lunes, 8 de julio de 2013

Garikoitz ha muerto

Ha sido de repente, con la llamada de mi primo Luis. He tenido que pasar de una noticia de periódico a saber que ese niño ahogado en la piscina de Ortuella y que ha estado varios días en el candelero de las noticias locales, era nuestro Garikoitz. He sentido un pinchazo profundo en las entrañas y me he quedado mudo en el teléfono como quien no puede creer lo que está oyendo. Pero la realidad se impone y mientras hablaba con Luis comencé a atragantarme con las primeras lágrimas y noté cómo me arrancaban algo de lo más profundo de mí. Entonces es cuando me di cuenta de lo adentro que llevaba a este crío.

Garikoitz era nieto de mi difunto primo Fernando y poco a poco en mis visitas a la familia nos fuimos encariñando mutuamente. Ese vitalismo que le llevaba a no parar, esa imaginación que le llevaba a inventar juegos y la espontaneidad que irradiaba me encantaban. Para mí era un gustazo, y a la vez un susto, verle correr y saltar hasta mi cuello con un ímpetu que ponía a prueba mi tocada zona lumbar. Se quedaba apretado y me iba comentado sus cosas mientras lo llevaba aupas. Me concedió el privilegio de conocer sus rincones y escondites secretos y siempre me encomendaba la construcción de su destartalado barco pirata, mientras él jugaba con esos horrendos muñecos  transformer. Ya me terminó de conquistar con su empeño de saber cuál era nuestro parentesco. El día en que comprobó que nuestros segundos apellidos coincidían dio un grito de entusiasmo que me dejó derretido.

Y de repente ya no está. Y no tengo ningún pensamiento de consuelo, solo lágrimas como las que me están molestando para terminar de escribir esto. Las muertes de los niños, y más si son por accidentes, siempre nos resultan trágicas, pero éste era mi niño y no sé qué demonios me lo ha arrebatado, si el corazón. o uno de sus impulsos o el descuido de sus cuidadores... o todos ellos juntos. De todos modos, aunque esa ausencia va a dejar un hueco en mis entrañas muy difícil de llenar, me quedo con las palabras que su madre nos dirigió en el funeral para recordarle: Garikoitz ha sido un niño feliz y el mejor hijo del mundo. Si algún día me regalan un nieto, quiero vivirlo así.

lunes, 1 de julio de 2013

Algunos errores de bulto peligrosos

Acabo de escuchar perplejo el testimonio de un profesor que comenta un caso preocupante de un alumno que estaba en las prácticas en empresa . Este se dirige a uno de los empleados de la empresa y le pregunta cuánto gana al mes. Al oír la cantidad resopla despectivo y contesta, como quien tiene todo clarísimo, "yo por menos de 2.000 al mes, no me levanto". En la tertulia del café, comentando casos de este estilo, uno de los compañeros nos cuenta el caso de una familiar que estaba desesperada con su hija. La chica entra a trabajar en uno de los muchos Decathlon que hay por aquí, pero tiene la costumbre de llegar de las 9,15 en adelante, cuando no son las 10. Después de una semana en este plan, el encargado le dice que ya vale de retrasos. "¿Por qué tengo que entrar a las 9?" "Porque la tienda abre a las nueve y es lo que pone en el contrato" "¿De qué vassss???" gritó toda ofendida como quien se siente maltratada. Claro, a la siguiente se encontró con la papeleta de despido. Versión de la chiquilla al llegar a casa: el encargado es un hijo de... y un fascista.

Estos dos ejemplos, que aunque parezcan exagerados son por desgracia reales, no dejan de ser una punta del iceberg, esto es, un indicador de la mentalidad que subyace en una considerable parte de los adolescentes de las generaciones actuales. Se puede saber en qué mundo viven estos jóvenes o quiénes les han instalado en ese espacio virtual. Por más que se quiera hacer en los centros educativos, hay aspectos de la vida a los que no se puede llegar ni con los recursos pedagógicos ni con el mejor de los empeños del profesorado, sencillamente porque ya es tarde. Esta mentalidad ha quedado registrada en el imaginario de los chavales por las vivencias transmitidas en el entorno familiar, por los modelos que perciben a través de los medios de comunicación o de las redes sociales y por la inevitable influencia del ambiente social  en el que se mueven. Ante esto, una vez más, se presentan un montón de preguntas de esas que resultan exasperantes, porque o no tienen respuesta o solamente nos remiten a lo que se tuvo que hacer en el pasado para no llegar a estos extremos.

