domingo, 23 de marzo de 2014

El engaño de la primavera

Cuando un día sale radiante y no hace mucho calor enseguida decimos que es un día primaveral. Si cambian las tornas y aparecen días de lluvia y viento lo más común es afirmar que el invierno ha vuelto. Sin embargo, si en la primavera todos los días fuesen como los primeros, en vez de primavera sería un secarral. Claro que también cabe el viceversa, si todos los días fuesen como los segundos, tampoco habría floración ni polinización. O sea, que los dos tipos de días son necesarios para que la primavera dé sus frutos. Y es que la primavera es, de por sí, el tiempo inestable por antonomasia, por eso nos desesperamos con la ropa "no sabe uno qué ponerse". Entonces no es justo llamar a los segundos mal tiempo y considerar a los primeros exclusivamente primaverales. De la misma manera, a costa de esa falsa concepción de la primavera se han dicho muchas ñoñeces y se han hecho demasiadas tonterías.

Cada vez me llama más la atención esa tendencia humana, o de nuestra cultura, de considerar bueno o aceptable lo que resulta agradable, no exige esfuerzo o no implica resistencia a las circunstancias adversas. La primavera es una alegoría que nos sirve en bandeja la naturaleza para hacernos ver que la vida siempre tiene dos lados y que lo bueno no consiste en pretender que solo nos pase el que nos gusta, sino saber disfrutar o aprovechar los dos. Es la síntesis de los dos la que hace que brote la vida. De la misma manera, en nuestra vida, ya desde el primer llanto del parto, el esfuerzo, la resistencia o el sufrimiento son imprescindibles para crecer, desarrollar y madurar, igual que el cariño, la salud o la alegría. 

A veces cuando hay alguien inmaduro o que se deshace ante cualquier contrariedad, se dice que es un primaveras o un yogourt. Son los productos de un déficit de educación familiar en la que se les ha acostumbrado desde muy pequeños a no exigirles ningún esfuerzo, a que no tengan ninguna contrariedad, a bailarles todas sus ocurrencias o a darles todos sus caprichos. Se han quedado con el lado bonito por lo que no han podido madurar. Así que cuando la vida comience a enseñarles la cara cruda de la realidad, no van a tener quién les arregle las cosas ni van a saber ni poder afrontarla. Serán un eterno problema para los suyos, para la sociedad y, sobre todo, para sí mismos.

En estos momentos en que estoy escribiendo hace un sol radiante, pero hace media hora ha caído unas chaparradas de cuidado y cuando he ido a la piscina he tenido que subirme bien la cremallera del chambergo aunque hacía sol. Me he asomado a la ventana y he visto el Ganekogorta nevado y un telón negro que cubre el cielo y que avanza hacia aquí desde el mar. Un día auténtico de primavera. Bienvenida.

jueves, 20 de marzo de 2014

El último de mis tíos

El sábado pasado murió mi tío Poli, un año y tres meses después de mi madre. Ha sido el único hermano que le ha sobrevivido y el último de ellos en morir. Siempre me he criado en el entorno de mi familia materna y apenas mantuve relación con la de mi padre, por diversos avatares de la historia. Mi madre tuvo que casi criar a sus hermanos en la dura época de la posguerra, por eso después se mantuvieron muy cercanos a ella y contando siempre con su "protección", así se fue convirtiendo en la matriarca de la familia. De ahí que mis tíos hayan sido muy importantes para mí, tanto por el cuidado con el que me trataron, como por el cariño que me regalaron a raudales.

El astillero de Euskalduna donde trabajó un tiempo
Hablar de mi tío Poli es retrotraerme a la infancia. Cuando venía a mi casa me sacaba de paseo y siempre me contaba historias. Su casa de Bilbao era la que más visitábamos  y yo me sentía en ella como en la mía. Poli procuraba jugar conmigo de mil maneras. Tengo gravada en mi mente una escena realmente desternillante cuando tendría 4 o 5 años. Tenía guantes de boxeo y me los ponía para desafiarme. Recuerdo que yo me empleaba a fondo, como si me fuera la vida en ello, y una de éstas se dejó caer al suelo fingiendo estar ko. Me imagino que estaría ya cansado y era la única manera de terminar. Yo salí exultante contándoselo a todo el mundo. Ya no puedo recordar cuantos  asaltos más le hice repetir a lo largo de mi infancia. 

