domingo, 6 de octubre de 2013

Jóvenes y violencia

Está a la orden del día el ver u oír en los medios de información y en los comentarios de la calle quejas, hechos más o menos escandalosos y hasta estadísticas sobre los comportamientos violentos de los menores. Creo que antes de preocuparnos de esto habría que empezar por otro tipo de comportamientos previos que se van tolerando inconscientemente, más dejación que por ignorancia, creo yo. No hace falta ser ningún entendido para observar que en las relaciones entre iguales de los y las menores se hace sentir una dosis considerable de agresividad que cada día parece ir en aumento. También comienza a es normal ver cómo unos mocosos se plantan ante sus padres y les dan auténticas órdenes, a parte de las rabietas típicas de los pequeños. Y esto no acaba ahí, se está llegando al extremo de que ya hay programas terapéuticos para las familias de los y las adolescentes que agreden a sus padres, lo que indica a las claras que debajo de esos casos declarados existen muchos más que por diversas razones se prefiere mantener ocultos. La carnaza que varios canales de televisión se han encargado de echar al público a raíz  de estos temas solo ha servido para el aumento de su cuota de audiencia a base de airear las miserias de personas y familias a las que han podido terminar de destrozar sus vidas. Por lo demás,  no entiendo cómo pretenden hacernos creer que son válidas esa soluciones mágicas que de la noche a la mañana consiguen unos superprofesionales que lo saben todo .

Me he encontrado, al respecto, con un artículo de Leonardo Boff que da luz ante los porqués de esta violencia que se refleja en los menores pero que anida en toda la sociedad, desde la familia hasta en las altas instancias sociales. Creo que da en el clavo cuando señala que uno de los factores que más está influyendo en este problema de la violencia es lo que llama el "eclipse de la figura del padre", apoyándose en las aportaciones del psicoanálisis. La figura del padre implica algo más que la presencia física del padre en la convivencia familiar. Es esa función imprescindible para el ser humano que marca las normas, señala los límites y, sobre todo, aporta la seguridad que necesitamos hasta conseguir nuestra autonomía. Hoy ya nos está tocando vivir una nueva sociedad de familias divorciadas, separadas, monoparentales, recompuestas... Está claro que en estas situaciones esta figura puede quedar desdibujada, totalmente ausente o, en el caso de nuevas parejas, contraproducente. Pero hay otro fenómeno que se está extendiendo y es más peligroso: la ausencia  de esta figura  cuando los padres están presentes en la vida familiar. Resulta más fácil dejar pasar, no tener enfrentamientos, conceder todo lo que los hijos piden... pero esa actitud, a la larga, acaba creando dependencia e inseguridad. 


En mi experiencia de educador he podido comprobar, más allá de las teorías, que muchos comportamientos violentos, agresivos o antisociales, son fruto y signo de una debilidad e inseguridad personal. Algunos chicos, de los que me tuve que hacer cargo en un hogar de acogida, eran el terror de los compañeros en la calle y la pesadilla de la policía municipal. Sin embargo, aquellos mozalbetes eran incapaces de dormirse sin la luz porque tenían pánico a quedarse a oscuras, o tenía que contarles historias e, incluso, no me quedaba otra que airear algún que otro colchón a la mañana siguiente por las incontinencias urinarias impropias de su edad. En la última etapa de mi vida laboral de educador también he podido comprobar, incluso estadísticamente, que un porcentaje elevado de los alumnos, que se quedan marcados por el fracaso escolar o que mantienen comportamientos absentistas y disruptivos en los centros escolares, provienen de familias en las que éstos han superado a los adultos responsables lo que, en vez de darles más fuerza, los deja seriamente debilitados para encarar su futuro. Las intervenciones que se pueden aportar desde las instituciones públicas para paliar estas situaciones se quedan muy limitadas si no cuentan con algún referente mínimamente sólido en la familia. A los que nos hemos batido el cobre en esas batallas al menos nos queda el consuelo de que, para bastantes de ellos, nuestras aportaciones les hayan podido servir de factores resilientes para encaminar su vida. Contra este problema no queda otra, así que plagiando lo que decía aquel grupo punky de cuyo nombre no quiero acordarme "mucha policía, poca educación... un error, un error!!"

jueves, 3 de octubre de 2013

Cuando un hombre ama a una mujer...

