domingo, 27 de febrero de 2022

Pretérito imperfecto


Andaba, subía, cantaba, organizaba, levantaba, hablaba, luchaba, enseñaba, asistía... y así unos cuantos abas o ías más que poco a poco se van destiñendo hasta que ya se van quedando como meros recuerdos.  Puede que cuando menos se lo espere uno también se le empiece a desgastar esa tecla y vaya perdiendo la memoria. Y es que ahora uno entra de lleno en aquello de que se olvida de lo que le acaban de pedir y, al rato, desempolva un rincón de la infancia o de vidas anteriores que le sorprenden porque los daba por enterrados. 

Por otra parte, nos inculcan desde todos los medios e instancias públicas que los mayores nos mantengamos activos. Uno intenta mantenerse en forma y parece que lo consigue: estás hecho un chaval, estás como antes, no pasa el tiempo por ti... Esto, que parece un cumplido, cuando no un alago, resulta tener su cara oculta. Lo que parece servir para que uno mejore su autoestima, se puede volver en su contra de la manera más sutil. Como a uno se le ve tan bien por fuera, se considera que va igual por dentro. O sea que los pretéritos imperfectos no son tales, son presentes y, por tanto, representan lo se espera de uno. 


Como en los coches, el buen estado de chapa y pintura no presupone el funcionamiento correcto del motor o de la batería. Lo bueno del coche es que las piezas que se desgastan o se estropean se pueden cambiar por otras nuevas, pero uno ya tiene claro que las suyas no tienen repuestos. A lo sumo, se tiene que ir tirando a base de reforzar lo que le queda de bueno: refuerza los músculos, estira los lumbares... Otros parches son más difíciles de cubrir: se borran nombres, te quedas en blanco, te va temblando más todo, pierdes de vista lo que te rodea, no te enteras... 

Y entonces viene cuando la matan: no hay quien te entienda, te estás haciendo vago, no pones empeño, no me digas que no puedes, no tengas tanto cuento, lo que pasa es que no pones atención, por qué no te lo apuntas... Y por si fuera poco lo que uno lleva encima al hacerse consciente de los frentes que se le abren en sus limitaciones, le van poniendo puntillas de esas que no solo duelen, si no que además desarman. Así que uno se encuentra con una gimnasia más a practicar para no acabar con una depre de camello: no hacer caso a los cantos de sirena, pero no darse por vencido hasta que esto se acabe o hasta que le tengan que llevar a uno en silla de ruedas.

jueves, 24 de febrero de 2022

23F


 ¿Dónde estabas tú el 23 F? Este año me he vuelto a hacer esa pregunta para recordar aquel lío absurdo que nos montaron algunos militares que no aceptaban verse fuera del pedestal en el que estaban colocados después de la guerra civil. No sé si algún día sabremos toda la verdad de los entresijos que urdieron aquella movida. Sobre todo después de comprobar las últimas muestras de desfachatez del que consideramos el salvador del golpe. El caso es que hoy nos encontramos algo tan absurdo y tan desfasado como que un autócrata megalómano  se quiere comer un país vecino por no sé qué de la Madre Rusia. El último que comenzó haciendo algo así fue un dictador que por aquello de la raza aria superior acabó destrozando Europa. O sea, que este aperitivo de guerra mundial me ha despertado la memoria de aquella bufonada que nos trajo de coronilla un día entero.

Por aquel entonces yo participaba en una de las fanfarrias de las fiestas de Bilbao, en Txomin Barullo. Se nos había propuesto preparar los carnavales con una serie de canciones y temas nuevos revindicando algún no sé qué, bajo el lema "Euskadi jazz y libertazz". Estábamos en una  lonja de un edificio de oficinas y almacenes de la calle Gordóniz ensayando. Yo tocaba -más bien metía ruido- el trombón de varas. El trombonista de verdad era un alemán, profesor del colegio alemán, que colaboraba en grupos de jazz. El caso es que llegó media hora tarde y, según desenfundaba el instrumento, contó en alto que había escuchado en la radio, según venía en el coche, que los militares habían entrado en el congreso. Lo dijo en plan de guasa, pero lo que no se esperaba fue la reacción del personal, que, a la consigna "que nadie duerma en su casa", desalojó el local en tiempo record sin decir ni adiós.


