sábado, 4 de marzo de 2023

Lunes de senderismo 15

 


Día 27 de febrero. Despedimos el mes cojo en medio de terribles amenazas de nieve a nivel del mar, vientos tremendos y frío glaciar que consiguieron achantar a bastantes senderistas ¡Pero no fue para tanto! Mal empezamos, porque en el cartel anunciador estaba mal señalada la parada de bus. Nos dimos cita, por tanto, en Beurko Berri y acudimos solo 19, ni valientes ni desaprensivos, simplemente que sabemos capear los temporales. Y nos salió una mañana bonita con diversos momentos que no supusieron problema alguno. Ya en la playa, oteamos el horizonte y optamos por el programa previsto sin recurrir al plan B. Sacamos la primera foto de grupo al arrancar para animarnos y para dar un poco de envidia a los que se habían quedado en casa. Es verdad que al atravesar el puente de acceso a Pobeña el viento nos dio fuerte. Es por ese paso por donde hacen más daño los temporales. Las escaleras famosas, que nos obligan a respirar más fuerte y a controlar el paso, sirvieron para entrar en calor.


En la vía verde hasta Ontón tuvimos tramos con viento y otros a socaire. Desde la playa pasando por los acantilados, el mar nos estuvo ofreciendo el canto continuo de sus olas movidas por el viento y el espectáculo de las espumas, que les dibujaban borreguitos en alta mar y formaban pozos de algodón al romper en las rocas. Nos refugiamos debajo de la autovía al final del trayecto para dar cuenta de nuestras viandas, aunque algunos buscaron refugio en otros recovecos. A ratos nos cayeron pequeños chaparroncitos de esas bolitas que ni son granizo ni son copos de nieve, y ni siquiera nos obligaron a abrir los paraguas. Quedaron en una mera anécdota para felicitar a AEMET por haber acertado que iba a nevar a nivel del mar. 


Antes de llegar a Kobarón pudimos comprobar que están trabajando para mantener vivos los edificios que aún quedan en pie pertenecientes a la empresa minera. Una buena iniciativa del gobierno vasco dedicada a la conservación del patrimonio industrial. Es importante dejar constancia de cómo fue nuestro pasado, para que los que vengan detrás conozcan a quienes deben las oportunidades que disfrutan hoy. Tomamos el Camino Txikito después de un corto paso por la carretera de salida hacia El Haya, que resulta algo incómodo. Algunos se alegraron de haber hecho el recorrido porque no conocían esa zona: la vaguada que lleva hasta el barrio de La Rigada y, después de atravesar la N-634, llegar hasta la casa donde vivió de casada la Pasionaria, con  el famoso lavadero ilustrado que evoca sus históricas funciones. Bueno, y no tan históricas porque alguna senderista dijo que a ella le había tocado de niña lavar en esas mismas condiciones. Lo que hay que pasar hasta llegar a estas edades


Esta ladera permite tener una visión casi completa del valle de Muskiz con Petronor al fondo. El final del descenso nos dejó al pie del colegio concertado Somorrostro, donde pudieron coger el bus a Bilbao las de Cruces. Los que quisimos volver a casa llegamos con cinco minutos de adelanto a la parada del que sale de la playa. Este día fuimos más que los que se quedan a comer, once a ocho, y es que algunos tenían la cita imperdonable con nietos. Es lo que tiene la vida de jubilado. A propósito, los comensales siguen impenitentes provocando a la suerte para no sé qué cruceros y no escarmientan, qué le vamos a hacer.



martes, 14 de febrero de 2023

Lunes de senderismo 14

 


Lunes 13 de febrero ¡récor Guiness a la asistencia: 30! Nos habíamos olvidado de la última vez que nos juntamos tantos. Hoy nos toca recorrer la línea del tren minero procedente de las minas de Gallarta, que terminaba en los cargaderos de Lutxana. A primera hora tomamos el bus que llega hasta Muskiz, aunque algún que otro aprensivo, agobiado por el fantasma de los paros en las líneas de Bizkaibus, dudaba de que llegara. El lío estuvo al bajar, pero mejor ni nombrallo. Total que un par de kilómetros más por la broma, que no son ni de precalentamiento para unos senderistas avezados como nosotros y nosotras.


Abordamos la primera, y única, de las subidas de la jornada dejando a la derecha el impresionante agujero de la mina en cuyo fondo sale una carretera interior por debajo del pueblo que llega hasta el mar. A la izquierda el otro agujero, no tan grande, pero sí impresionante, de la cantera de Ortuella. Pasamos por un barrio minero que tiene una placa homenaje a un maestro, que como recuerdo y agradecimiento le dedicaron unos alumnos. Estamos en los principios del siglo XX en medio de la explotación de las minas. Es un hecho que nos hace ver la importancia de un maestro en situaciones duras como las que aquellas gentes mineras vivieron. También hay un curioso torreón en forma de castillo que alguien se dio el capricho de construir y que ahora parece que alberga algún restaurante o algún negocio similar.