"¡Luisfer, joder, búscame una mujer!" La primera vez que me lo dijo lo tomé como una broma de las que nos solíamos hacer cuando en otra época coincidimos trabajando en la construcción. Toño -por dejar anónimo su nombre- era uno de tantos que se vino de los campos del sur de España para ganarse la vida. Al rebufo de su hermano mayor aprendió el oficio y se fue consolidando como un buen oficial de albañil. Era como un toro bravo, de corta estatura pero musculoso hasta decir basta. Derrochaba energía y parecía que nunca se cansaba. En su tierra había practicado no sé qué modalidad de lucha lo que le daba una resistencia fuera de lo común. Por aquella época
entablamos amistad porque estábamos empeñados en la lucha por conseguir convenios justos para los troncos de la construcción y él era de los más desatacados a la hora de dar la cara y de cantarle las cuarenta al que hiciera falta. Por otra parte, residía en el mismo barrio en el que vivía mi madre, por lo que era frecuente que de vez en cuando nos encontrásemos. A mí me despidieron de la empresa en que coincidimos después de una huelga y él la dejó años después porque le hacían la vida imposible y se puso a trabajar por su cuenta, junto con su hermano. Le sobraba energía y oficio para hacer frente a lo que le viniera.

Al cabo de un tiempo, en uno de los domingos en que fui a visitar a mi madre, ésta me contó que al hermano pequeño de Herrero se le había muerto la mujer de repente. Pasó bastante tiempo hasta que volvimos a encontrarnos y me invitó a un vino. Allí fue cuando me soltó por primera vez lo de que le buscara a una mujer. En aquel ambiente no le di mayor importancia, aunque le vi algo desaliñado, cosa que puede parecer normal cuando falta la que ha estado cuidando la casa. Sin embargo, en la siguiente ocasión en que nos encontramos estábamos solos y me volvió a repetir la frase pero esta vez noté que iba muy en serio. Llevaba un aspecto muy desaliñado para lo chuleta que había sido él antes. Los ojos no le brillaban y el tono de voz era tan alicaído que rayaba en lo lúgubre. Me lo repitió dos veces como si fuese la súplica de alguien que no puede más con su vida. Aún recuerdo perfectamente el lugar y la hora en que nos encontramos. Ya no le importaba el trabajo, la echaba mucho de menos y no encontraba con quién suplir ese vacío, aunque dudaba que eso pudiera ser posible.

Supongo que las palabras, o mejor, la arenga que le solté con toda mi buena voluntad no sirvieron de nada. Me dejó tan impresionado que, iluso de mí, me llegué a convencer de que en algún lado podría encontrarle una compañera. En aquellos tiempos no había internet, ni era pensable para un currela de la construcción acudir a uno de esos lugares donde se encontraban solteros y solteras. Estuve a punto de abordar a una conocida que estaba en una situación similar, pero a la inversa. Lo fui dejando y, como pasa en estos casos, se me fue el santo al cielo. Dos años después de ese encuentro, un domingo mi madre me comunicó que a Toño le habían dado tierra. Le encontraron muerto. Se había desmejorado mucho y parece ser que tenía algo grave, pero como no se cuidaba... Creo que siempre he sabido la enfermedad que este compañero tenía. Estoy seguro que murió de tristeza y esa enfermedad tiene muy mal remedio. A mí me dejó muy tocado porque al menos a mí me lo había contado y no supe o no pude hacer nada. A pesar de los años que han pasado aún me viene a la memoria su figura en lugares o en circunstancias que habíamos compartido. Como recuerdo le quiero dedicar esta música que casi todos sabemos de memoria y que me ha inspirado el título de este post. 

martes, 24 de septiembre de 2013

En la Sierra Brava Badaia

Con la disculpa de un encuentro acordado en Kuartango con viejos conocidos y mejores compañeros de antiguas andanzas, conseguí liar a tres de ellos para dar una paseo por la sierra Badaia antes de la hora de la comida. Hacía muchos años que no había pisado esa zona, pero una de las rutas que publica El Correo marcaba un paseo por la vasta altiplanicie de esta sierra, y me picó el venenillo. La ascensión no es costosa porque los tramos más empinados son cortos y luego las subidas a las cotas más altas son tendidas y se hacen con facilidad. Quiso la suerte depararnos un día espléndido de despedida del verano, lo que nos permitió contemplar unos panoramas extraordinarios. Nunca me había imaginado que fuera una atalaya tan impresionante. Además de los montes cercanos de Araba y Bizkaia, pudimos divisar desde el pico que está encima de Castro Urdiales, hasta los montes de la Demanda o el S. Donato y el macizo de Aizgorri. Nuestro amigo Luisma, oriundo de este valle de Kuartango, nos fue ilustrando de los diversos lugares de interés que éste esconde y de los diversos "susedidos" históricos, desde la paliza que les dieron los lugareños a los romanos que habían instalado un castro, hasta las estratagemas de los ingleses que se escondieron allí para ganar la batalla de Vitoria a las tropas napoleónicas, que les esperaban en el puerto de Altube. Luego pasamos a la otra vertiente de la sierra y pudimos contemplar la llanada alavesa con una vista en la que se veía Vitoria como en un croquis.

