jueves, 1 de julio de 2010

LAS HOGUERAS DE S. JUAN



Aunque con una semana de retraso, no me resisto a escribir lo que vi la noche de S. Juan en los alrededores de mi casa. No pretendo que esto sea una añoranza por aquello de que en nuestros tiempos... lo que vi me hizo pensar que, más allá de las formas exteriores, los cambios tienen un transfondo que me parece, al menos, preocupante. Nada más salir de casa nos encontramos con que los jardines de los alrededores hasta el parque botánico estaban alfombrados de cajas de Telepizza con restos de pizzas. La tienda que tenemos enfrente había previsto que era buena época para hacer una de esas ofertas salvajes o para quemar existencias y toda la chavalería de los alrededores, y algunos no tan chavales, estaban merendando o cenando por pocos euros. Era mucho suponer que el personal se preocupara de recoger los restos. Menos algún grupo que tuvo el civismo de apilar las cajas encima o junto a las papeleras, la mayoría dejó los restos donde habían comido. A esta alfombra de cartón grasiento, ribeteada por mendrugos de masa y trozos rojos de vaya ud a saber qué, había que añadir regueros de papel que la tropa infantil iba dejando al llevar sus aportaciones a las hogueras, o mejor dicho, fogatitas.





Cuál no fue mi decepción, después de tragarme el cabreo producido por tanto incivismo, al ver que no había ninguna hoguera que se pudiera llamar tal. Uno puede entender que hoy en día con los programas de basuras y recogidas de enseres no haya muebles ni trastos en las casas para sacar a quemar. También es lógico que los peques no quieran perder el gusto de quemar algo, y lo que está más a mano son los papeles de apuntes o cosas por el estilo que aún no se han depositado en el contenedor correspondiente. Pero no podía dar crédito a mis ojos contemplando que cada grupito o familia ponía su montón de papeles y le daba fuego. Así las campas daban un aspecto de gente calentándose alrededor de fogatas. Solamente vi una que superara el metro de alto y los dos metros de diámetro y pude contar unas treintaytantas. Sin contar el estropicio que se había hecho al cesped, quedaron royéndome por dentro algunas preguntas.





¿Es posible que en tan poco tiempo se haya perdido el significado y los valores de la sanjuanada? ¿Dónde estaba la colaboración entre los vecinos o las cuadrillas para aportar algo que ayude a la fiesta? ¿Tan difícil es para la gente de hoy darse cuenta de que, si juntan los papeles de todos, la hoguera es más grande, más bonita, se hace menos daño al cesped y se divierte uno mejor? ¿A qué nivel de individualismo y de descontrol estamos llegando? Espero que en otros sitios no hayan tenido unas sanjuanadas tan lamentables, pero a mí me estaba sonando todo esto a que la evaporarización de los valores ya está en marcha y que se comienza a perder más sentidos que el de las fiestas en sí. Se hacen cosas como quien repite algo mecánicamente pero ya no se sabe porqué, pierden su simbología e, incluso, se vuelven perjudiciales. Se sigue comiendo, pero el compartir una merienda o una chocolatada en sana vecindad, queda resumido en engullir prefabricados cada uno por su cuenta. Se hace fuego como sea, donde sea y con lo que sea, pero se pierde su significado de fiesta, de limpieza y de convivencia.

