lunes, 2 de noviembre de 2026

¿Qué c... es esto de Blocus?


 Lo que nos faltaba por ver: unos mocosos quemando, rompiendo y saqueando. No sabemos ni por qué ni para qué. Solo sabemos que una de esas plataformas, en este caso una tal Blocus, que hacen convocatorias a diestro y siniestro por las redes, ha incendiado media Europa. Según he escuchado a un  ciudadano por la radio "éstos solo tienen las neuronas suficientes para no mearse encima". Y no le falta razón, porque para seguir, sin más ni más, consignas de este pelo, hace falta ser lo suficiente débil e influenciable como para no plantearse ningún reparo en meterse en semejante lío. La mayor parte de los medios y de las autoridades ponen el foco en quiénes están detrás de todo esto. Para mi ésa es la mínima preocupación, porque pueden pillar a esos tipos y meterles un palo ejemplar, que estaría mejor que el que se vayan de rositas, pero aún así el tema no quedaría resuelto, porque, tal como corre la vida, sin tardar mucho aparecerá otro fenómeno que haría bueno al presente.


Mi preocupación está centrada en los críos de catorce y pocos más años que necesitan cometer semejantes atrocidades. No sabemos si proceden de familias o grupos sociales sin recursos y a falta de perspectivas, cabreados con el mundo mundial, que arrean con todo. Pero no sabemos qué es lo que piden ni lo que necesitan, a más que desahogar su mala leche o la mala suerte que les ha deparado la vida. Sin embargo, creo que puede haber otro tipo de jóvenes en esta movida en el polo opuesto de los anteriores. Me inclino más en considerar que sean gente pija, nenes de papá que tienen de todo, que nunca se les negado ningún capricho y que mandan en casa desde la infancia. El caso es que acaban aburriéndose y cada vez necesitan emociones más fuertes similares a las drogas, con las que sin duda irán bien puestos para sentirse más poderosos. Con estas bravuconadas, protegiéndose en el anonimato de sus capuchas o pasamontañas, son capaces de todo con tal de destruir y hacer daño, pero en realidad son débiles, manipulables y lo necesitan para sentirse alguien.


Ésta es mi preocupación principal: poner el foco en las víctimas que, de entrada, son los ejecutores de la destrucción. Los daños materiales son, sin duda, un daño indebido e inaceptable, pero pueden tener un arreglo con dinero, con seguros, con indemnizaciones. Sin embargo, el daño que se hace a estos jóvenes induciéndoles a este desquicie personal y social no tiene tan fácil solución y nos plantea una serie de interrogantes de gran calado ¿Cómo pueden ser las relaciones personales entre gente así, cómo se puede pensar que van a formar una familia, cómo se van a eliminar las agresiones sexuales con elementos de este pelo, qué garantías laborales pueden ofrecer para el futuro, cuántos problemas psiquiátricos se tendrán que arreglar en el futuro, a cuántas más personas destruirán a su paso por la vida además de a su familia...? Y suma y sigue. Una vez más reclamo la preocupación que he dejado patente en muchas entradas de este blog: estamos ante otra punta del iceberg del fracaso educacional en la familia, en la enseñanza, en algunos medios mediáticos, en las redes y en el humus de una sociedad de consumo y hedonista. Para la próxima necesitarán matar... Al tiempo.