Resultó ser una mañana deliciosa, por el paisaje, por el ambiente y por la inmejorable compañía de la que pude disfrutar. De todos modos la conversación central del día fue la del problema del fracking, ese controvertido sistema de arrancar el gas incrustado en las rocas del subsuelo que acaba arrasando también el suelo donde se instala. Este valle y la sierra que pisábamos parecen ser un objetivo directo de los que planifican este sistema, lo que supondría arrasar el valle y las zonas circundantes, incluido el nacimiento y el salto del Nervión. Tanto a la entrada del valle como cuando bajamos al restaurante donde habíamos quedado con los otros compañeros, pude ver que el valle estaba plagado de carteles en contra del fracking y que la mayor parte de la gente portaba camisetas amarillas alusivas a que Kuartango no lo quiere. Más tarde llegó un numeroso grupo de vecinos ataviados con las susodichas camisetas procedentes de uno de los actos de  protesta que estaban programados en otro rincón del valle. Me impresionó la conciencia y el empuje que destilaban.

En mi anterior post me preguntaba hasta dónde iban a llegar los que nos gobiernan. Por lo visto, también están dispuestos a arrasar este valle y toda la cornisa norte de España que, al parecer, es de los lugares más aptos para acometer su destrozo. También me pude enterar que hay más movimientos ciudadanos por esta causa en otras partes de España y que están uniendo sus fuerzas a pesar de que todo el mundo sabe que nuestros mandatarios son capaces de pasar por encima de todo. Lo mismo les da los apuros y las angustias de tantas familias que se quedan sin becas o sin comer, como la cabaña ganadera que pueden desmantelar o la belleza de nuestros montes y valles. Total eso son para ellos paparruchadas de ecologistas estrafalarios y de idealistas que no conducen a ningún beneficio. Esta lucha contra el fracking tiene que ir ganando mucha más fuerza y apoyos ciudadanos porque va a necesitar de todo para frenar esos planes tan dañinos. Al parecer lo único que los están paralizando, por ahora, es la falta de financiación. Ironías de la suerte, algo bueno tenemos que aprovechar de la crisis.


miércoles, 18 de septiembre de 2013

¿Hasta dónde van a llegar?

"Quosque tandem, Catilina? Quosque tandem abutere patientiam nostram?" Traigo a colación este arranque de Cicerón en las Catilinarias porque creo que se lo podríamos aplicar al impresentable ministro encargado de desmantelar el sistema educativo público "¿Hasta cuándo, Wert? ¿Hasta cuándo vas a abusar de nuestra paciencia?" Me he quedado atónito ante las declaraciones de este señor respondiendo a las movilizaciones de alumnos, padres y profesores por el apabullante descenso de becas. 600.000 alumnos se quedan sin beca y este tipo se queda tan pichi diciendo que son "algunos" nada más los que protestan. Luego lo remató diciendo que esas protestas no tenían razón de ser porque era una "huelga política", esto es, que solamente intentaba ir contra el gobierno, o sea, contra él. ¿Es posible que no se haya dado cuenta del número de parados que hay, y de los que ya no perciben el subsidio o tienen que estar viviendo de la ayuda familiar? ¿Sabe a cuántos jóvenes les ha cerrado la puerta a la universidad y a la FP de grado superior con su subida de tasas y con ello les está hipotecando su propio futuro y rebajando el nivel de cualificación de las nuevas generaciones que son el futuro de todos? ¿En qué consiste su cacareada excelencia en la enseñanza, en echar de ella a los pobres? No me explico cómo una persona puede llegar a ese nivel de cinismo y a demostrar tamaña desfachatez insultando a la inteligencia de los ciudadanos.

Después de tanto años luchando por concienciar a las familias de la necesidad absoluta de la formación y por erradicar el absentismo escolar, uno se tira de los pelos al comprobar en qué manos está ahora la enseñanza pública. Hasta ahora teníamos que insistir a las familias en que no podían permitir que sus hijos  se presentaran en la escuela sin el material escolar necesario. A ver ahora quién el guapo que se atreve a sugerir esto en algunos sectores de población. Es verdad que ha habido, y seguirá habiendo, familias, sobre todo gitanas, que han querido aprovecharse de las becas para utilizar indebidamente el dinero de las mismas, pero eso no justifica medidas de este tipo que rayan en el descalabro para la inmensa mayoría de las familias que nada tienen que ver con esas prácticas.

