martes, 23 de junio de 2015

Todo a cara o cruz cuando nacemos

Ayer según bajaba a la piscina me encontré con B que me saludó con una sonrisa más radiante que la que le permite su medicación de ordinario. Tras las frases de rigor y echarle unos piropos por su buen aspecto, amplió su sonrisa y me comunicó que su hijo iba a hacerle abuela. Me emocionó la noticia, como suelo decir, otro que nos va a hacer abuelos. R es un chaval, bueno a estas alturas estará peinando a los 30...y pico, con el que coincidí en mi etapa de educador en el hogar Murrieta. He convivido con él desde que tenía 10 u 11 años. Era un trasto total pero noble y se hacía querer, incluso cuando le tenías que castigar. Vago impenitente para los estudios, pero trabajador y hábil con las manos. No me acuerdo  cuántas mañanas le tuve que tirar de la cama para que fuera al instituto. Coger un libro era un castigo para él, pero podía desmontar un reloj y volverlo a montar sin que le sobraran piezas. Acabó en el CIP de Barakaldo y después se puso a trabajar con su padre, que por fin se acordó de que tenía un hijo al que casi ni conocía. Estaba bien situado en la construcción y, después de varios años sin dejar de trabajar, me dijo que iba a empezar a hacer cursos para ser encargado de obra. Pero... "llegó el comandante (la burbuja) y mandó a parar". Uno de tantos que se quedó colgado, pero no se quedó quieto: participó en programas, quiso ponerse con el graduado que dejó perdido... Por fin, a través de un compañero consiguió un puesto estable. N es su novia desde los 16 años y ahora va a ser la  madre de su retoño. Tiene estudios de educación infantil y ha trabajado en guarderías. Creo que esta relación ha tenido algo que ver en la estabilidad con que R ha llevado estas etapas de su vida. Me alegro por ellos y por el que viene, porque es más que probable que se encuentre en un seno acogedor.

Los dos estuvieron en el CIP de Barakaldo con 10 años de diferencia
Al salir de la piscina y en la misma calle, solo que 100 metros más hacia abajo. me encontré con C que había sacado a pasear al perro, uno de esos paticortos, gordos, feos, con orejas puntiagudas, babosones, que se quedan mirando con ojos de loco. Ya te vale -le dije- no has tenido suficiente con tus hijas y con tus nietos que ahora andas también cuidando un perro. Ya ves -me contestó- era del chiquillo, pero lo ha dejado en casa y hay que cuidarle. El chiquillo es su nieto G, al que ha criado desde su nacimiento y para el que es su madre. De la biológica C también tuvo que seguir cuidando ya que le trajo por el camino de la amargura en su truculento historial -cuento algo de esto en una entrada antigua. También ha colaborado en el cuidado de sus otros nietos y con su marido no lo tuvo nada fácil. Es de esas mujeres que se merecen un altar. Al nombrar a G se le nubló la cara y casi se echó a llorar. Va a tener un hijo -susurró entre dientes. Me quedé helado. El chaval es de la edad de mi hija, terminó bien el CIP, tuvo algún trabajillo y desde entonces dice que está buscando trabajo. Es un buen tipo pero, me da la impresión, que con poco empuje. También sé quién es la futura madre, aunque solo la conozco de vista. Es hija de L que pertenece a una familia un tanto problemática, y de la que he escrito algo, a propósito de uno de sus hermanos. Ella no colaboraba en casa mientras su madre andaba a cuatro manos sin poder con los hijos. Según su suegro "dio un braguetazo" para amarrar a su hijo y así "salir de la miseria en la que vivía". Este hombre trabajó en el ayuntamiento y la boda de su hijo le trajo por el camino de la amargura. Ya llevaba bastantes años jubilado y un día se presentó en el ayuntamiento con muy mal aspecto, desencajado y desesperado, buscando a una asistente social porque esos le habían arruinado. C terminó diciéndome que L había querido que siguieran con el embarazo y ahora la criatura iba a depender de ellas dos. Por si había tenido poco ahora le tocaría seguir ejerciendo siendo bisabuela, porque conociendo a la otra no hay que esperar que asuma compromisos. Visto el panorama, uno se echa a temblar con lo que le espera a la criatura.