lunes, 28 de junio de 2010

DESCANSE EN PAZ

Hoy me han comunicado la muerte de Ignacio Mª Lledó Ariño, hermano y también padre en la fe. En el año 75 tuve la suerte de conocerle y de que se cruzaran nuestros caminos. Estábamos buscando un barrio de Barakaldo para instalarnos y un cura conocido nos dio este consejo "Hablad con Lledó el párroco de la Esperanza. Es un hombre optimista y abierto, capaz de sacar cristianos de debajo las piedras" Hicimos bien en hacerle caso. Entre nosotros y él surgió una compenetración impresionante que se fue afianzando y profundizando hasta que los abatares de la vida nos separaron. Con él fue posible crear un ambiente eclesial abierto al mundo, a las inquietudes propias de cada momento y a la atención personal de cada uno de los que se acercaban a la parroquia. En ella tuvieron cabida jóvenes, niños, mayores y todo tipo de inquietudes, convirtiéndose en un punto de referencia para todo el barrio, no solamente para los creyentes. Jamás quiso imponer la verdad a nadie y siempre esperaba la respuesta libre de los que se acercaban a la iglesia. Nos trató a todos con cariño y respetando nuestras diferencias, a la vez que nos enseñaba a transmitir ese cariño a parroquianos y a todo el que se acercara aunque no fuera de los fieles. A su amparo se pusieron en marcha no sólo toda una nueva dinámica de catequesis, sino incluso los movimientos vecinales del barrio. Personalmente le debo el que me enseñara, entre otras muchas cosas, a vivir la liturgia como una comunicación y un diálogo entre todos los participantes.




He visto en su funeral a una gran cantidad de gente de Barakaldo. Era una señal inequívoca del recuerdo y de la impronta que dejó en su parroquia. El funeral estuvo plagado de compañeros de sacerdocio y se desarrolló dentro de lo políticamente, o mejor eclesialmente, correcto al uso teniendo en cuenta el rango eclesial del finado. Solamente le hizo justicia un comunicado que al final de la misa leyó una mujer en nombre de aquellas personas con las que había convivido en sus últimos años en activo hasta que sus enfermedades se lo impidieron. Hablaron de él, de su persona, de lo que transmitía, del cariño y de la alegría que irradiaba a pesar de sus problemas, de la defensa del papel activo de la mujer en la iglesia... Yo estuve mirando a ver si veía a aquellos que en su día le segaron la hierba bajo los pies y lo defenestraron de su parroquia sin ningún miramiento, como quien arranca un tumor antes de que acabe por extenderse. Solamente estuvo uno. Qué era aquello de las confesiones generales, o de ofertar cursillos y catequesis sin obligar, o permitir la participación abierta en la liturgia... y suma y sigue. Le llegó la hora de jubilarse y solamente pidió seguir en su parroquia acompañando al que llegara nuevo. La respuesta fue patética: no le dieron ningún destino, simplemente le dijeron que se fuera de Barakaldo al sitio que más le gustara. A partir de aquí estos talibanes eclesiales le hundieron en un viacrucis de depresiones y desequilibrios psíquicos que de formas más o menos intensas le han acompañado hasta que el parkinson ha acabado con él. Por desgracia muchos le van a recordar solamente por sus desvaríos de esta última parte de su vida, lo que será injusticia sobreañadida a la anterior porque han conseguido manchar hasta su recuerdo.




El jueves pasado comimos con él y no creímos que le decíamos adiós, así que se lo digo desde aquí. He llorado en el funeral cuando escuchaba el comunicado de las parroquianas. He llorado de emoción y de rabia contenida por no haber podido hacer nada en contra de las injusticias que tuvo que soportar. Un día tomando café en el parque me dijo que él y yo éramos unas víctimas del matrato eclesial. Pero lo que más me importa es que para mí no va a ser solamente un recuerdo. El ha pasado a ser ya uno de esos hombres que me han dejado su huella en mi disco duro, de tal manera que, sin darme cuenta, seguiré viviendo la fe y manteniendo la esperanza con un motor más, el que él nos ha dejado. Ignacio, ora pro nobis.

