martes, 18 de enero de 2011

¡DÉJAME EN PAZ!


"Déjame en paz
que no me quiero salvar
en el infierno no estoy tan mal..."
(de la discografía de Víctor Manuel)




Conocí a Z en un campo de trabajo que hicimos con los Traperos de Emaús. Venía con sus dos hermanos mayores. Algunos de los participantes conocían a su familia por ser vecinos suyos y otros porque sabían que Cáritas de la parroquia les ayudaba. Así que hacían que participaban en el trabajo pero lo único que hacían era pasar el rato entretenidos y, sobre todo, sentirse acogidos por alguien. Eran, como se suele decir, perritos callejeros que se van detrás del primero que les arrasca la oreja. De todos modos Z era arisco y no daba pie a mucha cercanía, todo lo contrario de sus dos hermanos mayores. El mayor desempeñaba el papel del hombre serio y responsable de la casa y hacía de protector de sus hermanos. El segundo era un encantador de serpientes capaz de meterse en el bote al mismísimo Herodes.

El padre de Z le hizo 4 hijos y 1 hija a la madre y luego la dejó plantada con todo el tinglado. Esta es una mujer sin demasiadas luces y con pocos recursos, pero a base de hacer trabajos sueltos y de tocar todas las puertas de asistencia fue consiguiendo que aquel caos de familia no acabara con ella. Así que, entre otros muchos apoyos, consiguió que la asistenta social colocase a Z y al segundo en el hogar municipal donde yo había estado trabajando. Fueron incontables las veces que mis compañeras tuvieron que apagar fuegos en el colegio a cuenta de las movidas de estos dos piezas. Se hartaron de intentar poner orden en la casa de la familia, donde solamente recibieron coces y no les hicieron caso. Z les hizo la vida imposible en el hogar con su actitud, con sus fugas y con sus conductas disruptivas. Al poco tiempo acabó marchándose del hogar y cuando mis compañeros intentaron reconducir el tema, la madre se puso de parte de Z y les montó un pollo fino culpándoles de todo lo malo que le pasaba al angelito de su hijo. Hoy es el día que aún me mira esta buena señora de reojo y si intento saludarle vuelve la cara.

Intenté varias veces abordar a Z en la calle pero su respuesta era siempre invariable. En cuanto yo abría la boca, giraba la cara y me espetaba el "déjame en paz". A la tercera vez me lo tomé en serio y desde entonces no nos hemos dirigido ni la mirada. A estas horas ha tenido diversas entradas y salidas de la cárcel pues anda metido hasta el cuello en el tráfico de drogas. Sigue exhibiendo su tipo de matón de siete suelas a pesar de su corta estatura y con un careto de mala leche permanente que no hay quién le aguante. Así que para mí Z es el paradigma de los límites que encontramos los que, de alguna u otra forma, intentamos que los jóvenes con dificultades y con pocas oportunidades consigan abrirse camino en la vida con dignidad. Y es que eso de la inserción social nunca es una línea recta, sino un camino sinuoso y, sobre todo, se topa con barreras infranqueables como, por ejemplo, la libertad del ser humano que le puede llevar a su propia destrucción. En esos casos, como en el de Z, solo nos queda "hacer de notarios", esto es, levantar acta de los desastres aunuciados, pero sin desesperarnos porque, gracias a Dios, no todos son así. He traído al principio la cita de Victor Manuel porque, cuando Z me lo decía, yo lo canturreaba por lo bajo pero cambiando la letra: "Déjame en paz que no me quiero insertar, en la miseria no estoy tan mal..." Sobre todo si al fin de mes le cae a uno la renta básica.



domingo, 9 de enero de 2011

UN GRANITO DE ARENA


Desde hace tiempo hemos colaborado con la Fundación Vicente Ferrer apadrinando niñas y niños, porque el sistema de trabajo y de promoción social y personal que ha desarrollado la Fundación nos ha parecido el más ajustado a las necesidades de las poblaciones deprimidas. Hemos valorado también el mimo con que tratan la promoción integral y especializada para con las mujeres y los discapacitados de todo tipo. Un buen día, después de escuchar en vivo y en directo a Vicente Ferrer, se nos ocurrió que además de las aportaciones económicas podríamos colaborar con algo más. Esto se quedó como una buena idea en el cajón del olvido dado que nuestra vida y la agenda familiar no daban para mucho más. Un buen día asistimos a una exposición de la Fundación en Sestao y allí volvimos a desenpolvar la idea. Así pues, nos presentamos a la responsable y le dimos nuestras señas por si alguna vez querían contar con nosotros para alguna colaboración puntual. De vez en cuando comentábamos que también en la Fundación habían metido nuestra buena idea en el cajón o que realmente no tendrían otra cosa más que hacer que acordarse de nosotros. Hasta que un buen día recibimos una llamada y nos presentamos en el local de la Fundación.




