domingo, 3 de mayo de 2009

LAS OTRAS MADRES


Hoy se celebra el día de la madre, aunque yo no le hago caso a esta fecha porque para mí sigue siendo el 8 de diciembre, como en mi infancia. Me he acordado sin embargo de varias madres que pueden representar a su vez a otras muchas que están en su misma situación. Desde mi puesto de trabajo actual y desde mis anteriores ocupaciones laborales y voluntarias me he encontrado con situaciones de madres que me han hecho sangrar por dentro.



Sin ir más lejos en el presente curso hemos tenido que entrevistarnos con algunas de ellas que me han dejado impresionado. La última, por ejemplo, nos dijo que su hijo estaba en casa sin ir al instituto pero que no pensaba decirle nada porque peligraba su integridad física. De hecho tenía una denuncia interpuesta por malos tratos. Su cara era, más que un poema, una elegía. En la clase de su hijo hay otro compañero, amigo suyo, que tiene que residir en un hogar de Diputación por una orden de alejamiento. Me puedo imaginar, aunque nunca intentaré justificarlo, qué cosas le tendrían que pasar a un chaval para que llegue a pegar a una madre, porque he convivido durante tiempo con adolescentes problemáticos y he visto sus procesos de deterioro. Pero lo que no me podré imaginar nunca es cómo se pueden sentir estas madres o tantas otras que en situaciones similares no han tenido el valor de denunciar a sus hijos.



Hace un mes pasó por nuestro despacho, en una de tantas citaciones por absentismo, una madre que tiritaba de miedo ante las miradas fulgurantes que le echaba su hija. Nos miraba como pidiendo auxilio sin atreverse a hablar. Era como si nos dijera con los ojos no la riñan mucho que se enfada y luego lo pago yo. En otro caso la chavala miraba con auténtico desprecio a su madre y nos daba la impresión de que se sentía avergonzada de ella. Al terminar la entrevista el concejal me comentó que la madre era la persona más sensata que había pasado por el despacho y que no podía entender la actitud de la hija. Según nos informó la trabajadora social, era una mujer sufrida, trabajadora y responsable y estaba sacando la familia adelante ella sola. Claro no era nada agraciada en su aspecto físico ni en su vestimenta...



Otro capítulo aparte son las madres sudamericanas que han ido llegando en masa de unos años a esta parte. Vienen solas a trabajar y cuando comienzan a situarse se traen a todos los hijos y familiares que pueden. Estos han tenido que crecer sin ellas y cuando se encuentran de nuevo no se reconocen. A veces se encuentran con que, además de vivir en otro mundo distinto al suyo, su madre ha emprendido una nueva relación y puede que hasta tenga hijos con otro hombre. Ellas quieren lo mejor para sus hijos y hacen lo que sea porque vayan bien vestidos, tengan de todo y les dan todos los caprichos que se pueden pagar y alguno más. He podido ser testigo de cómo muchos de estos hijos chulean a sus madres y les pasan por encima sin ningún miramiento. En un momento dado tuvimos que hacer callar un mocoso, que levantaba un metro escaso del suelo, que delante de nosotros mandó callar a su madre con insultos. Otra madre tuvo que venir acompañada de una educadora porque no se atrevía a acudir sola con su hijo a la entrevista a la que le habíamos citado. Nunca me olvidaré de aquel colombiano que, hace años, después de haber aguantado todo un chorreo en la entrevista sin pestañear mientras su madre estaba hecha un mar de lágrimas por el trago que estaba pasando, salió del despacho dándole besitos, abrazándola con el brazo por encima del hombro y pidiéndole dinero. A día de hoy ha pasado ya por un centro de reforma.



Este post quiere ser un homenaje a estas otras madres que no han sabido o no han podido ser felices con su maternidad, aunque no quieran reconocerlo. Ninguno de sus errores ni de sus limitaciones son motivo suficiente para que tengan que pasar por semejantes calvarios. Lo que he descrito aquí son casos reales de esos que se sufren en silencio dentro del anonimato porque la mayor parte de ellas intentan disimularlos, aunque en algunos momentos queden un poco al descubierto. Nunca olvidaré los rostros de estas pocas que me ha tocado conocer por culpa de sus hijos. Sé que hay otras muchas como ellas y que, por más que sus historias me hayan llegado muy adentro, me queda una terrible sensación de impotencia. Es posible que les podamos ayudar en algunos casos aportando recursos y mejorando su situación, pero nunca podremos llegar a curar ese desgarro con el que tendrán que vivir siempre en lo más profundo de sus entrañas.

