domingo, 12 de abril de 2015

El pasado siempre deja huella

Este último domingo de vacaciones ha hecho una mañana de primavera radiante. María y yo hemos aprovechado para hacer un paseo costero, por aquello de terminar de cargar pilas ya que mañana vuelve a clase. Hemos dejado el coche en el fuerte de La Galea y hemos recorrido la costa bordeando los acantilados hasta Sopelana. A la vuelta hemos bajado a la playa de Azkorri por la carretera de acceso y, tras pasear al runrún de las olas, hemos retomado el camino de vuelta, subiendo por el sendero que trepa en el acantilado del fondo. Hemos vuelto por el camino cementado y casi había que pedir permiso para pasar. Ya eran cerca de la una y el personal ya se había echado a la calle.

No es mi costumbre pero me he fijado en un par de carteles de esos explicativos que se  ponen en sitios interesantes y me he encontrado con dos informaciones que me han sorprendido. La primera se refería a los acantilados de Getxo, en cuyos pliegues se puede leer algo de la historia de la formación de la Tierra. Siempre me habían admirado pero resultan que son únicos para entender el período lecitense, del que yo no tenía noticia -ni sé si se escribe así- pero que debe ser muy importante para los entendidos del tema. Está bien tener presente que aquellos movimientos hicieron posible el que nosotros podamos vivir ahora aquí y admirar la majestuosidad de sus huellas.

La segunda es la que más me ha sorprendido. hemos venido muchas veces a la playa de Azkorri a jugar cuando Irene era pequeña y siempre me había llamado la atención esas rocas que parecían una amalgama de cantos rodados y arena. Hay trozos sueltos a merced de los golpes de las olas y hay también una gran parte de la playa asentada sobre ellas. Un pequeño cartel entre árgomas nos informó de las rocas de "arena cementada". Cuál no fue mi sorpresa al ver ese título: qué tenía que ver el cemento con la playa o si resultaba ser un símil. Pues no era un símil. Según el cartel las escorias y los lodos industriales que se vertieron, durante casi un siglo de actividad industrial incontrolada,  a poca distancia de la costa, se habían mezclado con la arena. Uno de los principales componentes de los mismos eran los carbonatos con los que se fue formando esta arena cementada.

Recuerdo perfectamente a los ganguil de AHV salir hacia Punta Galea para abrir las compuertas y soltar la porquería. En el museo marítimo han reconstruido los restos del último de ellos. Recuerdo también las "tortas" de escoria que traían lo trenes de los hornos altos e iban haciendo rellenos con ellas, robando terreno a cañaverales y dunas. Hoy me ha venido con ello a la memoria aquel dicho de mi abuelo, un viejo lobo de mar: el mar devuelve siempre lo que no es suyo. En efecto el pasado ha quedado cementado para siempre en esta zona de nuestra costa. Todo un recuerdo de algo que no se debería haber hecho nunca. Igual que el color oscuro de ellas y de parte de la arena que ha recogido los residuos de lo que sueltan los barcos para limpiar fondos. No quiero pensar lo que no es difícil que pase si el mar acaba devolviendo también otras materias más peligrosas que se han encerrado en sus fondos o los restos de las perforaciones o las porquerías y cloacas que se han vertido en él.

Creo que el pasado sigue y seguirá pasándonos facturas por mal pagadas o por las chapuzas que hayamos intentado enterrar. Esas facturas pueden ser personales, y allá cada cual con su conciencia, pero otras no tienen que ver nada con lo que hemos hecho, porque nos ha tocado pagar justos por pecadores al recibir unas herencias envenenadas, como las que nos han dejado aquí. Justo es que evitemos, en lo que esté de nuestra mano, que las próximas generaciones hereden un país tan deteriorado como el que recibimos. Según estas dos informaciones, el pasado siempre queda marcado en la tierra. Espero que nuestras huellas no queden marcadas en plástico o en materiales así.

sábado, 11 de abril de 2015

ROSA SUPERSTAR... pero menos

Estamos asistiendo atónitos a una serie de espectáculos políticos de muy baja estofa. Entre los recién llegados al ruedo electoral está habiendo de todo: codazos, traiciones, insultos... Pero la greña no solo está montada entre los componentes de las diversas formaciones, sino incluso entre los propios compañeros de barco, sean partidos o coaliciones. Hasta ahora ha habido mucha poesía teñida en tonos altruistas y purificadores, pero con las elecciones llega la hora de la prosa y, en la medida en que el tiempo corra, llegará la letra pequeña que puede que se explique con las navajas en el bolsillo. Con todo ello se les está devolviendo a los grandes partidos un pizco considerable de la tranquilidad alterada por los sondeos y se les está regalando un buen cargamento de argumentos para descalificar a los que llaman experimentos peligrosos.

