martes, 9 de octubre de 2012

A propósito de las elecciones vascas

Llega con esto de las elecciones uno de esos momentos en el que los políticos se lanzan a por todas. Son capaces de perder toda perspectiva coherente,  se marcan unas consignas y nos lanzan unos proyectos, cuando no prometen el oro y el moro, que nos hacen dudar de todo por lo increíbles y cargantes que resultan a estas alturas. Pueden perder la memoria de lo que han dicho o han hecho ellos en persona, o los partidos a los que representan, en épocas anteriores, sobrevolando por encima de sus propias contradicciones con un cuajo que resulta insultante para cualquier inteligencia media de la ciudadanía. Hasta pretenden erigirse en los únicos salvadores o benefactores con el único argumento de que los demás son malos de remate o un atajo de inútiles que solo nos llevarán al desastre.

Hoy me quiero fijar en la campaña que está haciendo el partido popular porque, a mi modesto entender, lleva unas buenas dosis de perversión tanto en su transfondo como en su discurso. Es ya cargante que su lema principal esté basado en el miedo y vaya acompañado de un serie de consignas  basadas en tópicos o en medias verdades que ni se pueden demostrar ni se pueden negar. Es partir de entrada con el juego sucio en la papeleta, lo que ya, más que insultante, resulta ser repugnante. Nos quieren colar como antídoto a las perversas consecuencias del nacionalismo vasco el nacionalismo español, disfrazado de opción constitucional. Y todo ello, según palabras de Basagoiti, para equilibrar la balanza de fuerzas y evitar la fractura en el país, porque el PNV caería si no en las fauces de los independentistas. Le parecerá poca fractura la que están, y han estado, provocando con sus posturas maximalistas.

Para colmo del cinismo le he escuchado decir en una entrevista televisada al candidato del PP vasco, que puede ofrecer sus votos al partido nacionalista después de las elecciones. Claro, que con algunas condiciones como, por ejemplo, que no se hable de independencia, ni de referendum ni nada que huela a autodeterminación. Eso sí, solamente iba a ofrecer sus votos para potenciar la industria, la economía productiva y para eliminar el paro sobre todo de los jóvenes cualificados. Desde qué púlpito nos habla este señor, si su partido ha sido el principal promotor de la economía especulativa, de llenar España de ladrillo y hormigón, de la burbuja inmobiliaria y de cajas de ahorros repletas de corruptos. Aún hoy en día les ha faltado tiempo para eliminar la ley de protección de costas. Una jugada perfecta que busca preservar las reservas de los suyos y pretende terminar de construir los cuatro palmos de costa que quedan vírgenes.

No he hecho este descargo de indignación porque me considere totalmente contrario, que lo soy, a los planeamientos y a la política del PP. Lo hago porque ya es hora de que los políticos o sus asesores, sean del color que sean, no nos tomen por imbéciles. Ya les quedan pocas motos que vender y sería conveniente que se preocupen de lo que interesa a los ciudadanos y cambien esos discursos de los que ya estamos astragados y que solamente colaboran en alejarles de la ciudadanía, cosa que ya les empieza a preocupar.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Carta a una víctima del terrorismo

A través de la presente quiero presentarle, ante todo, mis respetos por su condición de víctima del terrorismo. Soy una persona que en su día participó en las movilizaciones para exigir la liberación de los secuestrados y para protestar por los asesinatos de ETA. Quiero pedirle disculpas de ante mano por si mi carta pudiere parecerle una intromisión o llegare a molestarle. Nada más lejos de mi intención. Simplemente quiero manifestarle mis preocupaciones y mis sentimientos en esta coyuntura de transición entre el pasado de ETA y un futuro sin su pesadilla. El tremendo lío que se ha montado a raíz del caso Uribetxebarria me ha hecho pensar que hay otros caminos más allá de la justicia que sería conveniente recorrer  no solo para poner fin al terror y la muerte, sino también para preparar el terreno de la normalización social y de la convivencia ciudadana.

Sencillamente le pido, por favor, que sopese detenidamente mi propuesta aunque, de entrada, le parezca chocante. Me parecería sumamente importante que perdone a los verdugos o carceleros, que hayan sido culpables de su situación, y que les haga llegar su perdón, sin que ello, claro está, les exima de cumplir con la condena recibida. Creo firmemente que es el mayor castigo que usted le pueda infligir. Esto lo manifestó hace años, cuando los sandinistas llegaron al poder en Nicaragua, el comandante que fue su primer ministro del interior. Lo primero que hizo al asumir el cargo fue perdonar al somocista que había asesinado a su mujer. Explicó que era el mejor castigo que había encontrado para él.

