sábado, 17 de octubre de 2026

Un cáncer incurable


Las izquierdas de este país nos han dado de nuevo una exhibición de inoperancia y de prepotencia que vuelven a dejar a sus ya no tan abundantes seguidores al borde de la desazón y de la desesperación. O sea, que con estos dirigentes no hay nada que hacer. En varias entradas dirigidas a Pablo Iglesias le fui advirtiendo de la deriva que estaba tomando desde sus primeros logros y las correspondientes borracheras de éxito: tomó decisiones personales sin contar con nadie, se fue quedando sin los primeros compañeros de la formación de Podemos, tuvo notables enganchadas en el parlamento, con su entrada en el gobierno se le subieron más los humos al ego... y suma y sigue. Aquí se volvieron a hacer presentes unos fuertes nódulos cancerígenos de rencillas y personalismos, que habían quedado medio silenciados en los grupos históricos de la izquierda española. Tras la desaparición de Iglesias del gobierno central, se comenzaron a mover las aguas de su formación hasta que todo ha acabado con Podemos al borde de la desaparición y con la caída estrepitosa de la señora Montero, de unas formas un tanto lamentables. En ese momento le escribí una carta en la que, tras lamentar los acosos y las diatribas sufridas, que me parecieron injustas, le sugería que en esas condiciones no estaba para ir a ninguna parte ya que la consideraba un cadáver político. Supongo que no llegó a leerla y, si lo hubiera hecho no me iba a hacer ningún caso.


Pero, mira por dónde, en este momento en que nos estamos jugando la vuelta a los autoritarismos, sale de su refugio de oro europeo y se presenta en primera fila sin atender a los movimientos de unidad de izquierdas que se estaban preparando. Más aún, lo dijo claramente que los demás tenían que ponerse a sus órdenes, así la unidad total quedaría  conseguida. Y en este momento ha acabado la cosa como el rosario de la aurora, cada uno por su parte.

O sea, el cáncer no se ha curado y siguen apareciendo nuevas metástasis, cada vez más tercas hasta que acaben comiéndose o desarbolando todas las opciones de izquierda, tanto por la  inoperancia de sus discursos como por el descrédito de sus resultados. Y es que, mira que de por sí lo tienen difícil para sacar resultados viables a la hora de desarrollar las políticas sociales que defienden y encima, resulta que vale más tener un sillón o unas ganas de figurar en primera fila para echarlo todo a perder. La señora Montero no va a conseguir resucitar de ser un cadáver político y, si sigue así, lo que va a conseguir es que las izquierdas acaben siendo un desfile de zombis y, de paso, la derecha sentadita esperando ver pasar sus cadáveres por delante y desatando toda su babosa artillería parlamentaria, como quien ya está disfrutando de su banquete final, cocinado a costa de los fragmentos del adversario.


A parte de esto, sí han quedado algunos rayitos de esperanza para el que trompazo que nos vamos a llevar duela algo menos. En el senado va a haber alguna coaliciones interesantes y en algunas provincias se ha conseguido una lista única. Se ve que en terrenos más pequeños los egos son adecuados a su tamaño y por eso la unidad es más fácil de conseguir, además de que sus objetivos están más vinculados al terreno y a la cercanía de la ciudadanía. A ver si cunde el ejemplo, aunque ya sea tarde para conseguir algo positivo.

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