Hemos colaborado en un par de acciones y la última ha consistido en participar en la organización de la gala que se ha celebrado antes de Navidad en el Euskalduna con la presencia de Anna Ferrer. Se quería conseguir fondos para poder poner en marcha un programa de salud primaria en las aldeas de Anantapur a las que no pueden llegar los médicos. Colaboraron artistas como Kepa Junquera, Mikel Erentzun, Igor Yebra... Se consiguió con creces el objetivo y fue impresionante la respuesta del público. Nos encontramos acogidos por un pequeño, pero aguerrido, grupo de voluntarios que contó con nosotros como si nos conocieran de siempre. También tuvimos la oportunidad de saludar personalmente a Anna y a su sobrino Jordi que dirige la Fundación aquí en España. Al final nos han pasado este vídeo como resumen del acontecimiento. Nos alegrará mucho seguir colaborando.

sábado, 8 de enero de 2011

A propósito de un concierto


En la época de Navidad la orquesta del conservatorio en la que participa Irene suele dar conciertos en residencias y en iglesias. Este año nos ha tocado ir a la parroquia de Zabala que es la iglesia aneja a la residencia Conde Aresti. Con mi proverbial curiosidad me fui fijando en las imágenes y en la arquitectura del interior de la capilla. Me llamó la atención que en un pedestal, donde supuestamente tendría que haber estado una estatua, habían colocado un proyector. De la misma me fijé en la trayectoria que marcaba su foco y mi mirada se topó con una tela que hacía de pantalla situada en el lado opuesto del presbiterio. Cual no fue mi sorpresa al comprobar que detras de ella se encontraba semioculto un pequeño púlpito.





Reconozco que me resultó tan chusco que por unos momentos me olvidé de que estaba escuchando un concierto y me distraje imaginando toda una fábula. Un aparato electrónico estaba sustituyendo a una imagen. El hoy se hacía sitio entre las imágenes del ayer. Un transmisor de imágenes dinámicas ocupaba el lugar de una estatua hierática, estática, anclada en la historia y mirando al pasado. Ya era hora de que en la iglesia se contara con imágenes reales de hoy y que se fuesen creando otras nuevas que nos ayudasen a vivir la fe en consecuencia con el mundo que nos ha tocado, en suerte o en desgracia, habitar. Además aquella pantalla estaba destinada a conseguir la participación de los fieles y curiosamente estaba por encima del púlpito que puede ser el símbolo de la voz del clero, de la imposición de doctrinas, de la pasividad de los creyentes que solamente podían escuchar y decir amén. Se podría uno creer que algo estaba cambiando en el inamovible mundo eclesial. Me hicieron bajar a la realidad los aplausos y los bravo de unas damas enfervorizadas que estaban en la fila delantera. Por su aspecto y por los abrigos de pieles que sujetaban me supuse de qué pie cojeaban y, en efecto, luego me enteré que una era la heredera del Conde Aresti, la otra era senadora del PP, una tercera concejala en Bilbao por el mismo partido...





Si ya digo yo que el restauracionismo nos acecha por todas las partes y siempre coinciden los mismos, en la religión y en la política. O si no, qué es ese numerito de la destrucción de la familia que nos monta Rouco y sus adláteres todos los años. La familia les importa un pimiento porque, entre otras cosas, ellos no han tenido que tirar adelante con una propia. La han convertido en una herramienta para sacudir a todo lo que se mueva sin su permiso y para hacerse con el sentimiento de mucha gente y utilizarla como fuerza de choque contra el gobierno y las corrientes novedosas de nuestro siglo. También lo he podido percibir en las misas que televisan. Como mi madre está impedida ya no baja a la capilla de la residencia y le acompaño siempre que puedo cuando escucha, porque apenas ve, la misa de los días festivos que dan en la 2. Son un dechado de pompas decimonónicas, que me recuerdan las misas solemnes que soportábamos en mi infancia, envueltas en unas homilías tan altisonantes como vacías de concreción y de realismo.





