jueves, 1 de enero de 2015

Días de monte 19

El martes 23 de diciembre, por aquello de que Juanjo tenía día libre, nos cobramos la deuda de salida que teníamos. Contamos con el regalo de un día espléndido, gracias al anticiclón que nos tuvo a resguardo de inclemencias. Nos dirigimos a la Peña de Angulo con cierta precaución porque existía riesgo de hielo en todo el trayecto, pero no tuvimos problemas porque la helada no había afectado al asfalto en ningún tramo. Justo al llegar a lo alto del puerto aparecía una lengua de niebla, lo que preludiaba la presencia de niebla en el valle de Losa y alrededores. Los primeros tramos del camino estuvieron envueltos en niebla pero en la medida en que fuimos tomando altura tuvimos todo despejado,eso sí, con todo el suelo helado hasta el descenso.

El primer objetivo era llegar a la lobera de S. Miguel. Aún son impresionantes los restos de los muros derruidos y del foso. Llegó a tener 890 metros de largo y el último lobo que se ejecutó en él fue en 1954. Luego a través del hayedo salimos a la loma que lleva hasta la primera cumbre que nos indicaba el recorrido el Moscardero De allí a la segunda, el Urieta 1.135 metros de altitud, fue todo cumbrear con un espectáculo impresionante. Por la cara sur un mar de algodones del que destacaban solo algunas cumbres, como la sierra de la Tesla nevada, y por la norte toda la línea de montes desde el Castro Valnera hasta el Sollube.

Al bajar nos cruzamos con tres montañeros que subían y nos miraron extrañados que a esas horas estuviéramos ya bajando, después de llevar dos horas y media de caminata. Uno nos dijo que hasta que no ponían el sol no había que salir de casa. No conocía a Juanjo. La bajada fue un dejarnos caer entre hayas y roquedos hasta llegar de nuevo a la lobera. En el último tramo nos encontramos con los parapetos de camuflaje de los escopeteros que están al pase de la paloma. Esa es la parte del panorama que no nos gustaba en absoluto. Al llegar al coche llovía el hielo que el viento arrancaba de las ramas del pinar contiguo, así que tuve que mover el coche de sitio para poder cambiarnos con tranquilidad. Solo nos faltó contemplar la imponente cascada, pero eso tiene que ser en primavera o en un otoño lluvioso. En fin, no se puede pedir todo.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Violencia de género: "deabru belarrak"

Después de una semana, y de un año, sangrante en lo que se refiere a las mujeres víctimas de la violencia de género, me sigo preguntando sobre los orígenes de estas reacciones violentas que, con o sin malos tratos previos, llegan a extremos que siguen resultando inaceptables, sea cual sea la cultura de la que procedan los maltratadores. Todos los recursos y leyes que se dicten al respecto siempre serán necesarias, pero nunca serán suficientes. Su función será paliar los daños en la medida de que lleguen a tiempo. Las medidas preventivas que se están haciendo desde Educación y desde las áreas de los servicios sociales son imprescindibles, pero sus resultados son a largo plazo. A pesar de todo, es inevitable que siempre aparezca algún cordón umbilical que alimente e imposibilite arrancar de raíz esta plaga.De vez en cuando echo la vista atrás y rememoro casos en los que hemos intervenido y me sigo haciendo las mismas preguntas de entonces con más perplejidad si cabe, como en el post que subí hace poco. También recuerdo lo que comentábamos mi amigo Jesús y yo cuando trabajábamos juntos en la construcción. Las broncas del arquitecto o del aparejador siempre las paga la mujer de algún peón, que es la última de la fila, o, en caso de que el peón no esté casado, la contratada de turno. O sea, debe ser un tanto corriente que los cabreos y las frustraciones de los varones los acaben pagando las mujeres y, a veces, con facturas inasumibles.


Paz era una chica de 13 años, que acogimos en el hogar porque su padre repartía estopa a discreción e intentó suplir con ella lo que no hacía con la madre, que estaba reducida a ser el saco de las ostias. A todo esto, su hermano Pedro le plantó cara para defender a la madre y, al final, tuvieron que intervenir los servicios sociales y alejar al energúmeno del hogar. Años más tarde Pedro estuvo una temporada trabajando con nosotros en Emaús y luego encontró trabajo y se casó con una chica encantadora con cara de muñeca. Un día, años después, me crucé con ella y, además de notar un velo de tristeza en su mirada, saltaba a la vista que llevaba un ojo morado. Me estoy arrepintiendo todavía de no haberme parado a hablar con ella.