martes, 21 de abril de 2009

UN SUCESO TERRIBLE

En estos días Barakaldo está en todos los medios de comunicación a cuenta del desafortunado suceso que ha dado la vuelta al país. Un abuelo que abusa de dos nietas adolescentes. Desafortunado en sí porque uno no acaba de explicarse como el ser humano puede caer tan bajo. Para más inri, la mayor de ellas era la que atendía a su abuelo cuando se le agravaba su enfermedad y la abuela no podía atenderle. Desafortunado porque teóricamente los menores de la familia estaban bajo vigilancia -menos mal- de Diputación, pues ésta tiene la custodia y la había cedido a los abuelos. Más que desafortunado, inmoral, diría yo, el tratamiento de los medios de comunicación en búsqueda de carnaza y morbo. No han respetado ni el anonimato, ni la condición de menores, ni la presión o el dolor que pueden estar viviendo en estos momentos.



El lunes a poco de sentarme en mi mesa del Ayuntamiento me llaman de arriba y me dan el nombre de las chicas. Enseguida supuse que se trataba del caso que había saltado el fin de semana. Además conozco a una de ellas y a su abuela por el tema de absentismo. Cuando llegué a la puerta de alcaldía para entregar mi informe, tuve que pedir permiso para pasar entre un marasmo de cámaras, micrófonos... Todo vale en la medida en que es espectáculo y da audiencia. Tuve una sensación horrorosa y a la vez sentí repugnacia de todo aquello. Luego me encontré a las responsables de Acción social, al alcalde, a los portavoces hechos un manojo de nervios haciendo y deshaciendo el comunicado.

Conozco a la abuela. Es una mujer con un valor increíble. Ella sola estaba tirando adelante con 6 nietos y con el marido impedido, se dice pronto, y hay que ver en qué condiciones de vida. En mi segundo post, por aquello del día del pueblo gitano, hablé de estas mujeres, porque como ésta abuela hay muchas más. Los hijos se les fueron de las manos: se casaron demasiado pronto, tuvieron hijos demasiado pronto, llevaban una vida descontrolada, drogas, juicios... Así no se puede esperar que nadie esté para criar a los hijos y menos para educarles. Y ellas dijeron aquí estoy yo y fueron recogiendo a todos estos niños que no conocen más referencia estable que ellas mismas, mientras están viendo que su padre o su madre aparecen, arman algún follón y de repente se vuelven a esfumar.



No me puedo imaginar el dolor de esta mujer, no sólo porque su marido le haya faltado al respeto sino también porque ha echado a perder lo que ella ha estado criando contra viento y marea. De lo que no he dudado nunca es de la entereza y del valor de esta abuela que ha denunciado los hechos a pesar del peso de la figura del varón en su etnia y de las más que posibles amenazas recibidas. Y ahora, después de haberse dejado la vida a tiras para criar a sus nietos, tiene que aguantar todo lo que le viene encima: las broncas de los que le echan la culpa de lo sucedido, la intervención de Diputación, la presión mediática, los cambios de domicilio y, sobre todo, el perder a sus nietas. A veces la vida, además de injusta, es cruel. Quienes lo han dado todo, como ella, acaban pagando los platos rotos y sufriendo más que nadie.

sábado, 18 de abril de 2009

LA QUEMA DE MONDRAGÓN


En vacaciones hemos estado un tanto descolgados de las noticias, ni tele ni periódicos e, incluso, ni radio. Es parte de la terapia vacacional para desconectar. No hemos hecho más que asomarnos y nos encontramos con que, sin ni siquiera haber tomado posesión, la oposición ya sabe y proclama a los cuatro vientos todos los desmanes y atrocidades que los nuevos inquilinos de Ajuria Enea, y sus ayudantes, van a cometer. Los sindicatos nacionalistas anuncian una huelga y, cómo no, los de siempre los han condenado a muerte. Eso sí en el parlamento todos han afirmado su condena a ETA, pero me temo que en el fuero interno más de uno no se habrá enfadado tanto.





