martes, 5 de noviembre de 2013

Hay suicidios y s u i c i d i o s ...

Saúl -por llamarle de alguna manera- es un chaval de 19 años, pero si le ves te lo tienen que repetir varias veces porque no te lo crees. Es excesivamente delgado además de no levantar más allá del 1,60. Tiene una cara aniñada y va ordinariamente desaliñado. Sus ojos, grandes y redondos pero inexpresivos, transmiten una mirada fría de desconfianza. A pesar de su aspecto menudo es capaz de montar unos líos espectaculares. Conocí a Saúl cuando estaba cursando primero de ESO. La educadora de su instituto me llamó la atención sobre él porque, sin mediar aviso, comenzó a tener unas actitudes extrañas, ausencias a clase poco o mal justificadas y llevaba ya, a poco de empezar el curso, un buen carro de pencos. Resultaba imposible establecer la más mínima conversación con él y se escurría como una anguila. En el curso siguiente tuvo que repetir primero y para ello se cambió inesperadamente de instituto. Aquí es donde comenzó a faltar sistemáticamente a clase. Se le ofertaron recursos especiales de apoyo escolar pero no quiso saber nada. A todo esto la familia no daba señales de vida. Más tarde me enteré de que fue a raíz de la separación de los padres cuando comenzó a tener las conductas disruptivas. De todos modos ya antes había sido un niño transparente para la familia porque con los líos de los mayores nadie le hacía caso. Sin embargo tuvo que hacerse cargo de su hermano pequeño en numerosas ocasiones, lo que colaboró también a acrecentar su absentismo escolar.

Aplicando el protocolo de absentismo les citamos en el Ayuntamiento. Se presentó la madre con el chaval. Nos quedamos asombrados por la frialdad de ésta. Estuvo mirándole a distancia como quien tiene que estar allí porque sí, como si aquello no fuera con ella. De todos modos, le sugerimos a la madre que pidiera ayuda a los servicios sociales, tanto para apoyarle a ella en su situación de familia monoparental, como para atender los problemas que Saúl manifestaba. No nos hizo caso ni a nosotros ni a las llamadas de la educadora correspondiente.  La entrada en la adolescencia de Saúl fue tremenda,  llegando a generar conductas agresivas tanto en el instituto como en su casa. El fracaso escolar estaban cantado y no puso el mínimo interés en evitarlo. Acabó en un PCPI en el que tuvo que ser expulsado en no pocas ocasiones. Le dieron varias oportunidades para que no se quedara sin título, pero su respuesta fue participar en algún robo y en la extorsión de la marcha de su grupo. A menudo se presentaba fumado o colocado, por lo que no podía estar en un taller con herramientas que resultaban peligrosas en ese estado. Lógicamente todo esto lo hizo en comandita con otros compañeros de viaje, que en ese momento se encuentran bajo medidas judiciales.

A todo esto, la madre ya había establecido relación con otra pareja, lo que acrecentó el despecho del chaval y su violencia. Es entonces cuando la madre se presenta en el centro y en los servicios sociales para pedir auxilio y atención urgente. Pero a estas alturas todas las medidas que pusieron a su disposición fueron inútiles. Saúl las rechazó todas. La ocurrencia siguiente fue decidir que el chaval se tenía que ir con el padre porque resultaba peligrosa su estancia en la familia. Pero el padre no tardó en dovolver la patata colienta por donde había venido. Sé que ha estado ingresado en urgencias en un estado de anemia galopante y que sigue metiéndose de todo lo que pilla porque seguía con la cuadrilla de antes y es fácil que acabe como ellos. Ultimamente le he perdido la pista pero prefiero no tener noticias de él, porque seguramente no serán muy alagüeñas.

A lo largo de los últimos años de mi vida laboral se me han ido ocurriendo dichos, a modo de sentencias, fruto en su mayoría de la mala leche que se le pone a uno después de darse de cabeza contra el muro de la impotencia o de la desidia en casos como éste. "La falta de afecto es igual que la mala alimentación: no deja crecer". Hoy traigo aquí este ejemplo que me llena de pena y de rabia al mismo tiempo. Saúl es una víctima del agujero negro más peligroso que he encontrado: el haber crecido sin sentir afecto ni atención, sobre todo provenientes de los progenitores. Acaba siendo un activo peligrosísimo que se traga a la persona y que conduce a los menores al deterioro  psicológico, físico y social e incluso a la autodestrucción y, por qué no decirlo, al suicidio, aunque éste se vaya haciendo a cámara lenta y dure casi toda una vida. 

domingo, 27 de octubre de 2013

Días de monte 10

El sábado 19 de octubre reinaguramos los paseos montañeros. Nuestra intención fue hacer una mañanera suave por aquello de calentar motores. Escogimos un monte desconocido para los dos pero en una zona familiar para nosotros: el Beratza, que también lo dicen el S. Pedro, de 711ms. Al pie del puerto de La Barrerilla sale una pequeña desviación al barrio de Alora, que pertenece a Amurrio. Seguimos las indicaciones que había sacado Juanjo de internet y las fuimos siguiendo al pie de la letra, hasta que nos vimos atrapados en medio de unas pistas de tala de pinares que no llevan a ninguna parte. Intentamos reinterpretarlas de nuevo y volvimos a las andadas.

