domingo, 13 de noviembre de 2022

Un país para viejos

 


Cada día se me acrecienta más y más la sensación de que vivimos en una sociedad de personas mayores, que, a marchas forzadas, se está adecuando preferentemente para dar solución a las demandas de vida que este colectivo, amplio y variopinto, necesita. Es ya algo de lo más habitual entre conocidos o familiares que llevan tiempo sin verse la pregunta del millón: "cuánto te queda para jubilarte". En realidad estamos dibujando una pirámide invertida en el tema de población. Cada vez aumenta el número de personas mayores de sesentaicinco años y los nacimientos están alarmantemente a la baja. Es sintomático el dato de que hay municipios donde es mayor el número de perros que el de niños. Y si este descenso no llega a ser más grave, es gracias a las familias inmigrantes, porque ellas traen prole y siguen procreando cuando se asientan aquí. 


El colectivo de jubilados y pensionistas somos, a la vez, un nicho de empleo sobre todo para las mujeres inmigrantes. Ejercen de asistentes domésticas y de cuidadoras de personas enfermas, impedidas o en la última fase de la vida, cuando necesitan atención continua y la familia no da para cubrir el cuidado que precisan -o le echan mucho morro y se lavan las manos-. A pesar de la absurda y trasnochada ley de extranjería, hay un número cada vez mayor de inmigrantes que trabajan con contrato y cotizando o como autónomos, lo que es un dato positivo para garantizar el cobro de las pensiones. Mira por dónde va a resultar que somos los más beneficiados por la inmigración, aunque aún haya sentimientos xenófobos en algunos sectores de la población o partidos que los quieren echar a patadas.


En esta sociedad volcada con los mayores han surgido como setas infinidad de iniciativas sociales, culturales y deportivas para mantener activa a la población de mayores, con iniciativas de diversas instituciones públicas, religiosas y privadas. Se les ofrece un paleta variada de voluntariado para que pongan al servicio de la sociedad los valores, la experiencia laboral o cultural acumulada en su vida activa o la colaboración para cubrir espacios donde lo público no llega. Aun quedan también, gracias a Dios, los sindicalistas incombustibles que siguen peleando por unas pensiones dignas para todos o asociaciones para la dignidad de las residencias y otras tantas reivindicaciones. 


Es abrumadora la cantidad de iniciativas puestas en marcha por ayuntamientos, Osakidetza, centros de mayores... para juntarse y caminar a todos los niveles, desde pasear por los parques hasta hacer monte. A estas hay que añadir la proliferación de clases de yoga, pilates, taychi o las ofertas para gimnasios. También hay una oferta amplia de talleres artísticos, de conferencias de todo tipo, de conciertos y de diversas iniciativas culturales. A parte de la importancia económica y social que está cobrando todo el tema del turismo social del Imserso, cada vez se ofertan más viajes para mayores desde las empresas turísticas. Por otra parte, parece que se quiera incentivar el compaginar algún trabajo con la pensión, ofreciendo algunas mejoras. El caso es que, lo que pretenden desde todos los ángulos de la sociedad, consiste en tenernos activos física, cultural, social y mentalmente. Es lo que se llama una vida saludable, digna y gratificante. 


A pesar de todas estas movidas aún queda una generación que no ha sabido salir de un concepto pasivo del disfrute de la jubilación. La mayoría de ellos son personas, sobre todo varones, que vinieron de una ambiente rural a buscar trabajo, vivieron por y para trabajar; dejaron de trabajar y ya está: sentadita en el parque con un mínimo paseo, unos vinos y a comer, siesta, partida y sofá con tele si hace mal tiempo. A ver quién les saca de ahí, porque cuando pueden ir a sus pueblos de procedencia no deben cambiar en nada su régimen de vida. Así que luego todas las dolencias se arreglan con una farmacia en casa. Este perfil suele coincidir con niveles bajos de cultura y, por si fuera  poco, con pensiones poco o nada dignas.


Aún así, por lo que estamos viendo, es muy frecuente que en la medida que el tiempo va dejando atrás inexorablemente  dígitos, aumenta la necesidad de sillas de ruedas, de atenciones especiales, de cajas de recetas, de cabezas perdidas... Y es que, mientras lo vemos desde ahora, es fácil decir yo no quiero llegar ahí, pero ninguno está libre del instinto de agarrarse a la vida a toda costa. Yo tengo hecho el testamento de las voluntades anticipadas y María también lo está haciendo. Han surgido iniciativas en algunos municipios, a parte del protocolo de Osakidetza, para animar a los mayores y para facilitar su tramitación. Me parece interesante intentar librar a  la familia del calvario de no poder hacer su vida a costa de tener que cuidarnos, máxime cuando se ha perdido la cabeza del todo y ya ni siquiera se les conoce.