En medio de este fiasco me llama la atención sobremanera contemplar cómo UPyD se está disolviendo como un terrón de azúcar en el café para todos de Ciudadanos. Después de un pulso para ver quién se quedaba con ese hipotético espacio del centrismo, parecía que Rosa había impuesto su autoridad y se seguía creyendo imbatible ante un pipiolo que se asomaba por Cataluña. Le avisaron y cortó por lo sano. Pero después de las elecciones andaluzas, en los cabezas visibles territoriales de su partido comenzó a tener más peso que su fidelidad y compromiso, aquello del refrán "cuando veas las barbas de tu vecino pelar..." Y es que en esto de la política si no hay sillón no se puede -ni se quiere, claro- hacer nada con los ideales ni con la voluntad de servicio al ciudadano, que todos proclaman.

De todos modos, no entiendo cómo una fiera política de su nivel no ha sido capaz de leer lo que cualquier ciudadano de a pie, mínimamente enterado en política, estaba viendo con claridad meridiana. Creo que en este caso ha podido más la prepotencia y el personalismo de esta mujer, que la evidencia de lo que se le venía encima -algo de esto comenté en una de las entradas más leídas de este blog en el 2008. Ella podrá argumentar que cuando el  barco hace aguas las ratas son las primeras que salen huyendo, pero, según parece, solo le va a quedar la función de ser el capitán que siga en el puente de mando hasta que se hunda del todo.

miércoles, 25 de marzo de 2015

¿INTOCABLE? sí, por favor.

Su santidad se ha presentado en las entrañas de la camorra napolitana y les ha leído el catecismo a los mafiosos, a los corruptos y, de paso, nos ha descrito el perfume generalizado de esta sociedad que componemos y que nos toca sufrir. No se han podido decir más verdades en tan poco tiempo, en el lugar más adecuado, en un lenguaje que entiende todo el mundo sin pelos en la lengua y dirigido directamente al corazón y a las entrañas de los que más están sufriendo las consecuencias de la fractura social y de los excesos del poder. Se puede decir que todo lo que dijo son obviedades y que no descubrió nada nuevo. Sin embargo, lo más importante es quién lo ha dicho alto y claro. El problema de la iglesia ya no es la ortodoxia de los teólogos, las normas de moral sexual, ni los asuntos del clero, sino que "hay gente que no puede llevar el pan a casa", hay obreros mal pagados y sin derechos, hay corruptos a los que no se les puede permitir llamarse cristianos, hay inmigrantes que mueren en el Mediterráneo... Esta es una doctrina evangélica válida para católicos, ortodoxos, musulmanes, agnósticos... Así se puede tomar uno en serio la dichosa infalibilidad del papa, que nos está llamando a arrebato para ponernos las pilas.

Si nos tomamos por un momento como válida -pero sin que sirva de precedente- la metáfora de que el obispo de Roma es el representante de Cristo en la tierra, nos estamos encontrando con dos representaciones de Dios totalmente contrapuestas. Benedicto XVI heredó de Juan Pablo II la grandiosidad de los gestos, el movimiento de masas y los candados doctrinales. Luego él lo completó con una imagen carolingia, unos discursos pulcros y de elevado contenido, unas liturgias de gran boato y hasta libros de profundidad teológica. Eso sí tuvo las agallas de retirarse cuando la podredumbre de la curia se puso irrespirable y le hizo aterrizar en el suelo, pero se sintió inútil para arreglarla. Francisco viene de Latino América, habla desde el corazón y del sentir de la gente, evita los palacios y las vestimentas pomposas, anda en zapatones, charla con los parroquianos, nos pide que le bendigamos, llama a los pederastas por su nombre, pone en su sitio a jerarcas y obispos que están dando el cante, celebra con reclusos, visita barrios chabolistas y canta las verdades desde el parlamento europeo o desde las tragedias de Lampedusa. 