¿Por dónde podemos empezar para hacerles bajar al mundo real y a la despiadada realidad laboral? ¿Hasta cuándo van a estar exigiendo de todo en casa, pase lo que pase, sin tomarse en serio que tienen un futuro que desarrollar para su propia autonomía en la vida? ¿Por qué en muchas familias se siguen consintiendo  actitudes y comportamientos descaradamente infantiles hasta edades inusitadas? ¿Es de verdad que se creen que en el resto del mundo pueden imponer sus caprichos y sus órdenes como lo consiguen hacer en casa? Como, por ejemplo, esa alumna que llega llorando con su madre al centro y ésta arremete contra la responsable de prácticas exigiéndole que la cambie de empresa, porque a la nena le cae muy mal esa gente, a todo esto la nena ya pasaba de los 18 años. 

Lo más preocupante es que con estas actitudes se están echando a perder un montón de recursos educativos y de procesos de aprendizaje dedicados a la formación humana y profesional de esos jóvenes. Como consecuencia, irán cometiendo error tras error y, por más garrafales que éstos sean, no van a ser capaces de percatarse de ellos, ni van a aceptar las advertencias que les lleguen del mundo de los adultos, porque "no tienen ni idea " y los que se saben todo son ellos, o no? Y mi otra preocupación es que la casi totalidad de estos casos corresponden a los sectores de alumnado con niveles inferiores de formación o con familias de escasos, cuando no nulos, recursos. Como suele suceder, los que más necesitan de estos recursos formativos y a los que el futuro se les presenta más difícil y con mayor carga de esfuerzo, son los que más pasan de esfuerzos, de formación, de titulaciones... Pues lo tienen claro si piensan que van a poder engancharse a la teta de las ayudas públicas cuando se les acabe la de sus padres para resolver su vida.

miércoles, 19 de junio de 2013

Esos trenes que no vuelven a pasar...

Hacía mucho que no la veía. Me crucé con ella hace unos días y aún me conocía, porque fue ella la que me saludó primero. No sé en que número de recaída está o si anda en período de recuperación, pero con su cara desfigurada, marcada por las aristas de los huesos y con su extrema delgadez, da siempre la impresión de cadáver ambulante, como la inmensa mayoría de los yonkis aviejados. Intentó esbozar una sonrisa, que se quedó en mueca dejando entrever unos dientes deteriorados, con la que me envió su saludo. Le devolví el saludo con la mejor sonrisa que pude y me fijé en su acompañante de siempre, que tiene la costumbre de ir dos pasos más atrás que ella y hace como que la escucha. Tampoco él tenía tan mala pinta como otros días.

Nina -este no es su nombre, claro- tenía apenas 16 años cuando la conocí. Vivía en un barrio deteriorado de Barakaldo, aunque ahora está bastante mejorado. Su padre era el típico currela de Altos Hornos que se tuvo que prejubilar cuando le dieron el cerrojazo a la empresa. Era de las que andaba a su aire y traía a la familia de coronilla porque no tenían manera de controlarla. Era la época en que aún se tonteaba con la droga dura porque no se había percibido sus consecuencias. Estábamos poniendo en marcha un trabajo para jóvenes parados y con un pie en la marginalidad en colaboración con los Traperos de Emaús y nos habíamos propuesto incluír a chicas en el proyecto. A través de las amistades que me fui haciendo entre la basca durante mis paseos nocturnos por la zona y por los conocidos de mis conocidos del hogar en el que trabajaba, me encontré con su amiga inseparable, que por aquel entonces hacía correr ríos de tostesterona entre la chusma de la zona pero que fue de las primeras que no sobrevivió al sida. Me hice el encontradizo varias veces con ellas y les oferté la posibilidad de tener un trabajo para comenzar a abrirse paso en la vida. Con Nina pude hablar más veces, aunque nunca me dijo ni que no ni que sí, pero su amiga ni siquiera me escuchó. En aquel entonces andaban tonteando con unos gitanos de Sestao que las chulearon todo lo habido y por haber. Lógicamente su decisión final cayó del lado más fácil, la complicidad con su amiga y la zalamería de los gitanos junto con la droga que pasaban, y nosotros contratamos a otras chavalas.

