martes, 10 de mayo de 2022

Lunes senderismo 3


El lunes 9 de mayo nos dirigimos a Zalla para recorrer la etapa de la senda del Cadagua que llega hasta Balmaseda, esta vez fuimos veinte los y las participantes. A punto estuvo el que suscribe, junto con su compañera, quedarse en tierra pero, providencialmente, uno de esos atascos, con los que estamos familiarizados en nuestro entorno urbano, retrasó la llegada del bus a la parada. Iniciamos el bidegorri en Zalla junto a la urbanización que ocupa los terrenos de un antiguo seminario de los padres paulinos. A poco de iniciar la marcha el guía hizo caer en la cuenta al grupo de la existencia del castro de El Cerco datado del siglo II de nuestra era. A la vez se ofreció a organizar la subida para los y las interesadas en conocer ese reducto arqueológico el lunes siguiente, el 16, que está libre de los programas oficiales.

Seguimos por una parte del trayecto umbrosa en que casi tocábamos el Cadagua. Nos sorprendió un pequeña torrentera que acababa en una poza antes de perderse en el río. Cruzamos el puente que da paso al área recreativa de Bolunburu, pero tomamos la desviación a la izquierda obviándola. En primer lugar nos topamos con las ruinas de una antigua ferrería que data de principios del siglo XVIII. Se podía intuir a través de ellas todos los departamentos propios de las ferrerías, además de su considerable tamaño, lo que hacía suponer que fue importante. Entramos en las campas que rodean la ermita de santa Ana. Al abandonarlas nos encontramos un espectáculo foral que nos obligó a parar para hacer una foto de grupo e inmortalizar ese regalo de la primavera.

A continuación nos enfrentábamos a uno de los tramos peligrosos del trayecto: el primer encuentro con una carretera, la que une Balmaseda y Zalla por el alto de La Herrera. Se llega a una curva con poca visibilidad y luego hay que ir en fila india porque no hay arcén. Para sorpresa nuestra nos encontramos con que el tramo de carretera se reducía notablemente porque había hecho una variante de bidegorri. Esa era la buena noticia, la menos buena era que la senda que se usaba para acceder a la iglesia del lugar tenía cortado el acceso. Nos tranquilizamos al comprobar que unos metros más adelante había un paso de peatones que daba acceso a la subida de la iglesia. Mientras se abría el semáforo estuvimos contemplando las actividades de la escuela que está situada allí mismo en un antiguo edificio.


Parada y fonda el el pórtico, disfrutando a la vez del panorama de la zona de vega que se veía desde el pequeño alto de la iglesia. Retomamos la marcha por la zona de la torre de Terreros y nuestras irrintzilaris nos dieron ánimos con su grito de guerra. Nos paramos a hacernos otra foto en un pequeño puentecito de piedra y, a poco, a contemplar la ruinas del palacio de los Urrutia y de la ermita de S. Antonio de Padua. De nuevo disfrutamos de un tramo rodeado de abundante vegetación de ribera hasta que nos encontramos con un cartel que nos anunciaba nuestra entrada de la villa encartada, la más antigua del Señorío. A partir de ese punto fuimos bordeando una serie de cadáveres industriales, empresas destartaladas, que nos daban a entender que tiempos pasados sí fueron mejores económicamente para esta región, hasta entrar en el casco urbano.

Esta vez el acceso a la carretera que viene de Karrantza y de Avellaneda no daba problemas. Un paso de peatones facilitaba llegar a la acera de enfrente, que en poco espacio nos llevó ante la imponente iglesia de S. Severino. Aprovechamos que la puerta estaba abierta y nos colamos para visitarla por dentro. Estuvimos un buen rato admirando sus vidrieras, su estructura, el sello flamígero de sus techos y curioseando por los rincones. Luego en plan paseo nos detuvimos a ver y a jugar con el famoso reloj de sol. No podía faltar el rubricar nuestra presencia en la villa sin pisar el símbolo de la misma, su puente medieval.