Personalmente suelo decir que no puedo quejarme. Estoy bien de salud y sigo activo en todas las facetas de la vida, al igual que María. Eso sí, el espejo no engaña y poco a poco nos va costando reconocernos como los demás nos ven y no como la imagen que guardamos de nosotros mismos. Sin embargo, tengo unos sentimientos divididos. Algo me incomoda por dentro al contemplar esta sociedad de mayores y para mayores. He pasado la mayor parte de mi vida dedicándome a los adolescentes y a los jóvenes y echo de menos una presencia mayor tanto de ellos como de niños. Para remate, cada vez se escucha desde diversas instancias que las próximas generaciones van a tener unas condiciones de vida inferiores a las nuestras. No me gustaría tener que terminar mis días en una sociedad triste, envuelta en desgracias e injusticias, viendo impotente que ni siquiera los pocos  que vienen detrás van a tener buenas perspectivas para su futuro. Pero, nos guste o no, nos ha tocado vivir la última fase de la vida en un país para viejos y no queda otra. Así que al mal tiempo, buena cara.

miércoles, 9 de noviembre de 2022

Lunes de senderismo 10

 


El pasado lunes día 7 tuvimos una salida que siempre suscita mucha expectativa: Lekeitio recorriendo la senda que acompaña al río Lea. Pero, como pasa siempre, lo que más se desea lleva consigo alguna dificultad, algún esfuerzo o, cuando no, un mal trago: un viaje de bus que se antoja interminable con incontables curvas, revueltas, subidas y bajadas ¡Qué bien hizo Emilio quedándose en casa! Al menos sirvió para que el personal descubriese la gran producción de kiwis de la zona de Arrazua. Estuvimos atentos al ordenador de a bordo para anticiparnos a la llegada y acertamos con la parada. Al bajar todo fue comentar lo mal que se sentía el personal y se veía que la mayoría andábamos como patos mareados. Para rematarlo el inicio del camino estaba totalmente embarrado porque había servido de depósito de troncos y ya se sabe cómo dejan los camiones el suelo. Así que comenzamos caminando como buenamente podíamos sobre restos de cortezas y ramas de pinos para no dejar el calzado sucio desde el principio.


El primer espectáculo que se nos ofrecía era el viejo molino y la primera de las presas de las muchas que jalonan el recorrido del río. La pequeña cascada que formaba daba una sensación de ambiente umbroso, que luego siguió presente a los largo de la primera parte de la marcha. A pesar de que era un día  en que se había anunciado subida de temperaturas, no nos quitamos las prendas de abrigo hasta bien entrada la mañana. A poco paramos a comer algo en unas ruinas de un molino que tiene una minúscula área de descanso. Llevábamos poco tiempo andando, pero era ya tarde y habíamos desayunado pronto. La forma de la senda ayudaba a caminar con soltura y el grupo se fue estirando progresivamente. Esta vez hemos aprobado la asignatura de esperar en los cruces para que los de atrás no se pierdan. En una de esas paradas, además de sacar las típicas fotos acompañadas de burritos, algunas empapuzaron a un simpático poni con los pellejos de los plátanos que habían servido de hamaiketako. De todos modos descubrimos que la senda está muy bien señalizada, cosa que no recordaba de la vez anterior que la hicimos, y por partida doble, porque coincide con las señales de un GR y en el tramo final con las de un PR.


En la medida que nos acercábamos a Lekeitio los espacios se fueron abriendo y el recorrido pasa acompañando o cruzando tramos de carretera. Aquí ya, con la presencia del sol, nos fuimos despojando de las primeras capas de la cebolla. Al poco pudimos observar que el agua comenzaba a ir hacia arriba, lo que indicaba que habíamos llegado a la zona de ría previa a la desembocadura. Y ahí llegaron unas empinadas subidas y bajadas que hicieron resoplar a más de uno y de una. Pasamos por el almacén o dormitorio al aire libre de las barcazas usadas en los gansos de los sanantolines, esperando a las fiestas del próximo año. La llegada al final con la marea subiendo, el espacio abierto marcado por los muros del molino de mareas resulta espectacular. Además salíamos de un recorrido encajonado y umbrío, en su mayor parte, y de repente llegábamos a ese espacio tan amplio iluminado con la luz del mediodía. El personal se dedicó a hacer todo tipo de fotos, hasta que conseguimos que nos juntáramos al lado del edificio del molino para la foto oficial.