Esta entrada puede parecer un capítulo de novela negra del Barakaldo oculto, pero es solamente un desahogo de las sensaciones contrapuestas que estos dos encuentros fortuitos han desatado en mi interior, trayendo a mi memoria un montón de recuerdos y de intervenciones que no viene al caso exponer por confidencialidad. Dos nuevos seres que van a nacer casi al mismo tiempo, en el mismo pueblo y en familias que en mayor o en menor grado han atravesado por graves dificultades, pero con futuros divergentes, aunque pueda pasar de todo. En una se recondujo la trayectoria y en la otra podemos hacer quinielas para saber dónde vamos a encontrar al pequeño o pequeña cuando crezca un poco. Ojalá me equivoque en éste último.

lunes, 15 de junio de 2015

Las idas y vueltas de la historia

En uno de los paseos montañeros, que me permite disfrutar mi condición de jubilado junto con la compañía de mi amigo Orencio, subimos al Mello desde la población de Montellano en el valle de Galdames. El Mello tiene seiscientos y pico metros y es uno de los montes que se asoman sobre la costa en el límite con Cantabria. Como ambos lo habíamos subido desde Muskiz optamos por la ruta de Montellano, que de verdad solo tiene la primera mitad del nombre porque es una purita pendiente y hasta las casas están escalonadas. Así que en este trayecto, las cuestas más duras están al inicio de la subida, o sea, que hay que ir preparado. Desde la cumbre se tienen diversas vistas sobre la costa, la zona minera y en el camino se pude ver como en maqueta parte de la refinería de Petronor. 

Hoy, sin embargo, no me voy a referir al tema montañero, sino a la sorpresa que me llevé al llegar a este pueblo. La última vez que estuve en él sería por los años ochenta cuando trabaja como trapero de Emaús y recorríamos las Encartaciones con el camión. La imagen que yo recordaba no tenía nada que ver con lo que estaba viendo. Está totalmente remodelado, desde la infame carreterucha de acceso en la que tenía que ir sorteando baches y desprendimientos, hasta la urbanización, la iglesia y las casas, tanto nuevas como reconstruidas. 

Ciertamente se había convertido en un lugar de residencia para personas que prefieren la tranquilidad y el campo. Como comentamos Orencio y yo, allí se palpaba que había muchos euros por metro cuadrado. De hecho la gente que nos fuimos encontrando era de una media de edad elevada y su aspecto dejaba bien a las claras que tenían la vida resuelta.


Lo que es la vida: Montellano era una población minera y agrícola. Aún se pueden ver en sus alrededores los restos de las explotaciones al aire libre. Apenas ha pasado un siglo y es un barrio residencial de gente bien. Claro en el contexto actual de restructuraciones, reformas, recortes y demás penurias que tienen en perspectiva las nuevas generaciones, inmediatamente se me ocurrió la pregunta inversa, aunque no habrá que esperar un siglo para responderla, porque ahora todo va muy de prisa. Es sarcástico contrastar esto con la imposibilidad de una mayoría aplastante de jóvenes de montar su vida autónoma por la precariedad del empleo, por las nuevas condiciones laborales que les amenazan o por el paro puro y duro.
Van a estar como para pensar en segundas residencias, y más de ese nivel, cuando no les va a dar ni para un alquiler que no sea de protección oficial. O lo que es más agobiante, al fin y al cabo, qué se van a encontrar cuando lleguen a los años de los que hoy disfrutamos de la jubilación. Visto desde este Montellano se me antoja que los jóvenes de hoy van a tener que pasar penurias, cuando no miserias, como las de nuestros antepasados mineros, solo que disfrazadas o encubiertas por una sociedad supuestamente avanzada con una economía que avanza por el buen camino, según declaran las altas instancias mundiales y el gobierno a su servicio. Al menos aquellos tenían sus chozas y sus casitas, mientras que una nube de jóvenes acabarán sin poder salir de casa de sus padres hasta que se les caigan a pedazos por no poder mantenerlas. Vivir para ver.

lunes, 1 de junio de 2015

El estuario del río Barbadún

Esta mañana de domingo hemos disfrutado de un día primaveral con sol y con la brisa fresca del mar. Hemos salido pronto hacia la playa de La Arena, antes de que llegara la nube de familias ansiosas de sol. He estado fuera de circulación por mis lumbalgias y había que probar y poner las bisagras en marcha aprovechando el sol. Así que nos hemos dedicado a pasear durante dos horas por el pequeño estuario del río Barbadún, que desemboca junto a Pobeña en la playa. Antes de llegar ahí forma un pequeño estuario cuyas dunas y marismas se están recuperando tras largos esfuerzos. Es una gozada ver llenarse de vegetación y de vida unos parajes castigados por la minería y la industria. Hoy nos ha tocado la bajamar y estábamos en época de mareas vivas, por lo que hemos podido salir de los caminos marcados y perdernos en medio de la marisma sin mojarnos ni llenarnos de barro, viendo restos de karramarros o de caracolillos y asustando pajarillos de los que no conozco el nombre. Ahora sí que podrán refugiarse las aves migratorias y hacer su recorrido las angulas