Detrás de estas dos figuras no me quedo en que mira qué majo es éste o qué antipático era el otro. Hay dos maneras contrapuestas de ver a Dios. El primero nos mira desde el cielo nos impone doctrinas, nos guía para que nos salvemos si cumplimos todo lo que nos dice, aunque no entendamos sus doctrinas o nos fastidie su moral. El rige desde arriba el universo porque lo sabe todo y lo puede todo, aunque no entendamos sus divinos designios, que a veces nos sientan fatal. La segunda manera nos deja ver a Dios aquí a ras de tierra entre nosotros y dentro de nosotros, preocupado por lo nuestro, sufriendo con los que sufren y deseando vida para todos, pero respetando nuestra libertad e impulsándonos a que arreglemos los desastres y completemos su obra. Así se puede creer que la encarnación de Dios no acabó en Jesús de Nazaret, sino que se sigue haciendo aquí y ahora. 

Pero, por favor, cuídese Francisco, que menudo polvorín tiene usted debajo del sillón de Pedro. Los jerarcas de la iglesia están incómodos, la gente de las llamadas democracias cristianas garraspean y le miran de reojo y, por si fuera poco, no deja de meterse con las mafias... Ya que no nos tragamos aquello del ángel de la guarda, algo tendremos que hacer para que usted sea intocable. Santidad ¡Olé  sus huevos! 

domingo, 8 de marzo de 2015

El camino de la vida

El jueves pasado tuvimos, por fin, oportunidad Orencio y yo de retomar los paseos montañeros, como buenos jubilados que se cuidan y saben mantenerse en forma, en una mañana radiante después de tanta agua. Elegimos la subida a Peñas Blancas,463 ms de altitud, desde Alonsotegi. Es de esos sitios en que ves la cima desde la salida, o sea, que parece que la tienes ahí encima, pero que supone que el desnivel de la pendiente se las trae. Como solemos decir entre nosotros, sin piedad. Dejamos el coche al lado de la estación de Feve y tras atravesar las vías comenzamos la empinada. Hay un largo trayecto de carretera de esas que te dan más miedo bajarlas que subirlas, pero íbamos a andar, así que el coche estaba mejor abajo. 

Después de ese primer tramo, que tenía nada más un pequeño descansillo, la carretera se volvía a empinar más en serio y perdía el asfalto. En su lugar, el firme estaba formado por el típico hormigón atravesado por unas rajas transversales. Al finalizar ese tramo la carretera continuaba con piedrilla suelta, algo de barro y charcos, hasta llegar a la ermita de Santa Quiteria, un tanto abandonada, en cuyos alrededores han puesto un área recreativa bastante nueva. Nos extrañó ver que allí arriba -ya estábamos a más de 200 ms- había una serie de casas, que en su tiempo podrían haber sido de mineros, muy bien arregladas pero con aquellos accesos tan penosos. 

A partir de aquí la pista se convierte en un sendero de monte tortuoso. Nos encontramos con una grata sorpresa. Ya habíamos dejado atrás los eucaliptos y pinos y estábamos en medio de lo que suponíamos era un encinar. Estuvimos dudando sobre qué tipo de querqus sería, hasta que vimos un cartel informativo en el que se explicaba que, en efecto, eran encinas, pero que sus hojas eran más grandes de lo normal porque la encina necesita mucha luz para su desarrollo y allí no tienen tanta luz como en otros terrenos mediterráneos. También vimos madroños y roble bajo. 

Poco a poco la ladera se va poblando de rocas dispuestas desordenadamente. Luego cruzamos unas pistas en medio del roquedo que estaban hechas de piedra firme y muy bien trazadas. Eran restos de las infraestructuras mineras de principios del siglo XX. Pero había que tener cuidado de seguirlas porque te llevan a ninguna parte. Ya se empezaban a ver grandes grietas y hendiduras, medio cubiertas de vegetación. A partir de aquí hay que ir rastreando las señales rojas y blancas que nos han acompañado desde un principio, porque si las pierdes te puedes encontrar de repente rodeado de agujeros sin saber por dónde salir. De hecho en la subida nos metimos por medio de las peñas mirando a la cima hasta que nos encontramos con la enorme grieta que rodea la cumbre. Tuvimos que dar un largo rodeo, y con cierto riesgo, para salvarla. Desde arriba nos percatamos de en qué lugar habíamos perdido la pista. Al bajar la seguimos, aunque de nuevo tuvimos que ir con cuidado de no perder las señales.
 