Ese perdón puede ayudar a cauterizar heridas. Para su verdugo puede resultar un castigo sanante porque, aunque no dé muestras de ello en su exterior y diga que eso no le importa, no le va a quedar otra que sentir que todas las brutales  actuaciones que ha cometido o en las que ha colaborado, han sido absurdas e inútiles y su vida un fracaso. Se tendrá que mirar a sí mismo para soportar que solamente habrán servido para sembrar dolor, destrucción y muerte, entre ellas la suya propia y las de los suyos. Al mismo tiempo, sería un castigo para aquellos que les habían jaleado porque les forzaría a reconocer que por ahí no hay salida para nadie y que también participaban de esa causa sin sentido.


Desde la otra parte, me he atrevido hacerle esta sugerencia porque, me da la impresión, hay colectivos de víctimas que detrás de las exigencias de justicia están pidiendo venganza. De esa forma se sigue dando alas a los que no quieren reconocer sus errores y sus horrores, y eso se está viendo actualmente con la utilización que está haciendo de la dichosa excarcelación. La venganza resulta ser al final un boomerang imposible de controlar. El verdugo puede vivir esa venganza como una agresión que le reafirma en sus convicciones y le sigue aportando razones para dar validez a lo que hizo. Y es que la venganza en vez de cauterizar cronifica y deja abierta las heridas, tanto las suyas como las de ellos. Este tipo de heridas se mantiene abiertas y supuran odio. El odio se puede extender por generaciones y así no se puede llegar a una convivencia ciudadana normalizada, que es lo que más necesitamos en momentos difíciles como éstos y lo que se merecen que les dejemos de herencia las nuevas generaciones.


Por todo ello es por lo que me he atrevido a hacerle esta sugerencia. En este país se han tenido que hacer otras reconciliaciones y, aunque hayan sido más o menos dolorosas, han resultado positivas para el bien de la mayoría. Creo que ahora es el momento de ir preparando el camino de ésta que nos ocupa. A pesar de que sepamos todos que la consecución va para largo, es imprescindible empeñarnos todos en que no sea imposible.


Gracias por su atención.


miércoles, 29 de agosto de 2012

CABO BILLANO, paisajes y recuerdos

En uno de estos días de verano nos decidimos, María y yo, a pasar el día perdidos por alguno de los parajes de nuestra Bizkaia. Elegimos dar un buen paseo por la zona de Gorliz y completarlo con el correspondiente chapuzón en la playa, aunque acabamos en el muelle de Astondo. Elegimos subir al faro de cabo Billano y regresar bordeando los acantilados. Un paseo precioso del que doy fe en el gif que adjunto. Después de llegar al faro bajamos a ver las ruinas y los restos de las baterías de costa que usaron en la guerra para defender la entrada del puerto de Bilbao de los ataques del Canarias y de las fuerzas navales franquistas. A la vez protegían a los bou. Aquellos bacaladeros disfrazados de barcos de guerra con unos cañoncitos y tripulados por unos marinos intrépidos capaces de jugarse la vida y dispuestos a hacerle al enemigo las jugarretas más inimaginables, siempre al borde de lo imposible.Dieron una lección de pundonor, de valentía, de saber marinero, pero, sobre todo. demostraron que creían en una causa y estaban dispuestos a todo por ella.

Contemplando aquel pedazo de cañón, mejor dicho, sus restos oxidados y maquillados por los grafitis, recorriendo las galerías del bunker  que conectaban las baterías entre sí y viendo las oficinas de mando, me ha dado por pensar en aquellos gudaris que se jugaron todo por su causa. Suelen resultar peligrosas esas causas que implican perder la vida en su empeño. Puede que aquella fuese muy clara, o todo o nada, si pasan estamos perdidos. Sin embargo hoy en día nos estamos acostumbrando a otras causas de tipo fundamentalista, misticoides o similares en las que también se juega la vida, propia o ajena, de forma real o simbólica. Y es que toda causa que merezca la pena puede que nos cueste esfuerzo, renuncias e, incluso,sufrimiento pero tiene que ser para dar más vida no para truncarla o para quitarla. 