Hasta hace bien poco estaban ocupados por depósitos de CLH que han sido trasladados a la zona industrial del puerto exterior de Santurtzi. Cuando yo era niño este río era de color rojizo porque en él se vertían los residuos de los lavaderos de mineral de Galdames y Sopuerta. Hoy aún está amenazado este enclave por la presencia de la factoría de Petronor. Ahora también cuenta con una depuradora de aguas residuales y está volviendo también la vida en las aguas.
El año pasado las dunas se vieron golpeadas por los temporales y como se puede apreciar en las fotos se están poniendo pequeñas barreras para consolidarlas. Al mismo tiempo se les está dotando de plantas típicas de ese tipo de terrenos y se mantienen protegidas hasta que éstas estén seguras. En las partes más consolidadas se puede disfrutar de cañaverales y de todo tipo de plantas y arbustos y de áreas de esparcimiento y juegos, en los hay que espabilar si se quiere coger sitio.

Resulta un privilegio tener entornos así tan cercanos, a solo 15 minutos en coche, aunque esa cercanía haga peligrar su integridad porque gran parte de la marabunda que invade la playa no tiene integrado en su chip el respeto y el cuidado de estos espacios tan frágiles como bellos.

domingo, 31 de mayo de 2015

Sra. Palacio ¿volvemos a la Edad Media?

Anda la derechona revuelta poniendo a parir a todos los nuevos partidos o agrupaciones que les pueden sacar de sus posiciones. Están nerviosos, demasiado nerviosos y se dedican a soltar despropósitos, como si el personal medio no fuera lo suficientemente inteligente para saber apreciar cuáles son las verdaderas motivaciones de esos despropósitos. Por una parte, veo que la derecha sigue usando el mismo argumentario que sus antecesores cuando se instauró la república, insultos y calumnias: estalinismo, chavistas, pro etarras, desmantelamiento del sistema democrático... Solo les falta inventar algún cuerpo paramilitar, como los falangistas o los de Onésimo de aquella época,para dar estopa al rojerío de nuevo cuño. Aunque ahora tienen de su parte las huestes de sus medios incondicionales y, cómo no, de los mercados o las bolsas que se pueden enfadar con los españolitos porque se atreven a votar lo que a ellos no les gusta.

En medio de este ruido poselectoral la exministra Ana Palacio ha superado todos los registros del coro de sus correligionarios: son como el estado islámico y nos van hacer retroceder hasta el siglo XI. A propósito de retroceder, señora exministra, me gustaría hacerle unas breves aclaraciones.Si alguien ha hecho retroceder a este país es el partido en el que usted milita, con el desmantelamiento del estado del bienestar y el maltrato a la educación y a la cultura. Claro que hemos retrocedido pero lo más grave es que ahora nos quieren hacer creer que aquí no ha pasado nada, porque la economía ya se está recuperando gracias a ustedes. Puede que los bancos, las grandes empresas o los mercados estén contentos porque las cuentas salen mejor para ellos. Sin embargo esa no es la sensación de la inmensa mayoría de los ciudadanos. Solamente ustedes no quieren ver la profunda brecha que están cavando con sus medidas en la sociedad española, cuando desde todas las partes están denunciando que España es uno de los países con mayor diferencia entre la clase pudiente y la mayoría de la población, que es alarmante la cifra de niños en situación de pobreza severa, que se está hablando de deficiencia energética. A esto se suma su tan cacareada creación de puestos de trabajo, pero saben de sobra que con su desaguisado laboral -que de reforma nada- son en su inmensa mayoría trabajos precarios y mal pagados que no dan ni para el sustento de una familia. 