Tras rodearlo desembocamos en la pista que ya nos llevaba hasta Retuerto. La mañana no podía ser más apropiada para disfrutar del paseo, ni que fuera por encargo. Fuimos  atravesando túneles hasta llegar al área recreativa donde comimos el hamaiketako. Al final nos hicimos la foto de grupo y seguimos adelante. Echamos en falta a los pavos reales, ni se les veía ni se les oía. O estaban encerrados por precaución a alguna peste de las suyas o se los habían llevado a otra parte. Por fin llegamos al punto negro del camino: el túnel guarro, como algunas lo habían definido. Esta vez ni asomarnos. Nada más pasar el primer túnel sale a la izquierda un discreto sendero que tomamos para llegar, entre unas casitas muy curiosas, a la típica placita de Ugarte, con su casa torre convertida en restaurante y con la iglesia que lucía un buen arreglo de fachada. 

Una vez en Kareaga, tuvimos que reagruparnos porque no se sabe porqué había un grupito de rezagadas. Allí comenzamos a despedirnos: un buen grupo optó por seguir caminando por el polígono industrial, otro más valiente superó la pendiente que daba acceso de nuevo a la pista, esta vez hecha unos zorros, como corresponde a los pringados de Barakaldo. En Retuerto despedimos a la de Cruces, al llegar al cruce del BEC unos tiraron por la derecha, las de Zuazo por la  izquierda y los últimos tomamos las escaleras que suben al parque del juzgado, que los ascensores van para rato. Así el paseo resultó ser como un río que al desembocar en un delta se convierte en muchos brazos que llevan por igual al mar. O sea, a comer: unos nueve al CIS -bueno y barato, según dicen- y los demás a casita.







viernes, 10 de febrero de 2023

Sta. Águeda: un tributo anual

 


Es una tradición arraigada en el senderismo de mayores de Barakaldo, subir en grupo a la celebración de la fiesta de Sta. Águeda en la ermita del municipio. Esta fiesta suele ser multitudinaria de por más, así que entre tanta gente resultaba imposible hacer grupo. Es por ello que últimamente nos hemos tomado la libertad de decidir que para nosotros la fiesta es los días 6. De esta manera se puede disfrutar de una jornada más de convivencia entre los dos grupos de senderismo, mientras rendimos tributo a la santa. Este pasado día 6 nos amenazaban con posibles lluvias por la mañana, pero en la medida que avanzaba la mañana se fue quedando un día precioso y fresco, lo que fue ideal para caminar. Habíamos quedado en salir a las 9 horas desde la plaza Bide Onera y lo hicimos puntualmente. La gente de Cruces y Burtzeña nos esperaban enfrente de la casa de cultura de Cruces a las 9:30. Las de Zuazo y alrededores nos habían avisado que nos esperaban en la estación de metro Ansio, pero cuando llegamos, había desaparecido. Y es que las hay que no aguantan cinco minutos quietas.

La subida fue tranquila en pequeños grupos que fueron dibujando un rosario a lo largo de la carretera. Una vez arriba las más impacientes se arrojaron sobre sus viandas y, sin importarles lo más mínimo lo temprano de la hora, comenzaron a hacer un "amarretako".  En esto apareció Patricia, la responsable municipal del programa, quejándose de que habíamos sido demasiado puntuales en la salida. Venía armada de letras de la canción de Sta. Águeda (y con las tradicionales tostadas de leche frita, regalo de su madre), y dispuesta a conseguir que nadie se fuera sin cantarla. Entre tanto se habían preparado puestos de compartir viandas: unas pasaban frutos secos, otras dulces, las chicas de Arteagabeitia abrieron el cava... Pero tuvimos una gran sorpresa al descubrir las dotes culinarias de Fernando que presentó unos pinchos de tortilla bandera y un canasto de rosquillas, todo de su mano y ciencia.

Los más animosos enseguida comenzaron a canturrear o a ensayar la canción tradicional ayudados de las hojitas con las letras que se estaban distribuyendo. Poco a poco se fue añadiendo gente hasta que se formó un coro considerable y se cantó como se pudo pero se llegó hasta el final. Después de otro rato en el que aún se estaba dando buena cuenta de los restos de comida, los mismos entusiastas del principio, apoyados por más gente, propusieron que no podíamos  dar por finalizado el encuentro sin volverla a cantar. Así que de nuevo se intentó hacerlo lo mejor posible, pero sería conveniente que para el próximo año se hagan ensayos formales, que para eso tenemos cantores en coros oficiales. Al terminar, un chico del caserío cercano se ofreció a hacernos la foto de grupo.