martes, 7 de agosto de 2012

EL PUENTE COLGANTE DE BIZKAIA

A falta de salidas montañeras quiero traer hoy otro magnífico paseo que recomiendo a paisanos y foraneos. A finales de julio María y yo nos decidimos por fin a subir a la pasarela superior del Puente Colgante y pasar andando desde Portugalete hasta Las Arenas. Fue una experiencia muy interesante por el magnífico espectáculo que se disfruta y por lo seguro que es el paseo. Para mí supuso también una vuelta a mi infancia y recordar cómo funcionaba entonces. Hoy traigo a mi blog una selección de las fotos que sacó María en forma de gif. Ya llevo varias veces explayándome con consideraciones sesudas y en esta toca paisaje.


¿Qué estamos haciendo?

¿Su hija sale así de casa?
El sábado pasado, según bajaba hacia el polideportivo para mi sesión de natación, me fui cruzando con varios grupos de quinceañeras ataviadas para fin de semana, con ademanes ad hoc y en dirección a los lugares habituales de botellón. Algunas se tambaleaban sobre unos tacones kilométricos lo que colaboraba a hacer más grotesca su imagen. Otras iban hablando a gritos entre risas histéricas o pegando voces a móvil diminuto. Iban, eso sí, pintadas hasta las orejas y la gran mayoría se tapaban algo con unas minifaldas tan minis que se podía ver perfectamente el tanga, y lo que éste no puede tapar, al mínimo movimiento.

Para mí no se trata de moralizar o de echar discursos apocalípticos sobre a dónde vamos a parar, esta juventud podrida... y cosas así. Sin embargo, dentro de mi perplejidad, me asaltan un montón de preguntas. Por ejemplo, ¿Qué necesidad tienen estas adolescentes de disfrazarse de putas baratas y de ponerse de alcohol, o de lo que sea, hasta la vomitona para decir que se lo han pasado bomba? ¿No les hemos transmitido nada más interesante y sano para que creen su forma de divertirse? ¿Si no se lo ha transmitido la familia, dónde lo han aprendido? ¿No pueden las familias contrarrestar esos otros transmisores invisibles de su medio ambiente? ¿Quién les ha comprado semejante vestimenta o les ha dado dinero sin mirar en qué lo gastaban? ¿Les han visto salir de casa con esas pintas o han mirado para otra parte por aquello de la paz en casa, mejor no tener una bronca? ¿Igual les han dicho que van rompedoras y cosas así? ¿Podemos considerar estos fenómenos como indicadores del nivel cultural y de buenas notas de una parte considerable de nuestros jóvenes? Y suma y sigue poniendo preguntas.
¿Sabe si su hija cuelga cosas así en internet?

Es muy fácil argumentar que cabezas locas las ha habido y las habrá siempre y en todas partes, pero creo que estas cabezas locas a las que me refiero van bastante más allá de lo anecdótico, tanto por su cantidad como por lo que se ve en los mundillos juveniles. Las considero como alarmas rojas que nos están saltando a la cara y nos están avisando de que algo no hemos hecho bien, porque las nuevas generaciones, como todas las anteriores, son en parte muy importante producto de las que les han antecedido. Si la familia ya no educa porque se ve superada, si la docencia ya no sirve para educar porque cada día se minusvalora más al profesorado, si las iglesias tampoco lo pueden hacer porque cada vez son menos los feligreses, si a los que dirigen la política solo les importa  la educación como un tema más de su programa electoral... ¿Quién educa entonces? ¿Se educan los menores entre sí o viven en un mundo irreal manipulados por todo un sistema endiablado? ¿Es válido permitir que ahora los jóvenes vivan en la inconsciencia más absoluta porque luego ya tendrán tiempo de ... ? ¿Quién les está preparando para ser conscientes de todo lo que les viene encima y para que tengan una preparación que les capacite para afrontarlo? Sinceramente, veo que esto pinta cada vez peor y muy de prisa. De ahí mi pregunta inicial que viene a ser como echarse las  manos a la cabeza diciendo "Dios mío ¿Qué estamos haciendo?"

viernes, 3 de agosto de 2012

..y luego, qué?