Hecha la foto, nos dirigimos a localizar la parada y salida de los autobuses. Los y las que se quedaban a comer fueron a localizar el restaurante y tan solo nos quedamos seis para coger el bus de vuelta. Fue un paseo muy agradable, a un ritmo tranquilo, con un buen ambiente de convivencia y envueltos en un entorno natural reventando de primavera. Creo que todos y todas disfrutamos, que es lo importante.

miércoles, 27 de abril de 2022

La que nos espera


Esto de la educación y de la crianza de los menores es un tema sobre el que he ido llamando la atención a lo largo de la historia de este blog y a través de mis intervenciones en mi trabajo de educador social. Otra vez usé la metáfora de la manada de elefantes dirigida por el cachorro que va detrás de la elefanta. Hoy quiero volver sobre el tema a raíz de una observación que vengo haciendo de tiempo atrás. Cada vez se ve más grupos de personas adultas alrededor de un niño, llamando su atención y riéndole las gracias o cualquier ocurrencia que tenga a bien realizar mientras se siente como un pavo real con todas sus plumas extendidas. Lo normal a lo largo de la historia, al menos de la mía, era ver un persona o una pareja con varias criaturas a su alrededor. Claro, hoy en día ha bajado escandalosamente el índice de natalidad, pero eso no es motivo para que se tenga al niño o la niña en palmitas, creando insensiblemente pequeños tiranos que van marcando la vida familiar. Luego llegan a adolescentes y nadie se atreva a llevarles la contraria, o a adoptar medidas educativas que les contraríen, aguantando resignadamente sus insolencias o sus desplantes. O sea, que el último que llega es el que decide qué, cómo, cuándo, para qué hay que hacer las cosas de la vida bajo un criterio apodíctico: me gusta o no me gusta, quiero o no quiero.


Hace años otro educador y yo le advertimos a una directora general de servicios sociales del gobierno vasco que los jóvenes del futuro iban a tender a establecer comportamientos y regímenes autoritarios. Y es que los tiranos familiares querrán también serlo en la sociedad y en la política. Es muy fácil decir que los grupos neonazis y partidos de ultraderecha están influyendo con sus soflamas y sus políticas en los comportamientos de ciertos sectores de jóvenes. Me gustaría que eso se leyera a la inversa. O si no, a qué viene que cada vez sea mayor el número de adolescentes estudiantes, según varias estadísticas, que dicen que lo de la violencia machista es un invento y que se creen en pleno derecho de controlar los contactos y la vida de sus parejas ¿De dónde han salido los ultras violentos de los equipos de fútbol o de los grupos neonacis, los que se ceban en los sin techo, los que insultan a los deportistas de otras razas o acosan y maltratan a los homosexuales? Y no podemos mirar par
a otra parte creyendo que son cuatro descerebrados. Quizás deberíamos también aquí cambiar la perspectiva considerando que ésos energúmenos, o como queramos calificarles, son la punta de iceberg y que nos deben  alertar para darnos cuenta de lo que llevan oculto debajo ¿O es que no existen jóvenes que votan o están a favor de los discursos de Vox, o que los regímenes de autócratas y la subida de los partidos de ultraderecha no cuentan también con gente joven?

El problema que veo ahora es que esto puede ir a más, porque hay una falta de intervención educativa y de transmisión de valores alarmantes. Van a seguir exigiendo que se les dé todo hecho sí o sí y como a ellos o a ellas les gusta. En este plan la democracia se la trae al pairo, así como la convivencia social, el respeto, la solidaridad, la colaboración o los valores humanos. En fin, una vez más deseo equivocarme con todas mis fuerzas .