Mira por dónde, hoy el gobierno holandés, dentro de la cara dura propia de los políticos europeos actuales, ha declarado sin ningún rubor que eso del estado del bienestar se acabó, eso sí, envuelto en una serie de eufemismos que son para partirse de risa sino fuera por lo que llevan detrás. Al menos han dicho una verdad sin pelos en la lengua. Todo un ejemplo de sinceridad para nuestros actuales gobernantes que en su campaña electoral no dijeron que se iban a cargar sistemáticamente el estado de bienestar, que tantos esfuerzos y tantas luchas nos había costado, porque era muy caro o porque les molestaba.
Apoyados en el absolutismo parlamentario se zafan impunemente de todos los compromisos que prometieron. Ahora dicen que en Europa y las instituciones económicas internacionales les felicitan por las medidas adoptadas. Lógico, los que están por los interese del capital les han impuesto estos deberes y se ve que van aprobando en la tarea encomendada. Deberían preguntar a los ciudadanos españoles, incluso a los que les habían votado, a ver si éstos les aprueban.

También se les llena la boca con que la economía va bien, pero esa señora no vive en la mayor parte de los barrios obreros de todo el estado, ni en muchos pueblos pequeños, ni en la casa de los que tienen que ir al banco de alimentos o de los que se quedan sin becas, ni el cartilla de tantos pensionistas sumidos en la miseria... Seguro que en los años que nos faltan para llegar al final de esta dictadura parlamentaria, les va a dar tiempo en acabar con gran parte de lo que nos queda en pie de lo público, por eso me hago la pregunta del título, porque lo de pararles lo tenemos a millón. 

jueves, 5 de septiembre de 2013

En el 30º aniversario de las inundaciones de Bilbao.

El pasado 26 de agosto quedé impresionado al visionar el programa de ETB sobre las últimas inundaciones de Bilbao. Según iban pasando las imágenes y los testimonios se me agolpaban un montón de recuerdos. Sin embargo, lo que resultó de un interés especial fue el compartir ese rato con María y con nuestra hija. Siempre hemos dado gran importancia en nuestra familia a la transmisión oral de recuerdos, de experiencias, de acontecimientos... ya sean de nuestra historia personal o de la historia en la que nos tocó crecer y vivir. Nos parece un puntal importante de la educación familiar para que los que vienen detrás encuentren razones para entender lo que se encuentran hoy y para tener referencias que les ayuden a formar los criterios de su propia vida.

Nos estábamos viendo envueltos en aquella multitud armada de escobones y palas dispuestas a darlo todo hasta caer de culo por el cansancio. María y yo estuvimos los primeros días en el Casco Viejo y en Rekalde. Después nos reclutamos en las brigadas del ayuntamiento de Barakaldo y nos tiramos en Alonsotegi una semana sin descanso sacando barro, piedras, troncos y hasta animales muertos. Teníamos dos sentimientos encontrados, por una parte la impotencia de ver que aquello no se acababa nunca y por otra la satisfacción de haber aportado todo lo que podíamos aportar.

Al mismo tiempo recordábamos anécdotas de cómo baja la ría, de personas conocidas que lo pasaron mal... en especial de mi difunto primo Txomin que, como nunca salía de las tascas del Casco Viejo, estuvo pasando la noche en una terraza del bar donde estaba subido en una torre de cajas de botellas de vino vacías. Yo me libré de la riada porque aún no había bajado a la sede de la comparsa, aunque me quedé sin trombón porque lo había dejado en el sótano y supongo que se iría a dormir entre los fangos de la ría o derechito al mar. Estaba en casa de mi madre pasando unos días y al vivir en Arangoiti solo veíamos que la carretera de acceso al barrio y los caminos del monte se habían convertido en un abrir y cerrar de ojos en unas torrenteras que arrasaron el barrio. Yo comencé a llenar la bañera y todos los cubos y cazuelas de casa de agua, a pesar de la extrañeza de mi madre. Al día siguiente, no había agua pero nosotros tuvimos suministro para unos cuantos días.

