba hasta conseguir auparla al coche. Así que el ídolo y las demás inscripciones van a tener que esperar nuestra visita hasta la próxima oportunidad. Sí nos dio tiempo a buscarle un sitio en el jardín a la piedra y allí la hemos dejado.


En fin, hemos podido disfrutar de la tranquilidad, de vivir sin prisas, de comer al aire libre, de dejarnos llenar por los nuevos brotes de vida y de la fuerza interior de los silencios en las zonas perdidas de los bosques o de los prados del monte que hemos respirado en nuestros largos paseos. Y vuelta al trajín de las obras, pero que nos quiten lo bailado.


jueves, 16 de marzo de 2023

No hay directores en los colegios públicos


 La noticia de que apenas hay profesores que se presenten para ser directores de colegios o centros públicos ha saltado recientemente a los medios de comunicación. Se preguntan estos alarmados el porqué y cómo estarán funcionando los o las que son designados a dedo por el departamento de educación correspondiente. La principal razón que se aduce es que eso de asumir la dirección es un marrón de pantalones largos -horas, conflictos, claustros, exigencias oficiales, horarios...- y que para la compensación económica que se da a cambio no merece la pena ni pensárselo. Estoy seguro de que aunque dupliquen dicha compensación no se iba a arreglar el problema. Detrás de ese marrón, que es real, hay otras motivaciones o desmotivaciones más hondas que no se dicen en alto. Ese mismo marrón deja de serlo para aquel profesor que asume la dirección con un proyecto en la cabeza y una intención muy definida de llevarlo a cabo y pasa a ser su día a día sin más, porque es consciente de las exigencias que conlleva su decisión. De todos modos su mayor marrón consistiría en convencer al claustro, no el trabajo.

En 2014 ya advertía yo de una serie de riesgos que estaba observando en la enseñanza pública y que definía como un cáncer. Alguno de esos riesgos están en la base de este asunto que tanto ha llamado la atención. Desde mi puesto de trabajo en el ayuntamiento me relacionaba continuamente con cargos directivos, tanto de la educación primaria como de la ESO y me iba dando cuenta de que poco a poco iban desapareciendo los directores clásicos y para sustituirles se empezaba a tirar de las designaciones a dedo, empezando por los colegios con mayor índice de conflictividad. Tuve que escuchar lamentaciones y observar cómo iban contando los días que le faltaban para terminar su mandato.O sea que el asunto que traemos entre manos ahora lleva bastante más de un década cociéndose. A mi modo de entender, creo que dos de los riesgos  que planteé entonces tienen mucho que ver con la falta de profesores que quieran ser directores o cargos directivos, a parte de las deficiencias de la administración correspondiente que no las niego: las prerrogativas del funcionariado y el corporativismo.


Es muy cómodo sentirse inamovible en un puesto de trabajo, añadiendo a ello que el titular puede tener unas prerrogativas  y privilegios muy por encima de otros trabajadores. No cuento la falta de control de horarios, tanto de entrada como de salida, ni el uso que se hace de los horarios dedicados a formación o coordinaciones. Y podría seguir con más cuestiones parecidas, pero sirvan esas de ejemplo. Lo más cómodo es hacer lo justo y que me dejen en paz. Claro en esta tesitura, el que es nombrado director o directora se tiene que poner, además de con todo un buen volumen de papeleos y de situaciones de apagafuegos, a controlar el funcionamiento correcto del centro, de la dedicación de sus compañeros y compañeras y de asegurar buenos resultados para mantener el prestigio del centro y asegurar la matriculación futura... Le toca poner el cascabel al gato y, si se encuentra con un considerable grupo de profesores o profesoras con cierta dosis de cara dura, le va a resultar casi imposible poner orden o exigir resultados. No deja de ser uno más y dentro de un gremio con fuerte corporativismo no se perdona a los o las que dan leña controlando o exigen demasiado en programaciones, resultados... 