He oído por la radio una estadística curiosa que me ha llamado la atención. Parece ser que entre los jóvenes de hoy cada vez son más los que declaran que no quieren tener hijos. Me ha parecido graciosa porque me muevo en unos ambientes en los que tienen hijos precisamente aquellos que nos los han buscado, o sea los padres y madres adolescentes, y, por lo que yo conozco, son unos cuantos. Me temo que esos peques van a depender más de las abuelas que de las madres, si tienen suerte. En realidad me ha llamado la atención por lo grave que me parece y porque considero una simpleza que la noticia se  relacione exclusivamente con la crisis actual. Ante las dificultades económicas que se prevén, lo difícil que está el trabajo y no hablemos de la vivienda, el personal joven se ve obligado a sobrevivir ya sea al amparo de sus progenitores, ya sea en plan de la exigua autonomía que permite el mileurismo imperante. No niego que ésta sea una razón de peso, pero por muy fuerte que sea la crisis no creo que suponga el cataclismo final. Hubo otras generaciones que pasaron una posguerra de familias destrozadas, de miseria y de hambre y aquí estamos nosotros.

Me parece que en el fondo de esta cuestión hay otros factores añadidos que se ocultan tras la magnitud evidente del problema económico. Por una parte, intuyo que está el imaginario que ha podido quedar en esta generaciones de lo que supone criar a un hijo y, no digamos a una hija. Son generaciones provenientes del que no les falte de nada, de nadar entre regalos y juguetes, de pedir por esa boquita y que no dé más guerra. Lógicamente no han podido dar aún el paso de la sociedad del gasto a la situación actual que no deja otra alternativa que apretarse el cinturón y medir el céntimo. Tiene que ser impensable para estos jóvenes pretender criar a los hijos actuales con el mismo  nivel de gasto que tuvieron ellos. Y, si se decidieran a hacerlo, conllevaría otra dificultad añadida, que si tienen hijos no les quedaría otra que renunciar a su ritmo y a su nivel de vida, cosa difícil de encontrar en estos mementos ya que lo de las renuncias en entran en las categorías habituales de sus ambientes.

Por si esto fuera poco, creo que no descubro el Mediterráneo si señalo otro factor muy extendido en los adultos jóvenes o jóvenes sin más. Existe un miedo acerbo al esfuerzo y al compromiso o, como suele decirse, nadie se quiere atar o pringar. Claro que en el plan en que se establecen las relaciones hoy en día es fácil romper o deshacerse de la otra parte de la pareja, sobre todo si se ha optado por lazos de conveniencia o de simple a ver qué pasa. Sin embargo un hijo es para siempre y eso se piensa más de dos veces, si es que se trata de alguien acostumbrado a pensar. 


Lo que no se tiene en cuenta son las consecuencias que se pueden ir acumulando a raíz de decisiones propiciadas por este contexto o cultura. Con el paso inexorable del tiempo empiezan a hacer su mella la soledad o el hastío que  provocan manías, rarezas... a los que se intenta camuflar con discursos ideológicos y con costumbres mas o menos extravagantes. A un nivel social ya se empieza a notar que se va mermando el relevo generacional, lo que implica falta de vida, envejecimiento de la sociedad y, siendo egoístas, hasta escasez de quien cotice en el futuro para poder cobrar la jubilación. Es una pena que por miedo al esfuerzo o a la responsabilidad se renuncie a tener hijos porque solamente se tienen en cuenta  los que esa cultura de hoy considera aspectos negativos. Así se renuncia también a toda la vitalidad y a las alegrías que nos aporta sentir una nueva vida que crece y al sentido que pueden dar a nuestra vida, aunque, a veces, tengamos ganas de tirarlos por la ventana.

martes, 17 de julio de 2012

Del recio acero vizcaíno

Antiguas oficinas de AHV donde trabajó
Hoy he asistido al funeral de un tío segundo mío. Angel Mª Nieva Agirregomezkorta. Un hombre cabal de los pies a la cabeza, que hacía honor a aquella definición que hizo Cervantes de los vizcaínos: corto en palabras pero largo en hechos. Algunos no han nacido para predicar pero sí para dar trigo y Angel dejó un granero bien nutrido. Para mí ha sido de esas personas a las que me gustaría parecerme, aunque nunca podría ser como él en muchos aspectos, porque pertenece a ese grupo de imprescindibles sin los que el mundo sería aún peor. Como educador que soy y metido en programas para evitar los fracasos y los abandonos escolares, siempre me ha preocupado que personas de su talla humana pasen inadvertidas a no ser para los más cercanos. Han sido un regalo de la vida, pero la historia, o los que la escriben, no les hacen justicia porque ni han declarado guerras, ni han sido millonarios, ni afamados artistas o deportistas.... Hoy en día el ideario de la mayor parte de los menores y de sus progenitores está lleno principalmente de este tipo de figuras o, simplemente, de las que salen en la tele. Sin embargo, lo que más necesitamos aquí es que entre las nuevas generaciones surjan descendientes que recojan el testigo del temple y del espíritu de Angel, aunque no sean de su sangre. 