Aquella comparsa era un nido de rojos que se habían batido el cobre en la clandestinidad. Un buen número habíamos pasado por los calabozos de la comisaría central de Gordoniz y algunos de los más históricos habían pasado por las manos de "Mariflor", que era el mote de uno de los torturadores de Bilbao, luego muy bien visto por Barrionuevo y compañía. Después de aquello tuvimos que seguir improvisando en los carnavales, como era habitual, porque de los ensayos nada más se supo. 

Yo estaba fichado en los registros de la "policía social", pero no me iba a presentar en casa de mi madre así de golpe. Cuando llegué a casa me encontré que habían venido a cenar unos invitados de los que yo ya me había olvidado. Teníamos la radio puesta, pero ellos no callaban. No recuerdo qué querían, solo que le echaban mucho calor al asunto y no se daban cuenta de que mis compañeros y yo estábamos pendientes de la radio y no les estábamos haciendo ni caso, solamente respondíamos con monosílabos. Tiempo atrás sé que el mayor de los dos dijo que Tejero había hecho más por España que los gobiernos democráticos. Tela marinera, ya nos podemos imaginar a quién habrá votado ese buen señor, del que no me consta su defunción aunque hace años que nos sé nada de él. Me ha dado por pensar que igual él y los suyos echan de menos a Tejero y a su tropa en versión siglo XXI.

miércoles, 16 de febrero de 2022

¿Vuelven los comuneros?

 


Llevo bastante tiempo no queriendo comentar nada sobre asuntos políticos por el hartazgo y la repugnancia que me producen, pero, ante el poco edificante espectáculo de las elecciones anticipadas en Castilla y León, no me he podido resistir. De alguna manera, lo que se decida en adelante también nos afectará, dado que nuestra segunda vivienda está situada en una pequeña localidad de dicha comunidad autónoma, aunque esté en una esquinita del norte, muy lejos de los grandes centros de decisión y perdida de la mano de Dios sin acceso a wify y con escasa cobertura. O sea, forma parte de aquello de la España vaciada, aunque nuestra presencia y la de otros veraneantes palíe un poquitín el abandono de aquellos lares.

El cuadro resumen final se dio en las intervenciones de los candidatos en la noche de las votaciones. El supuestamente ganador, al que no le arriendo la ganancia, tenía una cara de "qué hago yo ahora con todo esto" y no hacía más que repetir los tópicos que se suelen soltar cuando no se tiene nada que decir. El principal perdedor nos lloró ante el micrófono y, al menos, fue sincero: que venga otro u otra que yo no he podido. Un tanto edificante por su parte, teniendo en cuenta lo proclives que son la mayoría de los políticos a aferrarse al sillón, caiga quien caiga. Los de Vox ya se ven en el gobierno y no se cortan un pelo en poner sus condiciones. Parece ser que su programa para la mejora de los agricultores, ganaderos... consiste en suprimir las autonomías y eliminar las leyes de la izquierda: echar a los moros, ahorrarse la memoria histórica, volver a meter en el armario a los homosexuales  y tipos de esa calaña, cargarse los programas de igualdad de género o de violencia contra las mujeres... O sea que resucitan a D. Pelayo, al Cid campeador, a los reyes católicos y al estado de los caciques que propició su excelencia. A saber los dimes y diretes, las diatribas, los insultos o calumnias que nos quedará por aguantar, mientras los presupuestos podrán quedarse en el aire y no se saque nada o muy poco productivo para el personal en el parlamento autonómico.