En un post anterior hablé del paradigma de los banderizos como la versión más cainítica de la vida política de este país. Pues aquí tenemos un botón de muestra de lo más clarificador. En el libro que citaba de Toti M. de Lezea, "El señor de la guerra", aparece al final una descripción escalofriante de la destrucción y quema de Mondragón. Uno de los bandos se refugió dentro y el otro no paró hasta que entró a sangre y fuego, arrasando vidas inocentes, haciendas, cosechas... A los banderizos todos aquellos les importaban un bledo. Su objetivo era el adversario y todo lo que se encotraran en su camino acabaría arrasado, como cuando los jabalíes se lanzan a ciegas en la espesura. El protagonista del libro, a propósito, tenía por apodo basurde.



A mí me parece que si no cambia mucho la cosa nos vamos a encontrar en una situación similar aunque la sangre no llegue al río y no haya llamas por medio. Puede perderse la perspectiva de los problemas que está generando la situación actual, más aún, pueden utilizarse como armas arrojadizas. Lo único importante es cargarse al adversario político, a costa de darnos la turrada al ciudadano, de ponerse zancadillas, de intentar desprestigiar al otro con el todo vale... y de olvidarse de lo que realmente nos interesa a los de a pie. No sé si el nuevo gobierno va a cumplir aquello del cambio o si éste va a resultar un bluf. El tiempo lo dirá y a su debido tiempo votaremos en consecuencia, si es que para entonces nos quedan ganas. Lo que es inadmisible es que en este país se siga considerando la que el poder político es exclusivo de alguien o que se tiene que conseguir a base de broncas, tiros y demás lindezas.

RESURRECCION

A la vuelta de vacaciones el comentario que más se ha oído ha sido el tiempo. La inmensa mayoría del personal ha estado echando pestes por el frío, la lluvia y, en suma, por la decepción de que la primavera no acaba de llegar como a nosotros nos gusta. En Quintanilla hemos tenido de todo viento del norte helador, lluvia abundante, nevadas cortas, ratos de sol y hasta una helada soberana. Los habitantes del lugar se quejaban de que el frío de este año ha sido excesivo y que el pasto no termina de brotar por falta de calor. De todos modos las hemos aprovechado bien y hemos podido sacar jugo a los ratos sin lluvia y a la convivencia con la cuadrilla.




Me he sorprendido a mí mismo una vez más. Un urbaneta como yo me quedo largos ratos contemplando la vida en la naturaleza. En esos ratos me entra como un cosquilleo por las entraña que hace que sienta más ganas de vivir y de compartir vida, sin aspavientos, pero intensamente gozoso. En nuestro pequeño terreno y en nuestros árboles he sorprendido revoloteando y preparando sus nidos a una pareja de jilgueros - a propósito, qué sensación más distinta es verles y oírles en su sitio y no en jaulas-, otra de tordos y otra de unos, que no sé cómo se llaman, que son parecidos a los gorriones pero con el pecho anaranjado. He echado en falta a los colilargas de otros años. En el cercado de al lado brincan los primeros ternerillos de la temporada. La mamá vaca de turno limpia a lametazos a un recién parido. Aprovechando la única mañana de sol ha aparecido un enjambre de abejas libando en las flores de los ciruelos, como si los estuvieran preñando. El objetivo largo y la habilidad fotográfica de María han sorprendido a una de ellas en plena faena, como consta en la foto.


A pesar de las condiciones climatológicas adversas y de los lógicos retrasos de la floración, la vida sigue resurgiendo imparable. Es curioso ver que en medio de las situaciones más adversas siempre nos sorprende un brote de vida. Es algo que va dentro de la tierra o de los seres vivos que no renuncia nunca a apagarse. Por ello he puesto el título de resurrección. Al final siempre queda la vida. Al final no hay que dar por perdida ninguna lucha, ningún empeño contra la destrucción o la muerte.
Me ha resultado reconfortante esta experiencia en mis vacaciones para afrontar un final de curso, que se presenta un tanto difícil, y para seguir al pie de la letra aquel lema que un día solté a los directores de colegios e institutos "no hay que dar ningún caso por perdido". La sonrisa que me devolvieron más que complaciente parecía una foto del escepticismo, como llamándome iluso o algo así. Más de uno me sigue diciendo aquello de "no merece la pena" o "es inútil". Lo siento, sigo aferrado a la espera de ese algo de vida que queda por brotar en todo ser.
Muchos de los chicos y chicas con los que estamos no han tenido las mejores condiciones para salir airosos en la vida, por eso necesitan que sigamos creyendo en ellos, aunque sea el acto de fe más increíble que se pueda dar. Puede parecer absurdo, pero es imprescindible. Cuando menos lo esperamos algo cambia en su rostro y asoma una pequeña flor de esperanza, es el momento de estar preparados para hacer, como la abeja, que el fruto brote. No me quiero perder ninguna cita de éstas con la vida.





domingo, 29 de marzo de 2009

MIS ENTRAÑABLES CALAMIDADES...