Así que mi fábula del proyector solo era eso, una fábula en la que se empezaba a mover algo en la Iglesia. O más bien no era más que el recuerdo de un sueño que nos creímos en otros momentos históricos en los que primaba la participación de los fieles, su implicación en la mejora del mundo, su presencia allí donde se luchaba por la justicia... Ahora no sabemos dónde ha quedado todo aquello y los que lo vivimos como auténtico seguimos refugiándonos, donde buenamente podemos, lejos de estos dinosaurios de la religión para que no acaben también con nuestra fe y con nuestras esperanzas.

sábado, 1 de enero de 2011

HA PASADO UN ANGEL

Ha muerto Rubén. Tras sus 8 años de vida postrado en una silla de ruedas nos ha dejado con el corazón encojido por su partida. Rubén nació con un algo en el cerebro que no le ha permitido desarrollarse como un niño normal. En un principio los médicos tardaron en detectarlo. Luego fue un ir y venir de sus padres por consultas y hospitales para ver si había tratamientos. Finalmente la única respuesta que recibieron fue que iba a durar poco tiempo vivo. Ahora resulta que estos 8 años han sido bastante más tiempo de lo previsto.




He podido ver cómo ha concitado a su alrededor el cariño de todos. Ha tenido a su familia entregada sin mirar esfuerzos y llenándole de calor familiar. La comida era una tortura, los abuelos se turnaban a cuidarle, tuvieron que ir comprando sillas adecuadas a sus necesidades y adaptadas a su tamaño, sobrellevar los continuos sobresaltos por sus convulsiones... Para mucha gente este tipo de criaturas son una desgracia, una tragedia o, incluso, un castigo divino. Creo, sin embargo, que son ángeles de Dios porque pueden sacar lo mejor de nosotros, además de crear a su alrededor una corriente de cariño que contagia sin pretenderlo.





Es curioso. La mayoría de los que le conocíamos comentábamos, o si no lo pensábamos, que hubiera sido mejor para él y para su familia que hubiese acabado cuanto antes. En cambio su muerte nos ha conmocionado a todos y nos ha removido por dentro. Al menos a mí me ha emocionado. Creo que su paso por la vida no ha sido inútil y que va a dejar huella en todos los que le conocimos. El mejor regalo que habrá dejado en esta Navidad es que su familia siga tan unida como lo ha estado junto a él. Esta Navidad la recordaré siempre porque el cariño y la ternura la ha traído la muerte de un niño. Y es que ha sido como si un angel nos hubiera estado visitando en Quintanilla.

En este banco se sentaban a tomar el fresco con él en las tardes de verano

y en esta iglesia han celebrado su funeral

miércoles, 24 de noviembre de 2010

MERECE LA PENA...

Estamos acostumbrados a ver noticias de chicos latinoamericanos en plan pandillero y con fama de pendencieros y de que no quieren dar un palo al agua. Es verdad, existen. Más aún, son más de los que nos gustaría y es muy difícil trabajar con ellos. Sin ir más lejos, en la entrada de nuestro garaje que está en un parque acabo de ver a un tropa de cuidado con cara de estar liando alguna y envuelta en un ambientador canutero más que cantoso. Muchos de ellos y de ellas viven a costa de los mal pagados trabajos de sus padres o, sobre todo, de sus madres. Esto no quiere decir que entre el resto de nuestros adolescentes no pase lo mismo.




De todos modos, siempre se puede encontrar alguna historia que nos ayude a no perder la esperanza y a ver que merece la pena invertir nuestros esfuerzos, nuestras programaciones, inversiones ... y todo lo que haga falta porque al final alguien sale adelante gracias a ellos. Algunos no nos dejan rastro de su trayectoria, pero viene de perlas encontrarse con casos como los de E para saber que no todo son catástrofes y que lo que estamos haciendo tiene sentido y unos objetivos correctos. E es un ecuatoriano pequeñito y delgadito que puede pasar desapercibido porque hasta la voz es suavecita y, más que hablando, expresa todo con su cara, sobre todo con su sonrisa tímida. Es lo que se suele decir una hormiguita laboriosa que no para y lo tiene todo organizado. A propósito, me encantaba cómo ponía el café ya desde su primer curso.




Nuestro amigo terminó el programa del CIP el curso pasado, con prácticas incluidas en las cocinas de uno de los mejores hoteles de Bilbao. Nada más terminar las prácticas le contrataron. Al poco tiempo le pusieron a cubrir la baja del jefe de cocina. En estos momentos le están ayudando a cualificarse en la escuela de alta cocina de Artxanda. Supongo que esto no se lo han regalado sabiendo cómo se las gastan en el sector de la hostelería y más entrando en ciertos niveles. Pero eso no es lo mejor. Cuando tiene días o ratos libres se presenta en nuestra cocina y colabora con sus antiguos profesores. Ha dado charlas orientativas a los actuales alumnos y les ha enseñado a hacer recetas especiales.



