martes, 13 de mayo de 2014

A propósito de canonizaciones

Desde hace mucho tiempo, una vez perdida la inocencia o la credulidad en las que nos educaron en el nacionalcatolicismo, me ha parecido que era necesario poner bajo seria sospecha al santoral. En tan selecto club se dan unas condiciones de entrada muy restrictivas, tanto desde la perspectiva económica como desde la categoría social. Vamos, que aquí como se decía antiguamente el que no tiene padrino no se bautiza. Padrino con billetera bien pertrechada y con grandes intereses en vender la imagen del candidato, porque de su canonización va a sacar rédito seguro, si no en dinero, sí en prestigio o en defensa de su estatus, de sus intereses políticos o de sus ideas. En lo referente a la categoría de sus candidatos habría que poner un título similar al que se puede leer en ciertas inmobiliarias de pisos de lujo "abstenerse laicos, no titulados y plebeyos". No deja de ser chocante la proporción abrumadora de papas, obispos, reyes, fundadores, abades, abadesas, religiosos y demás cohortes clericales sobre los laicos. Y algunos de éstos no dejan de ser inventados para ser referentes de cierto tipo de vida piadosa o para convertirlos en talismanes protectores y milagreros. 

S. Isidro, por ejemplo, el labrador piadoso que invitaba a rezar a todos los agricultores aunque tuvieran que dejar la labor para ello. No creo que exista ninguna certificación de su existencia y lo de los ángeles con el arado... Santo Domingo Savio fue el prototipo del joven casto, obediente y sumiso que se necesitaba en su época. D.Bosco, que era bastante más pillo que santo, se inventó una biografía aprovechando el nombre de un jovencito anónimo que murió prematuramente y en la que describió su ideal de virtud, a lo que Pío X accedió gustoso canonizándolo. Tomás Moro es santo porque había que darle en la cara al rey Enrique. Si no se hubiera dado la escisión de la iglesia anglicana, nadie se hubiese preocupado de canonizarle ni de ensalzar sus virtudes. Son tres ejemplos de distintas épocas que se me han ocurrido a vuela pluma. No digamos ya los que pretenden canonizar a Isabel la Católica. Me gustaría saber en qué mundo están pensando a estas alturas del siglo XXI. O lo chocante que pueda parecer para gran parte de los fieles la canonización de Escrivá de Balaguer, aunque ésta sí que no contiene ningún misterio. Y así se podría escribir una biblioteca entera.

Es lógico que los sectores más tradicionalistas de la jerarquía católica estén entusiasmados con la canonización de Juan Pablo II, que quiso uniformar a la iglesia universal según el modelo del nacionalcatolicismo polaco. No voy a negar sus excelentes cualidades y su fuerte personalidad, pero en otro tipo de sociedad se le tendría considerado como un verdadero dictador, censurando pensamiento, imponiendo normas morales y eliminando, aunque no cruentamente, a los disidentes. Su capacidad de teatralización y su facilidad de comunicación podría dejar pálido al mismísimo Hitler. Por otra parte, Juan XXIII siempre ha suscitado la simpatía de un abuelo bonachón y atrevido que intentó poner patas arriba la Iglesia y que todo el mundo se lo ha reconocido, pero si no se hubiese dado la necesidad de encender una vela a Dios y otra al diablo para tener a todos contentos o si no hubiese en Roma un Francisco ¿hasta cuándo habría que haber esperado para su canonización?

El sistema de canonización está fuera de toda lógica, cuando solamente se basa en supuestos hechos e intervenciones sobrenaturales, mientras aquí estamos jugando en la división del mundo real. Creo que a estas alturas del siglo XXI es necesario que se vaya reconociendo otro tipo de santos y que, incluso, no sea necesario ponerles altares ni esperar de ellos favores o milagros portentosos. Existen muchas vidas de creyentes en las que podemos ver hecho realidad y carne el Espíritu que Jesús nos transmitió. Son estos ejemplos los que arrastran y nos transmiten vida y esperanza a los que aún estamos en el tajo, porque son como nosotros, han tenido que pasar penurias, fracasos, decepciones y dudas similares a las nuestras, pero nunca perdieron la confianza y la capacidad de amar. Más santos de éstos, por favor. Los personajes importantes ya tienen muchos libros de historia, pero no nos sirven para guiarnos en la búsqueda de un proyecto de sentido en nuestra vida.