Pero ese no fue el mejor espectáculo. Al entrar en Lekeitio nos encontramos con un Cantábrico embravecido. Las olas entraban enroscadas en la arena de la playa y rompían al fondo, saltando por encima del muelle. Un regalo de postal para el final del recorrido. Los que optamos por no quedarnos a comer tuvimos que añadir otra cuesta a paso ligero y unas carrerillas por las callejas del casco viejo del pueblo para no perder el bus. Andábamos preocupados por la huelga del transporte, pero, tanto nosotros como los de la comida, tuvimos suerte porque los de esas horas eran servicios mínimos. El de vuelta ponía por autopista pero hasta que llegó a Durango... O sea, que esta es una salida con más tiempo en bus que andando, pero la disfrutamos un montón.



viernes, 4 de noviembre de 2022

Queipo de Llano

 


Hoy he desayunado con una excelente noticia: se han exhumado los restos del carnicero de Andalucía, general Queipo de Llano, de la basílica de la Macarena, en cuyos muros aún se pueden ver los agujeros de los proyectiles de los fusilamientos. Ya era hora. A Mola y a Sanjurjo ya les habían sacado del mausoleo de Pamplona y a Franco del valle de Cuelgamuros. Por fin  ha llegado el momento de hacer justicia a las miles de familias andaluzas que tienen a alguno de sus antepasados en la lista de las atrocidades de este genocida, muchos incluso sin poder localizar sus restos. Ya era hora también de que la iglesia española vaya cerrando el capítulo de colaboración con el franquismo o del nacionalcatolicismo que tanto daño ha hecho a la sociedad española y que ha sido fuente de la mayor parte de la indiferencia religiosa o del desprecio de la religión y de la fe en grandes sectores de la población .


Pero como no hay dicha completa, uno también tiene que escuchar las declaraciones de Vox, que apoyan el recuerdo y el homenaje a este tipo de personajes y solo les falta salir cantando el Cara al sol. Aún más alarmante es escuchar al señor Núñez, jefe de la oposición, que ha prometido suprimir la ley de memoria democrática en cuanto llegue al poder. Solo se le ocurre decir que dejemos a los muertos en paz. Cómo voy a dejar en paz a mi difunto tío Fernando, si ni siquiera sé dónde fue fusilado, y como yo tantas familias más. No se entiende en Europa que, tras un período tan largo de represión y dictadura, aún haya políticos que justifiquen o se pongan de perfil ante los desaparecidos, los símbolos o la pasividad ante manifestaciones propias de aquella época.  


Es preocupante esta negación de la ley de la memoria democrática, no por la ley en sí, que podrá tener su mejoras, sino por lo que supone de peligro de la democracia y del sentido de la justicia. En este momento histórico en que Europa está siendo testigo del auge de la extrema derecha o que en Estados Unidos estén temblando por si reaparece Trump en plan Marzinger Zeta a poner patas arriba todo el sistema o que en Brasil los camioneros o los férvidos de Bolsonaro se crean con más legitimidad que las urnas y quieran echar al presidente elegido antes de haber asumido el cargo, hay que tener cuidado con cualquier gesto o discurso de menosprecio de la democracia, porque no sabemos a dónde nos pueden conducir esos sujetos. Mejor dicho, igual sí nos podemos imaginar, en parte, en dónde podríamos acabar. Según un eminente economista, España es un estado fracasado por culpa de la abrumadora distancia entre los que acumulan mayores riquezas y los más pobres. Si estos partidos llegan al poder comenzarán a suprimir leyes democráticas, sociales y a desmontar el estado de bienestar, con lo que van a conseguir que, en vez de una brecha social, se dé una sima de consecuencias insospechadas para los más desfavorecidos. Como dije en una entrada reciente, estos acabarán siendo como Queipo y sus colegas, pero van a acabar con gran parte de la población no con fusilamientos o bombardeos indiscriminados, sino con un sistema cruel que solo va a propiciar una vida miserable e indigna a la mayor parte de la población con recursos limitados.



martes, 1 de noviembre de 2022

Una jornada de convivencia y senderismo

  El miércoles 26 de octubre disfrutamos de la salida anual en la que el ayuntamiento financia el viaje para que  podamos hacer senderismo más allá de los territorios habituales. Lógicamente compartimos esta jornada los compañeros y compañeras que hacemos las rutas los lunes y los martes. Ha sido uno de esos días en que volvemos a encontrarnos con conocidos de toda la vida, pero que, por la necesidad de haber dividido el grupo global, hemos perdido de vista habitualmente. También estas jornadas resultan interesantes para aquellas personas que se han incorporado recientemente, así pueden tener una visión general del total de senderistas.


A las ocho en punto de la mañana estábamos todos en la parada del bus de Landeta, pero sin bus. Un atasco más grande de lo habitual tenía bloqueada la circulación de la zona en todas las direcciones. Por suerte, nuestro autobús pudo llegar a la parada sin mucho retraso. La entrada resultó un tanto trabada porque cada cual tenía que buscar el número de asiento que aleatoriamente se nos había adjudicado según llegábamos. No se sabe si fue porque los números no estaban muy visibles, o porque no se llevaban las gafas de leer puestas, o porque ya estamos un poco torpes y nos aturrullamos con facilidad o por todo ello junto. En fin, pasados estos primeros momentos un tanto ajetreados, el personal se fue tranquilizando a lo largo del viaje.