Antes de disolvernos Patricia animó al personal a que volviéramos por Burtzeña para visitar las escuelas Larrazabal que son un museo de la enseñanza tal como la tuvimos en nuestra época. Un notable grupo se arriesgó a los vertiginosos tramos de descenso, hasta llegar a Las Delicias. Gustó mucho el edificio en sí: la construcción, el pórtico y el entorno. Solamente una minoría había asistido a las visitas guiadas que organiza el programa Ezagutu Barakaldo, gestionado por el ayuntamiento, por lo que algunas pidieron a ver si se podía organizar una visita para los senderistas y Patricia cogió el testigo. Con éstas, terminamos de recorrer el lamentable camino de Zubileta y cada mochuelo a su olivo, como se decía antiguamente. Que nos veamos todos y todas de nuevo el año que viene.





miércoles, 25 de enero de 2023

Lunes de senderismo 13


Tenemos más valor que el Alcoyano, que se suele decir. La mañana parecía que iba a tener solo algo de llovizna y nos lanzamos al recorrido señalado de las minas. El bus llegó con dos minutos de retraso al funicular y éste es automático: llega la hora y arranca. Así que media hora perdida entre lamentaciones y propuestas para que esto no se vuelva a repetir. La primera en la frente, que se suele decir. Me decidí y fui a preguntarle al chofer, porqué el bus no salía de Cruces cinco minutos antes y así garantizaba llegar a tiempo. Me contestó encogiéndose de hombres y, con un supongo por delante, me dejó caer que podría ser porque en la pequeña plazoleta de acceso al funicular no caben todas las líneas que terminan allí. Así que tenían que fijar los horarios para que no se llegara a colapsar. Una vez dentro, Emilio llamó la atención sobre un cartel que anunciaba que al día siguiente había revisión de la instalación y estaría sin servicio por la mañana. En seguida se mandó un wahsaap a los del martes, y es que somos así de majos.


Arrancamos sin hacer caso del bus que acerca a los viajeros a La Arboleda. En la medida en que subíamos, lo que parecía chirimiri suave se fue intensificando. Habíamos previsto comer el hamaiketako en la Ekoetxea de Peñas Negras. Sabíamos que el servicio y el bar están cerrados los lunes, pero contábamos con el pequeño pórtico que hay en su entrada que sirve de refugio. Claro, tampoco contábamos que la cerca de madera que rodea el edificio estaba cerrada con candado y no era plan andar saltándola con las mochilas, los bastones, las capas... y la pila que es la que más pesa. En medio de nuestra decepción decidimos seguir caminando a ver si encontrábamos algún sitio más o menos abrigado. Antes, dos compañeros optaron por volverse, dado que no traían una protección adecuada y estaban helados. Según nos contaron luego fueron de cabeza al primer bar a tomarse un caldo caliente, Conclusión: en caso de duda más vale llevar cosas de más que las justas, que luego...


Me puse en cabeza para señalar los cruces de senderos y me percaté que en un pinar aún no había calado la lluvia y que podía servirnos de paraguas. Dicho y hecho. Entre alguna que otra zarza, sorteando la pendiente paramos un rato y pudimos comer en seco bajo el toldo de unos pinos robustos. Retomamos el camino con la sana intención de no completar el recorrido y tomar la primera carretera que nos acercara a La Arboleda. En ese tramo estuvimos envueltos en la niebla hasta que pudimos descender al pueblo. Allí nos despedimos. Trece se quedaron a comer y doce nos volvimos. Segundo se añadió a la comida, lo que nos alegró a todos. Llegamos diez minutos antes de que arrancara el funicular, así que llegamos a casa un buen rato antes.


La niebla da oportunidad de contemplar estampas bonitas cuando envuelve los bosques o se queda medio agarrada en las cimas, pero no nos permitió disfrutar de la belleza de la frondosidad que hay en esos parajes, ni contemplar el horizonte. Por otra parte, tenía previsto enseñar un mirador poco conocido con una vista genial sobre la Margen Izquierda. Tampoco tuvimos oportunidad de disfrutar del entorno de la mina Picuí. Nuestra fotógrafa oficial nos hizo constar su frustración, porque es uno de sus sitios preferidos para hacer fotos, así que me pidió que volviéramos para hacer la ruta completa y sacar las fotos que ese día fueron imposibles. Supongo que seguirá insistiendo hasta que lo consiga, ya sabéis cómo se pone. 



   

viernes, 20 de enero de 2023

La nieve a la puerta de casa

 


Esta mañana Orencio y yo no nos lo hemos pensado dos veces y nos hemos lanzado a la nieve, tras comprobar que aún pervivía en las zonas más altas. Teníamos dudas de subir al Eretza o al Ganeran, pero vimos que éste sí tenía nieve abundante y, como hace quince días ya estuvimos en el Eretza, nos hemos dirigido a Peñas Negras. Serían las nueve y media o así y ya estaba casi ocupado el pequeño aparcamiento adjunto a la Ekoetxea. Al bajar a las doce y media lo encontramos lleno de coches, además de los escasos arcenes de los alrededores. Así que nos hemos calzado las polainas y para arriba. Aún quedaba nieve en la pista desde su arranque, pero hemos aprovechado las roderas de vehículos, que a su vez servían de cauce al incipiente deshielo del día. 