Otro de los recuerdos, que he estado viendo como en una película durante el funeral, es la costumbre que tenía de llevarme de paseo por los bares en los que chiquiteaba con sus conocidos. Mientras ellos estaban a sus cosas, a mí me daban para entretenerme magurios o quisquillas, que entonces se ponían a la hora del poteo, lo que para mí suponía un auténtico banquete. En fiestas de Bilbao me llevaba a las barracas y a las atracciones y yo era el crío más feliz de la tierra, excepto un día en que me perdió de vista y hasta que me encontró las pasó de a kilo. Eso sí, en mis recuerdos queda una deuda por saldar, me prometió hasta tres veces que me iba a llevar a S. Mamés para ver al "Ateti", como él decía, pero aún lo estoy esperando. Qué le vamos a hacer, nadie es perfecto, como dijo el otro.

Posteriormente recuerdo que me hizo algunas visitas al internado, pero las distancias que nos fue poniendo en medio la vida y la historia han hecho que nuestra relación se haya difuminado. Ultimamente los fallos de su salud le hicieron perder un tanto la cabeza, desarrollando unos comportamientos que no tenían nada que ver con lo bonachón y humorista que había sido siempre. Igual que con los recuerdos del resto de mis tíos, quiero conservar en mi memoria lo mejor que he visto en él, sobre todo el cariño con que siempre me trató. Gracias por ti, Poli. Goian bego.



domingo, 16 de marzo de 2014

Como un gato.

Estaba yo parado en un semáforo como peatón formal y pasó en un pequeño utilitario. Llevaba la ventanilla bajada por lo que nos pudimos reconocer perfectamente. Me bastó con ver esa sonrisa entre tímida y formal, achinando un poco los ojos, para saber que aquello era un saludo afectuoso sin que necesitara ningún otro gesto o palabra. Y es que Jaime -por llamarle de una manera- siempre ha sido así desde que le conocí con 16 años. Su cara y la forma que adoptaban los ojos expresaban claramente lo que quería decir, porque eran muy pocos los que conocían su voz.
Cuando salió de un hogar de Diputación, un educador conocido nos lo recomendó para que trabajara con nosotros. Estuvo un poco más de un año pero siempre hemos mantenido una relación amistosa en los momentos en que nos hemos encontrado. El coche tenía pinta de ser de segunda mano pero parecía limpio y cuidado. Venía a ser un reflejo de la manera de ser de su dueño. Era curioso ver cómo iba siempre limpio, a pesar de que trabajábamos recogiendo objetos desechados de los hogares, lo que contrastaba con las pintas del resto de compañeros. Nunca hubo una queja de él ni por motivos de trabajo ni por comportamiento y la más de las veces ni siquiera se sentía su presencia. El silencio, la mirada profunda daban a entender que algo bullía por dentro, pero su natural introvertido lo mantenía encerrado.

Jaime fue un niño que desde muy pequeño tuvo que aprender a valerse por sí mismo. Vivía con su madre y otros hermanos pequeños que eran de distinto padre. También tuvo que atenderles acompañándoles a la escuela o cuidándoles en casa. En un par de ocasiones tuve que acompañarle a casa y pude comprobar el caos reinante en la misma, los lloros de los pequeños y una figura de mujer desastrada que pululaba de una parte a otra, sin rumbo ni criterio, vociferando órdenes que no venían a cuento. En la primera de estas ocasiones tardó un buen rato en percatarse de mi presencia, hasta que, en uno de sus movimientos convulsos, se dio de bruces conmigo. Intentó recomponer la maraña de su pelo en un gesto reflejo y entonces se dio cuenta de que Jaime estaba por allí, por lo que dedujo quién era yo. Me dio la impresión de que Jaime entraba y salía de su casa como un gato silencioso y cauteloso. De alguna manera sabía que le convenía ser invisible para su madre.