Este lunes pasado le he visto cuando hemos bajado a tomar café y he sentido un cosquilleo de emoción en la tripa. Daba gusto verlo allí con una pose segura en medio de las miradas atentas de los aprendices y cómo le trataban luego sus propios profesores, como si fuese ya uno de ellos. Claro que no hay muchos como él, por desgracia, pero su ejemplo es importante para hacernos ver la cara positiva de nuestro trabajo. Así pues, traigo en la foto a los 43 componentes de la primera promoción de PCPI de nuestro CIP. De ellos 23 han accedido a grados medios de formación profesional y otros 13 tienen un primer contrato. Al resto les seguiremos ofreciendo ayuda para buscar empleo. Aunque es probable que todos no tengan la misma suerte que E, sí les deseo que tengan su mismo empeño y su buen hacer para abrirse camino en la vida. No hay que dar nada por perdido, merece la pena.

domingo, 7 de noviembre de 2010

A SU SANTIDAD, con todos mis respetos


Santo Padre:

Le escribo la presente para manifestarle, con todos mis respetos y con toda mi sinceridad, la indignación y el desconcierto que me han producido, no su presencia en España que me tiene sin cuidado, sino el conjunto de declaraciones con que nos ha regalado su Santidad. Quiero comenzar manifestándole mi más sincero rechazo hacia su persona porque no puedo conceder crédito alguno a alguien como usted que pretende dar lecciones de libertad y de teología mientras sigue silenciando y destituyendo a un buen número de teólogos por el simple hecho de no compartir su pensamiento o de querer tapar sus investigaciones. No obstante, no me resisto a presentarle mis humildes consideraciones ya que, si no lo hago, reviento.



Comienzo por el mensaje que yo considero que está en el fondo de lo que nos ha querido transmitir en su discurso. Nos ha dejado caer, como un reto ineludible, que se necesita reevangelizar España, pero no he conseguido aclarar, a través de sus sermones, lo que ese verbo significa en realidad. Ha hablado de cuestiones morales y de orden social pero no nos ha dicho ni una palabra del Evangelio, ni nos ha dejado entrever ningún atisbo de la vivencia personal de fe que se le puede suponer a un lider espiritual de su talla. Deduzco, según lo escuchado, que evangelizar viene a ser para usted equivalente a aceptar la doctrina que su santidad dicta como pensamiento único en la Iglesia y, por consiguiente, enfocada a conseguir unos fieles que solamente canten amén y luego comulguen devotamente. El panorama que nos ha presentado con sus palabras y su boato da a entender que lo que pretende, más que evangelizar, es restaurar el sistema eclesial de cristiandad que, casualmente, predominó en la época del glorioso caudillo y que es totalmente preconciliar. Claro que su santidad se ha encargado de reconducir los errores del Vaticano II que para eso está más iluminado y asistido por el Espíritu que todos aquellos padres conciliares y sus respectivos asesores, entre los que se encontró usted sorprendentemente.



Pero el colmo de mi desconcierto ha llegado cuando ha afirmado lo del anticlericalismo rabioso similar al de los años 30 en la pasada república. Santo padre, no dudo que usted sea un pozo de sabiduría, pero no le considero un especilista en la historia de España, por lo que deduzco que esa descripción se la ha dictado alguien interesado en sacar viejos trapos sucios a relucir y reabrir antiguas heridas. No me explico cómo alguien tan inteligente como su santidad se haya metido en tamaño jardín. Comparar la situación actual con lo sucedido entonces no solamente es un error garrafal, sino que es un insulto y una falta de respeto para con la sociedad española en general y un ataque solapado a sus representantes legítimos actuales, dando alas a los sectores que aún no han digerido la desaparición de la dictadura. De todos modos, podría haberles preguntado su santidad a sus mentores cuál podría ser la razón que ha provocado ese supuesto anticlericalismo, cosa que no le habrán explicado , dado que probablemente ellos mismos aparecerían como los principales causantes. La pregunta, santo padre, es qué ha hecho la jerarquía española para grangearse esa animadversión de la sociedad y qué no ha hecho para que se esté quedando sin fieles a marchas forzadas.