Un grupo de animosos jovencitos nos ha adelantado veloces. Iban con zapatillas de lo más modernas, excepto uno que llevaba unas botas de goma altas tipo cazador. Al rato los hemos encontrado en el primer cruce de caminos y nos han dicho que iban a descansar un poco, pero lo suyo ha sido dar una vuelta y para atrás. A la nieve no se puede ir de cualquier manera y cierto personal que no está vinculado a la montaña no lo tiene en cuenta. Al poco de dejarles atrás hemos iniciado la subida directa al Ganeran. Ante nosotros se abría una ladera totalmente blanca, porque habían hecho una buena saca en el bosquecillo que hay en el comienzo de la subida, y nos permitía ver el primer repechón. Eso sí, una vez más árboles caídos, que nos han obligado ha tener que dar vueltas, con el peligro de que no se sabe lo que hay debajo de la nieve. Visto lo visto, antes de echar a andar me he puesto las cadenas en las botas. Lo de "he puesto" es un decir, porque me ha tenido que ayudar Orencio. Para ello hay que sentarse y allí no había ningún lugar adecuado .


El Ganeran tiene una subida muy prolongada compuesta por una serie de repechones de un serio desnivel. De esos que, cuando lo estás subiendo crees que ya llegas a la cumbre, pero te encuentras con otro, hasta que en el quinto ya ves el buzón. Enseguida hemos comprobado que la capa de nieve no era superficial, porque nos íbamos hundiendo de verdad. Nos ha sorprendido encontrar de repente una verde pradera. Mira tú por dónde, el tremendo viento suroeste que hizo ayer había fulminado la nieve de las laderas que miran al sur y en parte de la cima. Así que en tramos hemos andado con un espesor de nieve superior a los treinta centímetros, como señalo en la foto, y en otros sobre hierba mullida, todo un gusto. Las fotos son del colega Orencio, al que le gusta sacar recuerdos de cada día que salimos al monte.



El espectáculo que hemos disfrutado desde arriba no tenía precio. Los montes de enfrente nevados medio envueltos en algodón. Los frentes que traía el viento norte estaban dejando lluvia fina sobre Sopuerta y Galdames, pero no nos han llegado a nosotros. O sea, que estábamos viendo el paisaje como si nos hubiesen puesto un fino filtro. A su vez estábamos viendo el Abra iluminado por el sol. La zona de la cordillera estaba totalmente nublada. Al llegar a la cumbre nos hemos encontrando montañeros que ya emprendían la bajada, porque había hecho la subida por el camino que íbamos a usar nosotros de bajada. Al comenzarla hemos coincidido con un par de esforzados ciclistas, los únicos que se han encaramado a la cumbre, luego por las pistas hemos visto más, algunos con esas ruedas tan gruesas que parece que la bici se puede quedar en pie.


La bajada ha  sido una tortura. El camino era una de charcos, de regatos y de algún torrente que se ha llevado un trozo de camino. Hemos ido saltando para caminar sobre nieve y no sobre agua, aunque a veces te encuentras con que pisas nieve y debajo hay un charco. Al llegar a la pista central me he tenido que quitar las cadenas, porque hemos vuelto a andar por las roderas que están llenas de grava. Según íbamos bajando, comprobábamos que el personal no era muy montañero, sino que  habían subido para pisar nieve, para pasear a los perros o para sacarse fotos. En fin, cada cual a lo suyo, pero sin perderle respeto al monte. En los últimos tramos el deshielo ya había sido total en tan poco tiempo y, claro, se notaba la subida de temperatura que lo había provocado. Al llegar hemos entrado en el bar a tomar algo y hemos charlado un poco con la tabernera, que es vieja conocida nuestra. Se quejada de que los fines de semana le dejan los alrededores hechos unos zorros y más en estos días que la nieve atrae a familias enteras. Ya sabemos cómo se las gasta cierto sector de población que arrasa por donde pisa. En casa he tenido que hacer unos buenos estiramientos porque eso de la nieve está muy bien pero lleva un esfuerzo añadido, de todos modos una gozada de mañana.








 

domingo, 15 de enero de 2023

Trumpismo en el Vaticano

 


El asalto al parlamento estadounidense alentado por Trump ha encontrado en nuestros días un reflejo en el asalto sufrido por las más altas autoridades de Brasil a manos de una plebe enardecida y desatada que pedía un golpe de estado por no reconocer los resultados de las elecciones recientemente celebradas. No podían admitir que su líder Bolsonaro no pudiese seguir al mando del país. Previamente habían hecho acampadas delante de cuarteles militares para exigir a las fuerzas armadas que dieran un golpe de estado para restablecer el régimen anterior. Es un peligro no reconocer el valor de las elecciones y descalificar a los líderes que han resultado elegidos como ocupas o farsantes. Van dos intentos casi seguidos y, si seguimos el refrán, no hay dos sin tres. 