Era una persona que no ponía por medio en sus relaciones el color político de los demás ni sus creencias. Siempre le he conocido trabajando incansable incluso después de haber sufrido las operaciones de corazón. Me llamaba la atención el detalle que ponía en todo y su paciencia para soportar las dificultades que se le planteasen. Tenía la manía de querer mejorar todo, aunque lo hubiese hecho él mismo, de hacer cosas nuevas donde hiciera falta. Siempre he admirado su gran sentido de la solidaridad, porque estaba dispuesto en cualquier momento para ayudar a todos los que viese con necesidad o para colaborar con las organizaciones  o asociaciones dedicadas a la promoción de los necesitados. Creo, además, que su familia va a notar profundamente su ausencia, aunque ya preveían el final. Formaba con Ana Mª una pareja inseparable y era todo atenciones con sus hijos y con sus nietos. En su parroquia le han llorado tanto como en su familia por su colaboración, por su dedicación incondicional y  por el espíritu que transmitía. Mira por dónde él hacía bueno aquello de que a la Iglesia no hay que darle dinero, porque uno de sus principales afanes era conseguir la autofinanciación de la parroquia.


Visto desde ahora, me parece que la vida y los actos de Angel Mª resultan un compendio de buena gente, solidaria, disponible, trabajadora, creativa, constante, paciente, respetuosa, cariñosa... Todo ello aliñado con una sencillez sorprendente y con una fe profundamente arraigada. Supongo que sus defectos y sus manías, como las de cualquier mortal, quedarán encerrados en el escobero de su casa hasta que desparezcan debajo del polvo del olvido. Al asistir a su funeral me ha quedado la impresión de que nos estaba pidiendo que esos granos que atesoró no queden sin germinar. Por mi parte, me gustaría llegar, en lo que me quede de vida, al nivel del listón que dejó, lo que resulta ser un desafío fuerte, de esos que nos impulsan a seguir creciendo  en lo que importa, aunque físicamente no nos toque ya más que decrecer. Habrá que ponerse a ello.

miércoles, 11 de julio de 2012

Teología rupestre

Hemos estado María y yo visitando la cueva de Monte Castillo en Puente Viesgo. Una cueva como otras tantas con sus figuras caprichosas de estalactitas y estalagmitas, con columnas impresionantes y figuras retorcidas. Pero ésta tiene un tesoro, para mí al menos, incalculable, sus pinturas rupestres. Algunas son del magdaleniense, tienen solo(!!) 12.000 años. Las del fondo de la cueva datan de 43.000 años atrás. Para llegar hasta esa sala santuario, como la llaman los guías, ahora se baja por pasillos señalizados e iluminados con escaleritas y pasadizos preparados. En aquella época solamente los iniciados podrían conocer los intrincados pasos, algunos a rastras, que daban acceso a las zonas reservadas y con la sola iluminación de antorchas u otros artilugios de luz fabricados con grasa de animales. En ellas nos han dejado pinturas que son símbolos de algo que nosotros no podemos llegar a descifrar, pero que ese algo resultaba ser vital para ellos.


Nos cuentan también que era habitual en toda esta época que se celebraran reuniones en estas salas. No sabemos si eran rituales u organizativas, o de otro tipo, pero se daban en los lugares donde estaban las pinturas. Las que teníamos delante eran las típicas manos en negativo, los bisontes en diversas posturas y aprovechando las formas de las rocas y, lo que parece que nunca falta en lugares similares a éste, unos signos abstractos que, según nos explicaban, suelen ser identificativos de cada grupo. No nos dejaron ver el dibujo del mamut, por razones de conservación, que estaba al fondo de un intrincado pasillo plagado de puntos continuos. Reconozco que me sentí muy impresionado viendo los autógrafos de aquellos antepasados de la época de la glaciación y, más aún, por las respuestas que nunca se sabrán responder por más que se especule sobre ellas ¿Qué buscaban detrás de esos dibujos? ¿Podrían ser figuras totémicas para proyectar en ellas su deseo de ser fuertes y combativos como el bisonte, rápidos y ágiles como los caballos o poderosos como el mamut? Según el guía explicó, parece ser que los dibujos no tienen nada que ver con las necesidades básicas de alimentación o vestido, o sea, que son simbólicas y, por tanto, responden a otras necesidades típicas de los humanos, en este caso de los homo sapiens sapiens.