miércoles, 30 de abril de 2014

Días de monte 14

El pasado sábado día 26 de abril, sorteando los dudosos augurios metereológicos, nos decidimos a salir de monte. Esta vez tenía el capricho de subir al Txolope, que es la cumbre de sierra Salvada contigua al Txarlazo, donde está la famosa imagen de la Virgen de Orduña. Aquí ya había subido tres o cuatro veces pero nunca lo había hecho a su vecino. El Txolope, 1035 metros de altitud, tiene un paredón espectacular que se disfruta según se suben las famosas curvas que llevan al portillo. Trago en la fuente y a partir de aquí una rampa empinada campo a través hasta su cumbre, total 760 metros de desnivel desde Orduña. El típico trazado en curvas de este camino es de obligado cumplimiento dado lo vertical de la ascensión y resulta ser una imitación del puerto de carretera contiguo.

Según nos acercábamos al valle de Aiala comenzó a chispear, lo que no era un buen presagio, y la cosa fue a más aunque nunca pasó de xirimiri, que nos fue acompañando hasta más de la mitad de la ascensión. Luego quedó una mañana nublada y con una temperatura fresca, ideal para caminar, aunque al pasar a la cara burgalesa el viento que venía era notablemente más frío.

Después de hacer el Txolope, bajamos a comer refugiados debajo de la Virgen e iniciamos la bajada por el desfiladero del Pico del Fraile. Es uno de los rincones más llamativos de la Sierra  Salvada y yo aún no había pasado por allí. Juanjo ya lo conocía así que hizo de guía y fue una gozada aunque hay que hacerlo con las consiguientes precauciones. Estuvimos debidamente acompañados por un rebaño de cabras que se sintieron un tanto molestas por haberles invadido sus senderos. Un cabrón barbudo nos miró con cara de pocos amigos pero ahí quedó todo. Una mañana espléndida.

sábado, 26 de abril de 2014

40 años... y sin un clavel

Hoy se celebran los cuarenta años de la revolución incruenta de los claveles en Portugal. Me ha resultado jocoso enterarme de que a los oficiales que la protagonizaron, que aún viven, se les ha invitado a una celebración en el congreso pero no se les va a permitir hablar. Parece ser que la vieja guardia puede ser incómoda, calladitos están mejor, y con que salgan en la foto es suficiente. La vieja guardia ha respondido con dignidad, se ha negado a acudir al congreso y ha organizado un acto en el mismo sitio en que obligaron a dimitir al dictador. Espero que ahí se despachen a gusto y digan cómo se sienten ahora viendo la situación desastrosa de su país, por el que se jugaron la vida hace cuarenta años. 

Esta vez no van a sacar los fusiles ni los tanques, pero el pueblo portugués tampoco está para tirar claveles. Tal como ha dicho el presidente de la asociación de aquellos oficiales, ahora su patria está invadida y regida por fuerzas extranjeras que no han usado precisamente tanques ni fusiles, y a las que ya no puede responder el ejército. Ahora tiene que ser toda la población la que salga en masa en defensa de los derechos que le han usurpado y de hacer valer la dignidad de su vida.

De alguna manera yo también me siento partícipe de otra vieja guardia que, después de participar en las movidas antifranquistas, nos empeñamos en que se consiguiera consolidar unos derechos laborales, en que se institucionalizaran unos servicios sociales más allá del carititavismo puro y duro, en que se regenerara el tejido asociativo y en que la democracia tuviese contenido a través de la participación ciudadana. Ahora que ya estamos fuera de juego, no nos queda más que comernos los hígados contemplado este desolador golpe de estado que ha dejado a gran parte de la población en la miseria y en el paro y que ha desmantelado los servicios públicos más elementales.

En su día los que estábamos peleando por apear a Franco y a los suyos del caballo miramos con esperanza y, porqué no decirlo, con envidia este acontecimiento aquella revolución. Era como una premonición de lo que estaba por llegar y, a la vez, el franquismo se había quedado sin un vecino aliado. Esta vez estamos compartiendo una suerte similar con los portugueses y, a pesar de que nos están acribillando a campañas publicitarias sobre la recuperación, nos queda librar esa batalla que nos ha señalado el representante de la vieja guardia portuguesa. 

lunes, 21 de abril de 2014

Primavera de 2014

Hemos podido disfrutar de unos días de vacaciones en esta semana santa en Quintanilla. Hemos tenido la oportunidad de sentirnos sumergidos en la primavera y ha sido una experiencia única que teníamos olvidada. El tiempo nos ha acompañado y ha sido primaveral auténtico. El primer día tuvimos niebla y frío. Bajamos al pantano por las peñas para ver hasta dónde llegaba el agua y tuvimos que ir bien abrigados con gorro incluído. No se le veían los ojos al puente y aún queda nieve abundante en Braña Vieja, así que podremos bañarnos bien en verano. Los demás días fueron despejados con el sol peleando con las brumas matutinas y dando calor durante el día, una tarde de tormenta y unas noches de luna llena preciosas. 