Un día, después de diez años o así, acompañando a la escuela a uno de los tutorados del hogar, me encontré en el patio con la madre de Nina que andaba peleando con un crío y me terminó de contar la historia. Estaba totalmente desesperada porque ya no sabían qué hacer con el chaval. Nina lo había abandonado y los abuelos de la criatura no habían permitido que intervinieran los servicios sociales y lo estaban criando como a un hijo. Siempre llega un momento en el que los críos se vuelven insoportables para los abuelos que hacen de padres. Por otra parte, ella había estado al borde de la muerte pero cuando la iban a ayudar desaparecía de nuevo. Con el tiempo he mantenido algo de relación con familiares suyos y he seguido de cerca la evolución de su hijo, que ha resultado ser un chavalote formal y bien plantado con iniciativa para buscarse currelos en estos tiempos de sequía laboral. Sé que Nina ha estado yendo de programa en programa con temporadas de mejora y con las típicas recaídas, y ahí anda dando tumbos por la calle y por los parques en los que se juntan los colegas.

Más de una vez me ha venido a la cabeza el pensar qué distinta hubiera sido su vida y su historia si hubiese venido con nosotros a un trabajo adaptado a su situación, pero se le escapó el tren. Otros y otras sí aprovecharon la ocasión, aunque no todos supieran o pudieran aprovecharla. Algunos tienen hoy su propia familia, otros han mantenido una vida más o menos normalizada lejos de la marginalidad y nunca faltan los que se fueron quedando por el camino, porque se tiraron en marcha o porque luego perdieron el norte. Aquel trabajo no era, ni pretendía ser, la panacea que iba a resolverles la vida. Era un tren que les permitía salir del barro en el que estaban metidos y les llevaba a otras estaciones por las que pasaban otros trenes de más larga distancia. A la vez ya se habían preparado para no perder más trenes y para saber distinguir los que más les convenía. Es terrible ver que hay decisiones en estas vidas que marcan un antes y un después y que imposibilitan la vuelta atrás para poder retomar el camino correcto en aquel punto. La impotencia que siento al contemplar los resultados de estos errores me sigue punzando en lo más íntimo de mis entrañas, y aún no me la he quitado de encima.

viernes, 24 de mayo de 2013

¡Gracias, 15M!

En otras ocasiones he escrito que el fenómeno del 15M me ha pillado a paso cambiado , por lo que no me he encontrado con fuerzas para participar directamente en sus movilizaciones. Aún así, me considero un participante de retaguardia y hoy quiero reconocer lo que ha supuesto para mí uno de los fenómenos sociales que más ha impactado en la sociedad española de este principio de siglo. Considero, ante todo, el 15M como una erupción volcánica de dimensiones espectaculares, provocada por la acumulación de los gases de la indignación y, por qué no decirlo, de la mala leche que estaba generando en gran parte de la población la tomadura de pelo y el expolio al que se nos está sometiendo. Puede que muchos consideren que fue un desahogo y se acabó. Yo lo veo de otra manera. Esa erupción ha dejado abierto un cráter por el que siguen surgiendo unas lavas muy interesantes que están propiciando cambios importantes en el terreno social y político.

Muchos de los que participamos en su día en la lucha sindical, estudiantil o ciudadana para conseguir que este país pasara de la noche de los tiempos a un horizonte abierto, nos encontrábamos sumidos, en mayor o menor medida, en una sensación de desengaño. Era lógica nuestra decepción ante los derroteros que había tomado la vida política y ante la indiferencia y el autismo que se habían apoderado del ambiente social. El 15M ha supuesto el volver a tener razones para creer que no todos los valores se han perdido. A muchos nos ha supuesto comprobar que lo que empezamos tenía razón de ser y que de aquellas cenizas va surgiendo algo nuevo que nos impulse a salir del pozo donde nos han metido, sin esperar a que los próceres, tanto económicos como políticos, nos echen la escalerilla, porque sabemos de sobra que no lo van a hacer porque no saben, porque no pueden y, en realidad, porque no quieren.