martes, 26 de abril de 2022

Lunes de senderismo 2

El lunes 25 de abril retomamos las salidas de  senderismo de los centros de mayores de Barakaldo, después del paréntesis de las vacaciones de las semanas Santa y de Pascua, aunque para algunos abuelos y abuelas les tocara ejercer con sus respectivos nietos. Este día nos dirigíamos a pasear las orillas del Nervión en la zona del valle de Aiala. Habíamos quedado encontrarnos en la estación de Abando para tomar el cercanías de Orduña. En el recuento nos sorprendimos porque habíamos dado el record de asistencia: veinticuatro, según conté yo, o 25 según otros. A la vez tuvimos una de las mejores sorpresas que podíamos esperarnos: la incorporación de nuestra veterana compañera Marilo después de una larga recuperación. Quiso probar fuerzas y lo suyo le costó, pero ahí estuvo hasta el final. Esperamos seguir contando con ella en adelante.


Tal como estaba programado tomamos el tren de Orduña a las nueve cuarentaicinco. Nos apeamos en Luiaondo. Una pequeña población poco conocida, que es el punto intermedio entre Laudio y Amurrio. Tras un breve paseo por esta población, nos acercamos al pequeño monumento que era el motivo de nuestra visita: la cruz, que data de mil setecientos treinta, en memoria del llamado "Árbol Malato". Éste marcaba en la antigüedad el límite del señorío de Bizkaia. Estuvimos leyendo y contando su historia y entre bromas nos hicimos la foto de rigor. 

Seguimos nuestra marcha a través de la senda que une Amurrio y Laudio. Impresiona el despliegue de técnica y de cuidado que ha hecho la diputación foral de Álava para hacer posible este paseo. El río bajaba con fuerza bien cargado de agua, lo que resultaba todo un espectáculo y toda una sinfonía sonora que nos fue acompañando en ese tramo de nuestro recorrido. Fueron unos momentos en los que daba gusto  caminar entre la vegetación y el fresco de la mañana.

Al dejar atrás a los terrenos y el colegio, que fue en su día seminario de los llamados "frailes alemanes", nos desviamos a la izquierda, abandonando el apacible sendero, y tomamos dirección a la ermita de S. Roque, que era el lugar preferente para muchas de nuestro recorrido. Según me contó un día un tasquero de Amurrio, los tales frailes aparecieron a poco de terminar la guerra civil. Como frailes y como alemanes, fueron bien recibidos por el régimen. Se presentaron con un tractor y con maquinaria agrícola de fabricación alemana, así que se puede suponer cómo se quedaron los buenos aldeanos, que no habían salido de los bueyes o la mula, al ver semejantes artilugios. Algunos no quedamos intrigados por saber qué se puede estar haciendo con todo ello. Prometo que para la próxima buscaré información fidedigna. 

A partir de aquí, poco a poco comenzaron a sumarse las dificultades. Caminábamos en asfalto, apenas había sombras y el sol ya estaba en plena forma y se hacía notar. Por si eso fuera poco los estómagos del personal comenzaron a pedir auxilio y hubo que hacerles oídos sordos hasta llegar a la meta. La cuesta final fue la puntilla para algunas, más por estas circunstancias que por la pendiente, que no era tan exigente.

Se nota la diferencia!!

Fuimos llegando en pequeños grupos al área recreativa y el personal se fue situando en los bancos para el avituallamiento clásico. Se creó un buen ambiente, tal que daba la impresión de que no había muchas ganas de moverse de allí porque se estaba de maravilla. Luego vinieron las fotos de grupo y otras particulares, así que costó un triunfo que todo el mundo se pusiera en marcha. Tuvimos que cambiar el recorrido tradicional porque éste estaba cortado por obras en la entrada de Amurrio. Tomamos la desviación por el barrio de Orue que, aunque era algo más larga, resultó más interesante por ir andando entre vegetación y caseríos.