Si me he detenido a describir las características del camino, es porque me gusta hacer comparaciones o símbolos sobre la vida misma, con lo que veo y experimento en el monte. Se me antojó estar releyendo la subida al monte Carmelo de S. Juan de la Cruz, cuando, despojado de todas la ataduras y seguridades de las cosas mundanas, al final de la ascensión se encuentra con la noche oscura, donde ya no hay señales. Sin ir tan lejos, sí que me pareció ser aquella subida una metáfora de la vida misma y, cómo no, de mi historia y la de tantos otros de mi generación. Al comienzo de la vida teníamos todo bien marcado y teníamos las facilidades justas para tirar con nuestra vida adelante. De todos modos, no lo tuvimos fácil y más bien cuesta arriba. Poco a poco las dificultades crecen y llega un momento en que tenemos que ser dueños de nuestras decisiones y, si no nos dejamos orientar, podemos tomar desvíos peligrosos que nos llevan por mal camino.
Puede que la vida nos haya dado algún respiro y algunas gratas sorpresas, pero han sido tiempos revueltos, en los que hemos tenido que estar rastreando unas referencias que nos aseguraran que podíamos caminar por donde teníamos previsto hacerlo. No han faltado, ni faltarán, trampas de mayor o menor peligro, que pueden dejarnos marcados o perdidos en su garganta. Es bueno llegar arriba con vida y con ganas de vivirla, para desde allí poder otear la propia historia y que nos dé tiempo a reparar los errores que hayamos cometido en el camino.


viernes, 20 de febrero de 2015

Don Carnaval y Doña Cuaresma... un buen matrimonio

El miércoles pasado, al igual que el año anterior, asistí a la celebración del miércoles de ceniza. Como ya dejé escrito en la entrada del curso pasado y en la del 2009, no soy muy de carnavales y siempre me ha llamado la atención que el personal solo celebre el carnaval y nunca la cuaresma, cuando el carnaval tenía sentido porque detrás venía la cuaresma. O esa, que son las dos caras de una misma moneda, pero ya sabemos que los humanos tendemos a quedarnos solamente con los aspectos de la vida que nos resultan agradables y obviamos los que nos resultan molestos, difíciles o duros. Sin embargo la vida está compuesta por la mezcla de esos dos tipos de situaciones, la cara y la cruz de esa moneda. Por más que no queramos ver alguna de ellas, no va a desaparecer, como cuando jugamos con los niños a que se tapan los ojos y ya no están. 

Por una parte, suena a cachondeo decir que la cuaresma es la época de la penitencia, del ayuno y de la abstinencia, cuando el 90% de la población acomodada del primer mundo se somete implacablemente a todo tipo de regímenes alimenticios -para estar en forma, para evitar enfermedades o para poder lucir el bikiny...-, mientras a su lado aumenta la desnutrición infantil, los bancos de alimentos y en el cono sur se disparan las muertes provocadas por las hambrunas. Vivimos desde el comienzo de la crisis en una penitencia permanente -y no por nuestros pecados- decretada por los gurús de la economía, de la que no sabemos cuándo ni cómo vamos a salir, pero aplicada, no a los creyentes, sino a los más desfavorecidos en recursos sin distinción de raza o de credo. Yo creo que el mejor ayuno que se puede dar en las condiciones actuales de vida, es tomar la decisión de prescindir de lo prescindible para que los que menos tienen no se queden privados de lo imprescindible. A sabiendas, claro está, de que esos gestos, aunque imprescindibles y significativos, no son suficientes para conseguir llegar a la pascua de la justicia y de la igualdad de oportunidades, que es de lo que se trata.

Por otra parte, está bien que haya momentos y experiencias que ayuden a echar fuera los malos humores, las frustraciones, los desengaños, la rabia, la impotencia... Pueden suponer una buena catarsis para desahogarnos y sentirnos un poco más libres de estas sensaciones cotidianas, personales y sociales, que pueden llegar a acogotarnos. Pero una vez que se dejan los excesos, las máscaras y los disfraces externos, conviene entregarse al sano ejercicio de irnos desprendiendo de las máscaras y de las apariencias internas, con las que nos camuflamos en nuestra vida ante los demás, y lo que es más peligroso, ante nosotros mismos. Este gimnasio de sinceridad nos permitirá poder mirarnos a la cara, sin afeites ni maquillajes, y contemplar nuestras propias miserias y limitaciones, sin complejos ni problemas de autoestima, para hacerlos frente y poder sentirnos liberados de ellas. Lo dicho, el carnaval sin la cuaresma puede ser como una de esas borracheras que en vez de aliviar las penas acaba empeorándolas y la cuaresma sin la alegría de la vida resultará una práctica masoquista más que religiosa, aunque la historia nos la haya transmitido así.

lunes, 2 de febrero de 2015

¿Y cuando pare el tic-tac, qué?