Así quedó la txosna de mi comparsa
La semana siguiente comenzaban las clases y yo tenía que ir a Santurce. Por aquel entonces estaba dando clases en el instituto de formación profesional. Solía ir en el tren de cercanías que discurre paralelo a la ría. Fue un viaje desolador al ver todas las factorías llenas de barro, de árboles... con paredes caídas y gran cantidad de materiales inservibles. Me entró una especie de angustia al encontrarme con que no solo había quedado arrasada la zona comercial sino que las industrias habían corrido una suerte similar. Tenía la impresión de que no íbamos a levantar cabeza, que aquello iba a suponer la ruina de la región o algo así. Sin embargo, aquello supuso en realidad un resurgimiento y un empeño en mejorar y aumentar lo que se había llevado el aguadutxu. Y es que este país somos así y me siento orgulloso de participar de ese espíritu de superación y de visión de futuro. A mí me pasó que intenté superar esas sensaciones negativas escribiendo mi primer poema. Lo he colgado en mi pequeño poemario que tengo medio abandonado y, quizás, en esta ocasión también el recuerdo de las inundaciones me devuelva a la poesía.

domingo, 25 de agosto de 2013

Un cumpleaños especial

En el pasado 14 de agosto me he encontrado con un cumpleaños especial, me han caído los 65 años. Quizás no tengan nada muy diferente a los 64 o a los 66, pero está marcado socialmente y, quieras o no, esas marcas influyen también en lo personal. Ya pasa uno a la reserva laboral, lo que supone un cambio más que sustancial de la forma de vida. Se abre de repente una puerta y, aunque muchos hayan descrito lo que hay detrás, según su propia experiencia, no deja de ser una caja de sorpresas porque no podemos suponer lo que se va a encontrar uno detrás de ella. Conocemos nuestra manera de reaccionar, nuestras fuerzas, nuestras debilidades, pero siempre en el contexto de nuestras rutinas diarias o de las diversas épocas de nuestra vida. Lo que me llega ahora es una situación novedosa sobre la que se dicen muchas generalidades pero para cada uno es una experiencia personal e intransferible y, por ende, distinta por lo que lo que te cuenten no sirve para mucho.

Por aquello de las nuevas normativas que se impusieron por pelés, tengo que esperar hasta el 14 de septiembre para acceder a la jubilación. Los de mi quinta somos los primeros que comenzamos con el retraso de la edad, aunque, visto lo que va a venir, lo mío no ha sido ni un rasguño. Es ahora en este intermedio entre el cumpleaños y el 14 de septiembre cuando siento una especie de vértigo al ir viendo acercarse esa fecha. Creo que puede ser normal ante algo que sé de antemano que es totalmente nuevo y, de alguna manera, definitivo porque supone inaugurar la última etapa de mi vida. Sin embargo, quiero que esta nueva etapa sirva ante todo para mi crecimiento y enriquecimiento personal, pues supongo que se comienza a ver la vida y los acontecimientos desde una perspectiva distinta y esto puede suponer el descubrir nuevos rincones de la personalidad y llegar a espacios vitales que no se conocían antes.

Mi primer propósito es poder tener una mayor dedicación al cuidado de mi familia y de nuestra hacienda. Muchos comentan con sorna que los jubilados solo hacen que molestar en casa, espero que éste no sea mi caso. Por otra parte, no creo que me vayan a faltar oportunidades de seguir colaborando con programas o iniciativas solidarias, lo que para mí será una gozada y una parte fundamental de mi vida. Creo que podré dedicarme también a mis aficiones favoritas la lectura, el estudio, la escritura, la música, el monte... y prometo desde aquí mantener, mejorar, ampliar este blog. O sea, que no voy a tener demasiado tiempo para aburrirme ni voy a necesitar inscribirme en programas de esos que se estilan para entretener a las personas mayores y quiera Dios que esto dure mucho tiempo. En fin, con estos sentimientos y estos pensamientos me estoy preparando para el paso a mi jubilación. Que Dios reparta suerte!!


martes, 6 de agosto de 2013

Excursión por las Merindades

En las pasadas fechas de julio, en las que hay poca gente en el pueblo y los días son más largos, solemos aprovechar para hacer excursiones. Preferimos ir recorriendo lugares y territorios poco conocidos por aquello de ir conociendo mejor los regalos de la madre naturaleza que no salen en la tele ni tienen mucha fama. Esta vez hemos querido seguir conociendo mejor la zona de los cañones del Ebro que tanto nos gusta. Nos hemos dirigido directamente, dejando atrás Pesquera de Ebro con sus atractivos turísticos, a Tudanca, una aldea perdida entre  unos recodos del río y unos murallones llenos de vegetación donde se acaba la carretera. Parte de su caserío sigue derruido, pero, como en gran parte de las merindades burgalesas, hay un notable número de edificios que han reconstruido gentes nacidas allí o descendientes suyos en plan de segunda vivienda y que dan algo de cobertura a los que aún siguen habitándola y viviendo de su ganado. 