La sociedad española respeta y admira a tantas religiosas que se han entregado sin reservas a defender y socorrer a los más necesitados y desechados de la sociedad. También gozan de su respeto la multitud de sacerdotes y religiosos que son capaces de seguir dando testimonio en los lugares más peligrosos aún a riesgo de sus vidas. Ni qué decir tiene que la presencia de muchos cristianos voluntarios en asociaciones y organizaciones, religosas o laicas, en lucha contra la pobreza y sus consecuencias, es el principal activo del testimonio evangélico en nuestro país. Nadie está asaltando conventos aquí, ni quemando templos, ni expulsando obispos, ni perseguiendo sacerdotes, a parte de los pederastas. Pero la sociedad en general, y gran parte de cristianos en particular, está harta, sí santo padre muy harta, de que los mitrados quieran seguir imponiendo su ley en la vida pública a golpe de doctrinas y de imperativos morales y de que se resistan a perder las cotas de poder de las que han estado disfrutando hasta ahora, sin contar con las prevendas económicas que los tales gobernantes anticlericales les siguen suministrando. Quizás sí se podría hablar de un antijerarquicismo, ya que gran parte del episcopado que nos han estado imponiendo desde Roma está desprestigiando a la iglesia española ante la sociedad y nos está poniendo muy difícil a muchos cristianos el seguir considerándonos partícipes de la misma.



Santo padre, no puedo entender tampoco cómo vuelve una y otra vez a señalar el laicismo como un problema para los creyentes. Es probable que desde su cumbre no se llegue a percibir claramente la situación de los ciudadanos de a pie. El laicismo es el ámbito en el que nos está tocando desarrollar nuestra vida en este universo globalizado y, por tanto, también nuestra fe con las mismas dificultades que tuvieron los creyentes de otras épocas en medio de sus respectivas circustancias. En vez de volver la vista a atrás y seguir reclamando lo que ya pasó, sería más interesante que su santidad se preocupase en impulsar y en abrir horizontes para descubrir nuevos modos de vivir y explicitar la fe para que ésta sea creíble ante el hombre del siglo XXI. Esto no se va a conseguir echando profesores o investigadores, silenciando prelados que puedan cuestionar lo ya establecido, deshaciéndose de religiosos que plantean nuevos modos de vida, ni repitiendo "oportune et importune" o imponiendo doctrinas basadas en otros contextos históricos y culturales como si los creyentes no pudiesemos caminar de la mano con la historia y con los avances científicos, como el resto de los mortales.





En fin Santo Padre, no sé si el Jesús en el que yo creo y del que he hecho el norte de mi vida tiene algo que ver con el que su santidad dice representar en la tierra. Pero yo no soy quién para juzgarle ni para anatematizarle, aunque usted sí se crea facultado para hacermelo a mí y a muchos otros que opinan más o menos lo mismo que yo. Por todo ello, santidad, no dude que le tengo y le tendré presente en mis oraciones para que algún día se deje sorprender por el espíritu del Jesús del Evangelio que, aunque oculto, está vivito y coleando entre los hombres y mujeres de hoy y detrás de tantos movimientos que se empeñan en mantener viva la creación. Porque, si así fuera, otro gallo cantaría para la Iglesia universal y española en particular.

lunes, 11 de octubre de 2010

"Buenas escuelas, pero mala educación"


He leído en el blog de Mikel Agirregabiria una entrada que confirma plenamente lo último que he escrito en el apartado de educación, además de las líneas generales que mantengo en lo que escribo al respecto. Me alegra doblemente porque la confirmación no me llega de ningún sabio entendido en estos temas o de ningún doctor especializado en psicología del adolescente. Se trata de una mujer moldava que se dedica a trabajar, como la mayor parte de las inmigrantes, en trabajos domésticos. Tiene dos hijos, pero los ha dejado en su país. Cuando le preguntaron por qué no intentaba reagruparlos aquí, contestó que reconocía que aquí teníamos unos servicios sanitarios impensables en su país y que había unas escuelas muy buenas. Pero ella quería que sus hijos siguieran educándose con sus abuelos en Moldavia porque aquí hay muy mala educación. Los adolescentes son unos caprichosos y consentidos, no hacen caso a sus padres, les faltan al respeto a los profesores y solamente piensan en gastar y divertirse... Sabia respuesta a fe mía y fiel a la realidad. Ha podido ver en vivo y en directo allí donde ha estado sirviendo lo que nosotros podemos suponer que pasa en el seno de muchas familias catalogadas de normales.