En un momento dado nos confesó que estaba ya harto de su familia y que no aguantaba más a su madre. Al poco tiempo se despidió del trabajo y desapareció de Barakaldo. Tardé varios años en volver a encontrarme con él. Sus botas militares, su chupa, su pelo negro azabache perfectamente peinado y todo él con su porte impoluto habitual. Había encontrado trabajo por aquí y vivía por su cuenta. En otra ocasión, tuve oportunidad de verle más veces porque trabajaba en una obra que estaba en el camino que yo seguía todas las mañanas para ir al trabajo. Me alegra de que al menos las cosas del trabajo le vayan bien. Del resto de los aspectos de su vida no tengo ni idea. Jaime siempre me ha parecido un misterio. Detrás de esa mirada lejana o de la sonrisa que utiliza como escudo, hay un pozo de soledad, y no sé si también un vacío de afecto, que le han obligado a superarse por conseguir ser un superviviente. El cariño con el que me saluda me da entender que el granito de arena que aportamos a su resiliencia ha colaborado en que haya conseguido ser un hombre autónomo. Ese es Jaime un superviviente como un gato: silencioso, cauteloso, pulcro, con mirada profunda y sin depender de nadie.


jueves, 13 de marzo de 2014

Días de monte 13

La cumbre de Larrea vista desde el Ubieta
El macizo del Ganekogorta al fondo
El domingo pasado retomamos los paseos mañaneros después de varios intentos frustrados por el tiempo o por nuestros compromisos familiares. Elegimos las Encartaciones por la cercanía y porque necesitábamos un monte no muy alto por aquello de entonar las piernas. Nos decidimos por el pequeño macizo de Ubieta partiendo de Güeñes. Consta de dos alturas de 635 ms. de altitud, el Ubieta y el Larrea. Están separadas por una larga vaguada. Claro que, como pasa en esta zona, aunque los montes no son muy altos hay que superar un desnivel de más de 500 ms. en una distancia corta, por lo que la subida tiene una media de pendiente más que exigente. Además la vaguada intermedia está 100 ms. más baja que las cumbres lo que añade un sube y baja al hacer las dos.

La mañana fue luminosa y esta vez las indicaciones del plano coincidían con unas señales puestas con tiras de plástico, lo que supuso que hicimos la subida de una tirada sin pérdida.
Juanjo en la cumbre de Larrea.
El pico La Cruz al fondo
Esto supone casi un milagro en estas zonas de pinares que están plagadas de pistas que nunca sabes a dónde van a parar. La mañana fue luminosa, tanto que se me han desvelado casi todas las fotos, aunque puede que también sea porque la cámara empieza a flojear. O sea, que esta vez tampoco va a haber un álbum. Solo he podido rescatar algunas fotos, aunque están de aquellas trazas. 


El Ubieta desde Larrea
En la primera parte de la subida estábamos refugiados por el pinar, pero al ir a atacar la subida del Ubieta salimos a campo abierto y las rachas de viento nos llevaban. En las cumbres que hay antenas, aunque se pierde el encanto del monte, se garantiza que hay buenas vistas. Es lo mismo que en esos restaurantes de carretera que tienen el aparcamiento lleno de camiones, lo que supone que allí se come bien. Es una pena que no haya podido conseguir las fotos. El panorama iba desde las nieves del Gorbea hasta las cumbres del Castro Valnera y la zona de los montes de Ramales, todos también nevados. Por supuesto, se dominaban todos los macizos y un montón de poblaciones y caseríos de las Encartaciones, desde algunos neveritos del Zalama hasta los montes mineros y, cómo no, el mar. No pudimos disfrutar mucho del panorama porque el viento era insoportable, así que nos volvimos a la zona de pinares comimos el bocata y para casa. Para el próximo día ya estamos más preparados, así que será uno de más de 1000, seguro.
En la cumbre de Ubieta, agarrándose a la veleta. Detrás un trocito de mar

martes, 11 de marzo de 2014

11 M. Día contra el fundamentalismo.


El fundamentalismo religioso se ha llevado por delante muchas vidas y sigue inmolando víctimas con los motivos más absurdos. Ha inventado inquisiciones en todas las religiones, ha abusado de la ignorancia de los más humildes, ha provocado y sigue generando guerras o terrorismos. El fundamentalismo religioso impide la relación auténtica de la persona con Dios, porque solamente adoctrina y crea seguidores ciegos e incondicionales a sus consignas.