Lo mejor de la noche para mí fue la presencia de "comunes", de las candidaturas de a pie, del basta ya de tenernos en el olvido y de tratarnos como si fuéramos tontos. Estas candidaturas cívicas podrían utilizar el lema de los jubilados "soy soriano, pero no soy idiota". Han sido un puñetazo en la mesa al estilo de Teruel, que espero sirva para que algo se mueva en favor de los "vaciados". No les va a quedar otra que ser como aquellos comuneros que se enfrentaron al poder del emperador. En este caso también son David contra el Goliat de un partido que lleva treintaicinco años mangoneando y teniéndoles abandonados  y, por si fuera poco, a partir de ahora apoyados por unos energúmenos políticos que no atienden a razones. Estos comuneros sí pueden contar con la fuerza de las razones y de las reclamaciones de la gente de a pie, aunque se tengan que conformar con el papel de Pepito Grillo para denunciar en público la desidia y la hipocresía de los mandatarios y airear así sus vergüenzas. Van a necesitar también dotarse de un escudo a prueba de chantages y ninguneos para defenderse de los intentos de ser fagocitados o de ser anulados. Salud, buen hacer y suerte para leoneses, abulenses y sorianos.

jueves, 6 de enero de 2022

Mi regalo de Reyes


No me iba a imaginar yo que a estas alturas de mi vida me iba a encontrar una mañana de Reyes con tantas sorpresas. Resulta que María y yo habíamos convenido en tener algún detallito para esta fecha, ya que hacía mucho tiempo que no nos mimábamos en este tema de los regalos. En Navidad nos habíamos hecho un regalo común cambiando la estufa de leña del txoko de Quintanilla por una de pelles y ahora tocaba lo personal. La mañana ha comenzado bien, con un roscón que ha resultado ser de los más jugosos que recuerdo haber comido, porque hace años dejamos de consumir roscones y éste año hemos caído en la tentación. 

Luego hemos hecho el típico intercambio de detalles que ha resultado a ser precioso. Para María había puesto yo una caja de tamaño notable y ella me estaba mostrando un sobrecito pequeño y fino. O sea, el volumen era inversamente proporcional al tamaño de ambos. En el sobre venían los carnés de amigos del Guggenheim, todo un regalazo. Yo esperaba un libro, que es lo que nunca falla para acertar conmigo, pero resulta que ella había cogido mi móvil y me había descargado uno, mientras el que estaba en papel venía de camino, porque ya se sabe que el tráfico de regalos está muy cargado en estas fechas, y resulta que eran del autor que yo quería buscar. 

Cuando ha llegado el turno de María hemos abierto la caja y me he llevado un susto porque ha aparecido un bulto rígido con un aspecto duro e informe. Resulta que era una bolsa de esas que se le saca el aire con la aspiradora y se comprime la tela para reducir el bulto. A decir verdad, no tenía ni idea de la existencia de ese artilugio. De él ha salido la bata manta para  el sofá que tanto añoraba ella. Nos ha costado hacernos a la idea de cómo se ponía, pero tras la prueba en el sofá ha quedado encantada. Luego hemos comprobado que cabemos los dos en ella para mayor regocijo.

Sin embargo, lo mejor de los regalos no han sido los regalos mismos. Ha sido el paje de sus majestades que ha estado colaborando con ambos para que todo estuviese a tiempo: Irene. Me preguntó qué quería regalar yo. Cuando le dije que una bata manta me indicó que mirara en Primark, pero no la encontré. También pregunté en un par de chinos y me dijeron que no, entonces se puso en marcha y consiguió, tras mucho trastear en internet, que la víspera llegase el envío. Lo que no sabía yo era que Irene también había hecho de paje de María: se había conchabado para lo del museo y me había sonsacado qué autor era el que yo estaba buscando, a la vez que conseguía descargar uno de sus libros. Ha sido una mañana de sorpresas y hemos acabado los tres contentos riéndonos por semejante movida.