Está claro que en España desde que ha habido elecciones, antes y después de la dictadura, la derecha se ha concedido la prerrogativa de ostentar el poder. Caciques, terratenientes, empresarios, grandes intereses de la banca... sostienen unas formaciones políticas que no admiten otra posibilidad que no sea sustentar el poder político y económico, caiga quien caiga. Son capaces de boicotear la vida de los ciudadanos con maniobras increíbles, además de tirarse todo el tiempo de la oposición descalificando, calumniando, insultando y tergiversando los acontecimientos para hacerse con el poder que, por supuesto, solo les pertenece a ellos. La ultra derecha ya ha comenzado a agitar a las masas con manifestaciones y no sabemos, aunque lo sospechamos, hasta dónde les gustaría llegar a ellos. 


Mira por dónde, aparece de pronto, nada más enterrar al papa emérito Benedicto XVI, unas memorias suyas de la mano de su secretario monseñor Gänswein, alemán como él y conservador como él. El tal monseñor anda muy mosqueado con el papa Francisco por algo de un puesto del que le sacó y, claro está, no le hizo ninguna gracia. Y es que el poder, y el dinero que conlleva, es una droga que no perdona ni a los mismísimos supuestos servidores de Dios. Esas memorias se están usando como un arma arrojadiza contra el actual papado, porque su autor es consciente de la movida y del morbo mediáticos que puede provocar. Pero lo más peligroso es que, a su vez, puede resultar que se trate de un señuelo o de un pistoletazo de salida para que las fuerzas restauracionistas, fuertemente afincadas en el gremio episcopal, comiencen la campaña para quitarse de en medio a un papa incómodo que no les gusta porque toca temas incómodos, intentan saltarse tradiciones inveteradas en esferas clericales y no les permite mangonear la curia a sus anchas. O sea, que, de manera sutil y encubierta al más puro estilo vaticanista, se está cociendo un golpe de estado del que incluso se pueda hacer protagonista hasta al mismísimo Espíritu Santo. Y es que los monseñores son muy inteligentes y no meten ruido como los bestias de Brasil o del Capitolio, por lo que son muchísimo más peligrosos.


Ya Umberto Eco dejó testimonio en "El nombre de la rosa" de las tensiones entre los fraticelli franciscanos y los lujosos cardenales de la curia. El personal redujo la novela y la película a temas policiacos y al morbo de ver cómo los monjes se cepillaban unos a otros en la alta Edad Media. Había otro tema de fondo con una gran carga ideológica y un testimonio histórico. La historia de la Iglesia está escrita sobre tensiones entre las cúpulas vaticanas y las exigencias de autenticidad evangélica entre los seguidores de Jesús de Nazaret. Ya desde entonces se les reprochaba el antitestimonio que suponían sus riquezas y sus intereses políticos. En los siglos siguientes llegaron los cismas o los movimientos de nuevas órdenes religiosas dedicadas a la atención de los pobres y marginados en la sociedad, con mayor o menor acierto. 

Hoy en día en medio de una sociedad que está en pleno cambio de era, una Iglesia con los seminarios, diocesanos y religiosos, en las últimas y una escasez alarmante de curas y de fieles dispuestos a cubrir sus bajas, no se puede entender que aún se esté intentando mantener esquemas y derechos canónicos que responden a épocas y modelos de sociedad muy pasadas, tanto en el tiempo como en los avances de la ciencia y de la comunicación. Va a acabar diluyéndose entre la gente como un recuerdo o algo que no importa más que a unos cuantos nostálgicos. A no pocos creyentes convencidos les va a resultar muy difícil, si no imposible, mantenerse unidos a una Iglesia tan decepcionante. Es posible que unos acaben como personas fieles a la fe de Jesucristo pero sin religión u otros, dejando fuera de sus convicciones toda consideración teologal, puedan mantenerse fieles a los principios antropológicos y éticos que sustentan un humanismo comprometido con la justicia y la solidaridad social. Por encima de todo esto, y sin hacer el mínimo caso a los signos y a las estadísticas, los jerarcas a lo suyo, porque ya resulta un secreto a voces el que hay obispos españoles, eméritos y en funciones, que participan en la conjura contra el papa Francisco y contra todas las nuevas leyes que supongan avances sociales, y así les va a ir.

lunes, 9 de enero de 2023

Lunes de senderismo 12

 


Lunes 9 de enero, primera salida del año 2023. La última del 2022, subida a la colegiata de Zenarruza, estuvo marcada por la lluvia y por el escaso número de asistentes y la inauguración de este año ha sufrido un castigo similar. Lo de entonces sí fue lluvia en serio, lo de esta vez se ha quedado en un simple amago de unos cuantos chaparroncitos que nos han obligado a llevar el paraguas en la mano. Todos nos estamos haciendo mayores pero algunos o algunas más de prisa  que los demás, por lo que se ve, que se arrugan enseguida por la lluvia, que vivimos en Bizkaia, digo yo. A partir de las once ya no nos han hecho falta los paraguas e, incluso, hemos tomado un poquito de sol, para que no faltase de nada. Así pues, a la hora convenida estábamos doce incondicionales en la parada del bus. Algunas de Cruces y de Retuerto optaron por acudir a Beurko Berrri. Había gente que aún tenían dudas sobre el tema de la huelga, pero se aclararon enseguida. El bus llegó a su hora y al bajar en Gallarta nos encontramos con Isidro que ya se había adelantado, que lo de ir por delante es lo suyo.