Ya podemos dar por desaparecidos aquellos míticos maestros que se dejaban las pestañas y la vida en el cuidado de sus alumnos. De aquella otra generación que se empeñaron en regenerar la enseñanza después del destrozo franquista, puede que quede algún nostálgico. Ahora tendríamos que hacer un estudio que nos ayude a descubrir qué porcentaje de enseñantes lo son por vocación y convencimiento y cuál es el correspondiente a los y las que están en su puesto exclusivamente para vivir a costa del erario público. A ese tipo de enseñantes los considero mercenarios porque su única motivación es su provecho personal y no el bien de sus alumnos. A partir de aquí ya podemos plantearnos mejor qué está pasando cuando no hay profesores dispuestos a asumir cargos directivos. Lo del viejo fraile: " ¿vocación con v o con b?"

miércoles, 8 de marzo de 2023

Regreso a la infancia

 


Tal como se propuso en la subida a Sta. Águeda, hemos podido disfrutar de una visita guiada a las Escuelas de barrio de Larrazabal. Patricia hizo una  invitación y nos fuimos apuntando para acudir a esta visita. Como es lógico, era conveniente saber cuántos íbamos a ser para organizarla bien. Este lunes 6 de marzo nos hemos dado cita en la plaza Bide Onera a las 9:30. Luego nos hemos juntado con los de Cruces y Burtzeña a eso de las 10 en el comienzo del camino Zubileta que llega hasta el mismo barrio de Larrazabal. Nos hemos juntado 26 personas, pero había que añadir, cómo no, a Antón que ha aparecido al final del camino. Nos han recibido varias trabajadoras del departamento de educación de ayuntamiento, que han sido las que han organizado el evento, junto con una de las guías que atienden en el CIHMA de El Regato a las salidas guiadas del ayuntamiento. 

Nada más llegar nos hicimos la foto de grupo en las escaleras de entrada y, a continuación, la guía nos indicó que pasáramos al patio cubierto de la escuela. O sea, que era como empezar por el recreo, pero no, porque nos dio una larga sesión para ponernos al día de qué fueron las escuelas de barrio de la diputación de Bizkaia en los principios del siglo XX. Como era costumbre de aquella época fueron encargadas a los arquitectos importantes del momento como Basterra. La nuestra estuvo a cargo, como no, de Gorostiza. Son edificios hechos con estilo y muy adecuados a las necesidades de las familias del entorno. Parece ser que en la diputación había una preocupación por el nivel de analfabetismo en las zonas rurales alejadas de los núcleos de población. Nos explicó el programa de estas escuelas y nos quedamos atónitos al comprobar el nivel pedagógico y social que tenía. Según la zona, se impartían las clases en castellano o en euskera, no era lo mismo Zalla que Larrabetxu. Claro, luego con la guerra civil se quitaron los fueros a Bizkaia y Gipuzkoa y se quedaron sin fuente de financiación.


A partir de ahí, nos fuimos dividiendo en pequeños grupos para ir visitando las tres salas. La que más interés despertó, como era de esperar, fue la sala con pupitres de a dos con agujero para los tinteros. Enseguida algunas intentaron sacarse fotos sentadas, pero una de las encargadas avisó que no estaba permitido por aquello de la conservación. Como reza el título, para muchos fue un regreso a la infancia al sentirse dentro de una clase con los mapas de aquella época, los cuadernos, las enciclopedias y mil detalles más. En la otra aula había expuestas máquinas y elementos de laboratorio correspondientes a la educación secundaria de entonces. Creo que había joyas que pasaron un tanto desapercibidas a la mayor parte del personal. Solo unos pocos se pararon a preguntar algo a las encargadas. Saltaban a la vista una colección de frascos con tejidos en formol. El esqueleto tenía la curiosidad que estaba hecho con huesos reales y había otra figura importante que explicaba el cuerpo por dentro y por fuera, pero no se puede tocar por ser antigua y necesitar restauración.

También fueron informando del uso que se le da a este centro para actividades de niños y niñas de educación primaria. Además de conocerlo, trabajan en un huerto ecológico, en primavera para plantar y en otoño para recoger, sito en los terrenos superiores a la escuela que tienen acceso desde una de las últimas curvas de la bajada de Sta. Águeda. A la vez se les enseña a conocer el bosque que rodea la escuela y se alarga hasta la zona de la calzada medieval. Aprenden a distinguir las hojas, la corteza o las bellotas de los diversos árboles.