Esa brecha, señora Palacio, es la que hace imposible que la recuperación llegue a todos. Esa brecha ha facilitado que no pocos de los suyos hayan campado a sus anchas metiendo mano al dinero público o corrompiendo el sistema. Esa brecha es el baluarte que les garantiza a los que tienen la sartén por el mango el que nadie se lo va a arrebatar. Ahora ven que hay gente dispuesta a saltar esa brecha para conseguir que la pasta y los recursos lleguen para todos, y eso no lo van a consentir. O sea, que su tan cacareada recuperación consiste en que los que provocaron la crisis y los más pudientes van a ganar cada vez más, a costa de una legión de muertos de hambre y de angustia que se tienen que agarrar a un clavo ardiendo para arrascar unos euros miserables, si es que se tiene a bien pagárselos. Su recuperación económica y su lucha contra el paro consiste en igualar a los trabajadores españoles con los chinos, o con las costureras de la India o de Bangla Des. Los trabajos que dicen crear son del mismo pelo que los siervos de la gleba ¿Se acuerda de ellos la señora exministra? Eran gentes ignorantes y pobres que no tenían ni derechos sobre la tierra y que debían obedecer a los señores y conformarse con lo poco que les dejaban para subsistir. Eso es lo que pretenden conseguir los suyos: gentes sin recursos, a ser posibles sin formación ni cultura, que se tengan que arreglar con las migajas que se les caigan de sus suculentas mesas y, eso sí, sin rechistar que desestabilizan el sistema. Esto es lo que están haciendo ustedes: volver a la edad media, ya sea de señores feudales o de califatos. No tenga la desfachatez de echárselo en cara a otros.

miércoles, 20 de mayo de 2015

Castrati

Quiero hacer una metáfora recordando a los famosos cantores de siglos pasados, que, privados de sus genitales, se convertían en divos del canto. Estos otros castrati, a los que voy a hacer referencia, no son tan afortunados como los de la historia, aunque también están sufriendo una serie de amputaciones que, al no ser físicas, no parecen dolorosas, no van a sacar beneficio alguno para su futuro como aquellos. Todo lo contrario, su dolor será de esos que dura toda la vida si no se le van administrando las soluciones precisas y tiene la propiedad de impedir el desarrollo personal y la normalidad en el acceso a la vida social y laboral, y hasta puede que los deje tirados en la cuneta.

Poco a poco y casi sin darnos cuenta, estamos viendo que empiezan a abundar grupitos de adolescentes y jóvenes que son hijos de aquellos latinoamericanos que vimos llegar en la época de las vacas gordas. Son de las familias que han podido seguir asentadas aquí a pesar de la crisis. Han pasado por colegios e institutos como cualquier joven de aquí, pero entre ellos el fracaso escolar es un problema recurrente y preocupante. Se les ve vagabundear por calles y parques con sus viseras invertidas, vestidos como pinceles y con unos aparatitos de nivel considerable. Entran por la puerta grande a engrosar los batallones de los denominados ninis, aunque casi siempre prefieren mantenerse entre ellos. Si les escuchas hablar puede que no les distingas de los de aquí, cuando estábamos acostumbrados a las formas de los que vinieron creciditos. Algunos hasta se dan el lujo de llevar su perro.

A esta generación que, teóricamente, son bolivianos o ecuatorianos o... como sus padres, su país de origen comienza a importarles más bien poco o nada. Se han hecho a la vida de aquí que es la que conocen y tienen noticia de sus antepasados cuando les llevan a la otra parte del charco para visitar a sus familiares. Están acostumbrados a no dar un palo al agua y parece que todo lo consiguen de la familia, sobre todo los que dependen solo de la madre. No muestran interés en mejorar su formación o aprender algún oficio. El lunes estuve charlando con profesores de iniciación profesional de Barakaldo y estaban  desesperados ante la pasividad de este colectivo. En resumen son carne de cañón para futuras bandas, trapicheos o lindezas por el estilo o  se convertirán en asiduos clientes de los servicios públicos o eclesiales, cuando ya no cuenten  con sus mamás, porque a algunos les faltan arrestos hasta para delinquir.