Por fin en Suances, aterrizamos en la mismísima playa desde donde parte la senda del Besaya, que era el objetivo de nuestro viaje. Pero... un problema acuciante e irreprimible agitó al personal nada más poner pie en tierra. El baño de la playa no podía dar abasto a semejante afluencia de contenciones en el límite de aguante. Así que un buen número tomó por asalto los baños de los restaurantes colindantes, otros, cautelosamente, buscamos la manera de acceder a los bajos del muelle, aprovechando la marea baja y no faltaron algunas que estuvieron esperando su turno en el baño playero con suma paciencia. 


Una vez resuelto el problema inicial, nos pusimos en marcha. Lo de haber coincidido con la bajamar fue un regalo para la vista y para la sensación de vernos envueltos en el ambiente de la bellísima marisma del Besaya. Los que no la conocíamos quedamos gratamente impresionados. Ciertamente, había sido un acierto haber elegido el recorrido en ese paraje. Al principio, el grupo estuvo compacto, aunque los cabeceros de siempre enchufaron la directa y el grupo se fue alargando, hasta que se consiguió que se pararan para hacer el hamaiketako. Se aprovechó un espacio en el que había un pequeño refugio para la observación de aves y allí nos encontramos con el primer edificio industrial que iba a marcar el paisaje de la segunda parte del recorrido. Uno de los chicos que estaban observando aves nos sacó la foto de grupo, así Enedina y los demás fotógrafos de los grupos pudieron salir, todo un punto.


La segunda parte del recorrido se fue haciendo más pesada por momentos. Habíamos dejado la marisma atrás y caminábamos al borde de la ría con un paisaje lleno de plumones pampeños y restos industriales. El sol ya pegaba más fuerte y la marcha se ralentizaba porque había que hacer paradas para no dejar colgado a Joselu, que anda aún bastante tocado de sus dolencias. Llegados a Torrelavega se planteó una disyuntiva en un cruce, hasta que por fin se tomó la decisión de optar por una dirección única que, desgraciadamente, nos llevó a una encrucijada de la que no sabíamos salir. Algunos comenzaron a caminar por una parte, otros decían que había que cambiar de acera y la mayoría no se movió porque no sabía qué hacer. Así que Patricia tomó la calle de en medio y llamó al conductor. Tardó un buen rato en llegar y otro buen rato en salir de la población, por aquello de las direcciones prohibidas, que le obligaron a dar mil vueltas hasta enfilar la carretera que nos llevaba a Cartes donde nos esperaban para comer. Ya se les había avisado que andábamos con retraso.


Nos sirvieron la comida en el restaurante La Nave, que lo es en efecto, porque está enclavado en un polígono industrial y ocupa una de las naves del mismo. La comida en sí pareció del agrado del personal, aunque, según se comentó, algunas raciones pudieron quedar algo escasas. El servicio fue atento y no se hizo esperar, a pesar de que tenían que hacer continuas bajadas y subidas por las escaleras. ¡Menos mal que eran gente joven y lo llevaron con gallardía! Como estaba previsto, después de comer nos llevaron a Cabezón de la Sal a disfrutar de la joya de la corona de este viaje: el bosque de secuoyas. Un sorprendente paraje por lo inusual de ese tipo de árboles en este territorio. Solo se conocen las secuoyas por haberlas podido ver en algunos jardines de casas de  indianos o de mansiones de potentados del siglo pasado. El personal disfrutó de lo lindo abrazándose a los árboles, contemplando las copas tan altas, sacando todo tipo de fotos, a cual más simpática, y dejándose envolver por una atmósfera especial de calma y de luz queda, como quien se refugia del mundo agitado y adverso con el que tenemos que lidiar cada día. Después vuelta a casa y hasta la próxima ocasión en que podamos disfrutar de jornadas así. 

María ha juntado todas las fotos compartidas en el washapp con las que hizo con su cámara en este vídeo, como recuerdo para todos y todas de este bonito día.




lunes, 31 de octubre de 2022

Lunes senderismo 9

 


La semana pasada tuvimos sesión doble de caminar, dado que al miércoles siguiente íbamos a disfrutar de  la excursión anual conjunta del programa de senderismo municipal. Para el lunes y el martes se había seleccionado un recorrido suave, como por andar en casa, por aquello de no cansar al personal: de Barakaldo al Puerto Viejo de Algorta, pasando el transbordador. Comenzamos en Sta. Teresa y no tuvimos que esperar mucho para arrancar. Acudimos 24, más de los que se esperaba, y pudimos ver también las caras de nuevas incorporaciones. Al llegar a Portugalete se hizo la parada de rigor en el edificio de la antigua estación de ferrocarril, que está dotado de unos baños curiosos. 