Jon era el mayor de cuatro hermanos de una familia un tanto caótica. Su padre fue peón de los que repartían leña y se bebían el sueldo. También Jon se enfrentó a su padre y llegó a pegarse con él. No aguantó nada ni en el instituto ni cuando le acogieron en un hogar de Diputación. Se las arregló por su cuenta trabajando en la construcción, como tantos otros. Luego se casó con una viuda que ya tenía una hija. La conocí porque tuvimos que intervenir a raíz del absentismo grave de su hija en el instituto. También como otros muchos Jon se quedó en paro. He visto varias veces a su mujer con la cara marcada y amoratada.


Andrea era una mujer joven cuando la conocí. A pesar de su edad tenía tres hijos y acababa de salir de un programa de protección de maltrato. El energúmeno de turno estuvo a punto de matarla y había acabado en prisión. Nos llegaron denuncias desde el colegio por la situación de los niños. Algo iba mal. Andrea se había echado una nueva pareja que repetía el mismo rol que el de la cárcel, solo que esta vez lo hacía extensivo a los niños, y ella se lo permitía. Años después conocí a los dos hermanos mayores más de cerca porque eran absentistas. Uno intentó suicidarse cuando le dijeron que tenía que salir del hogar de acogida y volver a su casa. Sé que el otro ha acabado en algún piso de reforma por sus agresiones una tanto violentas y por sus fechorías de predelincuente.

Estos son unos pocos ejemplos cogidos a vuelapluma, pero que dan sentido al título que le he dado a este texto: "deabru belarrak", las hierbas del diablo. Así llamaba mi amigo Txikuri a esa hierbas que tienen toda una red de raíces y que van invadiendo poco a poco los alrededores, acabando con la vida de las demás hierbas. Por más que las arrancas o les echas venenos, siempre queda alguna raíz que logra, más tarde o más temprano, reproducirlas. Las conductas violentas que se reproducen en los hijos, la falta de cultura de convivencia, la ausencia de respeto en la relaciones familiares, la falta de resistencia a la frustración, la tolerancia al maltrato o su búsqueda inconsciente, la mala situación laboral, los problemas económicos, la prepotencia machista, la dependencia económica de la mujer... O varias juntas, hasta que afloran en cualquier momento y ya es tarde ¿Cómo se va a llegar a arrancar todas esas raíces? ¿Hasta cuándo va a durar esa tarea, si es que la tomamos en serio? Esa es la cuestión.



lunes, 8 de diciembre de 2014

Risto, te has pasado

En el último chéster, entre los tomas y dacas con el actor de turno, el señor Mejide afirmó con total contundencia que el fenómeno del papa Francisco es una operación de maquillaje de la iglesia, sin dejar la más mínima duda al respecto. Haciendo mía su propuesta de hablar sinceramente, he de decir que me he sentido aludido y ofendido, tanto por la afirmación en sí como por el tono y el contexto en el que se trataba. En esta materia, como en otra cualquiera, para hacer una afirmación tan tajante creo que se debe ser un conocedor profundo de la misma o, al menos, estar debidamente informado por fuentes fidedignas. No sé si el señor Mejide estuvo, o contó con algún confidente, en el cónclave que eligió al cardenal Bergoglio. Tampoco me consta, que puede que sí, que haya estado de corresponsal de prensa en el Vaticano, como para conocer los entresijos secretos de las altas jerarquías curiales. Me resulta extraño que el señor Mejide considere seguro que los que cortaban el bacalao en Roma, bajo el paraguas de los anteriores papas, tuviesen preparado un plan de maquillaje que haya comenzado por segarles la hierba debajo de los pies a los más interesados en mantenerse en el poder. Me extraña, por otra parte, que con su agudeza no se haya percatado de la movida de sillones en la conferencia episcopal española y de la incomodidad que se deja traslucir en el mundillo de los mitrados españoles. No creo que un simple maquillaje resulte tan incómodo.

Es probable que el señor Mejide no haya leído o escuchado las declaraciones del actual papa o se piense que sus actitudes y su modo de vida no supongan una ruptura con la línea de los anteriores y resulten ser simple puesta en escena. No valora tampoco que, por fin, haya por primera vez un papa no europeo que hable el lenguaje de la América del Sur y ponga en valor la existencia y las demandas de los pueblos desfavorecidos. Claro, tanto el señor Mejide como su interlocutor, resumieron el problema de la iglesia en que tendría que vender los tesoros artísticos del Vaticano para hacer obras de caridad o similares. No se han parado a pensar todo el camino que habría que recorrer hasta llegar a ahí, como si eso fuese algo que se decide en un abrir y cerrar de ojos o fuese lo más fácil de conseguir.