Los más escépticos creen que, como este movimiento no ha cuajado en un alternativa política en forma de partido, coalición o algo similar, no ha servido para nada. Sin embargo creo que ahí radica su fortaleza. No necesitamos más partidos políticos sino más protagonismo de los ciudadanos y más fuerza en los movimientos sociales para que aquellos se bajen de su pedestal y respondan a las necesidades que se les plantean, para lo que teóricamente se formaron y fueron elegidos. Los movimientos antidesahucios, las mareas naranja, blanca, verde... no pasarán aunque el absolutismo parlamentario que asola este país siga cometiendo atrocidades sin escucharles. Si estas mareas no llegaren a ser suficientes, habrán dado paso a otras que como olas continuas irán erosionando ese poder económico y político enrocado en la ideología neoliberal. De una cosa estoy seguro y es lo que más agradezco al 15M: ya no van a poder mantener adormilada a la sociedad y, mucho menos, callada. Por eso mi título, gracias a todos esos ciudadanos que semiorganizados o espontáneamente es han echado a la calle y han hecho posible estas realidades.

martes, 7 de mayo de 2013

Siempre es pronto para decir "imposible"

No levantó la vista ni siquiera cuando me presenté.  Apenas pude verle la cara porque no levantaba la vista del suelo y dejaba car sobre el rostro su abundante y desmelenada cabellera negra, mal sujeta con una diadema entre infantil y hortera, un tanto impropia para sus casi 15 años y acorde a su aspecto desaliñado. Se había negado a ir a clase y después de una semana de ausencia el director del centro llamó a la madre dándole un ultimatum. Ante esto la madre había llevado casi a rastras a su hija y ahí estaba ella sentada en el despacho del jefe de estudios, sin querer entrar en clase y superenfadada con todo el mundo mundial. Estuve con la orientadora para otros asuntos y, de paso, pedí entrevistarme con ella porque estaba al tanto de la situación, pero la entrevista se redujo a un monólogo con el que simplemente intenté provocar alguna reacción. Sólo conseguí que me contestara con algún movimiento de cabeza en plan afirmativo, algo es algo. La orientadora estaba un tanto cortada ante el plante de la muchacha porque pensaba que me lo iba a tomar como un desprecio. Me acompañó hasta la salida del centro casi pidiéndome disculpas y, entre otras lamentaciones, soltó la frase fatídica "no tiene ya remedio".

Iros todos a la ...
No sé si lo dijo como para descargarme de la supuesta frustración que me llevaba o para consolarme queriendo decir hasta aquí hemos llegado y no hay nada más que hacer. Por supuesto que yo tenía muy claro que a la moza no faltarían  graves motivos para haber llegado a esa situación, por lo que, aunque su monumental y adolescencial cabreo nos fastidie, yo, ante todo, lo respeté. De entrada ni le eché ningún discurso, ni ningún reproche, simplemente le dejé caer un par de cosas que le podían interesar y que percibiese que allí había alguien que, para bien o para mal, se interesaba por ella. Punto. En este contexto considero que esos movimientos de cabeza fueron ya un pequeño paso. Claro está, que en el resto de mi jornada me dediqué a reclamar recursos para ver por dónde podíamos abordar el caso mejor, pero ya contaba con que el anzuelo estaba echado.

Es la solución más fácil, sentenciar que algo es imposible y, a continuación, sacar la bola de cristal y augurar un desastre anunciado. Claro que el caso es grave y que se va a necesitar de bastantes recursos para evitar la desgracia de esta adolescente rota o maltratada por la vida y frenar el previsible desastre de su futuro. Lo más seguro es que, de entrada, se vaya a cerrar más en banda y que, encima, no quiera aceptar las ayudas que se le ofrezcan. Sin embargo, esto no justifica de ninguna de las maneras el tirar la toalla ante su bloqueo, ni mucho menos hacerla responsable de su fracaso. No queda otra que seguir a su lado, que perciba que alguien está preocupado por ella. A partir de aquí es cuando puede ir asimilando algo, probablemente sin que nos demos cuenta, y ahí está la clave aunque no se consiga todo lo que se espera de ella. En estos momentos su camino  deambula por una cuerda floja agitada de pulsiones y altibajos, y son algunos de esos "algo", con los que se haya quedado, los que en un momento dado le van a dar fuerzas para que su vida comience a transitar por el lado de tierra firme y no se incline hacia el precipicio. Nunca podremos saber cuándo va a llegar ese momento y, si hemos dado el caso por imposible, tendremos muchas bazas para acertar en el pronóstico del desastre, pero, a la vez, habremos sido en algún grado cómplices del mismo.