La semana pasada tuve varios encuentros de esos que te devuelven al pasado en forma de apariciones inesperadas. Merche la conserje me dejó una nota en la que tenía el teléfono de P y el encargo de que quería hablar conmigo urgentemente. Llamé varias veces pero no conseguí comunicar con él. Por fin me cogió el teléfono y en un santiamén se presentó en mi despacho. Venía con cara de angustia y todo sofocado como quien ha bajado a la carrera.


Me comenta que le tengo que ayudar a salir de un apuro que le trae a mal vivir y que recurre a mí porque soy con el que más confianza tiene junto con Ainara. El caso es que en Nochebuena le pilló la policía municipal con un poco de coca y ahora le llega una denuncia por la que le comunican que le pueden caer unos 300 euros de multa. Me asegura con los ojos muy abiertos que él no suele merterse coca pero que el hermano de T le lio para comprar a medias y ya que era Navidad se animó. Como era de esperar, le pillaron a él por aquella ley de la naturaleza que dice que el más tonto es el que se come los marrones.


Está hecho un lío y no sabe por donde empezar. Habla totalmente aturullado y repite una serie de frases que se tiene apredidas de la calle. "Si voy al módulo a mear me lo quitan, pero yo no quiero estar con esos yonquis de mierda" "A mí no me vieron" "Yo le conozco al munipa que me pilló y me lo ha hecho porque le tiene manía a mi hermano" "Me tengo que declarar insolvente"... Como yo de multas no entiendo nada, comienzo por coger el papel y lo leo. Resulta que ya le había pasado el plazo de reclamaciones y no se había enterado. Le recomiendo algunos sitios a donde le conviene acudir para aclarar su situación y pasamos a charlar sobre cómo le va la vida.


Resulta que está de nuevo en paro. Me explica que como busca trabajo en la construcción ahora la cosa está chunga. De paso me entero que están en su misma situación otros calamidades de los que pasaron por el hogar y que ahora resulta que se relacionan entre ellos J, E, T e incluso R. Alguno se ha ido sin más del trabajo y a otros los han echado a la primera de cambio. Todos ellos hicieron caso omiso a lo que se les decía y mira que tuvimos con ellos peleas interminables a cuenta de los estudios y de su falta de esfuerzo. No eran malos chicos, pero a cada cual su puntito particular se encargaba - y veo que aún lo sigue haciendo- de descolocarlo o desinflarlo. A raíz de esto, me dice todo serio que va a hacer los cursos de vigilante y guarda jurado. Sin dejarme hablar, porque sabe lo que le voy a decir, me aclara que ya tiene algunos cursos hechos en el EPA y que puede terminar el graduado en cuanto se matricule. "Os tendría que haber hecho caso antes", bueno, más vale tarde que nunca.


Como no hay una sin dos, al día siguiente me aborda en la calle T. Estaba yo controlando la llegada de los buses que traían a los peques a los conciertos didácticos junto con Yolanda. Le compañaba un antiguo alumno del CIP Ch que no fue capaz de terminar segundo curso por su mala leche. Sé que tuvo trabajo en algún restaurante bueno de Bilbao pero si sigue comportándose como entonces no durará mucho en los trabajos. Ambos me dijeron que estaban en paro. T me confesó que en el últimos sitio se fue porque le dio la gana y ahora no tiene forma de colocarse. Quiere hacer lo mismo que me explicó P, pero lo del graduado lo tiene más crudo y eso que es mucho más inteligente que éste. También se lamentó de que había sido un tonto porque no nos había hecho caso a su tiempo. Y le recordé de paso lo que habíamos peleado para que no fuera absentista, que le buscamos unas complementarias y que se las fumó, que no quiso ni inscribirse en un CIP..."Es que soy muy vago". Al final para contentarme le contó a su amigo que nunca podrá olvidar los arroces que les hacía yo en el hogar...