HOY NO SALGO


Esta vez no salgo a la huelga. No estoy de acuerdo en primer lugar porque esto que está convocado no tiene ni fuste ni fundamento y más parece una algarada que una convocatoria de huelga general. Una huelga general no es una herramienta al servicio de los sindicatos para que diriman sus diferencias entre sí y demuestren quién es el que más arrastra. Una huelga general, por las razones que se aducen en ésta, no se puede convocar en un territorio particular metiendo en el mismo saco las condiciones políticas de los gobiernos y las imposiciones del sistema de economía global. Hoy se me ha convocado a tres huelgas distintas: los sindicatos nacionalistas con su enfoque propio, comisiones obreras de Euskadi para hacerles la competencia y hasta he tenido que escuchar las soflamas de la CNT, que las podría escribir yo, sin ánimo de ofenderles, porque las conocemos de siempre. Para más inri, me convocan en contra de la reforma laboral y resulta que aún no está tramitada ni aprobada, mientras que se la mezcla con las medidas provocadas por los ajustes impuestos desde fuera. Creo que soy lo suficientemente mayor para tomar decisiones en base a las opiniones que me forme y no porque alguien nos plante unos cuantos eslóganes en un panfleto. No sé cuando los sindicatos van a considerar adultos a los trabajadores para plantear las decisiones con madurez y con repuestas adecuadas a lo que se quiere rechazar. En este tipo de cuestiones, los sindicatos me recuerdan a las jerarquías eclesiásticas cuando imparten doctrina a sus fieles y solamente esperan de ellos respuestas de férvida adhesión.





Sí estoy de acuerdo en que los trabajadores de todo tipo no tenemos que cargar con las consecuencias de los desmanes del sistema capitalista y de los especuladores que han estado a punto de arruinar naciones enteras. Como dije en mi entrada anterior, es curioso que en Europa y en América aplaudan las medidas del gobierno de España mientras que a nosotros nos parecen un atraco tanto a las clases medias como a los más depauperados. Ahora en el G20 no se han puesto de acuerdo para organizar una gobernanza global que imponga unas normas universales de control a los bancos y a los mercados y han dejado que cada nación se lama sus llagas como pueda. Lo que no han querido hacer los políticos tendríamos que conseguirlo los trabajadores, esto es, plantear respuestas a nivel globalizado porque lo que nos pasa a nosotros les pasa a los irlandeses, a los griegos, a los franceses... a cada cual con un motivo peculiar de cada país, pero el mismo resultado para todos: paro, despidos baratos, congelaciones, subida de impuestos... No nos podemos permitir repetir el mismo error montando numeritos a pequeña escala ¿Qué respuestas podemos dar desde Euskadi exclusivamente en este contexto? Un movimiento global no se puede madurar con estas movilizaciones banderizas que no conducen a nada porque ni siquiera van a durar un día en los noticiarios. Creo que los trabajadores de este país no nos hemos merecido este espetáculo lamentable.

domingo, 13 de junio de 2010

EL SIGLO DEL CANGREJO

No me refiero con el título a un signo del zodíaco o similar. Hago referencia con él a un sentimiento que poco a poco me está invadiendo, dentro del hartazgo informativo que no hace nada más que darle vueltas a las tan traídas y llevadas medidas de ajuste económico, y que no acabo de definir. Todo el mundo trata de ponerse sesudo y de sentenciar sobre la importancia y la necesidad de las mismas. Pero cuando los gobiernos adoptan algunas de ellas todos los demás se echan encima y se erigen en defesores acérrimos de los más afectados por las mismas, lo que no deja de ser un ejercicio de cinismo en la mayor parte de ellos. Mi compañero Juanma tiene un dicho, y su consiguiente praxis, que me parecen sumamente coherentes y que vienen al caso. "Acepto todas las críticas que vengan acompañadas de una solución alternativa a la que critican. Con las demás me abanico." Aquí está mi primera perplejidad. Si no se presentan otras soluciones es porque no las hay, porque son más o menos como las criticadas o, simplemente, porque hay que aprovechar la coyuntura y montar la bronca para quedar bien, ganar votos o desahogarse.



Parece ser que, por más vueltas que le demos, nos están descabalgando de los logros y las conquistas sociales que se habían ido consiguiendo. Me parece un insulto a la inteligencia de los ciudadanos que nos hagan creer que la culpa de ello la tienen los decretos y recortes de los diversos gobiernos, sea cual sea su nivel de competencia. A los gobiernos se los ha impuesto un alguien que, como decía la canción cubana, ha decidido que "se acabó la diversión, llegó el comandante y mando parar". Claro que aquí no sabemos, al menos yo, definir quién ese comandante que da la orden: la zona euro, el banco central, los acuerdos de los G20... A todo esto, nos explican que estamos salvando al euro de los especuladores que manejan los mercados y que son capaces de cargarse una moneda o un país con la misma facilidad con que provocaron esta crisis y las que les hagan falta. Esto quiere decir que hay alguien que impone las medidas a los que las imponen a los gobiernos que son los que nos las imponen a los ciudadanos de a pie. Lo curioso es que el test que se aplica para saber si tales medidas son válidas no es precisamente el beneficio que puedan aportar al país, sino recuperar la confianza de los mercados. O sea, los susodichos son como los matones del barrio, si no les das lo que te piden acaban contigo y, entonces, no queda otra más que tenerles contentos y dejarles campar a sus anchas.