El fundamentalismo político hace prevalecer una ideología única persiguiendo y eliminando a todo y a todos los que se desvíen de ella. Se asienta sobre dictaduras o nacionalismos exacervados, destruye la cultura, sirve a los intereses de los que se han montado en el poder y se olvida del servicio a la ciudadanía. El fundamentalismo político también ha desarrollado sus propias inquisiciones, ha hecho purgas, ha cercenado las libertades públicas y ha provocado odios y guerras para justificar y defender su estatus.
 El fundamentalismo étnico ha cometido auténticas racías y crímenes contra la humanidad, llegando a límites insospechados con sus aberraciones. Cuando se unieron estos dos fundamentalismos se hizo visible la versión más terrorífica del infierno en el medio de Europa.

El fundamentalismo economicista sigue provocando cíclicamente crisis económicas a cual más despiadada. Destruye vidas y reduce a la miseria pueblos enteros, sin importarle lo más mínimo la vida o la dignidad de las personas. Se erige en un dios que necesita alimentarse de las miserias de inmensas mayorías para mantener la dictadura de los beneficios de sus mercados.
El fundamentalismo desarrollista se está comiendo el planeta pasando por encima del cambio climático, las selvas amazónicas, la chatarrería del espacio, el aniquilamiento de especies protegidas, la polución atmosférica, la falta de recursos, el hambre y la pobreza establecidas...

El fundamentalismo de todo signo es, ha sido y, si no lo remediamos, será una de las plagas que seguirá asolando la humanidad. El fundamentalismo ha sido y sigue siendo peor que la peste, que el cáncer o que el sida. El fundamentalismo sigue siendo una de esas asignaturas pendientes a las que la humanidad aún no hemos resuelto y, de este modo, nos sirve para percatarnos de que aún nos quedan muchos miles de kilómetros para avanzar en el progreso auténtico de los pueblos y de las personas.


lunes, 10 de marzo de 2014

Miércoles de ceniza

Hoy me preguntaba por qué se sigue celebrando el carnaval, si nadie celebra la cuaresma. Es un curioso esquinazo de la historia que se ha quedado con una cara de la moneda, casualmente la más apetecible, y se ha olvidado de los ayunos y abstinencias de la cuaresma. Puede que esta efervescencia carnavalera, que ya viene de antiguo, se vea incrementada, por las circunstancias del momento, en esta cuaresma social, política y económica a la que se está sometiendo a la ciudadanía. En el miércoles de ceniza del 2009 en pleno auge de la crisis dije que ésta suponía una cuarentena, que esperaba no fuese de 40 años. Ya han pasado 5 y aún andamos con estos pelos. 

Este año he tenido la oportunidad  de participar en la celebración de la ceniza. Para mí ha tenido un doble significado. Por una parte, resulta ser una llamada a buscar lo fundamental para la vida,  lo que la llena de verdad, dejando a un lado lo superfluo. Quizás en un principio tenía un significado un tanto macabro por aquello de que nadie se lleva los lujos a la tumba, pero hoy en día creo que adquiere una importancia relevante, porque la situación económica nos está obligando a cambiar de hábitos de consumo y a tener en cuenta a los que carecen de lo fundamental para vivir.

En segundo lugar, eso de que de la tierra venimos y a la tierra volvemos deja de tener también aquel aspecto sombrío de meter miedo con el hecho ineludible de la muerte. Ahora puede ser un recordatorio de que somos parte de este planeta, de este universo que podemos considerarlo como el cuerpo de Dios, como la fuente de vida para los humanos y para el resto de los seres vivientes. No podemos quedarnos impasibles ante su continuo y sistemático deterioro y, a la vez, también tenemos que revisar nuestra forma de vida para que sea coherente con el cuidado del mundo que nos rodea.