Agradecimos a las responsables del departamento de educación la amabilidad de habernos permitido realizar la visita y por el trato exquisito con que nos habían tratado. Patricia también les ha hecho llegar un detalle de agradecimiento. Volvimos a sacar más fotos de grupo y salimos unos, diecisiete, animándose a subir el puerto de categoría especial hasta la ermita y luego bajar por Cruces y los diez restantes volvimos por donde habíamos venido. En Burtzeña se quedaron los que nos habían esperando allí y el resto nos fuimos disgregando al entrar desde Lutxana según la residencia de cada cual. Bonito día por el tiempo, que nos respetó, por los sentimientos que nos despertó y por la convivencia que disfrutamos.

A propósito del IMSERSO

 


El pasado 15 de febrero nos apuntamos a nuestra última aventura en los viajes del IMSERSO. Destino Palma de Mallorca. No dudamos en elegirlo porque en una versión anterior dejamos deberes para terminar de conocer los rincones más afamados de la preciosa isla, a ser posible lejos de los más turísticos. En este punto tuvimos suerte, porque aún se estaban desperezando en la preparación de los locales, hoteles y chiringuitos para la próxima Semana Santa, y no tuvimos que sufrir la presión de grupos numerosos, ni siquiera en la catedral. El hotel que teníamos reservado estaba pegado al palacio de Marivent, incluso llevaba el mismo nombre, e invitaba a visitar la casa museo de Miró y la parte occidental de la capital. 



Nuestro primer mosqueo fue comprobar que el vuelo de ida partía a las 20:40 de Loiu, lo que suponía que íbamos a caer directamente en la cama. Se ahorraban la comida, nos dejaban sin una tarde libre para pasear y se ahorraban la cena. Nos recibieron con un hotel cerrado y con algo que suplía a la cena consistente en unas lonchas de mortadela, salami y una especie de jamón cocido irreconocible junto con otra loncha de queso de sandwich, agua y pan. Ah, se me pasaba que a modo de gracia pusieron una tacita con unos garbanzos enanos a la vinagreta. 


Pero no era el hotel contratado, sino que tres días antes nos lo cambiaron, sin más y sin admitir quejas, por otro en la punta opuesta del municipio sito en Can Pastilla, frente a la  playa de Palma y rodeado de otros monstruos hoteleros de los que solo uno estaba abierto, justo el de enfrente de nuestra habitación. Al día siguiente recibimos la primera noticia desagradable, que no se podía acceder a Sa Calobra, uno de los lugares emblemáticos de la isla por desprendimientos en la carretera, como pudimos comprobar.



Para suplirlo pudimos estar más tiempo en el santuario del Lluch y en los alrededores del Puig Maior. Magnífico paseo, magnífico lugar, magnífica comida en un magnífico comedor con la posibilidad de escuchar a su escolanía infantil. Todo ello a caballo de un bus machacado por los servicios prestados a escolares: totalmente sucio y con los cristales llenos de polvo y barro. Curiosamente había pasado la ITV en Castilla  la Macha. Y se acabó lo que se daba, como nos advirtió la guía. 
Por la tardes te dejaban en el hotel a 11 kilómetros del centro y con escaso margen de hacer algo que no fuera pasear por la playa o el paseo marítimo, pues el comedor se cerraba a las 21 horas en punto, hora oficial de guiris.


A partir del segundo día unas salidas menos preparadas. La de conocer la capital un sinsentido, pues se empleó más tiempo en compras que en visitas culturales. Un paseíllo por la zona antigua, un par de fachadas y una hora escasa en la catedral. Luego la comida en una tasca con menús apropiados para inmigrantes, tanto en su coste como en el contenido. La comida siguiente fue también en un tascucho de pinchos delante de las murallas de Alcudia y otro al lado Soller del mismo pelo. Casualmente ese día estaba cerrado el complejo de ruinas romanas, pero había un mercadillo muy famoso y allí nos metieron velis nolis. Conclusión: resultó un viaje comercial más que cultural, como reza su título.