Por si esto fuera poco, recientemente me he enterado de la existencia de una sociedad que reune a una serie de magnates de todas las esferas con peso en las decisiones que mueven el mundo: Kissinger, Rokefeler. el gerente de Acciona, Rato, el FMI, el gobernador del banco europeo y de la reserva, algún militar, reinas, el lobing judío... Tienen la cara dura de decir que se reúnen simplemente para intercambiar opiniones y propuestas. Claro que detrás tienen un equipo de hábiles fontaneros que organizan y operativizan esos "intercambios". Y aquí llegamos al culmen de mi perpel¡jidad. En esos círculos y en esos mercados es donde se toman las decisiones sobre nuestra vidas y las del planeta, pero nadie los ha elegido democráticamente para hagan esas funciones. ¿Qué pintan entonces los gobiernos, los parlamentos que son los elegidos legalmente? ¿A qué va a quedar reducida su función real? ¿Contra quién vamos a hacer la huelgas y las manifestaciones? ¿Cómo nos van a defender los sindicatos de alguien que está a años luz de su alcance? Creo que todos esos "señores de los poderes fácticos" se están divirtiendo de lo lindo con nuestras peleas caseras y, al final, ellos decidirán quién es el más aplicado para dejarle hacer los deberes.



Y aquí es donde vuelvo al título: estamos yendo para atrás como el cangrejo. La medidas que se están exigiendo vienen a ser, a mi parecer, como si quisieran que se volviera a las condiciones sociales y laborales del siglo XIX. No han inventado nada, se quitan los derechos adquiridos, se abarata la mano de obra y se impone el despido libre, claro, todo ello debidamente maquillado y con literatura del siglo XXI. Toda esta movida me parece una maniobra restauracionista de alcance planetario. En el siglo XX nos creímos que haciendole unos apañitos al sistema podría ser aceptable y lo de la revolución quedó en el baúl de los abuelos. Pero el capitalismo no ha desaparecido, impone de nuevo su lógica y es implacable. Sólo que ahora va a producir más daño y va a hundir más en la miseria a los pueblos deprimidos.



No sé si tengo razón o no, pero es cómo me siento. Alguien tendrá que poner en marcha algo que cambie, o al menos que frene, el signo del cangrejo. A estas alturas ya no me ofrecen credibilidad los movimientos políticos y, a duras penas, los sindicales. Lo malo es que ya no sé a dónde mirar, y ésta es la peor de mis perplejidades.

sábado, 12 de junio de 2010

¡Qué pena!



Ayer decidí coger el bus para bajar a Lutxana, obligado por la lluvia y por el despiste de haberme olvidado el paraguas. Me encontré en la parada con T, una chica que tuvimos en mi primera etapa de educador en el hogar municipal, que iba a coger el mismo bus que yo. Comentamos algo sobre su hija a la que me había encontrado un día en el Ayuntamiento cuando los de su clase hacían la visita del programa Ezagutu Barakaldo. Como era costumbre suya, no callaba e iba pasando de un tema a otro, tratando sobre todo aquellos que sabe que quieres escuchar. Siempre fue una artista en esa especialidad. De pronto se puso a explicarme las últimas horas de vida de su madre R con la misma naturalidad con que podría haberme contado los recados que había hecho a lo largo de la mañana. Me quedé de piedra porque resulta que aquello fue en octubre pasado y yo no me había enterado. Parece ser que en el funeral estuvieron ella, otro hermano y la asistente social. Me quedó la impresión de que ni siquiera el menor, que vive fuera, había estado.