Cuando María llegó a casa por la tarde le estuve contando estas apariciones y los recuerdos, mejor las sensaciones, que me habían evocado. Algo se me estaba revolviendo por dentro y los ojos se me pusieron un poco vidriosos. Era como palpar lo que habíamos vaticinado en las charlas que teníamos los educadores en el hogar . A decir verdad en alguno de estos casos habíamos previsto que la cosa iba a ser peor. He podido comprobar que, aunque ahora están un tanto distantes de mí, sigo llevando en las entrañas a estos calamidades. Y es que los problemas de estos chavales son invisibles para la sociedad. No son delincuentes, ni tienen adiciones graves, las familias los toleran... y van sobreviviendo como buenamente pueden sin pena ni gloria y con muy pocas - cuando no nulas- perspectivas de futuro
(La foto corresponde al edificio donde estaba el hogar municipal, ahora de Diputación)

jueves, 26 de marzo de 2009

ZAPATERO A TUS ZAPATOS


Hace dos días firmé en una de esas páginas, que nos llegan por el correo electrónico, que invitan a firmar alguna protesta o alguna iniciativa nueva para presionar con esas firmas a algún personaje ilustre o a alguna institución. No es costumbre mía hacer esto pero lo de estos días pasados me parece que ha sido un salto atrás en la historia de dimensiones seculares y no me he podido resistir. Las afirmaciones de Benedicto XVI sobre los condones y el sida parecen salidas del seno del más rancio dogmatismo y escolasticismo medieval. ¿Dónde ha quedado la mente lúcida del teólogo Ratzinger?



He puesto con toda intención su foto con mitra por aquel dicho malintencionado que inventaron algunos seminaristas cabreados con su obispo "la mitra es el apagavelas de la inteligencia". Pero lo de ésta vez se sube de tono. Parece que al papa se le han sumado las mitras de obispo, la de arzobispo, la de cardenal y la tiara pontifical de un solo golpe. Esas declaraciones están dichas como sentencias definitivas hechas por alguien que se siente investido de una autoridad sobrenatural que le otorga la posesión de la verdad absoluta en todos los aspectos de la vida. La infalibilidad se les ha subido a la cabeza a los jerarcas y nos transportan a las épocas en que Galileo, Copérnico o Darwin fueron condenados porque sus descubrimientos científicos contradecían a la Biblia.



Ahora resulta que el papa dictamina sobre cómo atajar una pandemia del volumen del sida en Africa y decreta que el contiente entero tiene que practicar la abstinencia, si no, además de la condenación eterna, tendrán que acarrear con tan terrible enfermedad. Me gustaría hacer un camino inverso para intentar barruntar de dónde les viene a los jerarcas, y al sumo pontífice primero, esta obsesión por condenar el condón sabiendo -porque lo saben- el riesgo que supone decir que su uso aumentará los problemas. Habrán partido, quiero suponer, del principio fundamental de la moral sexual que predican: todo acto sexual debe estar destinado a la procreación, si no será pecaminoso. Por ende, todo método anticonceptivo es perverso desde su raíz. Por tanto, hay que hacerle lo posible para evitar su uso.



De este modo se es coherente con los principios fundamentales pero no se parte de la realidad concreta y sangrante de un continente machacado por la pandemia. No se tiene en cuenta la labor de muchas ONGs y de otros programas de instituciones oficiales que están luchando contra la ignorancia y contra la miseria que asolan a millones de africanos y contra el caciquismo y la brutalidad instalados en muchos de sus gobiernos que dificultan o imposibilitan su desarrollo. Entonces por salvaguardar la pureza de la fe y la moral católicas entra su santidad en Africa como un elefante en una cacharrería.