Finalmente nos dividimos en dos grupos al entrar en el centro urbano. Trece se quedaron a comer, orientados por las gestiones de Nieves, y los demás nos fuimos a la estación. Tuvimos suerte, el tren llegaba en tres minutos, lo que provocó algunos nervios por la falta de costumbre de manejarnos en las líneas de Renfe. Tuvimos la suerte de disfrutar de un día primaveral de libro y fue una gozada contar con una camaradería tan entrañable. Hasta la próxima.

lunes, 11 de abril de 2022

Despedida a Eduardo

 El día 7 me uní a un pequeña concentración en contra de la situación de desamparo de las personas sin techo. A finales de marzo Eduardo apareció muerto en un patio del barrio de S. Vicente. No es la primera vez que esto ocurre en nuestro municipio, a pesar de contar con un albergue de atención nocturna. Pero como todos los recursos, públicos y privados, tienen su límite y, tal como están organizados, no dan para cubrir todas las necesidades.

Eduardo era un vecino de Barakaldo que recientemente se vio en la calle. No podemos perder de vista que este tipo de situaciones suelen incrementarse en tiempos de crisis, y ya llevamos unas cuantas seguidas. Ignoro las razones o la desgracia que obligó a Eduardo a acabar en  la calle. También desconozco su posible deterioro mental o físico, que le llevó a no hacer caso a los educadores de calle que intentaron atenderle. No soy quién para juzgarle, ni creo que se deba juzgar o despreciar a personas en esta situación.

Según le escuché a un sabio jesuita, hay tres cosas fundamentales sin las que no podemos ser personas: pan, techo y palabra. La necesidad de comida quizás sea la más fácil de solucionar. Las otras dos ya son otro cantar. La falta de un techo que nos cobije nos pone en una situación de indefensión y de vulnerabilidad total. En esa situación siempre será muy difícil mantener el equilibrio mental, la salud y un mínimo de dignidad. Es muy difícil dar con los medios necesarios para evitar este problema, que es tan viejo como la humanidad, tal como la conocemos. Esto no disculpa para que la sociedad mire a otra parte o se conforme con  poner paños calientes, y habrá que seguir proponiendo iniciativas y exigiendo recursos. La carencia de relación, el ser consciente que nadie le escucha o le habla, es de lo peor que se le puede hacer a un ser humano, porque somos en la medida en que nos relacionamos y nos sentimos acogidos. Esto no lo pueden aportar las instituciones, por lo que tenemos que reconocer la mayor parte de los ciudadanos que su presencia nos produce reparo, miedo e incluso asco . Y no faltan desalmados que se ceban en ellos y los maltratan, cuando no acaban con su vida.

Es por ello que el lema que se gritó es ante todo un asunto de justicia "NADIE SIN HOGAR".



viernes, 8 de abril de 2022

Senderismo en Barakaldo


Quiero abrir una nueva sección dedicada al senderismo organizado desde el ayuntamiento de Barakaldo a través de los centros de mayores del municipio. María y yo ya llevábamos un año participando. En ese tiempo la iniciativa tuvo un éxito enorme y se tuvo que proceder a crear grupos más pequeños porque era inviable un grupo de más de cincuenta viajando y caminando juntos. En eso llegó la pandemia y " mandó parar". En la medida en que se fue permitiendo se fueron  formando 
grupos pequeños. Nosotros estamos en uno de siete u ocho personas que llamamos "Hoberenak". Por fin en febrero el ayuntamiento nos convocó para retomar el programa. Se formaron dos grupos, lunes y martes, pero las salidas serían las mismas. También se formó un grupo motor encargado de programar las salidas, de organizar actividades conjuntas de los dos grupos y supervisar la marcha del programa, en el que participamos.


María y yo estamos en el de los lunes. Yo me encargo de dirigir las salidas y hay otras compañeras del grupo motor que se encargan también de la buena marcha del programa. Hicimos dos primeras salidas par irnos conociendo a los santuarios de los caminantes de Barakaldo: El Regato y Santa Águeda. Las salidas están programadas cada quince días y se llevan a cabo haga sol, llueva o nos lleve el viento. Somos así de chulos. Una vez más la mayoría del grupo son mujeres, tanto en el general como en el pequeño, del que soy el único representante masculino. 