El movimiento que está provocando Podemos es ineludible, aunque algunos interesados no lo quieran ver. Está cambiando las relaciones de fuerza entre los partidos políticos, lo que me parece, en principio, positivo, más aún teniendo en cuenta que estamos atravesando este desierto de mayoría absoluta, que se está haciendo interminable. Parece que lo que se avecina pretende ser, más que un simple cambio, algo así como una segunda transición. En la primera se pusieron las bases de un régimen parlamentario enfocado a estabilizar la situación y garantizar la alternancia bipartidista. Se dejó a los partidos minoritarios y nacionalistas la noble misión de comparsa con derecho a pataleo y, cuando se les necesitaba para alcanzar mayorías, se les concedía el grado de bisagra o alguna migaja de beneficio local. Vistos los resultados a día de hoy, está claro que ese juego electoral no da más de sí: corrupción, clientelismo, alejamiento de la ciudadanía, mayorías absolutas... Cuando concluya este último periodo de absolutismo partidista nos vamos a encontrar, con la disculpa innegable de la crisis, con todos los derechos ciudadanos patas arriba: los trabajadores indefensos, el precariado instituido, los recursos sociales eliminados, la enseñanza devaluada, la universidad para los ricos, el paro y el hambre en aumento, la fractura social, la sanidad reducida, la cultura arruinada y ninguneada... Y encima sale un señor dándonos las gracias: será por lo bien que les ha venido nuestro aguante, para campar a sus anchas y engordar a los suyos.

Ante este panorama cobra todo el sentido la manifestación del 31E y otras mil más del mismo pelo. La chispa saltó con la indignación del 15M y creo que ha sido positivo que alguien haya alentado el rescoldo de aquella movida hasta que haya cuajado en Podemos. Hasta aquí todo bien, pero nos queda por definir en qué va a consistir la segunda transición propuesta y cuáles van a ser las mejoras constitucionales imprescindibles, como la ley electoral por ejemplo. Podemos ya ha conseguido lo que en su día propuse como un primer objetivo: poner nerviosos y desestabilizar a los dos partidos egemónicos y dar alas a los minoritarios, para cambiar el panorama y tener posibilidades de hacer cambios sin contar con los de siempre. Pero luego queda la incógnita de cómo vertebrar lo que se quiere hacer o qué parte de lo que se quiere hacer se va a poder hacer o van a permitir hacer. A ver quién echa para atrás todos los privilegios que el PP ha dado a los suyos, léase empresarios, bancos, privatizaciones, pelotazos... Y luego llegarán los mercados, las políticas europeas... Estoy de acuerdo que lo importante es hacer política por encima de los intereses economicistas de la usura internacional. También creo que se pueden ir ganando batallas en este pulso, pero eso va a exigir más sacrificios y, lógicamente, se les pedirán a los que ya han tenido que sufrir el azote de la austeridad. Alguien deberá explicar muy bien a la "gente" que esos sacrificios o dificultades insoslayables están orientados a sacarles del hoyo y no, como los anteriores, a chuparles la sangre.

Digo esto, porque algunos quieren enterrar sin más la transición del 78, como si tuviera la culpa de las tropelías y de lo que se han beneficiado las siguientes generaciones de apoltronados. Antes de darla por superada convendría recordar cómo lo pasó el pueblo llano con la crisis económica que se desató, el paro que se disparó, los desajustes institucionales... Tampoco conviene olvidar muchas frases de las que se oían en los tajos, en los bares o en las tertulias: para esto queremos la democracia, con Franco no pasaba esto, antes vivíamos más tranquilos... y consideraciones de ese pelo. Yo, al menos, no solo las escuché sino que tuve discusiones incluso a voz en grito con compañeros de trabajo.
Resulta muy bonito recordar el espíritu de los pactos de la Moncloa pero hasta que se llegó ahí tuvo que pasar de todo. Pero, por encima de todo, la gente que participa o que apoya todo este movimiento debe tener en cuenta aquello de "contra Franco estábamos todos unidos". Ahora es contra la casta y en eso estamos de acuerdo, pero si se llega a conseguir ese cambio, espero que no se monte un guirigay similar al que se produjo entonces. Conviene tener en cuenta la historia y tomar nota para saber lo que nos depara el futuro antes de enterrarla, porque la historia nunca muere y a veces se presenta sin avisar aunque sea con otra vestimenta.