No me he podido quitar de la cabeza en todo el día la imagen de R, cuando me la encontré por última vez hará dos años. Ya habían pasado quince minutos de las tres, se me había hecho tarde en el trabajo. Crucé de prisa la Herriko Plaza azuzado por el agujero negro que a esas horas se forma en el estómago.
- Adiós, abuelo. Ya no saludas.
Esa voz temblona me resultaba familiar. Hacía ya más de veinte años que no me llamaban por ese mote, luego tenía que ser alguien relacionado con el hogar de acogida donde me estrené como educador social. Me lo habían puesto los críos porque era el mayor en edad del equipo y llevaba barba. Me paré al comprobar que era R. la madre de los D, dos chicas y dos chicos que pasaron en años consecutivos por el hogar municipal.



Como siempre, R seguía aparentando más años de los que tiene en realidad, tanto por su pelo desaliñado y por su vestimenta raída como por las arrugas y las ojeras que la mala vida le había ido grabando en su cara. Al acercarme para saludarla se me coló directo al estómago, como una chispa, ese olor ácido que desprende la ropa impregnada de sudor mezclado con una bocanada de aliento de garrafa. Tuve que tragar saliva y disimular el impacto recibido pero me sobrepuse y tuve el valor de estamparle dos besos.



La buena de R dio en casarse con un forajido que, después de hacerle cuatro hijos, la dejó viuda porque acabó sus días en un ajuste de cuentas por un tema de drogas. Se le vino el mundo encima y su mente no le dio para sacarlos adelante ella sola, así que los niños fueron desfilando por el hogar y ella vivió siempre dependiendo de los servicios sociales. Cuando se vio sola, siguió frecuentando las amistades de su difunto marido que, lejos de ayudarla, la hundieron más en el alcohol y se bebieron con ella las ayudas sociales que recibía.



Aquella aparición casi fantasmagórica, me dejó una tremenda desazón para el resto del camino hasta mi casa. Caminé más de prisa de lo habitual como pretendiendo arrancarme aquel latigazo ácido del olor de R que se había quedado clavado en mi pituitaria como una lapa. A través de ese breve encuentro con la madre de los D, acababa de recibir un patético certificado de fracaso: aquella ropa ajada, el temblor de las manos, el pelo grasiento, el titubeo al hablar, la mirada perdida, el aliento apestando a alcohol y medio abandonada por los hijos, aunque alguno de ellos ha estado buitreándola hasta el final. Claro que el problema de R era algo más que los años que le habían caído encima. Era aquel remolino sin control que se había tragado el cuidado de gente comprometida y los recursos públicos que recibió hasta el final. De todos modos, lo que más me ha dolido es no haberme podido despedir de ella.

martes, 8 de junio de 2010

Esto ya va en serio




Fue en la capilla de la Santa y Real Casa de la Misericordia de Bilbao, una audición rutinaria del repertorio de este curso pero se nota que ya va en serio. Suena el Concertino para flauta y piano de Cecille Chaminade, una pieza que Irene aprecia especialmente porque su autora tuvo que camuflar su condición femenina para poder presentarse a un concurso de composición que, por supuesto, ganó con esta joya musical.

A disfrutarla.


lunes, 7 de junio de 2010

Nunca se sabe

W es de esos chicos sudamericanos que se traen sus mamás después de haberlos dejado en su país tres o cuatro años mientras se sitúan aquí. Ella ya había conseguido regentar un pequeño bar de barrio y tenía una nueva pareja. Conocí a W cuando comenzó a dar absentismo. Recuerdo que el educador de su instituto estuvo encima de él pero no había manera de que acabara un semana completa. Al parecer su madre se iba pronto al bar y él no se levantaba porque no quedaba nadie en la casa que le arrastrara de la cama. Hablamos varias veces con la madre y ella nos aseguraba que le llamaba insistentemente por las mañanas y que no podía hacer más. Llegamos a firmar acuerdos y a revisarlos semanalmente pero todos los propósitos duraban un par de días. Cuando aplicamos el protocolo de absentismo se asustó un poquito y el propósito le durá apenas un mes. Claro que a su madre el tema de las denuncias la dejó a punto de infarto.