O sea que les han capado el pasado y, de alguna manera, la identidad o pertenencia. Se sienten en tierra de nadie porque allí son de aquí y aquí son de allí, por lo que son de ninguna parte. Les están capando el presente y la personalidad porque, a fuerza de presionar a la familia, viven y tienen de todo sin esforzarse en nada. Ellos mismos se están capando el futuro porque no se preocupan por nada y se están cerrando puertas. Además de su problema personal, que será lo más grave, queda preguntarse qué vamos a hacer con esta tropa cuando, tarde o temprano, se vean mal. Puede que, en un momento dado, este conglomerado estalle a la manera de los extrarradios de París o de ciertas calles de las grandes urbes. También cabe esperar que nos quedemos con un lastre de vagos profesionales de cuidado. Me duelen estos chicos, auténticos castrati de la vida, pero me hierve la sangre contemplando tanto desperdicio y tan pocas posibilidades de solución.

jueves, 30 de abril de 2015

Catecismo para el PP

Mariano Rajoy, a raíz de querer pasar con zancos por encima de la pila de casos de corrupción, hizo una broma con los suyos diciendo que en esta legislatura les había pasado de todo. A continuación rectificó diciendo que no debería haberlo dicho por si aún pudieran tener más sustos. Pues, por si tuviera pocos, aquí tiene el último que le viene de un supuesto aliado. La conferencia episcopal española ha tenido una reunión en Avila la semana pasada y ha sacado a la luz toda una declaración sobre la Iglesia al servicio de los más necesitados. Al parecer sus eminencias se están convirtiendo o les han tocado a arrebato para que se conviertan al "franciscanismo papal". Lógicamente los cambios de sillones que se han dado últimamente están facilitando dicha conversión. Y es que, aunque todos los mitrados están bajo el mismo título, no es igual que estén al frente unos que otros.

El caso es que los obispos se han despachado a gusto. No es que nos hayan descubierto nada nuevo. Como es habitual en ellos, son los últimos en darse por enterados y nos han puesto por escrito lo que los mortales de a pie estamos hartos de comprobar día tras día. Pero lo importante es que no se han callado ni han puesto paños calientes ni nos han intentado distraer con cortinas de humo cargadas de moralina barata. Creo que no les quedaba otra después de lo que llevan publicando desde hace tiempo Cáritas y otras organizaciones católicas sobre la situación actual. Dan un repaso a la supuesta recuperación económica, a las insostenibles diferencias sociales que se están produciendo, al desastroso panorama laboral, a la corrupción, a la exigencia de dignidad en la política, a la necesidad de mantener el estado de bienestar, al trato de los inmigrantes...
Y lo más importante: ¡piden perdón! Reconocen públicamente que no han actuado a tiempo. Desde mi humilde punto de vista es lo más importante del documento, porque lo demás ya lo sabíamos. Parece ser que empiezan a llegar, aunque algo tarde, hondas del terremoto eclesial cuyo epicentro está en Roma, porque este detalle sí es del más puro estilo de Francisco.

Así que a Mariano y al PP les han leído el catecismo, porque los obispos dicen que con su declaración no hacen política, sino que dan orientaciones a sus fieles. Ahora les tocaría poner en práctica esas orientaciones, no para que las usen con intenciones electorales sino para que las vayan poniendo en práctica, que para eso se dicen creyentes, o no? Como buenos seguidores de la Iglesia podrían tomar ejemplo de los jerarcas, a los que tanto recurren cuando les conviene, y tendrían que dar la cara públicamente, como han hecho éstos, pidiendo perdón al personal por todas las mentiras que nos han soltado, por toda la basura que están ocultando y por todos los desaguisados que están permitiendo que se den en aras de los intereses de los más poderosos. En fin, no creo que lo verán nuestros ojos.

domingo, 12 de abril de 2015

El pasado siempre deja huella

Este último domingo de vacaciones ha hecho una mañana de primavera radiante. María y yo hemos aprovechado para hacer un paseo costero, por aquello de terminar de cargar pilas ya que mañana vuelve a clase. Hemos dejado el coche en el fuerte de La Galea y hemos recorrido la costa bordeando los acantilados hasta Sopelana. A la vuelta hemos bajado a la playa de Azkorri por la carretera de acceso y, tras pasear al runrún de las olas, hemos retomado el camino de vuelta, subiendo por el sendero que trepa en el acantilado del fondo. Hemos vuelto por el camino cementado y casi había que pedir permiso para pasar. Ya eran cerca de la una y el personal ya se había echado a la calle.

No es mi costumbre pero me he fijado en un par de carteles de esos explicativos que se  ponen en sitios interesantes y me he encontrado con dos informaciones que me han sorprendido. La primera se refería a los acantilados de Getxo, en cuyos pliegues se puede leer algo de la historia de la formación de la Tierra. Siempre me habían admirado pero resultan que son únicos para entender el período lecitense, del que yo no tenía noticia -ni sé si se escribe así- pero que debe ser muy importante para los entendidos del tema. Está bien tener presente que aquellos movimientos hicieron posible el que nosotros podamos vivir ahora aquí y admirar la majestuosidad de sus huellas.