Este es el belén que ha presidido nuestras navidades. Es una creación de María. Lo ha montado con cajas de fruta cogidas en los montones que dejan junto a los contenedores. Para mí ha tenido una carga emotiva importante. Me ha hecho ver que, en realidad, resulta que Jesús en Belén podría ser el patrono de los sin techo, porque tuvieron que apañarse con lo que encontraron. También ha querido ser un ejemplo más de que todo lo que se tira puede servir para algo. Un buen cierre para estas navidades en estado de preocupación.

sábado, 25 de diciembre de 2021

La mosca y la abeja


Mi suegra solía echarme en cara que yo siempre veía la media botella llena, mientras ella solo tenía ojos para la mitad vacía. Creo que esta cuestión entra dentro de las entretelas de los diversos caracteres, historias y tendencias que vienen grabados en el genoma humano. Hace unos días asistí a una video conferencia de la Fundación Vicente Ferrer. Uno de los ponentes citó una fábula que yo no conocía y que me pareció clarividente, como es natural en las fábulas. Ésta me ha dado pie para hacer una de esas reflexiones que sobreabundan por estas fechas. Se trata de que una mosca y una abeja se hacen amigas y se van a dar una vuelta por el mundo. Al terminar se despiden y la mosca le dice a la abeja ¿has visto la cantidad de mierda que hay? A lo que la abeja respondió entusiasmada que ella había visto muchas flores. Mejor expresado, imposible. Cada cual miramos al mundo y actuamos en él según nuestra carga genética, contando también con la mochila 
que se nos ha ido cargando de las
 experiencias tenidas a lo largo y ancho de nuestra historia y, cómo no, con nuestros intereses particulares, ideología y objetivos personales. Según esto, estamos predispuestos a ver el mundo y la vida del color de nuestro cristal, según nos aleccionaba un viejo refrán.

Es un mal común el dar más importancia y relieve informativo a las noticias negativas o con más carga de morbo o a las catástrofes, que a las positivas. Como si éstas fueran de por sí lo que tiene que ser o suceder, por lo que suelen pasar desapercibidas o reducidas a un pequeño entorno. En mis anteriores entradas he estado hablando de la corrupción y de la impunidad de los imputados o de la facilidad de los mismos para escurrir el bulto. También tengo que reconocer que hay otros políticos, jueces o representantes de instituciones que trabajan con honestidad y responsabilidad. En otra entrada felicité a Otegi por el paso que había dado y ha resultado que en ese mundo se ha dado otro paso importante. Me refiero al comunicado del colectivo de presos de ETA en el que renunciaban a los recibimientos públicos. Desde la otra parte el gobierno vasco ha ofrecido un reconocimiento público a las familias de víctimas, de ambos bandos, cuyos asesinatos están aún si esclarecer. Todos los pasos que se den para normalizar la convivencia son más importantes que el ruido de los que quieren seguir ganando votos a costa de revivir el pasado.

Resaltan más las babosadas que suelta con su habitual desparpajo la presidenta de Madrid despreciando a sus sanitarios, cuando tiene la sanidad pública desatendida, que la labor callada de esos y otros muchos sanitarios de todas las escalas y especialidades que nos han estado sacando de todas las olas de la pandemia y que ahora pueden encontrarse al borde del agotamiento con la que se nos está echando encima. Se airea más las actuaciones irresponsables y las protestas caprichosas de los colectivos negacionistas ante las decisiones duras que se deben adoptar para frenar la expansión del virus, que la labor de los que colaboran en facilitar la vida a las personas que pueden quedar bloqueadas o indefensas en medio de los problemas que agrava la pandemia.


Lo que más se escucha en lo que se refiere a la iglesia católica es el tema de los abusos sexuales. Cierto que hay que seguir dando palos sin cesar en el tema. Sin embargo hay una iglesia católica volcada en la acogida de inmigrantes, en la atención de los más desfavorecidos, en la promoción de los países del tercer mundo, a través de comunidades y de un numeroso ejército de voluntarios. Esta iglesia está ignorada, cuando no resulta invisible para una gran parte de la población. Una vez más se hace de mosca sin ver las flores de la abeja. 