En la tercera salida nos atrevimos con el Serantes. Fue un día de viento endemoniado y en la cumbre daba la impresión de que nos llevaba. De todos modos, pudimos disfrutar de la inmejorable visión que ofrece esa pequeña cumbre dada su posición privilegiada. Subimos suave suave por la carretera aunque algún animoso tomó los atajos empinados de algunas zonas. Lo principal fue el buen ambiente. Como en ediciones anteriores, nuestra animadora Nieves propuso quedarse a comer en la escuela de hostelería de Santurtzi y ocho animosos se apuntaron. En la siguiente salida fue Nati la encargada de llamar al restaurante de Muskiz y esta vez se apuntó la mitad o más del grupo. 

La cuarta consistió en recorrer la orilla del Barbadún desde la playa de La Arena hasta la ferrería de El Pobal. Después regresamos a Muskiz para tomar el bus de vuelta y para la comida. Es un recorrido interesante, empieza desde las dunas y la marisma y va descubriendo rincones poco conocidos de la zona. El problema está en que la mitad del recorrido está presidido o amenazado por el monstruo de Petronor. En el magnífico entorno de la ferrería comimos algo y vuelta para atrás. El ambiente sigue siendo estupendo. Nos vemos en la próxima del día venticinco, que están las vacaciones a la vuelta de la esquina.

jueves, 31 de marzo de 2022

Kiev - Leningrado

El autor de bombero

Mientras estoy escribiendo me he puesto intencionadamente la séptima sinfonía de Schostakowitsch, en una versión de la sinfónica de Radio Frankfurt. Una obra épica escrita en plena guerra mundial, cuando Rusia resistía la invasión nazi. Se la llama Leningrado porque fue interpretada en pleno asedio de la ciudad mientras era bombardeada por la aviación alemana. Los músicos estaban famélicos y los ensayos debían ser cortos porque no aguantaban, sobre todo los metales que exigen más esfuerzo. Cuando la ejecutaron instalaron un sistema de altavoces enfocado a las posiciones de los sitiadores. La resistencia de Leningrado supuso una de las gestas  más emblemáticas del fracaso de Hitler en Rusia, igual que lo fue para Napoleón. 

Es una sinfonía larga que comienza con un movimiento impresionante en forma de marcha que va creando un ambiente siniestro y depresivo. Va repitiendo un motivo de unos pocos compases que empieza tímidamente con instrumentos solistas hasta culminar a toda orquesta. Posteriormente va tocando otros registros desde melodías que traslucen motivos populares rusos, siguiendo con temas de tipo fúnebre hasta llegar a un movimiento final apoteósico como signo de victoria.


Está claro cuál era mi intención al elegir esta obra. Las víctimas de antaño resultan ser l0s actuales victimarios, tan despiadados y sanguinarios como sus antecesores. Un loco puso el mundo patas arriba y otro del mismo pelo por sinrazones similares a las anteriores está arrasando un país porque se le antoja sin mover un gesto y cebándose en la población civil y, a la vez, está en un tris de provocar la tercera guerra mundial. Hoy esa sinfonía tendría que llamarse Kiev o Mariupol o cualquier otra ciudad asediada por el ejército ruso. También sería genial que en alguna de ellas se pudiese recomponer un orquesta para interpretarla con el mismo gesto de poner los altavoces para que los rusos puedan identificar su propia obra musical y se den cuenta de que están haciendo lo mismo que sus antecesores sufrieron. Lo veo difícil, o poco menos que imposible, por lo que me gustaría proponer que haya una iniciativa común de las orquestas de toda Europa para interpretarla en un momento determinado o  aprovechando algún acontecimiento.