Pienso que el gesto de la ceniza también invita a mirarnos por dentro y a mirar el mundo y a los otros desde nuestro interior. Hay un gozo interior que no tiene nada que envidiar a los bullicios y ostentaciones externas, que en las más de las veces no son más que carcajadas huecas. Y es que todo el sistema nos está educando al ruido y a las relaciones superficiales y no nos deja percibir la delicia y la importancia del silencio. Vaya, que yo no celebro el carnaval y me quedo con la cuaresma para disfrutar de lo más íntimo.

martes, 25 de febrero de 2014

Entre todos

Algunos días por la tarde voy a estar un rato con mis suegros en la residencia de Ibarrekolanda. Tienen dos televisores de esos gigantes en la sala de estar, que está casi unida a la zona del comedor. Cuando no hace buen tiempo la mayor parte de los residentes se pasan la tarde colgados de ellos o mirando en dirección a las pantallas con los ojos perdidos hacia no se sabe dónde, porque quizás muchos, entre tanto, estén viendo pasajes de su vida en la televisión de sus recuerdos. Como es de rigor en toda residencia de ancianos, el volumen de las teles es inversamente proporcional a la capacidad auditiva del personal, que, por mor del desgaste, tiende a estar más o menos deteriorada. Llevan una temporada poniendo un programa de La1 que me llamaba la atención porque la presentadora chillaba más que hablaba, en medio del griterío del público invitado que hace de cla en el estudio. 

Lo primero que agradecí es que ya no pusieran esos programas vomitivos de tele5, que a cierto sector del personal parece que les gusta por aquello de la dosis alta de carroña. Desde hace dos días me he fijado algo más en el contenido del programa. Parece ser que se trata de sacar de un apuro a alguna familia o persona que quiere empezar de cero con algún proyecto, o necesita alguna operación o algún tratamiento especial que no se puede financiar porque está en las últimas. Mira por dónde, algo así se hacía ya en radio Bilbao cuando yo era niño, "De corazón a corazón" se titulaba. Lo dirigía un cura que iba exponiendo casos, poniendo mucho calor en el asunto, hasta que conseguía financiación para ellos. Todo este estilo de iniciativas pueden llevarse el sambenito de caritativismo barato por parte de los bien pensantes, aquel era eclesial y éste de la tele laico. Puede también que sea también un reality más, ya que alguien nos llora sus miserias en público, pero en versión solidaria porque con un poco de suerte puede sacarse un dinerito que le vendrá de perlas. Lógicamente durará, como todos los programas televisivos, en la medida en que sujete un número aceptable de audiencia, no por lo que suponga de beneficio para el personal necesitado que lo demanda.

Me ha llamado la atención especialmente en este programa que una cantidad importante de donantes son jubilados, algunos parados y no faltan pequeños que dan parte de su hucha. Realmente esto suena a aquel pasaje del evangelio en que Jesús valora, como donativo más importante para el templo, la moneda que echó una pobre viuda, porque era lo que tenía. Pero más allá de esto, me reafirmo una vez más en mi opinión de que son los mismos ciudadanos los que pueden ser capaces de aportar soluciones al problema de la pobreza y del desamparo social a los que nos encontramos sometidos. Solamente hace falta que se presenten plataformas válidas que sepan encauzar la solidaridad de la buena gente. Mientras las autoridades sobrevuelan la cruda realidad entre números macroeconómicos y le ponen en bandeja nuestras cabezas al gran dios Moloc de los mercados, no nos queda otra que generar iniciativas que generen vida y que ayuden al personal hundido a mantenerse a flote. La solución global del problema, el cambio del sistema no van a ser posible de golpe ni desde arriba, porque los grandes capitales lo tienen cada día más amarrado. Habrá que lograrlo a partir de pequeñas células solidarias que creen un nuevo tejido social.