Lo mismo puede suceder con la gran cantidad de ONGs y asociaciones humanitarias empeñadas en que nadie se quede fuera, que vienen a formar un tejido solidario sin el que este mundo sería aún más inhumano. Son noticias los desastres humanitarios, los efectos crueles del sistema que nos tiene apresados, las colas del hambre, los muertos en el mar... Muchas veces, más que la noticia en sí, lo que más se tiene en cuenta los guirigáis que se montan los políticos o los mandatarios que, mientras  las más de las veces miran para otra parte, solo usan esos problemas para tirar los trastos a la cabeza del contrario. Sin embargo queda silenciado que en todas esas desgracias, que son los resultados de la mierda que desecha el sistema de este mundo, están esas flores intentando evitar lo inevitable y salvando vidas. 


Lamentablemente solo pueden aflorar a la primera fila informativa en fechas como éstas, para sacar un poco de dinero intentando tocar nuestra fibra sensible y así arrascar nuestro bolsillo: programas televisivos, calendarios, ferias solidarias... Para mí lo más importante es que, además de aportar algo económicamente, tengamos presente que están ahí permanentemente dándolo todo y más. En mi experiencia debo decir que libar en esas flores, participando en su acción y sintiendo su espíritu, es lo más enriquecedor que se pude encontrar uno a estas alturas de la vida. Esta entrada va por todas ellas. 

jueves, 16 de diciembre de 2021

La náusea pública


La clase política nos está sometiendo a una pandemia de cinismo, de irresponsabilidad y de desfachatez que nos está haciendo pasar por un estado permanente de náusea a los que solemos estar
, más o menos, al día en lo que se refiere a la "res publica". Es difícil sobrevivir a espectáculos como los que nos están ofreciendo en estas fechas, quizás habrá que inventar una UCI especial para ciudadanos afectados. Una señora que ha sido presidenta de una comunidad autónoma y secretaria de un partido como el PP se presenta en el parlamento con cara de palo y suelta de entrada que no va a contestar a ninguna pregunta, como que aquello no va con ella. Por si esto fuera poco el expresidente del gobierno M. Rajoy, niega la realidad y los dictados judiciales sobre su partido y sobre sus responsabilidades. Ha soltado una sarta de mentiras con una rotundidad impresionante y no se ha cortado un pelo en increpar a sus señorías porque le estaban haciendo preguntas que no le gustaban o en tomarse a cachondeo lo que le decían. 


El señor Espinosa de los Monteros tiene un pufo de sesentaipicomil euros y ha sido condenado por el supremo, pero resulta que eso no le va a afectar a su escaño, como le pasó al diputado Rodríguez por tener una multa de 540€. Claro, es que  éste lleva rastas y es de Podemos, y aquí también hay clases como debe ser. Por eso Espinosa de los Monteros puede seguir soltando soflamas insultantes a diestro y siniestro. Juan Carlos I va allanando su escapada para no tener que rendir cuentas de sus bochornosos manejos económicos y de todo lo que se ha lustrado a cuenta de los españoles. Que si los delitos han prescritos, que no hay pruebas fehacientes, que tenía el derecho a la inviolabilidad... O sea que en la transición firmamos, como unos pardillos, un derecho de pernada económica para este señor que no nos  podíamos imaginar. Tampoco es que entonces tuviéramos ninguna otra posibilidad, así que le ha sacado un buen jugo a su condición de heredero de su excelencia, que nos lo dejó bien plantado.

Todo esto, aparte de lo repugnante que nos pueda parecer, desprestigia dos instituciones fundamentales del estado: el parlamento y la supuesta independencia judicial. Las comparecencias del parlamento se están reduciendo a montajes circenses, que solo sirven para dar pábulo a la prensa y a los cotilleos cotidianos de las redes sociales. Añadamos a esto que se está convirtiendo el parlamento en una feria de parlanchines que se dedican a lanzarse diatribas, provocar disputas de taberna del peor gusto y a decir procacidades para salir en la foto. Mientras tanto, los ciudadanos de a pie, que les hemos puesto ahí, estamos pendientes de electricidad, de las becas, de la vivienda de nuestros hijos, de la nueva ola del virus, de la inflación de los precios... y de eso solo se dice algo para llamar inútil al de enfrente. 