Señor Mejide, somos muchos los creyentes que hemos tenido que estar ivernando o tapándonos la nariz mientras Juan Pablo II desmontaba piedra a piedra el Vaticano II y Ratzinger defenestraba teólogos y le daba la puntilla. Romper el restauracionismo inmovilista en el que se había instaurado la jerarquía, ese sí que era el problema. Y lo que este papa está haciendo es marcar el rumbo en dirección contraria con las palabras y con los hechos que están a su alcance. Puede que eso para usted sea maquillaje, pero para muchos es esperanza y movilización. 

Es probable también que entre los televidentes que siguen su programa haya creyentes que están de acuerdo con estos mensajes del papa Francisco y, a la vez, estén dando todo de sí por causas más que justas y altruistas. No creo que, aunque usted no comparta sus ideas o creencias, dude de su talla ética. Pienso, por tanto, que con afirmaciones de ese tipo desvaloriza, no solo lo que está haciendo el papa Francisco, sino también la labor y el empeño de estos creyentes de a pie que comparten su mensaje. Puede que más de uno se haya sentido ofendido, igual que yo, por afirmaciones tan frívolas como la suya. Por otra parte, además del poco respeto mostrado  al habernos tomado por maquilladores o vendedores de humo a los creyentes, me da la impresión de que usted mismo ha insultado  a su propia inteligencia, que no es pequeña al igual que su descaro, al emitir afirmaciones simplistas que responden más a prejuicios que a razones debidamente contrastadas. 

lunes, 24 de noviembre de 2014

El idiotismo hispano

Hemos andado a vueltas con el funeral de la famosa duquesa de Alba. Ahora todo lo informativo está impregnado del glamour que se le ha otorgado a esta señora. Algunos prefieren cebarse en su parte débil y se han estado riendo de ella con imitaciones grotescas, pero la inmensa mayoría de la población de la piel de toro está expectante ante la despedida de uno de los iconos de la nobleza hispana. Será por su peculiar personalidad, será por todos lo saraos impropios de la gente de su casta que ha montado, será porque acabó hecha un adefesio, será vaya a saber usted por qué, pero esta mujer ha estado siempre en el candelero del papel cuché y ha servido toneladas de morbo al populacho ávido de carnaza. Ha muerto llena de títulos, podrida de millones, vestida con un patrimonio artístico que para sí quisieran muchos museos. El funeral por todo lo alto, el ayuntamiento de Sevilla a su disposición, la catedral, el arzobispo... toda una pompa propia de un personaje importante para la nación.

Rivalizando portadas con la duquesa, aparece la Pantoja, que de cantaora lisa y llana fue subiendo de estrados con un historial turbulento de matrimonios, separaciones y demás saraos familiares. Todo ello le llevó a compartir cama y cartera con uno de los ladrones de guante blanco más destacado del patrio suelo, que ya hace falta mano para llegar a esas alturas. 
Ahora resulta que tiene que pagar por ello con la cárcel, como tendría que ser para todos, por lo que se benefició de la tal coyunda, que debió ser cantidad interesante. Pues hala, portadas, debates televisivos, revistas enteras, encuestas populares...

Y, por si fuera poco, aparece un chichilicuatre que se saca unas fotos comprometidas y tiene de coronilla a la vicepresidenta del gobierno y hasta la casa real. Aparece en todas las redes sociales y, de paso, ofrece entrevistas a televisiones y, además de haberse hecho famoso, se estará forrando con lo que le habrán pagado por sus exclusivas. Tiene cara de no haber roto un plato en su vida, pero de la misma es capaz de soltar las mayores mentiras sin mover una pestaña. O sea, que ya se ha buscado la vida sin necesidad de titulaciones y con un único máster en cara dura, que para más coña no necesita el pago de créditos.

Y yo me pregunto si estos son el tipo de personas y de modelos que se necesitan para sacar este país adelante en una situación como la que estamos viviendo. No entiendo qué méritos han podido tener personas así para ser objeto de toda clase de rendivús y de benemerencias por parte no solo  del mundo del famoseo -que lo veo lógico-, sino del ámbito político e institucional y de grandes masas populares que sorben los vientos por poder meter las narices en sus vidas. No sé qué les vamos a poder decir a las próximas generaciones sobre sus posibilidades de ganarse la vida o sobre los valores que se necesitan para manejarse dignamente en ella. Pero si resulta que a lo que aspira la mayor parte de los hispanos es a ganarse la vida, como los ídolos arriba citados, chorizando, viviendo del cuento o de las rentas y sin pegar un palo al agua, tendré que acabar dando la razón a mi hija cuando suelta aquello de "vaya país de mierda".