Los responsables del instituto le derivaron a un programa complementario a otro centro cuando cumplió 14 años porque ya no sabían qué hacer con él. Los días en que asistía a clase no se dignaba ni a sacar el bolígrafo. El nuevo centro le caía más cerca de su domicilio y, en un principio, parecía que se empezaba a normalizar su asistencia y su actitud, pero también resultó ser un fuego de artificio. Después de mil entrevistas, avisos y compromisos incumplidos acabó desescolarizado. Al parecer se lo llevaron otra vez a su país con la familia de su madre pero no lo aguantaron y lo mandaron de vuelta, o mejor, la abuela se vino con él. Intentaron que se fuera con su padre, a ver si a éste le hacía más caso, pero el susodicho lo tuvo algún tiempo en verano y lo remitió de inmediato. Así que al segundo curso del nuevo programa acabó desescolarizado y no dábamos con él ni yendo a buscarle a su casa. Antes se sabía que cuando no iba a clase se quedaba en casa durmiendo o viendo la tele, pero, llegados a este punto comenzamos a sorprenderle callejeando con ciertos cabecillas latinos de segunda fila.



A todo esto, aparece una nueva pareja de la madre por lo que ésta deja el bar y pasa temporadas fuera de casa siendo la abuela la responsable de cuidarle. No sabemos cómo y después de haber hablado con él y con su familia en varias ocasiones, aparece matriculado en el CIP. A poco de entrar ya nos enteramos de que andaba metido en asuntos poco legales y en ajustes de cuentas. De nuevo comienza a faltar y tras darle los avisos de rigor se le da de baja por extralimitarse en sus comportamientos y en su absentismo. Como es lógico, detrás de todo esto estaban sus "actividades extraescolares" que en menos de un año le llevaron a la fiscalía de menores y a estar internado en un centro de reforma. No hay cosa que más me fastidie que acertar como en estas ocasiones en que le dices al chaval dónde puede acabar y, en efecto, acaba allí o más abajo. Al curso siguiente se matriculó de nuevo en el CIP, pero esta vez por mandato del juez. Sus profesores se lo pusieron muy crudito y muy clarito. En cuanto hacía un intento de volver a las andadas se avisaba al seguimiento judicial, le caía la sanción correspondiente y una buena brasa de charlas. Pasado el primer trimestre hemos comenzado a ver otra persona en actitud, en responsabilidad y en participación, hasta forma parte de un comité de alumnos y, hoy es el día, en que le han encomendado presentaciones en las jornadas de puertas abiertas.



El tutor de W me ha enseñado una redacción ilegible por sus faltas, pero que vale un potosí, en la que el chaval confiesa su falta de cabeza por todo lo que ha hecho, más lo que ha dejado de hacer, y manifiesta que tiene muy claro por dónde tiene que ir en adelante. Si a esto añadimos que el tutor no se lo había pedido se puede imaginar uno que a éste no cabía en la camisa de gozo. Claro que a W le va a costar mucho recuperar todas sus carencias en conocimientos y ese agujero formativo le va a pasar más de una factura desagradable en la vida, pero al menos ha roto una trayectoria peligrosa y se ha concedido la posibilidad de buscarse un futuro. Esperemos que el próximo curso le ayude a madurar y no vuelva a las andadas cuando abandone el CIP. Yo también estoy contento y celebro en mi interior este cambio y todas las horas que supuestamente habíamos perdido por seguir tras él. Ahora W no me rehuye como antes cuando nos encontramos, me saluda y me cuenta lo que está haciendo.