jueves, 2 de mayo de 2013

Hoy es 1º de mayo. En otras épocas nuestra excursión consistía en acudir a la manifestación propia del día. De unos años a esta parte nos resulta lamentable y, por qué no decirlo, bochornoso el espectáculo de la división sindical. Hoy en Bilbao han salido 5 manifestaciones distintas, cada cual con su santo y con sus cánticos. Da la impresión de que más que defender a la clase trabajadora están preocupados por ver quién es el que más gente mueve, o quién es el que dice las peroratas más enérgicas o radicales... como si de una pelea de gallos en el patio del colegio se tratara, a ver quién es el más de lo más. Así que, visto el panorama, nos ha parecido más conveniente salir a campo abierto para estirar las piernas, extender la vista y disfrutar de la naturaleza que se nos ha regalado nuestra tierra. Nos vamos a ver la cascada del nacimiento del Nervión y sus alrededores.

Ya habíamos estado varias veces en el balcón del monte Santiago y habíamos contemplado la cascada y el circo desde la base subiendo desde Delika, cuando éramos más jóvenes. Nos quedaba contemplar el panorama desde las tierras alavesas. Subimos con el coche a Unza y hay una pista que conduce sin ningún problema hasta el circo. Se puede acercar hasta la alambrada que protege la cortante sin peligro e ir contemplando el panorama. La mañana estaba fresca con ratos de sol y nubes dispersas. Es una pena que en las fotos no pueda ir incluido el sonido. En la primera zona de bosque asistimos a una sinfonía de primavera impresionante. Sobre el continuo del canto omnipresente del cuco se entrelazaban los gorgeos y trinos de todo tipo de pájaros, con los efectos especiales de los estridentes y dodecafónicos graznidos de los grajos que bordeaban las cortantes. Desde arriba y por encima de todo ese revuelo el ojo del gran hermano buitre lo controlaba todo suspendido en las corrientes del aire. Al llegar a la cumbre y acercarnos a los bordes del cañón se perdían esos sonidos y solamente quedaba el mugir del viento y el trueno continuo de la caída del agua.

María se ha dado un banquete de fotos sacando primero vistas de la Sierra Salvada y de la Virgen de Orduña, luego de las caídas del agua desde todas las posiciones posibles y cuando llegábamos al coche ha sacado el Gorbea con las últimas nieves de primavera. Yo he hecho la selección que adjunto en el álbum. Al ver enfrente el balcón que pende sobre el precipicio lleno de gente, nos hemos acordado que la semana pasada salió la noticia de que un hombre de Amurrio había caído desde él al vacío y que la hertzaintza había tenido que sacar el cadáver. Unos paisanos que pasaban por allí comentaban que se rumoreaba que de caída nada que se había tirado. Desde luego que es un seguro de suicidio, con esa caída no hay vuelta de hoja. Tragedias aparte, ha sido una mañana deliciosa y la lluvia anunciada no ha hecho acto de presencia. Es un paseo totalmente aconsejable y seguro.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Monseñor Romero, que bueno que volviste!!

Me he enterado que el papa Francisco ha desbloqueado el proceso de beatificación de Monseñor Romero. No es que las canonizaciones me preocupen mucho o nada -porque vistas muchas de ellas y los métodos que usan para proclamarlas son como para echarse a llorar-, pero en este caso me ha gustado la noticia porque aclara muchas cosas. Ante todo, deja bien a las claras cuál es la postura de toda una jerarquía de rancio abolengo vaticanista -con Benedicto a la cabeza-, a la que puso en su momento, y aún pone, sumamente nerviosa todo lo que se pueda mover en Latinoamérica. Más aún en este caso, cuando era un obispo el que  cantaba las verdades a las claras y se ponía a defender a los pobres y a los perseguidos de su país sin ningún rubor, sin pelos en la lengua y con total dedicación. 

Llego a creer que su asesinato le hizo un favor a la curia, porque monseñor Romero era un prelado, no era un teólogo de esos a los que se les puede silenciar de un decretazo. Mira por dónde, quizás de rebote,  los esbirros de la dictadura les hicieron el trabajo sucio también a los curiales, aunque lógicamente lamentaran y condenaran enérgicamente el suceso. El pueblo llano de El Salvador le considera como su santo desde la fecha de su martirio, porque su asesinato fue un auténtico martirio. Lo mataron por dar testimonio y cuando la gente sencilla y llana hizo suyo ese testimonio, llegaron los jerarcas de Roma a apagar el incendio para que la grey no se les descarriara con doctrinas peligrosas que pudieran crear problemas con las autoridades o fomentar actitudes extremistas. O sea que secuestraron al  santo de los salvadoreños y nos dejaron al resto de los católicos sin canonizar a un testigo auténtico del evangelio. 