El tema 
de la independencia judicial es ya recurrente y no deja de sorprendernos constantemente por el olor a impunidad que desprende. No sé cómo se las arreglan los peces gordos para camuflar sus chanchullos y salir de rositas de todos sus delitos. Están entrenadísimos a moverse en esos ambientes y tienen mucha mano, además de una cara de piedra. Entran y salen en tribunales con causas que se eternizan y al final consiguen que se esfumen, sobre todo contando con los jueces que ellos mismos han impuesto. Al final, esto último es lo que colma la náusea, no solo que se sientan impunes por encima de todo y libres de hacer lo que quieran, sino que acaban consiguiéndolo porque tienen todo previsto y atado. A nosotros solo nos dejan el derecho al pataleo y, encima, estar temblado porque entra dentro de lo probable que mucha gente incauta les ayude con sus votos a volver al poder.

martes, 2 de noviembre de 2021

La corrupción ya es constitucional


 Es absolutamente deprimente el espectáculo que hemos tenido que tragar a raíz de los nuevos jueces del tribunal constitucional. Un señor con negocios poco claros, con servicios y beneficios del PP, relacionado con presidentes corruptos y otras perlas más en su haber, acaba de ser nombrado integrante del tribunal constitucional. Ante las preguntas de los diputados declara que nunca ha estado afiliado a ningún partido ni va a admitir imposiciones de ninguno, por lo que se considera independiente e imparcial.  Y se queda tan pancho como quien se extraña de que le pongan en duda. Y nosotros nos tenemos que quedar con cara de pardillos y no nos queda otra que admitir que, claro, si no hay carnet de afiliado no tiene nada que ver con ese partido.

La jugada se completa con la aprobación de una jueza que había estado recusada en un juicio, sobre investigación de corrupción del PP, por su manifiesta relación y simpatía con el partido y con algunos de sus máximos dirigentes del momento que, ¡oh casualidad!, han acabado imputados. Claro, como esta señora tampoco tiene carnet del partido popular, sale Casado proclamando que, por fin, ellos han hecho las cosas bien y se ha despolitizado el constitucional, cuando se ha acaba de asegurarse la perpetuidad de una mayoría conservadora. Y nosotros nos tenemos que quedar de nuevo con cara de pardillos mirando el rostro de cemento armado de ese señor, que está esperando, como ya ha proclamado, a que se aprueben una serie de leyes para denunciarlas al constitucional de la misma.


O sea, que ahora resulta que por más que el órgano representativo de la ciudadanía apruebe algo, unos cuantos jueces son los que pueden tumbarlo por un quítate de ahí no sé qué artículo y porque se lo ha pedido ese partido al que no están afiliados. A ver qué nos hemos creído, que aquí todo vale y que podemos legislar sin su permiso, que nos podemos poner en un plan de querer cambiar todo sin ton ni son... Lo que más me deprime es que gran parte del personal no se entera o le importa una higa el tema, cuando están insultando a nuestra inteligencia con un cinismo insoportable. Ya de antiguo se sabía que el PP no invertía en contratar abogados porque tenía jueces a su servicio. Ahora ha quedado ya patente que, con toda la desfachatez del mundo, se han blindado el tribunal constitucional, y eso que ya tenían mayoría.

martes, 19 de octubre de 2021

Carta abierta a Arnaldo Otegi

Barakaldo  19 de octubre de 2021


 Muy señor mío:

    Por la presente tengo a bien comunicarle mi más sincera felicitación por las declaraciones, tanto suyas como de su formación política, en la celebración del décimo aniversario del cese de la lucha armada de ETA. Creo que ustedes no han puesto el dedo en la llaga, sino en la pomada que puede ir cerrándola. De ahí que las reacciones de medios, partidos y asociaciones hayan sido de todo menos amigables. Qué le voy a decir a usted, estoy seguro de que antes de comenzar a preparar su comunicado sería capaz de escribir las editoriales de los medios de la caverna derechosa, los comunicados de ciertos portavoces... Lógicamente si se cierra la llaga les perjudica severamente a sus intereses políticos: qué van a hacer ellos sin ETA, sin los "batasunos" tan terroristas como los otros, sin tener ese arma arrojadiza a todo lo que se mueva por la izquierda. Al menos me consuela comprobar que algunas asociaciones de víctimas han visto algo positivo en sus palabras, porque las que viven de airear y de utilizar en beneficio propio sus sufrimientos supongo que seguirán pidiendo su cabeza. Más aún, le acaban de comparar con Hitler.