Una vez pasado el transbordador, nos dirigimos directamente al 
monumento a Churruca de Las Arenas. Dimos una vuelta al parquecito que hace de muelle para separar la playa de la ría, contemplando el panorama y admirando la cantidad y el tamaño de las lapas que tiene en sus bloques de refuerzo, una buena razón para haber llamado de siempre a ese sitio la mejillonera.  En medio de nuestro buen ambiente paramos a morder algo junto al monumento y antes de reemprender la marcha hicimos la foto de grupo. 

En ese tramo del camino nos fuimos dispersando. Al llegar al puerto viejo se esperó a estar reagrupados. Nos pareció que habíamos andado poco y que era pronto para dar por terminado el asunto. Se barajaron varias opciones. Por una parte los habituales de los restaurantes optaron por reservar plaza en la escuela de hostelería de Santurtzi, así podían darse un paseo antes de comer. La sección Cruces no pasó el transbordador y fue a coger el metro. El resto decidió volver por donde había venido -¡quién dijo cansancio!- y no se resistió a posar en la eterna peineta nervada que está junto a la factoría de la ACB. El tiempo acompañó al principio en una mañana luminosa y espléndida, aunque al final el sol se puso pesado, como ha sido habitual en esta prolongación de verano que estamos padeciendo. Así que todos contentos y cada mochuelo a su olivo.



domingo, 23 de octubre de 2022

25 años de Guggenheim

 

Carta abierta al señor Vidarte


Muy señor mío:

Estamos en plena celebración del 25 aniversario de museo Guggenheim de Bilbao y, como director y representante oficial que es del mismo, deseo felicitarle por la labor que la fundación que dirige en Bilbao ha hecho en pro del desarrollo de la cultura y de la apertura al mundo de nuestro territorio. Siempre fui defensor de esta iniciativa desde un principio, en contra del provincianismo, del papanatismo de no pocos nacionalistas y de la miopía cultural de entidades, políticos y ciudadanos en general que se reían de semejante bilbainada. No faltaron quienes aprovecharon para hacer de él un objeto arrojadizo para lanzar consignas o reivindicaciones de todo tipo, incluso sindicales, contra las autoridades que apoyaron el proyecto. No pudo faltar ETA en la movida ya que intentó reventar la ceremonia de inauguración, y se cargaron al hertzaina que les pilló. Algunos artistas, a los que he respetado de siempre, me sorprendieron con declaraciones un tanto agresivas, de las que uno no sabía si lo pensaban de verdad o es que temían que les ocuparan su territorio. 


Actualmente pertenezco a la familia de amigos del museo y ya que, en una parte mínima, me considero partícipe del desarrollo del mismo, me gustaría hacerle unas consideraciones a raíz de las celebraciones de las bodas de plata del museo con Bilbao. Estoy de acuerdo con las iniciativas y las actividades previstas para la ciudadanía. Me han parecido de lo más apropiadas para favorecer su conocimiento entre los de casa, porque me queda la impresión de que aún lo aprecian más los de fuera. En lo referente a las ceremonias oficiales creo que ha habido una laguna, a mi modo de entender, importante ¿Dónde estaban en ellas tantos trabajadores que estuvieron colgados mientras soldaban, o los que fueron montando desde su imponente esqueleto hasta los que atendieron los últimos detalles? ¿Y los que sufrieron accidentes más o menos importantes? No me consta que hubiera ningún representante de ellos en la recepción, en caso contrario le agradecería me lo indicara.


Se ha dicho que el Guggenheim ha conseguido que  Bilbao resurgiese de sus cenizas como el ave Fenix. El mismo museo no deja de ser fruto de dichas cenizas. Aunque acabábamos de asistir a un desmantelamiento sistemático de la industria, que había siso el sostén y el paisaje de esta tierra, quedaban unos obreros cualificados, un instinto empresarial y un sentido de apostar a lo grande que fueron la base y la garantía de que un proyecto tan arriesgado saliese adelante perfectamente en tiempo y forma. Por mi parte cuento con la amistad de uno de tantos soldadores especializados que trabajaron en su obra y he escuchado en repetidas ocasiones sus recuerdos de aquella experiencia, por lo que también estaba familiarizado con el proceso de construcción del museo. Así pues, le sugiero que haya también alguna recepción que cuente con los de abajo, con los que no figuran en ningún cartel pero, como suele suceder en este mundo, son los imprescindibles para que algo se haga. A la espera de que se tenga en cuenta mi sugerencia le saluda atentamente 

Luisfer

jueves, 20 de octubre de 2022

¿Otegi lehendakari?