Lloviznas al comienzo

Se ha ido manteniendo un buen ritmo, entre otras cosas porque en casi todo el recorrido hemos tenido un firme cómodo para un día de lluvia y porque no había muchas ocasiones de entretenimiento, así que en tres horas hemos completado la marcha. Al llegar al cruce con la carretera que baja de Peñas Negras hicimos parada y fonda. Hemos aprovechado unas piedras de tamaño considerable, que hacen de corte para vehículos en una pista,  para convertirlas en mesas rústicas para nuestras viandas. Al retomar la marcha nuestra fotógrafa oficial nos colocó para la foto de grupo. Antes ya se había hecho recuento y solo cinco no nos quedábamos a comer.

Segunda parte sin lluvia

El chofer del viaje de ida le había contestado a Emilio que teníamos bus de vuelta a y treintaicinco. Así que nos lo tomamos con tranquilidad, pero cuál no fue nuestra sorpresa que al llegar a la parada de la playa nos encontramos con un bus que acababa de aparcar. El chofer se estaba bajando para estirar las piernas y algo más y nos dijo que arrancaba a y cinco. Eran menos cuarto, así que dio tiempo para que, los que quisimos, tuviéramos el privilegio de contemplar la masa de olas embravecidas que parecían querer arrancar la playa. A la par, dejaban pintadas, en un baile de blanco espuma, las rocas de los acantilados que la cierran. Cogimos el bus de vuelta y los de la comida optaron por bajarse en Muskiz, en vez de volver andando. Los demás llegamos a eso de las dos a la parada de S. Eloy. La próxima salida oficial será por la zona de las minas el día 23 de enero. El 16, si no hay inconvenientes podremos hacer una extra como tenemos costumbre. Ya enviaré las citas a su momento.




martes, 3 de enero de 2023

El futuro es impredecible

 
El futuro es impredecible y no hay vuelta de hoja. Ya pueden los economistas de alto standing o los politólogos más acreditados prever, augurar o poner en marcha los últimos algoritmos. Nadie puede decir lo que va a suceder y si acierta es por casualidad, como en la lotería, no porque sepa mucho. Este año pasado nos ha deparado de todo y casi nada bueno. Más aún, este 2023 entra marcado por el último desastre que nos ha caído encima, y puede ser más que probable que no se arregle antes de que termine. Quién nos iba  decir que uno de los elementos más peligrosos de la KGB soviética, con un poder totalitario al mando de Rusia, iba a poner el mundo patas arriba con una invasión propia de siglos anteriores, llegando a usar métodos de guerra propios del ejército nazi, ensayados por aquí cerca.


Por si esto fuera poco, China está mosqueada con los USA por su apoyo a Taiwan y en cualquier momento puede saltar otro incendio que se añadiría al ya existente. Por no faltar de nada, anda de nuevo contaminada de COVID y puede provocar, al mínimo descuido, otra pandemia mundial. 

En nuestro país nada se puede prever por más encuestas que se publiquen. Los políticos más sensatos serán los que no levanten la voz hasta la última de las encuestas, o sea, las elecciones. Unos apuestan por mentir, gritar, insultar, tergiversar y lanzarnos discursos apocalípticos sobre cataclismos que nos esperan si no suben ellos al poder. Me temo que aún quedan entre las gentes sencillas personas que se lo crean, pero nadie puede asegurar que dichos políticos acierten en una sola de sus predicciones, cosa que tampoco les importa mientras sirvan para echar barro al ruedo político.


El gobierno y los grupos que le apoyan están intentando paliar, como buenamente pueden, los problemas que acucian a la mayoría del personal de a pie en su día a día, están bien considerados en Europa y están renovando una serie de leyes para mejorar el mundo del trabajo o de los derechos de las minorías. Sin embargo, nadie les puede asegurar que muchos que se van a beneficiar de esos esfuerzos les vayan a votar en las diversas elecciones que se avecinan.

Aún nos gusta celebrar el cambio de año hablando de los deseos que le vamos a pedir, de los propósitos que nos planteamos para cambiar o mejorar nuestra vida. Pero todo ello no deja de ser una costumbre en parte festiva y, en parte, un pequeño autoengaño para hacer creer que vamos a cumplirlos. Nos deseamos salud sabiendo que somos sumamente frágiles y por más que nos cuidemos, que está bien, nos puede llegar alguna sorpresa desagradable en el momento menos esperado. Apostamos por mejorar nuestro bienestar, pero enseguida nos conformamos con que nos quedemos como estamos, no vaya a ser que la cosa vaya a peor. 