miércoles, 21 de enero de 2015

Habla con ellos

Cada día me llama más la atención el observar a madres, preferentemente jóvenes, ir hablando o escribiendo con el móvil mientras acompañan a sus pequeños. Algunos de estos se suelen poner pesados para que les hagan caso, pero me estoy encontrando con que los más lo tienen asumido: van con cara de despiste o con su juguetito de turno. Puede que el primer problema que salte a la vista ante esta insana costumbre sea el de la seguridad. Lógicamente, por muy poco movida que sea la criatura, en un segundo puede armar una buena y para cuando la madre o el padre quieran reaccionar va a ser imposible llegar a tiempo. Todos sabemos de sobra que esos aparatitos son capaces de absorber toda nuestra capacidad de atención sin darnos cuenta. Pero aunque esto sea importante, no llega a ser, ni por asomo, la consecuencia más grave de ir colgado de los diversos terminales de bolsillo cuando se está con los hijos. Se está jugando con la educación y el desarrollo de los menores ¿Exagerado?

No hace falta ser un doctor hoy en día para saber que la educación parte de la familia y que los hijos aprenden y se van educando no por lo que les decimos que deben hacer o evitar, sino por lo que ven en los progenitores y en los familiares más cercanos. Si el pequeño siente que su madre o padre no le presta la más mínima atención cuando va pendiente del móvil o se enfada si él consigue distraerle, aprenderá que ese aparato es más importante que él y que,por tanto, él querrá otro igual para hacer lo mismo que sus mayores. Puede incluso que el papanatismo del que hacen gala -aunque sea inconscientemente- muchos allegados de la criatura se feliciten por ello, porque fíjate que listos salen los niños ahora o qué inteligente nos está saliendo la pequeña... Es posible que cueste darse cuenta, tal como están las cosas hoy con esos inventos, de que dicha costumbre acaba siendo una interferencia grave en la comunicación con los hijos. 

María, que es profesora de infantil, se queja continuamente en los principios de curso de que está aumentando alarmantemente el número de niños que no hablan o que les cuesta hablar, que apenas entienden lo que les dices y que ni hacen caso cuando se les llama. Lógicamente, a esos peques les va a costar más comenzar a hablar y resulta que algo tan importante a su edad, que tiene que aprehenderse en el entorno familiar, lo tiene que acabar haciendo la escuela -una más. A los niños se les dice cosas, se les da órdenes, se les camela con regalos para que dejen en paz a los mayores, se les intenta engañar con falsas promesas o se les mete miedo... Pero no se habla con ellos o se habla muy poco. Son pocas las familias que dedican tiempo a contar lo que pasa a los pequeños, con la disculpa de que como son tan pequeños no se enteran, o ya tendrá tiempo luego de preocuparse. Craso error. Es en esas edades tempranas cuando los peques despiertan su curiosidad por todo, se convierten en esponjas que absorben toda la información que les rodea -aunque no nos demos cuenta- y desarrollan las conexiones neuronales. Con el tiempo, cuando surjan los conflictos no se sabrán e, igual, ni se podrán resolver porque no se aprendió a hablar a su tiempo.

Así las cosas, el diálogo con ellos -o sea, hablar, escuchar, preguntar, contestar a todo- se convierte en una herramienta clave e imprescindible. En primer lugar para asegurar una relación óptima con los hijos y es en esta etapa cuando se adquiere. En segundo lugar, para el desarrollo del lenguaje y para estimular la capacidad de aprendizaje. Y finalmente, porque garantiza al pequeño la seguridad necesaria para un desarrollo armónico de su personalidad y se convierte así en el mejor hilo transmisor de la educación.En el sistema de vida de la sociedad actual es fácil decirse que uno no está para perder el tiempo en nimiedades y no se da cuenta de lo que se va a perder, tanto él como sus hijos, por no aprovechar la pérdida de tiempo más productiva que se va a encontrar a lo largo de su vida. Ahora es cuando no se puede desperdiciar ningún momento de la rutina diaria, ni ningún asunto extra para hablar, explicar, escuchar...les va la vida en ello. Después será nunca. 