Como se puede ver en las fotos nos encontramos con los árboles de casa en flor, una mezcla de blanco y verde de los primeros brotes de las hojas. Todo daba señales de la vida que resurge de su letargo invernal, contando también con la cantidad de terneritos que chospaban alrededor de sus madres en el cercado de enfrente. En los nidos de cigüeñas de S. Vicente ya se veían a los primeros cigoñinos. El aire estaba lleno de música, trinos, silbidos, zumbidos de insectos y, como estuve trabajando en el patio trasero de la casa, pude escuchar también al pájaro carpintero que suele parar en los robles de esa zona. He descubierto de paso una nueva experiencia de lo que se puede llamar una siesta sinfónica. Suelo sentarme a leer, y sestear al mismo tiempo, debajo de los ciruelos y me llevé la sorpresa de sentirme arrullado por la nube de insectos de todo tipo que estaban libando y fecundando sus flores. Cuando me levantaba comprobaba que me habían cubierto de pétalos minúsculos que se desprenden por sus actividades.

Hemos paseado por los prados y nos hemos sumergido en medio del silencio solemne del bosque. Los robles y las hayas son más perezosos y tardan más que los frutales y los espinos en ponerse en marcha, por aquello de que su maquinaria es más pesada. Sus figuras esbeltas, aun sin hojas, se veían como recortadas por el sol del atardecer, que creaba una iluminación única.
Nos hemos encontrado con zonas que han roturado para librarlas de las argomas y para que el ganado tenga más pastos cuando lo suelten.Todo este estallido de vida ha estado envuelto en ambiente de paz y sosiego, solamente interrumpido puntualmente por las actividades típicas de los ganaderos o por los bramidos desconsolados de las vacas que se habían quedado sin sus terneros.

En fin, para nosotros ha sido una auténtica terapia que nada tiene que envidiar al más sofisticado de los balnearios. Nos ha servido para desconectar del barullo diario y para encontrarnos y sentirnos más vivos, contagiados por el ambiente. Estos días han sido un auténtico regalo. El sosiego y el silencio que nos ha envuelto ha estado preñado de sonidos, de luz, de colores, de vida y, al fin y al cabo, de Dios.


miércoles, 9 de abril de 2014

Otra despedida,Olga Laseca Abella

Escudo de Laseca
La semana pasada me tocó despedir a otro ser querido, aunque no sea familiar, una de esas amigas a las que les profesas admiración además del cariño propio de la amistad. Olga ha sido de siempre una mujer entera que lo ha dado todo en la vida por su familia. 48 años de matrimonio, sacar dos hijos adelante y cuidar de sus mayores. Esto no impidió que su entrega fuera más allá. Fue una colaboradora incondicional en su parroquia y, sobre todo, fue una de esas mujeres voluntarias, que, además de trabajar todo lo que su tiempo libre les permite, lo hacen con cariño y con detalle y así consiguen que Caritas sea mucho más que una ONG. Ultimamente se había dedicado especialmente a acompañar a alguna anciana solitaria en la residencia Miranda y no se conformaba con eso, sino que conseguía formar tertulias y corrillos animados. Aún después de que se le detectara el cáncer de páncreas que acabó con su vida, siguió manteniendo sus actividades. Vi llorar en su funeral a personas de esa residencia.

Yo tenía la posibilidad de verla cuando iba a visitar a mi madre y nos encontrábamos en el jardín, en las salas o en las entradas y salidas. Era entonces un placer poder platicar con ella y sus conversaciones siempre dejaban un poso de humanidad, de disposición, de interés por todos y de inquietud por llegar a donde no se llegaba o de corregir fallos en la organización. Olga ha sido para mí una de esas personas que consiguen que nos reconciliemos un poco con la humanidad, en medio de tanta inhumanidad como nos está tocando soportar. Al mismo tiempo, Olga y muchas mujeres como ella son el referente que debe representar a los creyentes, a los seguidores de Jesús. A ellas hay que referirse cuando se dice "la iglesia", más allá de conceder esa titularidad a jerarquías o a entidades canónicas.

