
jueves, 19 de agosto de 2010
LA PLAGA DE LOS "NINIS"

domingo, 4 de julio de 2010
UN VOTO POR LA ESPERANZA

puede cambiar el mundo"
jueves, 1 de julio de 2010
LAS HOGUERAS DE S. JUAN

¿Es posible que en tan poco tiempo se haya perdido el significado y los valores de la sanjuanada? ¿Dónde estaba la colaboración entre los vecinos o las cuadrillas para aportar algo que ayude a la fiesta? ¿Tan difícil es para la gente de hoy darse cuenta de que, si juntan los papeles de todos, la hoguera es más grande, más bonita, se hace menos daño al cesped y se divierte uno mejor? ¿A qué nivel de individualismo y de descontrol estamos llegando? Espero que en otros sitios no hayan tenido unas sanjuanadas tan lamentables, pero a mí me estaba sonando todo esto a que la evaporarización de los valores ya está en marcha y que se comienza a perder más sentidos que el de las fiestas en sí. Se hacen cosas como quien repite algo mecánicamente pero ya no se sabe porqué, pierden su simbología e, incluso, se vuelven perjudiciales. Se sigue comiendo, pero el compartir una merienda o una chocolatada en sana vecindad, queda resumido en engullir prefabricados cada uno por su cuenta. Se hace fuego como sea, donde sea y con lo que sea, pero se pierde su significado de fiesta, de limpieza y de convivencia.
lunes, 28 de junio de 2010
DESCANSE EN PAZ
entes. Jamás quiso imponer la verdad a nadie y siempre esperaba la respuesta libre de los que se acercaban a la iglesia. Nos trató a todos con cariño y respetando nuestras diferencias, a la vez que nos enseñaba a transmitir ese cariño a parroquianos y a todo el que se acercara aunque no fuera de los fieles. A su amparo se pusieron en marcha no sólo toda una nueva dinámica de catequesis, sino incluso los movimientos vecinales del barrio. Personalmente le debo el que me enseñara, entre otras muchas cosas, a vivir la liturgia como una comunicación y un diálogo entre todos los participantes.HOY NO SALGO

domingo, 13 de junio de 2010
EL SIGLO DEL CANGREJO

sábado, 12 de junio de 2010
¡Qué pena!

No me he podido quitar de la cabeza en todo el día la imagen de R, cuando me la encontré por última vez hará dos años. Ya habían pasado quince minutos de las tres, se me había hecho tarde en el trabajo. Crucé de prisa la Herriko Plaza azuzado por el agujero negro que a esas horas se forma en el estómago.
- Adiós, abuelo. Ya no saludas.
Esa voz temblona me resultaba familiar. Hacía ya más de veinte años que no me llamaban por ese mote, luego tenía que ser alguien relacionado con el hogar de acogida donde me estrené como educador social. Me lo habían puesto los críos porque era el mayor en edad del equipo y llevaba barba. Me paré al comprobar que era R. la madre de los D, dos chicas y dos chicos que pasaron en años consecutivos por el hogar municipal.
Como siempre, R seguía aparentando más años de los que tiene en realidad, tanto por su pelo desaliñado y por su vestimenta raída como por las arrugas y las ojeras que la mala vida le había ido grabando en su cara. Al acercarme para saludarla se me coló directo al estómago, como una chispa, ese olor ácido que desprende la ropa impregnada de sudor mezclado con una bocanada de aliento de garrafa. Tuve que tragar saliva y disimular el impacto recibido pero me sobrepuse y tuve el valor de estamparle dos besos.
La buena de R dio en casarse con un forajido que, después de hacerle cuatro hijos, la dejó viuda porque acabó sus días en un ajuste de cuentas por un tema de drogas. Se le vino el mundo encima y su mente no le dio para sacarlos adelante ella sola, así que los niños fueron desfilando por el hogar y ella vivió siempre dependiendo de los servicios sociales. Cuando se vio sola, siguió frecuentando las amistades de su difunto marido que, lejos de ayudarla, la hundieron más en el alcohol y se bebieron con ella las ayudas sociales que recibía.
Aquella aparición casi fantasmagórica, me dejó una tremenda desazón para el resto del camino hasta mi casa. Caminé más de prisa de lo habitual como pretendiendo arrancarme aquel latigazo ácido del olor de R que se había quedado clavado en mi pituitaria como una lapa. A través de ese breve encuentro con la madre de los D, acababa de recibir un patético certificado de fracaso: aquella ropa ajada, el temblor de las manos, el pelo grasiento, el titubeo al hablar, la mirada perdida, el aliento apestando a alcohol y medio abandonada por los hijos, aunque alguno de ellos ha estado buitreándola hasta el final. Claro que el problema de R era algo más que los años que le habían caído encima. Era aquel remolino sin control que se había tragado el cuidado de gente comprometida y los recursos públicos que recibió hasta el final. De todos modos, lo que más me ha dolido es no haberme podido despedir de ella.
martes, 8 de junio de 2010
Esto ya va en serio

A disfrutarla.
lunes, 7 de junio de 2010
Nunca se sabe
dejado en su país tres o cuatro años mientras se sitúan aquí. Ella ya había conseguido regentar un pequeño bar de barrio y tenía una nueva pareja. Conocí a W cuando comenzó a dar absentismo. Recuerdo que el educador de su instituto estuvo encima de él pero no había manera de que acabara un semana completa. Al parecer su madre se iba pronto al bar y él no se levantaba porque no quedaba nadie en la casa que le arrastrara de la cama. Hablamos varias veces con la madre y ella nos aseguraba que le llamaba insistentemente por las mañanas y que no podía hacer más. Llegamos a firmar acuerdos y a revisarlos semanalmente pero todos los propósitos duraban un par de días. Cuando aplicamos el protocolo de absentismo se asustó un poquito y el propósito le durá apenas un mes. Claro que a su madre el tema de las denuncias la dejó a punto de infarto.jueves, 15 de abril de 2010
PRIETAS LAS FILAS