jueves, 13 de febrero de 2014

A vueltas con la ley del aborto

Hace falta valor, o cómo será las demás!!
Hace años, cuando la conferencia episcopal española militaba en el PP para echar a ZP, una de las armas arrojadizas que utilizaron con mayor contundencia fue la de la ley del aborto, por lo que les dediqué a los monseñores un post. No hace falta ser un listillo para percatarse de que la movida montada por el Sr.  Ruiz Gallardón, en nombre del gobierno, no deja de ser el pago de la factura por los servicios prestados. Parece ser que el recibí estaba firmado desde el programa electoral. Al este ministro se le acaba de ocurrir una estupidez impropia de su mente privilegiada, o sea, del numerito de la votación famosa a golpe de papeleta ha deducido que la ha ganado porque es la voluntad soberana del pueblo español, tela. Creo que aún es más impropio de su demostrado talento el pensar que nos lo íbamos a creer a pies juntillas. Al mismo tiempo se han dicho auténticas burradas, completamente injustas, referidas a las mujeres que han abortado desde sus bancadas en el hemiciclo.

Una vez más habrá que recordar, no solo a los obispos sino también a la derechona recalcitrante que gobierna en el PP, que el defender la vida no tiene nada que ver con perseguir y condenar a las mujeres que se han visto obligadas a abortar, porque no creo que ninguna lo haga por gusto. Apostar por la vida quizás tenga más que ver con solucionar los problemas de alimentación de un alarmante número de niños españoles, buscar salidas para esas familias que ya no tienen ni con qué ni dónde vivir, invertir para que la sanidad y la educación llegue a todos en condiciones óptimas... y más asuntos de este pelo. Según los argumentos de las señorías del PP, los auténticos asesinos son los banqueros o los magnates de las finanzas que están provocando esas situaciones inhumanas o los empresarios que se aprovechan de las reformas, que sus señorías les han puesto en bandeja para despedir o bajar los salarios a su antojo.

Por otra parte, cuando hablan de salvar una vida habría que preguntarles ¿Qué vida, qué tipo de vida merece la pena vivir? ¿La vida de los hijos de unos yonkis, o de una prostituta que van a acabar abandonados dando tumbos de institución en institución? ¿La vida de un niño fruto de la violación de un marido maltratador o alcohólico que le va a amargar la infancia o le puede dejar marcado para el resto de sus días? ¿ La vida de los hijos de unos adolescentes alocados de familias problemáticas que no saben distinguir si su abuela es su madre? ¿Y, por qué no, la vida del hijo o la hija que no ha  probado ni un gramo de cariño porque su madre es una niña bien y pija a la que la familia le obligó a tenerlo y luego le ha tapado la boca con dinero o con caprichos? ¿Les gustaría a sus señorías haber nacido totalmente deformes? 

A lo largo de mi vida laboral y de voluntario he convivido con gran cantidad de hijos e hijas no deseados o tenidos porque no había más remedio. La mayor parte de las historias que he ido contando a lo largo de este blog son de ellos y de ellas. Es uno de los peores males que he conocido y tiene muy pocas posibilidades de superarse. El nacer no deseado es una garantía de infelicidad que marca de por vida. El bebé sabe de sobra que no es querido. Nadie se lo ha dicho pero él lo está sintiendo desde el seno y lo sigue mamando y lo lleva indeleble en su subconsciente. 

Sr. Ruiz Gallardón una vida que no es querida y que no es digna, no es vida, es una muerte en vida. Con su ley no se arregla nada, se sigue condenando a malvivir de por vida a muchos inocentes, hágame caso, que lo sé de muy buena tinta.

sábado, 1 de febrero de 2014

Como los cangrejos

La ley de Wert es un golpe más de este gobierno para mantenernos en el paradigma del cangrejo: cada día nos hacen ir más hacia atrás. Va a imponer sí o sí y digan las comunidades autónomas lo que quieran, la nueva línea para aquellos alumnos que no responden al nivel escolar requerido a su edad. Esto es, aunque ni siquiera hayan cursado 2º de ESO a los 15 años se les manda a un sitio que supuestamente se va a dedicar a la formación profesional -básica, por decir algo-, aunque es fácil que quede reducido a una guardería de adolescentes frustrados. Claro que, con el tiempo, cuando se aplique la ley por completo, a estos chicos y chicas se les irán añadiendo aquellos que no hayan pasado las correspondientes reválidas, con las que van a depurar la primaria. Con semejante tinglado, no me quiero imaginar qué van a poder hacer con este tipo de alumnado y qué valor se le va a dar a la supuesta formación profesional y académica que se le va a impartir.