Me he quedado dando vueltas a esos símbolos, tanto de los animales como de las manos. Creo que recogen unos elementos básicos para entender al ser humano más allá de la época en la que le haya tocado vivir.  Ante todo necesita una referencia básica que le aporte una identidad y que le ayude a encontrar un sitio y un sentido a su vida. Al mismo tiempo en ellos se refleja la necesidad de poder compartir la vida con otros seres humanos sintiéndose unidos por lazos profundos. La soledad hoy en día puede suponer una muerte en vida pero entonces suponía la muerte sin más. En un paso más, también encontramos que queda patente la compenetración con los demás seres vivientes y con la naturaleza, por muy adversa que creamos que era para aquellos moradores, vista desde nuestra era. Hay otro dato que no quiero pasar por alto. El hecho de que estas cámaras ocultas se encuentren en lo más profundo e intrincado de la cueva puede hacernos comprender que el ser humano necesita espacios íntimos aislados de la vorágine y el trajín del día a día. Necesita encontrarse recogido en un seno más profundo en el que se encuentre a sí mismo y en el que pueda expresar sus sentires más íntimos.


Quizás se haya reducido el inicio de las religiones o de las creencias a la necesidad que el ser humano ha tenido de siempre de defenderse de las fuerzas que no entiende o no domina, recurriendo a seres supremos más o menos objetivados. En realidad el encontrar sentido a la propia vida, el sentirse unido y solidario con los semejantes, el entenderse una parte de la naturaleza y de todos los seres vivos, el ser capaz de ir más allá de los propios límites y crear vidas nuevas... eso sí que son las necesidades a las que se tiene que dar respuesta desde las religiones, los humanismos o las creencias populares. Puede que en estos momentos estas cuestiones sirvan a la vez de banco de prueba para verificar si éstas proporcionan repuestas a este tipo de necesidades profundas del ser humano, sea creyente o no, o si se mueven en otras esferas de poder o de supersticiones. Y, por otra parte, tendríamos que preguntarnos si el nivel de bienestar o de felicidad de estos antepasados era inferior al nuestro, solo porque estamos más desarrollados o tenemos más recursos para dominar la naturaleza.



lunes, 25 de junio de 2012

Ya quedan pocas

De un tiempo a esta parte he cambiado de piscina y bajo al polideportivo de Lasesarre a nadar. En la parte que da a la calle Murrieta pusieron de adorno unos abedules formando matas de tres en tres y haciendo como tiestos en medio de la acera que es muy amplia. Han logrado un efecto muy curioso porque no han podado las ramas bajas, como se hace ordinariamente para que no molesten a los viandantes, y así parece que te sumerges en un bosquecillo según vas andando. Es como si se crease un "microambiente" porque se pierde por un momento la visión del resto de la calle.

Al abrigo de una de estas matas de abedules he observado en los días de sol a un grupito de comadres que, estratégicamente situadas, se resguardan del sol, se ocultan a las miradas de los viandantes o de los vecinos y buscan la fresca del airecillo que viene de la ría del Galindo. Todo un cuadro que puede transportarnos, al menos a mí, a los portales del sur o a los tiempos de mi infancia cuando se vivía en la calle tanto como en casa. Allí están, siempre las mismas, unas buenas damas entradas en años ya y en carnes. Sentadas en sus sillas desplegables de camping o de playa, cada una está a su labor y todas a la misma charla, que transcurre monocorde y tranquila. Solamente despegan la vista de las agujas para hacer que recuerdan algo o para fijarse en alguien que les ha saludado. Una buena manera de echar la tarde, mientras se hacen labores y se toma el aire en lo mejor del sol, se pasa revista a  los acontecimientos, a los dimes y diretes de la tele, o del vecindario, o de la familia y de todo aquello que se prevea que va a suceder porque ellas ya han visto mucho y han vivido más y se lo ven venir casi todo.
La tertulia en la plaza en los años 70