A todo esto llevábamos dos horas, cuando contábamos que la ascensión nos llevaría al rededor de una hora. Con el cabreo en el cuerpo decidimos volvernos atrás y fue entonces cuando comprobamos nuestro error, porque habíamos pasado de largo una desviación que era la buena y cogimos otra unos metros atrás que coincidía con algunas de las señales que llevábamos: una campa al lado, una alambrada... Pero ya no estábamos de humor para hacer el camino de nuevo. Así que tomamos la decisión de coger el coche y subir el puerto. Desde allí en media hora estábamos en la cumbre sin grandes dificultades. En fin nos sacamos la espinita llegando a la cima y gozando de los panoramas. Tal como nos dijeron, desde la cumbre se ven Orduña y Amurrio, además de un amplio panorama de la sierra Salvada. Ya en el coche decidimos que en próximas salidas vamos a ir a sitios mejor indicados y más concurridos.

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jueves, 17 de octubre de 2013

Investigaciones universitarias versus sentido común

He escuchado por la radio que unos eminentes investigadores de una prestigiosa universidad han llegado a la transcendente conclusión que la irregularidad en el sueño de los niños puede alterar la normalidad de su vida y ser un grave impedimento en el desarrollo de su personalidad. Claro, en esto resulta determinante el abuso o el mal uso de los supermóviles y de las adicciones a internet. Es curioso que uno lleve media vida de educador trabajando este tema y que tenga que salir a los medios de comunicación, por aquello de la credibilidad que otorga a un informe el nivel de prestigio de la universidad correspondiente. Es de sentido común que la alteración del sueño altera la marcha normal de nuestra vida. No descubrimos el Mediterráneo si concluimos que la alteración y la falta de rutina del sueño en los niños puede influir negativamente en el desarrollo físico y de la personalidad del menor. Es de elemental pedagogía saber que el niño para su seguridad necesita rutinas en su vida diaria y el que se acostumbre a un horario fijo para dormir es tan importante como el que tenga las horas suficientes de sueño. Y, por supuesto, sin esa seguridad que le aportan las rutinas no podrá desarrollar  en el futuro una personalidad autónoma.

En la casi totalidad de los casos que tuvimos en el hogar de acogida, una de las rutinas que más nos costaba trabajar era la de normalizar el sueño, sobre todo en aquellos menores hiperactivos o los que ya habían desarrollado conductas disruptivas o asociales. Sabíamos de sobra que, cuando los chicos volvían alterados de pasar el fin de semana con sus familiares, la primera noche iba a ser torera para conseguir que se durmieran, aunque mantuviésemos inalterable la hora de acostarse. Recuerdo que uno de sus deportes favoritos era salir de la habitación y juntarse con otros y hacer de las suyas, aprovechando que el educador de turno estuviera ya dormido u ocupado en otras funciones. Hubo una temporada que me tuve que plantar hasta tarde en la mitad del pasillo leyendo para que se acabaran los jueguecitos y no me retiraba hasta que les veía a todos y todas dormidos. Lo tuve que hacer hasta que dieron por sentado que, en las noches que me tocaba  guardia, yo iba a estar al tanto.

En estos últimos años en los que he estado trabajando sobre el problema del absentismo y la asistencia irregular en la enseñanza, la falta de control o de organización del sueño en los menores por parte de los padres o tutores ha sido uno de los problemas que con más frecuencia nos hemos encontrado y que han sido más difíciles de solucionar. Como es fácil de comprender, la superabundancia de tabletas, móviles, juegos en internet, televisores en las habitaciones... resultan ser un factor determinante a la hora de controlar el sueño. Ante todo poseen una gran capacidad de generar adicción y están consiguiendo que la vida social de los adolescentes se prologue casi durante toda la noche, aunque estén en su cama y con la luz apagada. Tampoco faltan familias que no le dan importancia a la rutina del sueño de los pequeños y ven de lo más normal que sigan los ritmos de los adultos. Hemos podido comprobar que todas estas situaciones, además de estar muy unidas al fracaso y a la desafección escolar, van parejas a otra serie de problemáticas familiares de mayor calado. De ahí que en nuestro trabajo hemos dado mucha importancia al detectar la falta de sueño en la escuela, como uno de los indicadores de riesgo más llamativos.