Tudanca es de esos lugares en los que, una vez allí, miras a tu alrededor y te crees que ya no se puede salir de él, a no ser trepando por las rocas. Así debía de ser porque para poder superar la garganta de Los Tornos tuvieron que tallar un camino en la roca viva para mantener la comunicación con Cidad y los siguientes pueblos del Ebro. Nada más bajarnos del coche nos dirigimos hacia la garganta del cañon bordeando el cauce del río y justo en la última curva del mismo comenzamos a subir el empinado sendero. El panorama, y el airecillo que mitigaba el calor, bien merecieron el esfuerzo. Como se puede comprobar en el álbum que adjunto no nos separamos de la cámara de fotos. Es algo impresionante sentirse perdido en esos monumentos de la naturaleza, vigilado por los buitres y los rapaces con el continuo sinfónico de los rápidos del río, con el estallar del agua en las rocas y el runrún del viento que se aceleraba al pasar por el desfiladero. Después de dos horas y media de caminata nos sentamos a comer en la campa que está delante del pueblo, justo a la orilla del río disfrutando del fresco del agua, del panorama y acompañados por las vacas que también comían como nosotros. Para los vecinos que estaban en una especie de terraza de bar esperando a la hora de comer, resultamos ser un entretenimiento gratuito pues no quitaron el ojo de encima de todos y cada uno de nuestros movimientos.

Siguiendo las indicaciones de nuestra guía sustituimos la siesta por una visita a un afamado dolmen de 5.000 años de historia con losas monumentales de casi tres toneladas. Para ello tuvimos que dejar atrás el entorno del Ebro y subir al páramo a un pueblo llamado Porcinos. Allí el sol era implacable y no había ninguna brisa que lo aliviase. Después de algún despiste y una buena caminata chupando polvo nos encontramos con el deplorable panorama de un lugar histórico recubierto de maleza y totalmente abandonado, tal como se puede ver en las fotos. Tras esa frustración volvimos sobre nuestros pasos por otro rincón perdido entre sierras con pequeñas aldeas diseminadas pero de una  vegetación impresionante: el valle de Zamanza. Merece la pena pasear por él o contemplarlo desde la altura del páramo.

sábado, 20 de julio de 2013

Cristianismo versus cristiandad

Creíamos ingenuamente que después del Vaticano II, con la importancia que éste dio al laicado, con el florecimiento de las comunidades de base... se había dado carpetazo a la cristiandad, inaugurada por los últimos emperadores romanos que identificaron cristianismo con el imperio y mantenida hasta entonces a golpe de autoritarismo moral y dogmático. Nada más lejos de la realidad, dado que los que votaron en contra de los documentos conciliares fueron los que se quedaron encargados de ponerlos en práctica. Ni la curia romana, ni gran parte de la jerarquía estaban por la labor de asumir las últimas consecuencias del Vaticano II. A todo esta rémora se sumó larga travesía del pontificado de Juan Pablo II que se erigió en líder indiscutible y centralizador, consolidando una estructura totalmente vertical y jerarquizada de la iglesia. El remate nos vino de la mano de Benedicto XVI, el gran inquisidor de las últimas décadas, que quiso imponer su visión teológica y eclesial. Su retirada ha dejado bien a las claras, además de su honradez personal, el fracaso de sus ideas y de la concepción verticalista y jerarquizada de la iglesia, por todos los escándalos que manchan a la curia y al clero y por el alejamiento de muchos creyentes.

En lo que nos toca más de cerca, el largo pontificado de Juan Pablo II ha consolidado en España un bloque episcopal de marcado signo restauracionista, esto es, retrógrado y autoritario, al que solo le faltaría incoar la beatificación del Caudillo. Ya pasaron a la historia los obispos que propiciaron los pequeños concilios diocesanos, los movimiento laicos y obreristas, el fomento de las comunidades parroquiales... Hoy en día la jerarquía española se quiere erigir en la autoridad moral del país imponiendo sus doctrinas. No contentos con ello se han convertido en el principal grupo de presión ante los gobiernos, favoreciendo a  los más derechosos, con el principal objetivo de conservar y acrecentar sus privilegios. Han convocado numerosas y multitudinarias manifestaciones -incluidas las visitas papales- que, bajo un formato religioso, eran torpedos a la línea de flotación de los gobiernos socialistas. Por otra parte, a gran parte de ellos les encanta sentirse  televisivos y, pagados de sí mismos, fomentan una liturgia de boato en donde los fieles solamente sirven para hacer número y decir amén, porque lo último que harían sería escucharles. Lo que más me indigna es que a toda esa tropa de jerarcas se les identifique como la iglesia. Entonces los que estamos al pie del cañón compartiendo con otros creyentes nuestra fe, nuestra vida y nuestro compromiso por los últimos de este mundo, qué somos si no tenemos nada que ver con ellos. 