A mí esta escena, además de transportarme, me enternece. Estas mujeres no han nacido aquí y aún no han perdido el deje de su tierra. Llegaron en su día a buscar un futuro para ellas y para sus hijos. Tuvieron que montar una familia de la nada a base de trabajar de lo que fuera necesario además de lo que el marido pudiera sacar. Ahora ya no tienen obligaciones y hacen lo que les gusta y lo que saben hacer. Con esas cosas sencillas saben disfrutar de su tiempo, de sus amistades y, además, conservan esas costumbres antiguas que irán desapareciendo al mismo ritmo que ellas. Toda una lección para los excesos de hoy en día. Yo las miro con disimulo pero con la conciencia y la inquietud de ser testigo de un vestigio que se apaga y que fue el modus vivendi de aquellas generaciones anteriores que, procedentes de todos  los puntos cardinales de la península, formaron el mosaico policromado del Barakaldo de mi infancia.

martes, 19 de junio de 2012

Las religiones, ni conmigo ni sin mí!

En Quintanilla, con eso del Corpus, ha habido una primera comunión. Es una población minúscula en un pequeño municipio de las Merindades, en la que una minúscula niña se ha sentido más grande y más importante que nunca y, a la vez, centro de atención no solo de su familia sino del entorno, porque la celebración que más abunda en esos andurriales es la de los funerales. Por una vez en cuatro años hay una primera comunión, una vida nueva que viene por detrás y eso hay que celebrarlo por todo lo alto, una vez más a través de una disculpa religiosa. Las religiones han servido hasta hoy para muchas cosas, aunque no creo que sean las que teóricamente les correspondan como propias. Nos han acompañado desde nuestro nacimiento, con la cosa del bautismo nos recibió y reconoció la familia. Luego ha ido marcando la mayoría de edad, ha sacralizado el carácter de los enlaces matrimoniales para asegurar su consistencia y aún hoy sirve, cómo no, para decir el último adiós con cierta dignidad y reconocimiento a los que nos dejan. 


Todas estas celebraciones se podrían hacer fuera del contexto religioso. Sin embargo, son minoría los que no celebran el funeral de los familiares en la iglesia o los que se atreven a que sus hijos se queden sin bautismo o sin primera comunión por muy ateos que se proclamen. En otro orden de cosas, las religiones también han servido para transmitir cultura y enseñanza, para iniciar los servicios sanitarios a la población más desfavorecida, para promocionar a pueblos del tercer mundo... Claro que en las sociedades actuales todos estos servicios se han ido asumiendo como obligaciones de los estados y, a la vez, se han ido formando asociaciones laicas, fundaciones y ONGs que están asumiendo las tareas de promover la solidaridad y gestionar los fondos de promoción. Sin embargo, aún hoy en día hay pueblos y naciones enteras para los que una determinada religión es una seña más de su identidad nacional. En otros la cosa va más lejos, la religión rige el funcionamiento social y político, aunque a nosotros los occidentales nos parezca propio del medioevo. También hay que contar la otra cara de la moneda. Las religiones han servido para justificar guerras y han cometido verdaderas atrocidades e incluso genocidios en nombre de sus creencias. Han estado también al servicio de los poderosos y han frenado el progreso en más de un época.


 En realidad todas estas funciones sociales y políticas del carácter que sean, a mi modo de entender, no son la misión auténtica de las religiones. Detrás de todas ellas se ha quedado la función fundamental tapada, desvirtuada y, no pocas veces, perseguida por las jerarquías dominantes. Todas las corrientes laicistas y el creciente número de agnósticos de la sociedad actual puede que estén haciendo un gran favor a las religiones, porque poco a poco les van a ir desmontando su tenderete y su poder. En la medida en se queden desnudas sin poder y sin influencias sociales, cuando ya no pinten nada sus proclamas dogmáticas y sus imposiciones morales, puede que se encuentren en mejor situación para realizar la misión que las da sentido: ofrecer a la persona humana un sentido para su vida y para su muerte, hacerle sentir parte de la creación y agente creador de más vida dentro de ella, compartir la propia vida con los demás seres como iguales y sentir la plenitud del amor. Será entonces cuando tenga sentido decir Dios, Alá, Yahveh, El Gran Espíritu... o simplemente la madre Naturaleza.