Le pedimos a Dios por un montón de cosas o personas que nos preocupan, pero luego no faltan los que le piden cuentas de que no se las haya concedido, de que sucedan catástrofes, de que se cometan injusticias, de que haya accidentes o de que permita que haya gente depravada y dañina. Lo único que le podemos pedir a Dios es su Espíritu para que tengamos la fuerza y la honradez de hacer frente a los problemas y a los imprevistos que nos va a plantear la vida y para ir llevándola con dignidad y en armonía con los que nos rodean. Sí es bueno, y casi imprescindible, que nos marquemos un horizonte hacia donde queremos dirigirnos, pero nunca sabremos con qué tipo de camino, de sendero o de carretera nos vamos a encontrar, lo importante es estar dispuesto a caminar por donde nos depare la suerte o la historia. Así podremos asegurarnos de que podamos decir al final del 2023 que ha sido un año feliz, como nos lo estamos deseando unos a otros en este comienzo.



domingo, 1 de enero de 2023

Benedicto XVI Goian Bego


 Me acabo de enterar que ha fallecido Benedicto XVI, después de sufrir una larga enfermedad. Le deseo que descanse en paz, porque siempre me dio la impresión de que era una persona, además de introvertida, que llevaba dentro una buena dosis de sufrimiento. Una mente lúcida y fuera de lo común, con un nivel cultural y académico superlativos. Personalmente creo que se equivocó al aceptar el papado, impulsado por considerarse heredero del anterior papa y así dar continuidad a su labor restauracionista, pero le alabo porque supo retirarse a tiempo, cuando tuvo que reconocer que aquello le superaba por todas partes y que las riendas de la Iglesia se las habían arrebatado de las manos. Creo que fue una decisión que no hubiera sido fácil ni posible en otro tipo de personas, porque los sillones del poder tienen una fuerza de absorción muy difícil de superar. Estoy convencido de que ello supuso un ejercicio ejemplar que nos vendría de perlas aprender a los mortales: ser sincero consigo mismo o, lo que ayuda, a ser sincero para con Dios. Él pudo escribir y sermonear de manera brillante, profunda sobre Él, pero a la hora de la verdad esa sinceridad, que le llevó a tomar una decisión tan fuerte, es lo que cuenta.


Tuve conocimiento de su obra, fruto de su trabajo en el concilio Vaticano II, en mi juventud de estudiante inquieto en los últimos años del franquismo cuando todo olía a cambio y a revolución. En aquella época me pareció que era un pensador que marcaba horizontes alternativos, pero con el tiempo, para sorpresa de muchos, se fue convirtiendo en un "enlatador" de dogmas y normas. Su obsesión era conservar intocados e intocables todos los principios tradicionales conservados en las escrituras, en los concilios o en las normativas morales de la tradición eclesial. Ellos eran la verdad y punto. Así que se dedicó a destrozar teólogos, obispos y a algún que otro superior religioso que se atrevían a salirse de ese redil, llegando en casos a un trato inhumano y despótico desde su cátedra de inquisidor mayor de Roma.

Creo que sus años de papado han sido una losa para muchos católicos que viven a Dios comprometidos en el mundo. Ratzinger llevaba al pie de la letra la consigna "sine ecclesia nulla salus", que otros, cambiando una sola palabra, le dábamos la vuelta a la tortilla "sine mundo nulla salus". Éste hombre se encerró en su cápsula romana, adornándose como un pavo real con vestimentas propias de los Borgias y ceremonias espectaculares, mientras la corrupción, los abusos sexuales, la pérdida de fieles y el montaje de toda una mafia purpurada hacían de las suyas. Menos mal que tuvo el valor de dejar de mirar para otra parte y asumir sus limitaciones, lo que para una persona de su inteligencia le pudo estar provocando un plus de sufrimiento interno. Eso sí, dejó un pastel a su sucesor de mucho cuidado, como ya escribí en su día en dos entradas, mientras tanto él ha disfrutado de una jubilación de lujo, no sin volver a sacar su vena inquisitorial ante algunas propuestas renovadoras de Francisco -por ejemplo, el sacerdocio para hombres casados-. No me quiero ni imaginar cómo estaría la Iglesia Católica a estas horas si hubiese seguido de papa hasta su muerte, aunque probablemente le habría llegado antes porque su cuerpo ya no habría aguantado tantas tensiones. Lo dicho, descanse en paz.

                     


domingo, 25 de diciembre de 2022

Días de monte 46

 


¿Quién dijo que no? No me pude resistir a la oferta de Orencio para participar en la salida del pasado sábado 17 de diciembre con Juanjo y Miguel. Ya había estado con ellos en otra ocasión por los montes de Ordunte a principio del verano. Ha estado muy bien porque me he sentido en forma y he disfrutado como un caimán con la travesía y con la compañía de ellos. Una mañana perfecta, madrugón que ha resultado positivo porque a las doce y media estábamos ya volviendo al coche. Han sido cuatro horas de sube y baja con un acumulado de 450 metros de desnivel.