El hecho de que el papa Francisco, procedente de Latinoamérica, haya tomado esta decisión  con total valentía me parece de vital importancia. En primer lugar porque devuelve a su continente un testigo y un valor que le había sido secuestrado y, a la vez, le reconoce a la iglesia latinoamericana la importancia que se merece dentro del universo católico. En segundo lugar porque Francisco recalca claramente la impronta de toda su trayectoria pastoral, esto es, que la iglesia tiene sentido en la medida en que responde a los desfavorecidos de la tierra. Y en tercer lugar, este gesto, sumado a otros que ha ido dando en el poco tiempo que lleva de pontificado, nos  da a entender que ya ha comenzado a abrir ventanas y a sacudir alfombras para que se empiece a airear la iglesia y se vaya echando fuera la corrupción acumulada en las últimas décadas, que ha resultado ser un lastre y un antitestimonio flagrante para los católicos de a pie y para el mundo entero.

miércoles, 24 de abril de 2013

Ya vale de huelgas

Parece que los sindicatos nacionalistas están calentando motores para una nueva huelga general. Supongo que todas las razones que aducen para emprenderla pueden ser razonables. La necesidad de parar el desmantelamiento de los servicios públicos de toda índole, la necesidad de atender a la población que se sume en la pobreza, el problema de los desahucios, la desaparición de los convenios colectivos... Claro que no sé por qué algunos sindicatos tiene una receta única ante todos estos problemas. Los meten en el mismo saco y les aplican la huelga general como medicina infalible. Creo que la historia y los acontecimientos más recientes, en lo que se refiere a la contestación de la calle, dejan ver bien a las claras que, ante una problemática nueva y ante un sentido de la ciudadanía muy distinto del que dio a luz a los sindicatos, es preciso poner en marcha iniciativas nuevas de contestación y concretas, según las características de cada problema y de la población afectada por el mismo. Supongo que no llamarán a la huelga a la multitud de parados y paradas que pueblan el país. Se me antoja que esta medicina de las huelgas generales es como si ahora volviésemos a las prácticas de los galenos medievales, que pretendían arreglar todo con sangrías, con lo que acababan por rematar al enfermo.

Me parece lógico que haya una respuesta obrera ante los abusos de las mal llamadas reformas laborales que se van a cargar, entre otras cosas, los convenios colectivos. De todos modos, sigo sin entender que la primera y la única iniciativa que esos sindicatos plantean sea la huelga general, eso sí, desde sus despachos. Parece que no se han dado cuenta que en la calle y en la red bullen iniciativas de ciudadanos afectados o de plataformas solidarias. Esas nuevas iniciativas y movilizaciones van más allá de ser algo puntual o, como muchos bienpensantes decretan, se reducen a estallidos de la mala leche que se está generando pero sin ninguna consecuencia positiva. Es preciso leer en ellas que algo nuevo se está generando dentro de la sociedad. Puede que en un principio parezcan totalmente insuficientes para influir en la mejora de la situación social, pero en el fondo nos están diciendo que ahora hay que propiciar y conseguir ante todo la participación activa de la ciudadanía, que necesitamos desarrollar esos movimientos para generar respuestas acordes a estos tiempos y a los cambios sociales que se han producido en tan poco tiempo. Porque, a la vista está,  repitiendo lo de siempre no se ha conseguido nada y, tal como se están poniendo las cosas, se va a conseguir menos de ahora en adelante.

domingo, 21 de abril de 2013

Aunque sea difícil de creer, hay gente sin entrañas

Este invierno en Quintanilla.
Detrás del pino está su casa
Mª - no es su nombre, claro- es una anciana nonagenaria que ha estado viviendo sola en un caserón desde hace muchos años. Es una de esas mujeres de pueblo que son todo fibra y que no han hecho otra cosa en su vida que trabajar y parir hijos. Siempre ha sido una mujer respetada y admirada por los vecinos del entorno porque era capaz de valerse por sí misma, dado que sus familiares iban de vez en cuando a ver qué pasaba. Lógicamente el paso de los años no perdona y los inviernos en los pueblos del norte son tan duros que cambian una letra fatídica, convirtiéndose en infiernos y no por el calor precisamente. Esta señora los pasaba sola, contando con la ayuda de las pocas vecinas del entorno. Llegó un momento en que ya no pudo más. Tras un largo período en que no se la veía acudieron las vecinas a verla y se la encontraron postrada en la cama sin poder levantarse y, por tanto, con la casa helada y sin comida. Tuvieron que atenderla, llamar a urgencias y a los servicios sociales. Estos avisaron a los hijos y dadas las circunstancias y la extrema gravedad de la salud de Mª, la solución estaba cantada: una residencia.