En fin, sin meterme en más temas, decir que nos echaron del hotel a  las ocho en punto de la mañana, pero en el aeropuerto no fallaron las ensaimadas encargadas. María sacó todas  las fotos que pudo perdiéndose del grupo y poco más. Solo que nos trajimos un cabreo monumental porque no habíamos conseguido llegar a tiempo a los lugares que teníamos previstos, porque siempre llegábamos cuando ya estaban cerrados.


Esto del IMSERSO resulta un quiero y no puedo o algo similar. Puede ser una buena idea, porque se podría dar vida en la horas muertas del invierno a las zonas y a las instalaciones turísticas, con la consiguiente mejora en puestos de trabajo, y, a la vez, se da oportunidades a los mayores de unos viaje baratos. Pero, si no puedes ofertar unos presupuestos dignos: los hosteleros no quieren o rascan en el servicio, los restaurantes no aceptan las propuestas por rácanas o a pérdida y se acaba mal comiendo en sitios impresentables perdidos de la mano de Dios, las empresas de los guías y de los buses cumplen con los mínimos y sin demasiados entusiasmos. Por lo visto en las últimas salidas en que hemos participado, cada vez abundamos más los pensionistas con un poder adquisitivo medio alto que no nos importaría aportar algo más de dinero, si ello revierte en mejores servicios y sin tanta racanería. Si los programas se dirigen preferentemente a personas con pensiones de bajo nivel, que se aplique un filtro según las posibilidades de cada cual o que se den menos ofertas para adecuar el presupuesto a conseguir un servicio digno.

Otra cuestión aparte es que lo de Mallorca es un escándalo, porque solamente están enfocados a sacar pasta y a dejar al personal con los dientes largos para que acaben yendo de nuevo a hacer turismo en serio. En fin hemos disfrutado lo que hemos podido, a pesar de cabreos y frustraciones. Habrá que repetir lo del doctor valenciano: señores y señoras del IMSERSO, somos mayores pero no idiotas, por favor.




sábado, 4 de marzo de 2023

Lunes de senderismo 15

 


Día 27 de febrero. Despedimos el mes cojo en medio de terribles amenazas de nieve a nivel del mar, vientos tremendos y frío glaciar que consiguieron achantar a bastantes senderistas ¡Pero no fue para tanto! Mal empezamos, porque en el cartel anunciador estaba mal señalada la parada de bus. Nos dimos cita, por tanto, en Beurko Berri y acudimos solo 19, ni valientes ni desaprensivos, simplemente que sabemos capear los temporales. Y nos salió una mañana bonita con diversos momentos que no supusieron problema alguno. Ya en la playa, oteamos el horizonte y optamos por el programa previsto sin recurrir al plan B. Sacamos la primera foto de grupo al arrancar para animarnos y para dar un poco de envidia a los que se habían quedado en casa. Es verdad que al atravesar el puente de acceso a Pobeña el viento nos dio fuerte. Es por ese paso por donde hacen más daño los temporales. Las escaleras famosas, que nos obligan a respirar más fuerte y a controlar el paso, sirvieron para entrar en calor.


En la vía verde hasta Ontón tuvimos tramos con viento y otros a socaire. Desde la playa pasando por los acantilados, el mar nos estuvo ofreciendo el canto continuo de sus olas movidas por el viento y el espectáculo de las espumas, que les dibujaban borreguitos en alta mar y formaban pozos de algodón al romper en las rocas. Nos refugiamos debajo de la autovía al final del trayecto para dar cuenta de nuestras viandas, aunque algunos buscaron refugio en otros recovecos. A ratos nos cayeron pequeños chaparroncitos de esas bolitas que ni son granizo ni son copos de nieve, y ni siquiera nos obligaron a abrir los paraguas. Quedaron en una mera anécdota para felicitar a AEMET por haber acertado que iba a nevar a nivel del mar. 