He tenido la oportunidad de acompañar a su familia en esos momentos de duelo. Me une a su marido la típica confianza que da el haber compartido colegio en nuestra infancia. De alguna manera también he hecho mío ese dolor, pero estoy convencido de que todo lo bueno que nos ha dejado seguirá creando vida y compromiso entre nosotros. Gracias Olga.

sábado, 29 de marzo de 2014

España es así, Sr. Ministro

En estos días me están lloviendo una serie de noticias, comentarios o informes que me provocan hasta dolores de estómago. Todos ellos hacen referencia a la situación laboral y al panorama de las diferencias sociales, cuya brecha se abre cada día más y a más velocidad. Los últimos descalabros, que no reformas de los derechos de los trabajadores, están produciendo situaciones absurdas. Resulta que hay menos demandas de puestos de trabajo porque se gana más con la renta de garantía que con la muchos de los trabajos que se ofertan. Estos suelen ser temporales, incluso por horas, y si alguien los acepta debe renunciar a la renta. El problema es que no va a cobrar luego paro y le va a costar un triunfo que le vuelvan a conceder la renta, sin contar el tiempo que tendrá que añadir a la espera de que se la hagan efectiva. Lo bonito es que a eso lo llaman puesto de trabajo, igual que los alemanes que para eso son los que mandan. A una asistente social le ofrecían trabajar por horas sueltas, le exigían entera disponibilidad sin garantizarle número de horas ni horario y le pagarían 10€ la hora. Eso a una persona con título universitario y con experiencia, con que no necesito que me cuenten lo que les puede pasar a camareros, limpieza, comercio... Los esclavos cobraban menos pero al menos los alimentaban.

Además de que muchos jóvenes con formación se tienen que marchar fuera , se juega con los que se quedan aquí abusando de su situación de precariedad para poderles explotar, o mejor dicho chulear en el sentido estricto de la palabra. Por poner un caso un tanto sarcástico. Es la tercera vez que me llega un spam en el que una supuesta empresa de altos vuelos me da la buena noticia de que han quedado gratamente impresionados por mi currículo y que cuentan conmigo para ampliar su plantilla. Se trata de asesorar en contabilidad, administración de empresas y relaciones jurídicas. Bingo: estoy jubilado, he sido funcionario de carrera, me he movido en el campo de la educación y de los servicios sociales y me ofrecen un salario inferior a mi paga de jubilación. No sé de dónde habrán sacado mi supuesto currículo. Eso sí me piden todos mis datos, vaya usted a saber para qué, pero seguro que alguien picará y podemos imaginar lo que harán con ellos. Vivimos en una sociedad que en vez de la información se está convirtiendo en la de la mentira, la estafa y las trampas y los que tienen la sartén por el mango la manejan de maravilla y nos llaman tontos a la cara.

A todo esto viene Cáritas y nos saca una foto que pone los pelos de punta hasta a los más indiferentes. Hogares en severa pobreza o sin poder mantener el consumo de energía eléctrica, segundo puesto en pobreza infantil, personas mayores que compran muy por encima de sus necesidades porque tienen que estar alimentado a sus hijos y nietos, cada vez se ven más iniciativas de comedores sociales, los gitanos rumanos ya no son los únicos que rebuscan en las basuras, ni los inmigrantes son la mayor parte de los atendidos en los servicios sociales ... 

Entonces el ministro Montoro se enfada muchísimo y aparece en los medios, con toda su cara dura y su cinismo, negándolo todo porque esa no es la imagen real de la España de la recuperación económica. (Bueno, se dirá, pero esos no eran de los nuestros, tanto favorecer a la Iglesia para que nos salgan ahora con éstas). Su economía, que a estas alturas ya no sabemos lo que es ni para qué sirve , se recuperará si ud. lo dice, pero ¡¡ España es así sr. ministro!! No tenga usted la desvergüenza de negar lo evidente que está a la vista de todo el mundo. Claro que, como usted está en su mundo al otro lado de la grieta social, es lógico que no vea lo que hay a este lado, o mejor, no quiere verlo porque no se le puede llevar la contraria, dado que eso perjudicaría  la famosa marca España que se han inventado.

martes, 25 de marzo de 2014

Suárez de villano a mito.