La mayoría de los que no le han contestado negativamente, para no aceptar del todo sus palabras e intenciones, han recurrido a respuestas simples y manidas: a ver si hay hechos en vez de palabras, esto es insuficiente, tendrían que condenar, habría que... patatí patatá. Yo estoy convencido de que este paso ha sido de suma importancia y que hay que valorarlo como tal, como un paso que facilita los siguientes y que deja atrás lo que ya no sirve. Como buen montañero tengo muy claro que las cuestas más duras y los pasos más difíciles no suelen ser, por lo general, los que dan acceso a las cumbres. Te los puedes encontrar en cualquier tramo de la ascensión y si no eres capaz de salvarlos te tienes que volver para atrás. Quiero decirle con esto que, para mí, hay una cumbre a la que nos faltan bastantes tramos de andar -y sin prisas porque todos ellos van a exigir esfuerzo y pericia-: la normalización de la convivencia. Para conseguirla, éste paso me parece imprescindible, aunque no sea el único ni el último y definitivo.

Han llovido tergiversaciones tan repugnantes como retorcidas a su declaración. Poco menos que usted ha hecho esto para salvar los presupuestos que se avecinan, para desbancar a otras fuerzas políticas del país, para blanquearse... Personalmente creo que sus intenciones han sido claras y de ningún modo oportunistas. Del mismo modo, estoy convencido de que usted ha sido el saco de las hostias, si se me permite la expresión, porque su liderazgo iba claramente encaminado a hacer política en vez de a dar tiros. Suscribo totalmente lo que ha repetido en contadas ocasiones: que los que le han estado atacando sistemáticamente a usted y a sus compañeros, nunca han querido la paz, ni solucionar el conflicto. Como he dicho antes, vivían de ello y no estaban, ni están, dispuestos a perderlo.

Con esta carta no pretendo hacerle la pelota ni beatificarle. Yo nunca les he votado -ahora que lo digo, creo que una vez en las municipales porque iba un amigo de cuya honradez y compromiso no tenía duda alguna-. Hay algo en lo que discrepo de ustedes: el tema del independentismo. Pero ello no es óbice para que reconozca el acierto y los huevos, si se me permite la expresión, que ha tenido en esta ocasión, que aquí todos sabemos lo que cuesta conseguir una declaración de ese calibre. Es una pena que fuera no se pueda comprender. De nuevo le reitero mi felicitación y le deseo todo el acierto del mundo en su trabajo.

Atentamente

Luisfer




lunes, 18 de octubre de 2021

A vuelta con los botellones


Antes se entendía por botellón a la cuadrilla de amigos que se juntan para echar unos tragos en determinados lugares apropiados para el gusto de cada cual, con bebidas compradas, mezcladas y compartidas a morro. Al finalizar se deja el lugar hecho un muladar con los restos, las botellas e, incluso, alguna que otra vomitona. Cada vez empiezan a formar botellones más menores y, claro, necesitan algún mayor que compre la mercancía. Últimamente se han convertido en una herramienta de contestación a las restricciones impuestas por motivos de salud pública y de control de la pandemia. Algunos decían que como se cerraban discotecas, bares y locales de ocio nocturno había que hacer algo porque la diversión es una necesidad como otra cualquiera. Lógicamente las autoridades podían controlar este tipo de botellones con cierta facilidad, si es que se lo proponían. 