Corría el año 1981 cuando comencé a dar clases en un instituto de formación profesional. En aquella época las cosas estaban muy bien definidas, si aprobabas primaria ibas al instituto; si te costaba mucho estudiar o si suspendías primaria a formación profesional, o, si tenías algún enchufe o algún familiar que te facilitaba un trabajillo, a producir. De este modo, cuando te daban las listas de los cursos los de los dos primeros cursos eran de treinta o más alumnos, pero a partir de tercero, si llegaban a 10 o 15 todos contentos. Tuve que dar unas clases de castellano en base a enseñar a leer o a redactar las frases más elementales o las de ética para plantear las habilidades sociales más básicas. A poco de estar allí me di cuenta de que la inmensa mayoría del alumnado procedía de los barrios más empobrecidos de la localidad y llegué a comprobar que bastantes venían con hambre a clase.

Ante este panorama, con la bendición de la dirección del centro y del inspector de turno, un grupo de profesores con un gran ánimo educativo -y a riesgo de darnos un buen batacazo- hicimos una selección de los alumnos y alumnas que daban los perfiles más bajos, tanto de aptitudes como de falta de conocimientos. Con esos grupos preparamos una programación alternativa basándonos en la experiencia y en los escasos conocimientos que tenían. Han sido unos de los años en que más he disfrutado en mi corta vida docente. Tuvimos que sacar recursos de todas partes que sirvieron ante todo para ganarnos su confianza, después pudimos trabajar en serio. Hoy en día aún me encuentro con chicos de estos y me saludan como si fuese de su familia y sé que para muchos fue un éxito. Cuando cambió la dirección, quedó sepultada esta experiencia porque la nueva optó por la línea de la excelencia y para estos alumnos era preferible ponerles la alfombra roja pero en dirección a la salida. Me consta que en otros sitios se estuvieron dando experiencias similares, pero siempre a modo experimental.

Con el tiempo fueron apareciendo los programas complementarios, los centros de iniciación profesional propiciados por los programas de garantía social, los programas de apoyo especiales tanto en el primer ciclo de la ESO como en el segundo... Es decir que aquellos gestos de voluntarismo puro y duro señalaron realidades sangrantes de la enseñanza y, con las leyes posteriores, la respuesta a las mismas se fueron oficializando y se crearon estructuras educativas estables para dar a este tipo de alumnos la respuesta educativa necesaria a su situación. Ahora vienen éstos a desmontar todo lo que supone atención especializada -porque no se merecen estos tipos el dinero que cuestan o porque les importa un rábano este alumnado- y de nuevo nos mandan a donde empezamos, solo que, esta vez, con premeditación y alevosía. Solo nos va a quedar esperar que en el desierto educativo que nos va a dejar este gobierno, si se llega a aplicar su ley, brote de nuevo algún oasis de atención, como pasó entonces

No me imagino a los profesores actuales de formación profesional atendiendo a esta tropa. Ni quiero pensar en los de los institutos que, hartos de pelear con ellos, darían un brazo por perderles de vista. Así que estos alumnos serán, en un gran número, los destinados a ser la masa de trabajadores no cualificados que deberán pegarse por un puesto de trabajo basura en condiciones casi esclavistas. Eso sí, figurarán como pertenecientes a las estadísticas de mejora de empleabilidad cuando lo consigan. Lo dicho, vamos hacia atrás como los cangrejos, o sea, a peor porque los alumnos de mi tiempo se encontraron con un nivel de empleabilidad y con unas condiciones laborales bastante más favorables que las que hay ahora y no digamos, según nos cuentan, de las que se avecinan.

martes, 28 de enero de 2014

Sí, es posible.