La segunda es la que más me ha sorprendido. hemos venido muchas veces a la playa de Azkorri a jugar cuando Irene era pequeña y siempre me había llamado la atención esas rocas que parecían una amalgama de cantos rodados y arena. Hay trozos sueltos a merced de los golpes de las olas y hay también una gran parte de la playa asentada sobre ellas. Un pequeño cartel entre árgomas nos informó de las rocas de "arena cementada". Cuál no fue mi sorpresa al ver ese título: qué tenía que ver el cemento con la playa o si resultaba ser un símil. Pues no era un símil. Según el cartel las escorias y los lodos industriales que se vertieron, durante casi un siglo de actividad industrial incontrolada,  a poca distancia de la costa, se habían mezclado con la arena. Uno de los principales componentes de los mismos eran los carbonatos con los que se fue formando esta arena cementada.

Recuerdo perfectamente a los ganguil de AHV salir hacia Punta Galea para abrir las compuertas y soltar la porquería. En el museo marítimo han reconstruido los restos del último de ellos. Recuerdo también las "tortas" de escoria que traían lo trenes de los hornos altos e iban haciendo rellenos con ellas, robando terreno a cañaverales y dunas. Hoy me ha venido con ello a la memoria aquel dicho de mi abuelo, un viejo lobo de mar: el mar devuelve siempre lo que no es suyo. En efecto el pasado ha quedado cementado para siempre en esta zona de nuestra costa. Todo un recuerdo de algo que no se debería haber hecho nunca. Igual que el color oscuro de ellas y de parte de la arena que ha recogido los residuos de lo que sueltan los barcos para limpiar fondos. No quiero pensar lo que no es difícil que pase si el mar acaba devolviendo también otras materias más peligrosas que se han encerrado en sus fondos o los restos de las perforaciones o las porquerías y cloacas que se han vertido en él.

Creo que el pasado sigue y seguirá pasándonos facturas por mal pagadas o por las chapuzas que hayamos intentado enterrar. Esas facturas pueden ser personales, y allá cada cual con su conciencia, pero otras no tienen que ver nada con lo que hemos hecho, porque nos ha tocado pagar justos por pecadores al recibir unas herencias envenenadas, como las que nos han dejado aquí. Justo es que evitemos, en lo que esté de nuestra mano, que las próximas generaciones hereden un país tan deteriorado como el que recibimos. Según estas dos informaciones, el pasado siempre queda marcado en la tierra. Espero que nuestras huellas no queden marcadas en plástico o en materiales así.

sábado, 11 de abril de 2015

ROSA SUPERSTAR... pero menos

Estamos asistiendo atónitos a una serie de espectáculos políticos de muy baja estofa. Entre los recién llegados al ruedo electoral está habiendo de todo: codazos, traiciones, insultos... Pero la greña no solo está montada entre los componentes de las diversas formaciones, sino incluso entre los propios compañeros de barco, sean partidos o coaliciones. Hasta ahora ha habido mucha poesía teñida en tonos altruistas y purificadores, pero con las elecciones llega la hora de la prosa y, en la medida en que el tiempo corra, llegará la letra pequeña que puede que se explique con las navajas en el bolsillo. Con todo ello se les está devolviendo a los grandes partidos un pizco considerable de la tranquilidad alterada por los sondeos y se les está regalando un buen cargamento de argumentos para descalificar a los que llaman experimentos peligrosos.

En medio de este fiasco me llama la atención sobremanera contemplar cómo UPyD se está disolviendo como un terrón de azúcar en el café para todos de Ciudadanos. Después de un pulso para ver quién se quedaba con ese hipotético espacio del centrismo, parecía que Rosa había impuesto su autoridad y se seguía creyendo imbatible ante un pipiolo que se asomaba por Cataluña. Le avisaron y cortó por lo sano. Pero después de las elecciones andaluzas, en los cabezas visibles territoriales de su partido comenzó a tener más peso que su fidelidad y compromiso, aquello del refrán "cuando veas las barbas de tu vecino pelar..." Y es que en esto de la política si no hay sillón no se puede -ni se quiere, claro- hacer nada con los ideales ni con la voluntad de servicio al ciudadano, que todos proclaman.