Me tengo que sacar la espinita con un par de conclusiones. La primera es que eso de la reagrupación familiar en los inmigrantes es un invento perverso que hace polvo a la mayor parte de los menores que la padecen, sobrepasa a las familias y a los centros escolares y nos va a llenar las calles de adolescentes desmotivados y pandilleros. Al tiempo. La segunda es que me quedo con las ganas de pasar la susodicha redacción por las narices de todos aquellos tutores y profesores que se conformaron con dictaminar que con W no había nada que hacer. Entre ellos abundaban los que me miraban con cara de lástima por perder el tiempo en causas perdidas como ésta y no faltaron los que lo hacían con desdeño por molestarles con un tema así. Nunca hay que dar nada por perdido hasta que no lo esté de verdad y es muy difícil saber cuándo no quedan posibilidades. En este caso ha sido necesaria la intervención de muchos desde el primer educador, hasta el juez y los profesores del CIP, y es que cuando cada agente implicado hace su tarea bien se pueden esperar resultados positivos.

jueves, 15 de abril de 2010

PRIETAS LAS FILAS


Por fin hemos conseguido normalizar el funcionamiento de nuestro ordenador y después de las vacaciones me siento de nuevo ante este blog ¡Ya era hora! Y, como no podía ser de otra manera, hay un tema en cartelera que es ineludible, sobre todo para aquellos que no conocimos a un familiar ni sabemos en qué cuneta le dieron el tiro final. Dentro del lío que se ha formado no voy a entrar en defender al famoso juez, porque pienso que él sabrá defenderse como nadie, ni voy a denostar contra el tribunal supremo o quien demonios lleve esta pantomima. Lo que alarma es que quien ha movido todo esto es la falange y sus adláteres. Resulta que no están muertos ni enterrados en el valle de los caídos.






Esto ha sido un paso al frente "impasible el ademán". Hasta ahora solamente aparecían en manifestaciones contra el gobierno con las águilas imperiales en sus banderas preconstitucionales y sus rancias consignas reaccionarias. Pero alguien intentó desenterrar sus miserias y han saltado a la yugular del osado como víboras. De todos modos lo que ya pasa de preocupante es la actitud y las posturas del PP cuando sale a la palestra algún tema relacionado con el pasado franquista: la ley de la memoria histórica, la actitud beligerante en este mismo conflicto, las declaraciones y las actitudes desafiantes y chulescas de su sector reaccionario... ¿No es un partido democrático?¿Han hecho la transición a la democracia todos sus cargos, simpatizantes y afiliados? La misma pregunta me hago con el sistema judicial ¿Quedan aún jueces de aquellos ante los que teníamos que presentarnos cada 15 días por el delito de exigir libertad sindical o similares? Algunas sentencias referentes a homosexuales, aborto, violencia de género y este mismo fiasco están destapando el tarro de las esencias y nos va llegando un cierto tufillo rancio desde determinados ámbitos de la adjudicatura que aún están inmóviles en el bunker. ¿Alguien había dado por sentado que lo de las dos Españas había pasado a la historia? Ingenuo!!

domingo, 7 de marzo de 2010

AFILAN LOS DIENTES


Todos hemos visto en los documentales de la tele a los felinos de la sabana africana acechar a las manadas de antílopes o de ñus. Se van acercando a la manada y en el momento menos pensado saltan y entonces se produce una estampida. Claro siempre caen en sus garras los elementos más débiles o los menores que aún no han desarrollado suficientemente su capacidad de correr o de saltar. También se encargan esos gatitos de cargarse a cualquier pieza apetecible que se haya despistado y ande pastando o bebiendo agua en solitario. Muy lejos del Serengheti nos las tenemos que ver con otro tipo de predadores bastante más peligrosos. Hace unos días un guepardo impetuoso saltó queriéndo hincar el diente en los más menores de la plebe. El señor secretario de la CEOE nos ha querido vender un generoso plan de contratos laborales para jóvenes con unas condiciones draconianas que hacen buenas las que tenían los metalúrgicos de nuestro pueblo al final del XIX.



Ante semejante salida se ha producido una estampida de declaraciones en contra por parte de los sindicatos, del gobierno, de la prensa... Total que ha tenido que salir a la palestra el acreditado señor presidente de la citada organización benefactora. Nos ha tanquilizado asegurando que lo que dijo su secretario no era sino un decir, claro, cómo iban a proponer eso. Solamente se trataba de ir lanzando ideas para facilitar el acceso de los jóvenes en el mercado laboral. Entonces se me ha ocurrido que este tipo de predadores es más peligroso. Se me asemeja el señor presidente a un taimado cocodrilo que espera quieto camuflado bajo el agua a la presa. En estos días salen a prácticas en empresa los chicos del CIP. Nosotros les hemos preparado, les hemos animado... y a saber cuántos caimanes les van a estar esperando con los dientes afilados, proclamándose bienhechores por promocionar trabajo para los jóvenes.

sábado, 27 de febrero de 2010

¿HASTA CUANDO?