Para darle la razón a esta buena señora, me he acordado de lo tratado sobre inmigrantes en la última reunión de la comisión municipal de absentismo escolar, que se había celebrado la semana anterior. Resulta que las estadísticas del curso que hemos pasado nos hacen ver que el absentismo entre los alumnos procedentes de otros países se viene disparando desde hace dos años. Pero, curiosamente, está disminuyendo cuando se trata de los alumnos de primaria y el aumento recae sobre los que están cursando la ESO. De entrada podría parecer que las familias de esos alumnos no dan la importancia suficiente a la educación o que no son capaces de controlar a sus hijos e hijas. Se comentó en dicha reunión que la reagrupación familiar mal digerida por parte de los menores sería uno de los factores que más podría influir en este problema, ya que sus efectos negativos salen a flote en la adolescencia.



Claro que a estas consideraciones se puede añadir el temor de nuestra protagonista. Estos adolescentes inmigrantes se están adaptando al ambiente que sus compañeros de aquí tienen y no precisamente de los que sacan mejores notas. Se ven cuadrillas de ellos con todo tipo de móviles, mp4 y demás artilugios, van vestidos de modelitos de arriba a abajo, tiran de costo y de alcohol como los que más y muestran una actitud indolente en los centros escolares como que la cosa no va con ellos. Nos consta, a través de nuestras intervenciones, que hay bastantes familias desesperadas porque no pueden con ellos. Lo que ya resulta sangrante es que todos esos gastos de los que hacen gala estos chicos y chicas salen de horas y horas de trabajos domésticos mal pagados de sus madres o de cargas u otros trabajos duros de sus padres. Ellos solamente aportan su cara bonita y hacen valer sus caprichos. Tiene razón, señora mía, más le vale que, si alguna vez tienen que venir sus hijos en búsqueda de oportunidades, lo hagan cuando estén debidamente educados, aunque hayan vivido en un país con escuelas más pobres que las nuestras, y cuando estén convencidos de que el futuro se lo tienen que labrar con su propio esfuerzo.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

CARTA ABIERTA AL MINISTRO GABILONDO


Apreciado señor ministro:

Soy un simple educador que trabajo en un ayuntamiento como responsable de los programas de garantía social y de absentismo escolar. Desde mi observatorio diario quisiera hacerle llegar mis modestas consideraciones a raíz de los últimos acuerdos entre su ministerio y las comunidades autónomas para invertir una seria millonada en luchar contra el fracaso escolar o los deficientes resultados académicos en temas como las lenguas extranjeras. En primer lugar, me parece encomiable su tesón y su buen hacer para conseguir este tipo de acuerdos y sus correspondientes presupuestos, que en los tiempos que corren de recortes y de enfrentamientos son de tener muy en cuenta.



Dicho esto, no quiero aguarle la fiesta, pero considero que a golpe de talonario no se arregla ni el 10% del problema, aunque nunca se deba renunciar a ello. La mejora de los resultados académicos no dependen exclusivamente -qué más le gustaría a vd.- de sus altas incumbencias. Dependen de otros resortes que quedan bastante lejos de sus buenas prácticas y a las que solamente puede dedicarles pías consideraciones. Vamos por partes. Para conseguir un éxito hace falta estar convencido de las metas que se quieren alcanzar y estar dispuesto a poner toda la carne en el asador para conseguirlo. Esto requiere que nuestros niños y niñas estén estimulados desde su inicio para ilusionarse en su formación y en su desarrollo personal. Sin embargo, desde mi trabajo diario observamos que las estimulaciones de una gran cantidad de familias va por otros derroteros. No descubro nigún secreto si digo que un tanto por ciento abrumador de los menores de hoy en día están sobrestimulados al consumo. La relación con sus progenitores y familiares cercanos se cifra en regalos, inventos de última hora y capacidad monetaria desproporcionada a su edad y a los criterios que la rigen. Esto no es lo peor, porque a cambio no se les pide nada y lo que es más sorprendente se les permite mandar en casa. "Al niño no le gusta..." "La niña dice que no..." Y eso va a misa. El único esfuerzo que tienen que hacer es pedir por esa boquita y, a ser posible, con malos modos y atacando, que tiene más efecto. Esto implica que ni hay respeto, ni hay límites, ni hay una preparación para el esfuerzo. Usted me dirá qué ilusión por su formación o por labrarse un futuro van a tener estas víctimas -que lo son- de la inhibición de estas familias. No digamos ya lo que les importa el que no puedan aportar nada a su país. Llegan a la adolescencia - y no pocos antes- y los padres nos piden a las instituciones que hagamos algo porque no son capaces ni de obligarles a ir al colegio.