miércoles, 9 de octubre de 2013

La necedad y la ambigüedad de los macroinformes

Resulta que en España estamos a la cola en cuestión de matemáticas y de comprensión lectora. O sea, que en matemáticas somos unos zotes y que no entendemos lo que leemos, si es que leemos algo. Desde Europa han llegado a esta tremenda conclusión después de haber aplicado el sesudo examen del PIAS a los adultos -El PIAS es un prueba de competencias que se pasa a los alumnos para determinar la calidad de los conocimientos adquiridos en su currículo escolar-. Lo que me ha dejado del todo perplejo es enterarme que en el concepto de adulto entra la población desde los 16 a los 65 años. O sea, que han metido en el mismo saco a los que acaban de terminar la ESO y a los que, como yo, comenzamos a estudiar con el pizarrín y a cantar las tablas de multiplicar, pasando por los inúmeros planes de estudios y de las mejoras de los mismos ¿Me puede decir alguien qué conclusiones se pueden sacar de tamaña mezcolanza y qué credibilidad se le puede dar? Pues bien, el señor Wert sí ha sacado una rápidamente, mejor dos de una misma atacada. La culpa la tiene el plan anterior de los socialistas y la solución está en su plan que se nos va a imponer por absolutismo parlamentario, mal que nos pese, para redimir a España de la incompetencia. No entiendo cómo la clase política se puede cegar tanto en el corto plazo y es incapaz de resistirse a la tentación de utilizar lo primero que pilla para atacar a los contrarios, sin llegar a calibrar el ridículo en el que puedan incurrir.

Vamos a hacer un poquito de historia. Las personas de mi generación, y de algunas más jóvenes, de Barakaldo y de poblaciones enteras de carácter obrero y rural que hemos cursados estudios universitarios somos un puñadito de privilegiados que  no suponemos ni el 10%. O eran los hijos de algún enchufado del régimen, de algún comerciante o directivo con cierto nivel económico o se dejaron reclutar en algún seminario de frailes. Pasaron la reválida del cuarto del bachillerato de entonces otro puñado. La inmensa mayoría mal terminaban la escuela y o iban a aprender algún oficio o, directamente, con las cuatro reglas y sabiendo firmar y poco más, se les ponía a trabajar en el taller de alguien familiar o conocido, en la obra donde curraba su padre, en las tareas del campo... que a fuerza de estar en ello se aprende. Ya me dirán qué PISA pueden superar esas generaciones, aunque hayan sido uno de los motores del sustento familiar y de desarrollo del país por su profesionalidad y dedicación al trabajo. Ya sé que para muchos de ellos con leer los titulares de los periódicos ya han cubierto su cuota lectora, pero me pregunto si se les puede exigir algo más a estas alturas. Se les llama analfabetos que dejan mal a España y se acabó, me parece totalmente injusto.

Los señores del PP, y no solo el impresentable ministro de educación, a la hora de liarse al "y tú más" con los de las bancadas de en frente, deberán recordar lo que provocaron en la época de la "España va bien" del señor Aznar y compañía ¿Cuántos jóvenes abandonaron los estudios sin ni siquiera tener el graduado escolar de primaria para trabajar en la construcción o en la hostelería en las zonas turísticas? ¿Cuántos de ellos están ahora viviendo de las pensiones de sus padres? Al reventar la burbuja inmobiliaria era muy fácil lamentarse de que había una gran cantidad de trabajadores, aún jóvenes, cuya capacitación para reciclarse era sumamente escasa. Se les ha echado la culpa a ellos y, como dijo la senadora "que se jodan!" Ahora además son el vituperio nacional porque no tienen competencias matemática y lectora y nos dejan mal al resto de españoles. Aún así en esas generaciones que crecieron con la democracia, el acceso a las universidades y los títulos de bachiller aumentaron considerablemente por las facilidades y los apoyos que han ido teniendo las clases medias y las familias obreras estables para poder abordar los estudios de la prole. Que me digan entonces cuáles tendrían que ser los datos en estas fajas de población.