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Días de monte 18

En realidad tendría que poner 20 en vez de 18, porque las anteriores salidas se quedaron sin reportaje gráfico por los despistes de última hora: Peña Mayor de Mena y Lekanda en el parque del Gorbea. Esta vez nos atrevimos con el Udalaitz, 1.092 mts, subiendo desde Kampazar. Hacía muchos años que ninguno de los dos nos habíamos acercado a esta roca imponente y aérea. O sea, que éramos jóvenes cuando la subimos y no nos estábamos dando cuenta que, como digo yo, con los años las cuestas se empinan más. La cantera, una más de la zona, que se está comiendo el monte nos despistó un poco al iniciar el camino, pero luego encontramos sin dificultad el sendero. 

La subida es desde el principio empinada y, a medida en que se avanza, se convierte en despiadada. El terreno es incómodo y en muchos tramos no se asegura bien la pisada. Siguiendo las indicaciones que traía Juanjo, empezamos bien pero llegó un momento en que el sendero marcaba dos opciones y seguimos, sin saberlo, a la que nos llevaba a la subida en plan de trepada. Creo que fue en el momento en que Juanjo me sacó la primera foto del álbum que adjunto. A partir de aquí nos encontramos primero una senda de cabras casi imperceptible entre piedras, pero con una caída vertical en la que veíamos al fondo los camiones de la cantera. Reconozco que hubo tramos en los que tuve que tragar saliva. Después de más de media hora, a pocos metros de la cumbre, no quedaba otra que ir a cuatro patas y agarrándose bien. Vaya trepadita. 

Me quedé alucinado al llegar arriba. El día era claro y el viento no muy molesto. Al estar aislado de las cadenas montañosas se convierte en un auténtico puesto de vigilancia de largo alcance: el mar, Vitoria, el Serantes, Aralar, S. Donato y los montes de la muga con Francia. A la vez, su altura permite contemplar el entorno como estar mirando una maqueta de las poblaciones y de los montes de alrededor: Mondragón, Elorrio, Durango, Amboto, Mugarra, Gorbea, Oiz, Aketegi, Erlo, Txindoki... Todo un banquete de panoramas, a excepción del destrozo de la última autopista a Vitoria. 

Poco a poco la cumbre se fue animando con la llegada de más montañeros en un magnífico ambiente de cordialidad. De todos modos yo mantenía el temor de que iba a resultarnos imposible hacer el descenso por el mismo camino de la subida. Dos chicos jóvenes que habían subido por el mismo sitio nos orientaron para bajar por el camino "normal", como lo llamaron. Bueno, lo de normal sería porque no había que trepar, pero resultó tan despiadado como el otro por su verticalidad y las malas condiciones del terreno. Así en un descenso que nos pareció eterno, tras las inevitables culadas y resbalones, llegué destrozado como nunca al coche. Eso sí, tanto Juanjo como yo estamos pensando usar dos bastones para las bajadas.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

¿De qué estamos hablando?

Estamos viviendo uno de esos momentos en los que nos martillean los oídos y con imágenes con asuntos monotemáticos. Además de resultar ya cansino estar todos los días con la corrupción y con la independencia a vueltas, resulta que se habla y se discute sobre ella pero sin definirla. Ha habido cantidad de discusiones sobre independencia sí o no -si se tiene derecho, si se queda en Europa, si la liga de fútbol, si la economía...- pero sin hablar de la independencia en sí.  Parece ser que la única definición que se está dando es la separación de España, y eso también sirve para el independentismo de aquí. En ese caso caso hay que hablar y definir todo lo que supone una independencia total, no vaya a ser que pase como cuando los jóvenes dicen que se independizan de sus padres y luego están un día sí y otro también comiendo en casa de la madre y llevándole la ropa para planchar. 

El que propone una independencia no puede atenerse simplemente a los sentimientos, tanto positivos como negativos de la gente, y a unos supuestos históricos que abalan dicha opción. Hay que ser serios, porque, como decían las abuelas, con las cosas de comer no se juega. La opción independentista tiene que hacer valer su voto, lejos de discursos enfáticos y, a veces, simplistas, en unos programas y planes concretos para salvaguardar o mejorar la convivencia y el bienestar social y económico de la ciudadanía, que es de lo que se trata. Deberá explicar con qué recursos se va a contar para atender aspectos como la energía, la moneda, la seguridad y el orden público, el mantenimiento de las pensiones y de las prestaciones sociales... O cómo se van a regular las relaciones laborales, el tema de la banca, el sistema fiscal, las relaciones internacionales, las fronteras... No se puede decir que por ganar unas elecciones o un referendum se proclama unilateralmente la independencia de la noche a la mañana: eso supondría dejar al país con el culo al aire y el pobre tardaría décadas para curarse y recuperarse de semejante constipado.