Sin embargo, más allá del tema en sí del uso del preservativo, hay un problema de fondo en todo esto que, como católico, me afecta a otro nivel más personal. Una vez más me tengo que sentir indignado por la jerarquía, porque me hace sentirme avergonzado de pertencer a su misma iglesia. No me cabe en la cabeza cómo en este siglo y en este mundo globalizado se puede mantener posturas tan dogmáticas y tan autistas ante la realidad, y menos aún tratándose de un personaje del nivel intelectual de Joseph Ratzinger. Estoy totalmente de acuerdo con Boff en que la jerarquía católica, sobre todo la institución papal, está sumergida en lo que los griegos clásicos llamaban hybris, esa soberbia que hacía que los hombres se creyesen como dioses y que acababa llevándoles a su destrucción y a la de su mundo. Personalmente me dan pena a la vez que me repugna contemplar cómo, creyéndose los únicos poseedores de la verdad, se aferran al poder y sus prédicas se orientan principalmete a mantener el dominio, más allá del ámbito eclesial, sobre las personas y sobre la sociedad.

lunes, 9 de marzo de 2009

ES LO QUE HAY

Un día de la pasada semana mi hija, al despedirse de mí cuando me iba al trabajo, me espetó "aitatxito, tienes pinta de viejecito adorable" Me embuchó la frase con una sonrisa entre pícara y tierna mientras me besaba. A poco de empezar mi jornada, estaba ayudando a mi compañera Arantza para preparar una documentación que teníamos que distribuír. Una de las cajas se le escurrió del carretillo que nos habían proporcionado y tuve el reflejo inmediato de agacharme para volverla a su sitio. Una punzada aguda en mi zona lumbar me recordó que mis protusiones aún no me daban permiso para hacer vida normal y, mucho menos, para levantar pesos. Antesdeayer me cayó una bronca porque se me había olvidado abonar a la Coral el coste del viaje a Alemania de Irene y la habían llamado la atención...


A esto hay que añadir el sin número de vueltas que tengo que dar porque se me despista lo que iba a hacer o me he dejado algo que necesitaba. O cuando abro un armario pero lo que quería hacer era meter algo en el frigorífico. No digamos la de veces que quieres decir el nombre de alguien de sobra conocido y no hay manera de que salga. En fin, todas esas situaciones con las que, cada día en mayor cantidad, nos toca soportar la convivencia diaria con uno mismo y que, más tarde o más temprano, nos hacen comprobar que comenzamos a ser algo distintos.



En otro orden de cosas, casi sin que me vaya dando cuenta, cada vez son más aquellos niños, que tuvimos a nuestro cuidado educativo, que ya son padres, incluso por tercera vez. Cualquier encuentro con ellos y con sus criaturas, además de certificar el paso del tiempo, destapa unas sensaciones profundas hasta ahora desconocidas y que no son como las que se puedan tener con los propios hijos. También me ha pasado esto con los hijos de una sobrina. Me temo que puedan ser los primeros síntomas de sentirse abuelo o algo similar, y me producen un cierto vértigo tan sólo pensarlo, y más aún escribirlo.


Quizás me encuentre ya en ese estadio de la vida en el que la mochila del camino recorrido comienza a estar un tanto llena de experiencias y su peso obliga a relantizar la marcha. Pero, por otra parte, aún no es tiempo de sentarse y el seguir andando puede ser, a pesar del desgaste o del cansancio, más interesante y provechoso al contar con la visión de todas las etapas recorridas. Y es que llevamos el pasado pegado a la espalda. Algunas veces resulta ser un lastre, mientras que en otras ocasiones puede ser un impulso cierto para seguir adelante. Prefiero seguir caminando a pesar de las limitaciones que los años nos van echando encima. Sigo convencido de que aún me queda algo por crear, por muy pequeño que sea, aunque luego me falte tiempo para disfrutar de su crecimiento.

lunes, 2 de marzo de 2009

POLITIKA.2

He estado leyendo todo lo referente a la "polírica" en el blog de Agirregabiria lo que me ha llevado a enterarme de la movida blogera de Politika.2. Veo que también otros blogueros aportan más nombres como "polépica". A mí se me ocurre otro, como "civética" de cives (ciudadano) en vez de polis (ciudad), por aquello de potenciar la participación ciudadana desde cualquier estructura asociativa. Me ha parecido una iniciaiva interesante y constructiva. Por mi parte, intentaré estar al tanto de lo que vaya apareciendo en ella y si veo que tengo un lugar me apuntaré a participar en la medida en que se me permita. Me ha dado la impresión de que se trata de una iniciativa asociativa de participación abierta, esto es, sin etiquetas, a lo que doy mucha importancia porque en este país es un bien escaso y se agradece infinitamente encontrarlo tan a mano.