Quedaría luego analizar el dislate producido por el cachondeo político de que cada gobierno pone su plan para que el que venga detrás lo quite, o que cada comunidad autónoma campe a sus anchas sin garantizar unas bases comunes. A todo esto, llegamos a las generaciones actuales de las tabletas, los móviles de ultimísima generación, las plays de juegos... que se encuentran en una esquizofrenia vital muy curiosa. En su vida social y personal solamente saben funcionar con esos mecanismos digitales y, entre tanto, la escuela y la enseñanza en general sigue tirando de papel y boli, quitando honrosas excepciones que se lanzan a la escuela 2.0 en plan puntero. Habría que explicar cómo influye este factor en el aprendizaje y en la adquisición de competencias y si se está dando los pasos suficientes para adecuar el aprendizaje o el fomento de la lectura al momento vital de los jóvenes. 

Y ya solamente me queda llamar la atención sobre la desvergüenza que se está viviendo en los momentos actuales: recortes de profesorado, de materiales escolares, de refuerzos para los grupos con dificultades, de recursos pedagógicos, pérdidas de becas... Y los mismos que han estado haciendo este estropicio, ahora van a elevarlo a categoría de ley. Lo más indignante es que nos digan que su ley, con sus correspondiente mediadas "correctoras", es la que va a arreglar todos estos problemas de incompetencias, porque está pensada para conseguir la excelencia en los resultados educativos. Hace falta valor... y cinismo.


domingo, 6 de octubre de 2013

Jóvenes y violencia

Está a la orden del día el ver u oír en los medios de información y en los comentarios de la calle quejas, hechos más o menos escandalosos y hasta estadísticas sobre los comportamientos violentos de los menores. Creo que antes de preocuparnos de esto habría que empezar por otro tipo de comportamientos previos que se van tolerando inconscientemente, más dejación que por ignorancia, creo yo. No hace falta ser ningún entendido para observar que en las relaciones entre iguales de los y las menores se hace sentir una dosis considerable de agresividad que cada día parece ir en aumento. También comienza a es normal ver cómo unos mocosos se plantan ante sus padres y les dan auténticas órdenes, a parte de las rabietas típicas de los pequeños. Y esto no acaba ahí, se está llegando al extremo de que ya hay programas terapéuticos para las familias de los y las adolescentes que agreden a sus padres, lo que indica a las claras que debajo de esos casos declarados existen muchos más que por diversas razones se prefiere mantener ocultos. La carnaza que varios canales de televisión se han encargado de echar al público a raíz  de estos temas solo ha servido para el aumento de su cuota de audiencia a base de airear las miserias de personas y familias a las que han podido terminar de destrozar sus vidas. Por lo demás,  no entiendo cómo pretenden hacernos creer que son válidas esa soluciones mágicas que de la noche a la mañana consiguen unos superprofesionales que lo saben todo .

Me he encontrado, al respecto, con un artículo de Leonardo Boff que da luz ante los porqués de esta violencia que se refleja en los menores pero que anida en toda la sociedad, desde la familia hasta en las altas instancias sociales. Creo que da en el clavo cuando señala que uno de los factores que más está influyendo en este problema de la violencia es lo que llama el "eclipse de la figura del padre", apoyándose en las aportaciones del psicoanálisis. La figura del padre implica algo más que la presencia física del padre en la convivencia familiar. Es esa función imprescindible para el ser humano que marca las normas, señala los límites y, sobre todo, aporta la seguridad que necesitamos hasta conseguir nuestra autonomía. Hoy ya nos está tocando vivir una nueva sociedad de familias divorciadas, separadas, monoparentales, recompuestas... Está claro que en estas situaciones esta figura puede quedar desdibujada, totalmente ausente o, en el caso de nuevas parejas, contraproducente. Pero hay otro fenómeno que se está extendiendo y es más peligroso: la ausencia  de esta figura  cuando los padres están presentes en la vida familiar. Resulta más fácil dejar pasar, no tener enfrentamientos, conceder todo lo que los hijos piden... pero esa actitud, a la larga, acaba creando dependencia e inseguridad. 


En mi experiencia de educador he podido comprobar, más allá de las teorías, que muchos comportamientos violentos, agresivos o antisociales, son fruto y signo de una debilidad e inseguridad personal. Algunos chicos, de los que me tuve que hacer cargo en un hogar de acogida, eran el terror de los compañeros en la calle y la pesadilla de la policía municipal. Sin embargo, aquellos mozalbetes eran incapaces de dormirse sin la luz porque tenían pánico a quedarse a oscuras, o tenía que contarles historias e, incluso, no me quedaba otra que airear algún que otro colchón a la mañana siguiente por las incontinencias urinarias impropias de su edad. En la última etapa de mi vida laboral de educador también he podido comprobar, incluso estadísticamente, que un porcentaje elevado de los alumnos, que se quedan marcados por el fracaso escolar o que mantienen comportamientos absentistas y disruptivos en los centros escolares, provienen de familias en las que éstos han superado a los adultos responsables lo que, en vez de darles más fuerza, los deja seriamente debilitados para encarar su futuro. Las intervenciones que se pueden aportar desde las instituciones públicas para paliar estas situaciones se quedan muy limitadas si no cuentan con algún referente mínimamente sólido en la familia. A los que nos hemos batido el cobre en esas batallas al menos nos queda el consuelo de que, para bastantes de ellos, nuestras aportaciones les hayan podido servir de factores resilientes para encaminar su vida. Contra este problema no queda otra, así que plagiando lo que decía aquel grupo punky de cuyo nombre no quiero acordarme "mucha policía, poca educación... un error, un error!!"