Son muchas las impresiones que se me han agolpado mientras veía en la tele los fastos de despedida a los restos mortales del presidente Suárez. Como es y ha sido tradición o idiosincrasia del rancio abolengo de este país, todo ha discurrido bajo la sombra del ejército, en Madrid, y bajo la de la Iglesia, en Avila. De todo el boato y la parafernalia exhibidos me quedo con lo que considero mínimamente auténtico, la presencia de mucha gente en la calle y la expresión de sus sentimientos. A todo esto, han supuesto una auténtica plastada las horas y horas en las que, a lo largo estos dos días previos, todos los medios de comunicación se han empeñado en competir para recordarnos la historia de la transición, su amistad con el rey, el tejerazo... Han sacado a primera fila de pantalla viejos dinosaurios de la política y de la información, que estaban perdidos en el valle árido del olvido y cuya existencia ya ni recordábamos, aportando sesudas consideraciones sobre su historia. Cuando quieren ser exhaustivos o ganar audiencia, acaban resultando cargantes y odiosos. Los programadores no suelen tener en cuenta el viejo refrán castellano "lo poco agrada y lo mucho enfada" y siguen confundiendo la cantidad con la calidad.


A decir verdad en su día Suárez no me cayó nada bien. Era un tipo venido del Movimiento y me parecía que lo que pretendía era dar un barniz democrático al posfranquismo para mantener a los de siempre. Me alegré mucho de haberme equivocado. Luego comprendí que el gran mérito que tuvo fue hacer, como he oído en alguna radio, de flautista de Hamelin con sus correligionarios del antiguo régimen que no le perdonaron nunca el que los enterrara en la cueva del olvido.
En realidad, junto con los generalotes y los cargos más casposos del ejército y de la guardia civil, fueron los que le sacudieron más estopa para conseguir frenar el proceso democrático. A lo largo de este proceso tampoco se libró de los palos del sector más reaccionario de la Iglesia por aquello del divorcio y por lo del estado laico.


Se le ha concedido, junto con el rey, el protagonismo de la transición democrática y eso no me ha gustado nunca. Tuvo el mérito de haber sabido gestionar una situación terriblemente complicada, pero la transición es también de todos los que nos echamos a la calle reivindicando libertad y justicia, o estuvimos luchando contra la indefensión en que habían quedado los trabajadores, o exigiendo la legalización de los partidos políticos... El protagonismo fue de todos, aunque, eso sí, a Suárez le tocó ser una de las cabezas visibles de aquella movida y hay que reconocerle que, sobre todo con la Constitución, cumplió lo prometido.

También me ha parecido injusto el trato que le ha dado la historia. Primero, como a Julio César, se lo cargan sus propios allegados, que ambicionaban quedarse con la mejor parte del pastel, por lo que se retira antes de que haya más problemas. En realidad preparó una salida por la puerta de atrás para continuar en el poder apoyado por sus más fieles, pero las divisiones en política se paga caras y se dio el gran tortazo de su vida. A partir de ahí desapareció de la escena y padeció en propia carne aquello que del árbol caído todos hacen leña. 

Las revistas del corazón lo trajeron posteriormente a escena por las desgracias de su familia y protagonizó un último episodio lamentable apoyando la campaña electoral de su hijo. Después se sumió en su enfermedad degenerativa hasta que la muerte le ha servido, como a los grandes artistas o sabios de la historia, para que se le reconozcan sus méritos.
Fue capaz de reunir a todos en torno a la constitución y a los pactos de la Moncloa y en estos días ha vuelto a reunir a los de derechas e izquierdas en torno a su féretro. Me temo que esa reunión va a ser cuestión de un instante porque las espadas seguirán en alto y no creo que haya muchos políticos que de hoy en adelante se propongan convertirse y reeditar sus virtudes o sus valores.

domingo, 23 de marzo de 2014

El engaño de la primavera

Cuando un día sale radiante y no hace mucho calor enseguida decimos que es un día primaveral. Si cambian las tornas y aparecen días de lluvia y viento lo más común es afirmar que el invierno ha vuelto. Sin embargo, si en la primavera todos los días fuesen como los primeros, en vez de primavera sería un secarral. Claro que también cabe el viceversa, si todos los días fuesen como los segundos, tampoco habría floración ni polinización. O sea, que los dos tipos de días son necesarios para que la primavera dé sus frutos. Y es que la primavera es, de por sí, el tiempo inestable por antonomasia, por eso nos desesperamos con la ropa "no sabe uno qué ponerse". Entonces no es justo llamar a los segundos mal tiempo y considerar a los primeros exclusivamente primaverales. De la misma manera, a costa de esa falsa concepción de la primavera se han dicho muchas ñoñeces y se han hecho demasiadas tonterías.