A este respecto, este tema me trae a la memoria el libro de Toti, El señor de la guerra. Con su lectura me reafirmé en mi personal percepción de la historia de este país. Estamos marcados los vascos por dos paradigmas que para mí están visualizados en Gernika: el árbol y la estatua de D. Telmo. El arbol de las juntas,o los pórticos de las iglesias, vienen a ser la expresión de la participación representativa de los ciudadanos en los asuntos de interés común y un método democrático y modélico de resolver las diferencias y abordar las dificultades. El otro paradigma, de corte cainítico, es de los oñacianos y los gamboínos: cañonazos, espadazos y tente tieso. Cada cual está marcado por su linaje o por sus opiniones y, quiera o no, pertenece o se le hace pertenecer a un bando y ese estigma le acompañará con todas sus consecuencias.


Hoy en día la política y gran parte de la sociedad vasca, a mi modo de entender, están marcadas por este segundo paradigma. Menos mal que es sólo una parte minoritaria la que aún lo conserva en su plenitud a base de tiros, bombas y amenazas. Cada cual mira a su contrario desde su torreón: el batzoki, la herriko taberna, la casa del pueblo, el elkartetxe... En las cuadrillas, en los equipos, en las sociedades, en los portales se sabe muy bien, sobre todo en pueblos, quién es quién y las distancias que se deben guardar. A veces da la impresión que toda la vida de este país está teñida de política partidaria, de sus tensiones y lo más curioso resulta ser que una de las frases más usadas es de política no se habla.


Por su parte, los dirigentes políticos,y los aparatos de sus partidos, se creen ungidos para regir no sólo los destinos del país sino el desarrollo de toda la vida social, económica, cultural, productiva, comercial... como si el tejido ciudadano que sustenta la sociedad solamente fuera una marioneta suya. Se arrogan el protagonismo de los éxitos o de los progresos sociales y adjudican a sus adversarios la paternidad de los fracasos. Me parece una tarea cada vez más urgente hacer real el paradigma del árbol de juntas y de los pórticos que generaron las anteiglesias. Ya es hora de que lo recuperemos y lo hagamos real con el protagonismo de las fuerzas sociales, culturales y asociativas y deje de ser un cuento cuasi mitológico como algunas tradiciones nos lo han querido dibujar. Tengo ganas de que pasen a la historia tantos dogmas doctrinarios, y sus enconos partidistas correspondientes, que han estado condicionando, desde hace décadas, la vida y el futuro del país. El nivel de hartazgo que pueden llegar a producir a esta altura de la historia nos va a resultar insufrible.

sábado, 28 de febrero de 2009

"Memento homo quia pulvis es et in pulverem reverteris"



Entramos en la cuaresma, esto es, cuarenta días de preparación para celebrar el resurgir de la vida. En lenguaje técnico y laico equivale a cuarentena. Es un momento privilegiado la de este año para reflexionar porque, a mi entender, estamos bajo una cuarentena universal: la crisis del sistema en todos sus aspectos financiero, productivo, humanitario, sostenible... Según nos cuentan, parece ser que lo de cuarenta días se queda un tanto corto. Esperemos que no sean cuarenta meses o años.


Hoy me ha parecido más oportuna que nunca la fórmula antigua del ritual católico de la imposición de la ceniza, con la que titulo el post: "recuerda hombre que eres polvo y al polvo vas a volver" Chistes malos aparte, creo que es un buen criterio a la hora de recordar a todo el mundo que somos parte de la Tierra, esto es, hemos surgido de ella y nuestra existencia no se puede dar sin las condiciones de vida que nos proporciona. No podemos seguir pensando en volver a una economía basada en la producción contaminante sin control, en la ocupación de espacios naturales para explotaciones urbanísticas, en la depredación de selvas y humedales, en la consecución del máximo lujo sin medir sus consecuencias, en el abuso de mano de obra en condiciones esclavistas, en mantener a la mayor parte de la humanidad con hambre y miseria... Sería seguir el camino hacia la sentencia de muerte del planeta.


El polvorín de la crisis estalló, dicen, por culpa del sistema financiero que se había descontrolado. A mi entender, no era un problema de descontrol, sino que había llegado a las últimas consecuencias de sus reglas de juego, basadas en la usura oficialmente reconocida. Se ha jugado con el dinero como en una descomunal partida de poker, en la que se han llevado la pasta gansa los que más trampas han hecho y han dejado al resto en una ruina total. Claro que no se habían dado cuenta de que la misma ruina, que habían provocado, les iba a dejar también a ellos sin cartas.