Es cierto que el estado de las autonomías no da más de sí y que el nacionalismo español sigue siendo una rémora que lastra los gobiernos centrales y los partidos mayoritarios. Se ha cercenado descaradamente el estatuto catalán a golpe de tribunales, se tiene sin cumplir aún el estatuto de Gernika y se juega al gato y al ratón con las competencias y con la financiación de las autonomías. Esto está provocando, junto con las consecuencias de las políticas de recortes sistemáticos del gobierno central apoyado en el absolutismo parlamentario del PP, un rechazo a todo lo que suene a centralismo y una identificación de España con lo que están haciendo esos señores y señoras. Se cae entonces en el discurso fácil de que damos más que recibimos o pagamos para que otros hagan el vago y cobren, luego si no tenemos que darlo nos arreglamos mejor con lo nuestro, o similares. Claro que eso hay que demostrarlo y sacar las cuentas antes.

Personalmente no creo en los saltos cualitativos sino en los procesos. No es prudente pretender dar un paso más largo que la pierna, por el riego de descoyuntarse que implica. Es imprescindible modificar y mejorar la constitución para permitir que la diversidad de personalidades de los pueblos de España tengan una capacidad de autogestión plena, sin renunciar a la cobertura de una gobernanza común en intereses de tipo supranacional que nos afecten a todos. Llámese federalismo, unión de estados, reino unido o como sea la fórmula que se quiera adoptar, se necesita en principio compartir responsabilidades que entre todos nos resulten más eficaces y no renunciar a seguir disfrutando de la riqueza que tiene este estado en la diversidad de tierras y de gentes que lo componen. A partir de ahí, el personal ya estaría mejor preparado y con más conocimiento de causa para optar a  la separación total de su territorio. En mi modesto entender creo que por ahí puede venir una solución, si no con el rompe y rasga de unos y el palo judicial de los otros, esto se está convirtiendo en una marcianada de pantalones largos de la que vamos a salir todos perjudicados. Y vista la predisposición de diálogo que exhibe cada bando, no nos va a quedar otra que encender velas a Santa Rita, patrona de los imposibles.

lunes, 10 de noviembre de 2014

De dos en dos


Ayer fui a visitar a mis compañeras de trabajo y, cuando ya me iba, apareció él con su pinta de siempre, desaliñado y con cara de buscar algo, porque solo se acuerda de nosotros cuando truena y necesita ayuda, ordinariamente urgente. Esta vez se trataba solamente de una fotocopia  para una gestión administrativa. A todo esto le preguntamos por sus hijos, porque el muy capullo acababa de tener mellizos. O sea que en total tres porque su pareja ya tenía otra preciosidad de cría, más lista que el hambre. Así que sin cortarse un pelo apareció con los críos y con su compañera. Quién me iba a decir que aquel crío desarraigado, que no daba pie con bolo en los estudios, que era incapaz de estar un minuto sentado sin armar una, al que tenía que perseguir para que comiera algo, al que le tuve que limpiar el colchón un montón de veces, que no se dormía si no me ponía a su lado y le contaba algo... se iba a meter, sin pensarlo claro, en una movida así. El mismo que cuando en la adolescencia dejó de estar en hogares de protección acabó trapicheando, metido en movidas violentas, mercadeando con costo, entrando y saliendo en medidas judiciales y reproduciendo la historia delicuencial de su familia, se nos presentaba como padre felisín. Tuvimos que tragar saliva y hacer fiestas a los peques y darle chuches a la mayor, que se sentó muy convencida hasta acabar con todas las de la caja, como si de la comida principal del día se tratara. La chica parecía mayor que él, pero su aspecto exterior no desdecía del de nuestro chaval. Según comentó a una compañera viven de la renta de garantías. Claro que él no va a encontrar trabajo nunca, a no ser que sea verdad el que ha estado en alguna vendimia o recogida de frutas. Es de suponer que seguirá con sus trapicheos, aunque siempre irá con el "no tengo dinero" por delante. Yo no hacía más que mirar a las criaturas y, casi inconscientemente, estaba ya visionando la película de su futuro, y no me salía nada halagüeño.