Antes de llegar a Kobarón pudimos comprobar que están trabajando para mantener vivos los edificios que aún quedan en pie pertenecientes a la empresa minera. Una buena iniciativa del gobierno vasco dedicada a la conservación del patrimonio industrial. Es importante dejar constancia de cómo fue nuestro pasado, para que los que vengan detrás conozcan a quienes deben las oportunidades que disfrutan hoy. Tomamos el Camino Txikito después de un corto paso por la carretera de salida hacia El Haya, que resulta algo incómodo. Algunos se alegraron de haber hecho el recorrido porque no conocían esa zona: la vaguada que lleva hasta el barrio de La Rigada y, después de atravesar la N-634, llegar hasta la casa donde vivió de casada la Pasionaria, con  el famoso lavadero ilustrado que evoca sus históricas funciones. Bueno, y no tan históricas porque alguna senderista dijo que a ella le había tocado de niña lavar en esas mismas condiciones. Lo que hay que pasar hasta llegar a estas edades


Esta ladera permite tener una visión casi completa del valle de Muskiz con Petronor al fondo. El final del descenso nos dejó al pie del colegio concertado Somorrostro, donde pudieron coger el bus a Bilbao las de Cruces. Los que quisimos volver a casa llegamos con cinco minutos de adelanto a la parada del que sale de la playa. Este día fuimos más que los que se quedan a comer, once a ocho, y es que algunos tenían la cita imperdonable con nietos. Es lo que tiene la vida de jubilado. A propósito, los comensales siguen impenitentes provocando a la suerte para no sé qué cruceros y no escarmientan, qué le vamos a hacer.



martes, 14 de febrero de 2023

Lunes de senderismo 14

 


Lunes 13 de febrero ¡récor Guiness a la asistencia: 30! Nos habíamos olvidado de la última vez que nos juntamos tantos. Hoy nos toca recorrer la línea del tren minero procedente de las minas de Gallarta, que terminaba en los cargaderos de Lutxana. A primera hora tomamos el bus que llega hasta Muskiz, aunque algún que otro aprensivo, agobiado por el fantasma de los paros en las líneas de Bizkaibus, dudaba de que llegara. El lío estuvo al bajar, pero mejor ni nombrallo. Total que un par de kilómetros más por la broma, que no son ni de precalentamiento para unos senderistas avezados como nosotros y nosotras.


Abordamos la primera, y única, de las subidas de la jornada dejando a la derecha el impresionante agujero de la mina en cuyo fondo sale una carretera interior por debajo del pueblo que llega hasta el mar. A la izquierda el otro agujero, no tan grande, pero sí impresionante, de la cantera de Ortuella. Pasamos por un barrio minero que tiene una placa homenaje a un maestro, que como recuerdo y agradecimiento le dedicaron unos alumnos. Estamos en los principios del siglo XX en medio de la explotación de las minas. Es un hecho que nos hace ver la importancia de un maestro en situaciones duras como las que aquellas gentes mineras vivieron. También hay un curioso torreón en forma de castillo que alguien se dio el capricho de construir y que ahora parece que alberga algún restaurante o algún negocio similar.


Tras rodearlo desembocamos en la pista que ya nos llevaba hasta Retuerto. La mañana no podía ser más apropiada para disfrutar del paseo, ni que fuera por encargo. Fuimos  atravesando túneles hasta llegar al área recreativa donde comimos el hamaiketako. Al final nos hicimos la foto de grupo y seguimos adelante. Echamos en falta a los pavos reales, ni se les veía ni se les oía. O estaban encerrados por precaución a alguna peste de las suyas o se los habían llevado a otra parte. Por fin llegamos al punto negro del camino: el túnel guarro, como algunas lo habían definido. Esta vez ni asomarnos. Nada más pasar el primer túnel sale a la izquierda un discreto sendero que tomamos para llegar, entre unas casitas muy curiosas, a la típica placita de Ugarte, con su casa torre convertida en restaurante y con la iglesia que lucía un buen arreglo de fachada. 