jueves, 3 de octubre de 2013

Cuando un hombre ama a una mujer...

"¡Luisfer, joder, búscame una mujer!" La primera vez que me lo dijo lo tomé como una broma de las que nos solíamos hacer cuando en otra época coincidimos trabajando en la construcción. Toño -por dejar anónimo su nombre- era uno de tantos que se vino de los campos del sur de España para ganarse la vida. Al rebufo de su hermano mayor aprendió el oficio y se fue consolidando como un buen oficial de albañil. Era como un toro bravo, de corta estatura pero musculoso hasta decir basta. Derrochaba energía y parecía que nunca se cansaba. En su tierra había practicado no sé qué modalidad de lucha lo que le daba una resistencia fuera de lo común. Por aquella época
entablamos amistad porque estábamos empeñados en la lucha por conseguir convenios justos para los troncos de la construcción y él era de los más desatacados a la hora de dar la cara y de cantarle las cuarenta al que hiciera falta. Por otra parte, residía en el mismo barrio en el que vivía mi madre, por lo que era frecuente que de vez en cuando nos encontrásemos. A mí me despidieron de la empresa en que coincidimos después de una huelga y él la dejó años después porque le hacían la vida imposible y se puso a trabajar por su cuenta, junto con su hermano. Le sobraba energía y oficio para hacer frente a lo que le viniera.

Al cabo de un tiempo, en uno de los domingos en que fui a visitar a mi madre, ésta me contó que al hermano pequeño de Herrero se le había muerto la mujer de repente. Pasó bastante tiempo hasta que volvimos a encontrarnos y me invitó a un vino. Allí fue cuando me soltó por primera vez lo de que le buscara a una mujer. En aquel ambiente no le di mayor importancia, aunque le vi algo desaliñado, cosa que puede parecer normal cuando falta la que ha estado cuidando la casa. Sin embargo, en la siguiente ocasión en que nos encontramos estábamos solos y me volvió a repetir la frase pero esta vez noté que iba muy en serio. Llevaba un aspecto muy desaliñado para lo chuleta que había sido él antes. Los ojos no le brillaban y el tono de voz era tan alicaído que rayaba en lo lúgubre. Me lo repitió dos veces como si fuese la súplica de alguien que no puede más con su vida. Aún recuerdo perfectamente el lugar y la hora en que nos encontramos. Ya no le importaba el trabajo, la echaba mucho de menos y no encontraba con quién suplir ese vacío, aunque dudaba que eso pudiera ser posible.

Supongo que las palabras, o mejor, la arenga que le solté con toda mi buena voluntad no sirvieron de nada. Me dejó tan impresionado que, iluso de mí, me llegué a convencer de que en algún lado podría encontrarle una compañera. En aquellos tiempos no había internet, ni era pensable para un currela de la construcción acudir a uno de esos lugares donde se encontraban solteros y solteras. Estuve a punto de abordar a una conocida que estaba en una situación similar, pero a la inversa. Lo fui dejando y, como pasa en estos casos, se me fue el santo al cielo. Dos años después de ese encuentro, un domingo mi madre me comunicó que a Toño le habían dado tierra. Le encontraron muerto. Se había desmejorado mucho y parece ser que tenía algo grave, pero como no se cuidaba... Creo que siempre he sabido la enfermedad que este compañero tenía. Estoy seguro que murió de tristeza y esa enfermedad tiene muy mal remedio. A mí me dejó muy tocado porque al menos a mí me lo había contado y no supe o no pude hacer nada. A pesar de los años que han pasado aún me viene a la memoria su figura en lugares o en circunstancias que habíamos compartido. Como recuerdo le quiero dedicar esta música que casi todos sabemos de memoria y que me ha inspirado el título de este post. 