Además de este estrepitoso fracaso educativo en el seno de muchas familias, veo, sr. ministro, otros factores de fracaso que quedan más al alcance de su mano. Tampoco creo descubrir ningún arcano al poner en su consideración el panorama con que nos regalan el cuerpo de enseñantes. Aquí, como en todas partes, hay profesores vocacionados y los que fichan para que les paguen a final de mes y, a ser posible, sin que les molesten. Reconozco que en el contexto antes descrito no es fácil ser profesor. Por ello el mal profesor será mucho peor porque se inhibirá aún más de sus funciones y los que se lo toman en serio podrían adquirir el rango de héroes nacionales. Es terriblemente preocupante la plaga de profesores-funcionarios que no quieren asumir responsabilidades, ni cargos, ni tomarse el menor interés por los alumnos. Solamente se les ve preocupados por su plaza, por las mejoras de su horario, por que no les toquen grupos difíciles... Se están malgastando un montón de recursos formativos para esta gente que llega, incluso, a rechazar las nuevas tecnologías para la educación y a no preocuparse en actualizar sus programaciones y metodologías. Y a pesar de todo ello, se les paga religiosamente y no se les puede tocar, porque son funcionarios.



Curiosamente, están aumentando las solicitudes para las carreras de enseñantes. Mi hija estudia 2º de bachiller y nos comenta, que los compañeros que quieren estuidarlas, lo hacen porque consideran que es una carrera fácil de sacar y que luego tiene más posibilidades de empleo. Como puede comprobar, esto no casa con el discurso victimista que se escucha últimamente sobre el maltrato a los profesores, ni con una inclinación inequívoca por el compromiso educativo. O estos chicos están ciegos o lo que priman son algunos ejemplos de los que ven día a día en las aulas.



No quiero desalentarle con lo que le he dicho. Habría que invertir previamente muchos esfuerzos en convencer a las familias que, sin una educación previa en su seno, el fracaso escolar está servido, aunque el coheficiente mental de sus hijos sea alto y los manden al mejor colegio. Habría que convencer a la sociedad y, sobre todo, a los medios televisivos que no se puede seguir manteniendo la mentalidad de que nos tienen que dar todo hecho sin esfuerzo, que no se puede seguir pervirtiendo a los menores exhibiendo ejemplares que se hacen ricos por vender sus miserias y soltar procacidades en público, que no se puede tomar a broma la importancia de la cualificación... En fin que todos, desde las abuelas hasta el últimos vecino -incluido usted- somos coeducadores de todos y que cada vez hay una dejación de esta función educativa más patente en un gran sector de la ciudadanía y de los responsables públicos. Si estos previos quedan sin cumplirse me temo que sus millones no van a ser muy efectivos. A pesar de ello espero que siga usted con ese buen hacer que le caracteriza hasta que la política se lo permita.

jueves, 16 de septiembre de 2010

EL MUNDO Y DIOS INSEPARABLES


Hace unas semanas leí en un periódico unas declaraciones del eminente físico Howkins. Parece ser que tras sus últimos estudios había llegado a la conclusión de que para explicar el inicio del universo, el bing-bang o como quiera que se le llame, ya no hacía falta recurrir a Dios como creador. El universo se puso en marcha de la nada por la ley de la gravedad. Me chocó que un sabio de su nivel se metiera tan de lleno en un terreno que le es totalmente ajeno y su declaración me pareció tan fuera de lugar - aunque no tan burda- como aquello que dijeron los primeros astronautas soviéticos cuando regresaron de su viaje:"Dios no existe porque hemos estado en el cielo y no le hemos visto". Es importante que los científicos sigan desentrañando el origen y las leyes del universo, porque todo lo que sea progreso del conocimiento puede redundar en mejorar el mundo y en comprendernos más a nosotros mismos. La búsqueda del sentido del mundo, del misterio de la vida o del porqué de nuestra consciencia es un terreno al que la ciencia nunca podrá acceder por sí misma y que, tampoco, debemos exigirle que lo haga.




Ciertamente es impresionante pensar que todo esto pudo empezar simplemente por algo en lo que estamos permanente e incoscientemente envueltos: la ley de la gravedad. Los planetas, las masas, nuestra vida en el planeta tierra están regidos por ella ¿Pero en qué consiste la gravedad? Está claro que es una fuerza de atracción. Todo está regido por la atracción incluso la existencia de los seres vivos cuya procreación depende de la atracción que ejercen entre sí, al igual que su sentido de manada o de especie. Y, por qué no, podemos considerar que esa misma atracción es la que hace posible la vida y la organización de los seres humanos hasta en su expresión más espiritual: el amor, el sentido de pertenencia a un grupo, familia o sociedad, la capacidad de darse a otros. Sin embargo quedan las preguntas de fondo: por qué existe la atracción, qué hace que nos atraigamos, por qué de la atracción surge la vida, porqué no podemos vivir sin ella. Podemos buscar respuestas desde diversas perspectivas pero siempre más allá de las investigaciones y los cálculos de las mentes más preclaras que ha dado el género humano. Claro está que, seamos creyentes o no, en la medida en que somos conscientes de esto nos sentiremos más unidos a este universo del que somos una parte minúscula y recién aparecida.