De repente aparece Francisco, como sustituto del dimisionario, que comienza dando una serie de signos que, más allá de lo pintoresco que puedan resultar por lo chocante, me parecen importantes. Los medios y las redes sociales se fijan en los zapatos, en que no lleva ropajes fastuosos, en que se mezcla entre los fieles, en que dice cosas que todos entienden, en que besa los pies de chavales de reformatorio... y en otro tipo de medidas de más calado, como la intervención de la banca vaticana. Todos estos detalles tiene un trasfondo importante, pero yo quiero subrayar aquí otros. Empezó su pontificado pidiendo la oración y la bendición de los fieles y desde el principio se ha autodenominado obispo de Roma y no papa. Podría parecer que lo primero se queda en el típico
gesto de simpatía para caer bien a la gente, pero supone, al menos para mí, un primer paso para devolver a los fieles su protagonismo en la vida eclesial. Así mismo, se trasluce en esa forma de comenzar su pontificado que entiende que todos compartimos el mismo Espíritu, sin que un puesto jerárquico suponga recibir .una mayor parcela del mismo. Pero su pontificado no pretende ser de un papa emperador con corte palaciega, sino un pastor obispo de Roma, "primus inter pares", no por ser el que tiene el poder sino el que asume la responsabilidad de mantener la unidad y alentar la fe de las comunidades cristianas.

Estas nuevas dimensiones que se abren a partir de estos pequeños gestos apuntan posibilidades de editar una iglesia que responda a los nuevos paradigmas de la era global. Una iglesia de comunidades creyentes que sean la interpretación  viva del mensaje de Jesús en esta nueva era de la información y de la globalización, más allá de convertirse en un museo que conserva impolutos dogmas, preceptos morales, liturgias estáticas, jurisprudencias canónicas... a los que no se puede tocar y con los que se pretende seguir rigiendo la iglesia e, incluso, las sociedades bautizadas como cristianas, a pesar de declararse laicas. Para ello se va a necesitar, más tarde o más temprano, un potente motor de arranque, esto es, un nuevo concilio ecuménico que ponga las primeras piedras de ese camino que preveo largo y arduo. Un concilio que no podrá ser ya Vaticano sino que tendría que ser descentralizado y descentralizador desde su raíz y en el cono sur, a ser posible.

lunes, 8 de julio de 2013

Garikoitz ha muerto

Ha sido de repente, con la llamada de mi primo Luis. He tenido que pasar de una noticia de periódico a saber que ese niño ahogado en la piscina de Ortuella y que ha estado varios días en el candelero de las noticias locales, era nuestro Garikoitz. He sentido un pinchazo profundo en las entrañas y me he quedado mudo en el teléfono como quien no puede creer lo que está oyendo. Pero la realidad se impone y mientras hablaba con Luis comencé a atragantarme con las primeras lágrimas y noté cómo me arrancaban algo de lo más profundo de mí. Entonces es cuando me di cuenta de lo adentro que llevaba a este crío.

Garikoitz era nieto de mi difunto primo Fernando y poco a poco en mis visitas a la familia nos fuimos encariñando mutuamente. Ese vitalismo que le llevaba a no parar, esa imaginación que le llevaba a inventar juegos y la espontaneidad que irradiaba me encantaban. Para mí era un gustazo, y a la vez un susto, verle correr y saltar hasta mi cuello con un ímpetu que ponía a prueba mi tocada zona lumbar. Se quedaba apretado y me iba comentado sus cosas mientras lo llevaba aupas. Me concedió el privilegio de conocer sus rincones y escondites secretos y siempre me encomendaba la construcción de su destartalado barco pirata, mientras él jugaba con esos horrendos muñecos  transformer. Ya me terminó de conquistar con su empeño de saber cuál era nuestro parentesco. El día en que comprobó que nuestros segundos apellidos coincidían dio un grito de entusiasmo que me dejó derretido.