jueves, 15 de enero de 2015

Seres de paja

Hace poco estuve charlando con unos amigos de los que no había tenido noticias desde hacía tiempo. Ante las preguntas de rigor referentes a los hijos lo primero que dijeron fue que estaban más que preocupados por una de sus nietas. La chica está en primero de ESO y ya había sacado un carro de suspensos en la primera evaluación. Además tiene un problema de sobrepeso del que no le están cuidando sus padres. A todo esto se acababan de enterar de que su nuera le había comprado a la nieta una entrada VIP para la actuación del cantante Abraham Mateo. Me explicaron que este tipo de entradas permiten estar cerca del cantante y le garantizan que puede saludarle personalmente, sacarse foto con él o darle un beso. Lógicamente cuestan un pastón, pero como la niña está ilusionadísma se la han comprado y ya está, que sea feliz. Sin embargo, como es de imaginar, el problema principal no es el dinero, sino como está afectando esto a la nieta. Al parecer anda exhibiendo su conquista como lo más importante que le va a pasar en la vida y, lo que es peor, esto le está haciendo vivir en las nubes por si estuviera ya poco centrada. Lo van a tener claro sus padres si esperan que con este regalito va a mejorar sus notas o va a superar mejor sus problemas personales.

Se preguntaban que quién era ese tal Abraham Mateo. Pues un chico mono diseñado en marketing para encandilar a un sector determinado de población, en este caso a las preadolescentes. Parece que más que cantar hace de figurín y pone posturitas El fenómeno de las fans es muy antiguo, solo que últimamente las técnicas han avanzado y llegan con mucha más fuerza, sin contar con que los y las adolescentes cuentan hoy en día con mucha capacidad de presión en las familias para salirse con la suya, sobre todo en aquellas en las que los padres no se han tomado la molestia de poner límites y de educar con criterios y valores -"ya está bien, cómprale esa puñetera entrada y que nos deje en paz de una vez". 

Se sigue y se seguirá jugando con vidas cuando el objetivo lo marca el mercado. Este chico puede que ahora se considere a sí mismo una estrella en el firmamento de la fama, pero es fácil que no llegue ni a estrella fugaz, como tantos otros que han acabado con su vida destrozada, una vez que les apagaron los focos del escenario para siempre. A sus promotores les va a importar un pimiento su suerte en la vida, es uno de tantos seres de paja que se deshacen con el viento. De la misma manera, a este mercado le importa la venta del producto, sin que se tenga en cuenta la influencia negativa que estos fenómenos ejercen en el desarrollo personal de los y las menores, sobre todo en aquellos que tienen personalidades más débiles o arrastran problemas de comportamiento. A estos efectos negativos los adultos les dan menos importancia o se permiten y, en casos, se fomentan sin más. De este modo se tiene menos preocupación por evitarlos, porque no son tan llamativos como otro tipo de adicciones e, incluso, se airean y se aplauden desde los medios de comunicación.

domingo, 11 de enero de 2015

Otros reality destroza vidas.

Tengo la impresión de que en aras del éxito o la notoriedad pública se pasan y extralimitan todas las rayas rojas, desde las de la intimidad personal hasta las de la moral más elemental. Considero que los reality, que juegan con la vida y con la imagen de los menores, son unas aberraciones de lesa humanidad. Divertirse viendo a niños haciendo de adultos tiene más gancho que otros porque la carne del morbo es más fresca, pero no se miden las consecuencias que tienen en los participantes. Es muy fácil hacer entrevistas a los ganadores y presentarlos como triunfadores, pero nadie se va a preguntar qué va a ser de ellos 10 años después, ni cómo van a vivir su adolescencia... porque el éxito también es tan difícil de digerir como el fracaso. Nadie ha explicado cómo son las vidas de los que han participado y han sido eliminados o han hecho el ridículo por algún fallo. En el escenario es muy fácil revestirlo con palabras bonitas y golpecitos en la espalda, pero tampoco les importa a los organizadores qué les va a pasar cuando se apaguen las luces y vuelvan a su medio natural, cómo les van a tratar sus condiscípulos o su cuadrilla o su familia o qué van a hacer el resto de su vida con ese sambenito a cuestas.