El mayor problema de que Putin siente sus reales en Ucrania, no va a ser que quiera seguir el mismo plan con los otros países limítrofes. Ese hecho podría acabar siendo un estallido que encuentre su eco en otros tantos estados dirigidos por autócratas, o mandatarios con perfiles similares, y volveríamos a escenarios similares al siglo anterior con bloques totalitarios frente a los países democráticos. Este inestable equilibrio es el que está convirtiendo a estos países, entre los que estamos nosotros, en meros espectadores que se vuelcan en poner paños calientes a semejantes destrozos, viéndose impedidos para ir a la raíz del problema. 

martes, 22 de marzo de 2022

Esto es de locos


En estos momentos no me siento capaz de digerir la cantidad de noticias catastróficas que nos llueven desde todas partes. De repente nos hemos visto envueltos en un  remolino que parece que nos va a desquiciar como sociedad y como personas individuales. Poco a poco vamos observando que esas noticias no son mero espectáculo, servido al segundo por todos los medios de comunicación y por las redes, sino que nos empiezan a afectar provocando inseguridad, alterando nuestras economías domésticas, paralizando el trabajo de muchos y viendo que nos van faltando los recursos normales para mantener nuestra vida cotidiana.

Un lunático sanguinario nos devuelve a una guerra de resonancias medievales, pero con cohetes supersónicos y agita el avispero de tal forma que todos acabamos perdiendo: los que ponen sanciones, igual que los que las padecen. Si fuera poco lo de la guerra, ya se venía cociendo una escalada de precios en algo de lo que no podemos prescindir. Así que nos vamos a enterar de lo que supone estar en un mundo globalizado.


Aquí estamos sufriendo las consecuencias de algo que sucede en la otra punta de Europa sin oír ninguna sirena que nos mande ir a refugio. Sin embargo, no vamos a encontrar refugio para la que se nos viene encima. Se toman decisiones, no sabemos dónde, de liar gas y electricidad y nos meten unos puyazos en los recibos de la luz que asustan. Tampoco sabemos si eso se hace por necesidades técnicas o por beneficios de unos pocos, a los que les trae sin cuidado que paren empresas o que haya familias que enfermen por frío. Entonces se aplica el refrán de a río revuelto... y los combustibles también se disparan: paran camioneros, pescadores, ganaderos... y el ciudadano de a pie se lo piensa dos veces antes de sacar el coche. Los más afectados claman al gobierno y el gobierno dice que las respuestas en Europa. Luego que va a dar unas ayudas, pero nadie les cree. La oposición aplaude con las orejas porque no le importa solucionar el follón, sino que se haga más grande hasta que, a ser posible, se haga insoportable.


Personalmente me encuentro desazonado. A estas alturas  soy ya incapaz de soportar un telediario con imágenes desgarradoras, ganaderos vertiendo leche, personal saliendo con compras desorbitadas, filas de camiones... Todo esto nos ha pillado en horas bajas, cuando aún estamos bajo la amenaza del covid y nos creíamos que podíamos volver a normalizar nuestra vida. Creo que ahora, al igual que en la pandemia inventamos una manera de sobrevivir, tenemos que ir olvidándonos de lo de normalizar nuestra vida y seguir inventando otra manera de sobrevivir a todo esto para no acabar arruinados o en el psiquiatra.

domingo, 27 de febrero de 2022

Pretérito imperfecto


Andaba, subía, cantaba, organizaba, levantaba, hablaba, luchaba, enseñaba, asistía... y así unos cuantos abas o ías más que poco a poco se van destiñendo hasta que ya se van quedando como meros recuerdos.  Puede que cuando menos se lo espere uno también se le empiece a desgastar esa tecla y vaya perdiendo la memoria. Y es que ahora uno entra de lleno en aquello de que se olvida de lo que le acaban de pedir y, al rato, desempolva un rincón de la infancia o de vidas anteriores que le sorprenden porque los daba por enterrados. 

Por otra parte, nos inculcan desde todos los medios e instancias públicas que los mayores nos mantengamos activos. Uno intenta mantenerse en forma y parece que lo consigue: estás hecho un chaval, estás como antes, no pasa el tiempo por ti... Esto, que parece un cumplido, cuando no un alago, resulta tener su cara oculta. Lo que parece servir para que uno mejore su autoestima, se puede volver en su contra de la manera más sutil. Como a uno se le ve tan bien por fuera, se considera que va igual por dentro. O sea que los pretéritos imperfectos no son tales, son presentes y, por tanto, representan lo se espera de uno. 