Hoy he tenido que hacer unas pequeñas compras. Al salir de la tienda el viento era infernal y casi no se podía tener los ojos abiertos. De repente una mujer me para, me llama por mi nombre y me suelta un par de besos. En un primer momento me quedo perplejo porque la cara me resultaba familiar pero no me encajaba de qué la conocía, hasta que me percaté de que iba con otros hermanos a los que sí reconocí, a pesar de que el mayor estaba muy deteriorado. Pertenecen a una familia muy maltratada por el alcohol. Al padre lo había conocido mucho antes cuando trabajé en la construcción, porque hacía de guarda en una obra en la que coincidimos, y era reconocido por su fama de bebedor y pendenciero. La madre y el hermano mayor estuvieron acogidos en Emaús. Venían con ellos dos niños que resultaron ser mellizos, que por su edad no pegaban como hijos de ellos. Enseguida la otra hermana me dijo que eran del menor de la saga y, quitándole las gafas al chico me mostró que éste era una foto de su padre cuando era niño. Este pájaro era el que más relación tuvo conmigo porque lo saqué de la calle ya que no iba ni al colegio. Casi sin cumplir los 16 lo pusimos a cargar  y descargar. Lo primero que hice al poco de estar trabajando con nosotros, fue quitarle una navaja automática de dimensiones peligrosas, que aún conservo. Luego se olvidó de ella. Le daba mucha rabia no saber fumar porque veía a sus compañeros más mayores y quería aprender para poder echar algún peta que otro. Al cabo de unos años le vi trabajando en una empresa de pintura de fachadas y me alegré mucho. Al preguntar por él las hermanas me dieron a entender que lo habían perdido de vista y que estaba mejor así. O sea que los niños apenas le conocían y, al escucharme, dieron muestras de que no querían ni oír hablar de él. Al menos éstos cuentan por ahora con unas tías que se preocupan por ellos y la película final puede que no sea tan negra.



Hay días, como éstos, en los que parece que el pasado resucita y abre la puerta sin avisar. Le devuelve a uno alguna historia que pasó hace tiempo -y en la que tuvo algo o bastante que ver- a través de las realidades en las que se ha convertido hoy. Han sido dos historias que me ha tocado compartir en momentos muy distintos de mi vida de educador social: el hogar Murrieta y los traperos de Emaús. He de reconocer que en mi nueva situación de jubilado esas bocanadas del pasado impresionan pelín más. En primer lugar porque le escupen a uno a la cara los años que tiene, aunque aún no los note mucho, y, en segundo lugar, porque se siente más impotente, aún si cabe, ante las calamidades que se le presentan y las que prevé. Después de haber dejado la piel, la salud y las fuerzas para sacar adelante a aquellas calamidades, se encuentra uno con que la historia no solo se repite sino que se reproduce y en estos casos, por si fuera poco, de dos en dos. En realidad creo que uno se tiene que acostumbrar a sentir las cosas de otra manera, ya que no le han encargado que las resuelva, aunque, dado que le tocan en lo más hondo de sus entrañas, aún le queden muchas ganas de tener algo que aportar. 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Una mujer fuerte

Daba vértigo tan solo observarla, avanzando con sus dos muletas y haciendo funambulismo con su única pierna. Llevaba sistemáticamente dos bolsas, cada una sujeta a una muleta: una que parecía el bolso normal y la otra la de la basura. Era tan atrevida que a veces atravesaba la calle entre los coches sin usar el paso de cebra. Se acercaba a los contenedores y, no sé cómo se las apañaba, levantaba la tapa a pulso con la única mano disponible y, a la vez, echaba la basura. El contenedor dispone de un pedal para abrir la tapa, pero ese artilugio le resultaba imposible, lógicamente. Al retirarse del contenedor tenía que sortear el borde de la acera en un palmo de distancia, lo que le estorbaba para darse la vuelta, pero, no sé cómo, conseguía clavar las muletas en lo alto y subir a pulso su única pierna hasta la acera. Luego se volvía hacia el paso de cebra y se daba una vuelta por los soportales de enfrente hasta llegar al portal de su vivienda. Lo repetía casi todos los días. Daba la impresión de que era un ejercicio que se imponía como disciplina para probar sus posibilidades y superar los graves límites de su invalidez. 

Es una mujer de complexión robusta, sin estar gorda. A primera vista diría que está en los cincuenta bien entrados o en los sesenta recién estrenados. La expresión de su cara deja entrever una personalidad decidida y enérgica. No sé quién es e ignoro el motivo que le ha llevado a sufrir esa situación, solamente la identifico ahora por haberla observado desde mi ventana. Probablemente, cuando andaba normal, nos habremos cruzado un montón de veces sin conocernos, ya que vivimos en la misma calle. Es inevitable que una desgracia de este tipo marque a una persona, no sólo en su personalidad y en su equilibrio psicológico, sino también socialmente. En un ambiente de pueblo pequeño o de barrio marginal se habría quedado con "la coja" para el resto de sus días.