Hay una manera muy extendida y, creo yo, errónea de entender la resurrección como un volver a la vida tal como era antes de haberse muerto. La resurrección es un paso a una vida nueva más allá de las limitaciones de la presente. En estos momentos todos los gobiernos y grandes corporaciones dicen estar tomando decisiones transcendentales para salir de esta situación. Me temo que algunos de ellos pretenden resucitar el sistema tal como era antes. Igual les hacen prometer a los predadores financieros que no van a ser tan malos. De esta forma, no nos va a servir de nada positivio esta terrible cuarentena global a la que están sometiendo a los más desfavorecidos.

Celebrar la resurrección en la próxima Pascua tendría que suponer empujar al mundo hacia un cambio también global de sistema. Esta cuarentena también debemos aprovecharla los acomodados ciudadanos de los países del norte. No estaría mal que, además de palparnos los bolsillos, revisáramos los criterios de consumo, el despilfarro de las energías o de los bienes fundamentales, las pequeñas o grandes inversiones de nuestros ahorros, la educación de nuestros hijos, las exigencias de bienestar, la indiferencia ante la gestión pública... y todas esas cosas a través de la cuales todos podemos empujar algo para que en vez de re-surrección se dé una in-surrección hacia un mundo sin monstruos.

martes, 17 de febrero de 2009

CRUELDAD

(La imagen está tomada del blog Educar en Familia)

Este post va dedicado de nuevo a Mabel, aquella chavala portuguesa de familia feriante, a la que le dediqué un escrito en el que me refería a todos los hijos de barraqueros. Hoy he vuelto a su colegio a la hora del recreo porque tenía que charlar con un compañero suyo que por echar la siesta y otras lindezas más se estaba fumando la escolaridad.


Mientras esperaba al interfecto y a su tutora, me he acercado a una ventana que daba al patio y al sol, cosa de agradecer en el día de hoy. Estaba mirando, sin fijarme en nada concreto, las evoluciones de los alumnos según salían de clase. Enseguida la vista se me quedo fija en una alumna porque su aspecto me resultaba familiar. En efecto, era ella. Su figura es incofundible, abulta el doble que las compañeras, anda como encogida, su mirada triste y perdida. Estaba merodeando alrededor de un grupito de compañeras como quien quiere entrar en él. Sin embargo, ellas, como movidas por un resorte automático cuidadosamente programado, iban dejándola a sus espaldas. Mabel seguía intentando encontrar un hueco para ser una más del corro pero no hacía más que dar vueltas con su cara lánguida, como quien necesita decir aquí estoy yo y soy una más, pero sólo topaba espaldas. Por fin, ha conseguido hacerse con un hueco y en ese momento el grupo se ha trasladado corriendo a otro sitio, buscando un lugar más adecuado para pasar el recreo.


Esta escena me ha encogido el corazón otra vez. Me ha parecido totalmente cruel e injusta la actitud de estas chavalas y he intentado imaginarme lo que puede suponerle a esta cría tragar un día tras otro este tipo de desprecios o desdenes. Sé que no se puede obligar a nadie a relacionarse con otros determinados. Pero estaba contemplando cómo, además de no contar nada en su familia, aquí tampoco sus iguales le hacen mucho caso.


Este hecho también invita a comentar el tipo de relación que se da en la mayor parte de las cuadrillas de adolescentes femeninas. En un tanto por ciento muy alto, y cada vez más preocupante, se rigen por la ley de la más fuerte, la más descarada o la más popular, como les gusta llamarse últimamente. Se pueden estar despellejando por una ropa, por un peinado, por cualquier detalle mínimo que pueda servir para dejar en ridículo a cualquiera, aunque sea su más amiga. Son implacables castigando con el desprecio, dejando en ridículo, calumniando a través de los mensajes de todo tipo... Es increíble cómo se pueden estar estableciendo las relaciones humanas en base a la crueldad. Es verdad que estas historias han pasado siempre, pero me da la impresión que en estas nuevas generaciones van a llegar en breve al nivel de epidemia, si contamos además con el incondicional apoyo de esas series para adolescentes donde se priman esos valores y las facilidades que dan el messenger y todos los demás programas informáticos del estilo.