De nuevo he  ido tranquilo sabiendo que me iban a guiar con eso de los track y de la señal del satélite. Me ha sorprendido que los nuevos dispositivos te hacen un toque de atención si te desvías del camino. Todo un invento, porque ante las dudas tarde o temprano te devuelven al camino correcto.

Como es habitual entre ellos se queda en las paradas de bus de la salida de Barakaldo. He tenido que retomar la antigua costumbre de usar zapatillas de cambio. Nos hemos encaminado en dirección Vitoria y nada más bajar Aiarduin nos hemos desviado a Letona.


Hemos dejado el coche al pie de la imponente iglesia del pueblo en un aparcamiento que debe estar preparado para montañeros y senderistas. Esta vez le tocaba poner el coche a Miguel. Al principio tenían una discusión entre éste y Juanjo que eran los que llevaban el móvil, que si a la derecha o a la izquierda. Luego entendí que estábamos siguiendo el track en sentido inverso. La travesía consistía en hacer una serie de cumbres dispuestas en forma de herradura y, al parecer, íbamos a comenzar por la vertiente más empinada para evitar tener que bajarla si se hiciera tal como estaba indicado. Hay que tener en cuenta algunos problemas de rodilla del personal.


Al acercarnos al inicio de la subida hemos tenido que sortear un arroyo que compartía el camino. Me ha llamado la atención lo limpia que bajaba el agua y he agradecido, como siempre, el acompañamiento musical de su correr. A poco hemos tenido que enfrentarnos a veredas y vericuetos llenos de maleza, pero poco a poco la subida, pelín exigente, fue discurriendo sumergida entre un robledal bajo mientras nos íbamos desprendiendo de la niebla de abajo, aún eran las ocho y media pasadas. Salimos a un terreno despejado y encaramos la primera cumbre, Amaritu 780 metros.

El camino se convirtió en piedra lisa y había que tener cuidado porque conservaba humedad, a pesar de que le estaba dando el sol. La cumbre fue una primera sorpresa por las vistas de los montes, porque la llanada alavesa y los valles de alrededores eran un espeso manto de niebla.

Bajamos por un terreno más seguro par evitar culadas y estuvimos un largo rato haciendo una travesía con tramos abiertos y de bosque que nos acercó a la segunda cumbre Armileko, techo de la travesía prevista 888 metros. Tuvimos que perder altura para encarar una pista con fuerte ascensión, que íbamos viendo desde lejos con cierto respeto.


Era una de esas cumbres engañosas y redondeadas que cuando crees que vas a llegar siempre queda un último repechón para rematarla. El esfuerzo mereció la pena porque la visión era impresionante: las sierras de Kuartango, Peña del Oro, Marinda, Murgia, toda la zona del Gorbea y a lo lejos, perfectamente dibujada la silueta del Amboto, Orisol, Ispistu, Sierra Salvada, montes de Ordunte y mares de niebla. 

Fuimos haciendo risas porque por todo el trayecto en las cumbres y en los collados nos encontrábamos con mojones que señalaban los límites del territorio de Vitoria, que llega hasta Zuia. Así que hoy hemos estado en la capital alavesa. Para bajar, el desalmado de Juanjo nos metió por un atajo en el que había que clavar bien los bastones si no querías rodar.


Al llegar al collado que da paso a la tercera cumbre hicimos parada y fonda, aunque no encontramos ningún sitio para apoyar nuestras posaderas. Vino bien reponer fuerzas porque la subidita que nos esperaba con un fuerte desnivel y un piso resbaladizo nos puso un tanto difícil e incómodo acceder a la cumbre, pero no hay cuesta que nos detenga y allí estaba el Arrato 886 metros y con vistas similares. 


A partir de aquí el terreno indicaba que íbamos bajando, esta vez rodeados hasta casi el pueblo por encinar bajo muy de tipo mediterráneo. Engañosa sensación porque a poco estábamos encarando unos promontorios rocosos espectaculares, con algunos pasos aéreos no aptos para gente afectada por el vértigo, hasta llegar a una cumbre con un buzón improvisado. Al parecer estábamos rodeando por lo mas alto el barranco de S. Víctor,  que tiene fama de ser espectacular pero que nos resultó imposible de disfrutar por aquello de la espesa niebla.


A partir de ahí ya todo era descenso, pero en plena bajada quedaba la última tachuela por abordar y no podíamos pasar de largo como si nada. La ermita de San Víctor,740 metros, erigida sobre las ruinas de una antigua fortaleza del reino de Navarra para ejercer funciones de vigilancia sobre los accesos al puerto contiguo. Así que también hemos estado en Navarra. Es una cresta empinada y, una vez más, el desalmado de Juanjo nos metió por un acceso endiablado cuando había un senderito perfectamente preparado para acceder con cierta comodidad. Por este iniciamos el descenso definitivo que nos llevó de nuevo a Letona en cuatro horas de caminata. Disfrutamos de una mañana preciosa de montaña y de compañerismo y me he sentido bien y en una forma mejor que en otra ocasiones.