Hoy es la segunda vez que le veo andar con sus dos muletas y con dos piernas. Se ve claramente que se está familiarizando con la prótesis que le han implantado. También ha ido estos dos días a echar la basura, con un bolso en la otra mano y manteniendo el mismo ritual. Eso sí, se la ve más segura y ha cambiado la indumentaria. Antes aparecía con un chambergo, como quien se pone algo encima para bajar y subir de un recadito. Estos días, sin embargo, salía vestida de calle. Hoy de manera especial. Ha estado un buen rato esperando en pie hasta que ha llegado un coche y un caballero la ha recogido. No le ha ayudado a sentarse, simplemente ha cogido las muletas y las ha dejado en el asiento trasero para que no molestasen.

Me quito el sombrero ante personas así con ese tesón y esa fuerza de superación. Lo habitual sería que se eche mano de la silla de ruedas, que es lo más cómodo y lo más seguro, pero lo que crea una total dependencia. Una vez más me ha hecho pensar si estamos preparando a las generaciones futuras para asumir estos valores de esfuerzo y de superación ante las contrariedades o las adversidades de todo tipo. Socialmente nos hemos pasado facilitando todo y creo que ya va siendo hora de cambiar el registro y volver a la cultura del inconformismo ante lo que nos viene dado, aunque sea algo tan irremediable como quedarse sin una pierna.

martes, 21 de octubre de 2014

PODEMOS... qué?

Muchos estamos expectantes ante lo que pueda suceder con el nuevo fenómeno de Podemos. Es muy positivo el que este movimiento haya levantado a tanta gente con ganas de generar las condiciones de un cambio social y político, en un país donde reinaba la sensación de que ya no quedaba nada por hacer, ni merecía la pena tomarse la molestia de intentarlo. Sin embargo, no podrá eludir la espada de Dámocles que se cierne sobre su cabeza, esto es, que si no consigue lo que proclama, no solo se van a hundir ellos, sino que se va a quemar a mucha más gente y se va a vacunar a la sociedad de volver a tener ganas de nuevos cambios. En mi modesto entender, creo que hay que tener bien claro lo que se pueda conseguir en el presente, sin dejarse llevar por los calentones y los subidones de moral del momento. He escuchado al señor Iglesias defender la necesidad de un solo secretario para ganar las elecciones. Creo que ni con uno ni con veinte, porque pretender que el adversario vaya a caer ko al primer golpe me parece muy ingenuo o muy iluso, igual que lanzarse a unas elecciones municipales sin unos cuadros ni unas estrategias previamente estudiadas. Hace falta tiempo y mucho trabajo callado, además de los movimientos públicos, y no hay que perder de vista lo que nos decían las abuelas: las prisas son malas consejeras. Me parece que lo máximo a lo que Podemos puede aspirar es, en primer lugar, a poner nerviosos a los partidos mayoritarios forzando que pierdan base electoral y, después, a desestabilizar el sistema político actual en su conjunto: relación de fuerzas, mayorías, alianzas, controles, revisión de la ley electoral... A partir de ahí tendrá tiempo de afinar y de afianzar sus propuestas y, sobre todo, su organización para ganar las elecciones y para ser eficaces en su gestión, que de eso se trata. No vaya a ser que nos vuelva a pasar como cuando se decía que contra Franco se luchaba mejor: manifestaciones, fervor revolucionario, fuerza sindical, unidad de acción... llegaron las elecciones y ganaron los de siempre y eso es lo que tenemos ahora.

En esto de la organización puede tener Podemos el tendón de Aquíles que le haga acabar con sus pretensiones o esfumarse como flor de un día. He participado en movimientos asamblearios durante bastante tiempo y he podido comprobar que todos tienen fecha de caducidad, si no se les dota de una organización estable que vaya más allá de la vida o de la resistencia moral de los líderes que los pusieron en marcha. Sin embargo, me ha preocupado la propuesta de organización que propone el señor Iglesias: un comité central, un secretario general, unas agrupaciones -llamenselas como se quiera- y unas masas que dicen que votan programas, pero ¿cómo pueden controlar lo que se haga después?... Este esquema tiene un alarmante parecido con aquel que produjo en el siglo pasado bastantes líderes supremos, de los que aún nos quedan vestigios en el presente, además de unos cuantos desaguisados históricos, que no es el caso que se vuelvan a repetir. Para el futuro es preciso crear un nuevo sistema que equilibre la eficacia organizativa con la participación ciudadana y para eso, además de los entusiasmos y el empuje, hace falta hilar fino y tener creatividad, porque hasta ahora no se ha conseguido. Pienso que es el gran reto de Podemos porque es el único movimiento que ha aglutinado a la ciudadanía indignada después del detonante del 15M.