Como en los coches, el buen estado de chapa y pintura no presupone el funcionamiento correcto del motor o de la batería. Lo bueno del coche es que las piezas que se desgastan o se estropean se pueden cambiar por otras nuevas, pero uno ya tiene claro que las suyas no tienen repuestos. A lo sumo, se tiene que ir tirando a base de reforzar lo que le queda de bueno: refuerza los músculos, estira los lumbares... Otros parches son más difíciles de cubrir: se borran nombres, te quedas en blanco, te va temblando más todo, pierdes de vista lo que te rodea, no te enteras... 

Y entonces viene cuando la matan: no hay quien te entienda, te estás haciendo vago, no pones empeño, no me digas que no puedes, no tengas tanto cuento, lo que pasa es que no pones atención, por qué no te lo apuntas... Y por si fuera poco lo que uno lleva encima al hacerse consciente de los frentes que se le abren en sus limitaciones, le van poniendo puntillas de esas que no solo duelen, si no que además desarman. Así que uno se encuentra con una gimnasia más a practicar para no acabar con una depre de camello: no hacer caso a los cantos de sirena, pero no darse por vencido hasta que esto se acabe o hasta que le tengan que llevar a uno en silla de ruedas.

jueves, 24 de febrero de 2022

23F


 ¿Dónde estabas tú el 23 F? Este año me he vuelto a hacer esa pregunta para recordar aquel lío absurdo que nos montaron algunos militares que no aceptaban verse fuera del pedestal en el que estaban colocados después de la guerra civil. No sé si algún día sabremos toda la verdad de los entresijos que urdieron aquella movida. Sobre todo después de comprobar las últimas muestras de desfachatez del que consideramos el salvador del golpe. El caso es que hoy nos encontramos algo tan absurdo y tan desfasado como que un autócrata megalómano  se quiere comer un país vecino por no sé qué de la Madre Rusia. El último que comenzó haciendo algo así fue un dictador que por aquello de la raza aria superior acabó destrozando Europa. O sea, que este aperitivo de guerra mundial me ha despertado la memoria de aquella bufonada que nos trajo de coronilla un día entero.

Por aquel entonces yo participaba en una de las fanfarrias de las fiestas de Bilbao, en Txomin Barullo. Se nos había propuesto preparar los carnavales con una serie de canciones y temas nuevos revindicando algún no sé qué, bajo el lema "Euskadi jazz y libertazz". Estábamos en una  lonja de un edificio de oficinas y almacenes de la calle Gordóniz ensayando. Yo tocaba -más bien metía ruido- el trombón de varas. El trombonista de verdad era un alemán, profesor del colegio alemán, que colaboraba en grupos de jazz. El caso es que llegó media hora tarde y, según desenfundaba el instrumento, contó en alto que había escuchado en la radio, según venía en el coche, que los militares habían entrado en el congreso. Lo dijo en plan de guasa, pero lo que no se esperaba fue la reacción del personal, que, a la consigna "que nadie duerma en su casa", desalojó el local en tiempo record sin decir ni adiós.


Aquella comparsa era un nido de rojos que se habían batido el cobre en la clandestinidad. Un buen número habíamos pasado por los calabozos de la comisaría central de Gordoniz y algunos de los más históricos habían pasado por las manos de "Mariflor", que era el mote de uno de los torturadores de Bilbao, luego muy bien visto por Barrionuevo y compañía. Después de aquello tuvimos que seguir improvisando en los carnavales, como era habitual, porque de los ensayos nada más se supo. 