Cada vez me llama más la atención esa tendencia humana, o de nuestra cultura, de considerar bueno o aceptable lo que resulta agradable, no exige esfuerzo o no implica resistencia a las circunstancias adversas. La primavera es una alegoría que nos sirve en bandeja la naturaleza para hacernos ver que la vida siempre tiene dos lados y que lo bueno no consiste en pretender que solo nos pase el que nos gusta, sino saber disfrutar o aprovechar los dos. Es la síntesis de los dos la que hace que brote la vida. De la misma manera, en nuestra vida, ya desde el primer llanto del parto, el esfuerzo, la resistencia o el sufrimiento son imprescindibles para crecer, desarrollar y madurar, igual que el cariño, la salud o la alegría. 

A veces cuando hay alguien inmaduro o que se deshace ante cualquier contrariedad, se dice que es un primaveras o un yogourt. Son los productos de un déficit de educación familiar en la que se les ha acostumbrado desde muy pequeños a no exigirles ningún esfuerzo, a que no tengan ninguna contrariedad, a bailarles todas sus ocurrencias o a darles todos sus caprichos. Se han quedado con el lado bonito por lo que no han podido madurar. Así que cuando la vida comience a enseñarles la cara cruda de la realidad, no van a tener quién les arregle las cosas ni van a saber ni poder afrontarla. Serán un eterno problema para los suyos, para la sociedad y, sobre todo, para sí mismos.

En estos momentos en que estoy escribiendo hace un sol radiante, pero hace media hora ha caído unas chaparradas de cuidado y cuando he ido a la piscina he tenido que subirme bien la cremallera del chambergo aunque hacía sol. Me he asomado a la ventana y he visto el Ganekogorta nevado y un telón negro que cubre el cielo y que avanza hacia aquí desde el mar. Un día auténtico de primavera. Bienvenida.

jueves, 20 de marzo de 2014

El último de mis tíos

El sábado pasado murió mi tío Poli, un año y tres meses después de mi madre. Ha sido el único hermano que le ha sobrevivido y el último de ellos en morir. Siempre me he criado en el entorno de mi familia materna y apenas mantuve relación con la de mi padre, por diversos avatares de la historia. Mi madre tuvo que casi criar a sus hermanos en la dura época de la posguerra, por eso después se mantuvieron muy cercanos a ella y contando siempre con su "protección", así se fue convirtiendo en la matriarca de la familia. De ahí que mis tíos hayan sido muy importantes para mí, tanto por el cuidado con el que me trataron, como por el cariño que me regalaron a raudales.

El astillero de Euskalduna donde trabajó un tiempo
Hablar de mi tío Poli es retrotraerme a la infancia. Cuando venía a mi casa me sacaba de paseo y siempre me contaba historias. Su casa de Bilbao era la que más visitábamos  y yo me sentía en ella como en la mía. Poli procuraba jugar conmigo de mil maneras. Tengo gravada en mi mente una escena realmente desternillante cuando tendría 4 o 5 años. Tenía guantes de boxeo y me los ponía para desafiarme. Recuerdo que yo me empleaba a fondo, como si me fuera la vida en ello, y una de éstas se dejó caer al suelo fingiendo estar ko. Me imagino que estaría ya cansado y era la única manera de terminar. Yo salí exultante contándoselo a todo el mundo. Ya no puedo recordar cuantos  asaltos más le hice repetir a lo largo de mi infancia. 

Otro de los recuerdos, que he estado viendo como en una película durante el funeral, es la costumbre que tenía de llevarme de paseo por los bares en los que chiquiteaba con sus conocidos. Mientras ellos estaban a sus cosas, a mí me daban para entretenerme magurios o quisquillas, que entonces se ponían a la hora del poteo, lo que para mí suponía un auténtico banquete. En fiestas de Bilbao me llevaba a las barracas y a las atracciones y yo era el crío más feliz de la tierra, excepto un día en que me perdió de vista y hasta que me encontró las pasó de a kilo. Eso sí, en mis recuerdos queda una deuda por saldar, me prometió hasta tres veces que me iba a llevar a S. Mamés para ver al "Ateti", como él decía, pero aún lo estoy esperando. Qué le vamos a hacer, nadie es perfecto, como dijo el otro.