De todos modos, no entiendo cómo una fiera política de su nivel no ha sido capaz de leer lo que cualquier ciudadano de a pie, mínimamente enterado en política, estaba viendo con claridad meridiana. Creo que en este caso ha podido más la prepotencia y el personalismo de esta mujer, que la evidencia de lo que se le venía encima -algo de esto comenté en una de las entradas más leídas de este blog en el 2008. Ella podrá argumentar que cuando el  barco hace aguas las ratas son las primeras que salen huyendo, pero, según parece, solo le va a quedar la función de ser el capitán que siga en el puente de mando hasta que se hunda del todo.

miércoles, 25 de marzo de 2015

¿INTOCABLE? sí, por favor.

Su santidad se ha presentado en las entrañas de la camorra napolitana y les ha leído el catecismo a los mafiosos, a los corruptos y, de paso, nos ha descrito el perfume generalizado de esta sociedad que componemos y que nos toca sufrir. No se han podido decir más verdades en tan poco tiempo, en el lugar más adecuado, en un lenguaje que entiende todo el mundo sin pelos en la lengua y dirigido directamente al corazón y a las entrañas de los que más están sufriendo las consecuencias de la fractura social y de los excesos del poder. Se puede decir que todo lo que dijo son obviedades y que no descubrió nada nuevo. Sin embargo, lo más importante es quién lo ha dicho alto y claro. El problema de la iglesia ya no es la ortodoxia de los teólogos, las normas de moral sexual, ni los asuntos del clero, sino que "hay gente que no puede llevar el pan a casa", hay obreros mal pagados y sin derechos, hay corruptos a los que no se les puede permitir llamarse cristianos, hay inmigrantes que mueren en el Mediterráneo... Esta es una doctrina evangélica válida para católicos, ortodoxos, musulmanes, agnósticos... Así se puede tomar uno en serio la dichosa infalibilidad del papa, que nos está llamando a arrebato para ponernos las pilas.

Si nos tomamos por un momento como válida -pero sin que sirva de precedente- la metáfora de que el obispo de Roma es el representante de Cristo en la tierra, nos estamos encontrando con dos representaciones de Dios totalmente contrapuestas. Benedicto XVI heredó de Juan Pablo II la grandiosidad de los gestos, el movimiento de masas y los candados doctrinales. Luego él lo completó con una imagen carolingia, unos discursos pulcros y de elevado contenido, unas liturgias de gran boato y hasta libros de profundidad teológica. Eso sí tuvo las agallas de retirarse cuando la podredumbre de la curia se puso irrespirable y le hizo aterrizar en el suelo, pero se sintió inútil para arreglarla. Francisco viene de Latino América, habla desde el corazón y del sentir de la gente, evita los palacios y las vestimentas pomposas, anda en zapatones, charla con los parroquianos, nos pide que le bendigamos, llama a los pederastas por su nombre, pone en su sitio a jerarcas y obispos que están dando el cante, celebra con reclusos, visita barrios chabolistas y canta las verdades desde el parlamento europeo o desde las tragedias de Lampedusa. 

Detrás de estas dos figuras no me quedo en que mira qué majo es éste o qué antipático era el otro. Hay dos maneras contrapuestas de ver a Dios. El primero nos mira desde el cielo nos impone doctrinas, nos guía para que nos salvemos si cumplimos todo lo que nos dice, aunque no entendamos sus doctrinas o nos fastidie su moral. El rige desde arriba el universo porque lo sabe todo y lo puede todo, aunque no entendamos sus divinos designios, que a veces nos sientan fatal. La segunda manera nos deja ver a Dios aquí a ras de tierra entre nosotros y dentro de nosotros, preocupado por lo nuestro, sufriendo con los que sufren y deseando vida para todos, pero respetando nuestra libertad e impulsándonos a que arreglemos los desastres y completemos su obra. Así se puede creer que la encarnación de Dios no acabó en Jesús de Nazaret, sino que se sigue haciendo aquí y ahora. 