martes, 24 de septiembre de 2013

En la Sierra Brava Badaia

Con la disculpa de un encuentro acordado en Kuartango con viejos conocidos y mejores compañeros de antiguas andanzas, conseguí liar a tres de ellos para dar una paseo por la sierra Badaia antes de la hora de la comida. Hacía muchos años que no había pisado esa zona, pero una de las rutas que publica El Correo marcaba un paseo por la vasta altiplanicie de esta sierra, y me picó el venenillo. La ascensión no es costosa porque los tramos más empinados son cortos y luego las subidas a las cotas más altas son tendidas y se hacen con facilidad. Quiso la suerte depararnos un día espléndido de despedida del verano, lo que nos permitió contemplar unos panoramas extraordinarios. Nunca me había imaginado que fuera una atalaya tan impresionante. Además de los montes cercanos de Araba y Bizkaia, pudimos divisar desde el pico que está encima de Castro Urdiales, hasta los montes de la Demanda o el S. Donato y el macizo de Aizgorri. Nuestro amigo Luisma, oriundo de este valle de Kuartango, nos fue ilustrando de los diversos lugares de interés que éste esconde y de los diversos "susedidos" históricos, desde la paliza que les dieron los lugareños a los romanos que habían instalado un castro, hasta las estratagemas de los ingleses que se escondieron allí para ganar la batalla de Vitoria a las tropas napoleónicas, que les esperaban en el puerto de Altube. Luego pasamos a la otra vertiente de la sierra y pudimos contemplar la llanada alavesa con una vista en la que se veía Vitoria como en un croquis.

Resultó ser una mañana deliciosa, por el paisaje, por el ambiente y por la inmejorable compañía de la que pude disfrutar. De todos modos la conversación central del día fue la del problema del fracking, ese controvertido sistema de arrancar el gas incrustado en las rocas del subsuelo que acaba arrasando también el suelo donde se instala. Este valle y la sierra que pisábamos parecen ser un objetivo directo de los que planifican este sistema, lo que supondría arrasar el valle y las zonas circundantes, incluido el nacimiento y el salto del Nervión. Tanto a la entrada del valle como cuando bajamos al restaurante donde habíamos quedado con los otros compañeros, pude ver que el valle estaba plagado de carteles en contra del fracking y que la mayor parte de la gente portaba camisetas amarillas alusivas a que Kuartango no lo quiere. Más tarde llegó un numeroso grupo de vecinos ataviados con las susodichas camisetas procedentes de uno de los actos de  protesta que estaban programados en otro rincón del valle. Me impresionó la conciencia y el empuje que destilaban.

En mi anterior post me preguntaba hasta dónde iban a llegar los que nos gobiernan. Por lo visto, también están dispuestos a arrasar este valle y toda la cornisa norte de España que, al parecer, es de los lugares más aptos para acometer su destrozo. También me pude enterar que hay más movimientos ciudadanos por esta causa en otras partes de España y que están uniendo sus fuerzas a pesar de que todo el mundo sabe que nuestros mandatarios son capaces de pasar por encima de todo. Lo mismo les da los apuros y las angustias de tantas familias que se quedan sin becas o sin comer, como la cabaña ganadera que pueden desmantelar o la belleza de nuestros montes y valles. Total eso son para ellos paparruchadas de ecologistas estrafalarios y de idealistas que no conducen a ningún beneficio. Esta lucha contra el fracking tiene que ir ganando mucha más fuerza y apoyos ciudadanos porque va a necesitar de todo para frenar esos planes tan dañinos. Al parecer lo único que los están paralizando, por ahora, es la falta de financiación. Ironías de la suerte, algo bueno tenemos que aprovechar de la crisis.


miércoles, 18 de septiembre de 2013

¿Hasta dónde van a llegar?

"Quosque tandem, Catilina? Quosque tandem abutere patientiam nostram?" Traigo a colación este arranque de Cicerón en las Catilinarias porque creo que se lo podríamos aplicar al impresentable ministro encargado de desmantelar el sistema educativo público "¿Hasta cuándo, Wert? ¿Hasta cuándo vas a abusar de nuestra paciencia?" Me he quedado atónito ante las declaraciones de este señor respondiendo a las movilizaciones de alumnos, padres y profesores por el apabullante descenso de becas. 600.000 alumnos se quedan sin beca y este tipo se queda tan pichi diciendo que son "algunos" nada más los que protestan. Luego lo remató diciendo que esas protestas no tenían razón de ser porque era una "huelga política", esto es, que solamente intentaba ir contra el gobierno, o sea, contra él. ¿Es posible que no se haya dado cuenta del número de parados que hay, y de los que ya no perciben el subsidio o tienen que estar viviendo de la ayuda familiar? ¿Sabe a cuántos jóvenes les ha cerrado la puerta a la universidad y a la FP de grado superior con su subida de tasas y con ello les está hipotecando su propio futuro y rebajando el nivel de cualificación de las nuevas generaciones que son el futuro de todos? ¿En qué consiste su cacareada excelencia en la enseñanza, en echar de ella a los pobres? No me explico cómo una persona puede llegar a ese nivel de cinismo y a demostrar tamaña desfachatez insultando a la inteligencia de los ciudadanos.