Y de repente ya no está. Y no tengo ningún pensamiento de consuelo, solo lágrimas como las que me están molestando para terminar de escribir esto. Las muertes de los niños, y más si son por accidentes, siempre nos resultan trágicas, pero éste era mi niño y no sé qué demonios me lo ha arrebatado, si el corazón. o uno de sus impulsos o el descuido de sus cuidadores... o todos ellos juntos. De todos modos, aunque esa ausencia va a dejar un hueco en mis entrañas muy difícil de llenar, me quedo con las palabras que su madre nos dirigió en el funeral para recordarle: Garikoitz ha sido un niño feliz y el mejor hijo del mundo. Si algún día me regalan un nieto, quiero vivirlo así.

lunes, 1 de julio de 2013

Algunos errores de bulto peligrosos

Acabo de escuchar perplejo el testimonio de un profesor que comenta un caso preocupante de un alumno que estaba en las prácticas en empresa . Este se dirige a uno de los empleados de la empresa y le pregunta cuánto gana al mes. Al oír la cantidad resopla despectivo y contesta, como quien tiene todo clarísimo, "yo por menos de 2.000 al mes, no me levanto". En la tertulia del café, comentando casos de este estilo, uno de los compañeros nos cuenta el caso de una familiar que estaba desesperada con su hija. La chica entra a trabajar en uno de los muchos Decathlon que hay por aquí, pero tiene la costumbre de llegar de las 9,15 en adelante, cuando no son las 10. Después de una semana en este plan, el encargado le dice que ya vale de retrasos. "¿Por qué tengo que entrar a las 9?" "Porque la tienda abre a las nueve y es lo que pone en el contrato" "¿De qué vassss???" gritó toda ofendida como quien se siente maltratada. Claro, a la siguiente se encontró con la papeleta de despido. Versión de la chiquilla al llegar a casa: el encargado es un hijo de... y un fascista.

Estos dos ejemplos, que aunque parezcan exagerados son por desgracia reales, no dejan de ser una punta del iceberg, esto es, un indicador de la mentalidad que subyace en una considerable parte de los adolescentes de las generaciones actuales. Se puede saber en qué mundo viven estos jóvenes o quiénes les han instalado en ese espacio virtual. Por más que se quiera hacer en los centros educativos, hay aspectos de la vida a los que no se puede llegar ni con los recursos pedagógicos ni con el mejor de los empeños del profesorado, sencillamente porque ya es tarde. Esta mentalidad ha quedado registrada en el imaginario de los chavales por las vivencias transmitidas en el entorno familiar, por los modelos que perciben a través de los medios de comunicación o de las redes sociales y por la inevitable influencia del ambiente social  en el que se mueven. Ante esto, una vez más, se presentan un montón de preguntas de esas que resultan exasperantes, porque o no tienen respuesta o solamente nos remiten a lo que se tuvo que hacer en el pasado para no llegar a estos extremos.

¿Por dónde podemos empezar para hacerles bajar al mundo real y a la despiadada realidad laboral? ¿Hasta cuándo van a estar exigiendo de todo en casa, pase lo que pase, sin tomarse en serio que tienen un futuro que desarrollar para su propia autonomía en la vida? ¿Por qué en muchas familias se siguen consintiendo  actitudes y comportamientos descaradamente infantiles hasta edades inusitadas? ¿Es de verdad que se creen que en el resto del mundo pueden imponer sus caprichos y sus órdenes como lo consiguen hacer en casa? Como, por ejemplo, esa alumna que llega llorando con su madre al centro y ésta arremete contra la responsable de prácticas exigiéndole que la cambie de empresa, porque a la nena le cae muy mal esa gente, a todo esto la nena ya pasaba de los 18 años. 

Lo más preocupante es que con estas actitudes se están echando a perder un montón de recursos educativos y de procesos de aprendizaje dedicados a la formación humana y profesional de esos jóvenes. Como consecuencia, irán cometiendo error tras error y, por más garrafales que éstos sean, no van a ser capaces de percatarse de ellos, ni van a aceptar las advertencias que les lleguen del mundo de los adultos, porque "no tienen ni idea " y los que se saben todo son ellos, o no? Y mi otra preocupación es que la casi totalidad de estos casos corresponden a los sectores de alumnado con niveles inferiores de formación o con familias de escasos, cuando no nulos, recursos. Como suele suceder, los que más necesitan de estos recursos formativos y a los que el futuro se les presenta más difícil y con mayor carga de esfuerzo, son los que más pasan de esfuerzos, de formación, de titulaciones... Pues lo tienen claro si piensan que van a poder engancharse a la teta de las ayudas públicas cuando se les acabe la de sus padres para resolver su vida.