Siguiendo el sentido de mi anterior entrada referente a la crisis de Ceuta, me abstengo en entrar en los dimes y diretes esta vez de mayor peso por darse en el parlamento español. No creo a ninguna de las dos partes, porque ignoro qué hay de verdad y qué dosis de bulos o de ocultaciones hay en sus discursos. Me ha llamado la atención, sin embargo, que el PP sigue echando mano, también en este caso, de su "quinta columna", esto es, arreglar sus pretensiones políticas a golpe de tribunales y que casi nunca le falla.

De todos modos hay dos datos que me han llamado la atención desde el principio y que apenas se han comentado o se han hecho de pasada. Casualmente a veinticinco quilómetros de Ceuta su majestad Mohamed VI estaba celebrando a bombo y platillo la gran fiesta del Trono. Por lo que se ve no le ha importado mucho que su trono, dentro de la fiesta, haya estado sustentado sobre una considerable cantidad de cadáveres de súbditos suyos de todas las edades. No deja de ser una situación patética e indignante. A continuación dos de sus ministros se han despachado con unos discursos incendiarios reivindicando la titularidad de Ceuta y Melilla. Muchas casualidades al parecer, digo yo.

No me he olvidado de otro dato histórico que viene a cuento con el título de esta entrada. No dejaría de ser interesante y conveniente no perder de vista la Marcha Verde con la que el padre del presente monarca marroquí se anexionó el Sahara español. Fue la última punzada que tuvo que soportar el caudillo en sus últimos alientos, por lo que apenas sin fuerzas, según se comentó en su día, quiso declarar la guerra a Marruecos, pretendiendo reeditar sus tiempos de gloria.
Esta vez nos encontramos con otra marcha que he llamado azul porque se da en el mar, ya que en vez de andando se ha hecho nadando, pero puede que no deje de ser una nueva manera de reeditar la técnica y el espíritu de la anterior. No estaría de mas considerar que puede que ésta no sea la última algarada, y de darse, me temo que tendría que ser bastante más gorda que la presente.
Estos monarcas marroquíes han hecho gala del desprecio de su población: ha mantenido una pobreza alarmante y casi congénita en la mayor parte de sus súbditos, se ha aprovechado de la diáspora multitudinaria que reside en toda Europa para olvidarse de la pobreza de los familiares que pueden recibir las ayudas que les envían, ha permitido perder una gran parte de la población de menores de edad y utiliza a los que aún están en su patria, pero con ganas de marcharse, como un arma más para sus intereses.
Eso sí, además habría que añadir que tiene pilladas por salva sea la parte a España y a la Unión Europea por su situación estratégica, lo que le permite campar a sus anchas con sus prácticas mafiosas y con total impunidad para sus desmanes, haciendo gala y ostentación de unas riquezas inmorales e insultantes. Por si fuera poco, Mohamed VI se ha ganado los favores de Trump, que lo contempla como un colaborador interesante en sus planes de desestabilizar a los europeos.
Echándole un poco de humor al tema, sin quitar ni una pizca de atención al dolor de las víctimas esta tragedia, traeremos a colación lo que se dicen en temas de guerra: "por tierra, mar y aire". O sea, que a Marruecos solo le queda echar a las turbas de emigrantes en paracaídas o aterrizar a la fuerza en aviones atestados de personas. En ese caso, tendría que ponerle el título "La marcha negra", como el color de las nubes que amenazan grandes tempestades, solo que en vez de agua o granizo lloverían inmigrantes.
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