 


He de reconocer mi despiste y mi descuido informativo, agravado por mi estancia en agosto en Quintanilla, y es que allí ni los telediarios. Resulta que María me puso hace poco un audio que le había llegado y escuché un discurso lúcido y contundente. Me preguntó si me había gustado y si sabía quién era el que hablaba. Yo me imaginaba que era, por el acento, algún líder sudamericano perteneciente a alguna plataforma ecologista o similar. Me quedé sorprendido cuando me dijo que era el nuevo presidente de Colombia, Gustavo Petro, que había tomado posesión de su cargo en agosto. 

Entramos en internet para saber algo de su personalidad y me quedé gratamente sorprendido. Es una persona con una formación envidiable y con un historial de quitarse el sombrero. Era evidente su compromiso con el pueblo colombiano demostrado en las diversas formas de militancia a lo largo de su vida. Lo que más me ha impresionado ha sido el hecho de que perteneció al M19. Estuvo en la cárcel y fue una persona importante en los tratados de paz.


Es el ejemplo perfecto de lo que se puede pedir en casos de guerrillas o de terrorismo político: que dejen las armas y actúen a través de los procesos democráticos. Y eso es lo que precisamente ha hecho él. Ha movilizado al electorado colombiano con su programa político y ahí está rigiendo la gestión de su país sin renunciar a sus convicciones.  

Este ejemplo me ha sugerido la pregunta que encabeza este texto. Sí, por qué iba a haber algún problema si Otegi fuera elegido lehendakari. Una vez más los tambores de guerra de la caverna mediática redoblarían sin descanso, aireando el pasado etarra de Otegi para condenarle al fuego eterno y, detrás, a los filoetarras que le acompañan e, incluso, a los que le hayan votado. Habría que organizar solemnes actos de desagravio por la grave ignominia que iban a sufrir las víctimas. El PP, por su parte, lanzaría discursos encendidos en los parlamentos, pero por dentro se frotarían las manos porque habrían recuperado uno de sus reclamos electorales más habituales.


El año pasado por estas mismas fechas edité una carta dirigida a Otegi, y a los otros dirigentes de su formación, felicitándole por las declaraciones que hicieron celebrando el décimo aniversario de la desaparición de ETA. En esa ocasión también hice referencia a las repercusiones lamentables que habían tenido por parte de políticos, medios y asociaciones. Se les pedía hechos y, a mi modo de entender, es lo que están respondiendo los dirigentes de Bildu, haciendo política en los parlamentos y en las instituciones en las que participan, desde su programa de izquierdas e independentista. 

Es de destacar el nivel intachable de las intervenciones y de las negociaciones que están llevando a cabo tanto en el parlamento central, como en el apoyo a las medidas sociales que favorecen a las clases sociales desfavorecidas de todo el estado. Un año más tarde de ese aniversario, el señor Núñez y otros dirigentes del partido popular aún siguen escupiendo muletillas como perdigones referentes a ETA y sus alrededores, como si aquí no hubiera pasado nada. El señor Otegi tenía razón: a éstos la convivencia y la normalización política no sólo no les importan, sino que no quieren aceptarla.



miércoles, 12 de octubre de 2022

Lunes de senderismo 8

Decía mi difunto abuelo Pepe que los gitanos no quieren los hijos con buenos principios. Algo de eso nos tocó el lunes diez de octubre. Ya antes de iniciar, nos llevamos la primera sorpresa. Como gente avezada en eso de dejar las cosas preparadas de víspera para no andar corriendo a última hora, habíamos consultado a AEMET: no iba a hacer frío e iba a estar despejado, pero a partir de mediodía habría lluvia. Cuando abro la ventana lo primero que me da en la cara es ver la calle mojada. Caía algo de roña de esa que algunos abren el paraguas y a otros no les molesta. En efecto, fue una mañana de las de abrir y cerrar el paraguas o ponerte y quitarte la capucha o el plástico. Lo espectacular fue que a partir de las doce despejó y acabamos todos en camiseta. Al revés de lo previsto.


El segundo lío lo montamos nosotros solitos cuando bajamos a coger el metro que venía lleno y con el andén petado. Algunas que se habían quedado atrás bajaron por otra escalera y los que formábamos el grupo no las vimos, por lo que optamos por esperar al siguiente metro. Tampoco aparecieron, por lo que me quedé solo, comiéndome los nervios, esperando a las supuestas descarriadas, que habían sido las primeras en llegar a S. Ignacio. Los demás sí cogieron el metro para no hacer esperar a los que habían ido por su cuenta. En fin, que de todos modos estábamos puntuales a las nueve  como habíamos quedado. Me había hecho a la idea de que, después de haber hecho las nuevas incorporaciones al grupo,  habría bastante gente, pero solo nos presentamos dieciséis valientes. Era de suponer que el tiempo había echado para atrás a más de uno o de una, a parte de médicos, lesiones y de las que andan por ahí de viaje. Las circunstancias mandan y eso que los jubilados ya no tenemos obligaciones, como dicen las malas lenguas. 