Una vez en Kareaga, tuvimos que reagruparnos porque no se sabe porqué había un grupito de rezagadas. Allí comenzamos a despedirnos: un buen grupo optó por seguir caminando por el polígono industrial, otro más valiente superó la pendiente que daba acceso de nuevo a la pista, esta vez hecha unos zorros, como corresponde a los pringados de Barakaldo. En Retuerto despedimos a la de Cruces, al llegar al cruce del BEC unos tiraron por la derecha, las de Zuazo por la  izquierda y los últimos tomamos las escaleras que suben al parque del juzgado, que los ascensores van para rato. Así el paseo resultó ser como un río que al desembocar en un delta se convierte en muchos brazos que llevan por igual al mar. O sea, a comer: unos nueve al CIS -bueno y barato, según dicen- y los demás a casita.







viernes, 10 de febrero de 2023

Sta. Águeda: un tributo anual

 


Es una tradición arraigada en el senderismo de mayores de Barakaldo, subir en grupo a la celebración de la fiesta de Sta. Águeda en la ermita del municipio. Esta fiesta suele ser multitudinaria de por más, así que entre tanta gente resultaba imposible hacer grupo. Es por ello que últimamente nos hemos tomado la libertad de decidir que para nosotros la fiesta es los días 6. De esta manera se puede disfrutar de una jornada más de convivencia entre los dos grupos de senderismo, mientras rendimos tributo a la santa. Este pasado día 6 nos amenazaban con posibles lluvias por la mañana, pero en la medida que avanzaba la mañana se fue quedando un día precioso y fresco, lo que fue ideal para caminar. Habíamos quedado en salir a las 9 horas desde la plaza Bide Onera y lo hicimos puntualmente. La gente de Cruces y Burtzeña nos esperaban enfrente de la casa de cultura de Cruces a las 9:30. Las de Zuazo y alrededores nos habían avisado que nos esperaban en la estación de metro Ansio, pero cuando llegamos, había desaparecido. Y es que las hay que no aguantan cinco minutos quietas.

La subida fue tranquila en pequeños grupos que fueron dibujando un rosario a lo largo de la carretera. Una vez arriba las más impacientes se arrojaron sobre sus viandas y, sin importarles lo más mínimo lo temprano de la hora, comenzaron a hacer un "amarretako".  En esto apareció Patricia, la responsable municipal del programa, quejándose de que habíamos sido demasiado puntuales en la salida. Venía armada de letras de la canción de Sta. Águeda (y con las tradicionales tostadas de leche frita, regalo de su madre), y dispuesta a conseguir que nadie se fuera sin cantarla. Entre tanto se habían preparado puestos de compartir viandas: unas pasaban frutos secos, otras dulces, las chicas de Arteagabeitia abrieron el cava... Pero tuvimos una gran sorpresa al descubrir las dotes culinarias de Fernando que presentó unos pinchos de tortilla bandera y un canasto de rosquillas, todo de su mano y ciencia.

Los más animosos enseguida comenzaron a canturrear o a ensayar la canción tradicional ayudados de las hojitas con las letras que se estaban distribuyendo. Poco a poco se fue añadiendo gente hasta que se formó un coro considerable y se cantó como se pudo pero se llegó hasta el final. Después de otro rato en el que aún se estaba dando buena cuenta de los restos de comida, los mismos entusiastas del principio, apoyados por más gente, propusieron que no podíamos  dar por finalizado el encuentro sin volverla a cantar. Así que de nuevo se intentó hacerlo lo mejor posible, pero sería conveniente que para el próximo año se hagan ensayos formales, que para eso tenemos cantores en coros oficiales. Al terminar, un chico del caserío cercano se ofreció a hacernos la foto de grupo.



Antes de disolvernos Patricia animó al personal a que volviéramos por Burtzeña para visitar las escuelas Larrazabal que son un museo de la enseñanza tal como la tuvimos en nuestra época. Un notable grupo se arriesgó a los vertiginosos tramos de descenso, hasta llegar a Las Delicias. Gustó mucho el edificio en sí: la construcción, el pórtico y el entorno. Solamente una minoría había asistido a las visitas guiadas que organiza el programa Ezagutu Barakaldo, gestionado por el ayuntamiento, por lo que algunas pidieron a ver si se podía organizar una visita para los senderistas y Patricia cogió el testigo. Con éstas, terminamos de recorrer el lamentable camino de Zubileta y cada mochuelo a su olivo, como se decía antiguamente. Que nos veamos todos y todas de nuevo el año que viene.