La semana pasada estuvimos en el pueblo y sentí el ruido de una desbrozadora que salía de la casa de Mª. Como me pillaba de paso observé que las ventanas estaban abiertas y me fijé en la gente que andaba entrando y saliendo, pero no conocí a nadie. Supuse que ya se habría vendido o alquilado, cosa que me pareció rara en esta época de crisis. Picado por la curiosidad y porque tenía en gran estima a la dueña, pregunté a una vecina de las que viven habitualmente allí sobre la identidad de aquella gente. Resulta que eran los hijos y otros familiares. Ahora sí mantienen la casa oreada y limpia y quitan habitualmente las zarzas, siegan la hierba, podan... Lo que hay que ver. Esta buena mujer tenía que buscar entre los vecinos a alguno que pudiera arreglarle el terrenito de delante de la casa y dependía de las vecinas para muchas compras y para que le ayudasen algo en la limpieza. Su familia la tuvo abandonada y ahora caen sobre la herencia como bandada de buitres a preparar la casa para repartirse el botín cunado Mª muera.

Me temo que habrá más casos de éstos, pero como éste me ha pillado cerca lo he sentido de una forma especial. No alcanzo a entender que haya seres humanos de semejante catadura, capaces de tener abandonada a una madre hasta el extremo de atenderla solo cuando las circunstancias han llegado al límite y cuando son los servicios públicos quienes tienen que reclamar su atención. Por si fuera poco, con la misma desfatachatez se quieren aprovechar de lo que aún le pertenece. Hechos como éste me repugnan y me indignan, más aún, me hacen poner en duda la dignidad del ser humano, por eso me he desahogado aquí denunciando este lamentable ejemplo.Este link lleva a una película artesanal hecha por un nativo del pueblo que muestra cómo era éste unas décadas antes. La comparto como recuerdo y como homenaje a esta mujer.


jueves, 11 de abril de 2013

DÍAS DE MONTE 9

Amanecer desde el Kolitxa.
Las Encartaciones quitándose las legañas
Ya era hora, nos ha costado conseguir el retomar nuestras salidas montañeras. El mes pasado tuvimos una frustrada que no nos supo a nada, así que este domingo pasado tras la última nevada nos lanzamos a probar nuestro material de nieve. En un principio tocaba ir al Zalama, pero con la nevada que había caído preveíamos que iba a haber demasiada nieve. Es la cuarta vez que decimos de ir a este monte y se truncan nuestros planes. Lo voy a declarar monte maldito. Paramos en Balmaseda, en el barrio de Pandozales, que es la base montañera por excelencia de aquella zona y nos propusimos subir el Kolitxa y el Burgüeño. En la subida ya bajaba una cantidad considerable de agua, pero a la vuelta había tramos del camino que eran auténticos regatos. Nos encontramos con zonas de 50 cms de espesor y otras más peladas por estar expuestas al viento. En la cumbre hielo como se puede comprobar en las fotos. En esta ocasión tuvimos abundante compañía dado que el día salió agradable y la nieve atrae, así que por fin tenemos una foto juntos. 

La ascensión nos resultó más larga y dura de lo previsto, o sea, que se nos había olvidado andar en nieve. Creo que también nos habíamos olvidado de lo verticales que son las subidas de estos dos montes, al menos yo que hacía muchos años que no había andado por esas zonas. Me hubiese gustado visitar los nidos de metralletas del cinturón de hierro de Bilbao que quedan en las laderas del Burgüeño, como testigos mudos de la batalla desigual que acabó con un batallón de gudaris. La famosa legión Condor de los nazis se encargó de ello. Andábamos mal de tiempo y en aquella zona había mucha nieve así que nos volvimos enseguida. Si la subida se me hizo dura, la bajada eterna porque Juanjo me metió por la pista de vehículos que da mas vueltas que una noria. Total tarde y morros en casa, y es que no se puede tener todo.