Después de tanto años luchando por concienciar a las familias de la necesidad absoluta de la formación y por erradicar el absentismo escolar, uno se tira de los pelos al comprobar en qué manos está ahora la enseñanza pública. Hasta ahora teníamos que insistir a las familias en que no podían permitir que sus hijos  se presentaran en la escuela sin el material escolar necesario. A ver ahora quién el guapo que se atreve a sugerir esto en algunos sectores de población. Es verdad que ha habido, y seguirá habiendo, familias, sobre todo gitanas, que han querido aprovecharse de las becas para utilizar indebidamente el dinero de las mismas, pero eso no justifica medidas de este tipo que rayan en el descalabro para la inmensa mayoría de las familias que nada tienen que ver con esas prácticas.

Mira por dónde, hoy el gobierno holandés, dentro de la cara dura propia de los políticos europeos actuales, ha declarado sin ningún rubor que eso del estado del bienestar se acabó, eso sí, envuelto en una serie de eufemismos que son para partirse de risa sino fuera por lo que llevan detrás. Al menos han dicho una verdad sin pelos en la lengua. Todo un ejemplo de sinceridad para nuestros actuales gobernantes que en su campaña electoral no dijeron que se iban a cargar sistemáticamente el estado de bienestar, que tantos esfuerzos y tantas luchas nos había costado, porque era muy caro o porque les molestaba.
Apoyados en el absolutismo parlamentario se zafan impunemente de todos los compromisos que prometieron. Ahora dicen que en Europa y las instituciones económicas internacionales les felicitan por las medidas adoptadas. Lógico, los que están por los interese del capital les han impuesto estos deberes y se ve que van aprobando en la tarea encomendada. Deberían preguntar a los ciudadanos españoles, incluso a los que les habían votado, a ver si éstos les aprueban.

También se les llena la boca con que la economía va bien, pero esa señora no vive en la mayor parte de los barrios obreros de todo el estado, ni en muchos pueblos pequeños, ni en la casa de los que tienen que ir al banco de alimentos o de los que se quedan sin becas, ni el cartilla de tantos pensionistas sumidos en la miseria... Seguro que en los años que nos faltan para llegar al final de esta dictadura parlamentaria, les va a dar tiempo en acabar con gran parte de lo que nos queda en pie de lo público, por eso me hago la pregunta del título, porque lo de pararles lo tenemos a millón. 

jueves, 5 de septiembre de 2013

En el 30º aniversario de las inundaciones de Bilbao.

El pasado 26 de agosto quedé impresionado al visionar el programa de ETB sobre las últimas inundaciones de Bilbao. Según iban pasando las imágenes y los testimonios se me agolpaban un montón de recuerdos. Sin embargo, lo que resultó de un interés especial fue el compartir ese rato con María y con nuestra hija. Siempre hemos dado gran importancia en nuestra familia a la transmisión oral de recuerdos, de experiencias, de acontecimientos... ya sean de nuestra historia personal o de la historia en la que nos tocó crecer y vivir. Nos parece un puntal importante de la educación familiar para que los que vienen detrás encuentren razones para entender lo que se encuentran hoy y para tener referencias que les ayuden a formar los criterios de su propia vida.

Nos estábamos viendo envueltos en aquella multitud armada de escobones y palas dispuestas a darlo todo hasta caer de culo por el cansancio. María y yo estuvimos los primeros días en el Casco Viejo y en Rekalde. Después nos reclutamos en las brigadas del ayuntamiento de Barakaldo y nos tiramos en Alonsotegi una semana sin descanso sacando barro, piedras, troncos y hasta animales muertos. Teníamos dos sentimientos encontrados, por una parte la impotencia de ver que aquello no se acababa nunca y por otra la satisfacción de haber aportado todo lo que podíamos aportar.