miércoles, 25 de enero de 2023

Lunes de senderismo 13


Tenemos más valor que el Alcoyano, que se suele decir. La mañana parecía que iba a tener solo algo de llovizna y nos lanzamos al recorrido señalado de las minas. El bus llegó con dos minutos de retraso al funicular y éste es automático: llega la hora y arranca. Así que media hora perdida entre lamentaciones y propuestas para que esto no se vuelva a repetir. La primera en la frente, que se suele decir. Me decidí y fui a preguntarle al chofer, porqué el bus no salía de Cruces cinco minutos antes y así garantizaba llegar a tiempo. Me contestó encogiéndose de hombres y, con un supongo por delante, me dejó caer que podría ser porque en la pequeña plazoleta de acceso al funicular no caben todas las líneas que terminan allí. Así que tenían que fijar los horarios para que no se llegara a colapsar. Una vez dentro, Emilio llamó la atención sobre un cartel que anunciaba que al día siguiente había revisión de la instalación y estaría sin servicio por la mañana. En seguida se mandó un wahsaap a los del martes, y es que somos así de majos.


Arrancamos sin hacer caso del bus que acerca a los viajeros a La Arboleda. En la medida en que subíamos, lo que parecía chirimiri suave se fue intensificando. Habíamos previsto comer el hamaiketako en la Ekoetxea de Peñas Negras. Sabíamos que el servicio y el bar están cerrados los lunes, pero contábamos con el pequeño pórtico que hay en su entrada que sirve de refugio. Claro, tampoco contábamos que la cerca de madera que rodea el edificio estaba cerrada con candado y no era plan andar saltándola con las mochilas, los bastones, las capas... y la pila que es la que más pesa. En medio de nuestra decepción decidimos seguir caminando a ver si encontrábamos algún sitio más o menos abrigado. Antes, dos compañeros optaron por volverse, dado que no traían una protección adecuada y estaban helados. Según nos contaron luego fueron de cabeza al primer bar a tomarse un caldo caliente, Conclusión: en caso de duda más vale llevar cosas de más que las justas, que luego...


Me puse en cabeza para señalar los cruces de senderos y me percaté que en un pinar aún no había calado la lluvia y que podía servirnos de paraguas. Dicho y hecho. Entre alguna que otra zarza, sorteando la pendiente paramos un rato y pudimos comer en seco bajo el toldo de unos pinos robustos. Retomamos el camino con la sana intención de no completar el recorrido y tomar la primera carretera que nos acercara a La Arboleda. En ese tramo estuvimos envueltos en la niebla hasta que pudimos descender al pueblo. Allí nos despedimos. Trece se quedaron a comer y doce nos volvimos. Segundo se añadió a la comida, lo que nos alegró a todos. Llegamos diez minutos antes de que arrancara el funicular, así que llegamos a casa un buen rato antes.


La niebla da oportunidad de contemplar estampas bonitas cuando envuelve los bosques o se queda medio agarrada en las cimas, pero no nos permitió disfrutar de la belleza de la frondosidad que hay en esos parajes, ni contemplar el horizonte. Por otra parte, tenía previsto enseñar un mirador poco conocido con una vista genial sobre la Margen Izquierda. Tampoco tuvimos oportunidad de disfrutar del entorno de la mina Picuí. Nuestra fotógrafa oficial nos hizo constar su frustración, porque es uno de sus sitios preferidos para hacer fotos, así que me pidió que volviéramos para hacer la ruta completa y sacar las fotos que ese día fueron imposibles. Supongo que seguirá insistiendo hasta que lo consiga, ya sabéis cómo se pone. 



   

viernes, 20 de enero de 2023

La nieve a la puerta de casa

 


Esta mañana Orencio y yo no nos lo hemos pensado dos veces y nos hemos lanzado a la nieve, tras comprobar que aún pervivía en las zonas más altas. Teníamos dudas de subir al Eretza o al Ganeran, pero vimos que éste sí tenía nieve abundante y, como hace quince días ya estuvimos en el Eretza, nos hemos dirigido a Peñas Negras. Serían las nueve y media o así y ya estaba casi ocupado el pequeño aparcamiento adjunto a la Ekoetxea. Al bajar a las doce y media lo encontramos lleno de coches, además de los escasos arcenes de los alrededores. Así que nos hemos calzado las polainas y para arriba. Aún quedaba nieve en la pista desde su arranque, pero hemos aprovechado las roderas de vehículos, que a su vez servían de cauce al incipiente deshielo del día. 