A pesar de esta nimiedad que somos, estamos dotados de una enorme capacidad de creación que, desgraciadamente, puede convertirse en fuerza de destrucción cuando cambiamos esa ley, que llevamos inscrita hasta en los genes, por el egocentrismo. Entonces se destruyen ecosistemas, se contamina hasta el espacio extraterrestre, se extinguen especies, se condena a millones de seres humanos a la miseria o a la soledad, al desequilibrio, a la infelicidad. Este es el resultado de la falta de atracción: la destrucción y el vacío. Para este humilde creyente la fe solamente es posible en el respeto más absoluto a todos los seres y a este universo que es como el cuerpo visible, admirable y palpable de Dios, aunque El esté más allá como epicentro del misterio y de la fuente de la vida.

jueves, 19 de agosto de 2010

LA PLAGA DE LOS "NINIS"


Se ha puesto de moda este término de ninis para designar a los jóvenes, más o menos entrados en años, que siguen viviendo de sus familias y ni trabajan ni estudian ni se preocupan por seguir formándose. Como lo que quieren es trabajar y no hay trabajo, pues hay que mantenerlos y cuidarlos, que si no los pobres igual se nos deprimen o cosas peores. Haberlos había, y quien más quien menos, era consciente de la existencia de estos fenómenos. Pero cuando ha publicado UGT las estadísticas me he quedado aterrorizado al percatarme de que podrían llegar a una cuarta parte de la población juvenil en edad de trabajar. Lo dicho una plaga.




He escuchado en la radio unos comentarios de sesudos tertulianos a los que se les planteaba que diesen su opinión sobre las causas de este fenómeno. Es muy fácil caer en el simplismo de echarle la culpa a la crisis sin más y como no podemos arreglarla pues no nos queda otra que aguantar. Alguno de ellos bienintencionado aventuró la tésis de que puede haber muchos jóvenes que abandonaron su formación picados por el dinero fácil de la construcción o de los servicios en la época de bonanza, y ahora, que tocan las duras, se encuentran sin ofico ni beneficio ya que han perdido el tren de la cualificación. De todos modos, esta no es la situación del hijo de la ginecóloga que atiende a María. Es un niño rico que ni ha terminado la carrera ni quiere dar un palo al agua, eso sí, sale todas la noches de copas. Por esto y por otros testimonios que se escuchan, puedo colegir que esto de los ninis es un asunto interclasista, esto es, que puede afectar a todas las capas de la población sin distinción social, económica, religiosa o de sexo.





Tengo a diario un testimonio feaciente de lo bien que se lo mantan los componentes de este colectivo posmoderno. A escasos metros de nuestras ventanas, en los bancos del parque al que da nuestra fachada, se suelen juntar todas las tardes y las mañanas de los festivos un conjunto de veitañeros y de veinteañeras -alguna, que no alguno, con criatura incluida- a compartir sus aventuras, sus conflictos y sus canutos. Todos visten de punta en blanco y de marcas. Hacen ostentación de coches, motos y de todo tipo de juergas. También nos dan la pelmada en las noches de verano, cuando no se pueden cerrar las ventanas y se les escucha todo. De estas conversaciones transmitidas al vecindario a nivel de megáfono se puede deducir que no dan un palo al agua y que campean a sus anchas sin más compromiso que hacer lo que se les antoja en cada momento y que nadie se les interponga en medio.




A mí y a cualquiera se le pueden ocurrir unas cuantas preguntas elementales ¿De dónde sacan el dinero, quién les limpia el modelito de cada día, quién les da de comer, quién les pone el piso... a cambio de nada? ¿Con ese tren de vida alguien se puede plantear buscar trabajo, someterse a la disciplina laboral, adquirir compromisos familiares...? Está claro a dónde van a ir a parar todas las respuestas. Esta es una plaga de sanguijuelas instaladas en familias de todo tipo, desde la médico ricachona hasta la viuda que está cobrando la renta básica u otras ayudas sociales, incapaces de quitárselas de encima. Y lo peor de todo es que acabaremos pagando a estos parásitos el resto de la ciudadanía cuando hayan terminado de desangrar a sus progenitores.