Una cita anual que no puede faltar: 14 de agosto a las 20 horas de 1948, o sea, si las matemáticas no engañan, 78 años cumplidos. Además de las matemáticas hay otra serie de anormalidades que se van padeciendo en el devenir diario que se achacan al inexorable deterioro del paso del tiempo. He de confesar que en este año he notado un acelerón en ese capítulo. El problema está en que los principales paganos de los mismos son los que nos rodean en el día a día y nos tienen que aguantar. Este año he tenido la suerte de celebrarlo con Irene y con Pablo, y con Hari oculto en el seno de su madre pero que estuvo tan presente como los demás. Será para María y para mí el mejor regalo de navidad, si no le da por adelantarse. Así que en breve me va a tocar inaugurar una nueva etapa en la vida, la de abuelo, quién me lo iba a decir.
lunes, 17 de agosto de 2026
...y ocho
Ese 78 ha sido un año de grandes turbulencias. Hemos vendido la casa y finca de Quintanilla y hemos comprado un pequeño piso en una urbanización de Gama, junto al parque natural de las marismas de Santoña, Victoria y el Joyel. Todo un salto vertiginoso: de los 893 sobre el nivel del mar a la cota 0, de mantener una casa entera y un txoko a un sencillo piso de dos habitaciones, de la selva de Hijedo a la marisma, de los buitres, milanos, cigüeñas, jabalíes... a las diversas clases de zancudas y ánades, de un viaje tortuoso de más de hora y media a un trayecto de autovía de 40 minutos -con lo que vendremos más a menudo a Gama-, de ganadería extensiva de vacas y yeguas para carne a las lecheras, de prados solos a prados con maizales. En ambos hemos perdido algo y, a la vez hemos ganado algo. Ha habido muchos motivos y circunstancias que nos han empujado a tomar esta decisión, principalmente que ya se estaba haciendo costoso su mantenimiento, que pesaba lo suyo y nosotros -sobre todo yo- ya íbamos a menos.
Claro todo esto ha tenido otra serie de gestiones un tanto pesadas: inmobiliarias, escrituras, búsqueda de pisos, ajustar cuentas y ahorros y la gran pesadilla de las mudanzas de Quintanilla a Gama y a Barakaldo y de aquí a Gama y luego reorganizar los dos pisos. Como los problemas nunca viene solos, en medio de este ajetreo al del tercero se le reventó una tubería de suministro de agua y nos inundó la sala. Seguros, reclamaciones, gremios, papeleos... El hecho fue en el otoño del 25 y se ha terminado del todo en este mayo pasado. Creo que estamos sobreviviendo a estos ajetreos, con permiso de los habituales asuntos familiares que se encargan de poner la diadema a períodos como este, como si ya no tuviéramos poco.
Por mi parte, tendré que aprender a convivir con el aumento de artrosis y de temblores o con el problema del equilibrio. Lo de los fallos de memoria inmediata o los despistes ya son habituales en la gente de mi edad y yo no me libro de ellos, pero son el principal problema en la convivencia, porque a María la puedo volver loca. Espero que para este nuevo año nos vayamos asentando en este nuevo esquema de vida. Poco a poco iremos descubriendo las posibilidades de expansión que nos puede ofrecer este entorno cántabro con paseos y excursiones, vistas a cuevas o asistencia a eventos culturales, fiestas populares...
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