Posteriormente recuerdo que me hizo algunas visitas al internado, pero las distancias que nos fue poniendo en medio la vida y la historia han hecho que nuestra relación se haya difuminado. Ultimamente los fallos de su salud le hicieron perder un tanto la cabeza, desarrollando unos comportamientos que no tenían nada que ver con lo bonachón y humorista que había sido siempre. Igual que con los recuerdos del resto de mis tíos, quiero conservar en mi memoria lo mejor que he visto en él, sobre todo el cariño con que siempre me trató. Gracias por ti, Poli. Goian bego.



domingo, 16 de marzo de 2014

Como un gato.

Estaba yo parado en un semáforo como peatón formal y pasó en un pequeño utilitario. Llevaba la ventanilla bajada por lo que nos pudimos reconocer perfectamente. Me bastó con ver esa sonrisa entre tímida y formal, achinando un poco los ojos, para saber que aquello era un saludo afectuoso sin que necesitara ningún otro gesto o palabra. Y es que Jaime -por llamarle de una manera- siempre ha sido así desde que le conocí con 16 años. Su cara y la forma que adoptaban los ojos expresaban claramente lo que quería decir, porque eran muy pocos los que conocían su voz.
Cuando salió de un hogar de Diputación, un educador conocido nos lo recomendó para que trabajara con nosotros. Estuvo un poco más de un año pero siempre hemos mantenido una relación amistosa en los momentos en que nos hemos encontrado. El coche tenía pinta de ser de segunda mano pero parecía limpio y cuidado. Venía a ser un reflejo de la manera de ser de su dueño. Era curioso ver cómo iba siempre limpio, a pesar de que trabajábamos recogiendo objetos desechados de los hogares, lo que contrastaba con las pintas del resto de compañeros. Nunca hubo una queja de él ni por motivos de trabajo ni por comportamiento y la más de las veces ni siquiera se sentía su presencia. El silencio, la mirada profunda daban a entender que algo bullía por dentro, pero su natural introvertido lo mantenía encerrado.

Jaime fue un niño que desde muy pequeño tuvo que aprender a valerse por sí mismo. Vivía con su madre y otros hermanos pequeños que eran de distinto padre. También tuvo que atenderles acompañándoles a la escuela o cuidándoles en casa. En un par de ocasiones tuve que acompañarle a casa y pude comprobar el caos reinante en la misma, los lloros de los pequeños y una figura de mujer desastrada que pululaba de una parte a otra, sin rumbo ni criterio, vociferando órdenes que no venían a cuento. En la primera de estas ocasiones tardó un buen rato en percatarse de mi presencia, hasta que, en uno de sus movimientos convulsos, se dio de bruces conmigo. Intentó recomponer la maraña de su pelo en un gesto reflejo y entonces se dio cuenta de que Jaime estaba por allí, por lo que dedujo quién era yo. Me dio la impresión de que Jaime entraba y salía de su casa como un gato silencioso y cauteloso. De alguna manera sabía que le convenía ser invisible para su madre.

En un momento dado nos confesó que estaba ya harto de su familia y que no aguantaba más a su madre. Al poco tiempo se despidió del trabajo y desapareció de Barakaldo. Tardé varios años en volver a encontrarme con él. Sus botas militares, su chupa, su pelo negro azabache perfectamente peinado y todo él con su porte impoluto habitual. Había encontrado trabajo por aquí y vivía por su cuenta. En otra ocasión, tuve oportunidad de verle más veces porque trabajaba en una obra que estaba en el camino que yo seguía todas las mañanas para ir al trabajo. Me alegra de que al menos las cosas del trabajo le vayan bien. Del resto de los aspectos de su vida no tengo ni idea. Jaime siempre me ha parecido un misterio. Detrás de esa mirada lejana o de la sonrisa que utiliza como escudo, hay un pozo de soledad, y no sé si también un vacío de afecto, que le han obligado a superarse por conseguir ser un superviviente. El cariño con el que me saluda me da entender que el granito de arena que aportamos a su resiliencia ha colaborado en que haya conseguido ser un hombre autónomo. Ese es Jaime un superviviente como un gato: silencioso, cauteloso, pulcro, con mirada profunda y sin depender de nadie.