Un grupo de animosos jovencitos nos ha adelantado veloces. Iban con zapatillas de lo más modernas, excepto uno que llevaba unas botas de goma altas tipo cazador. Al rato los hemos encontrado en el primer cruce de caminos y nos han dicho que iban a descansar un poco, pero lo suyo ha sido dar una vuelta y para atrás. A la nieve no se puede ir de cualquier manera y cierto personal que no está vinculado a la montaña no lo tiene en cuenta. Al poco de dejarles atrás hemos iniciado la subida directa al Ganeran. Ante nosotros se abría una ladera totalmente blanca, porque habían hecho una buena saca en el bosquecillo que hay en el comienzo de la subida, y nos permitía ver el primer repechón. Eso sí, una vez más árboles caídos, que nos han obligado ha tener que dar vueltas, con el peligro de que no se sabe lo que hay debajo de la nieve. Visto lo visto, antes de echar a andar me he puesto las cadenas en las botas. Lo de "he puesto" es un decir, porque me ha tenido que ayudar Orencio. Para ello hay que sentarse y allí no había ningún lugar adecuado .


El Ganeran tiene una subida muy prolongada compuesta por una serie de repechones de un serio desnivel. De esos que, cuando lo estás subiendo crees que ya llegas a la cumbre, pero te encuentras con otro, hasta que en el quinto ya ves el buzón. Enseguida hemos comprobado que la capa de nieve no era superficial, porque nos íbamos hundiendo de verdad. Nos ha sorprendido encontrar de repente una verde pradera. Mira tú por dónde, el tremendo viento suroeste que hizo ayer había fulminado la nieve de las laderas que miran al sur y en parte de la cima. Así que en tramos hemos andado con un espesor de nieve superior a los treinta centímetros, como señalo en la foto, y en otros sobre hierba mullida, todo un gusto. Las fotos son del colega Orencio, al que le gusta sacar recuerdos de cada día que salimos al monte.



El espectáculo que hemos disfrutado desde arriba no tenía precio. Los montes de enfrente nevados medio envueltos en algodón. Los frentes que traía el viento norte estaban dejando lluvia fina sobre Sopuerta y Galdames, pero no nos han llegado a nosotros. O sea, que estábamos viendo el paisaje como si nos hubiesen puesto un fino filtro. A su vez estábamos viendo el Abra iluminado por el sol. La zona de la cordillera estaba totalmente nublada. Al llegar a la cumbre nos hemos encontrando montañeros que ya emprendían la bajada, porque había hecho la subida por el camino que íbamos a usar nosotros de bajada. Al comenzarla hemos coincidido con un par de esforzados ciclistas, los únicos que se han encaramado a la cumbre, luego por las pistas hemos visto más, algunos con esas ruedas tan gruesas que parece que la bici se puede quedar en pie.


La bajada ha  sido una tortura. El camino era una de charcos, de regatos y de algún torrente que se ha llevado un trozo de camino. Hemos ido saltando para caminar sobre nieve y no sobre agua, aunque a veces te encuentras con que pisas nieve y debajo hay un charco. Al llegar a la pista central me he tenido que quitar las cadenas, porque hemos vuelto a andar por las roderas que están llenas de grava. Según íbamos bajando, comprobábamos que el personal no era muy montañero, sino que  habían subido para pisar nieve, para pasear a los perros o para sacarse fotos. En fin, cada cual a lo suyo, pero sin perderle respeto al monte. En los últimos tramos el deshielo ya había sido total en tan poco tiempo y, claro, se notaba la subida de temperatura que lo había provocado. Al llegar hemos entrado en el bar a tomar algo y hemos charlado un poco con la tabernera, que es vieja conocida nuestra. Se quejada de que los fines de semana le dejan los alrededores hechos unos zorros y más en estos días que la nieve atrae a familias enteras. Ya sabemos cómo se las gasta cierto sector de población que arrasa por donde pisa. En casa he tenido que hacer unos buenos estiramientos porque eso de la nieve está muy bien pero lleva un esfuerzo añadido, de todos modos una gozada de mañana.