Al comienzo tuvimos un despiste que nos hizo dudar, pero no hay despiste que no se pueda arreglar con las indicaciones amables de los lugareños. Llegamos a las peñas de Sta. Marina a la hora de hacer la parada. Al pie de las escaleras de subida a la ermita hay un área de descanso, pero lloviendo no daba la oportunidad de quedarse. No hubo nadie que mostrase interés de trepar por aquellas escaleras. Así que optamos por dirigirnos al pórtico de la iglesia. Cuando bajamos hasta el pueblo, nos percatamos de que estaba todo lleno de obras, lo que nos obligaba a dar una vuelta para poder llegar a la entrada del templo. Pero, en frente del hospital, nos topamos con unos bancos que estaban a cubierto y allí nos aposentamos. Al marchar descubrimos que teníamos al lado el acceso al parking del hospital que contaba en la entrada con "alicatados" de verdad.



Cruzamos sin dificultad Urduliz y localizamos el arranque del tramo de bosque que nos iba a llevar hasta Plentzia. Al comienzo nos hicimos la foto de grupo, dado que ya no llovía. El recorrido resultó exigente por ser un poco rompe piernas con bajadas y subidas cortas pero bastante empinadas. Había tramos resbaladizos por la lluvia de la mañana, pero solo tuvimos que lamentar una caída, que no resultó grave, precisamente en la última zona asfaltada. En fin, que los malos principios no pudieron con nuestro humor y tuvimos la oportunidad de conocer sitios que la mayoría no habíamos pisado nunca. Como es de rigor en la despedida, nueve se quedaron a comer y el resto cogimos el metro al vuelo. En el transbordo también hubo suerte, así que no tuvimos que esperar nada.




martes, 11 de octubre de 2022

Sanguinarios

 


Se me revuelven todas las entrañas y me siento incapaz de seguir escuchando o leyendo noticias referentes a los últimos movimientos en la guerra de Ucrania. La perfidia y la sangre fría de Putin y sus cachorros de la KGB está llegando a límites de crueldad que hacen recordar a las peores pesadilla de las SS. Está por ver cuántas fosas llenas de cadáveres faltan por descubrir. Ahora hay que abrir una nueva cuenta de muertos en territorios alejados del frente de batalla. La rabia y la soberbia del Kremlin no ha podido soportar que sus planes militares hayan sido un tremendo fracaso militar y que están suponiendo un auténtica ruina para su país. El tipo de respuesta es antiguo pero no por ello menos cruel: masacrar la población civil y los que no hayan muerto que se encuentren con su hábitat destruido.

Las declaraciones de sus ministros y sus altos mandos llevan una carga de cinismo, de prepotencia y de mentiras que no se las pueden creer ni ellos. Supongo que lo que dicen podrá ser creíble para la parroquia rusa, que tiene la información controlada por ellos, pero lo que no pueden pretender es que tales declaraciones sirvan de justificación para sus desmanes ante el panorama internacional. Una vez más se repite en la historia de Rusia y de las repúblicas colindantes los baños de sangre, desde la crueldad de los zares, las limpiezas de los bolcheviques, el imperialismo soviético y últimamente sus herederos intentando reeditar las grandezas patrias perdidas a golpe de bombardeos.


He hecho el enlace anterior a otra entrada antigua de este blog, porque en ella se habla de los "africanistas": Franco, Mola, Sanjurjo...Generales que fraguaron su carrera en Marruecos. Aplicaban la ley de "tierra quemada", o sea, que arrasaban los poblados y aniquilaban a sus habitantes, así pretendían ahogar los movimientos rebeldes. Esa misma técnica la utilizaron en la guerra civil y, ya antes, en las represiones a las huelgas de los mineros y de los braceros del campo. La mejor manera de que el enemigo no moleste es acabar con todos: fusilamientos masivos y sin juicios previos. Franco y Mola permitieron también que la aviación nazi e italiana hicieran el experimento de utilizar las matanzas de población civil como arma de guerra: Gernika, Durango, las Encartaciones... al igual que en otros sitios de España, como Málaga. Y aún hoy estamos a la espera de que sigan apareciendo tumbas y se puedan recuperar los restos de familiares ejecutados.

 He querido recordar en esta entrada que lo  que estamos viendo hoy allí, hace un par de generaciones se vivió aquí. Pero no solo fue  una cosa del pasado, también aquellos dictadores dejaron su poso y hoy están retoñando sus herederos, no solo en Europa sino también en casa, como quien dice. Hemos tenido que escuchar cómo un grupo de jóvenes, que animaban una fiesta de Vox, cantaban una letra que echaba de menos volver al año 1936: lo que nos faltaba. Todo poder basado en la autarquía necesita la muerte y el terror para sustentarse.