jueves, 9 de octubre de 2014

La Lobera de Wert

El ministro de Educación del nuevo gobierno de Suecia, impulsará una nueva ley para subir la edad de la educación obligatoria de los 16 años actuales a los 18. Igualmente aumentará el salario de los profesores y disminuirá el número de alumnos por aula. "No podemos transmitir a nuestros jóvenes la idea de que encontrarán trabajo si no tienen una potente formación". Nos encontramos ante un plan que es diametralmente opuesto a los nuevos planes impuestos por el absolutismo parlamentario del Partido Popular. Puede que todos los términos del plan expuesto por el ministro sueco no tengan que ser necesarios para el objetivo que propone al final. Puede que se diga que decisiones de ese tipo conllevan un presupuesto más que considerable, y que no están las cosas para ese nivel de gastos. Sin embargo, debajo de esa declaración de intenciones podemos descubrir una forma de abordar la situación de crisis actual alternativa al purgatorio que nos están haciendo pasar aquí. Es probable que los suecos cuenten con una economía menos deteriorada que la nuestra, pero no se libran de la crisis por la que se está pasando en la zona. Se cuente con mucho presupuesto o se cuente con poco, lo importante es a que se da prioridad a la hora de hacer los presupuestos. El PP entiende que la educación es un gasto y corta por lo sano. El nuevo gobierno sueco la considera una inversión para resolver la salida del futuro de las generaciones jóvenes, que es a su vez el del país. No se puede dejar éste en manos de unas generaciones desmotivadas, mayoritariamente mal formadas o sin cualificación alguna. 

Las escasas expectativas de empleo no ayudan a motivar la cualificación o los estudios superiores, a lo que hay que añadir que la cacareada mejora en el empleo solo hace referencia a contratos de corta duración, sin ser de jornada completa y con unos salarios al nivel del mínimo interprofesional, que es, a todas luces, una manera de generar trabajadores empobrecidos y sin recursos para mantener una familia. Previamente se había dejado a los trabajadores sin los recursos legales de protección y sin los convenios colectivos, por lo que a lo poco que pueden aspirar los privilegiados, que aún mantienen el puesto de trabajo, es a que no les rebajen más el sueldo. Es en este contexto donde hay que encuadrar los planes de enseñanza que está imponiendo el gobierno, que sí tiene un gran plan para la sociedad, debidamente camuflado con la crisis: desmantelar los servicios públicos, destruir empleo público, crear una gran masa de trabajadores necesitados que se tengan que agarrar a cualquier miseria que se les ofrezca... Para este tipo de sociedad fragmentada, al que nos están llevando impunemente, se programa una educación netamente elitista, camuflada bajo la búsqueda de la excelencia, pero reservada, en realidad, a las clases pudientes que la pueden pagar, y orientada a formar a las nuevas élites del futuro, en el que las diferencias sociales se habrán agrandado aún más. El resto de la población que se las arregle como pueda, tengan el talento o las capacidades que tengan.


Es así como, en el nuevo currículo de la enseñanza obligatoria, se va haciendo una criba implacable y, en vez de procurar apoyos a los más débiles, se les va apartando del proceso normal y se les  conduce a un callejón sin salida. Cuando llegan a los 18 años se encuentran sin oficio ni beneficio y, no pocos, con un nivel de analfabetismo funcional alarmante. O sea, me imagino ese callejón al estilo de las antiguas loberas que proliferaron en nuestros montes y de los que aún quedan restos. Al final de sus muros, preparados en forma de embudo, el lobo se encontraba con un foso donde esperaban escondidos los cazadores y del que no había salida. En estos momentos se están ampliando unos muros de los que será casi imposible salir y, al final, esos jóvenes se van a encontrar con un foso en el que solo cabe esperar el fracaso y, posiblemente, la pobreza y la exclusión. He aquí un buen plan para asegurar el nuevo tipo de trabajadores que se precisan: los que no van a tener otra que aceptar lo que sea y en las condiciones que sea y, aun así, puede que no les dé ni para sobrevivir. Creo que el gobierno, dentro de sus previsiones, no ha calculado qué margen de actuación les va a quedar cuando la cantidad de miseria que se vaya acumulando en el foso supere sus muros y a las organizaciones humanitarias, tanto laicas como religiosas, no les lleguen ya los paños para enjugar tantas lágrimas.