Si es posible que se consientan las abismales diferencias entre la élite de millonarios y el resto de los mortales, si es posible que todos los planes de erradicación de la pobreza y del hambre se queden en agua de borrajas mientras siguen en aumento esas diferencias, si las instituciones financieras mundiales siguen exigiendo que los gobiernos conviertan a las clases trabajadoras en siervos de la gleba, si se contempla con resignación la fuga de la generación de jóvenes mejor preparados, si se utilizan los poderes políticos para desmontar el estado y para preparar el terreno a sus ganancias, si no se ve ninguna alternativa a este sistema económico que, además de haber provocado esta enfermedad que llaman crisis, sólo dispone de una solución que es acabar con los enfermos, si la mayoría de los grandes corruptos se las arreglan para salir de rositas... ¿Qué nos queda por hacer?

La mayor parte de la ciudadanía no sabe hacer otra cosa que denostar contra los políticos y contra las instituciones públicas en tertulias, foros, redes sociales, peluquerías o bares. Echar sapos y culebras y poner a parir a diestro y siniestro es un deporte hispano más arraigado que el fútbol -y en el que también podríamos ser campeones del mundo- lo que nos convierte en gaseosas a las que se les va la fuerza por la boca. El problema es que en esos lugares no se tiene la posibilidad de cambiar las cosas, por lo que solamente sirven como terapia de soltar mala baba, así que luego dicen por ahí que no se explican cómo no se ha montado una revolución en España con semejante situación de paro y de recortes sociales.

Otra parte minoritaria, que gracias a Dios va en aumento, ya no se conforma con eso y va participando en movimientos solidarios de todo tipo, ciudadanos, sociales o religiosos para intentar paliar las consecuencias despiadadas de esta situación. A mi modo de ver realizan una labor importante que, a pequeña escala, están aportando soluciones más o menos estables a los problemas de la pobreza y del desarraigo, mientras las altas instancias miran para otra parte. Sin embargo, considero más importante el que vayan creando un tejido que pueda formar una sociedad de los ciudadanos capaz de crear vías alternativas a las impuestas por los poderes fácticos. 

Sin embargo, no toda la ciudadanía se mantiene en la pasividad resignada de que no merece la pena mover un dedo. Los resultados positivos de algunas  "mareas" y de no pocas presiones mediáticas están dando el fruto esperado y están haciendo recapacitar a dirigentes anclados en el absolutismo parlamentario. También hay quienes siguen proponiendo a través de las redes la vía de crear nuevos partidos políticos o agrupaciones que hagan sus veces y que encaucen los movimientos de indignados, pero esas pretensiones quedan, por ahora, en un reducto de minorías. Tienen en su contra el sambenito que lleva colgado todo aquello que suene a partido político.


Viñeta de eldiario.com
En vista de lo que hay, creo que no nos queda otra, para empezar, que el derecho al pataleo. Pero un pataleo ejercido a conciencia y con un ruido "in crescendo" contundente y continuo que pretenda llegar hasta las más altas esferas, aunque proceda de instancias concretas y particulares: la sanidad, la educación, los contratos laborales, los recursos sociales, el asociacionismo vecinal o de consumidores, los desahucios, las pensiones... Ellos ya se están preparando para estas batallas con leyes en contra de la libertad de manifestación, con constantes mensajes mediáticos sobre la inminente recuperación de la economía y, faltaría más, están dotándose de nuevas herramientas antidisturbios, que creíamos en el museo de la dictadura. Eso quiere decir que saben de antemano dónde van a tener la guerra y su táctica está muy clara: engañar, disuadir y reprimir, sin cortarse un pelo. 

Lo dicho, no nos queda otra que dedicarnos a molestar o a hacer la vida imposible a las élites, llámense bancos, gobiernos, fmi, comisión europea o a quien demonios esté manejando los hilos de esta horrible deriva a la que estamos sometidos. Como nos dijo un conferenciante, "tenemos que conseguir que no puedan disfrutar de lo que poseen" para que tengan que recapacitar.