Sin embargo, se ha ido formando una bola de nieve de tamaño insospechado, contando con los medios más a mano de la gente joven: las redes sociales. Se convocan botellones multitudinarios en los que se mezcla la contestación social o política, la diversión de hacer algo prohibido protegidos por la masa o la oportunidad de hacer de todo sin ser identificado. En ellos se saltan todas las reglas de seguridad porque qué se han creído los que mandan, que nos asusta un bichito de mierda. Y así en poco tiempo se fueron dando botellones de más de mil personas en plan desenfrenado. A partir de ahí las diversas policías lo van teniendo cada día más difícil para disolver e identificar a los transgresores. Lo que no se esperaban los sufridos agentes era que se iba a instaurar una nueva diversión: atacarles y tirarles de todo. 
Nos queda por ver si esta moda ha venido para quedarse o se va a pasar una vez que se normalicen las restricciones y se vaya perdiendo de vista la pandemia. 


En esta ocasión insisto en la teoría que manifesté en una de mis últimas entradas. Estos hechos son una expresión más de la educación recibida en las familias, encubada en un ambiente social proclive a no poner límites a los deseos o caprichos de los menores. Así que a estas alturas del siglo XXI ya hay programas para atender a menores y a familias que están envueltas en casos de violencia parental. Dado el volumen de las demandas de atención por parte de padres y madres víctimas de las agresiones de hijos e hijas, es de suponer que los casos reales, que no salen a la luz por vergüenza o por miedo a mayores represalias, tienen que ser mucho más numerosos. En lo que estamos contemplando ahora, entre atónitos y cabreados, se puede ver la expresión de esa misma violencia vertida a la autoridad, en vez de a los padres, que se ha atrevido a no permitirles saltarse las más elementales normas de convivencia social, porque les gusta divertirse de esa manera y punto. El colmo de la desvergüenza ha sido contemplar manifestaciones de esos mismos jóvenes protestando contra la violencia policial. Manda huevos.

Me he pasado una vida trabajando con jóvenes de todo tipo, desde los estudiosos y voluntarios hasta los drogadictos, los delincuentes de poca monta o los víctimas de familias desestructuradas o sin recursos. Ahora estoy en contacto con jóvenes inmigrantes, extutelados por la Diputación después de haber llegado a la mayoría de edad. Sinceramente he de confesar que este tipo de jóvenes que están pululando en nuestra sociedad, me están produciendo una creciente sensación de rechazo, algo inédito en mi trayectoria educativa. Sin embargo, ese rechazo, además de no tranquilizarme, me está produciendo una inquietud muy desagradable, porque veo que son un caldo de cultivo ideal para políticas totalitarias y de ultraderecha y se pueden convertir en una ola que nos lleve por delante a todos los que nos hemos implicado por conseguir una sociedad basada en los valores humanos y sociales.

jueves, 14 de octubre de 2021

Otra de recuerdos

 En estos momentos estoy atascado en relación a mi segunda novela, porque no sé qué hacer con ella. Estaba decidido a editarla por mi cuenta, pero al final me he echado para atrás. Por una parte, me da miedo que sea una tontería, que qué pinto yo rodeado de escritores ilustres con grandes obras y afamados mensajes, o con mundos inventados. Yo me limito a traer en ella a personajes sencillos de a pie, que se mueven en las mismas calles que nosotros sin que nos demos cuenta o que tienen unos problemas como los nuestros o que sufren las mismas injusticias. Entonces pienso que no merece la pena, pero ya está escrita y corregida, más aún, tenía pensada una segunda parte que se ha quedado en el congelador.

He andado mal de tiempo y en verano siempre andamos de un sitio para otro, así que me he sentado poco en el ordenador. Para ponerme en marcha me he decidido escarbar de nuevo en los recuerdos de mi infancia. Acabo de editar en "Mis prosas", mi blog de relatos, los recuerdos del barrio de mi infancia y de acontecimientos o costumbres de aquellos años. "Qué bonito era mi barrio" viene a complementar lo que ya escribí en el relato de mi primera comunión. En él he rescatado la fotografía de la que hablo en ese relato anterior.