En su primera columna de febrero Boff nos trae el recuerdo de Auschwitz, por aquello del 65 aniversario de su liberación. Ante la pregunta que muchos se hicieron despues de descubrir su horror "¿Cómo pensar a Dios después de Auschwitz?" el replica haciendonos ver que hay otra pregunta más alarmante "¿Cómo pensar al hombre después de Auschwitz? O lo que es lo mismo ¿Cuánto de inhumanidad cabe dentro de la humanidad?" Por desgracia hemos seguido teniendo muestras de esa inhumanidad sin fondo después de aquella vergüenza. Puestos a enumerar, podríamos recordar genocidios como el de los kurdos, el de los bosnios, el del pueblo palestino, el provocado por lo gemeres rojos... También tenemos presente a los actuales fenomenos terroristas que aniquilan indiscriminadamente a quien se le ponga por delante y no respetan ni la vida de sus propios agentes, a los que inducen al suicidio. Todos ellos son productos de dictaduras, de fanatismos o de fundamentalismos de todo tipo, religioso, politico o etnico. Son hechos sangrantes de la historia y de la actualidad que nos llaman poderosamente la atención por lo repugnantes e indignantes que resultan. Pero es triste reconocer que la humanidad no se ha librado aún de esa semilla. En el lugar menos pensado se vuelve a encubar el huevo de la serpiente y cualquier día nos podemos despertar con noticias del mismo pelo.




Es fácil ver reflejada la inhumanidad en estos acontecimientos. Pero más alla del fanatismo y de su desprecio a la vida humana, nos tenemos que repetir las preguntas anteriores desde otra perspectiva: ¿ Cómo pensar a Dios desde el neoliberalismo? ¿Cómo pensar al hombre desde el colonialismo y desde el neoliberalismo? Claro que los habitantes de los países del primer mundo tenemos que hacernos esas preguntas, porque vivimos relativamente cómodos meciéndonos en sus encantos . Nos rasgamos las vestiduras ante las masacres de los nazis, pero no podemos perder de vista que fueron muchos más los muertos provocados por el colonialismo. Gracias a esa explotación, los paises europeos, dechados de democracia, fundamentaron su primacía y pusieron las bases para su desarrollo actual. Es fácil creerse que los únicos inhumanos son los que derraman sangre sin razón. Pero hay otra manera más sutil de masacrar que es más difícil detectar porque no la tenemos delante ni nos la ponen habitualmente en los informativos. La inhumanidad cruel e implacable del neoliberalismo está permitiendo morir de hambre y de pandemias a paises y a continentes enteros. Y, por si esto fuera poco, ahora pretende remediar las consecuencias de sus devaneos y de sus desfalcos a costa de que los mismos pasen más hambre y más penurias. Al final los cuerpos macilentos de las hambrunas tienen una expresión similar a los que se encontraron los aliados al entrar en Auschwitz y sus rostros transmiten la misma denuncia a la inhumanidad y a la injusticia establecida.





No nos podemos conformar con que los responsables de todo esto miren a otra parte como si el asunto no les incumbiera. Es muy cómodo montar grandes convenciones y hacer planes globales contra la pobreza - que a la postre se quedarán en papel mojado- para justificar su inoperancia o para disimular su falta de interés. Luego nunca faltan quienes convierten la miseria en un macro espectaculo para conmover a la ciudadania y quedar como salvadores, pero sólo les interesa salir en la foto. De alguna manera no debemos quedarnos pasivos ante esto, porque, de lo contrario, no seremos capaces de resolver esas preguntas con lo que, si somos mínimamente honrados, nos costaría mucho mirarnos en el espejo sin sentir vergüenza propia.