Yo estaba fichado en los registros de la "policía social", pero no me iba a presentar en casa de mi madre así de golpe. Cuando llegué a casa me encontré que habían venido a cenar unos invitados de los que yo ya me había olvidado. Teníamos la radio puesta, pero ellos no callaban. No recuerdo qué querían, solo que le echaban mucho calor al asunto y no se daban cuenta de que mis compañeros y yo estábamos pendientes de la radio y no les estábamos haciendo ni caso, solamente respondíamos con monosílabos. Tiempo atrás sé que el mayor de los dos dijo que Tejero había hecho más por España que los gobiernos democráticos. Tela marinera, ya nos podemos imaginar a quién habrá votado ese buen señor, del que no me consta su defunción aunque hace años que nos sé nada de él. Me ha dado por pensar que igual él y los suyos echan de menos a Tejero y a su tropa en versión siglo XXI.

miércoles, 16 de febrero de 2022

¿Vuelven los comuneros?

 


Llevo bastante tiempo no queriendo comentar nada sobre asuntos políticos por el hartazgo y la repugnancia que me producen, pero, ante el poco edificante espectáculo de las elecciones anticipadas en Castilla y León, no me he podido resistir. De alguna manera, lo que se decida en adelante también nos afectará, dado que nuestra segunda vivienda está situada en una pequeña localidad de dicha comunidad autónoma, aunque esté en una esquinita del norte, muy lejos de los grandes centros de decisión y perdida de la mano de Dios sin acceso a wify y con escasa cobertura. O sea, forma parte de aquello de la España vaciada, aunque nuestra presencia y la de otros veraneantes palíe un poquitín el abandono de aquellos lares.

El cuadro resumen final se dio en las intervenciones de los candidatos en la noche de las votaciones. El supuestamente ganador, al que no le arriendo la ganancia, tenía una cara de "qué hago yo ahora con todo esto" y no hacía más que repetir los tópicos que se suelen soltar cuando no se tiene nada que decir. El principal perdedor nos lloró ante el micrófono y, al menos, fue sincero: que venga otro u otra que yo no he podido. Un tanto edificante por su parte, teniendo en cuenta lo proclives que son la mayoría de los políticos a aferrarse al sillón, caiga quien caiga. Los de Vox ya se ven en el gobierno y no se cortan un pelo en poner sus condiciones. Parece ser que su programa para la mejora de los agricultores, ganaderos... consiste en suprimir las autonomías y eliminar las leyes de la izquierda: echar a los moros, ahorrarse la memoria histórica, volver a meter en el armario a los homosexuales  y tipos de esa calaña, cargarse los programas de igualdad de género o de violencia contra las mujeres... O sea que resucitan a D. Pelayo, al Cid campeador, a los reyes católicos y al estado de los caciques que propició su excelencia. A saber los dimes y diretes, las diatribas, los insultos o calumnias que nos quedará por aguantar, mientras los presupuestos podrán quedarse en el aire y no se saque nada o muy poco productivo para el personal en el parlamento autonómico.


Lo mejor de la noche para mí fue la presencia de "comunes", de las candidaturas de a pie, del basta ya de tenernos en el olvido y de tratarnos como si fuéramos tontos. Estas candidaturas cívicas podrían utilizar el lema de los jubilados "soy soriano, pero no soy idiota". Han sido un puñetazo en la mesa al estilo de Teruel, que espero sirva para que algo se mueva en favor de los "vaciados". No les va a quedar otra que ser como aquellos comuneros que se enfrentaron al poder del emperador. En este caso también son David contra el Goliat de un partido que lleva treintaicinco años mangoneando y teniéndoles abandonados  y, por si fuera poco, a partir de ahora apoyados por unos energúmenos políticos que no atienden a razones. Estos comuneros sí pueden contar con la fuerza de las razones y de las reclamaciones de la gente de a pie, aunque se tengan que conformar con el papel de Pepito Grillo para denunciar en público la desidia y la hipocresía de los mandatarios y airear así sus vergüenzas. Van a necesitar también dotarse de un escudo a prueba de chantages y ninguneos para defenderse de los intentos de ser fagocitados o de ser anulados. Salud, buen hacer y suerte para leoneses, abulenses y sorianos.