Hay diversos programas de este pelo, pero hay uno que me parece que sobrepasa todos los límites de la dignidad humana. Hacer que unos niños y niñas se metan a elaborar platos de alta cocina, cuando se ha estado pidiendo que se mantengan los comedores escolares abiertos durante las vacaciones, me parece fuera de lugar e insultante, pero el éxito de pantalla está sobre toda moralidad o dignidad. Se somete a estos menores a una esquizofrenia que después no se podrá controlar por dónde va a estallar: por una parte se les propone una serie de pruebas y se le somete a una presión que por sus condiciones, más allá de los conocimientos, les exigen dar respuesta de adultos, se les considera adultos, pero en realidad son niños. Se les está robando la infancia y eso, por muy interesante y positivo para los niños que nos lo presenten, será como si al edificio de la vida de cada persona le estuviéramos destrozando los cimientos, porque eso viene a ser la infancia. Una niña rompe a llorar, pierde el control porque no le da tiempo a terminar su plato o lo que sea. Pobrecita, no ha podido... y ya está. Nadie se pregunta si el tiempo que le han dado es el adecuado, o si tiene la madurez suficiente para resistir un ambiente de tensión ni cómo le va a quedar el autoconcepto.

Y no todo acaba ahí, en el fondo estos programas se sustentan en la competitividad más despiadada. Estamos planteando al resto de los menores que lo siguen que lo importante es ser el primero y utilizar los recursos que haga falta, pisando o utilizando a los demás según el interés de cada cual y desechando a los que no nos sirven. Este es el mensaje educativo que transmiten: o yo o nadie, caiga quien caiga. El trabajo en equipo, los objetivos que sirvan a todos, la colaboración, el compartir, la integración... son paparruchadas. Luego nos extrañamos de que los jóvenes no tienen valores o de que vivimos en una sociedad al servicio de los chorizos. Lo más doloroso de todo esto es que esta carne fresca está servida en bandeja por sus familias, que son tan responsables de este desaguisado -nunca mejor dicho- como los organizadores. La única diferencia es que los padres y madres van a tener la penitencia en su propio pecado, porque los hijos son para siempre estén como estén. Si estuviese en mi mano, o si hubiese un tribunal que lo admitiese, estaría dispuestos a denunciar a ambos, organizadores y tutores, por corrupción de menores. Si alguien tiene idea de cómo hacerlo le agradecería que me lo comunicase.

jueves, 1 de enero de 2015

Días de monte 19

El martes 23 de diciembre, por aquello de que Juanjo tenía día libre, nos cobramos la deuda de salida que teníamos. Contamos con el regalo de un día espléndido, gracias al anticiclón que nos tuvo a resguardo de inclemencias. Nos dirigimos a la Peña de Angulo con cierta precaución porque existía riesgo de hielo en todo el trayecto, pero no tuvimos problemas porque la helada no había afectado al asfalto en ningún tramo. Justo al llegar a lo alto del puerto aparecía una lengua de niebla, lo que preludiaba la presencia de niebla en el valle de Losa y alrededores. Los primeros tramos del camino estuvieron envueltos en niebla pero en la medida en que fuimos tomando altura tuvimos todo despejado,eso sí, con todo el suelo helado hasta el descenso.

El primer objetivo era llegar a la lobera de S. Miguel. Aún son impresionantes los restos de los muros derruidos y del foso. Llegó a tener 890 metros de largo y el último lobo que se ejecutó en él fue en 1954. Luego a través del hayedo salimos a la loma que lleva hasta la primera cumbre que nos indicaba el recorrido el Moscardero De allí a la segunda, el Urieta 1.135 metros de altitud, fue todo cumbrear con un espectáculo impresionante. Por la cara sur un mar de algodones del que destacaban solo algunas cumbres, como la sierra de la Tesla nevada, y por la norte toda la línea de montes desde el Castro Valnera hasta el Sollube.

Al bajar nos cruzamos con tres montañeros que subían y nos miraron extrañados que a esas horas estuviéramos ya bajando, después de llevar dos horas y media de caminata. Uno nos dijo que hasta que no ponían el sol no había que salir de casa. No conocía a Juanjo. La bajada fue un dejarnos caer entre hayas y roquedos hasta llegar de nuevo a la lobera. En el último tramo nos encontramos con los parapetos de camuflaje de los escopeteros que están al pase de la paloma. Esa es la parte del panorama que no nos gustaba en absoluto. Al llegar al coche llovía el hielo que el viento arrancaba de las ramas del pinar contiguo, así que tuve que mover el coche de sitio para poder cambiarnos con tranquilidad. Solo nos faltó contemplar la imponente cascada, pero eso tiene que ser en primavera o en un otoño lluvioso. En fin, no se puede pedir todo.