Puede que aquí aún no nos asusten, pero no podemos permitirnos el lujo de perderles de vista, tal como vienen dadas en los países cercanos. Probablemente sus matanzas no sean a base de cañonazos, sino de discriminaciones, de limpiezas étnicas o de aporofobia, pero con unos resultados desastrosos para la población más vulnerable o para los que se atrevan a llevarles la contraria.

miércoles, 5 de octubre de 2022

Justicia...¿ qué justicia?

 


En el día de hoy ha saltado a los medios una noticia que no sabes qué es lo que más te produce: estupor, indignación, perplejidad, cabreo, rabia o una total desconfianza en el sistema judicial. Resulta que el energúmeno que se cargó a su mujer a puñaladas delante de sus hijas de dos y cuatro años y, para rematar la faena, las dejó encerradas junto al cadáver de su madre, va a disfrutar de una rebaja de condena. El tribunal supremo, nada menos, se la ha concedido porque no ve pruebas suficientes de que las niñas hayan sufrido un daño psicológico. No tienen en cuenta que una de ella se quedó sin poder hablar y que ya han tenido veintitantas sesiones de terapia. Han querido justificarlo porque, según argumentan, no queda claro cuál puede ser la causa de ese posible daño. Y a uno se le queda cara de bobo porque no alcanza entender que tan sesudos y estudiados magistrados no son capaces de ver lo que todos los demás vemos, a no ser que no quieran verlo por alguna razón que no alcanzamos a entender. Lo que a la vista está no necesita tantas explicaciones, no creo yo que puedan suponer que unas niñas de tan corta edad estén simulando algo tan grave.

 De lo que sí estoy convencido es que el tal desgraciado ha matado a su mujer a puñaladas y ha matado a sus hijas en vida, porque las ha marcado para siempre y van a estar sufriendo ese trauma, que no les va a permitir desarrollarse con normalidad. Por supuesto que sus señorías tampoco se van a enterar del estigma social que van a tener que arrastrar esas criaturas, porque de las comidillas, los prejuicios o la crueldad de los que se ceban en la debilidad ajena no hay dios que se salve. Otro sí -como les gusta decir a los leguleyos-, tampoco las han considerado víctimas vicarias de la violencia de género, porque lo han sido, y por partida doble, de la manera más cruel y despiadada.


Conozco de cerca otro caso que, aunque no es del mismo tema, también produce una perplejidad y un desconcierto rayanos en el desprestigio de todo lo que suene a juzgados de cualquier categoría. Unos familiares solicitaron la protección para una persona con un grado de dependencia grave al fallecimiento de sus padres. A partir del accidente que le produjo dicha dependencia había estado viviendo con ellos y, una vez fallecidos ambos, quedaba indefenso sin capacidad para organizar su vida y, muchos menos, para gestionar su patrimonio. Para demostrar la gravedad de la situación presentaron unos informes de la Seguridad Social en los que quedaba reflejado las secuelas físicas y los trastornos de personalidad producidos por el accidente, que incluso le provocó una pérdida de masa encefálica. A todo ello hay que añadir que se quedó hemipléjico. Gracias a esos informes está cobrando una pensión más que digna. Así mismo presentaron los informes de la Diputación de Bizkaia por los que le declararon dependiente y el estudio que le hicieron las técnicas de un centro de día, al que asistió un par de años, señalando sus problemas y el tipo de ayudas y de tratamientos que necesitaba. Pues tanto la jueza como la fiscal dictaron sentencia de que ese familiar accidentado podía valerse perfectamente por sí mismo. Solamente necesitaría ayuda en momentos puntuales para decisiones importantes a la hora de gestionar su patrimonio.

Cómo es posible semejante dislate, se lo están preguntando aún sus familiares, que llevaban toda la vida preocupándose por él y colaborando con sus padres en su cuidado. Pues muy simple: la jueza se tomó al pie de la letra la nueva ley que elimina las tutelas y que deja al sujeto la última decisión. Así que el accidentado, que vive en las ensoñaciones de una existencia anterior al accidente, le contó maravillas de sí mismo. Antes había hecho la misma operación en la entrevista con la psiquiatra forense. Para rematar el caso, a partir del juicio no quiere ni verlos. 


Son solo dos ejemplos, pero podríamos señalar otros muchos, más escandalosos aún, en el terreno de la política, del mundo laboral o del famoseo. Creo que se nos quitan las ganas de vernos obligados a pisar un juzgado, porque no contamos con ninguna garantía y cada día nos ofrecen menos credibilidad. Está bien que nos dibujen la justicia con los ojos vendados para que no haya acepción de personas, aunque eso de "todos iguales ante la ley" anda últimamente un tanto devaluado, pero sería conveniente que sus señorías, además de vivir entre exquisiteces técnicas, bajasen un poco al mundo real de los mortales que son, al fin y al cabo, los destinatarios y los beneficiarios de la justicia.