Pero, por favor, cuídese Francisco, que menudo polvorín tiene usted debajo del sillón de Pedro. Los jerarcas de la iglesia están incómodos, la gente de las llamadas democracias cristianas garraspean y le miran de reojo y, por si fuera poco, no deja de meterse con las mafias... Ya que no nos tragamos aquello del ángel de la guarda, algo tendremos que hacer para que usted sea intocable. Santidad ¡Olé  sus huevos! 

domingo, 8 de marzo de 2015

El camino de la vida

El jueves pasado tuvimos, por fin, oportunidad Orencio y yo de retomar los paseos montañeros, como buenos jubilados que se cuidan y saben mantenerse en forma, en una mañana radiante después de tanta agua. Elegimos la subida a Peñas Blancas,463 ms de altitud, desde Alonsotegi. Es de esos sitios en que ves la cima desde la salida, o sea, que parece que la tienes ahí encima, pero que supone que el desnivel de la pendiente se las trae. Como solemos decir entre nosotros, sin piedad. Dejamos el coche al lado de la estación de Feve y tras atravesar las vías comenzamos la empinada. Hay un largo trayecto de carretera de esas que te dan más miedo bajarlas que subirlas, pero íbamos a andar, así que el coche estaba mejor abajo. 

Después de ese primer tramo, que tenía nada más un pequeño descansillo, la carretera se volvía a empinar más en serio y perdía el asfalto. En su lugar, el firme estaba formado por el típico hormigón atravesado por unas rajas transversales. Al finalizar ese tramo la carretera continuaba con piedrilla suelta, algo de barro y charcos, hasta llegar a la ermita de Santa Quiteria, un tanto abandonada, en cuyos alrededores han puesto un área recreativa bastante nueva. Nos extrañó ver que allí arriba -ya estábamos a más de 200 ms- había una serie de casas, que en su tiempo podrían haber sido de mineros, muy bien arregladas pero con aquellos accesos tan penosos. 

A partir de aquí la pista se convierte en un sendero de monte tortuoso. Nos encontramos con una grata sorpresa. Ya habíamos dejado atrás los eucaliptos y pinos y estábamos en medio de lo que suponíamos era un encinar. Estuvimos dudando sobre qué tipo de querqus sería, hasta que vimos un cartel informativo en el que se explicaba que, en efecto, eran encinas, pero que sus hojas eran más grandes de lo normal porque la encina necesita mucha luz para su desarrollo y allí no tienen tanta luz como en otros terrenos mediterráneos. También vimos madroños y roble bajo. 

Poco a poco la ladera se va poblando de rocas dispuestas desordenadamente. Luego cruzamos unas pistas en medio del roquedo que estaban hechas de piedra firme y muy bien trazadas. Eran restos de las infraestructuras mineras de principios del siglo XX. Pero había que tener cuidado de seguirlas porque te llevan a ninguna parte. Ya se empezaban a ver grandes grietas y hendiduras, medio cubiertas de vegetación. A partir de aquí hay que ir rastreando las señales rojas y blancas que nos han acompañado desde un principio, porque si las pierdes te puedes encontrar de repente rodeado de agujeros sin saber por dónde salir. De hecho en la subida nos metimos por medio de las peñas mirando a la cima hasta que nos encontramos con la enorme grieta que rodea la cumbre. Tuvimos que dar un largo rodeo, y con cierto riesgo, para salvarla. Desde arriba nos percatamos de en qué lugar habíamos perdido la pista. Al bajar la seguimos, aunque de nuevo tuvimos que ir con cuidado de no perder las señales.
 

Si me he detenido a describir las características del camino, es porque me gusta hacer comparaciones o símbolos sobre la vida misma, con lo que veo y experimento en el monte. Se me antojó estar releyendo la subida al monte Carmelo de S. Juan de la Cruz, cuando, despojado de todas la ataduras y seguridades de las cosas mundanas, al final de la ascensión se encuentra con la noche oscura, donde ya no hay señales. Sin ir tan lejos, sí que me pareció ser aquella subida una metáfora de la vida misma y, cómo no, de mi historia y la de tantos otros de mi generación. Al comienzo de la vida teníamos todo bien marcado y teníamos las facilidades justas para tirar con nuestra vida adelante. De todos modos, no lo tuvimos fácil y más bien cuesta arriba. Poco a poco las dificultades crecen y llega un momento en que tenemos que ser dueños de nuestras decisiones y, si no nos dejamos orientar, podemos tomar desvíos peligrosos que nos llevan por mal camino.
Puede que la vida nos haya dado algún respiro y algunas gratas sorpresas, pero han sido tiempos revueltos, en los que hemos tenido que estar rastreando unas referencias que nos aseguraran que podíamos caminar por donde teníamos previsto hacerlo. No han faltado, ni faltarán, trampas de mayor o menor peligro, que pueden dejarnos marcados o perdidos en su garganta. Es bueno llegar arriba con vida y con ganas de vivirla, para desde allí poder otear la propia historia y que nos dé tiempo a reparar los errores que hayamos cometido en el camino.