Al mismo tiempo recordábamos anécdotas de cómo baja la ría, de personas conocidas que lo pasaron mal... en especial de mi difunto primo Txomin que, como nunca salía de las tascas del Casco Viejo, estuvo pasando la noche en una terraza del bar donde estaba subido en una torre de cajas de botellas de vino vacías. Yo me libré de la riada porque aún no había bajado a la sede de la comparsa, aunque me quedé sin trombón porque lo había dejado en el sótano y supongo que se iría a dormir entre los fangos de la ría o derechito al mar. Estaba en casa de mi madre pasando unos días y al vivir en Arangoiti solo veíamos que la carretera de acceso al barrio y los caminos del monte se habían convertido en un abrir y cerrar de ojos en unas torrenteras que arrasaron el barrio. Yo comencé a llenar la bañera y todos los cubos y cazuelas de casa de agua, a pesar de la extrañeza de mi madre. Al día siguiente, no había agua pero nosotros tuvimos suministro para unos cuantos días.

Así quedó la txosna de mi comparsa
La semana siguiente comenzaban las clases y yo tenía que ir a Santurce. Por aquel entonces estaba dando clases en el instituto de formación profesional. Solía ir en el tren de cercanías que discurre paralelo a la ría. Fue un viaje desolador al ver todas las factorías llenas de barro, de árboles... con paredes caídas y gran cantidad de materiales inservibles. Me entró una especie de angustia al encontrarme con que no solo había quedado arrasada la zona comercial sino que las industrias habían corrido una suerte similar. Tenía la impresión de que no íbamos a levantar cabeza, que aquello iba a suponer la ruina de la región o algo así. Sin embargo, aquello supuso en realidad un resurgimiento y un empeño en mejorar y aumentar lo que se había llevado el aguadutxu. Y es que este país somos así y me siento orgulloso de participar de ese espíritu de superación y de visión de futuro. A mí me pasó que intenté superar esas sensaciones negativas escribiendo mi primer poema. Lo he colgado en mi pequeño poemario que tengo medio abandonado y, quizás, en esta ocasión también el recuerdo de las inundaciones me devuelva a la poesía.

domingo, 25 de agosto de 2013

Un cumpleaños especial

En el pasado 14 de agosto me he encontrado con un cumpleaños especial, me han caído los 65 años. Quizás no tengan nada muy diferente a los 64 o a los 66, pero está marcado socialmente y, quieras o no, esas marcas influyen también en lo personal. Ya pasa uno a la reserva laboral, lo que supone un cambio más que sustancial de la forma de vida. Se abre de repente una puerta y, aunque muchos hayan descrito lo que hay detrás, según su propia experiencia, no deja de ser una caja de sorpresas porque no podemos suponer lo que se va a encontrar uno detrás de ella. Conocemos nuestra manera de reaccionar, nuestras fuerzas, nuestras debilidades, pero siempre en el contexto de nuestras rutinas diarias o de las diversas épocas de nuestra vida. Lo que me llega ahora es una situación novedosa sobre la que se dicen muchas generalidades pero para cada uno es una experiencia personal e intransferible y, por ende, distinta por lo que lo que te cuenten no sirve para mucho.

Por aquello de las nuevas normativas que se impusieron por pelés, tengo que esperar hasta el 14 de septiembre para acceder a la jubilación. Los de mi quinta somos los primeros que comenzamos con el retraso de la edad, aunque, visto lo que va a venir, lo mío no ha sido ni un rasguño. Es ahora en este intermedio entre el cumpleaños y el 14 de septiembre cuando siento una especie de vértigo al ir viendo acercarse esa fecha. Creo que puede ser normal ante algo que sé de antemano que es totalmente nuevo y, de alguna manera, definitivo porque supone inaugurar la última etapa de mi vida. Sin embargo, quiero que esta nueva etapa sirva ante todo para mi crecimiento y enriquecimiento personal, pues supongo que se comienza a ver la vida y los acontecimientos desde una perspectiva distinta y esto puede suponer el descubrir nuevos rincones de la personalidad y llegar a espacios vitales que no se conocían antes.

Mi primer propósito es poder tener una mayor dedicación al cuidado de mi familia y de nuestra hacienda. Muchos comentan con sorna que los jubilados solo hacen que molestar en casa, espero que éste no sea mi caso. Por otra parte, no creo que me vayan a faltar oportunidades de seguir colaborando con programas o iniciativas solidarias, lo que para mí será una gozada y una parte fundamental de mi vida. Creo que podré dedicarme también a mis aficiones favoritas la lectura, el estudio, la escritura, la música, el monte... y prometo desde aquí mantener, mejorar, ampliar este blog. O sea, que no voy a tener demasiado tiempo para aburrirme ni voy a necesitar inscribirme en programas de esos que se estilan para entretener a las personas mayores y quiera Dios que esto dure mucho tiempo. En fin, con estos sentimientos y estos pensamientos me estoy preparando para el paso a mi jubilación. Que Dios reparta suerte!!